Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 23: Tinks, cariño, nena
Canción del capítulo: Rock Me, Baby de B.B. King, ft. Eric Clapton
EPOV
—¿Y qué vas a hacer este fin de semana? —pregunto, agachándome frente a Nathan. Estamos parados afuera de la casa de Jasper y Jada, y Tinks está hablando con ellos así que pensé en aprovechar estos últimos minutos con Nathan.
—Madison siempre nos persigue a Olivia y a mí —dice, riéndose un poco—. A veces nos escondemos.
Sonrío.
—¿Oh, sí? Bueno, supongo que Madison también quiere jugar.
—Pero es una bebé. Olivia y yo somos grandes. —Levanta las manos sobre su cabeza—. Así de grandes.
—Bien —resoplo—. Pero pórtate bien.
La semana pasada, después de enseñarle su nueva habitación a Nathan, Tinks me dijo que estaba lista para hablar.
Casi me orino en los pantalones al escucharla, pero eso no viene al caso ahora.
Rápidamente acordamos que tener nuestra charla era algo que necesitábamos hacer en privado, sin límite de tiempo. Así que, Jasper y Jada van a cuidar a Nathan el fin de semana mientras Tinks y yo nos vamos a mi cabaña. Sin embargo, el plan también incluye cenar con Emmett, Rosalie, Charlotte y Peter. Lo que se siente… jodidamente raro.
Sé que Emmett se mantiene en contacto con una infinidad de personas de la preparatoria, definitivamente Peter está incluido, así que cuando me dijo que estaba listo para ver a Rosalie otra vez, me sugirió algo.
—Podríamos reunirnos todos. Ser jóvenes durante una noche. Podemos cenar, escuchar música, hablar, relajarnos, tomar unas cuantas cervezas. Creo que lo necesitamos.
Yo me sentía escéptico, todavía me siento así, pero la idea de pasar una noche con adultos suena tentadora. Aliviar un poco los nervios por una noche, relajarnos y… sí. Así que llamé a Tinks, hablé con ella respecto al tema y sorprendentemente estuvo de acuerdo. Dijo que nos vendría bien una noche de diversión despreocupada, y luego podríamos hablar el domingo… o sea mañana.
Ella llamó a Charlotte y le preguntó qué planes tenía; todos supusimos que estaría ocupada con su vida en Texas. Pero ella también se mostró interesada. Extrañamente mostró un interés especial cuando se enteró de que Peter volaría hacia acá con Rosalie.
Esto será como una reunión jodidamente extraña, y no tengo idea de qué pensar al respecto.
—De acuerdo, ya nos vamos, cielo —dice Tinks, acercándose para agacharse también frente a Nathan—. Sé un buen niño, ¿sí?
—Lo seré —dice Nathan por milésima vez—. Lo prometo, mami.
—Genial. —Tinks se ríe entre dientes y lo besa—. Te amo.
—También te amo. —Sonríe y la abraza.
Luego es mi turno. Tinks camina hacia el carro y yo jalo a Nathan más cerca de mí.
—No comas muchos dulces —digo, burlándome. Él se ríe—. Te amo, pequeño. —Beso su frente.
—También te amo. —Me corresponde el abrazo. Y esas tres palabras nunca fallan en hacer que mi estómago dé piruetas. La primera vez que se lo dije hace algunas semanas fue una especie de accidente. Entré en pánico, y Nathan no respondió, tampoco esperaba que lo hiciera. Pero unos días después de eso, mientras lo metía a la cama, él lo dijo primero de forma muy natural y juro que mi jodido corazón se derritió. Se hizo papilla.
—Mami y yo regresaremos mañana en la noche —digo y me pongo de pie.
Él asiente y se despide con la mano.
—Adiós.
Mientras me dirijo hacia el carro de Tinks volteo hacia atrás una última vez, pero Nathan ya está entrando a la casa.
Está ansioso por su pijamada.
Luego de darle la vuelta al carro me meto por el lado del conductor y me pongo el cinturón de seguridad. Últimamente se ha hecho común que yo maneje mientras que Tinks está a cargo de los bocadillos y el radio.
—¿Vas a tocar esta noche? —pregunta cuando salgo de la calle. La miro de reojo, captando una sonrisa descarada en su rostro. Niego con la cabeza, divertido… y un poco arrepentido—. Oh, vamos. Quiero oírte tocar.
—Desearía no haberte dicho eso —admito, en parte lo digo en serio y en parte no. No sé. No es nada especial. No es como que sepa tocar la guitarra o el piano. Solo sé una maldita canción y es con la armónica. Mi terapeuta en prisión nos animaba a tener un desahogo creativo. Se puede decir que la música no es lo mío. Sam, mi compañero de celda en prisión, toca la armónica. Intentó hacer que me interesara en eso. Así que me enseñó unas cuantas cosas, todo lo encontré increíblemente patético. Luego un día puso a Muddy Waters y me encanta su música. Le pedí a Sam que me enseñara una de sus canciones ante lo cual me miró como si me hubiera vuelto loco. Se puede decir que, Muddy Waters… sí, sus canciones no son las más fáciles para tocar. Pero… después de unos malditos cuatro meses, ya había dominado esa canción. Sin embargo, era la única canción que conocía. No sé ni mierda. Solo me las arreglé para copiarle a Sam lo suficiente y luego recordar lo que había hecho.
—Tienes que tocar. ¿Por favor? —Y hace un maldito puchero. Esa boca suya…
—Distrae mucho —susurro por lo bajo y miro la carretera.
Estoy tan jodidamente enamorado de ella.
No es un complejo de héroe. Es ella.
Es mi jodida Tinks.
—Bien —musito.
—¡Sí! —Lanza un puño al aire de verdad.
Así que de ahí lo sacó Nathan.
El resto de las dos horas del viaje resultan cómodas; de vez en cuando platicamos sobre nada en especial. El único asunto de importancia del que hablamos es de su actual discusión con Jada. Sus conversaciones son tensas, forzadas, y ambas son tercas. Lo que apesta, supongo. Quiero decir, puedo ver ambos lados. Jada solo me conoce por lo que Tinks le ha contado de mí, y hasta hace unos tres meses, no era nada positivo. Así que… cuatro años de pensar que no soy nada más que un imbécil egoísta a… lo que sea que Tinks haya dicho de mí recientemente. Y le digo eso a Tinks, que sería algo raro que yo le agradara a Jada, pero ella replica con un:
—Ella también conoce las circunstancias. Sabe cómo creciste. —Me encojo un poco ante eso, porque aun así Jada no lo sabe. Solo la gente cercana a mí lo sabe. Nadie lo sabe mejor que Tinks, y tal vez es por eso por lo que está siendo tan indulgente y comprensiva.
Con reticencia, Tinks dice que tal vez entiende mi punto.
Es jodidamente bonita cuando actúa con tanta terquedad.
—Sin embargo, me alegra que haya cedido esta noche —dice, cruzando los brazos sobre su pecho. Y ese es otro asunto, en el carro siempre usa muy poca ropa. Esos jeans jodidamente ajustados, y… esa camiseta… Jesús… es algo holgada, pero revela mucho de su hombro izquierdo y el tirante de encaje de su sostén. Es morado, por cierto, su sostén. Morado oscuro. De encaje. Así que, aquí estoy, intentando no volverme jodidamente loco.
Suspiro y aprieto mi agarre en el volante.
—Solo está actuando protectora contigo. Solo una buena amiga haría eso.
—Ugh. —Hace un sonido de disgusto—. Por favor, no suenes tan razonable hoy, Cullen. —No puedo evitar reírme—. De todas formas, ella no tenía que ser tan venenosa; fue grosera y maliciosa.
Lo dejo pasar.
En un intento por cambiar el tema, pregunto:
—¿Estás emocionada por esta noche?
—Dios, sí —gime, tomándose las mejillas. Sentándose más derecha en su asiento, me mira totalmente de frente—. ¿Soy horrible por desear esto? ¿Por querer una noche lejos de Nate?
Frunzo el ceño y me rasco la ceja.
—¿Por qué eso te haría ser horrible? —Eso es ridículo. Yo no he estado cerca de nuestro hijo el tiempo suficiente para querer un descanso, pero no llevo cuatro años estando ahí. Llevo poco más de dos meses—. Vamos, Tinks. ¿Crees que eres la única madre en el mundo que quiere una noche a solas de vez en cuando? —me río entre dientes.
—Tinks, Tinks, Tinks —me imita y se deja caer sobre su asiento. Sería algo cómico si no estuviera constantemente nervioso sobre equivocarme, otra vez, y llamarla Tinks—. Necesito superar esto.
Frunzo las cejas.
—Um, ¿a qué te refieres? —¿Superar qué?
—Me molesta que no me molesta —dice con honestidad—. Y quiero superarlo, no quiero que me moleste que no me molesta. ¿Tengo sentido?
Ni siquiera un poco.
—Claro…
Se ríe y me pega en el brazo.
—Estás mintiendo.
Está extrañamente animada hoy. Me gusta.
—¿Qué es lo que te molesta exactamente? ¿Te molesta que no, um, te molesta? —¿Lo entendí bien?
Estoy confundido.
—Me refiero a que me digas Tinks otra vez, Edward —suspira—. Una parte de mí quiere enojarse, pero no sucede. Y eso apesta.
Oh.
Yo… yo en realidad no sé qué decir respecto a eso. O tal vez…
—¿Tal vez es porque todavía no hablamos…?
Musita y mira por la ventana.
—Sí… tal vez.
Honestamente estoy muy nervioso por lo de mañana, pero al mismo tiempo es todo lo que quiero. Quiero defender mi caso, rogar por su perdón, hablar con ella sobre los últimos cuatro años y… no tengo ni puta idea.
Durante los últimos meses he visto a mi terapeuta en Kenai al menos dos veces por semana. Usualmente dedicamos una sesión al presente, todas las cosas que involucran a Tinks y Nate, y una sesión sobre mi pasado. Él me dice que necesito perdonarme, pero he comenzado a creer que primero necesito el perdón de Tinks. Tal vez si ella me encuentra digno de su perdón, yo también puedo hacerlo. Así que sí, espero que mañana pueda encontrar algo para seguir adelante. Aunque Tinks puede leerme muy bien, no puedo mentirle ni para salvar mi puta vida, yo no puedo leerla a ella. Es honesta y abierta, pero no tengo idea de cómo se siente en realidad.
Es frustrante.
También es lo que me hace sentir tan aprensivo y nervioso cuando estoy cerca de ella y no tengo a Nate para distraerme.
Es algo extraño si lo piensas… durante años estuve engañando a mucha gente. Yo era un rey. En Forks, me trataban como un dios. Me temían. Pero solo unas cuantas semanas con Tinks y todo eso cambió. Ella lo vio todo, y no solo porque vivíamos juntos. Aunque también yo la dejé verlo. No cubrí mis huellas tan bien como debí hacerlo, ¿y tal vez fue un grito de auxilio? No sé, pero es plausible. Sin embargo, si ese es el caso, eso me convierte todavía más en un monstruo. Pensar que llegué tan lejos de sentir la necesidad de que ella supiera, que le permití unir todas las piezas, y luego… luego hice lo que hice. Las cosas que le dije, cómo la traté, cómo fue que la arruiné públicamente, lo que hice cuando me dijo que estaba embarazada de nuestro niño…
Mi corazón se aprieta y me froto el pecho para disolver el dolor. Solo que no se disuelve. Nunca lo hace.
Ya un montón de terapeutas me han dicho la verdad; sé que no merecía ninguno de los golpes que mi padre me dio. Mi infancia se volvió inexistente cuando papá cedió ante sus sentimientos por otro hombre. No sé si ese fue un lado de él que siempre aplastó, o si su sexualidad cambió al crecer… nunca sabré la verdad sobre eso… pero según muchos es un caso muy típico.
Hay cierta especulación de que yo fui el desencadenante de mi papá cuando era niño. Mi abuelo paterno… he escuchado historias sobre él; murió antes de que yo naciera. Pero sí, era muy estricto. Su punto de vista sobre la sociedad, roles de género, lo que está bien y mal… ¿supongo que los proyectó en Carlisle? En fin, pudo haber sido algo pequeño, una acción que tal vez fue considerada femenina, y recuerdo un día cuando era niño… recogí flores para dárselas a mi mamá. Recuerdo que estaba enferma; la mamá de un amigo me llevó a casa luego de la escuela, ¿y yo recogí flores para ella? Algo así. Y tal vez eso detonó a papá, cuando las vio. Se enojó, estaba furioso, explotó. Demasiado femenino, demasiado gay… muy parecido a él.
Creo que tenía ocho cuando pasó eso, pero estoy seguro de que también hice algo "femenino" cuando tenía cinco. Y… desde entonces él hizo que su misión en la vida fuera convertirme en hombre. Pero nunca nada era suficiente, lo cual mis terapeutas dicen que está relacionado con la forma en que él se veía a sí mismo: él era demasiado femenino, demasiado gay, no lo suficientemente hombre. Ante los ojos de su propio padre.
De ahí el maltrato que nunca merecí.
El odio que sentía hacia sí mismo lo echaba sobre mí, en mi cara, en mi cuerpo.
Todo esto comenzó cuando nos mudamos de Phoenix a Seattle; fue entonces cuando papá conoció a Liam, en su nuevo trabajo.
Ya estoy divagando. Algo así.
Sé que nunca merecí sus golpes ni la negligencia de mi madre. Fui una víctima, pero eso no borra el hecho de que me convertí en Carlisle. Tampoco borra el hecho de que sabía que lo que estaba haciendo estaba muy mal. Sabía lo jodidamente bestia que era. Hostigaba a la gente, los aplastaba, los hacía sentir de mierda, y no me importaba. Si yo no era feliz, ¿por qué otros deberían serlo? Así es cómo mi mente trabajaba en aquel tiempo.
Y ahora, por la forma en que actué en el pasado, estoy viviendo con un dolor constante en mi pecho; es el conocimiento. La conciencia. De lo que he hecho, del dolor que he causado.
Puede que no haya merecido la infancia de mierda que me dieron, pero Tinks tampoco merecía lo que le hice a ella.
En cuestión de meses, ella fue traicionada y usada por el maestro del que creyó estar enamorada, la humillaron en la escuela y, en ese mismo jodido día, perdió a sus padres. Luego la enviaron a Forks, donde yo estaba más que feliz de arrastrarla conmigo. En su segundo día en Forks, la llevé a esa cabañita en el bosque, fumé hierba con ella y luego la follé.
No estoy diciendo que ella no estuviera dispuesta, pero ¿qué tan jodidamente insensible fui? ¿Le di suficientes condolencias de mi parte por la muerte de sus padres? ¿Me importó una mierda? No. No fue así. Mi vida estaba muy llena de miseria, así que no quería tener sus problemas en mis hombros.
Ella era una chica de diecisiete años cuyo mundo entero se había derrumbado a su alrededor, ¿y qué hice?
La follé. Eso fue todo lo que hice. Me la comí y después la escupí.
No hay palabras lo suficientemente fuertes para describir lo avergonzado que estoy.
Y al mirar a Tinks justo ahora, solo puedo tener la esperanza de que algún día ella me perdone. Sé que dijo que lo haría, pero no puedo comprenderlo.
~CLO~
—Sí, bien, eso está mal, Cullen. —Tinks sacude la cabeza y luego me quita la cuchara de la mano—. ¿Nunca antes has hecho guacamole?
Me burlo y apoyo la cadera en la encimera.
—Por supuesto que sí. Voy a la tienda, compro guacamole, ¡y así se hace!
Se ríe y me codea juguetonamente en el estómago.
—Fuera de mi camino, puedes cuidar las papas fritas.
—Sí, señora. —Me acerco al horno y aprovecho la oportunidad para ver la hora en el microondas. Emmett debería regresar pronto con Charlotte, Peter y Rosalie. Los fue a recoger al aeropuerto de Sterling—. Puede que las papas ya estén hechas o puede que no —le informo a Tinks. Me dedica una mirada que se supone que es amenazadora, pero puedo ver la sonrisa tirando de la comisura de su boca—. ¿Qué? ¿Qué quieres que te diga? —me río entre dientes y agarro mi cerveza de la isleta de la cocina.
—Tal vez deberías ir a estudiar el recetario que compraste —bromea.
Sonrío y niego con la cabeza.
El fin de semana pasado preparé la cena para todos y… jamás lo vuelvo a hacer. Bien, volveré a cocinar, pero preferiría esperar hasta saber cómo. Algún día aprenderé mágicamente, estoy seguro de eso.
—¿Al menos puedes servir la salsa en un tazón?
Asiento.
—Eso sí puedo hacerlo.
—Alabado sea el Señor por esos pequeños milagros —murmura por lo bajo cuando paso junto a ella. En respuesta a sus palabras, le pico el costado, haciéndola saltar y gritar—. ¡Idiota!
Abriendo el refrigerador, resoplo y pregunto:
—¿Quieres otra bebida?
Hace rato me dio todo un discurso sobre el vodka versus el gintonic. Al parecer, ella y una chica con la que trabaja, creo que su nombre era Mary, son muy apasionadas cuando se trata de su vodka.
—Sí, por favor —responde dulcemente.
Después de agarrar la salsa y el tonic del refrigerador, y el vodka del congelador, me acerco a la pequeña estación de trabajo de Tinks y le preparo un vodka tonic antes de comenzar con la salsa. Ahora, la salsa… esa es una tarea muy complicada…
Las sirvo en un tazón.
—Bien, ya terminé.
—¡Lo hiciste! —Aplaude.
Frunzo el ceño.
Me palmea la mejilla y señala la alacena.
—Siguen los totopos.
Hablando de trabajar.
—¿Solo los pongo en un tazón?
—Sí. —Y sigue en la estufa donde tiene sus hamburguesas de taco en una sartén. Ella misma las preparó y no tengo ni puta idea cómo lo hace. Mezcló carne molida con condimento para tacos y luego, de repente, la cocina empezó a oler como si estuviéramos en un restaurante mexicano. Ahora, sí que vi cuando las preparó hace rato, y cada hamburguesa tiene dos capas. En medio de las capas hay queso derretido y creo, creo, creo que eso que se escucha es mi estómago rugiendo.
Al servir dos bolsas de Tostitos en un tazón grande la veo agacharse para sacar las verduras de la parte de abajo del refrigerador.
Ese culo…
Y mientras cocinamos ni siquiera está usando esa camiseta holgada que llevaba puesta en el carro. Ahora solo lleva una camiseta de hombros y, quién podría olvidarlo, ese sostén de encaje morado. El cual sostiene unas tetas grandes que ella no tenía hace casi cinco años.
Cerrando los ojos con fuerza, vacío lo último de la bolsa de papas en el tazón mientras obligo a mi polla a desistir.
Descanse, um, ¿sargento instructor?
—Por cierto, ¿de quién es esa guitarra que vi en la sala? —pregunta Tinks.
Exhalo un aliento y llevo los tazones de aderezo y totopos a la isleta de la cocina.
—De Emmett.
—Genial. No sabía que tocaba la guitarra.
Yo tampoco lo sabía, pero de hecho ha tocado la guitarra desde que estaba en preparatoria.
~CLO~
Mientras Tinks comparte un abrazo grupal con Rosalie y Charlotte en el pórtico, yo bajo los escalones y enciendo un cigarro justo cuando Emmett y Peter llegan a mí.
—Ha pasado un tiempo, es bueno verte de nuevo, Cullen. —Peter sonríe y me ofrece su mano.
Le doy un firme apretón, pero por dentro intento deshacerme de la inquietud que siento.
—Igual, Pete. —Alaska es mi casa ahora, me siento muy cómodo aquí, pero ver a alguien de Forks agita mierdas muy antiguas. La sensación pasará en un par de momentos, pero justo ahora tengo un torbellino de emociones corriendo a través de mí—. Emmett me dijo que sacaste a los Newton del pueblo. —Evidentemente Newtons' Outfitters no tuvo oportunidad cuando él abrió su propia tienda.
—Oh, sí, soy la persona a la que buscas cuando quieres pescar o cazar —se ríe.
Sonrío y le doy una calada a mi cigarro.
—Y ahora andas con los niños grandes aquí en Alaska.
—¡Ja! ¿Estás diciendo que Washington es más seguro?
—He visto tres osos por aquí, solo en este mes. —Es mi respuesta.
De acuerdo, estaban lejos, pero como sea.
—Cullen y yo vimos uno enorme cuando íbamos de camino a Kenai la semana pasada. —Silba Emmett—. Una jodida bestia.
Asiento mientras habla, mostrándome de acuerdo con lo que dice.
—Oye, también tenemos osos y todo eso en Washington —bufa Pete, todavía sonriendo.
—Sí, como dos en total —dice Emmett con una carcajada.
—¡Chicos! —escucho a Tinks gritar desde el pórtico—. ¡¿Ya acabaron con su competencia de meadas?! —Las chicas empezaron a reírse.
Acercándome a la orilla del pórtico, le doy una última calada a mi cigarro y después lo echo en la maceta que tengo junto a los escalones. Emmett hace lo mismo.
—Apenas empezamos —me río entre dientes y me detengo junto a ella. Ella sonríe enormemente, y tengo tantas ganas de tocarla que casi no puedo detenerme de hacerlo. Pero logro aplastar esa mierda y en vez de eso miro a Charlotte y Rosalie—. Mucho tiempo sin verlas —las saludo con un asentimiento. Siendo honesto, en realidad no me agrada ninguna de estas dos mujeres. Charlotte es muy insistente, ruidosa y no conoce límites. Cuando vivía en Seattle, por ejemplo, iba y venía cuando se le daba la gana. Y Rosalie… bueno, ¿por dónde empiezo?
Charlotte sonríe.
—Es lindo ver finalmente cómo vives aquí. Te ves feliz, Cullen.
—Lo soy —digo, mirando brevemente a Tinks.
—Suficiente de esto —dice Emmett, frotándose las manos—. Algo huele delicioso ahí adentro, y estoy dispuesto a apostar que no tuvo nada que ver con Cullen.
Le pego en el brazo mientras que Tinks se ríe.
—Oye, él sirvió las papas y la salsa en los tazones. Eso ya es algo.
—Mira quién decidió ser graciosa —gruño juguetonamente y la agarro del cuello con mi brazo. Ella se ríe y me empuja, y cuando eso no funciona, empieza a hacerme cosquillas—. Bien, me detendré. —Con una mano en su espalda baja, la llevo otra vez hacia adentro, y todos nos siguen.
—Podemos lidiar con las maletas más tarde —dice Emmett, y estoy de acuerdo—. Déjenlas en el pasillo.
En realidad no sabemos qué vamos a hacer respecto a dónde dormiremos, pero estoy muy seguro que Rosalie estará en la habitación de Emmett con él, sin importar dónde se encuentran en su relación. Tinks dormirá ya sea en mi habitación mientras yo duermo en el sofá aquí abajo, o puede dormir en la cama extra que podemos meter a la habitación de Nate. También hay un colchón extra para Charlotte que pondremos en la sala y Peter… supongo que se quedará con cualquiera que sea la opción que siga disponible. Dudo que se queje, y luego mañana… hasta donde sé, quiere ir a ver algunos lugares turísticos, tal vez manejar a Anchorage. Ya que Charlotte irá allá a visitar a Jasper y Jada, creo que Peter irá con ella. Y Emmett y Rosalie manejarán hasta Kenai, y se registrarán en un hotel para sentarse y hablar.
Tinks y yo haremos lo mismo aquí. Hablar, a eso me refiero. Pero no ahora. Ahora estoy jodidamente hambriento y Tinks ha cocinado un festín, el cual se encuentra puesto sobre la mesa de la sala.
—Necesitamos música, ¿cierto? —pregunta Emmett justo cuando ocupo mi lugar junto a Tinks. Rosalie y Emmett estarán frente a nosotros, y Peter y Charlotte estarán cada uno en una de las orillas—. Tal vez un poco de…
Tinks lo interrumpe.
—¡Pon mi lista de reproducción!
Hago una mueca y la codeo.
—¿Estás jugando? No es por ofenderte, cariño, pero… —Su gusto en música no es el mejor. De hecho, si recuerdo correctamente, hay pocos géneros que nos gusten a ambos, pero Tinks está ahora en una etapa de cantautores. Tyler Ward es su obsesión más actual.
—No pondré otra vez a ese hijo de puta deprimente, Bella —dice Emmett, sacudiendo la cabeza—. Fue todo lo que escuchamos el fin de semana pasado.
—¿De quién hablan? —pregunta Charlotte.
—Tyler Ward —respondo.
Su cara se ilumina como un maldito árbol de Navidad.
—¡Es increíble! Em, ponlo.
Gimo y me golpeo la cara.
—¡Exacto! —grita Tinks triunfante. Luego siento su brazo subir y rodearme los hombros; se inclina cerca de mí—. Solo mientras comemos —me suplica al oído—. ¿Por favorcito? —Juro que puedo escuchar el puchero.
—No es justo —me quejo y ladeo la cabeza en su dirección—. Deja de hacer pucheros. —Su labio inferior sobresale más—. Detente, o te lo pellizcaré. —Eso la hace reír y sacudo la cabeza con diversión. Me doy cuenta de lo cerca que estamos, así que suspiro y me enderezo—. Bien, pero solo mientras comemos.
—¡Sí! —Choca los cinco con Charlotte sobre la mesa—. Pon a Tyler Ward, Em. Hazlo. —Girándose otra vez hacia mí, me sonríe y me besa la mejilla—. Eres fácil.
Tartamudeo un poco, porque soy así de bueno.
—Apestas, Cullen —gruñe Emmett, acercándose a la mesa. En el fondo, la interpretación de Tyler Ward de la canción Good Life de OneRepublic se filtra a través de las bocinas—. Creí que esta noche dominaríamos el estéreo con puras clásicas.
—Lo haremos —prometo con firmeza y me sirvo una hamburguesa de taco. Le sigue el pan y las papas fritas. Oh, y verdura fresca y aderezo.
Todos los demás también empiezan a comer y los comentarios sobre las increíbles habilidades de cocina que tiene Tinks llegan después. Luego, para mi sorpresa, la charla es cómoda. No hablamos sobre el pasado. Se trata más de ponernos al corriente. Y ya que todos saben lo que he estado haciendo durante los últimos cuatro años, no me hacen esa pregunta en particular. Gracias a Dios.
Permanezco la mayor parte del tiempo en silencio, contento con escuchar y comer.
Tinks está ocupada poniéndose al corriente con sus amigas, una de las cuales—Rosalie— no ha tenido contacto con ella desde que vivíamos en Forks, y los chicos hablan de cosas que pasan a diario en nuestras vidas. Sí hablo un poco, especialmente cuando Tinks menciona a Nathan, pero eso es todo. Estoy disfrutando esto en verdad, aunque una vez más me siento convencido de que tomé la decisión correcta al comprar una casa en medio de la nada.
Aunque también estoy pensando en comprar o rentar un lugar pequeño en Anchorage. Quiero estar más cerca de Tinks y Nate durante la semana, y si puedo encontrar una casa en la ciudad, estoy seguro de que también podré trabajar ahí. No es que realmente esté trabajando ahora, con la madera, pero estoy obsesionado con eso. Lo hago por diversión justo ahora, solo por querer estar mejor. Ya veremos qué pasa después. No hay prisa.
Hubo un día de la semana pasada que estaba aburrido, así que hice un tablero de ajedrez. Mierdas simples como esa. Es divertido. Relajante y terapéutico.
—¿En qué piensas tanto? —pregunta Tinks en voz baja para que solo yo la pueda escuchar.
Mastico y me paso la comida que tengo en la boca antes de responder.
—Trabajo con madera —me río entre dientes.
Sonríe.
—Te encanta.
—Sí. —Asiento y me limpio la boca con una servilleta—. También me encanta esto. —Señalo mi plato—. ¿Has pensado en convertirte en chef?
—De ninguna manera —se ríe—. Es divertido, pero ¿trabajar en esto? No, gracias. Además, si trabajara en un restaurante, ¿quién cocinaría para ti?
Buen punto.
—No te conviertas en chef. —Apoyo el brazo en el respaldo de su silla—. De todas formas, el negocio restaurantero es muy feo. No querrás involucrarte con gente como Gordon Ramsey.
—Claro, porque todos los chefs son como él —dice, asintiendo con seriedad.
Sonrío y me inclino un poco más cerca de ella.
—Sí lo entiendes.
Desafortunadamente, nuestra burbuja se rompe cuando Rosalie exige otra vez la atención de Tinks.
~CLO~
Varias horas después, ya nos movimos de la mesa al sofá y unas sillas, y de las bocinas sale música de mejor calidad. La mesita de centro está cargada con alcohol, cocteleras, refresco, bocadillos y tengo una ligera borrachera en mi sistema. Tinks, que está sentada a mi lado en el sofá, también está borracha. Aunque creo que Charlotte, que está sentada al otro lado de Tinks, es la peor. Al parecer, no le está encantando vivir en Texas y cree que el alcohol le quitará su estado de miseria durante una noche. No le diré que es imposible huir de tus problemas. En fin, está hablando de que quiere mudarse a Chicago, bla, bla, bla. En realidad, no le estoy prestando atención. En vez de eso, estoy escuchando a Emmett contarle a Peter sobre lo impresionante que es Alaska.
—Parece que te quieres mudar aquí de forma permanente —comenta Peter y agarra un puñado de Doritos. Está sentado frente a mí en una silla de la cocina. Le dije que podíamos traer una de las sillas más cómodas de mi habitación o la de Emmett, pero declinó la oferta.
—De hecho, lo estoy pensando —admite Emmett antes de empinarse su cerveza. Ante sus palabras, miro a mi derecha. Rosalie está en el sillón reclinable junto al lado más corto de la mesa, pero a juzgar por su expresión no escuchó a Emmett. Está ocupada hablando con Tinks y Charlotte—. Me encanta estar aquí. —Emmett se hunde más en su sillón reclinable—. ¡Si tan solo la gente de aquí no sintiera la necesidad de volar a todas jodidas partes! —Su puño golpea el reposabrazos—. Es como-quiero decir… digamos que tengo un amigo aquí cerca y acordamos ir a tomar un café o lo que sea, y es como, "Sí, ahí estaré. ¡Déjame reservar un vuelo!".
Me río ante eso.
—Tienes que superar ese miedo, hombre.
—¿Quién tiene que superar qué? —pregunta Tinks, rodeándome el bíceps con su brazo. Ya que se movió en su asiento, hacia mi dirección, asumo que quiere participar en la conversación. En automático levanto el brazo para que ella se acerque más, y lo que me aturde es que sí lo hace.
Si estuviera sobrio, estaría histérico como un virgen en la noche del baile de graduación.
—El miedo de Emmett por volar —respondo en voz baja, apoyando mi brazo sobre sus hombros—. Está pensando en mudarse aquí.
—Oh, deberías hacerlo —le dice Tinks a Emmett, asintiendo—. Oye, ¡podrías mejor abrir un restaurante aquí!
Parece que a Emmett de verdad le gusta esa idea.
No dice más al respecto, pero puedo notar que los engranes en su cabeza están girando. No tengo idea de qué podría significar esto para él y Rosalie, pero no puedo obligarme a que me importe en este momento. Los temas más difíciles llegarán mañana.
—¿Te estás divirtiendo esta noche? —murmuro en el oído de Tinks. Carajo, huele bien. Su perfume o lo que sea… es dulce, pero no mucho. Me atrae un poco.
—Mucho —responde en voz baja. Me sonríe—. Necesitábamos esto.
Asiento, quiero besarla.
—Estoy de acuerdo —digo, escuchando a Rosalie y Charlotte decir algo sobre ir de compras en Chicago. Qué tema más aburrido.
—¿Y cuándo vas a tocar?
Mi risita sale en un gemido y dejo caer la cabeza sobre el respaldo del sofá.
—¿Por qué lo recordaste? —Miro al techo, mis dedos trazan círculos lentos sobre su brazo desnudo. Sigue usando solo su camiseta de hombros blanca.
—Aw, ¿por qué no quieres hacerlo? —Otra vez está haciendo un puchero; puedo notarlo.
Todavía con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá, me giro hacia ella.
—Soy tímido —miento.
Ella tiene una sonrisita burlona.
—Mentiroso —canturrea—. Pero en serio —su diversión se desvanece—, avísame si te estoy presionando mucho.
Le sonrío suavemente.
—No, está bien. ¿De verdad quieres que toque?
Asiente con entusiasmo.
—De acuerdo —me río entre dientes y me enderezo en mi asiento—. ¡Emmett! —Detiene su conversación con Peter y me mira con una expresión que dice "¿Qué sucede?"—. Esa guitarra. —Señalo con el mentón el estuche de guitarra que está en la esquina junto a la chimenea—. ¿Quieres tocar?
—Claro que sí. —Se para de inmediato—. ¿Qué te hizo cambiar de parecer, amigo?
Tinks.
Verán, Emmett me ha preguntado unas cuantas veces si quiero tocar un poco con él, pero no sé. Para empezar, en realidad solo me sé una canción. Y dos… uh, ¿dos hombres sentados a solas en una cabaña tocando canciones juntos? Me parece un poco raro.
—La mendiga que tengo al lado —bromeo y me paro del sofá—. No para de hablar de lo mismo. —Le guiño para hacerle saber que estoy bromeando, ante lo cual sus mejillas se tiñen de rojo por alguna razón, y luego digo—: Voy a ir por mi armónica.
Al subir las escaleras escucho a Emmett decir que va a buscar la pista en mi iPod.
Al llegar a mi habitación, entro y me tomo un momento rápido para acariciar a Taz. No me molestaría tenerlo abajo con nosotros, pero a él le gusta la paz y tranquilidad. Por ejemplo, después de unas horas con Nate da la impresión de que puede pasar días durmiendo.
Unos minutos después regreso con la armónica que Sam me dio cuando me liberaron.
—Bien, ¡hora de escuchar un poco de Muddy Waters! —anuncia Emmett.
Mientras estaba arriba, ellos habían movido algunas mierdas aquí abajo. Ahora hay dos sillas de la cocina entre la televisión y la mesita de centro, y Peter está sentado en medio del sofá, con Charlotte en un lado y Tinks en el otro.
—Una canción —digo a modo de advertencia y me dejo caer sobre la silla. Mientras Emmett conecta el pequeño amplificador a su semiacústica, yo me preparo una bebida más fuerte y me la tomo. Viendo el control remoto en la mesa, lo tomo y se lo aviento a Tinks—. Dale a reproducir cuando te lo digamos.
Ella grita, carajo. ¿Tan emocionada está?
Me río entre dientes y meneo la cabeza.
—¿Van a tocar junto con el estéreo? —pregunta Pete.
Me río un poco.
—Le dejaremos la parte de cantar a Waters.
—¿Estamos listos? —Emmett rasguea su guitarra. Dista mucho de ser una guitarra para blues, pero como sea. Asiento y dejo que mis labios rocen el frío metal de la armónica. Mi pierna derecha sube para apoyarse en mi muslo, e intento ponerme cómodo en mi asiento—. De acuerdo, entonces es Baby, Please Don't Go… —Afina una de las cuerdas—. Bella, puedes poner la música.
Algo que hace jodidamente rápido.
La guitarra en la pista empieza de inmediato y Emmett lo sigue. Estoy justo detrás de él, me alegra recordar todo lo que Sam me enseñó.
La voz de Muddy Waters llena el aire.
Baby, please don't go
Baby, please don't go
Baby, please don't go down to New Orleans
You know I love you so
Cerrando los ojos, muevo el pie al ritmo de la música y tomo respiraciones rápidas entre la canción. Emmett y yo tocamos juntos, siempre imitando la canción con nuestros instrumentos.
Entre los versos, Emmett hace algunos riffs junto con el guitarrista en la pista; yo hago lo mismo.
Para el tercer verso, mis hombros se relajan.
Turn your lamp down low
Turn your lamp down low
Turn your lamp down low;
I beg you all night long
Baby, please don't go
Por pura coincidencia, Emmett y yo nos equivocamos en el mismo riff, pero solo nos reímos y entramos a la siguiente secuencia.
El sudor empieza a perlar mi frente, y cuando es el turno del último verso, sé que voy a necesitar un puto cigarro y un poco de aire fresco después de esto.
You know your man down gone
You know your man down gone
You know your man down gone to the country farm
With the shackles on
La canción se va apagando hasta detenerse por un segundo o dos antes de que se cante la última parte, y me hundo en mi silla con una sonrisa en mi rostro y recupero el jodido aliento. Emmett está igual.
—¡Eso fue increíble, chicos! —Tinks está muy borrachilla—. En serio fue grandioso. —Peter asiente y sonríe.
Me golpeo los muslos con las manos.
—Y ahora necesito un cigarro. —Le guiño a Tinks—. Se terminó el espectáculo.
Resulta que no soy el único que quiere un poco de aire fresco, así que todos salimos al pórtico.
Enciendo uno rápidamente y le doy una profunda calada. Mis ojos están pegados a la oscura nada que hay frente a mí. La luz del pórtico solo revela que está nevando pesadamente. El aire está fresco, jodidamente helado, y me estremezco al estar parado ahí usando solo una camiseta y jeans. Bueno, también tenis. Pero es un fuerte contraste con el calor que había adentro.
—¿Tal vez ya es hora de sacar otra vez a Taz? —pregunta Emmett.
—Carajo —murmuro—. Lo olvidé. Sí, es hora. —Pero antes de poder apagar mi cigarro y entrar, Tinks se ofrece a hacerlo—. Gracias —digo con una sonrisa, y el siguiente minuto es un asco. Porque Rosalie está muy enfocada en hacerle la pelota a Emmett, y creo que está pasando algo entre Charlotte y Peter. No sé. Pero ¿acaso ella no tiene un novio en Texas? Recuerdo que Tinks dijo algo así.
—¡También traje bebidas! —Tinks sale con tres cervezas en una mano, una de las cidras de Rosalie en su bolsillo frontal, y dos vasos en su otra mano. Taz se contonea al bajar los escalones y salir a la noche.
—Gracias. —Rosalie se ríe entre dientes, aceptando su botella. Sigue Charlotte con su ron con Coca, y luego le entrega dos cervezas a Emmett y Peter.
Luego se acerca a donde estoy parado en el primer escalón del pórtico.
—Aquí tienes.
—Gracias. —Acepto la botella de Heineken que me ofrece y le quito la tapa. Llevándomela a la boca, me bebo la mitad de su contenido, me siento sediento. Carajo, eso estuvo bueno. Eructo—. Perdón. —Suelto una risita. Eso no es genial.
—No pasa nada. —Le quita importancia—. Así que… —sonríe y se acerca un poco más—, tocaste muy bien ahí dentro.
La comisura izquierda de mi boca se alza.
—¿Sí?
Asiente repetidamente, acercándose otro paso.
—Sí.
La miro, veo algo en sus ojos. No puedo decir que sea algo desconocido; es solo que no tiene sentido.
Mi cerebro confuso me dice que es lujuria, pero no estoy en mis cinco sentidos, así que…
Es solo una ilusión…
—Creo que esta será la última —dice, riéndose de forma borracha, y alza su vodka tonic—. Dios, esta noche ha sido… —suspira contenta.
Entiendo a qué se refiere.
—Definitivamente. —Le doy otro trago a mi cerveza, seguido de unas cuantas caladas de mi cigarro. Miro a la distancia intentando ver a Taz, pero es imposible. Sin embargo, puedo escucharlo hurgando entre la nieve. Tal vez está intentando encontrar otra ave, lo que sea.
—Oigan, ya estamos listos para volver adentro, chicos —dice Emmett arrastrando las palabras.
Asiento en respuesta a él.
—Entraré pronto. Voy a dejar que Taz corra un poco más.
Rosalie y Charlotte miran a Tinks a modo de pregunta, así que ella dice:
—También entraré en un momento.
Antes de entrar, Rosalie me envía una mirada que es de muy pocos amigos.
No me importa un carajo.
No le agrado, ella no me agrada a mí… no puedes agradarles a todos en este mundo.
Pasan unos momentos en cómodo silencio; bien, en tanto silencio como se puede tener. La puerta principal sigue abierta, así que podemos escuchar la música y risas que provienen de la casa.
—Me encanta estar aquí afuera —susurra, dejando su vaso vacío en la barandilla—. Es muy pacífico.
Notando un estremecimiento que sacude su cuerpo, cierro la distancia entre nosotros por instinto, dejo mi cerveza ahí y pongo mis manos en sus brazos. Las subo y bajo de forma lenta y firme.
—Estás fría. —Demonios, ambos lo estamos.
Musita y apoya su frente en mi clavícula.
—Esto es lindo. —Desearía poder leer su mente.
—Lo es —murmuro, inhalándola. Lentamente sus manos suben, me rodean la cintura. Me estremezco y la abrazo contra mí; ella exhala y también aprieta su abrazo. Amo esto. La amo a ella. Y necesito esto, lo anhelo. Esta cercanía, este jodido cariño.
De fondo puedo escuchar que empieza una canción nueva y creo que Tinks también la escucha porque menea las caderas al ritmo de la música. Los movimientos son sutiles, pero de todas formas puedo sentirlos ya que estamos tan cerca. Es una de mis canciones favoritas: Rock Me, Baby de B.B. King. Eric Clapton está en esta versión y de hecho es…
Carajo.
Es jodidamente sensual.
Cuando ella se vuelve a estremecer, me veo obligado a sugerir:
—Tal vez deberíamos entrar.
Pero ella niega con la cabeza sobre mi clavícula.
—Todavía no.
Bien.
Rock me, baby
Rock me all night long
Rock me, baby
Honey, rock me all night long
I want you to rock me, my baby
Like my back ain't go no bone
Sonrío sobre su cabello, escuchándola cantar en voz baja, de forma casi inaudible, junto con la letra de la canción. No sabía que le gustaban las canciones viejitas.
—Te gusta, ¿eh? —Mis manos vagan sobre su espalda baja.
Su respuesta es añadirle un poco a su perezoso meneo de caderas.
Honey, I want you to rock me slow
Rock me, baby
Honey, I want you to rock me slow
Want you to rock me, baby
Until I want no more
Me encuentro moviéndome con ella.
Con los ojos cerrados.
Mis manos, que antes estaban en su espalda, se deslizan sobre su cuerpo en dos direcciones. Una va hacia su cadera, donde le doy un pequeño apretón. La otra sube más, más, más, y se mete debajo de su cabello. Tomo su cuello en mi mano. Al mismo tiempo, bajo la cara. Con cada respiración, la inhalo a ella. Mi nariz acaricia su cabello, su sien, su mandíbula, su cuello. Ese aroma suyo… puedo sentir mi polla endureciéndose.
El mundo gira un poco cuando abro los ojos al sentirla subir sus manos sobre mis brazos. Entrelaza sus manos de forma holgada alrededor de mi cuello.
Puedo sentir cada vez que exhala sobre mi piel.
Roll me, baby
Like you roll a wagon wheel
Roll me, baby
Like you roll a wagon Wheel
I want you to roll me, baby
You don't know how that makes me feel
Con un pequeño movimiento, encierra mi muslo izquierdo entre los suyos.
Entrelaza sus dedos en mi cabello.
Suelto un gemidito sobre su cuello, y su pequeño jadeo hace que mi polla se endurezca todavía más.
Rock me, baby
Honey, rock me all night long
Rock me, rock me, rock me, rock me, baby
Honey, rock me all night long
I want you to rock me, baby
Like my back ain't got no bone
—Carajo, nena —exhalo cuando flexiona las caderas.
Me fui, estoy perdido, en una jodida bruma.
—Edward. —Su nariz roza mi mandíbula—. Mmm…
Desafortunadamente, hay una parte de mí que sigue notando lo fríos que estamos. Especialmente Tinks. Los estremecimientos y temblores pasan sobre nuestros cuerpos como una corriente continua, y de vez en cuando el viento sopla copos de nieve, haciendo que esté todo más frío.
Tenemos que entrar.
—Tinks —susurro, enterrando más la cara en su cuello. Aquí está cálida y huele tan malditamente bien—. Vayamos adentro, cariño.
Asiente lentamente, de forma minuciosa.
—Sí…
Solo que no hace ademán de entrar de verdad.
Con una sonrisa perezosa, dejo la calidez de su cuello y pongo mis manos en su cintura.
—Vamos. —Le beso la frente. Ella musita suavemente y me arrepiento de no haber dejado que mis labios se quedaran ahí por más tiempo—. Taz —lo llamo, en voz no muy alta. Me escucha y sale de entre la oscuridad.
Moviendo a Tinks hacia adentro, ajusto sutilmente mi erección.
El calor de la cabaña llega a nosotros con fuerza, haciéndonos despertar un poco a ambos.
—Estoy cansada —dice, soltándome para abrazarse a sí misma—. Cristo, estaba muy frío allá afuera.
Bajando la vista a su cara, noto que sus labios se están poniendo azules.
—¿Quieres irte a la cama? —Toco su mejilla. Exhala temblorosamente y asiente—. De acuerdo, te ayudaré. —Yo también quiero que ya se vaya a la cama. Necesita calentarse, y estoy pensando que una cama suave y mis cobijas le ayudarán.
Al entrar a la sala, Tinks agarra mi mano.
Yo entrelazo nuestros dedos.
Mi vientre siente unas jodidas cosquillas, como si estuviera nervioso.
—Regresaré en un momento —le digo a nuestros amigos. Ellos alzan la vista, deteniendo su conversación—. Bella ya se va a dormir.
Asienten y se intercambian deseos de buenas noches antes de guiar a Tinks hacia las escaleras.
—¿Dónde voy a dormir? —pregunta cuando llegamos al segundo piso.
—En mi habitación. —La llevo a dicha habitación y abro la puerta—. Yo estaré abajo o en la habitación de Nate.
Al entrar, cierro la puerta y luego camino para encender la lámpara de mi buró.
—No puedo ocupar tu cama, Edward —discute débilmente. Acercándose, se detiene al pie de la cama—. No me parece justo.
Sonrío y me acerco a ella.
—¿Sabes cuántas veces me he quedado dormido en el sofá de abajo? —me río entre dientes y subo mis manos por sus brazos, acunando gentilmente sus codos—. Probablemente duermo más allá que aquí. —Es verdad. Puede que mi cama sea cómoda, pero después de una noche de ver películas abajo, es muy jodidamente fácil solo quedarme dormido ahí.
—¿Estás seguro? —Una vez más apoya su frente en mi clavícula, como lo hizo afuera. Lo interpreto como una invitación para apretarla a mí—. Porque se ve muy cómoda.
Sonrío y le beso el cabello. Besos suaves.
—Estoy seguro. —Sus manos terminan otra vez en mi cuello y trago con fuerza. No tiene ni idea de lo dura que me está poniendo la situación, que me está poniendo a mí. Todos esos toques de esta noche… no sé, pero usualmente hay más distancia entre nosotros—. Estás cansada. —Me agacho y beso su mejilla—. Ve a dormir.
—Suena tan… —Suspira suavemente y alza la cabeza. Beso su mandíbula, perdido otra vez—. Tan… —siento sus labios rozar sobre mi cuello—… perfecto.
Al acunar su cara, no pienso, y… antes de siquiera saber qué estoy haciendo, rozo mis labios sobre los suyos.
Probando.
Una.
Dos veces.
Ella hace lo mismo.
Nuestras frentes y narices también se tocan. Las manos vagan lentamente. Mis pulgares pasan sobre la suave piel debajo de sus ojos. Y la siguiente vez, presiono mis labios sobre los suyos con un poco más de firmeza. Ella copia mi movimiento, y luego nos estamos besando.
Tengo que contenerme, quiero demasiado, estoy hambriento. Pero cuando siento la punta de su lengua moverse sobre mi labio superior, todo se sale de control. En una respiración, mis labios se separan. Ella está ahí de inmediato, y nuestras bocas están completamente unidas cuando la pruebo por primera vez en casi cinco años. Gimo en voz baja, nuestros cuerpos se amoldan juntos. Sus manos bajan por mi pecho, y las mías se mueven a sus costados.
Tinks rompe el beso.
—Edward —jadea, agarrando con un puño mi camiseta—. Edward, yo… yo… por favor…
Mi boca desciende sobre la suya otra vez. Ya no es lento y tentativo. Nos besamos con pasión, ahora nuestras manos se aferran y agarran con fuerza. Olas de pasión se disparan a través de mí, o tal vez son más bien explosiones.
En todas partes. Impulsándonos. Retrocede un paso, llevándome con ella, y un segundo o dos después se deja caer sobre la cama. Ya que todavía tiene mi camiseta en su puño, voy con ella.
Respirando muy pesadamente, empiezo a llenar su cara y cuello de besos. Mientras tanto, ella se retuerce debajo de mí, intentando terminar más arriba en la cama. Sigo cada uno de los movimientos que ella hace.
Esto, lo que está pasando justo ahora, me está, tristemente, espabilando.
Ella está muy borracha.
—Nena —gimo cuando rodea mi pierna con las suyas. Mi polla, dura como roca, está apoyada en su coño. Y esto no puede seguir.
Quiero más, pero lo que no quiero es ver mañana arrepentimiento en sus ojos.
—Oh, Dios, ¿qué estoy haciendo? —pregunta de repente, gimoteando. Comprendo que he detenido mis propios movimientos—. Carajo, carajo, carajo, carajo. —Soltándome, se tapa la cara con las manos—. Lo siento. Estoy tan… oh, Dios.
Haciendo una mueca, me quito de encima de ella y me dejo caer sobre la cama.
Mi pecho está agitado.
Mi antebrazo me cubre los ojos.
Mi erección muere lentamente.
Mi mente da vueltas.
Mis jodidos miedos están de regreso.
