Los personajes de Dragon Ball y Naruto no me pertenecen. Son obra y creación de Akira Toriyama y Masashi Kishimoto respectivamente.

Para los que no hayan podido leer mi último mensaje en Twitter, estoy teniendo problemas con el cargador de la PC. Básicamente el cable se está dañando, y a menos que lo coloque en una posición muy precisa, la PC no carga, el problema es que el cable cada vez está peor. Por eso no he podido completar lo que me faltaba, que era responder algunos reviews pendientes (me quedaban al menos la mitad). Preferí finalmente publicar así porque en cualquier momento va a pasar que no podré cargar la PC. Debo comprar uno nuevo. Lo lamento por ese detalle, pero de igual forma trataré de responder lo pendiente.

Antes de comenzar, quería recomendar el fic de un lector. Si les interesa leer un cross de DB con Fairy Tail, puede que les guste. Se llama "Más allá de la realidad"

Ahora sí los dejo con el cap.

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31. El guerrero más poderoso

―Esto tiene que ser una jodida broma ―dijo Jiraiya con una sonrisa nerviosa y gruesas gotas de sudor corriendo desde sus sienes―. ¿En dónde está el tope de este chico? Llega a dar miedo hasta donde es capaz de llegar.

A simple vista, parecía que Goten retrocedía caminando despacio, pero con eso bastaba para que, por desconocida causa, ninguno de los ataques de Saffron llegara a rozarlo. No estaba haciendo fintas ni ejecutando complicados vaivenes para evadir los embates de su oponente. Solo caminaba hacia atrás, ni más ni menos.

―Ese sujeto no está arrojando golpes a lo tonto ―murmuró un consternado Sasuke―. Está concentrado, y su técnica es de un gran nivel, pero por alguna razón, no puede acertar ni una sola vez. Goten, en cambio…

No existían palabras para describirlo. Y es que ni dōjutsus como el Byakugan o el Sharingan tenían nada que hacer: Kakashi destapó su ojo rojo, y las venas de Neji brotaron alrededor de sus perlados orbes, pero aun así, fueron incapaces de distinguir alguna variación o detalle esclarecedor en el aura roja de Goten. Su ki no podía ser percibido por mortales, y tampoco visto, pues ese fuego etéreo y delicado que le rodeaba, no era más que una ínfima parte del espectro lumínico que la visión humana alcanzaba a detallar del verdadero aspecto de su aura.

―¿Qué es lo que sucede con su energía? ―preguntó Karin―. No puedo sentir su presencia en lo absoluto. Es como si no existiera.

Sakura apretó los puños en un intento por contener la emoción. Estaba a reventar de orgullo porque Goten logró aquello por lo que tanto había luchado. En la Habitación del Tiempo apenas le vio acceder a esa forma por breves intervalos de tiempo, a veces a manera de destellos. Ahora podía verlo en todo su esplendor, y superaba con creces lo prometido.

―Para nosotros es imposible sentir su presencia. Solo los dioses pueden hacerlo. El ki divino escapa de nuestra capacidad de asimilación.

―¿Significa que ahora Goten es un Dios? ―preguntó Kakashi a la pelirrosa.

―Es difícil saberlo. Diría que no del todo, pero al menos el poder que usa en este momento es el de uno.

La velocidad de Saffron aumentaba de forma progresiva, si bien todavía se encontraba demasiado lejos de equipararse a la de su adversario, a quien le bastaba con ladear su cuerpo de un lado a otro para sacudirse los golpes y, de vez en cuando, los desviaba con el dorso de sus manos, haciendo que el legendario guerrero pasara de largo y trastabillara hasta casi caer. Estaba jugando con él.

―¡Vamos, Goten, acaba rápido con él! ―Desde el Otro Mundo, el pequeño Kaiō-sama boxeaba con el aire y daba ánimos a su alumno.

Blizzard, que recién había llegado, aparentó indiferencia y se acercó a su maestro para colocar una mano en su espalda y ver la pelea.

―¿No dijo usted que debíamos mantenernos neutrales en este tipo de situaciones?

―Lo que no debemos es intervenir, por lo demás no tiene nada de malo que desee la victoria del muchacho. A propósito, ¿en dónde estabas?

―Meditando. ―Replicó, encogiéndose de hombros.

―¿Puedes creer que Goten por fin logró dominar el ki divino? Es algo histórico y sin precedentes, en serio que su potencial no conoce límites.

―Sí, es una hazaña increíble sin lugar a dudas. ―Contestó con un toque de simulada sorpresa.

―Sin embargo, me preocupa que se distraiga y le dé a ese sujeto una oportunidad de sobreponerse.

El semblante de Blizzard se frunció en señal de rareza en tanto analizaba la pelea.

―La diferencia entre ambos es demasiada. No existe manera.

―¿Eso crees? ―Bajo la túnica, la figura de Kaiō-sama se revolvió en un repentino escalofrío―. Estamos hablando del legendario saiyajin, un monstruo que en el pasado despertó la atención de Hakai-shin por su inconmensurable fuerza. Si no lo termina pronto, podría darnos una sorpresa a todos…

Goten notó que los movimientos del oponente se hacían más fluidos y precisos. Sentía que de repente la brisa de algunos puños le acariciaba el cabello, como si estuviera a punto de ser conectado. Decidió entonces que era la hora de contraatacar.

―Mi turno.

Dobló las rodillas y alzó los brazos para adoptar su guardia zurda. Inclinó la cabeza a un lado, sintiendo cómo el musculoso brazo de Saffron pasaba sobre su hombro en un errado intento por lastimarlo. Se inclinó hacia adelante y, aprovechando la inercia del contrincante que también se acercaba a él, plantó un terrorífico golpe con la palma abierta en el pecho este.

―¡UAGGGH!

El legendario guerrero se revolvió de dolor. Quedó sin aliento, y sintió cómo los órganos dentro de su tórax se sacudían en sincronía de atrás hacia delante. Parpadeó repetidas veces, desorientado, escuchando el viento rugir contra sus tímpanos mientras volaba sin control y atravesaba montañas, unas tras otras. Comprendió entonces que perdió el conocimiento por un instante debido a ese único golpe que le mandó a dar un paseo desde el País de las Olas al centro del continente.

Se abrió de brazos y piernas, deteniéndose en seco sobre un mar verde de árboles. Una gran onda de choque, producto de su violenta frenada aérea, se encargó de arrasar con una hectárea completa del bosque a sus pies. Se refregó la boca con la muñeca, crispándose en una mezcla de furia y emoción al verla manchada en sangre. No podía sentir el ki de su oponente, aunque sus instintos salvajes le advirtieron de la presencia de este a sus espaldas. En efecto, cuando se dio vuelta lo vio flotando de brazos cruzados como si nada, esperándolo desde hacía rato.

―Ya entiendo por qué Trunks no tuvo oportunidad. Eres demasiado fuerte.

―¿Qué es ese poder tuyo? ―Gruñó con una sonrisa hambrienta. Los oscuros ojos le brillaban de gozo―. Eres diferente, jamás había enfrentado algo así. ¡Me hace querer ir a más!

Saffron elevó su descomunal ki por tercera vez desde que la batalla empezara. Su aura verde creció, y de la potencia que desprendía, comenzó a devastar el bosque bajo ellos con la fuerza de repulsión generada, como un segundo Shinra Tensei de Nagato, eliminando a su paso kilómetros de vegetación y fauna incluidas.

―¡Suficiente!

Goten se lanzó al ataque, girando su cadera en el último instante para dañar el flanco derecho del enemigo con una patada circular. Bajo su percepción y velocidad superior, Saffron se movía muy despacio, como paralizado en el tiempo, al punto que era incapaz de captar sus movimientos, pero lo que ocurrió a continuación fue diferente: mientras ejecutaba su patada, pudo ver cómo los ojos de legendario guerrero se movían hasta posarse sobre él, para luego recoger su brazo derecho en cámara lenta, cubriéndose el costado donde recibiría el impacto. Ya no era invisible ante sus ojos.

¡BOOOOOOMMMMM!

Fue como una explosión. Saffron contorsionó la cara al sentir cómo su codo se le enterraba contra las costillas y amenazaba con quebrárselas. Salió volando por cientos de kilómetros hasta que aterrizó en medio del vasto desierto del País del Viento, levantando una columna de arena que fue visible desde Sunagakure a pesar de la enorme distancia. Con cada golpe, cambiaban de área geográfica, pues con la escala de poderes que manejaban, el planeta empezaba a quedarles chico. Se levantó cubierto de arena, con una sonrisa estirándole los rasgos al tiempo que ejercía presión sobre su magullado costado para atenuar el dolor. Esta vez no perdió el conocimiento, lo cual era un progreso.

―¡Por aquí!

Sonó la voz de Goten a su espalda. Pudo girarse a tiempo para cruzar los brazos sobre su pecho y detener el puño del pequeño saiyajin rojo. Sus piernas se enterraron hasta las rodillas mientras retrocedía y luchaba por no desfallecer, pues a pesar de haberse protegido, recibió un montón de daño interno con ese ataque, si bien sentía que cada vez podía soportarlos mejor.

La arremetida de Goten no se detuvo. Corrió en dirección a su adversario y le asestó una patada circular a la altura del muslo, haciéndole perder el equilibrio, y cuando estaba por caer, saltó y le conectó una rodilla en el rostro.

Saffron sintió que se desvanecía. Su cerebro se remeció, chocando con el interior de las paredes de su cráneo. No obstante, aguantó como el bestial guerrero que era, incluso se protegió de la lluvia de puños que le molieron los brazos hasta que no pudo sostenerlos más en alto. Estaba sin defensa.

―¡ARRRGGHH!

De su boca brotó un peligroso disparo de ki verde. La capacidad de reacción de Goten era tan suprema, que saltó sobre la técnica pese a estar a menos de dos metros de distancia, y eso que la velocidad de esta no era un juego: en cuestión de segundos abandonó no solo la Tierra, sino el sistema solar, llegando a reventar contra una estrella muerta muy lejana, y provocando en el caótico proceso la desaparición de uno de los brazos de la galaxia en que se hallaban.

Ganó tiempo suficiente, no obstante, para ponerse encima de Goten y arrojarle una patada en hacha.

―Eres un sujeto increíble. Lástima que estés en el bando equivocado. ―Goten lo dijo con sinceridad. Tuvo que detener el golpe alzando su antebrazo porque le fue imposible esquivarlo después de evitar la técnica de energía.

―¿Bando equivocado? ¡Infeliz, nosotros nunca te hicimos nada! ―Su voz no era amenazante, ni siquiera iracunda, sino que desprendía la esencia de un animal herido―. ¡Tú los mataste a sangre fría, al sargento Lettus, a mi maestra! ¡A ZUCCHI!

Su monstruoso ki explotó, dejando a Goten sin palabras por lo inmenso que era. No entendía cómo era posible que un individuo llegara a esos extremos sin ki divino de por medio. Sin embargo, había algo más que le preocupaba. En lo que llevaba de pelea, no pudo captar en ningún momento una presencia claramente perversa en su contrincante. Percibía miedo, dolor, mas no maldad.

―¡No entiendo a qué te refieres, jamás conocí a esas personas! ―Gritó, protegiéndose de las endemoniadas ráfagas de viento que surgían del guerrero―. ¡De seguro estás siendo manipulado por ese desgraciado de Rō! ¡Tú no quieres esto, lo sé porque puedo sentirlo!

Los dolores de cabeza volvieron a atormentar a Saffron. Empuñó sus cabellos negros mientras gruñía y se sacudía en un arrebato de locura mal contenida. Los falsos recuerdos de sus amigos asesinados desfilaban por su mente, haciéndole perder el control, y disparando su nivel de pelea a límites que rayaban en lo absurdo.

¡Destrúyelo de una vez, acaba con esto cuanto antes! ―Ordenó Rō, anegado en pánico y desesperación.

La mirada de Goten se amplió en sorpresa por el abrupto aumento en la velocidad del legendario saiyajin, cuya inmensa figura acortó la distancia entre ambos sin darle la oportunidad de alzar su defensa. A duras penas pudo estirar el brazo para chocar su puño con el de Saffron, comprobando también el desmesurado incremento en su fuerza física.

¡BOOOOMMM!

La onda de choque generada fue diferente a cualquiera de las previas. Parecía que, a medida que se expandía, deformaba la realidad a su paso en una ondulación, como una piedra que caía en un estanque y perturbaba su plana superficie.

Naruto quedó atónito al contemplar la manera en que sus manos se curvaban, como si su sólida humanidad adquiriera la fluidez de un líquido. Al levantar la cabeza, comprobó que todo a su alrededor, incluyendo el resto de personas, se veían de la misma manera. Hubo quienes llegaron a vomitar por el extraño efecto producido. Otros tomaron asiento para evitar tropezar, en tanto respiraban lento y profundo a manera de atenuar la sensación de vértigo.

―Es una locura. ―A Kakashi se le notaba pálido, poco menos que mareado―. El espacio tiempo se desfigura como efecto colateral del choque entre sus cuerpos. No se trata de una técnica especial para abrir portales o viajar a través de dimensiones. La fuerza de ambos es tan absurda que se vale de sí misma para torcer la realidad…

El antebrazo de Goten se cruzó con el de Saffron en un cruento impacto. Por segunda vez, se curvó la existencia misma frente a la atónita mirada de los terrícolas, que aun sin entender nada, se estremecían por la aciaga e incómoda sensación que reptaba desde el fondo de sus vísceras: sabían por instinto que la pelea era una abominación fuera de la comprensión humana.

―¿Qué pasará si esto continúa? ―Soltó Temari al aire, lívida y conmocionada, esperando una respuesta de Gaara o Kankuro que jamás llegaría.

El silencio era mortuorio en cada rincón del planeta. Incluso Trunks contemplaba absorto el desarrollo de la batalla. El peso de la tragedia se hacía sentir como una funesta premonición, esto por mucho que Goten comenzaba a ganar terreno, evitando nuevos choques y conectando sus ataques de lleno en torso del enemigo. Y es que el nivel de poder que se manejaba era tan peligroso e irreal, que sacudía las creencias de los pasmados espectadores.

Rō temblaba de impotencia frente a su bola de cristal. Ni en sus más rebuscadas lucubraciones habría considerado la posibilidad de que uno de los saiyajins despertara el ki divino. Ahora la pelea había dado un giro inesperado, y poco podía hacer mientras veía cómo su guerrero era dominado golpe a golpe por Son Goten.

―Puede ganar, ¡puede ganar! ―Kurotsuchi buscó complicidad en el rostro de su abuelo, aunque no consiguió más que una fría máscara de inquietud salpicada en sudor.

―Puede, sí, pero hay que tomar en consideración la constante evolución de ese sujeto.

―¿Ah qué te refieres, viejo?

Ōnoki apretó sus pecosas manos. Puso atención en la contorsionada expresión de Goten. Se estaba esforzando, atacaba con fuerza y precisión a su adversario, sin embargo…

―Hace unos instantes bastó un golpe para que Saffron resultara herido. Ahora resiste todo lo que le llega, y por si fuera poco, es capaz de responder.

Tenía razón. El legendario guerrero sufría y se doblaba cada vez que los puños de Goten magullaban sus músculos y huesos, pero resistía, se erguía y contestaba con ímpetu, sacudiendo sus fuertes brazos y lanzando patadas que peinaban la cabellera roja de su contrincante, hasta que…

¡PAAAAAMMM!

Ocurrió lo inevitable. El Super Saiyajin Dios al fin fue conectado. Todos quedaron boquiabiertos al ver cómo Saffron le volteaba la cara a Goten de un potente puñetazo. Incluso él mismo, más que dolor, sintió asombro por ser incapaz de reaccionar a ese imprevisto ataque.

―¡No te emociones por un golpe de suerte! ―El chico, aprovechando su caída, se apoyó con las manos en el suelo y asestó una patada doble en el abdomen de Saffron que lo dejó sin aliento.

Pero no se trataba de suerte, Goten no era ningún tonto. Bien que notó cómo sus ataques surtían cada vez menos efecto, prueba de ello era la rápida reincorporación de su rival, quien le mandaba un pisotón que lo hundía en el suelo. Luego, la inmensa mano de Saffron capturó su sorprendido rostro y lo atacó con un pulso de ki verde que los devoró a ambos.

La explosión fue tan bestial, que arrasó con la mitad del océano de arena que componía la mayor parte del territorio del País del Viento. De las heridas entrañas de la Tierra brotaron ríos y columnas de lava a manera de sangre. La detonación alcanzó temperaturas tan ridículas, que montículos enteros de arena se convirtieron en descomunales masas gelatinosas e incandescentes que, al enfriarse, daban paso a gigantescas esculturas dentadas y macabras de vidrio sucio repleto en burbujas.

Ambos contendientes continuaron la refriega bajo un hirviente mar de magma que apenas les calentaba la piel. Los humanos no cabían de asombro por la manera en que esos dos forcejeaban y se pegaban como si nada, aun bañados en roca fundida a cientos de grados centígrados. De a poco se fue haciendo más notorio que, en definitiva, el combate se tornaba parejo: Saffron sujetó a su rival por la cabellera roja para impedir que esquivara sus ataques, y comenzó a castigarlo con una serie de rodillazos tan brutales, que Goten sentía que cada impacto repercutía en su interior pese a que se protegió de cada uno de ellos cruzando los brazos.

¡FUUAAAS!

El legendario guerrero se hartó de que ninguno de sus embates diera de lleno, así que lanzó a su víctima hacia arriba con rabia, tan fuerte, que en un pestañeo Son se halló sobre las nubes en lugar del pozo de lava subterránea donde peleaban.

―Este tipo es… ―Jadeante, observó sus trémulos y adoloridos antebrazos. Admitió que la situación se complicaba cuando se preparó para recibir a la silueta rodeada por una luz verde que volaba en ascenso a su encuentro―. ¡Suficiente! ¡Te demostraré que no eres el único que puede aumentar su poder!

El aura de fuego de Goten reventó. Su ki divino saltó a un nuevo nivel. El gran puño de Saffron se estampó en seco contra su rostro, pero no le afectó ni le movió la cabeza un solo milímetro. De nuevo la brecha entre los dos se hizo descomunal.

¡Esto es injusto! ¡INJUSTO! ―Rō aulló y pataleó como el más berrinchudo de los niños frente a la escena de Goten tomando la muñeca de su atacante y apartándole el brazo con absurda facilidad.

―En verdad lo siento, pero esto debe terminar ya. No me dejas otra opción…

Los ojos de Saffron se desorbitaron e inyectaron en sangre por la patada lateral recibida en su costado. Por reflejo se llevó las manos al área lastimada, quedando sin defensa alguna para el inmisericorde castigo con que Son apaleó su cuerpo entero. Era un simple saco de boxeo.

Miles de voces a lo largo y ancho del planeta celebraban la paliza, vitoreaban cada cruel golpe que se hundía en las carnes del legendario guerrero, clamaban por los huesos que se le astillaban y los órganos que se le dañaban.

Hubo una breve pausa. Saffron no paraba de toser sangre, pues estaba reventado por dentro. Su visión nublada solo distinguía una borrascosa figura imbuida en fuego frente a él. Su torso, brazos y muslos quedaron cubiertos por las marcas de los puños de su oponente, como una lata repleta en abolladuras. Perdió la consciencia con el último ataque: una patada en la nuca que le envió en picada contra una solitaria montaña que se derrumbó por completo.

Goten lo siguió y aterrizó sobre la colina de rocas fracturadas. Miró con lástima el magullado cuerpo de su oponente, apenas asomado entre el desastre de pedruscos pardos.

―Por favor, discúlpame. ―Extendió su mano, cargando una esfera de ki amarilla―. Quizá en otras circunstancias habría sido bueno pelear contigo. Prometo que haré pagar al sujeto que te metió en esto…

Saffron se sentía cálido entre los escombros y la sangre que manaba de sus heridas. Su cuerpo, concebido únicamente para la batalla, ya había tenido suficiente por esa vida. No quería despertar. No quería pelear más. Pero había algo que le hacía cosquillas en la nariz y perturbaba su sueño final.

Se levantó de golpe, desorientado al verse tendido en el campo bajo la sombra de un manzano. Hacía calor, y un dorado mar de trigo se extendía sin fin frente a su confundido ser. El aroma que respiraba era familiar, al igual que ese cielo ambarino coronado con tres lunas que le arropaba.

―Te quedaste dormido otra vez ―dijo Zucchi a su lado, sonriendo y con una espiga dorada entre los dedos―. La maestra se va a enfadar si demoramos más.

―¿Zucchi? ¿En dónde estamos?

Ella ladeó la cabeza, en principio extrañada por su reacción, para luego soltar una aguda risilla al reparar en su ceño fruncido.

―¿Acaso olvidaste cómo luce nuestro planeta? Bueno, puedo entenderlo porque tardaste mucho, pero yo me quedé esperando tu regreso. ―Se puso en pie y le tendió una delicada mano―. Ahora ven, que los demás quieren recibirte. Están ansiosos por ello.

―¿Mi regreso? Ósea que yo…

No había rastro de herida alguna en su cuerpo. Su armadura estaba intacta. Puso atención en Zucchi, que estaba tal y como la recordaba, con sus vivaces ojos rojos que no perdían detalle y el cabello fino y albino tan rebelde como su carácter.

―Ya te lo dije, todos están ansiosos por darte la bienvenida, en especial la maestra Luffa.

Su piel se erizó al sujetar los finos dedos de Zucchi entre los suyos. El contacto era real, tanto como la sangre que, de un momento a otro, la chica vomitó sobre su rostro. Horrorizado, Saffron vio cómo un brazo cubierto en fuego sobresalía del abdomen de su amiga. El asesino la arrojó sin decoro a un lado, como a un pedazo de basura, y el legendario guerrero contempló, impactado, la figura de ella convulsionándose en sus momentos finales de agonía.

―Maldito, ¿por qué lo hiciste? ―Gimió descompuesto en dolor en dirección a la sombría y diabólica silueta de Goten. El mundo a su alrededor se corrompió en tinieblas que pudrían la tierra, marchitaban el trigo y consumían los árboles.

La pesadilla se repetía. Se llevó las manos a la cabeza, sintiendo cómo el cerebro le hervía con los funestos recuerdos que desfilaban sin piedad, y en contraposición el pecho se le congelaba de muerte.

―¿Pero qué demonios?

Goten dejó de cargar energía. Las rocas volaron en pedazos por doquier. El ki de Saffron se expandió hasta colorear de verde al planeta entero, alcanzando niveles tan incomprensibles, que el chico se estremeció por dentro.

¡Que se vaya todo al infierno si es necesario, pero yo jamás voy a perder aquí y ahora! ―Un hilo de sangre lloraba del Sharingan derecho de Rō, que sentía como si el globo ocular le fuese a estallar desde dentro― ¡Es ahora o nunca, Saffron! ¡Destrúyelos a todos!

Sin mediar en consecuencias, Kaiō-shin atormentó a su manipulado saiyajin con una descarga de memorias falsas y abominables, empujándolo a las fauces de esa bestia a la que tanto temía pero formaba parte indivisible de su ser, de la maldición a la que sin querer, le condenó Enki al pretender la concepción de un ser perfecto.

―No hay manera, esto debe ser una broma… ―Pese a que estaba en otro país, Trunks podía ver en el horizonte una delgada columna de luz verde que perforaba el cielo como una aguja. El ki de Saffron le dejó petrificado, y no era para menos, pues alcanzó a cubrir cada rincón del noveno universo.

Galaxias distantes se alejaban de sus respectivas órbitas, mientras otras detenían su movimiento y comenzaban a rotar en sentido opuesto. Soles extintos hacía eones volvían a arder y girar sin control, atrayendo a los pequeños planetas satélite de su sistema para devorarlos en un acto de mal contenida gula cósmica. El tejido espacial aumentó la aceleración de su expansión, huyendo de pavor ante la presencia del legendario guerrero. El poder de Saffron era tal, que empezó a generar un desastre en distintas partes del universo.

―Gran patriarca, ¿qué es este ki tan terrible? ―Preguntó Nail, un super Namekusei que, pese a su incomparable fuerza, quedó anonadado por lo que sentía―. ¿Cómo es posible que siga aumentado de esa manera? ¿Es que acaso es infinito? Por si fuera poco, se ha disparado cada vez más aunque no parece enfrentarse a otro individuo.

El gigantesco anciano, sudando a chorros desde el asiento de su gran trono, no encontraba las palabras adecuadas para definir la naturaleza de esa abominación.

―Quizá no podamos sentir otra presencia, pero eso no significa que nadie esté encarando a ese monstruo, así que presta atención, hijo mío, porque presiento que ahora empieza la pelea que decidirá el destino de este universo.

A billones de años luz de distancia, en un extraño planeta escondido dentro de una colorida nebulosa, un ángel guardián contemplaba la batalla desde la imagen holográfica que proyectaba la cabeza de su báculo.

―Araaa, hacía mucho que no ocurría un combate tan interesante. Es una lástima que se lo esté perdiendo, ¿no lo cree, Caranoba-sama? ―Preguntó en dirección a una pequeña silueta, arrebujada entre las blancas sábanas de una inmensa cama, que roncaba sin decoro dentro de un sueño profundo y demasiado largo, hasta que, por primera vez en miles de años, cambió su ruidosa respiración por una suave y profunda. Sus párpados comenzaron a vibrar, producto de los rápidos movimientos oculares que tenían lugar bajo estos. Aun dormida, podía sentir esas dos presencias que sacudían el noveno universo― Ah, ya veo, así que no ha pasado desapercibido para usted tampoco, ¿eh?

La noche veló a la Tierra entera. Relámpagos cobalto, verde y magenta cuarteaban el oscuro firmamento que lloraba a cántaros, incluso sobre el árido desierto, mientras glaciales completos se resquebrajaban y hacían subir el nivel del enrabietado mar que tanteaba con tragarse a Kirigakure.

―¡Te lo dije, te lo dije! ―Kaiō-sama se dejó caer de rodillas, sujetando su rostro con expresión de desdicha―. A la mínima oportunidad esto podía pasar. Está liberando su verdadero poder. Es el Legendario Super Saiyajin.

Blizzard estaba en shock. Su corazón palpitaba desbocado, haciéndole sentir vivo otra vez por las emociones que bombeaba con cada latido. El poder de ese sujeto era tal, que sin ki divino podía equipararse al de un dios, eso por no decir hasta dónde estaba su límite.

La talla de Saffron se elevó hasta los tres metros, y su impresionante musculatura creció en proporción a su gigantesco cuerpo. Los ojos se le tornaron blancos, vacíos, irracionales. El cabello, ahora dorado, se le erizaba en imponentes picos perfilados con destellos verdes. Su figura levitaba despacio en tanto su ki vaporizaba cuanto retazo de materia hubiera alrededor.

¡Acaba con esos insectos! ¡Elimínalos ya!

No hacía falta dar órdenes. El Legendario Super Saiyajin ya tenía el control, y su ira solo hallaría sosiego cuando desaparecieran al menos una decena de galaxias. Se abalanzó sobre Goten, demostrando, pese a su tamaño, una velocidad que dejó al chico perplejo.

Ocurrió el primer choque de antebrazos. Desde el espacio exterior se vio un anillo blanco que crecía y abandonaba la Tierra, destrozando asteroides a su paso y llegando a cortar por la mitad a un planeta de ese sistema solar. Son sintió que su humanidad se estremecía hasta los cabellos, que los huesos le crujían bajo el peso de tamaño encuentro. Quedó entumecido por completo, al punto que se vio venir el puño del enemigo sobre su conmocionado rostro sin que su cuerpo fuera capaz de responder.

El impacto fue como una explosión. Goten creyó que la cabeza le estallaría desde dentro. Salió disparado sin control a través de rocas y montañas, y cuando abrió los ojos, descubrió que Saffron volaba encima de él, a punto de encadenarle un segundo ataque.

¡Zip!

Tuvo que teletransportarse a la espalda de su adversario para zafarse de su feroz arremetida. Acto seguido, conectó una fuerte patada contra su nuca, y con ello consiguió mandarlo en picada, pero no fue capaz de seguirlo porque, a medio vuelo, Saffron se giró y le lanzó una esfera de ki verde.

Goten la desvió de un firme manotazo que dejó su extremidad superior entera adormecida. Esa ínfima fracción de tiempo bastó para que el legendario guerrero volviera a estar frente a él, tacleándole con el hombro como una briosa bestia sin cadenas.

―¡UAGHH!

Cada golpe de Saffron era demoledor. De nuevo Goten tuvo la sensación de que todo se removía dentro de su ser. Usó la teletransporación por segunda ocasión cuando su incansable enemigo ya estaba por embestirlo otra vez con su enorme brazo abierto. Era una locura, no tenía ni un instante para reponerse o asumir una mejor postura de pelea.

―¡Maldición! ―Trunks quedó pasmado al ver cómo Saffron, sin necesidad de girarse, golpeó a su amigo con un potente pulso de energía omnidireccional que emanó de su cuerpo. Ni siquiera necesitaba sentir el ki divino para localizarlo.

Goten no podía detenerse. Fue empujado con demasiada fuerza por la onda de ki de su oponente. Cruzó el continente shinobi de sur a norte, pasando a través de magma, arena y montañas, dividiendo países en una profunda zanja de cientos de kilómetros de largo que modificaría mapas y marcaría nuevos límites entre naciones. Paró finalmente bajo un desastre de rocas y árboles partidos, por allá cerca de Iwagakure. Alzó su ki de fuego, vaporizando los escombros que le cubrían, y justo en el momento que despejó su campo visual, tuvo que inclinarse a un lado para evadir un despiadado puñetazo de Saffron. No tenía respiro. Peleaba contra una máquina de matar.

―Esto aún no ha terminado…

Son golpeó con sus dedos imbuidos en ki divino varios puntos vitales del gran torso de su contrincante, como hiciera un Hyūga cualquiera. Desencadenó una gran oleada de dolor en este, pero más allá de dejarle algunas marcas entre las costillas y el esternón, no logró el objetivo real que era bloquear su flujo de energía.

―El Jūken no funcionará contra ese demonio ―dijo Neji, llenando de desesperanza a unas temblorosas Hinata y Hanabi―. Sería como detener un furioso río fuera de cauce con diques de hojas y ramitas. La escala de poderes es ridícula.

No quedaba más que destruirse a golpes a la vieja usanza. El incremento en el ki de Goten volvió a equilibrar la balanza. Ninguno de los dos cedía. Era difícil asimilar que un individuo con la mitad de tamaño del otro se plantara firme ante sus terroríficos puños, pero de hecho, parecía que el chico era quien ganaba terreno: las piernas de Saffron se doblaban de a poco con cada golpe que recibía, hasta que una de sus rodillas tocó suelo cuando Son plantó un codo contra su estómago.

―¡Ahí lo tienes, termínalo! ―Chilló Kaiō-sama al tiempo que ahorcaba a Blizzard, demasiado emocionado por la golpiza con que su alumno cubría al rival.

Los ataques venían desde todos los ángulos. El legendario guerrero quedó sin capacidad de respuesta, con su cabeza girando de lado a lado y su tronco magullado desde todos los flancos.

―¡ARRRGGGHHH!

De su boca surgió un gran disparo de ki verde que se tragó a Goten. La columna de energía dibujó una parábola y se perdió en el firmamento, quedando el muchacho en el sitio con los brazos cruzados y rastros de humo manando de su trémula figura.

Por primera vez los dos se dieron un tiempo. El legendario guerrero jadeando por la paliza, y Goten paralizado por las dolorosas quemaduras palpitándole en forma de ampollas sobre la piel. El que diera el primer paso tendría la ventaja, y fue el segundo quien optó por regresar el favor y reiniciar la batalla.

―¡Kameeeee! ―Flexionó las rodillas mientras echaba los brazos hacia atrás, acunando la energía entre sus manos―. ¡Hameeeeee! ―El mundo se pintó de azul. Los ausentes ojos blancos de Saffron mostraron un retazo de humanidad cuando se ampliaron de temor― ¡HAAAAAAAAAAAAAA!

Los terrícolas atestiguaron cómo aquel joven peleador, de ondeante dogi naranja y kanji de "Kame" a la espalda, arrollaba sin clemencia con la técnica de la tortuga al Legendario Super Saiyajin. La piel de Trunks se erizó de emoción: por un segundo fue capaz de ver a Goku.

―Lo logró, ¿cierto? ―Naruto puso fin al silencio con un tono de poco convencimiento―. Eso debió terminar con ese sujeto. Sí, de seguro así fue…

Los espectadores anhelaban descubrir tras el humo un montículo de cenizas, un cadáver, o cuando menos, un agonizante despojo de lo que restara de Saffron. Nada más lejos de la realidad.

Al disiparse el polvo y las cenizas, vieron al Legendario Super Saiyajin en una pieza, erguido cuan alto era, con los humeantes músculos hinchados y surcados en palpitantes venas tan gruesas como cables. Su armadura quedó despedazada, desnudando un torso repleto en tantas cicatrices, que la piel de Goten y Trunks en comparación parecía lozana y virgen. Su respiración era profunda, pesada. Su expresión era distante, como sumido en un trance demencial, ajeno al Kamehameha que recién le había arrollado. No era lógico que tras apenas sostenerse en pie por los golpes recibidos, soportara como si nada el mejor ataque que hasta el momento había lanzado su rival.

Curioso era que ni una herida, hematoma o moretón se asomaban en su figura. Se había sanado de todo daño. Y es que su ki crecía de manera aterradora en su interior, fraguándose mudo pero violento, como una bomba de tiempo que perentoria e indefectiblemente habría de detonar.

―No puede ser… ―Por puro instinto de preservación, básico y primitivo, Goten dio un paso hacia atrás, anegado en miedo.

Trunks también pudo sentir el aura silente y violenta que ardía dentro de Saffron. Era antinatural. No tenían oportunidad.

―¡ARRRRRGGGGHHHH!

Su rugido partió los cielos. El corazón de cada terrícola saltó en pánico, mientras la piel se les erizaba y la sangre congelada hería sus arterias desde adentro como un frío kunai. No era un canto de batalla, ni la amenaza de un cruel guerrero anticipándose al combate. Eran los gritos de una animal acorralado, herido, desesperado. De allí que, con tan solo escuchar ese alarido, los instintos se sobrepusieran a la razón e inteligencia que milenios de evolución traían consigo.

El ki de Saffron sufrió un nuevo incremento, esta vez más inestable y peligroso, pues de su cuerpo salían disparadas en todas direcciones pequeñas esferas de ki verde que aterrizaban y estallaban por doquier. Desde el espacio se veían diminutos puntos de luz verde que titilaban sobre la superficie del planeta. Su excesivo poder lo rebalsaba, y debía expulsarlo de esa manera para no reventar. Una locura total.

En las distintas aldeas ya habían evacuado a los civiles hasta refugios y bunkers que armaron después de acontecer la reunión en Iwagakure. Eso, por supuesto, no evitó que decenas de estructuras saltaran en pedazos gracias a los distantes ataques de Saffron. No podían interceptarlos, pues superaban por mucho la velocidad de reacción de cualquier terrícola.

Especial impacto sufrió La Aldea Oculta de las Rocas, pues resultó el área geográfica más cercana al ominoso epicentro. Las montañas se agrietaban y desplomaban sobre casas y edificaciones enteras. Cientos de ninjas debieron dispersarse para crear con sus jutsus enormes domos de piedra que amortiguaran los escombros. Kurotsuchi y Ōnoki eran tan hábiles que juntos bastaban para suplir el trabajo de varios escuadrones, levantando con sus técnicas gruesas paredes que soportaran los masivos derrumbes.

―¡Basta, no sigas! ―Goten voló hacia su adversario, desviando con manotazos las esferas de ki que se le cernían mientras se aproximaba.

¡DOOOMM!

El espectáculo de colores cesó. Goten estrelló su puño de lleno en la cara de Saffron. Su corazón dio un vuelco cuando notó que ni siquiera le movió la cabeza del sitio. Lo siguiente que supo fue que el mundo se volvió un borrón ante sus ojos cuando le sujetaron del brazo y lo azotaron repetidas veces contra el suelo. Logró zafarse dándole una patada a su atacante, pero de inmediato le tomaron esa pierna y se repitió la serie de flagelos. Luego, sin un respiro de por medio, la gran mano de Saffron cubrió el rostro del chico y comenzó a machacar cuanto encontraba a su paso con la cabeza de este.

Habiéndose recuperado lo justo, Trunks se transformó en Super Saiyajin 3 y acudió al campo de batalla, blandiendo un sable de energía dorada que se rompió en un chirrido cuando golpeó la espalda del legendario guerrero. Ni un rasguño pudo causarle con su mejor y más afilada técnica, especializada en rebanar enemigos con un ki muy superior al suyo.

¡KROOOMM!

El sonido óseo entre cráneos retumbó cuando Saffron chocó la cabeza de Goten contra la de Trunks.

―Esto se ha salido de control ―dijo Sakura, observando junto a los demás cómo el legendario guerrero se los sacudía como a moscas cuando ambos intentaban una arremetida en conjunto―. La diferencia es demasiada, no importa lo buenos que sean peleando en equipo. Si no hacemos algo los va a matar…

―Entonces en marcha. ―Naruto ya se preparaba para correr, pero la mano de Jiraiya se posó en su hombro y lo detuvo.

―¿Hacer qué? ¿No ven que este combate está fuera de nuestra dimensión? Es posible que ni siquiera logremos acercarnos lo suficiente antes de estar muertos. Además, están demasiado lejos, tardaríamos mucho en llegar, e incluso si lo hiciéramos, el lugar del enfrentamiento podría cambiar mientras estamos en movimiento.

―Lo siento, ero-sennin, pero no me quedaré aquí sin hacer nada viendo cómo ese psicópata destroza a Goten y Trunks. ―El rubio sacudió su hombro junto al agarre de su sensei―. Si ellos pierden, nosotros y nuestro mundo también lo harán. No hay diferencia si morimos aquí o allá. ―Una sonrisa zorruna surcó su cara de oreja a oreja―. Somos ninjas, y estos son gajes de nuestro oficio, dattebayo.

―Naruto tiene razón. ―Apoyó Kiba con entusiasmo―. Nuestro lugar no es acá. Como futuro Hokage no puedo permitir que esta masacre continúe sin mover un solo dedo.

―¿Futuro Hokage? ¿Y con permiso de quién, pulgoso? Si el próximo rostro que verás tallado en esa montaña de allá será el mío, dattebayo.

―Ehhh… Naruto… ―interrumpió Chōji con un dejo de vacilación―. El monumento Kage ya no está, fue destruido, ¿recuerdas?

Una gota de sudor recorrió la nuca del rubio, que se mantuvo de piedra señalando a su espalda la nada misma.

¡Whooosh!

Una brisa fugaz sacudió los ropajes de todos. Ino no pudo soportar más el grotesco espectáculo y arrancó en veloz carrera, con los dolorosos aullidos de Trunks haciendo eco dentro su cabeza mientras Saffron le pisoteaba el pecho con su inmensa bota.

―¡Ino, espera! ―Gritó su padre, incapaz de alcanzarla por lo rápida que era.

Los demás corrieron en estampida tras ella, siendo Sakura la primera en alcanzarla y con bastante facilidad.

―Discutan las tonterías que quieran, yo no perderé más tiempo viendo cómo ocurre esta desgracia. Es nuestro planeta, somos nosotros quienes debemos hacer algo. Ellos no deberían estar pasando por esto. No deberían pelear nuestras batallas ni pagar nuestros pecados. Esto es culpa nuestra y de nuestros antepasados, sería justo que cuando menos demos la cara ante ese desgraciado demonio que se hace llamar Dios.

―I-Ino… ―Balbuceó Sakura, viendo pequeñas gotas brillantes que arrancaba la brisa de los azules ojos de su amiga.

―Qué problemático, pero supongo que no hay remedio.

―Por una vez estoy de acuerdo con este perezoso, dattebayo.

―¡Continuaremos nuestra disputa por el puesto de Hokage más tarde, Naruto! Ahora tenemos trabajo que hacer.

―Dejen de distraerse con tonterías, que estamos por enfrentar la última de nuestras misiones ―dijo Sasuke, sorprendiéndolos a todos con su planteamiento del asunto.

Kakashi sonrió bajo su máscara. No podía estar más de acuerdo los chicos.

―En el mundo ninja, aquellos que rompen las reglas son escoria, es cierto. Pero aquellos que abandonan a un amigo, son peor que escoria.

Oh, qué hermoso, ¿escucharon eso? ¡Es tan conmovedor! ―Desde que habló Ino, Rō se encargó de transmitir la conversación de los ninjas de Konoha al mundo entero―. No sean tan ilusos, pobres infelices, que no hay manera en que yo pierda esta batalla. El poder de mi campeón es infinito, ni siquiera el mono y su ki divino podrían cambiar ese simple hecho.

Saffron continuaba pisoteando a Trunks, en tanto levantaba a Goten por el cuello, quien pataleaba y luchaba en vano por librarse. En cuanto los dos escucharon las palabras de sus amigos, sintieron que renovadas fuerzas bullían en su interior.

Trunks capturó el tobillo de Saffron y enredó sus piernas con las de él para hacerlo caer, luego se le subió encima y comenzó a aplastarle la cara con furiosos puñetazos, en tanto Goten se retorcía y ejecutaba una llave de triángulo en su brazo para partirle el codo. La pelea se tornó salvaje y poco técnica, escenario que favorecía al legendario guerrero más que a ninguno.

Como si nada, Saffron subió y bajó su brazo repetidas veces pese a que Goten se aferraba a él como una serpiente, estampándolo contra el rocoso suelo sin lograr que se soltara. Al ver esto, decidió que era mejor idea golpear a Trunks usando a su propio amigo, con lo cual se lo quitó de encima.

―¿Qué clase de mierda es esta? ―dijo Temari, impresionada por la bestialidad con que aquel monstruo deformaba el suelo en un impresionante cráter a través de los golpes con que chocaba a ambos saiyajins, usando a Goten como una suerte de guantelete humano para aplastar a Trunks hasta dejarlo en su estado base por la paliza recibida.

Luego agarró a Goten por el cuello para que no escapara, y alzó vuelo junto a él a una velocidad tal, que abandonó la atmosfera terrestre en un instante, para después reentrar al planeta en picada con el inmovilizado saiyajin al frente. Fue como ver un meteorito envuelto en llamas que aterrizaba en medio de una caótica explosión de fuego que devoraba valles y acantilados.

La batalla estaba modificando al mundo que conocían los humanos. Lo que una vez fueron miles de kilómetros cuadros de inmensos cañones de roca parda y cordilleras montañosas bordeando al País de la Tierra, se convirtieron en ríos de magma y páramos de actividad volcánica, con grietas que vomitaban roca fundida y vapores hirvientes cargados de veneno.

Goten, tendido de espaldas, respiraba pesadamente con los ojos cerrados por el terebrante dolor torturando cada fibra de su ser. Los boquiabiertos espectadores se llevaron las manos al pecho cuando lo vieron con los cabellos negros de regreso: había perdido la transformación del Super Saiyajin Dios.

¡Eso es todo, liquídalo de una buena vez! ―Gritó Rō con el Sharingan llorándole sangre y la cabeza a punto de estallarle.

Saffron levantó al muchacho por los cabellos. Lo apretujó contra su cuerpo con un solo brazo, y con la otra mano empezó a empujarle la cabeza hacia atrás para partirlo por la mitad.

No tardaron en hacer eco los espantosos aullidos de Goten. Sus vertebras se escuchaban crujir despacio, una por una. La escena era intolerable, se hacía eterna y no había nada que pudiera hacerse. Los desgarradores gritos del chico, por otra parte, no hacían sino aumentar de intensidad a medida que lo doblaban hacia atrás.

―¡Que alguien lo ayude, por favor! ―Chilló Sakura al borde de las lágrimas, apresurando el paso pero todavía demasiado lejos del lugar.

―¡TAIYOKEN!

Una intensa luz azul irrumpió de repente, cegando incluso a quienes observaban la pelea vía telepática. Saffron sufrió las peores consecuencias. Los inclementes haces luminosos lastimaron sus retinas. Soltó a su víctima y se llevó las manos a sus lastimados ojos, recibiendo una potente patada en el pecho que le mandó directo a un pozo de lava grande y profundo.

Trunks cargó a Goten y se lo llevó a un lugar seguro lo más rápido que pudo. Voló con él a cuestas unos cuantos kilómetros al norte y se escondieron en una cueva que encontró en el camino.

―Eso estuvo cerca. ―Masculló Son como pudo en medio de un acceso de tos. Al revisar su palma, descubrió algunas chispas de sangre.

―Esto escapa de nuestras posibilidades. No tenemos forma de detenerlo.

―El poder de ese tipo es ridículo. Jamás pensé que mi nueva transformación se quedaría corta.

Callaron por unos segundos, observándose en la penumbra de la caverna con las pupilas bien dilatadas y la respiración descompasada.

―Necesitamos a Gotenks. Es la única forma.

―¿A Gotenks? Vaya, la verdad es que no lo sé, Trunks. Tenemos mucho tiempo sin practicar los movimientos. No podemos darnos el lujo de fallar o todo se irá al demonio.

―¿Alguna otra idea entonces?

La pregunta era retórica, y su respuesta tácita, una rotunda negación.

―Creo que tienes razón. Ya dimos lo mejor que podíamos. Ese sujeto, en cambio, se hace cada vez más fuerte. ¡Rayos, estoy hecho papilla! Me duele hasta respirar, y veo que tú tampoco estás mucho mejor.

―Estamos para la basura, amigo. Nos vemos como la mierda.

Los dos rieron en la oscuridad, y aunque estaba fuera de lugar, recodaron esas lejanas noches de la infancia cuando hacían pijamadas y se quedaban conversando tonterías con la luz ya apagada. Ahora tenían que resolver el problema en que se hallaban como los hombres que eran.

―Suficiente descanso ―dijo Goten, incorporándose con una mueca incómoda―. Ahora somos más grandes, así que primero tendremos que medir bien la distancia de los pasos.

Trunks se quedó callado, viendo cómo su amigo, distraído y murmurando cosas, trazaba un par de líneas en el polvo del suelo para marcar la posición que deberían ocupar.

―Goten, tenemos una sola oportunidad. Esta es la fusión más importante que haremos jamás. Estás consciente de ello, ¿verdad? ―En el silencio de su amigo encontró temor; en su mirada esquiva, vacilación.

―Es que… bueno, no confío mucho en él. ―Se llevó una mano a su palpitante y adolorida sien, a todas luces preocupado―. Cuando Gotenks toma las riendas, hace lo que quiere. Es arrogante y descuidado. Dará más importancia a su diversión que a la misión. También entiendo que estás en lo cierto: no tenemos otra opción.

Se disponían, pues, a comenzar el ritual cuando un hórrido estruendo derrumbó la caverna en que se hallaban, producto de una ráfaga de ki que la destruyó de un solo disparo. No había forma en que pudieran ocultarse de Rō, quien condujo a su guerrero hasta el sitio tan pronto recuperó su visión.

No permitiré que intenten alguna de sus estupideces. Ya he tenido suficientes sorpresas por hoy.

Saffron removía las robustas piedras como si de una delicada telaraña se tratasen. En su búsqueda se topó con un brazo inmóvil y ensangrentado. Al sujetarlo y halarlo, desenterró a Trunks, que ahora colgaba inconsciente y a su merced. No alcanzó a darle el golpe definitivo cuando Goten surgió de entre los escombros a su espalda y comenzó a atacarle con puños y patadas que ni siquiera sentía.

―Esto se ha terminado. ―Resonó la crispante voz de Zetsu en las paredes de su guarida.

Obito se hallaba abstraído, mirando todo y a la vez nada. Enfocó por último su atención en la terrible estatua del Gedo Mazo. No pudo capturar a los últimos dos Bijūs. No pudo concretar el plan Ojo de la Luna. Fuerzas ajenas a su compresión decidieron que la humanidad debía llegar a su fin mientras él, cegado en la venganza y la sed de poder, colaboró para que se desarrollara el actual escenario de pesadilla.

―Estás observando esto, ¿no es así? ―murmuró para sí mismo con la voz cargada en remordimiento, ganándose una escueta mirada de Zetsu que le creyó con la cordura perdida.

Volcaron sus sentidos de nuevo en la batalla cuando escucharon el sufrido gruñido de Safrron, que soltó a Trunks y se retorció con el último puño recibido en los riñones.

―¿Qué diablos está pasando? ―Preguntó Temari a sus dos hermanos―. Sus ataques no tenían el más mínimo efecto, pero ahora parece que lo está lastimando en serio. ¡Y ni siquiera está transformado en Super Saiyajin!

Gaara puso cuidado a cada minúsculo detalle en los movimientos de Goten. Había algo llamativo en él, una sensación de familiaridad, casi nostalgia… ¡hasta que al fin lo entendió! Por un momento, mientras el chico esquivaba y conectaba sus golpes en Saffron, le dio la impresión que su imagen en estado base se alternaba con un aura roja que desaparecía al instante. Tuvo que prestar mucho cuidado para entender que no era algo real, sino una asimilación formada por su propio cerebro.

―No puedo asegurarlo, pero diría que Goten no ha perdido por completo su capacidad de usar ki divino.

―Eso es imposible, ¿qué no ven que ha perdido su transformación? ―Protestó la rubia, cuya frente brillaba bajo una película de sudor.

―Espera, hay algo de cierto en eso. ―Concedió Kakurō con el ceño fruncido, muy concentrado―. No puedo explicarlo con precisión, pero si me lo preguntas, diría que el Goten que vemos no es el mismo de antes en lo absoluto, por mucho que esté en su estado base.

―Es como si hubiera asimilado parte de esa esencia divina en su interior. ―Continuó el Kazekage―. Sin embargo, no será suficiente. El enemigo está a un nivel muy superior. Tienen que llevar a cabo esa tal fusión.

En efecto. Fue un envión de coraje que duró lo que Saffron tardó en propinarle un rodillazo al estómago, para luego tumbarlo y castigarlo a golpes mientras se sentaba encima de él.

Muchos debieron voltear para quitarse de enfrente la escena de los enormes puños del guerrero moliendo la cara de Son encima de un charco de sangre. Lo iba a matar.

―Jinton: Genkai Hakuri no Jutsu (Elemento Polvo: Jutsu Desprendimiento del Mundo Primitivo).

Un haz de luz blanca, capaz de descomponer la materia a nivel molecular, golpeó la espalda de Saffron sin lograr que se inmutara. Fue la voz del anciano la que en realidad provocó que se volteara.

―Parece que te has quedado sin oponentes, muchacho. ―Clamó el Tsuchikage con una sonrisa nerviosa―. Descuida, que hemos venido para continuar hasta el final de esta locura, si bien debo advertirte que no será un paseo para ti. ¡Conocerás cuán firme es la Voluntad de Roca!

Dos agujeros se abrieron en el suelo y succionaron los inconscientes cuerpos de Goten y Trunks, para luego cerrarse tras la desaparición de estos. Tragados por la tierra en el sentido más literal del término.

―¡No te distraigas, joven! ―Ōnoki disparó un nuevo rayo de luz a la nuca de Saffron, que había volteado para seguirle el rastro a los saiyajins―. ¡Mira con atención para que no lo olvides! ¡Nosotros seremos tu nuevo contrincante!

Cuatro mil voces tronaron en un ensordecedor rugido que anunciaba guerra. Un mar rojo de acero bruñido arropó las desnudas colinas del norte, retumbando con su metálico marchar en tanto alzaban estandartes de sangre con el símbolo de la roca ondeando furioso. Gran parte del ejército de Iwagakure salió a plantar cara al legendario guerrero. Veteranos y jóvenes shinobis, desfilando en sincronía hombro con hombro hacia su inevitable muerte, gruñían y vitoreaban el nombre de su patria antes de enfrentar el último de sus combates.

La escena era indeseablemente familiar para Saffron, por lo que una nueva oleada de funestos recuerdos atravesó su agitada mente como un relámpago rostizando su cerebro. Comenzó a aullar con locura, al tiempo que desfilaban por su cabeza imágenes de campos de batalla teñidos de rojo y tapizados por cadáveres desmembrados. La humanidad escondida en lo profundo de su ser no quería revivir semejante atrocidad.

―¡Doton: Sando no Jutsu! (Elemento Tierra: Jutsu de Sándwich)

Cientos de shinobis unieron su energía con el único propósito de hacer el jutsu lo más poderoso posible. Un par de paredes cuadradas de roca sólida y gruesa emergieron del suelo, a cada lado del convulsionado guerrero, y se juntaron con tal estrépito, que la onda de choque creada hizo vibrar los huesos de los cuatro mil humanos formados a medio kilómetro de distancia.

Los dos bloques de piedra, de veinte metros de alto y ancho, se cuartearon a lo largo de su superficie, producto del violento encuentro. Saffron, en tanto, se revolvía en medio de estos bajo su propio remordimiento mental, ajeno al impacto de uno de los jutsus más temidos, sino el que más, del Doton.

―¡De nuevo! ―Ordenó Ōnoki, mientras volvía a golpear al saiyajin con un rayo del elemento polvo, el cual movió en sentido horizontal, vaporizando a nivel molecular las gruesas paredes de roca pero sin lograr un rasguño en el enemigo.

―¡Doton: Sando no Jutsu! ―Tronó la voz de un segundo grupo de más de quinientos soldados entre los que figuraban Akatsuchi y la nieta del anciano. Juntos crearon un par de nuevos muros con el doble de tamaño de los primeros, haciéndolos chocar sin misericordia.

¡KRUUUUMMM!

Enormes grietas serpenteaban y abrían el suelo como daño colateral, y de entre ellas, manaba lava a manera de sangre. Tsuchikage volvió a rebanar las inmensas paredes con su mortífero jutsu, apuntando al sitio donde se hallaba Saffron que ni siquiera se inmutaba. Ningún shinobi allí presente esperaba tener éxito. Ninguno pretendía herir a ese demonio. Reconocían su posición: eran carne de cañón para arañar algo de tiempo.

―¡Una vez más!

Tras la indicación de Ōnoki vino la tragedia. No hubo lugar para otro jutsu. Una columna verde de energía se alzó hasta las nubes. A la distancia, parecía un brillante hilo esmeralda que unía al cielo con la tierra. Saffron, furibundo, agitó uno de sus musculosos brazos, creando una atroz corriente de viento afilado, como un cañón de aire que rompía a la mitad las filas del ejército de Iwagakure, destrozando en su voraz paso a personas enteras con sus armaduras, rebanando ninjas como suave fruta, y reventando algunos cuerpos por la presión del aire.

―¡Desgraciado! ―Afloró dolor en la voz de Ōnoki, que a medio vuelo apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado. Flotando desde su posición, quedó impactado por la estela carmín de mutilación y muerte que dividió a su milicia.

Kurotsuchi quedó pasmada. Tanta era su consternación, que se limitó a apretar con fuerza el muñón de su recién amputado brazo izquierdo, sin reparar en el dolor y la profusa hemorragia por contemplar el escenario de ruina que se abría frente a ella. El penetrante olor a hierro reptaba por sus fosas nasales, y sentía los pies calientes por el manto de sangre que le cubría hasta los tobillos. Sus grandes ojos no daban crédito al extenso mosaico de cientos de soldados hechos trizas en un segundo, visión que empeoró cuando tropezó con los restos de su amigo Akatsuchi, hecho rebanadas junto a ella. Él la empujó un segundo antes de que la ráfaga de aire los hiciera picadillo.

―Por favor, dense prisa… ―Imploró para sus adentros, sin reparar en el escuadrón médico que acudía a ella para sanar sus heridas. Había perdido la extremidad a unos pocos centímetros sobre el codo izquierdo.

Así como a ella, otro grupo de médicos, situados a mil metros bajo tierra en una galería subterránea creada artificialmente con Doton, trataban de estabilizar a Goten y Trunks para que recuperaran la consciencia e hicieran la fusión. El primero en despertar fue Son, desorientado y ansioso al verse en un lugar oscuro y rodeado por personas desconocidas. Tuvo que ser calmado por uno de los ninjas presentes que le puso al tanto de la situación.

―¡Estúpidos, los va a matar a todos! ―Sin atender a peticiones, posó dos dedos en su frente y se teletransportó junto al chakra que percibió de Ōnoki.

―¡Chico, no deberías estar aquí! ―Protestó el viejo cuando le vio aparecer de la nada junto a él―. ¿Dónde está Trunks? ¡Tienen que hacer esa maldita fusión o como sea que se llame!

―¡Usted es quien no debería estar aquí, anciano! ¿Acaso no entiende que…? ―Goten no pudo continuar. Cuando echó un vistazo hacia abajo, quedó en shock con el mar de sangre y la espantosa composición de cientos de personas desmembradas por doquier―. ¿Qué está pa-pa-pasando?

―La guerra, eso es lo que está pasando, muchacho. ―Replicó con un aura sombría―. Sabemos a lo que hemos venido. Esto es un todo o nada. Ahora reúnete con Trunks y terminen esa fusión.

Cada fibra de su ser se hallaba tensa, petrificada. Nunca había visto tanta muerte al mismo tiempo en un solo lugar. Los soldados socorrían a sus amigos heridos, en tanto otros buscaban sobrevivientes entre los pedazos de carne o se formaban con un paso al frente para suplir a las filas caídas y continuar atacando.

El horror de Son, no obstante, era compartido: Saffron gritó fuera de control, herido por ser testigo y ejecutor de tan abominable acontecer. El olor a hueso y hierro no le extasiaba, sino que nublaba sus sentidos y descargaba su encéfalo en dolorosas punzadas de remordimiento. No quería continuar, y por contra, la voz de Rō en su cabeza le empujaba a matar.

¿Qué estás esperando, Saffron? ¡Liquídalos de una buena vez, destrúyelos de un solo golpe!

―¡ARRRGGHH!

El aura del legendario guerrero comenzó a expandirse en forma de un domo esmeralda que desintegraba todo en una cobertura de 360 grados. No había manera de escapar.

―Maldita sea… ―Son agarró a Ōnoki por el cuello de su chaleco táctico y voló con él hasta el frente del ejército de Iwagakure―. ¡Manténganse detrás de mí! ¡Aquellos que adelanten mi posición morirán inevitablemente!

Goten estiró sus brazos al frente y creó una barrera translucida con su propio ki para frenar el avance de la energía de Saffron. Si esa cosa seguía creciendo, los devoraría a todos sin ningún remedio. En cuanto ambos poderes chocaron, se produjo un temblor que derribó a cientos de soldados.

Las venas en la frente y cuello de Son se hincharon como cables. Los pequeños vasos de su nariz reventaban por la presión, manchando de rojo los dientes pelados de su apretada mandíbula. Sus botas se incrustaron en el suelo, abriendo surcos a medida que retrocedía, incapaz de detener el avance de la inamovible fuerza de su rival. La mayoría perdió la fe cuando vieron a su defensor hincando una rodilla.

―¡Vamos Goten, no te rindas! ―Gritó Kurotsuchi a todo pulmón, pálida por la profusa hemorragia de su herida―. ¡Dijiste que hallarías la forma de resolver esto, así que levántate y pelea! ¡Demuestra que la voluntad de roca también está dentro de ti!

Al apoyo de la kunoichi se sumó el clamor de todo un pueblo con renovada esperanza. Miles de voces dieron ánimo y entonaron el nombre del saiyajin, pero el bullicio no alcanzó su punto más alto de vítores sino hasta que, de repente, apareció Trunks junto a su amigo para ayudarle a fortalecer el escudo.

―¡Esto aún no termina, Goten! ―Exclamó, enfocando su ki en la cristalina barrera que resistía ante el voraz resplandor verde del enemigo―. ¿O acaso quieres ponernos en vergüenza durante nuestra batalla más importante? ¡Ganar es nuestra única alternativa, no tenemos de otra!

Los dos gritaron al unísono, expulsando lo que les restaba de poder. Grietas brillantes serpenteaban por la superficie de la barrera hasta que, con un crujido final, estalló en millones de partículas iridiscentes al tiempo que la energía de Saffron se disolvía en una estela jade.

―¡Lo lograron! ―Gritó Kurotsuchi al borde de las lágrimas―. Es increíble. Neutralizaron el ataque de ese sujeto.

La alegría no les duró nada. En cosa de un instante, Saffron se abalanzó sobre el par de saiyajins y tacleó con el hombro a Goten, mandándole a volar con un salvajismo tal, que decenas de shinobis murieron despedazados cuando el cuerpo del chico los chocaba sin control. El impacto dejó un camino rojo que se abría paso a través del ejército de Ōnoki, y a cada lado se encontraban tripas desperdigadas y torsos hechos papilla. Los soldados reventaron como uvas, y al final de ese sendero de grotesca mortandad, no quedó más que la jadeante y derrotada figura de Son, tirado como un trapo empapado en la sangre de los desgraciados ninjas.

Después llegó el turno de Trunks, a quien Saffron levantó por el cuello con una mano para estrangularlo. Sin importar cuántas patadas asestara a su captor, este no aflojaba su agarre de hierro, provocando que los ojos de su víctima se inyectaran en sangre y el rostro se le tornara violáceo. En cada suceso de la pelea, se dibujaba de a poco la derrota de la humanidad con angustiadas pinceladas…

―¡ELBOW!

¡KROOOOMMM!

El golpe fue tan tremendo, que el suelo se fragmentó en grandes trozos de roca que se elevaban como efecto colateral. Un crujido enfermo lastimó los tímpanos de los presentes al son que el brazo derecho de A reventaba en pedazos.

―¡Raikage-dono! ―Gritó Ōnoki, incrédulo con la imagen del líder de Kumogakure envuelto en su elemento rayo―. ¿Pero cómo es posible? ¿En qué momento llegaste?

Lo mismo se preguntaron sus atónitos subordinados allá en la oficina de Kumogakure, al menos hasta que el Raikage junto a ellos, desapareció en una nube de humo y entendieron que se trataba de un clon.

―¿Pero qué mierda está pasando? ―Chilló Karui con los cabellos de punta, justo en el momento que ingresaba a la habitación la jadeante secretaria de A.

―¡Lo lamento tanto, en serio yo no quería, solo cumplí órdenes! ―Lloraba Mabui, destruida e incapaz de sostenerse en pie por la pena y el dolor que la anegaba― ¡Lo lamento tanto, no tengo perdón, no tengo perdón!

Las piezas encajaron en una cruda e inarticulada consonancia en las mentes de los shinobis: A obligó a Mabui a que lo teletransportara al campo de batalla con el Tensō no Jutsu (Jutsu: Transferencia Celestial), en tanto lo que dejó con ellos, fue un simple clon para distraerlos.

―Gran jefe… ―Tembló la voz de Darui, cuyos ojos tristes y aburridos se perdieron en el escritorio vacío del hombre más importante en su vida.

Karui y Omoi rompieron en desconsolado llanto, mientras Samui y C no lograban sostenerse la mirada por la sensación de orfandad que les invadía.

―¡Estúpidos! ―Los regañó Killer Bee, que entraba a la estancia agitado y cubierto en sudor―. ¡Levanten la cabeza y observen su recital! ¡Admiren la grandeza de este hombre que luchará hasta el final!

―Pero sensei…

―¿Acaso creen que mi hermano consentiría verlos en esta condición? ¡Que son ninjas de la nube, demuestren su convicción!

―Nuestro sensei está en lo cierto. ―Recriminó Samui a sus dos compañeros, con los ojos azules vidriosos pero afilados―. Respetemos la decisión de nuestro líder. Sumemos nuestro espíritu a su fuerza, y recibamos con orgullo su valentía y entrega. Él más que nadie representa el símbolo de nuestro pueblo, la voluntad de nuestros fundadores, ¡la luz del rayo que no muere!

El Raikage concentró su afilado chakra en la mano izquierda y se cortó el brazo derecho a unos pocos centímetros bajo el hombro, todo esto sin denotar en más mínimo retazo de dolor en sus facciones. Tuvo que amputárselo para cauterizar los vasos y frenar la hemorragia, pues luego de impactar ese codazo en Saffron, destruyó los huesos de su extremidad en cientos de fragmentos y partículas sin arreglo, esto sin mencionar el daño masivo en sus músculos y deshilachados tendones y ligamentos.

―Ra-Raikage-sama…. ―Balbuceó el saiyajin, tirado en el suelo y sosteniendo su adolorida garganta.

―¡Mocoso bueno para nada! ―El feroz rugido de A alcanzó hasta al más alejado de los acantilados― ¡¿Qué imagen tuya tan patética es esta?! ¡Mucho más hombre fue aquel arrogante enano bribón al que me enfrenté hace tres años, pues lo que ahora tengo enfrente, no llega a ser ni un chiquillo cobarde!

Sujetó a Trunks por la muñeca con su mano izquierda y lo arrojó lo más fuerte que pudo a los aires, hacia la dirección donde salió disparado Goten. El saiyajin detuvo su vuelo a medio trayecto, descolocado por la reacción de A y la fuerza con que lo había lanzado.

―¡No haga una estupidez, Raikage-sama! ¡Conseguirá que lo maten!

Lejos de hacerlo reflexionar, se ganó un monumental regaño que le estremeció hasta los tuétanos.

―¡CIERRA LA BOCA, MOCOSO ESTÚPIDO! ¡No te atrevas a decirme lo que debo hacer o no! ¡Tú solo ocúpate de completar esa maldita técnica y deja a los hombres de verdad con sus asuntos!

El corazón de Trunks se apretó y dio un vuelco. Comenzó a temblar de impotencia, sabiendo lo que debía hacer, pero negándose a aceptarlo por su debilidad e incapacidad de salvarlos a todos.

―De acuerdo, usted gana…

Se disponía ya a buscar a su amigo, pero un último llamado de A le hizo girarse.

―¡Hey, Trunks! ―Bramó con iracundo semblante, pero con una escueta sonrisa de reconocimiento―. Protege a mi gente. Te lo encargo…

El saiyajin voló al encuentro de Goten, dejando tras de sí un par de lágrimas.

¡Síguelo, Saffron! ―Ordenó Rō―. ¡No lo dejes escapar!

―¡Ni lo pienses, monstruo miserable! ―Retó A, consiguiendo la atención del legendario Super Saiyajin―. ¿Quieres ver algo interesante? Pues estás de suerte. Te mostraré la técnica más letal del Raiton.

Pese a que A medía dos metros de estatura, se veía pequeño y frágil frente al demonio que caminaba a su encuentro. No importaba cuán imponente se viera imbuido en Raiton, con los agresivos cabellos erizados y los músculos hinchados, pues el aspecto y presencia de su rival eran otra cosa, él mismo estaba consciente de sus diferencias, y sabía que ninguna de sus técnicas habituales tendrían oportunidad de dañarlo: conectó el golpe más fuerte que pudo en su estado V2 y fue él quien se quebró como una galleta.

―¿Se refiere acaso al Kuroi Kaminari? (Rayo Negro) ―Preguntó Darui.

―No…

Todos se dieron vuelta hacia Killer Bee, serio y de brazos cruzados, sin ánimo para rimas o explicaciones baratas. Lo que estaban por ver, era una técnica jamás perfeccionada ni desplegada por ningún Kage en la historia de Kumogakure. El kinjutsu definitivo y más mortífero de la nube.

El aura del Raikage detonó con una violencia tal, que los ninjas presentes debieron ponerse a cubierto para no ser arrojados como insectos. Relámpagos cobalto comenzaron a cuartear el oscuro firmamento, estremeciendo al reino de los mortales con sus atronadores cantos primigenios. Con los flashes incandescentes de cada centella, el cuerpo de A se fue iluminando hasta volverse completamente blanco, desprendiendo chirriantes vibraciones que vaporizaron el suelo sobre el que estaba de pie hasta quedar flotando y, de un momento a otro, su humanidad desapareció para siempre en forma de chispas de luz.

―V3…

Su voz fue un eco distante, antinatural, como venido del cielo. Un gran agujero se abrió entre las nubes negras, tan inmenso como una aldea ninja, al tiempo que centellas azules, verdes y magenta, confluían al centro de aquel vórtice gaseoso, concentrándose en un único relámpago que, de golpe, descendió sobre Saffron con una potencia equivalente a la de mil rayos.

¡RUUUMMBLE!

El poder de la técnica fue devastador, y su ruido tan ensordecedor, que asesinó por unos segundos el sonido en el mundo. Un boquete sin fondo, de paredes carbonizadas y casi medio kilómetro de diámetro, dejó su marca en las extranjeras planicies de Tsuchi no Kuni como terrible recordatorio de la fiereza y voluntad de un shinobi de la nube.

A, el Yondaime Raikage de Kumogakure, se convirtió a sí mismo en el más poderoso de los rayos.

―Gran jefe… ―Sollozaron abrazados Karui y Omoi, si bien el llanto herido de Mabui fue el que se sobrepuso en la triste oficina.

Una lágrima muda corrió bajo las oscuras gafas de Bee. La aldea entera lloró y clamó el nombre de su líder con rabia y dolor.

Trunks se lamentó hasta el alma, pero no podía mirar atrás. Su misión era otra, y cumplirla significaba la salvación de la Tierra. Ya muchos habían muerto por defenderla. No podía permitir que nadie más lo hiciera, el problema es que Goten quedó atontado tras el ataque de Saffron y apenas podía sostenerse en pie.

―¡Apresúrate, no tenemos tiempo!

Son se apoyó sobre sus rodillas y vomitó por segunda vez, tras lo cual se irguió tambaleante y asintió en señal de estar listo.

¡Ahí están! ¡Basta de juegos, termínalos ya!

No alcanzaron a realizar el primer paso cuando se vieron a Saffron encima. Los dos tuvieron que retroceder para evadir un pisotón que trituró el lugar donde estaban parados.

―¡Es inútil, así no lo vamos a lograr jamás! ―Se quejó Goten, saltando de un lado a otro junto a su amigo para esquivar, a duras penas, los embates del contrincante. Ninguna distracción parecía ser lo suficientemente dilatoria.

―¡Por aquí!

Los saiyajins ladearon la cabeza para localizar la fuente del llamado. Detrás de Saffron, lograron ver a la distancia al enmascarado de Akatsuki que les hacía señas.

―¡Debe ser una trampa! ―Reclamó Trunks.

―¿De verdad lo crees en una situación como esta?

―Lo que no puedo creer es que en serio lo estés considerando tan fácilmente.

―Aun si fuera una trampa, no tenemos otra salida. ¡De una u otra manera será el fin si no conseguimos la fusión!

Goten tenía razón, no había que darle demasiadas vueltas. Los dos se pusieron de acuerdo con la mirada y asintieron. Dejaron de huir, esperando a que Saffron se les acercara lo suficiente, y justo cuando ya lo tenían sobre ellos, le lanzaron un par de esferas de ki a la cara que, al estallar, lo cegaron por un instante.

―¡Ahora, Trunks!

Ambos ejecutaron una voltereta para pasar sobre el enemigo. Volaron al encuentro de Obito que les tendía una mano. Trunks la capturó, y a su vez, Goten se aferró a la suya. Unidos como una cadena de tres personas, comenzaron a ser absorbidos por el Kamui, empezando por el enmascarado. Todo iba según el plan, hasta que Goten giró la cabeza y se dio cuenta que Saffron estaba muy cerca y lo iba a traspasar con su gran mano a modo de lanza.

¡CRUUUUSSHH!

La sangre saltó por doquier, embadurnando la conmocionada cara de Son con su caliente y espesa textura.

―Ya saldamos nuestras cuentas, hijo… ―Murmuró Ōnoki con una gran sonrisa, quien se interpuso en el momento final para recibir el ataque letal en lugar del saiyajin.

―¡ANCIANO! ―Gritó Goten antes de desaparecer en el vórtice, guardando como última imagen al pequeño Tsuchikage atravesado por la mano Saffron.

Los tres cayeron en una superficie dura y gris. Estaban en la dimensión de Obito, un lugar oscuro y simple, ocupado únicamente por grandes bloques de concreto intercalados que se perdían hasta donde alcanzaba la vista.

―Dense prisa ―dijo el enmascarado―. Rō podría llegar hasta acá, así que no puedo garantizar que no sea capaz de traer a ese monstruo.

―Si pudiera ya lo habría hecho. ―Contestó Trunks con recelo, guardando su distancia―. Pero estás en lo cierto, no hay tiempo que perder, de lo contrario las cosas se pondrán peor allá afuera. Goten, terminemos con esto de una buena…

Quedó sin habla cuando vio a su amigo llorando a cuatro patas, aplastado por la culpa e incapacidad de haber marcado una diferencia.

―El anciano me salvó la vida. Se sacrificó para que yo pudiera continuar.

―Después pensaremos en eso, Goten. Ahora tenemos que…

―¡Lo arruinamos, no pudimos hacer una maldita cosa! ¡Miles de inocentes han muerto porque somos demasiado débiles! ¿¡Y dices que no te importa y lo dejemos para después?!

¡PAAAM!

Trunks le cruzó la cara de un puñetazo que lo dejó sentado. El chico presionó una mano contra su adolorido pómulo, y cuando levantó la cara para recriminar la agresión, vio que su amigo estaba llorando.

―No insinúo tal cosa. Yo también me siento devastado, Goten. Hoy he visto a demasiada gente morir. Somos un par de débiles incompetentes, unos desgraciados, y para paliar nuestros errores, lo mínimo que podemos hacer ahora es terminar con esta locura. ―Trunks le tendió su mano―. Arriba, que tenemos una fusión que hacer.

Son se levantó con su ayuda, no sin antes reprocharse por haber perdido el control por un segundo. Luego, caminaron en direcciones opuesta, guardando la distancia que al ojo consideraron adecuada para iniciar la danza.

Goten y Trunks tenían más de tres años sin hacer la fusión. Eran más grandes, sus brazos más largos, y cada zancada que daban, considerablemente mayor. Estaban apaleados, temblaban de dolor. No podían cargar con más presión, pues de fallar, sería el final, no contaban con el lujo de permitirse media hora si fracasaba la técnica. Demasiados detalles en contra que auguraban una mala ejecución.

Pero no fue el caso. Jamás hubo danza Metamoru más perfecta que la que hicieron aquel día en la gélida y vacía dimensión de Obito. Cada pequeño y ridículo paso con sus pies. El tempo en la traslación de sus brazos. La coordinación de voces y movimientos. En ángulo de inclinación de sus cuerpos, y el punto exacto en que conectaron sus dedos. Fue de una pulcritud extrema.

―¡FUUUUUUUSIOOOOONN! ¡HAAAAAA!

El enmascarado tuvo que cubrirse para que la incandescente luz de oro no desgarrara sus retinas. Los bloques de concreto se remecieron por la brisa generada desde ese orbe resplandeciente que de a poco adoptaba una silueta humana. Fue tanto el poder que manaba del naciente guerrero, que la dimensión de Obito comenzó a fracturarse hasta reventar en mil pedazos como un frágil cristal, llevándolos de regreso al nefasto campo de batalla cubierto en cadáveres y lava donde Saffron aguardaba.

―¿Qué rayos fue eso? ―Preguntó Naruto, acelerando el ritmo junto a la comitiva de ninjas de la hoja que le acompañaban.

Los verdes ojos de Sakura se abrieron a más no poder. La figura dorada comenzó a perder su luz, revelando la apariencia de ese nuevo ser supremo que no era ni Goten ni Trunks.

Era alto, muy alto. Erguía una arrogante cabeza a dos metros del suelo, coronada con cabellos negros en punta que se tornaban lilas hacia los laterales. Vestía con prendas ajenas a lo que conocía cada cultura del mundo ninja, con amplios pantalones blancos bombachos y un chaleco diminuto que apenas cubría su hiperdefinido torso de roca.

En su mirada afilada y oscura había una confianza desmedida, casi enferma. Su sonrisa ladina, más que gallarda, resultaba chocante y soberbia.

―¡Wow, cuánto tiempo ha pasado! ―Gritó el guerrero, haciendo explotar su aura blanca en una demostración de fuerza pura que sacudió al planeta Tierra. Su poder era tal, que el noveno universo sufrió una contracción del tejido espacio tiempo con ese breve pulso de ki liberado―. Damas y caballeros, ¡¿están listos para que empiece el show?!

―¿Qué demonios pasa con él? ―Preguntó Kakashi, sintiendo cómo un mal presagio crecía en su pecho.

―No suena como a Goten o Trunks… ―murmuró Shikamaru.

―Eso es porque yo no soy ni Goten ni Trunks. ―Replicó, para sorpresa del mundo entero, aquel extraño sujeto que se señalaba a sí mismo con el pulgar.

Mierda… ―Rō livideció. No solo era demasido poderoso, sino que incluso sus habilidades psíquicas eran superiores a las de un Kaiō-shin. Tembló de miedo de tan solo pensar que también pudiera usar magia.

―No soy ni uno ni otro. Soy alguien completamente diferente, ¡el guerrero más fuerte del universo! Pero presten atención, porque eso no es todo: también soy el tipo más listo, guapo, bondadoso y genial que han visto jamás.

―Bueno, hay que admitir que es bastante apuesto ―dijo Mei Terumī con los ojos cerrados y un puño cubriendo su boca, haciendo que los demás en su oficina se cayeran de espaldas.

Ante la incredulidad de Saffron, que ya estaba por atacar, el nuevo saiyajin adoptó la postura de pelea más rara que había visto, que no era tal, sino una vergonzosa pose de brazos y piernas extraída de una serie de Super Sentai que recordó a los espectadores a las Fuerzas Especiales Ginyuu.

―¡TATADAAAAAAA! ¡GOTENKS HA REGRESADO!

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Fin del capítulo

Espero les haya gustado el capítulo. Por favor dejen sus comentarios, que como siempre estoy muy atento a todo lo que me escriben.

Cuídense mucho.

Taro