Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /
Gracias Yani por betear esta historia.
Capítulo 24: La charla
Canción del capítulo: Calling de Dead By April
BPOV
Mirando al techo, intento recuperar mi respiración.
La habitación está a oscuras.
Desearía que el mundo dejara de girar tan jodidamente rápido.
Quería una noche donde pudiera soltar mis inhibiciones… bueno, lo hice en abundancia.
Mis dedos rozan sobre mis labios.
Sigue besando de forma fantástica.
—¿No-no te vas a alejar? —pregunta en voz suave. Suplicante, tranquilo, vacilante.
Niego con la cabeza, estoy muy en conflicto, y me acerco más a él.
—Aquí estoy.
Mi cabeza da vueltas mientras él me abraza en la cama, y maniobramos para maternos debajo de las cobijas, pero mi pecho se siente más ligero. Me doy cuenta de que necesito esto. La compañía. Es más que necesitarla. Él es cálido; me siento protegida y cuidada, esas son las razones por las que tengo un disturbio dentro de mí. Quiero decir… ¿no está muy jodido que sea Edward, de entre toda la gente, la persona en quien encuentro consuelo? Aunque él es… él es Edward. Es el papá de Nate, mi primer amigo, mi primer beso, mi conexión a mi pasado en Phoenix. Y ha demostrado ser un hombre maduro, dulce, amable, considerado y paciente.
No queda nada de hostilidad en él, y mi resentimiento sigue desvaneciéndose, poco a poco.
Es con esos pensamientos que me quedo dormida.
~CLO~
La mañana siguiente estoy a solas en la cama de Edward cuando me despierto. Pero el lugar a mi lado sigue caliente, así que dudo que se haya ido hace mucho.
Mi primera parada es el baño al otro lado del pasillo; paso quince minutos completos ahí antes de sentirme lo suficientemente refrescada para mostrarle mi cara al mundo. Dormir con maquillaje… no es una buena idea.
Regresando a la habitación, abro mi bolsa, que Edward debió haber subido, y me pongo una pantalonera negra y una sudadera a juego. Es un día de comida reconfortante, y no puedes vestirte muy formal para eso.
Mientras bajo las escaleras me ato el cabello en una coleta despeinada. La sala está tan desordenada como mi cabello, noto al pasar por ahí, y no puedo decir que espere con ansias el momento de limpiar. Pero justo ahora necesito analgésicos, agua y café.
Cuando entro a la cocina Edward ya está ahí.
—Buenos días. —Su sonrisa es cautelosa y un poco nerviosa al ofrecerme una taza grande—. Negro, una de azúcar.
—Mi héroe —suspiro contenta. Parándome de puntillas, beso su mejilla por varias razones. En agradecimiento por el café, en un intento por relajarlo, y… porque quería. Aunque no estoy lista para… muchas cosas… aun así no me arrepiento de lo que pasó entre nosotros anoche.
Su sonrisa crece.
—Está muy callado aquí —comento y me subo a la encimera. El movimiento hace que me dé vueltas la cabeza, así que me grito internamente por ser tan estúpida—. Ugh, ¿qué hora es?
—Mediodía —responde, acercándose para recargarse en la encimera junto a mí. En sus manos tiene su propia taza de café—. Me desperté justo antes de que Emmett y Rosalie se fueran; también se llevaron a Taz. Charlotte y Peter se fueron a las nueve, eso me dijo Em.
Me río entre dientes y veo dentro de mi taza.
—¿Soy solo yo o hay algo entre Charlotte y Peter?
—Definitivamente no eres solo tú. —Resopla una carcajada—. Se veían muy acaramelados anoche.
—Sí… —musito y asiento lentamente, pensando en otras dos personas que estaban muy acarameladas anoche. Fue… lindo, más que lindo. Empiezo a comprender lo sola que he estado durante los últimos años. Tal vez he tenido amigos maravillosos y un pequeñito todavía más maravilloso, pero… y si es así cómo me siento, solo puedo imaginar cómo ha sido para Edward. Demonios, casi toda su vida ha sufrido de negligencia.
Ayer, cuando Edward me dijo "cariño" y "nena", me deleité de ello.
Él es tan conocido. Tal vez más que eso. Está a unos pasos de ser familia.
Exhalo un suspiro, me estoy poniendo sentimental. Es demasiado temprano para eso. Tenemos todo el día y me martillea la cabeza.
—¿Qué te parece si nos preparo el desayuno? —sugiero, alzando la vista. Puedo notar que me ha estado analizando; el ligero ceño fruncido y la intensidad en su mirada son prueba de ello. Sé que he sido muy difícil de entender. Probablemente porque he estado muy dispersa. Hasta ahora he podido definir un sentimiento y dejarme llevar por ello.
—Claro —dice en voz baja, carraspeando—. ¿Necesitas ayuda?
Sonrío y me bajo cuidadosamente de la encimera.
—No, con la compañía es suficiente. —Abriendo una de las alacenas, agarro lo que queda del pan de oliva que compré ayer en la mañana antes de llegar aquí. Está un poco duro, pero no seguirá así para cuando termine con él—. Oh, espera. ¿Puedes gratinar un poco de queso?
—No parece ser muy complicado. —Sonríe y abre un cajón—. ¿Qué vas a preparar?
—Ya verás. —Le guiño—. Por cierto, ¿tienes Tylenol o Advil o algo así?
Asiente.
—Sí, dame un segundo.
Regresa unos segundos después y acepto con agradecimiento las dos pastillas, tragándomelas con un poco de agua.
—¿Te duele la cabeza?
—Un poco —me río entre dientes y saco dos tomates del refrigerador—. Pero al menos no siento náuseas. —No sé quién, pero alguien estaba vomitando anoche. Recuerdo haberme reído dormida por eso, y creo que Edward también se despertó, a menos de que haya imaginado su sonrisa sobre mi cuello.
—Fue Emmett. —Se burla—. Al parecer, después de que tú y yo nos fuéramos a la cama ellos hicieron un juego de bebidas aquí abajo.
Me río al rebanar los tomates.
—¿Supongo que él perdió?
—Probablemente. ¿Necesitas más queso que esto?
Viendo la cantidad de queso que gratinó, niego con la cabeza.
—No, con eso es suficiente. ¿Todavía queda un poco del aceite de ajo que preparé ayer?
—Eso creo… —Su voz se apaga y sale de la cocina hacia la sala, donde estuvimos ayer. Cuando regresa, me entrega una pequeña botella de vidrio de aceite de ajo. Después de agradecerle, nos quedamos callados por unos momentos, y uso ese tiempo para aclarar algunos pensamientos y preparar el desayuno. Cuatro rebanadas de pan de oliva… el aceite… los tomates… el queso gratinado… y al horno.
El estómago de Edward gruñe unos minutos después, haciéndome casi resoplar en mi café. Sonríe apenado y señala el horno a modo de explicación. Algo que me encanta. Obviamente aprecia mi forma de cocinar, y eso lo hace divertido.
Recuerdo…
Para la cena preparo pizza con la ayuda de una receta simple que busqué en Google. Él me dice que la pizza es su comida favorita, y la comemos juntos en su habitación. Repite plato una segunda y tercera vez, lo que me hace sentir risueña. También pide más limonada, y me siento cálida.
—¿Por qué tienes esa sonrisa tonta, Tinks?
Agacho la cabeza.
—Por nada.
Eructa. Luego se ríe.
—Perdón. Um, gracias por la cena. Estuvo muy buena. Deberías ser chef o una mierda así.
Beso su mejilla, luego llevo los platos abajo.
Sin embargo, Nathan… a él le encantan las croquetas de pescado y el puré de papas, los macarrones con queso, el espagueti y las albóndigas… oh, y la cátsup. La cátsup va con todo.
Meneando la cabeza con diversión, me dirijo una vez más al refrigerador y saco la lechuga, el queso crema, y prosciutto. Luego ya es hora de sacar la sartén del horno.
—¿Ya es hora de comer? —pregunta.
—Casi. —Pongo la comida en la encimera y le añado el jamón y la lechuga antes de untar un poco de queso crema en las otras mitades—. Por cierto, puedes dejar de babear. —Le lanzo una sonrisa rápida al poner una rebanada de pan sobre la otra. Al mismo tiempo, Edward se limpia la boca para ver si de verdad tenía baba ahí—. Te atrapé, bobo —canturreo.
—Apestas —murmura, sin decirlo para nada en serio. Sus ojos amables lo delatan.
Eso es. Se ha convertido en un hombre amable. Amable y humilde.
De mis hombros se derrite una rigidez que ni siquiera sabía que estaba ahí.
—Vamos, tonto —me río entre dientes—. Hay que comer.
Ya que la mesa de la sala sigue llena de cosas por la cena de ayer, nos sentamos mejor en el sofá. Al menos limpiaron la mesita de centro de todas las botellas, vasos, basura y tazones que tenía.
Edward empieza a comer de inmediato, gime al masticar.
—Carajo, sí. Esto —señala su comida— podría ser mi nueva comida favorita.
Sonrío.
—¿De verdad supera la pizza?
Sus cejas se fruncen antes de verse un poco asombrado.
—¿Recuerdas que mi comida favorita es la pizza?
Oye, si él recuerda mi café, yo recuerdo su pizza.
—Recuerdo muchas cosas del pasado —admito en voz baja, mirando mi plato. Una parte de mí está hambrienta, pero la otra parte, la parte que está muy ansiosa, apenas puede aguantar pensar en comida. Llego a un compromiso y le doy una pequeña mordida, luego me bebo ansiosamente mi jugo de naranja. Parece que Edward fue quien lo trajo de la cocina. Jugo de naranja, té helado, agua, Coca y Sprite.
—Igual que yo —susurra—. Creo que recuerdo todo de cuando… cuando viviste con nosotros.
Él se termina su sándwich en silencio. Puedo notar que se está preparando.
Yo estoy haciendo lo mismo.
Cuando me agradece en voz baja por el desayuno y se limpia sus dedos y boca en una servilleta, sé que estamos a segundos de abrirnos sobre el pasado.
Le doy un trago a la Sprite, sigo sedienta después de todo el alcohol que bebí ayer.
Exhalando un suspiro, se pasa una mano por el cabello, el dolor es evidente en su mirada.
—Recuerdo cómo te traté —empieza diciendo—. Incluso antes de que te fueras de Forks. —Hace una mueca y desvía su mirada—. Te traté como una zorra —susurra y me encojo—. R-Recuerdo unos días en particular… una vez te dije que fueras una chica buena y te desnudaras para mí. Que necesitaba una buena follada y… —se ahoga—. Nunca olvidaré la forma en que me miraste, Bella… te lastimé y no me importó ni una mierda. Tú dijiste algo como "Para eso sirvo, una buena follada". Y yo estuve de acuerdo. —Las lágrimas arden en mis ojos, recordando ese mismo suceso—. También recuerdo como literalmente intentaba hacerte olvidar sobre los condones. Te distraía cuando me lo recordabas. Me aseguraba de que fumaras más. Yo… yo te humillé.
Mi labio inferior tiembla, haciéndome que tenga que morderlo.
No esperaba que él recordara cosas como esas, tan vívidamente.
—No estabas en posición para cuidarme, Edward —digo de forma débil, pero honesta. Él estaba lidiando con demasiadas cosas para ser un amigo preocupado por mí en aquel entonces.
Sacude la cabeza con la mirada gacha.
—Pude haberte ignorado. No hay excusa para haberte arrastrado junto conmigo. No tenía que haber sido tan jodidamente cruel. —Su voz se rompe—. No tenía que tratarte como mierda.
Me limpio las mejillas, hay una infinidad de emociones corriendo a través de mí.
»En aquel entonces… cuando se trataba de ti… —carraspea. Veo una sonrisa amarga tirar de su boca—. Me importaba solo la siguiente vez que follaríamos; si podría o no hacerte olvidar el condón. Me importaba lo que podías hacer con tu piercing de la lengua, y lo bien que podías hacerme sentir.
Resoplo suavemente. No he usado mi piercing desde que estaba embarazada de Nathan. Y, para que conste, al inicio de mi estadía en Forks mis pensamientos tampoco eran exactamente nobles. Y se lo digo a Edward. Yo también lo usé. Para olvidar, para alejarme, para sentirme bien por un momento. Nos usamos el uno al otro en ese sentido.
Él lo reconoce con un pequeño asentimiento, pero puedo notar que todavía piensa que él fue peor.
—¿Sabías que estaba celoso de ti? —susurra. Frunzo el ceño, confundida, y sigue hablando—: Solía escabullirme en tu habitación y ver fotos de ti con tus padres.
Mi cara se desmorona, y recuerdo hace unas semanas cuando lo encontré mirando las fotos que tengo afuera de mi habitación en Anchorage. Son las mismas fotos que tenía en Forks.
»Esas fotos… —El dolor cruza sobre sus facciones otra vez—. Dios, te amaban, Tinks. —Alzando la vista hacia mí, veo que sus ojos están llenos de lágrimas sin derramar—. Eras todo para ellos, y yo sentía tanta jodida envidia. Quería eso. Quería que mis padres me amaran también.
Ahogo un sollozo y estiro mis piernas para entrelazarlas con las de Edward en medio del sofá.
Nunca hubo ni un solo momento en Forks en el que creyera que sus padres lo amaban.
—Bella —escucho que Esme me llama, sollozando, y sale de la cocina—. Ten.
Me detengo mientras Charlotte sale por la puerta.
Me sorprendo un poco cuando Esme me entrega un fajo de efectivo.
—Deben ser cerca de dos mil dólares —dice con voz rota—. Lo siento; esta es la única forma en que puedo ayudarte. —Todavía planeo vaciar la tarjeta de débito que me dieron hace meses. Me deben al menos eso, con un carajo—. Dudo que Carlisle haga un gran esfuerzo por encontrarte. —Le alzo una ceja; dijo lo obvio. Por supuesto que no intentará encontrarme. Solo soy un problema para él—. Yo… —exhala un aliento—. Sé que no me crees, pero amo a mi hijo.
La miro.
—Tienes razón. No te creo para nada
Las siguientes palabras de Edward me traen de regreso al presente.
—Quería que alguien se preocupara por mí, y… —exhala un aliento—. Pero cuando lo hiciste, te empujé lejos. O sea, cuando-cuando me atendiste la cara esa primera vez… ¿lo recuerdas?
Asiento lentamente. Por supuesto que lo recuerdo. Fue el día en que me di cuenta de que de verdad me importaba algo. No quería que me importara, pero así era. Me importaba Edward y me preocupaba muchísimo.
No soy una maldita doctora, así que en realidad no sé qué estoy haciendo. Solo agarro unos pañuelos, los mojo con agua fría, y luego me posiciono en medio de sus piernas. Trago con fuerza, bajando la vista a su cara golpeada. Con todo el cuidado posible, limpio su labio inferior con la esquina del pañuelo.
—Tal vez deberías dejar que tu papá te revise —sugiero con nerviosismo, limpiando gentilmente un poco de sangre seca.
—No —responde inexpresivo, en voz baja—. Así está bien. Tengo gel antibacterial en mi habitación.
¿Quién tiene esas cosas en su habitación?
Tal vez la gente que quiere ser doctor.
Me muerdo el labio.
—¿Quieres ir por él?
—Tinks… —Suspira y apoya sus manos en mis caderas—. No… no hagas esto, ¿de acuerdo? —Mis cejas se fruncen y deja caer su frente contra mi tórax—. Estoy bien —murmura—. Solo necesito dormir.
—Querías ser fuerte —digo con voz rota—. Pensabas que aceptar ayuda era para los débiles.
—Estaba tan jodido —se ríe sin humor—. Desearía haberte escuchado. Desearía… —suspira—. Deseo muchas cosas. Pero creo que, más que nada, deseo no haber roto nunca la promesa que te hice al decirte que nunca te lastimaría.
—¿Cuál promesa? —pregunto.
Ladea la cabeza para recargarla en el sofá; tiene la mirada pegada al pecho. Una mirada vacía. Ojos que no ven.
—Me contaste todo lo que viviste cuando estabas en Phoenix —dice con voz ronca y me tenso—. Me pediste que no le dijera a nadie. —Ahora cierra los ojos con fuerza. Sus manos se hacen puño con fuerza—. No solo rompí esa promesa, sino que…
Cierro los ojos, recordando uno de los momentos más dolorosos de mi vida.
Veo más letras sobre las paredes.
UNA ZORRA EN PHOENIX, UNA ZORRA EN FORKS
SE ACUESTA CON TODOS
La sangre abandona mi cara y mis rodillas casi ceden.
Me golpean las náuseas, me tapo la boca con la mano.
No otra vez. No otra vez. No otra vez.
Susurros y risas me rodean cuando logro llegar de alguna forma a mi casillero.
Más frases.
¡NO CONFÍEN EN ELLA!
CUANDO DEJES DE FOLLARLA,
FINGIRÁ UN EMBARAZO
—¡No me importa! —grita un adulto; tal vez un maestro—. ¡Derriben esa puerta!
Más gemidos y jadeos.
Me siento mareada y lenta. Es irreal.
—Oh, ¿no estaban en la cafetería hace rato? —escucho a Jessica Stanley reírse—. Cullen ya no quiere a Bella, así que la perra les dijo a todos que está embarazada de su bebé.
—¿Bella? —Alguien se ríe detrás de mí. Sigo mirando mi casillero. Con incredulidad. O más bien, no quiero creerlo. No quiero que esto me vuelva a pasar—. Oye, si Cullen no te quiere, aquí estoy yo. Demonios, ¡probablemente ya hay una fila formándose! —Más risas.
Mi labio inferior tiembla, y puedo sentir mi cara derrumbándose.
Girándome lentamente, veo a una infinidad de estudiantes mirándome.
Y Edward es uno de ellos.
Está sonriendo y prácticamente puedo leer su mente.
Te dije que te destruiría.
—Lo siento, Bella —se ríe entre dientes, la sonrisa engreída sigue en su rostro—. Supongo que no soy tan ingenuo como el maestro que te follaste en Phoenix. Ya sabes, ¿el maestro que tuvo que renunciar a su trabajo?
Trago, me doy cuenta de que no funciona. Mi garganta sigue cerrándose.
—Dios mío, ¿te follaste a tu maestro? —se carcajea Jessica.
—Lo siento mucho —llora Edward en voz baja, se inclina hacia enfrente y apoya los codos en sus rodillas. Empuja las palmas de sus manos sobre sus ojos, sus hombros se sacuden con sollozos silenciosos—. Lo siento, lo siento…
Lo miro, durante un momento no siento absolutamente nada. Por muy doloroso que fuera en su momento, me he esforzado a lo largo de los años para superar esos sucesos. La terapia me ha ayudado a hacer las paces con sus acciones. El recordatorio sigue calando como ninguna otra cosa, pero hay explicaciones lo suficientemente buenas para ayudarme, no necesariamente a justificar esas acciones, sino a entenderlas.
Todas las circunstancias me ayudaron a dejar esto atrás.
Él era un chico, un niño. Aunque era vil, ciertamente duro y cruel, yo lo presioné a hacer algo. No tenía que ser tan monstruoso, de ahí que todavía queda un poco de dolor, pero él sabía que yo no me rendiría por algo pequeño. Después de todo, ya había intentado intimidarme.
Se encoge de hombros.
—Me iré en junio, y… —Aparta la mirada—. Estoy acostumbrado a eso. Puedo aguantar un golpe.
—¡Y eso está muy jodido! —grito—. ¡Escúchate!
Sonríe.
—Jódete, Bella. No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo, así que te sugiero que dejes el tema.
—No puedo… no lo haré. —Sacudo la cabeza.
—Puedes y lo harás —argumenta—. Estamos hablando de unas cuantas malditas semanas. Luego me iré de aquí. Solo… solo cierra los ojos o algo. Finge que no sabes lo que está pasando.
Solo cierro mis ojos.
Sí, no sucederá.
—No me voy a matar —se ríe a través de un resoplido. La risa se muere, y lo que queda es una mirada de enojo—. No soy un cobarde. Solo la gente débil toma la salida fácil.
Ignoro eso y me niego a recibir la imagen de Alice en mi cabeza.
—Tus ojos te delatan, sabes.
Me mira, actúa indiferente —incluso un poco condescendiente— pero no le daré la satisfacción de tener la última palabra.
En esos ojos veo tanto dolor que resulta físicamente doloroso para mí.
¿Cómo es que él no quiere… venganza o algo?
—Quieres una salida —digo—. Y…
Eso lo hace explotar.
—¡Por supuesto que sí, perra! —grita. Me encojo cuando se levanta de la cama. Su mirada es homicida—. Estás ciega —dice entre dientes apretados, avanzando lentamente—. Creciste con padres amorosos, con las sonrisas y todas esas jodidas mierdas. —Señala su pecho—. Yo no. ¿Y sabes qué significa eso? —Se cierne sobre mí—. Significa que no sabes ni mierda —susurra—. Aw, mira esto. ¿Ya vas a llorar? ¿Vas a llorar solo porque alcé la voz? Qué fuerte eres. —Mientras intento controlar mis malditas emociones, él sonríe amenazadoramente, haciéndome sentir insignificante y pequeña. Débil—. No necesito una salvadora, Bella. Y si la necesitara, te aseguro que no iría contigo.
Cierro los ojos con fuerza.
Se ríe entre dientes.
—Ahí está. Buena chica. Mantén los ojos cerrados. Yo saldré de aquí en poco tiempo. —Se aparta—. Jodida cobarde.
No dejes que te intimide, Bella.
Mis ojos se abren de golpe.
Respiro profundamente.
—Si no te vas conmigo mañana, yo misma acabaré con Carlisle —le digo firmemente. Parpadea. Veo diversión, luego rabia—. Podríamos irnos. —Y ahora le estoy rogando. Carajo—. Escúchame, Edward. Podemos empacar nuestras mierdas e irnos. Tengo el dinero de mis padres que me llegará en cuanto cumpla los dieciocho. Podemos vender los carros…
Me interrumpe con una carcajada, lo que parece lastimarle las costillas.
—¿Puedes escucharte a ti misma? —resuella entre risas—. ¿Qué tan jodidamente ingenua eres?
—¡Tengo diecisiete malditos años, Cullen! —grito—. ¡Perdóname por no ser un genio!
Mi pecho se agita.
Mi visión se vuelve borrosa.
—Estoy intentando —digo de forma ahogada—. Hacer… hacer lo correcto.
Me mira sin emociones.
—No me rendiré —vuelvo a susurrar—. Si tú no lo haces, lo haré yo. Él debe estar en prisión. Mierda, igual tu mamá.
No, no me iba a rendir. Lo sabía. Edward lo sabía.
Aunque no es por esto por lo que lo he resentido, odiado, por casi cinco años.
No tiene nada que ver con lo que pasó en Forks.
Es por Nathan. Edward ha sabido de la existencia de nuestro hijo desde dos semanas después de que nació. Ni una sola llamada. Ni un correo. Ninguna señal de que todo lo que necesitaba era tiempo para estar mejor. Al ignorarme, me hizo pensar que no quería ni le importaba Nate.
Una carta de su parte habría sido suficiente. Pudo haberme dicho que estaba en un mal momento y estar cerca de Nathan le habría causado más daño que bien. Claro, probablemente en un inicio habría bufado de una carta así, pero eso es solo una primera impresión, una reacción inicial. Yo, de entre toda la gente, sé que necesitas más de una mirada para ver con claridad, para entender, para comprenderlo.
—Edward —susurro, acercándome a él. Le rodeo los hombros con un brazo; sigue llorando, sigue culpándose, y estoy más que lista para que se detenga—. Todo lo que pasó en Forks… —exhalo un aliento y peino su cabello con mis dedos. Mi mentón se apoya en su hombro—. Te perdono por todo eso. Ambos cometimos errores muy grandes, y…
Apretándolo contra mí, él sigue llorando en silencio sobre mi cuello. Su vergüenza y el odio que siente hacia sí mismo salen de él en olas, casi haciéndome sentir nauseabunda.
—No deberías perdonarme —gimotea—. Debí haberme ido contigo a-a Alaska.
Esbozo una sonrisa ante eso, una triste, recordando nuestra última noche juntos.
—Por favor —exhalo.
Sabe lo que le estoy pidiendo.
—No es tan simple, Tinks —susurra—. No puedo solo huir.
—¿Por qué? —No me importan las lágrimas acumulándose en mis ojos. No me importa si eso me hace débil—. Podríamos desaparecer. Y-yo… —inhalo—. Yo siempre he querido ir a Alaska.
En la oscuridad puedo ver su sonrisa, pero también la emoción en sus ojos.
—Alaska, ¿eh? Pensé que odiabas el frío.
Lo odio, pero recuerdo ver fotos…
—Olvídalo —murmuro, bajando la vista a su pecho—. Fue una estupidez.
Suspira y me aprieta un poco.
—Ya estamos aquí ahora —digo suavemente.
—Lo siento —repite con voz llorosa. Sentándose más erguido, se limpia las mejillas y menea la cabeza—. No es posible que puedas perdonarme, Tinks.
—Eso depende de mí —digo con naturalidad. En lugar de sonreír, hace una mueca y se limpia más lágrimas. Suspiro y vuelvo a cerrar la distancia entre nosotros—. ¿Quieres tomar un descanso? —Apoyo la frente en su hombro.
—No. —Se aclara la garganta—. Necesito sacar todo esto. —Asiento con comprensión y busco su mano—. ¿Qué sigue?
Sonrío con pesar.
—A menos de que quieras hablar sobre cada suceso que nos llevó a mi partida… —suspiro y él aprieta mi mano—. Supongo que quiero saber qué pasó después de que me fui. Quiero decir… te graduaste, fuiste a la universidad… y luego te envié esa carta.
Aquí es donde vuelve a aparecer el nudo de mi estómago.
Como si activara un encendedor.
Mi estómago se revuelve al pensar en todo lo que creí desde que nació Nate.
—La universidad; creí que eso sería mi escape —dice en voz baja—. No fue. Estudiaba, dormía, y pensaba en ti. Y me sentía jodidamente podrido. —Ya que de verdad necesito escuchar esto, regreso a mi esquina del sofá y doblo las piernas para apoyar el mentón en mi rodilla—. Mis padres me visitaron dos veces; fueron visitas cortas. Me iba bien en la escuela, así que papá no tenía razón para golpearme…
—¿Alguna vez necesitó razones para hacerlo? —susurro, y es más bien una pregunta retórica.
Edward solo se encoge de hombros y baja la vista.
—Luego, cuando recibí tu carta… —Cierra los ojos, haciendo que una lágrima caiga por su mejilla—. Me llené de enojo, tristeza, arrepentimiento… sentía una necesidad física de reclamarles a mis padres. Quería venganza. Retribución… no sé. No pensaba con claridad.
Trago con fuerza. Una parte de mí se pregunta por qué no sintió una "necesidad física" por ver a su propio hijo.
En cuanto Nate nació, él se convirtió en mi prioridad. De repente, todo lo demás quedaba en segundo lugar, y sucedió de forma muy natural. También como si activara un encendedor.
Claro que hubo circunstancias extenuantes. Yo crecí en un ambiente amoroso, Edward no. Hablar con sus puños venía antes que cualquier otra cosa.
Aun así… me siento amargada por eso. No puedo entenderlo.
Sin importar qué tanto maltrato y negligencia sufriera Edward, de todas formas me lastimó.
Durante los siguientes minutos, Edward me cuenta con lujo de detalles su viaje a Forks. Sobre cómo se topó a Emmett y Rose en Sea-Tac, sobre que ellos le dieron un aventón, que vio las dos fotos que yo le envié mientras manejaban, y luego cómo fue que entró a la casa de sus padres y escuchó a su padre al teléfono con Liam.
Debido a mi curiosidad, nos desviamos cuando le pregunto sobre la mierda que sucedió con ese hombre, el "amante" de Carlisle durante trece años. Y Edward divulga que al parecer Liam quería que fueran una pareja abiertamente.
—Ya no lo vi —dice secamente—. Quiero decir, sí lo conocí, pero nunca lo volví a ver después de que la verdad salió a la luz. Yo seguía en recuperación cuando supuestamente amenazó con hacer público su amorío. Obviamente papá estaba despierto, pero recuerdo que tenía tantas cirugías pendientes que… carajo, no conozco todo lo que pasó. Pero sí, Liam visitó a papá cuando este estaba despierto, y… —Exhala un aliento y luego sigue contándome sobre Liam, cómo fue que explotó. Después de trece años de promesas, ya había tenido suficiente. Al parecer, Carlisle le había prometido que su amorío era solo un secreto temporal, y Liam le había seguido la corriente por demasiado tiempo—. Una noche, mientras papá seguía en el hospital, Liam se escabulló de los dos policías y le disparó a papá. —Y cuando le pregunto cómo demonios pudo suceder eso, se encoge un poco de hombros y dice—: No tengo idea, pero ya que Liam también era doctor… tal vez falsificó un pase para entrar a la habitación de papá en el hospital. No sé. Todo lo que sé es que papá murió y Liam ahora está en prisión. Creo… —Se rasca la frente—. Creo que le dieron veinte años o algo así. Hay cosas que no entiendo, pero… —Se encoge ligeramente—. No siempre obtenemos respuestas para nuestras preguntas.
Asiento lentamente, procesándolo, e inflo las mejillas antes de exhalar. Todo es una locura. Estamos sentados aquí ahora, tranquilos, en medio de la nada, más felices, más relajados… pero el pasado que compartimos y toda la infancia de Edward, qué jodido desastre.
Al estirar la mano para tomar otra lata de Sprite, Edward regresa a nuestro tema anterior. Llena los espacios en blanco para mí sobre el juicio, cómo fue verme ahí y saber que había tenido a su hijo, y cómo fue que después contactó a un terapeuta. Y conozco esa historia. Lo sé. Lo he escuchado. Pero ni… ni una… ni una sola puta vez he escuchado ni una mierda sobre sus sentimientos hacia Nate. Edward me dice que me extrañaba, que deseaba poder haber sido el padre que Nathan merecía, pero eso es todo. Sé que nuestro hijo es hoy todo para Edward, pero ¿qué hay de todos esos años cuando yo criaba sola a ese hijo nuestro? ¿También amaba a Nathan en aquel entonces?
Al final, ya no puedo mantenerme callada. No puedo quedarme quieta y escuchar sus historias sobre sus intentos fallidos por ir al psicólogo.
—… me odiaba por haber herido a la única chica a la que he amado.
Emito un sonido ahogado, como una tos ahogada, y volteo rápidamente la cabeza para mirar a Edward. ¿Qué carajos acaba de decir? Meneo rápidamente la cabeza, preguntándome si lo escuché mal.
—¡¿La única chica a la que has qué?!
Frunce el ceño, parece estar confundido, pero luego solo se ve nervioso.
—La única chica a la que he amado —dice lentamente, en voz baja, lleno de tanta maldita ansiedad—. Lo siento; en realidad no pretendía decirlo así. —Se pellizca el puente de la nariz—. Pero es verdad. No tienes idea de lo mucho que todavía-lo enam…
—¡No! —grito y me levanto de golpe del sofá. Estoy negando otra vez con la cabeza, mis ojos se llenan de lágrimas y no puedo creer esto. No, no, no, no. No puedo creerlo. No puedo creerle—. Es demasiado —digo con voz ahogada, con el corazón martilleando—. No, no puedes… ¡no puedes decirme eso, Edward!
Se ve absolutamente abatido, lo cual duele jodidamente mucho, pero no. Oh, Dios, ¿cómo puede mencionar eso justo ahora? ¿Me ama? ¿Me ha amado por cuánto tiempo? No. Niego otra vez con la cabeza. Camino frente a la mesita de centro, incrédula. También estoy enojada.
—¿Sabes cómo he pasado yo los últimos cinco años? —Digo entre dientes las últimas palabras mientras me señalo el pecho—. Puede que me haya visto bendecida con unos amigos maravillosos, a quienes no tiré a la basura, pero seguía siendo una mamá soltera de dieciocho años, Edward. Y cuando alguien me preguntaba dónde estaba el papá de Nate… —Quiero gritar, sollozar, patear algo—. Inventé excusas por ti —escupo, y se encoge como si lo hubiera golpeado—. Los únicos a los que les dije toda la verdad fueron Jasper, Jada y dos terapeutas. Todos los demás… —me río amargamente—. Nadie sabía la única verdad que yo conocía, ¡y era que no te IMPORTABA NI UN CARAJO!
—Tinks… —Se pone de pie e intenta acercarse a mí.
Pero retrocedo un paso.
—No. —Aprieto la mandíbula, furiosa—. Apenas vamos comenzando esta conversación, ¿y ahora me dices que me amas? ¿Que me has amado durante años? ¡¿Estás jodidamente demente?! —Me golpeo la frente con la palma, hay demasiadas emociones corriendo a través de mí; demasiadas, muy rápido—. Llevas tres meses de regreso en mi vida. —Incluso alzo tres dedos para darle énfasis—. Tres. Jodidos. Meses. No puedes… —ahogo un sollozo—. No puedo borrar más de cuatro años de odio así de rápido. Lo estoy intentando; lo estoy intentando con todas mis fuerzas, y definitivamente ya no te odio, Edward… —Las lágrimas caen por mis mejillas y no soy la única. Puedo notar que mis palabras son dolorosas para Edward, pero no puedo mantenerme callada respecto a esto. He sido comprensiva, sí lo entiendo, y he cooperado y he estado muy dispuesta, quiero que Nathan tenga a su papá, pero…—. Pero pensé que no lo querías —lloro—. ¿Sabes lo que es vivir con ese sentimiento? —Cierra los ojos con fuerza al llorar—. ¿O cómo fue la primera vez que nuestro hijo me preguntó por qué no tenía un papá? ¿Puedes imaginar lo mucho que me rompió el corazón? ¿Lo mucho que temía el día que tuviera que decirle la verdad? Que su propio padre no lo quiso.
Como han sucedido las cosas, ya no tendré que decirle la verdad. Si Nate se entera algún día, será porque Edward se lo diga. Eso está bien para mí, pero nunca sería capaz de sobrellevarlo sola. No ahora que Edward está en nuestras vidas.
»¡Pudiste haber llamado, carajo! —grito. Sintiéndome mareada, colapso en uno de los sillones reclinables y sollozo en mis manos. Incluso cuando más odiaba a Edward, me senté y le escribí una carta sobre Nathan. No tenía que hacerlo. No estaba obligada, no después de cómo reaccionó a mi embarazo. Tampoco tenía que enviarle fotos.
—Lo siento. —Está cerca, no está seguro de tocarme. No estoy segura de qué quiero. No, lo sé. Carajo, anhelo tenerlo conmigo, pero sigo sintiéndome tan dividida—. Tinks… lo siento mucho —dice con voz rota, y siento sus manos en mis rodillas—. No estaba listo-yo…
—Lo sé —gimo a través de mis lágrimas y alzo la vista. Está frente a mí, arrodillado en el piso—. Sé que no estabas listo. —Exhalo un aliento y me limpio las mejillas con las mangas de mi sudadera—. Una carta habría sido suficiente, tenías mi correo —gimoteo—. Pudiste haberme dicho que lo estabas intentando. Ni siquiera tenías que prometerme nada —sollozo—. Pero tienes que entenderme… —Mi cara se desmorona una vez más, pero sigo adelante—. Creí que nos odiabas.
—Jamás —llora, dejando caer su mentón al pecho—. Nunca podría odiarte. Los amo a los dos, nena…
—¿Cómo se suponía que debía saberlo? —susurro con voz ronca—. Incluso cuando fui a Seattle para el juicio… ni siquiera me miraste. Y… —exhalo bruscamente—. Me contaste sobre la vez que hiciste la cita con tu primer terapeuta. Dijiste que estabas listo para mejorar, para así poder contactarme. En ese momento… debiste haberte sentado y me debiste haber escrito en ese momento. Sé que faltaban años para que estuvieras listo, pero en ese punto al menos ya sabías cuál era tu objetivo. Querías ser parte de la vida de Nathan también en ese entonces. Pero ¿cómo se suponía que yo debía saberlo?
Permanece sin decir nada durante un rato. Llora en silencio, su frente ahora está apoyada en mi rodilla.
—Lo siento —dice con voz ahogada por millonésima vez. Le creo. Tendría que ser ciega para no ver lo arrepentido que está—. Lo siento mucho. Debí haber… —traga y levanta la vista para verme, sus ojos están llenos de una emoción salvaje. Oh, sí que lo lamenta—. Tienes razón. —Exhala un aliento tembloroso cuando acuno sus mejillas y paso mis pulgares bajo sus ojos—. Debí haberte contactado. Debí haberte hecho saber, al menos, cuáles eran mis intenciones. Y estoy tan jodidamente arrepentido de haber sido un cobarde. —Hipa y cubre mis manos con las suyas—. Lo siento.
Un sollozo descontrolado rasga a través de mi cuerpo, y está lleno de nada más que puro alivio.
—Debí haberte contactado, nena —repite, su voz sigue pastosa—. Debí haberte…
Sigo llorando, por dentro agradezco que lo admita. Necesitaba muchísimo escuchar eso.
Necesitaba saber que mi enojo no estaba fuera de lugar ni era ridículo ni injustificado. Y solo Edward podía darme eso, y ahora que lo ha hecho…
Rodeándome con sus brazos, me consuela, me repite sus disculpas y me deja aferrarme a él. Ni siquiera sé cuánto tiempo duramos ahí sentados. Lo único de lo que soy consciente es de cuando Edward me carga, ocupa mi lugar y luego me sienta en su regazo, de lado, con mis piernas colgando por el reposabrazos. Estoy demasiado ida para registrar más cosas, porque… porque después de años de temer que mi enojo estuviera fuera de lugar, ya no importa. No ya que él me entiende, está de acuerdo conmigo.
Entro y salgo de, bueno, no diría que de un estado de consciencia, pero… a veces no escucho mucho; solo estoy consciente de lo que sucede dentro de mí. La tristeza. El dejarlo ir. El alivio. Pero… después de varios momentos vuelvo a escuchar sus susurros. Besos suaves en mi cabello. Más disculpas. Palabras de confort.
Hasta que susurra esto:
—Sí te escribí, pero tenía mucho miedo para enviarte las cartas. —Ante eso, levanto la cabeza para mirar a Edward, y él me limpia las lágrimas—. Lo siento mucho, Bella. —Su dolor sigue siendo muy evidente.
Sacudo la cabeza.
—Es Tinks. Pero… ¿qué pasó con esas cartas?
Sonríe primero, una pequeña pero genuina, tal vez porque le dije que soy Tinks. No sé. Y luego se serena y asiente minuciosamente.
—Sí, te escribí. A Nate también. Tengo… —Alza la vista al techo por un segundo, pensando—. Creo que hay unas ciento cincuenta cartas.
—Ciento cin… —La cantidad dicha muere en mis labios.
Mueve la cabeza de arriba abajo lentamente y traga con fuerza.
—Nathan y tú siempre estaban en mi mente. Lamento mucho no habértelo hecho saber, pero… —exhala temblorosamente—. Si quieres, puedes leerlas… descubrir cuáles eran mis pensamientos exactos.
—A ti… —Me muerdo el labio, sigo asombrada por la cantidad de cartas—. ¿No te molestaría?
—Definitivamente no. Podría incluso ser algo bueno.
Creo que estoy de acuerdo. Eso me dará una nueva perspectiva de los últimos cuatro años de Edward.
—De verdad lo siento, Tinks —susurra—. Por todo.
Asiento y apoyo la frente en el hueco de su cuello.
—Lo sé, también yo.
Necesitaremos tiempo para procesar, para asimilar esto, y para… pensar en todo… pero por primera vez, se siente como si no hubiera nada en el camino. Somos libres para seguir adelante sin importar el ritmo que establezcamos, y este día no nos hará retroceder.
N/T: Les traigo este capítulo extra en agradecimiento por haber llegado a los 700 reviews, ¡muchas gracias! Nos acercamos a la recta final de esta historia, solo nos quedan dos capítulos regulares, el epílogo y un outtake.
No olviden decirme qué les pareció ;)
