Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /


Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 25: El primer beso

Canción del capítulo: Trying Not to Love You de Nickelback

solo me hace amarte más…

EPOV

Casi esperaba que Tinks se alejara después de nuestra charla, pero los dos meses que siguieron a eso me demostraron que estaba mal. Ya que escribí tantas malditas cartas hace tantos años, ella las está leyendo una por una y muchas veces me llama después. Hablamos largo y tendido por teléfono, la igual que cuando nos vemos, y no ignoramos nada.

Es… depurador, supongo que podría decirse. Ella nunca me juzga y no me tiene lástima. Está más preocupada e interesada, y me ha preguntado varias veces cómo demonios es que salí vivo de esa.

Me alegra haberlo logrado porque ahora mi vida es mejor de lo que ha sido jamás. Nuestra rutina sigue firme, en realidad, nuestra rutina ha cambiado. Hemos añadido más tiempo para mí en Anchorage. Porque hace tres semanas compré una casita a las afueras de la ciudad, y ahora pasamos la semana en Anchorage y los fines de semana en Sterling. Y ya que el dinero no es problema, he podido construir un taller en mi patio trasero en Anchorage. Bueno, el taller todavía no está listo, pero lo estará pronto.

Todo esto significa que puedo ver a Nathan todos los días; incluso he pasado varias ocasiones a solas con él. Todo comenzó un día cuando Tinks tuvo que trabajar hasta tarde, y en lugar de llamar a Jada para que recogiera a Nate, yo estaba lo suficientemente cerca para hacerlo. Por suerte, no tuve que dejar que mi hijo sufriera de mis poco estelares habilidades de cocina. Tinks me dio una llave de su casa y pude pasar por las sobras que ella siempre guarda en su congelador.

En realidad estoy en mi casa nueva justo ahora, esperando a que Nate termine su día en el preescolar para poder ir a recogerlo. Emmett también está aquí, me ha estado ayudando a instalarme durante las últimas semanas.

Su turno llegará el próximo mes cuando se mude a su propio apartamento aquí en Anchorage.

Aparte de unos cuantos viajes a Forks donde ha estado preparando todo para vender su restaurante, se ha convertido en un elemento permanente en nuestras vidas.

No tanto en la de Rosalie. Aunque sí la perdonó por haber escapado en su boda, ha tenido tiempo suficiente para pensar bien las cosas y no ve lo que una vez vio en ella. Dice que quieren cosas diferentes. Rosalie no quiere la vida de un pueblo pequeño; no quiere algo "remoto" o "aislado". Y dice que Alaska es eso. Así que… no tenía sentido seguir intentándolo.

Siendo honesto, Emmett no ha dicho mucho al respecto, pero puedo notar que está feliz con su decisión.

Sabe en qué punto se encuentra de su vida. Tiene objetivos, planes, y cero dudas.

Bien por él.

Desearía poder decir lo mismo de mí.

Estoy intentando no ser codicioso, pero todavía desearía saber qué es lo que Tinks piensa. Sabe que la amo, que estoy enamorado de ella, que quiero todo con ella, pero no tengo idea de si ella puede o no sentir lo mismo. No es que no entienda su reticencia o sus dudas; definitivamente lo entiendo. Hace poco que le dije que la amo, que incluso la amaba cuando estábamos en Forks, pero está jodidamente claro que nunca lo demostré. Y, siendo honesto, sigo sin estar seguro. Todo lo que sé con certeza es que entendí la profundidad de mis sentimientos cuando vivía en Seattle. Es que… recuerdo cómo fue que ella se convirtió en mi mundo muy rápidamente al mudarse con nosotros.

Solo que terminé queriendo destruir ese mundo.

Es frustrante estar tan confundido, así que agradezco tener todavía a mi terapeuta. Ya solo lo veo una vez a la semana, cada viernes; Tinks y Nate se van a la cabaña mientras yo me quedo en Kenai por una hora, pero ahora también tengo a Lisa. Aquí en Anchorage. También hablo con ella una vez a la semana. Es agradable. Directa, comprensiva, honesta, amable. Más que nada, como temía estúpidamente, no se pone del lado de Tinks solo porque ha sido su terapeuta por más tiempo.

Justo la semana pasada Lisa puso mis conflictos en perspectiva.

—Tú has tenido más de cuatro años para prepararte para esto —me dijo—. Nunca odiaste a Bella, no le tuviste rencor, y tuviste tiempo para dejar que tus sentimientos crecieran, maduraran y se convirtieran en algo más. Ella solo ha tenido unos pocos meses. Además, literalmente está conociendo a un hombre nuevo, Edward. No eres el mismo chico que alguna vez fuiste, y Bella necesita tiempo para ponerse al corriente.

Lisa tiene razón. No es extraño que yo esté varios pasos por delante. He tenido un tiempo que Tinks no.

En fin…

Sin importar qué sentía en el pasado y cuándo empecé a sentirlo, amo a Tinks tanto como amo a Nathan, y desearía poder saber si mis sentimientos serán no correspondidos para siempre.

Desde la charla que tuvimos en la cabaña, me he concentrado en las cosas importantes, ser su amigo, ser el papá de Nate, seguir construyendo mi vida… Básicamente he luchado por no permitir que mis sentimientos románticos hacia Tinks se muestren. El único problema es que eso me ha hecho enamorarme con más fuerza, más profundo. Ahora es casi imposible abrazarla y no robarme un jodido beso o algo. Y ese es el asunto: ella no ha retrocedido para nada cuando se trata de muestras de cariño. Incluso admitió que se siente sola. Necesita esta cercanía casi tanto como yo, creo. Así que usualmente estamos muy cerca. En especial después de acostar a Nate. Bebemos café, vemos películas, hablamos… y las caricias constantes siguen ahí, volviéndome loco.

No sé. Todo está en el aire.

Aunque sí sé que ella necesita tiempo, así que no voy a presionarla. Todavía ni siquiera ha terminado de leer todas las cartas. Esa mierda lleva su tiempo. No estoy seguro de poder volver a leerlas alguna vez. Estaba en un lugar muy sombrío en esa época.

~CLO~

—¡Papi!

Sonrío y lo cargo.

—Hola, amigo. —Nos damos besos de esquimal porque somos así de geniales—. ¿Cómo te fue en la escuela?

—Bien. La señorita Chelsea dice que dibu-dibujé el mejor dibujo —anuncia orgullosamente justo cuando su maestra se une a nosotros en el pasillo—. Está en mi mochila.

Me río entre dientes.

—Apuesto a que es maravilloso como todos. —Le encanta dibujar; tengo una pared en la casa llena de sus dibujos. Notando que obviamente la maestra de Nate quiere decirme algo, alzo la vista con una sonrisa amable.

—Señor Cullen, solo quería recordarle sobre la excursión a la que iremos mañana —dice amablemente.

Asiento, sé todo al respecto. Mañana la clase de Nate irá al Zoológico de Alaska que está aquí en Anchorage.

—Bella tiene una reunión de empleados a las ocho, así que yo lo traeré mañana aquí a las ocho y media —respondo—. También traeré los bocadillos. —Para mi pesar, el millón de galletas de chispas de chocolate que Tinks preparó ayer son para la clase de Nate. No para mí.

—Excelente —dice, sonriendo enormemente—. Por favor, agradézcale a Bella de mi parte, ¿sí?

—Lo haré.

Unos minutos después, estoy ayudando a Nathan a subirse a mi Rover cuando una de las mamás se acerca a mí. Creo que es la mamá de Martin. Una rubia de treinta y pocos. Nate tiene muchos amigos, y no me es fácil recordar sus nombres, pero sí recuerdo a un Martin.

—¿Señor Cullen? —me llama, su nombre se me escapa.

—¿Sí? —Me giro por completo hacia ella después de asegurarme de que Nate está bien acomodado en su asiento para carro—. ¿Qué tal?

—Oh, es que me estaba preguntando… —Juguetea con la correa de su bolsa. Alzo las cejas, y me pregunto por qué se ve tan incómoda. O tímida. No me importa ni un carajo, pero sería agradable si escupiera lo que tiene que decir—. ¿De-de casualidad estás soltero?

Pues carajo.

—Uh…

—Si lo estás, me-me preguntaba, ¿si te gustaría salir a una cita en algún momento? —pregunta con nerviosismo.

Suspiro internamente. En el pasado me habría reído y habría dicho algo grosero. Pero ya no soy ese idiota.

—Lo siento. —Le ofrezco una sonrisa de labios cerrados—. No estoy disponible. —Soltero, seguro, pero no disponible.

—Oh, bien. —Esconde rápidamente su decepción y me desea un buen día antes de irse.

—¿Qué es un soltero, papá?

Genial.

Sacudo la cabeza, un poco divertido.

—Es un disco que solo tiene una canción*. —Soy malo para esto. Cerrando su puerta, rodeo el carro y me subo detrás del volante—. ¿Listo para ver a mami? —El motor ruge a la vida, y me pongo el cinturón de seguridad—. Ella trabajará hasta tarde, así que quiere que pasemos a visitarla.

—Me gusta mucho ir ahí —dice con honestidad cuando salgo del estacionamiento—. Lisa o Mary siempre tienen dulces.

Me río y no puedo evitar pensar… de tal palo, tal astilla.

—Los dulces son lo mejor —coincido. Aunque a mí me gustan más las galletas y el pastel que los dulces.

El viaje a Casa Whitlock solo nos lleva unos minutos, así que no tardo mucho en estar estacionando mi carro entre la camioneta de Jasper y la SUV de Tinks. Veo que la minivan de Jada también está aquí, así que asumo que ella vino de visita. Ya que solo trabaja medio tiempo en el hospital, seguido viene con Olivia y Madison cuando Jasper va a trabajar hasta tarde.

—¿Puedo ir en tus hombros? —pregunta Nate cuando lo ayudo a salir del carro—. Mami dice que peso mucho.

—Claro que sí —me río entre dientes, y luego de ponerle los seguros al carro, lo cargo y me lo pongo sobre los hombros—. Dios, mami tiene razón —gruño—. Eres un niño grande, Nate.

—¿Como un adulto? —Suelta una risita y agarra dos puños de mi cabello. Afortunadamente mantiene un agarre flojo—. ¡Quiero ser el más grande!

—Disfruta mientras seas niño, cielo —me río y abro la puerta de Whitlock. Al entrar agacho la cabeza para asegurarme de que Nate no se golpee la cabeza. No quisiera llevarle eso a Tinks—. Ya estás creciendo demasiado rápido para mi gusto —murmuro por lo bajo. En el escritorio veo a Mary. La conocí hace unas semanas por primera vez cuando Emmett y yo llegamos aquí con mi primera carga de cosas para la casa nueva. Y estoy muy seguro de que pasó un momento muy raro entre Em y ella, hablando de cosas incómodas de mi parte, pero en fin—. Hola, ¿Bella está ocupada?

—Oh, hola, chicos —nos saluda, sonriéndole a Nathan—. Vaya, estás muy arriba, cariño.

—Soy el más grande —responde.

Ella se ríe y me mira de nuevo.

—Bella está en su oficina preparándose para mañana.

—¿Mañana? —Ladeo la cabeza, lo que hace gritar a Nate cuando se ladea. Aunque lo enderezo rápidamente.

Mary asiente.

—Para la nueva terapia de agresión que Lisa va a introducir, eso es mañana.

Ah, cierto. Tinks me contó sobre eso después de ver los guantes de boxeo que estaban en su mesa hace unos días. Un instructor de kickboxing vendrá mañana y las mujeres que viven aquí intentarán aprender cómo canalizar su enojo, el enojo que sienten por sus exesposos, exnovios, y así. Tinks también me contó que Jasper había comprado catorce sacos de boxeo, uno de los cuales Tinks ahora también tiene en casa.

A base de donaciones han podido convertir el sótano en un gimnasio.

—Tal vez está muy ocupada…

Me interrumpe.

—Los está esperando. De hecho, sacó a Jasper y Jada de la oficina. Están arriba. —Sonríe—. Oh, ¿y dijo algo sobre unas magdalenas?

Carajo, sí.

—Nos vemos luego. —Me voy directo a la oficina de Tinks y Jasper. Tocando una vez, la escucho decir "Adelante" así que entro, agachando otra vez la cabeza. Y lo huelo… los huelo… algo—. ¿Qué estás escondiendo?

Sonríe, está sentada detrás de su escritorio.

—Qué forma de saludar. —Cuando estira los brazos sobre su cabeza, su ajustada camiseta se sube y revela un poco de su estómago.

No es lo que necesito.

Con una sonrisa apenada, bajo a Nate al piso.

—Perdón, pero es que algo aquí huele delicioso. —Nuestro hijo también ha captado el aroma, así que corre hacia el escritorio de Tinks—. ¿Has estado horneando hoy? —Sé que a veces hacen eso.

—Sí —dice y revela un plato de magdalenas que está en una mesita detrás del escritorio—. Imaginé que ustedes querrían unas cuantas.

—Bien pensado. —Avanzo y agarro una, oliéndola largamente—. ¿De qué está hecha? —No es que me importe; ya me la estoy metiendo a la boca—. Diod. —Esa mierda sabía bien.

—No hables con la boca llena —me regaña juguetonamente.

Mastico y trago y murmuro una disculpa antes de darle la siguiente mordida. Luego mastico y trago más antes de decir:

—Eres un ángel, lo juro. —Queriendo estar cómodo, me siento en el sofá que está a unos pies de distancia—. Está tan buena —gimo. Las magdalenas… tiene que prepararlas otra vez. Parece una magdalena... ordinaria y simple… pero no lo es. Hay algo ahí. Y tiene betún, o sea, en el puto centro. Es el paraíso del hombre. Si tan solo Tinks estuviera desnuda. Y, uh, Nate no estuviera en esta habitación.

—No es tan especial. —Hace una mueca ante nuestros modales, creo, porque ambos nos estamos llenando la cara. La edad de Nate es su excusa; el hecho de que yo no he comido desde el desayuno es la mía—. Magdalenas de avena con miel y bananas… relleno de crema de mantequilla; Dios, los dos son unos cerdos. —Se ríe y aparta la vista.

Dos minutos después ya devoré dos y Nathan está terminando con su primera.

—Gracias —me froto el estómago—, eso estuvo jodi… increíble. —Buena salvada.

—Qué hábil. —Me sonríe antes de mirar a Nathan—. Cariño, ¿por qué no le pides un poco de leche a Mary? Papi y yo tenemos que hablar de cosas aburridas.

Nate huye al escuchar la palabra "aburridas".

¿Qué niño no lo haría?

Desearía ser un niño.

—¿Cosas aburridas? —pregunto, arrugando la nariz.

Ella niega con la cabeza y se ríe.

—No, solo no quería tener a Nate aquí para lo que voy a decir. —Mis cejas se alzan ante eso, y de repente me siento nervioso—. En un mes aproximadamente será 20 de junio. —Mirada detenida, y quiero quejarme como una perra—. Alguien va a cumplir veintitrés —canturrea.

Gimo y me inclino hacia enfrente, apoyando los codos en las rodillas.

—No quiero una puta fiesta, Tinks. En serio.

Me dedica una mirada.

—Si quieres, puedo pedirle a nuestro hijo que regrese aquí y él decidirá por ti.

¡Demonios, no! Nate nos ordenará que tengamos una enorme fiesta de disfraces, o alguna mierda como esa. Y eso solo está bien si vas a cumplir cinco años. No veintitrés.

—Una cena tranquila —digo, listo para negociar.

—Una parrillada divertida —replica.

—Una parrillada tranquila.

—No existe semejante cosa como una parrillada tranquila. Sé razonable.

Recargándome otra vez en mi asiento, cruzo los brazos sobre mi pecho.

—Entonces una parrillada pequeña.

—Mediana.

Alzo una ceja.

De todas formas, ¿a quién vamos a invitar?

—Tú, Nate, Jasper, Jada, Olivia, Madison, Mary, Lisa, Emmett, Peter, Charlotte, yo…

La detengo ahí.

—Peter y Charlotte están en medio de su mudanza. —Sí, están juntos otra vez, y se van a mudar a Nueva York—. Y —bajo la voz— apenas conozco a esta gente, Bella. ¿Por qué no nos reunimos solo nosotros tres y Emmett?

Admito que Jada ha empezado a tolerarme más, pero no soy el tipo más social del mundo. Estoy más que contento con tener conocidos. Soy cercano a Emmett y he empezado a hablar un poco más con Pete otra vez, por teléfono, pero el resto… no estoy buscando amigos. Todo lo que quiero es mi familia.

—Más gente significa más regalos. —Hace un puchero.

Solo puedo reírme de ella. Es tan jodidamente bonita.

—¿Desde cuándo a ti, o a mí para empezar, nos importan los regalos?

Se encoge de hombros.

—Te lo mereces después de todo lo que has hecho por nosotros aquí.

Oh. Cierto. Eso.

La mayor parte del dinero para el gimnasio nuevo de aquí puede o no haber salido de mí.

Como sea. No es como que lo necesite todo.

—¿Quieres saber qué quiero más que nada? —pregunto en voz baja, con seriedad. Asiente rápidamente y respiro profundamente—. Quiero una cena agradable; solo tú, Nathan y yo. —La señalo—. Tú cocinas.

En definitiva, eso último aligera la tensión.

—Bien, se cumplirá tu deseo —se ríe, haciéndome sonreír—. ¿En la cabaña? —Me encojo de hombros y medio asiento, en realidad no tengo preferencia. Todo lo que me importa es la compañía—. Bien. Me encargaré de eso. Pero tienes que decirme qué te puedo regalar.

—Nada de regalos.

—No voy a ceder —dice simplemente.

Suspiro jodidamente fuerte. Esta mujer…

—Nate puede darme un dibujo.

Hace un sonido de pedos y me enseña dos pulgares hacia abajo.

—Aburrido. Quiero decir… no es aburrido, pero… ¡ugh! También recibirás eso, pero ¿qué hay de mí? No te voy a hacer un dibujo, Cullen.

Frunzo la boca.

—¿Un collar hecho de pasta?

—¡Juro por Dios! —Agarra su engrapadora.

—¡Bien! —me río, alzando las manos a modo de rendición—. Carajo, cariño, ¡no sé!

El puchero vuelve a aparecer.

—Tienes que saber. ¿Por favor? Solo… pide un deseo.

Mi diversión desaparece con esa solicitud, y no puedo evitar decir las siguientes palabras.

—Ya sabes qué es lo que quiero —susurro.

Ya que esperaba que se tensara o se encogiera, me sorprende más que solo un poco cuando su mirada se suaviza y una pequeña sonrisa tira de su boca.

—Lo sé, sí. —Exhala—. Pero, um, ¿hay algo más? ¿Aparte de… eso?

La miro.

La miro un poco más.

La frustración se acumula dentro de mí y desearía… ¡desearía poder leerla ya, carajo!

—Sorpréndeme —suspiro, encogiéndome de hombros.

Me entrecierra los ojos, es su turno de mirarme.

No me pregunten qué es lo que está buscando.

Soy un libro abierto.

—Leí otra carta esta mañana —dice de repente con voz suave.

Ladeo la cabeza.

—¿Sí?

—Sí. —Asiente con un movimiento de mentón—. Fue una de tus cartas de fantasías.

Ante eso, no puedo evitar hacer una pequeña mueca. Bajando la vista, recuerdo esas cartas. Creo que hay unas veinte de esas. Veinte cartas que empiezan con: "Si no te hubiera alejado, destruido, tal vez habría…", y luego describo un escenario que he deseado tener. Tener citas con Tinks, llevar a Nathan a McDonald's, pasar una mañana de domingo de flojera con ellos en la cama, elegir un árbol de Navidad juntos como familia… cosas así. Cosas que nunca tuve con mi propia familia. Cosas, cosas ordinarias de todos los días, que nunca tomaría por garantizadas.

—Describiste un día donde llevabas a Nathan a una juguetería —dice en voz baja.

Con la mirada todavía agachada, asiento. Obviamente recuerdo esa carta.

Cuando era niño, quería una cajita de herramientas muy genial para niños. Pero papá me guio en otra dirección, hacia un kit de medicina para niños. No le importaba que yo quería un martillo en vez de un estetoscopio. Así que… en esa carta para Tinks, escribí que dejaría a Nathan elegir su propio camino. De ninguna manera lo juzgaría jamás, pensaría menos de él, o intentaría hacerlo cambiar de parecer.

Estoy tan metido en mis pensamientos que no me doy cuenta de que Tinks se está acercando, no hasta que está justo frente a mí.

—Es raro —murmura, sentándose a horcajadas en mí sobre el sofá, y ya no puedo formar palabras—. Leer sobre tu pasado me ayuda a conocer al hombre en el que te has convertido. —Trago, no sé qué está haciendo; mientras tanto, ella solo se queda ahí sentada. Sobre mí, mirándome pensativa con las manos en mis hombros—. Eres maravilloso, ¿lo sabías?

Exhalo, pero no digo nada. No creo poder.

—¿Puedo ver tu tatuaje otra vez?

No entiendo nada de esto, pero asiento y me desabrocho la sudadera. Luego me subo la camiseta, revelando la tinta sobre mis costillas.

Ella musita y lo mira. Su dedo índice traza ligeramente sobre las líneas.

Al mismo tiempo yo sigo analizándola, esperando un milagro, esperando poder obtener un vistazo de lo que sucede dentro de esa cabeza suya.

Un estremecimiento corre a través de mí cuando roza sobre la frase de Peter Pan con su dedo:

"Vivir sería una gran aventura".

Tinks musita las palabras.

—¿Ya empezaste? —Me mira—. ¿Has empezado a vivir?

—Sí —susurro, sin perder un segundo. Empecé a vivir en el momento en que di mi primer paso hacia la recuperación. Y creo que ahora sé por qué Tinks tiene mi tatuaje en su mente. Porque hay otra carta de fantasía donde le añado algo más a la tinta. Otra personita. Un hijo o una hija—. ¿La carta te ofendió?

Sabe lo que estoy preguntando.

—No. —Sonríe suavemente, otra vez tiene la mirada en el tatuaje—. Es un sueño hermoso. Tus cartas son hermosas, punto. Desgarradoras, pero… tan honestas. Reveladoras.

—No tengo nada que esconder —murmuro.

—Lo que hace que me resulte más fácil soltar todo; perdonar y seguir adelante. —Me dedica otra sonrisa. Tengo el corazón atorado en la maldita garganta—. ¿Puedo confiar en ti, Edward?

Respondo de inmediato.

—Sabes que sí. —Bella Swan es una mujer inteligente. No estaría en mi regazo si no pudiera confiar en mí. Tampoco creo que siga dudando de mí. Lo que necesita ordenar son sus propios sentimientos, sin importar qué sentimientos sean. Resolverlos, aceptarlos, acogerlos o ignorarlos, no tengo ni puta idea. Todo lo que sé es que no son mis sentimientos los que le causan confusión. Mis cartas están en la mesa.

—Tengo miedo —admite, apoyando su frente sobre la mía. En mis oídos puedo escuchar mi propio corazón latir. O pulsar. Lo que sea. Tengo que tragar de nuevo.

—No te volvería a lastimar —susurro aprisa, el estómago se me cae a los pies. Dios, espero que no tenga miedo de eso. Aunque es comprensible de ser el caso—. Tú-tú eres… —trago, se me traba la lengua—. Nathan y tú, son todo para mí. —Ella necesita ver eso, saberlo. Pongo mis manos tentativamente en sus caderas—. No te presionaré para algo que no quieras, pero… —Me muerdo el labio, no había planeado admitir todo esto. Pero ahora no puedo ver una razón por la que ella no pueda saberlo—. ¿Pretender que no te deseo, que no te amo? No puedo hacerlo, Tinks. Tampoco puedo pretender que no te necesito. —Cuando cierra los ojos, el nudo en mi estómago se hace más grande, más pesado—. Pero si quieres que sea tu amigo; aquí estaré. Lo que quieras. Porque… —exhalo un aliento, siento sus dedos frotar pequeños círculos en mi cuello—. Agradezco mis malditas bendiciones aquí —me río en voz baja—. Me has dado más de lo que alguna vez pude haber esperado; bueno, al menos al principio. —Toco su mejilla, haciéndola abrir los ojos otra vez—. Me dificultas mucho el no querer algo más, sabes.

Una minúscula sonrisa tira de sus labios.

—Me robaste las palabras de la boca, sabes.

Mis cejas se fruncen. O está siendo enigmática, o soy jodidamente estúpido.

—¿A qué te refieres? —Mi voz se rompe como si fuera un adolescente.

Jodido Cristo, ¿no me puede salir algo bien?

—Me refiero a que ya estoy muy segura de lo que quie…

Podría gritar cuando la puerta se abre y Nate asoma la cabeza con una enorme sonrisa en la cara.

—¡Hola! —Corre hacia nosotros y se sube de un salto al sofá—. ¡Miren lo que Lisa me compró en la tienda! —Empuja una barra de chocolate a la cara de Tinks y ambos nos separamos un poco—. ¡Es mi favorito!

—Um, ¿le agradeciste, cielo? —pregunta Tinks, pasándose una mano por el cabello. Se ve tan agitada como yo me siento—. Tal vez deberías ir a agradecerle.

—Ya lo hice —se ríe, formando una sonrisita tonta—. También le dio a Olivia.

—Tienes que lavarte las manos, amigo —exclamo y señalo sus dedos llenos de chocolate.

Tinks y yo somos horribles, pero vamos. Me estoy muriendo por descubrir qué es lo que ella iba a decir cuando Nate entró.

—Lo haré cuando me lo termine —dice, acomodándose en el sofá. Mastica felizmente su chocolate mientras Tinks y yo intercambiamos una mirada que dice… él no se irá a ninguna parte.

Suspiramos al mismo tiempo, lo que rompe la tensión, y luego nos reímos un poco.

—¿Oye, Nathan? —Tinks se ríe entre dientes—. Um, papi y yo saldremos por un momento, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —dice, encogiéndose de hombros.

Levantándose de mi regazo, Tinks me agarra la mano y me lleva hacia la puerta, se detiene en la recepción para pedirle a Mary que mantenga un ojo en Nate durante un momento. Ella asiente y se dirige directo a la oficina mientras que Tinks y yo salimos.

—¿Ya puedes decírmelo? —le ruego, aunque fracaso al intentar esconder mi diversión. Creo que ahora lo entiendo cuando Tinks dice que a veces solo quieres unos minutos lejos de los niños de tu vida.

Mientras Tinks parece pensar en sus palabras, yo me vuelvo a abrochar la sudadera y saco mis cigarros para encender uno. Ya que voy a pasar la noche con Nate, evito fumar tanto como puedo. Aun así, Roma no se construyó en un día, y no puedo dejarlo de inmediato.

—Tus cartas; me han abierto los ojos —dice, alzando la vista a mí. Cuando la noto abrazándose a sí misma, me desabrocho la sudadera y me la quito—. Gracias. —Sonríe suavemente cuando se la pongo en los hombros. Solo me encojo en respuesta. Le queda demasiado grande, pero ¿verla usando mi ropa? Jesús—. Me quedan como cuarenta y cinco cartas, y… ¿cuánto ha pasado… desde que hablamos en tu cabaña? ¿Dos meses?

Sesenta y tres días, pero ¿quién está contando?

—Sí, más o menos. —Alzo la cabeza y exhalo un poco de humo.

Asiente.

—Son aproximadamente cincuenta cartas por mes. Necesito… —Infla las mejillas, soltando lentamente el aliento—. Entonces supongo que necesito otro mes. Um, hablo mucho con Lisa; tal vez demasiado —se ríe entre dientes y agacha la cabeza. Avanzando un paso, agarro su dedo meñique y le doy un apretón. Tiempo; tengo tiempo. Ella puede tomarse todo el que necesite—. Lo mismo va para las charlas contigo —susurra, alzando la vista otra vez. Sé que se refiere a las charlas que tenemos después de que lee algo nuevo, en especial si el tema de la carta es particularmente horrible—. Yo, uh, yo creo que es importante que no ignoremos nada.

—Estoy de acuerdo —murmuro, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja.

Es tan jodidamente hermosa.

Ella me ofrece una sonrisa breve.

—Dios, me pones muy difícil esto. —Se tapa la cara con las manos y frunzo el ceño, un poco aturdido por el repentino cambio en su comportamiento—. Deja de mirarme así.

Mi ceño se profundiza.

—No puedo leerte la mente, cariño. ¿Cómo te estoy mirando?

Gimotea de verdad y me pega juguetonamente en el pecho, pero luego cierra la distancia y me abraza con fuerza el torso.

¿Alguien más está confundido?

Cuando le doy la última calada a mi cigarro, ella me mira pensativamente.

Tengo que sonreír.

—¿Qué estás buscando? —Sacudo la cabeza, maravillado, y me aparto de ella por solo un momento. Luego apago el cigarro en la suela de mi bota antes de meter la colilla en la caja. Luego le vuelvo a rodear los hombros con mis brazos y espero su respuesta—. Siempre te ves muy pensativa.

Musita.

—Hay muchas cosas pasando por esta cabeza.

Alzo una ceja, meciéndonos un poco.

—¿Te importaría compartir con la clase?

—Digamos que últimamente tengo muy seguido a un Edward Cullen en la mente. —Resopla un poco. Sonrío—. ¿Puedo pedirte algo?

—Lo que sea.

Se muerde el labio. Me distrae.

—¿Me besas?

No mentiré, se me atora la jodida respiración.

»Un primer beso —dice de forma suave, pero tan suplicante, que entiendo que tiene otra carta volando en su cabeza, la carta donde describo la primera cita a la que la llevaría si tuviera la oportunidad.

No sería algo cursi. Yo no soy así, y no puedo decir que soy muy romántico. Al menos, no si te interesan los clásicos. Soy un Edward totalmente diferente.

Cuando escribí esa carta, se veía un poco diferente, pero si me dieran la misma opción ahora…

Una cita con Tinks… yo me haría cargo durante una tarde. Cocinaría y probablemente fracasaría al hacerlo. Luego comeríamos sándwiches a la parrilla que sí sé preparar, gracias a que Tinks me enseñó. Hablaríamos y actuaríamos como tontos. Tal vez le daría algo que yo haya hecho, no sé. Me aseguraría de tener sus bocadillos favoritos en la mesita de centro y su película favorita en el reproductor de DVD. La consentiría de las únicas maneras en que sé hacerlo: dándole atención y cariño. Que resulta ser exactamente lo opuesto con lo que crecí.

La punta de mi lengua sale para humedecer mi labio inferior mientras evalúo su reacción. Hasta donde puedo notar, habla en serio, y bajo mi boca hacia la de ella lentamente. Un primer beso, eso fue lo que pidió. Espero no cagarla.

Rozando mis labios con los suyos, una, dos veces, empiezo lentamente con el beso. Luego añado un poco de presión mientras me obligo a exhalar. Porque respirar es algo vital y todas esas mierdas. Besar a Bella significa que tengo que recordarme de hacer algo tan natural como respirar. Eso… está muy jodido, creo.

Cuando suelta un gemidito, acuno sus mejillas y separo ligeramente mis labios. Durante un segundo, me preocupo por mi aliento, pero a Tinks no parece importarle, así que…

—Nena —susurro sobre sus labios. La inhalo y lentamente paso la punta de mi lengua sobre su labio inferior. Cerrando mis propios labios sobre él, lo chupo gentilmente con mi boca. Mientras tanto, ella hace lo mismo con mi labio inferior. También aprieta su abrazo en mi cintura.

Con los ojos cerrados, me desconecto fácilmente del resto del mundo. La beso. La beso apasionada, profundamente, dejando en claro todas estas mierdas. La deseo, pero no me pondré atrevido. El atrevimiento no va con una primera cita, ¿cierto?

—Edward —gime en voz baja sobre mi boca.

Hora de terminarlo, hombre.

De forma tan lenta como comencé el beso, lo termino. Con roces suaves mientras acaricio sus mejillas con mis pulgares.

—Ese… —respiro pesadamente y trago con fuerza, nuestras narices se tocan—. Ese debió haber sido nuestro primer beso.

—Sí —exhala y apoya su frente en mi clavícula—. Eso fue… sí.

Sonrío y le beso la frente.

—Um, yo… —Retrocede un paso, sus mejillas están teñidas de un ligero color rojo, y señala hacia la puerta—. Desafortunadamente, tengo que estar presente en la siguiente sesión de Lisa.

Asiento, ahora entiendo que es tiempo lo que ella necesita. Quiero decir… privacidad. Necesita asimilar esto.

Que nuestra atracción es mutua es algo que he sabido desde hace mucho tiempo, pero es lo que va más allá de eso…

—También tengo que irme —digo—. Creo que Nate necesita gastar toda la azúcar antes de que siquiera pueda intentar darle de cenar.

—Definitivamente tienes razón —se ríe entre dientes—. Por cierto, ¿se quedará contigo esta noche?

—No me molesta, lo sabes —respondo, dejándole la decisión a ella. Ya que Tinks trabajará hasta tarde y nuestro plan es que yo deje a Nate mañana en el preescolar, probablemente resulte más fácil si él pasa la noche. De todas formas, tiene ropa y todo lo que necesita en mi casa.

—¿Puedes pasar por mi apartamento mañana y recoger las galletas para la excursión? O podrías ir ahí ahorita antes de ir a casa.

—Por supuesto. —Hago una pausa—. Si puedo comerme al menos una.

Sonríe y niega con la cabeza.

—Oh, Cullen.

Sí, no voy a ceder.

—Oh, Swan —digo inexpresivo.

—¡Bien! —se ríe y abre la puerta de Whitlock—. Si te portas bien, podrás tomar incluso dos. —Agranda los ojos con emoción fingida.

—Qué graciosa —le digo, señalándole que entre primero—. Y sí que voy a tomar dos.

Tal vez incluso tres. Quiero decir, ella no estará en casa. No notará ni una jodida cosa.

Soy un genio.

Demonios, voy a tomar un montón.

—¡Ahí están! —gime Mary, riéndose al mismo tiempo. Está detrás del escritorio, y Nathan está sentado sobre, con las manos de Mary asegurándose de que se mantiene firme—. Su hijo me preguntó qué era una cita; no tengo idea de qué decirle. —Voltea hacia Nate y dice—: Ve. Pregúntale a mami y papi.

Tinks se ríe entre dientes y lo carga.

—¿Una cita? ¿Dónde escuchaste esa palabra, cielo?

Yo también quisiera saberlo.

Cuando Nate me señala, me confundo muchísimo.

—La mami de Martin se lo dijo a papi.

Oh, mierda.

Mierda, mierda, mierda.

Mirando a Tinks, me encuentro con una ceja alzada.

Vamos a repetirlo: mierda, mierda, mierda.

—Uh… —me aclaro la garganta y suelto una risita, estoy nervioso sin razón alguna. Al menos, creo que no hay razón para estarlo. Quiero decir, no es como que haya hecho algo malo. ¿Cierto? ¡Rechacé a la señora!—. ¡Le dije que no! —exclamo—. Me invitó a salir, dije que no. ¿De acuerdo? También dije que no estaba disponible. —Cruzo los brazos sobre mi pecho en un intento por aparentar ser alguien fuerte, lleno de confianza, macho, y jodidamente varonil—. Soy inocente aquí, es todo lo que diré.

Ahora, ¿por otro lado? Tinks se ve divertidísima.

¿Qué carajos?

—Mírate, Cullen —se ríe—. Todo nervioso. Nate, ¿acaso papá no es muy bonito?

Frunzo el ceño.

¿Bonito? —Por favor. Esa es una palabra que se usa en bebés y cachorros.

Ella hace un puchero y se acerca para palmearme la mejilla.

—Bien. Guapo. ¿Está mejor?

Meh.

—¿De verdad le dijiste que no estás disponible? —susurra.

Mantengo la voz baja.

—¿Estás buscando cumplidos? Sabes que solo estoy disponible para ti, Tinks.

—¡Eso! —Señala mi cara—. Eso justo ahí; deja de decir cosas como esa. Lo mismo con las miradas. Tienes que… ¡ugh! —Se vuelve a tapar la cara con las manos. Luego se asoma entre sus dedos, definitivamente alcanza a ver la sonrisita en mi cara. Porque ahora ya lo entiendo. Ver que la deseo tanto le confunde la cabeza. Y ya que soy un libro abierto, como dije, obviamente puede verlo. Puede verlo todo—. Cristo, solo… vete. Vete antes de que… —Agita la mano frente a su cara.

Burlándome, extiendo los brazos para tomar a Nathan.

—Vamos, cielo. ¿Qué te parece si vamos al parque antes de la cena? ¿Eh?

—¡Sí! —Se lanza sobre mí—. ¡Adiós, mami! ¡Adiós, Mary! —se despide con fuerza.

~CLO~

Sintiendo la mirada de Taz en mí, bajo la vista para fruncirle el ceño.

—Es mi helado, amigo —digo, el sonido suena ahogado por la cuchara que tengo en la boca. Es que, maldita sea, la última vez que comió helado, le dio un grave caso de diarrea. Gracias a Dios que la lluvia se encargó de eso. En fin, no voy a renunciar a mi preciosa delicia de menta con chispas de chocolate—. Ve a cazar un ave o algo. —Regreso la mirada a la mesa que está en medio de mi taller.

Emmett decidió abrir una cafetería afuera de Anchorage después del verano, cerca de un centro de esquí, y le va a poner The Lodge. Quiere tener temática de cabaña, una cabaña de caza clásica. Y me pidió que hiciera el trabajo en madera. El mostrador, las mesas, las sillas, los taburetes, el sistema de repisas que irá detrás del mostrador antes mencionado…

Estoy jodidamente eufórico.

Pero justo en este maldito minuto, tengo la mente en blanco, es por eso por lo que me estoy tomando un descanso para comer helado-fumar-tomar café.

Creo que no puedo trabajar porque sé que Tinks llegará aquí en cualquier momento.

El viernes es mi cumpleaños, dentro de dos días, y decidimos que Nate y ella vendrían aquí el viernes en la mañana, faltando tanto al trabajo como a la escuela. Yo he estado aquí en la cabaña desde anoche porque necesitaba realizar los diseños y terminar los prototipos para Emmett. Pero Tinks me llamó hace poco más de dos horas diciendo que tenía algo importante que discutir conmigo, algo que evidentemente no podía esperar.

Ahora Nate pasará la noche con Jasper y Jada, y luego Tinks regresará a Anchorage mañana… y regresará con Nate el viernes. No tengo idea de qué podría ser tan jodidamente importante, pero me ha dejado hecho un maldito manojo de nervios y no puedo trabajar por eso.

Intento devanarme el cerebro en busca de una respuesta, pero no se me ocurre nada. Las últimas semanas han sido muy tranquilas. Tinks todavía me llama en las noches, a menos de que estemos juntos, y mis sesiones con mis terapeutas siguen bien. Emmett está bien, está pensando en invitar a salir a Mary, y hablé con él esta mañana, así que no puede ser nada que se relacione a él. Pete y Charlotte ya se establecieron en su apartamento en Nueva York, también están bien allá. Y Nate está tan perfecto como siempre. Así que, ¿qué carajos podría ser?

Me meto más helado a la boca y fulmino con la mirada el reloj de la pared.

He estado aquí afuera desde las nueve de la mañana, así que cuando Tinks llamó, yo estaba cubierto con aserrín, por eso me di una ducha hace una hora, pero todavía puedo oler la madera y los aceites en mi piel. Están en el jodido aire. A mí me encanta ese olor, pero me siento demasiado ansioso para tener una actitud positiva ante esas mierdas justo ahora.

Luego, al fin, escucho un carro llegar, y Taz se contonea al salir del taller. Está muy cálido el día, así que la puerta del cobertizo permanece abierta, y solo tengo puestos unos jeans y una camiseta. El verano en Alaska es muy agradable, aunque un poco frío.

Con el tazón de helado todavía en mi mano, sigo a Taz y cruzo mi patio. Tengo que podar el maldito césped, por cierto. Cuando llego al frente de la cabaña, veo a Tinks justo cuando ella toca la puerta.

Ella también me ve.

—¡Ahí estás!


*En inglés se utiliza la palabra "Single" para ambos casos: cuando alguien está soltero, y también se utiliza para referirse a un sencillo de un disco.