Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.


Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!

Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.

Blog: h(espacio) t(espacio) t(espacio) p(espacio) s(espacio) : / / caranofiction . wordpress .(espacio) com(espacio) /


Gracias Yani por betear esta historia.


Capítulo 26: Seguir adelante

Canción del capítulo: To Be Loved de Train

BPOV

Rechino los dientes y suelto un suspiro frustrado antes de finalmente poder pasar al viejo cabrón que está manejando demasiado lento. Lo siento, pero las personas mayores no deben estar detrás del volante. No cuando tengo prisa.

Me he estado llevando esta mierda con calma durante tres meses, y de repente me siento desesperada por seguir adelante. Al fin. Por fin. Necesito esto. Tres meses de terapia, de charlas con Edward, de leer, asimilar, aceptar, comprender…

Comprender que Edward Cullen es un hombre del que me he enamorado con locura.

No es la misma persona que una vez fue, y el hombre nuevo que es ahora entró en mi vida hace seis meses y ocupó un montón de espacio en mi corazón.

—Oh, ¡vamos! —Golpeo el volante con mis manos cuando me pongo detrás de un jodido tractor. ¿Qué está haciendo esa maldita cosa aquí? ¿Eh?

Con autos aproximándose en el otro carril, tampoco puedo rebasar ahora al tractor.

Recargándome en mi asiento, cuento hasta diez y me obligo a calmarme con un carajo.

Las cartas siguen nadando en mi mente, pero por primera vez en mi vida, lo . No hay confusión, no hay duda, no hay preguntas sin responder, y no hay miedo. Estoy segura. He perdido la cabeza y se siente maravilloso. Bueno, eso no sonó bien, pero como sea. Se siente como un desastre, una locura. Lo que siento llega tan profundo. Es emocionante, refrescante, abrumador. Me siento acelerada. Viva. Así que… cuando finalmente dejo atrás al maldito tractor, esbozo una sonrisa tonta y piso el acelerador.

Llegaré pronto a Sterling, Edward.

Me pregunto si ya sabe por qué voy a verlo.

Aunque probablemente no lo sepa. He estado tan concentrada en lidiar con la montaña rusa de emociones corriendo a través de mí durante los últimos tres meses que, si en el pasado él no ha podido leerme, dudo que haya podido hacerlo recientemente. Pero ¿ahora? Ahora lo sé. Ahora estoy segura. He lidiado con mis problemas, he soltado cosas, y he meditado muchísimo. Ha sido necesario, pero me alegra que haya terminado. Estoy muy lista para esto.

Al principio esperaba que las cartas me pesaran. En lugar de eso, me dieron claridad. Me quitaron un peso de los hombros, me hicieron sentir despreocupada y, y, y ni siquiera sé. Pero se siente bien.

Obviamente, las primeras treinta o cuarenta cartas más o menos fueron increíblemente difíciles de leer. La angustia de Edward brillaba mediante su escritura. Podía sentir lo arrepentido y compungido que se sentía. También podía sentir su dolor, su desolación, y lo perdido que estaba.

Básicamente las leí a base de sollozos.

Bella,

Mi terapeuta me dijo que escribir podría ayudarme. O sea, ¿puede ser una forma de sacarlo todo? Es solo que no sé dónde comenzar, qué escribir, o cómo funcionará esto. Pero ya que necesito que esto suceda, necesito estar mejor, lo voy a intentar. Y te estoy escribiendo a ti. Eres como la voz en mi cabeza. Tal vez eso suena raro, pero siempre estás ahí. En alguna forma. Estás ahí cuando tomo una decisión, estás ahí cuando analizo mi día, y estás ahí cuando la cago. Siempre me pregunto: "¿Qué diría Bella sobre esto?". Carajo, esto es raro. ¿Qué se supone que debo decir? ¿Solo debo sentarme aquí y teclear la mierda que he vivido? Porque eso podría llevarme un poco de tiempo. Creo que mi cabeza no está funcionando bien. Tengo estos pensamientos, pero son breves. No puedo concentrarme en nada. Creí que esto sería más fácil, me refiero a la recuperación. No soy bueno en esto.

~Edward.

Estaba confundido, impaciente, todavía enojado…

Edward se odiaba a sí mismo.

Bella,

¿Sabes qué desearía? Desearía que alguien me pudiera borrar la memoria. Podría volver a empezar y hacer todo bien. Pero verás, cuando pienso así, todo siempre termina donde mismo: ¿dónde estaría Nathan? Si no hubiera sido un patán y si no me hubiera esforzado tanto para hacerte olvidar el condón, él no habría nacido. Duele pensar de esa manera. Aunque, ¿qué carajos sé? Soy un don nadie. Todo lo que hago es pura mierda.

También le fallo a todos los que amo. Tal vez papá tenía razón. Tal vez soy un perdedor que no puede hacer nada sin arruinar algo, o a alguien, en el proceso. Tal vez yo tengo la culpa de todo, ¿sabes? Quiero decir… papá creía que yo era una decepción. Y mamá no me amó lo suficiente para salvarme. No valía la pena.

Sigo sin valer la pena.

~Edward.

Sacudo la cabeza, mi corazón se contrae. En verdad tengo miedo de pensar en los posibles escenarios. Él estaba en un lugar muy sombrío en aquel entonces, y no tenía a nadie hasta que Emmett apareció. Estaba completamente solo mientras luchaba con sus propios demonios. Era destructivo, estaba perdido, aterrado, enfermizo, y unas cuantas cartas más que siguieron a esa me hicieron temer la rapidez con la que pudo haber terminado con todo eso.

Como Alice.

Tinks. Esa eres tú.

Es medianoche y se me ocurrió algo. Si eligiera tomar la salida de los cobardes y suicidarme, ¿a quién le escribiría una nota de despedida? ¿O eso es muy cliché? Tal vez eso solo pasa en películas, el que les escriban cartas a sus seres queridos. Pero si hiciera eso… ¿es que siquiera recibirías la carta? ¿La recibiría Nathan? ¿Y qué diría? Esa amiga tuya que se ahorcó, ¿escribió una nota? ¿Le dijo a su familia que los amaba? No puedo recordar su historia. Sé que me la contaste. Lo siento. Lo que sí recuerdo es que me dijiste que murió cuando su cuello se quebró. Lo que significa que se rompió una o varias de sus vértebras cervicales. Hay siete en total. Las he estudiado todas. Papá me obligó. Me dijo que era bueno saberlo, era bueno saber las alternativas que tenemos si queremos terminar con nuestras vidas. Así que sí, he leído sobre la fractura del ahorcado. Son cosas fascinantes, de verdad. Muerte por colgarte es solo una, pero la causa verdadera de la muerte pueden ser varias opciones. Podrías ahogarte, por supuesto, y podrías quebrarte el cuello. Si usas un alambre, también podrías morir al desangrarte. Porque el alambre te corta la piel. O sea, la piel cede, pero el alambre no es lo suficientemente grueso para cortarte el suministro de aire. Y, supongo, si el salto es de una gran altura y la cuerda está floja, tal vez podrías morir cuando caes de nuevo sobre el piso. Aunque eso es solo una suposición. Pero, en mi opinión, eso debe ser muy doloroso. Probablemente yo elegiría las píldoras. Y sabes que soy un cobarde; preferiría no sentir nada de dolor. Debe ser agradable irte a la deriva y no ser consciente de que tu vida se te está escapando. La vida en tus ojos parpadearía hasta que no quede nada. Aunque eso no funcionaría conmigo, debería tener algo de vida en mi mirada para poder perderla.

Otra cosa que me pregunto: ¿deberían enterrarme o elegir la cremación?

¿Quién visitaría mi tumba? ¿Qué diría en ella? ¿Quién me extrañaría?

Me gustaría ser extrañado.

Probablemente debería dormir un poco más. Tengo otra sesión mañana.

~Edward.

Esa es solo una de las cuatro cartas que hablan del suicidio.

Esas me dieron un susto de muerte, y recuerdo haber llamado a Edward a mitad de la noche, sintiendo la necesidad de hablar con él. Necesitaba oír su voz.

Algunas cartas gritaban lo solo que se sentía.

Bella,

Me pregunto qué estás haciendo. Es viernes en la noche. ¿Estás en casa? ¿Solos Nathan y tú? O tal vez tienes una niñera; tal vez saliste con tus amigos. ¿Tienes novio? Si fuera una buena persona, desearía que tuvieras uno. Un chico amable que te apreciara. Alguien que se ría cuando dices una broma tonta. Ni siquiera sé si te gustan las bromas. Porque nunca me tomé el tiempo para conocerte. Desearía haberlo hecho. En fin… no soy esa persona; la persona que quiere lo mejor para ti. Espero poder ser un chico así algún día, pero todavía no llego ahí. Porque no quiero que encuentres a alguien más. Lo siento por eso. Pero esto apesta. Dios, está del asco. Detesto esto, ¿sabes? Es que te extraño. Sé que no tengo derecho a extrañarte, pero de todas formas lo hago. Extraño el confort que me dabas. Extraño la forma tan cuidadosa en que me tocabas después de haber recibido una paliza de mi papá. Extraño tu preocupación. Pero más que nada, creo que extraño tus abrazos. Mierda, eso sonó muy gay.

Necesito un trago.

~Edward.

Luego empezó a escribirle también a Nathan, y todo comenzó en el primer cumpleaños de nuestro hijo.

Nathan Anthony Swan,

Desearía conocerte. Desearía estar ahí para celebrar tu primer cumpleaños. La única cosa que me consuela es que conozco a tu mamá. Sé que te está dando el mejor cumpleaños que alguna vez podrías soñar, porque así es ella. Tal vez algún día podré estar ahí también. Eso espero. También espero que tus deseos de cumpleaños se hagan realidad. Bien, tal vez no existe semejante cosa como desear cuando tienes apenas un año, pero eso llegará algún día. Recuerdo muchas de las cosas que deseé y que todavía deseo. Los adultos tienen más deseos de los que puedas imaginar. Tú eres uno de mis deseos, Nathan. Depende de mí el hacerlos realidad, y estoy trabajando en ello. Te lo prometo.

Te amo, y espero que tengas un cumpleaños muy feliz. No te he conocido, pero aun así sé que te mereces el mundo entero.

~Tu papá.

No sé cuántas veces él borró, tachó y reescribió varias palabras. Por ejemplo, al verla de cerca, puedo notar que primero había escrito Nathan Anthony Cullen. Pero luego lo borró y escribió Swan. Lo mismo para la última palabra, o más bien la firma. Debajo de "Tu papá", podía ver "Edward" y "Tu padre" también.

En muchas de las primeras cartas, es fácil notar que tenía miedo de sentir esperanza. Quería tenerla con todas sus fuerzas, pero ya que nunca ha tenido en realidad algo bueno en su vida, al menos, algo duradero, tenía miedo de sentir esperanza. Incluso ahora batalla con aceptar la idea de que de verdad se merece cosas buenas. Todavía teme que alguien se las vaya a quitar. Y último, pero no menos importante, constantemente siente miedo de cometer errores.

Intento decirle que es inevitable cometer errores. Los humanos cometemos errores.

Los humanos cometemos errores.

Esas son palabras que he repetido mucho en mi cabeza últimamente.

Las cartas de Edward me han ayudado. Me han hecho ver que él ya no es la persona que cometió esos errores.

Comencé a notarlo después de unas cuarenta cartas, el progreso que estaba haciendo. Incluso si estaba en prisión durante ese tiempo, un lugar que no proporciona exactamente felicidad o… quiero decir, no es un ambiente en el que yo me sentiría contenta, ¿saben? Pero Edward sí lo sentía y lo entiendo. La prisión lo mantuvo firme, lo obligó a seguir adelante.

Bella,

Lidiar con el pasado duele un putero, no te mentiré. Pero funciona. Sé lo que hice. Sé que no tengo excusas. Y no estoy poniendo ninguna excusa. Lo que te hice fue vil. En aquel entonces estaba intentando protegerme. A ti también. Pero de todas formas no hay excusa para nada. A pesar de las mierdas estúpidas que he hecho, sigo siendo un tipo inteligente. Fui lo suficientemente creativo para destruirte. Sé que pude haber usado esa creatividad para sacarte del pueblo sin destrozarte de verdad.

Nathan y tú son todo en lo que pienso. Sam, mi compañero de celda, habla de sus hijos todo el tiempo. Cuenta historias, bromas, comparte recuerdos. Y duele muchísimo porque yo no tengo nada que decir en respuesta. No sé cuándo dio Nathan sus primeros pasos. No sé qué haces cuando él no deja de llorar. No sé cuáles historias le lees.

Sam está aquí porque asaltó una estación de gasolina. Entró ahí con una pistola, agitándola por todos lados, y exigió que le dieran el dinero. Porque lo acababan de correr de su trabajo y no tenía dinero para alimentar a su familia. Y su hijo más chico tenía neumonía. El niño necesitaba ver a un doctor, pero no tenían seguro ni forma de pagarlo. Estaba desesperado, y sabía muy bien que probablemente lo atraparían. Pero si tan solo pudiera tomar un poco de dinero con sus manos para enviar a su niño a que consiguiera ayuda… Tal vez estás pensando que definitivamente había algo más que pudieran hacer. Tal vez tienes razón. El que quiere puede, ¿cierto? Pero él no estaba pensando con claridad. ¿Podrías hacerlo tú si Nathan estuviera en un posible peligro? ¿Pensarías de forma racional?

Solo estoy escribiendo. Supongo que por dos razones. Una, desearía poder decir que he hecho todo por mi hijo. Pero eso está muy apartado de la verdad. Sam, él es un papá de verdad. Haría cualquier cosa por sus hijos, al demonio con las consecuencias. Así es cómo me siento ahora, Tinks. De verdad que sí. Haría lo que fuera por Nathan y por ti hoy. Si tan solo hubiera pensado lo mismo en Forks, ¿eh? En fin. Dos, estaba desesperado. En Forks, me sentía muy resentido. Siempre estaba en alerta. Siempre listo para recibir un golpe. Siempre listo para golpear a alguien más si me miraban raro.

Ofensa y defensa. Nunca me sentí seguro. Aunque, no tenía a un hombre como Sam de papá. Creo que no es tan raro que esté tan jodido. Mierda, juro que tenía un punto para decir todo esto. Cierto. Estaba desesperado. ¿Tal vez no pensaba con claridad? Me refiero a cuando te hice todo eso. Por otro lado, quizás eso es pura mierda. Me tomé el tiempo para planearlo todo.

Voy a dejar estas divagaciones justo aquí.

~Edward.

A partir de ahí estuvo en el camino hacia la recuperación.

En algunas cartas menciona recuerdos. En otras hace preguntas sobre Nathan y sobre mí. En otras se disculpa, y muchas más tienen manchas de lágrimas secas en ellas.

Leer esas cartas… ha sido catártico.

Las cartas de fantasía, los recuerdos, las confesiones, las divagaciones, la honestidad brutal…

Ha sido todo un viaje, y en alguna parte del camino comencé a ver a Edward desde otra perspectiva. Eso comenzó antes de que Edward me diera las cartas, pero ahora es más profundo. La atracción y el hecho de que compartimos un pasado… esa es una cosa. Enamorarme del hombre en el que se ha convertido es otra diferente.

Claro, he tenido ayuda para descubrir todo esto.

Lisa ha sido mi roca. Me ha ayudado a discernir y entender. Me ha dado diferentes perspectivas y… sí.

Hace dos días, cuando le dije que me había enamorado de Edward, ella me sonrió.

Oh, desde hace tiempo que lo noté. —Lisa se ríe entre dientes—. Pero necesitabas descubrir esto por tu cuenta. Sabía que lo harías.

¿Cómo… cómo lo supiste? Quiero decir, ¿qué has "visto"?

Sonríe.

¿En serio no tienes idea? —Me encojo de hombros, impotente, y sonríe otra vez—. Ah, Bella. Ha sido muy fácil. Él se mueve; tú te mueves. Tú te mueves; él se mueve. ¿Y recuerdas la cena que tuvimos aquí hace un par de meses? —Asiento—. Sin importar qué tan lejos estuvieran, siempre se mantenían atentos el uno al otro. Si estabas hablando con Mary, tus ojos escaneaban la habitación de vez en cuando hasta que lo encontrabas. Cuando él estaba hablando con Jasper, hacía lo mismo.

Regreso a la realidad cuando veo que estoy a medio camino de chocar la cola de la enorme camioneta, y piso el freno, preguntándome si tal vez alguien debería revocar mi licencia. Carajo, soy peor que los ancianos.

—Mierda —exhalo, poniendo una mano sobre mi acelerado corazón.

Meneando la cabeza, me vuelvo a concentrar y pienso en el hecho de que estaré en Sterling en menos de diez minutos.

Y unos minutos después, cuando llego a la calle privada de Edward, ese acelerado corazón mío vuelve a despegar.

Siento que me cosquillea la piel. Mi respiración es casi laboriosa y entrecortada, y apenas puedo quedarme quieta. Parezco Nathan, por Dios.

—Permaneceré en calma. —Intento calmarme de esta… esta… ¿adrenalina? Sí—. Hablaré con él. —Admitiré que quiero lo que él quiere. Le diré que lo amo—. Nos sentaremos y discutiremos todo. —Como dos adultos, seguiremos adelante juntos. ¿Tal vez me invitará a salir? ¿Tal vez yo lo invitaré a salir? Dios, no sé.

Estacionándome detrás de la Range Rover de Edward, apago el motor y respiro profundamente un par de veces antes de bajarme del carro. El sol ya salió y está relativamente cálido. Obviamente no es nada comparado con Arizona o Tennessee, pero sigue siendo muy agradable, y solo llevo puestos unos jeans y, um, una de las camisetas negras de Edward. ¿Qué? Fue la camiseta que encontró mi mano cuando me vestí esta mañana. No hay nada de raro en esto. Pero sí, la estoy usando, y ya que me queda muy enorme, me até un nudo en la cadera. De otra forma, sería un vestido corto.

Al avanzar por el camino que lleva a la cabaña de Edward, sonrío brevemente al ver el empedrado que Emmett y él pusieron hace unas semanas. Ese día comimos en el pórtico. Pizza casera, limonada casera. Nate corría por todas partes con Taz. Y quiero esto. Cristo, de verdad que quiero todo esto. Con Edward. Porque recuerdo ese pequeño momento que compartimos cuando les dije a Emmett y él que la comida estaba lista. Fue solo una pequeña caricia, Edward rozó su pulgar sobre mi mentón. No sé por qué lo recuerdo tan vívidamente, o por qué no puedo olvidar la suave sonrisa que tiraba de sus labios. No obstante, eso me provocó mariposas en el estómago. Tan solo con pensar en eso me hace sentirlas de nuevo.

Inhalo profundamente otra vez y subo los escalones del pórtico, de repente me siento llena de una brusca necesidad. O tal vez brusca no es la palabra correcta. Pero está ahí, casi consumiéndome.

Último escalón. El temor al rechazo se sacude a través de mí por un segundo, pero rápidamente aplasto ese pinchazo de inseguridad. Es casi un insulto para Edward que comience a dudar de sus sentimientos. Después de todo, desde que lo volví a ver hace seis meses, no ha sido nada más que sincero, amable, genuino… y jodidamente maravilloso.

Solo necesitaba este tiempo para terminar donde él ha estado desde hace mucho.

Necesitaba soltar todo, perdonar, y conocer al Edward que es ahora.

No puedo dejar que mi pasado domine mi futuro; necesito arriesgarme con esto.

Lo grandioso en todo este asunto es que ni siquiera se siente difícil. Justo ahora es tan fácil como respirar. Nunca olvidaré el pasado, tampoco Edward, pero seguiremos adelante. Juntos.

Con el corazón atorado en la garganta toco la puerta.

Casi al mismo tiempo veo algo moviéndose en mi periferia, a mi izquierda, y ladeo la cabeza en esa dirección justo para ver a Edward acercándose, probablemente había estado en su taller en la parte de atrás.

Intento tragar, pero lo encuentro imposible.

—¡Ahí estás! —Básicamente el aire me abandona mientras mi cuerpo se mueve por voluntad propia. Edward, Edward, Edward. Su nombre se repite en mi cabeza al mismo ritmo que mi latiente corazón. Edward, Edward, Edward. Bajo corriendo los escalones, giro bruscamente a mi derecha y sigo corriendo hacia él. Vagamente registro que él está sosteniendo un tazón de helado en sus manos, pero muy pronto ya no se encuentra ahí. Sus ojos están enormes cuando, literalmente, le salto encima, tirándole por accidente el tazón de las manos, pero todo en lo que puedo pensar es cerca, cerca, cerca. Luego más cerca, más cerca, más cerca. Lo rodeo con mis piernas y brazos mientras que él se tropieza un poco hacia atrás, y luego estrello mi boca con la suya.

Hace omph. Se ahoga. Tose. Se ríe sin aliento. Todo en una rápida sucesión.

Cuando empieza a besarme de forma lenta, pero firme, las lágrimas se acumulan tras mis párpados cerrados.

Siento que mi corazón está a punto de explotar.

—Tinks —jadea cuando seguimos besándonos. Ya no es lento. Es profundo, frenético, y apasionado—. Nena, qué…

Juntando mis pies detrás de su culo y apretando mis brazos en su cuello, me impulso para subirme un poco más.

—Dime si… quieres que me detenga. —Ladeo la cabeza y lo beso más profundo, probando su lengua con la mía. Menta, chocolate, café—. Yo-yo… —Trago e intento respirar. Su labio inferior termina entre mis labios. Mis dientes mordisquean un poco. Gime y luego me encuentro apoyada contra la pared de la casa. Gimo y entrelazo mis dedos en su cabello. Entre besos inhalo su delicioso aroma. Es su jabón corporal, su champú, aserrín, esos aceites… los amo. Lo amo a él. Algo que estaba a punto de decirle, así que…—. Yo… —Dios, él empieza a besarme el cuello. Eso se siente tan bien. Y cuando la punta de su lengua pasa sobre ese sitio debajo de mi oreja, no puedo evitar gimotear. La suavidad y la humedad de sus labios y lengua combinados con esa incipiente barba de dos días… es demasiado bueno para describirlo—. Síííí —siseo cuando siento su erección en todos los sitios correctos. No hay manera en que haya hecho eso de forma intencional porque está a punto de alejar la parte inferior de su cuerpo de mí, pero detengo esa mierda al menear mis caderas sobre él y empujar los talones de mis tenis en su culo.

¿Qué sucedió con eso de sentarnos y hablar… tranquilamente?

Edward sucedió.

—Te amo —admito de prisa, capturando otra vez su boca con la mía.

Carajo —dice con voz ronca y se detiene por completo.

Rompe el beso, su respiración está tan laboriosa y pesada como la mía, y me mira a través de unos ojos entrecerrados.

Sonrío y toco mis labios que han sido profundamente besados.

—Te amo.

Primero hay confusión en su mirada. Luego, cuando lentamente lo va asimilando, o cuando mi confesión penetra en su mente, una infinidad de emociones revolotean sobre sus facciones. Hay euforia, felicidad, amor, alivio, y cuando esos hermosos ojos suyos se ponen vidriosos, sé con certeza que, aunque él pudiera saber muy bien que nuestra atracción era mutua y fuerte, no se había atrevido a creer en realidad que yo lo amaría también.

Después de un momento, suelta un suspiro tembloroso y deja caer su frente sobre mi hombro. Pero eso es todo. No hace otro movimiento, y es así como lo quiero. Sigo atrapada entre la pared de la casa y él, y todavía lo tengo perfectamente cerca.

—Te amo —lloriquea en voz baja.

Beso su cuello suavemente, permaneciendo ahí.

—También te amo.

Levantando la cabeza, se estremece y me besa la mandíbula, las mejillas, los párpados, la nariz y termina con un beso en mi frente.

Sin hacer comentarios, limpio una lágrima perdida que está cayendo por su mejilla.

Luego me besa en los labios. De forma profunda, hambrienta, metiendo su lengua a mi boca. Labios pegados, manos que agarran, respiraciones ignoradas.

Somos puras sonrisas.

Aunque yo soy puras risitas cuando veo lo que está sucediendo un poco atrás de Edward.

—Taz se comió tu helado —señalo.

Volteando sobre su hombro, Edward ve lo que yo veo, a Taz lamiéndose el helado de la nariz.

—Genial —gime y se ríe entre dientes, voltea hacia mí y me besa de nuevo.

~CLO~

Más tarde nos encontramos juntos en la cama de Edward, vestidos solo con nuestra ropa interior, y debajo de las cobijas. Bueno, yo llevo mis bragas y su camiseta, y él está en bóxer. Creo que ya llevamos varias horas aquí.

Hablamos mucho.

Nos besamos mucho.

Nos abrazamos todavía más.

Le digo que lo he perdonado por todo. No olvidaré, algo que también le digo, y tampoco lo ignoraré. Pero soy libre para seguir adelante, admito, y no hay nada que quiera más que seguir adelante con él a mi lado.

Él se queda muy callado por un rato, apoyando la cabeza en mi pecho.

Mis dedos juegan ausentemente con su cabello.

Unas cuantas veces siento pequeñas gotas cayendo por mis costados, pero no digo nada, sé que es un día muy emotivo.

Y tal vez media hora más tarde es su turno de consolarme cuando me pongo muy llorona.

Es abrumador, sin mencionar desconcertante. Desconcertante al darme cuenta de que me he sentido tan sola por años y no lo sabía. Lo he sabido, lo he sentido, pero no tenía idea de que era a este nivel. Pero aquí, en los fuertes brazos de Edward, todo se me viene encima. Y el asunto es, me doy cuenta, de que solo puede ser Edward. Puedo sentirlo en mi corazón, en lo profundo de mis huesos, que nunca podría sentirme de esta manera con alguien más.

Él es… diferente, en cierta manera. De quién, no sé, pero todavía hay algo que me hace pensar que es diferente a los demás. Hay cierta aspereza en él; es fuerte, sin duda varonil, a veces torpe con sus palabras, completamente desorientado en la cocina, bastante malhablado, tiene un sentido del humor muy sucio, y es un gruñón. Pero al mismo tiempo, también es la persona más cariñosa que he conocido. Es considerado, dulce… a veces, es un niñito perdido, lo que hace que me duela el corazón, aunque creo que a veces yo también soy una niñita perdida. Tendremos que guiarnos el uno al otro y asegurarnos de seguir hablando.

Ciertamente no tenemos todas las respuestas para todo, pero no fingimos tenerlas.

Probablemente la cagaremos en muchas ocasiones, aunque me consuela la fe que tengo en que nunca llegaremos demasiado lejos. Nuestro pasado se asegurará de eso. Por ejemplo, ya sé que nunca nos alejaremos el uno del otro en medio de una pelea. Alejarnos queda fuera de cuestión.

—¿En qué estás pensando? —murmura, dejando suaves besos en mi clavícula. Sus labios dejan un camino, sin abandonar en realidad mi piel hasta que aplica presión en otro beso.

Suspiro contenta y subo mi pierna sobre su cadera. La verdad no puedo recordar cuándo perdimos toda la ropa; solo sucedió en algún momento entre las charlas, besos, charlas y besos.

—En que nunca me alejaré —respondo. Musita y le da a mi cuerpo un firme y largo apretón—. ¿En qué estás pensando?

Levanta la cabeza y me besa el mentón.

—En que me siento jodidamente agradecido —se ríe en voz baja—. Nathan y tú hacen que vivir se sienta… más como vivir. Si es que eso tiene sentido.

Las comisuras de mi boca se curvan en una sonrisa.

—Tiene todo el sentido. —Dándole un empujón juguetón en el pecho, lo pongo de espaldas en un segundo. Sonrío y me siento a horcajadas en sus caderas, disfrutando del brillo en su mirada. Ahora más que nunca Nathan se parece a él.

Edward se sienta y me roba un beso rápido, las cobijas se amontonan a nuestro alrededor.

—Eres tan jodidamente hermosa, ¿lo sabías? —Echo la cabeza hacia atrás cuando murmura más palabras sobre mi cuello—. No puedo creer lo afortunado que soy, ¿sabes? —Me estremezco cuando sus dedos acarician la piel debajo de mi camiseta, cerca de mis caderas—. Podrías tener a cualquiera.

Negando con la cabeza, acuno sus mejillas y le doy un beso húmedo y sensual.

—Solo estoy disponible para ti. —Eso fue lo que él me dijo después de rechazar una cita con la mamá de Martin. Edward solo está disponible para mí, y es lo mismo de mi parte—. Eres el único que me hace sentir de esta manera —admito, un poco jadeante. Con un ligero meno de mis caderas, siento cómo lentamente se endurece debajo de mí.

—Carajo. —Sus dedos se entierran en mis caderas—. Te amo, cariño.

Exhalo un aliento tembloroso y asiento.

—También te amo.

—No. Creo que no lo entiendes —gime en voz baja cuando vuelvo a menear mis caderas. Su polla está dura debajo de mí, despertando deseos que han estado aletargados por mucho tiempo. No fue hasta hace unos meses que empecé a sentir esta necesidad.

Una necesidad por ser algo más que una mamá. Edward, él me hace anhelar ser también una mujer.

—Tú… te adoro, carajo.

Un prolongado estremecimiento se abre camino lentamente a través de mí, prendiéndome fuego en el proceso.

Necesito que Edward entienda que siento lo mismo. Tiene que comprenderlo. No me estoy conformando. Él es…

—Es mutuo, cielo. —Lo miro, frente en frente, nuestras narices también se tocan—. Estoy locamente enamorada —susurro—. Eres mi familia. Nathan y tú.

Expulsando un gemido, nos da la vuelta. Me besa con mucha fuerza, con mucha pasión, profundamente. Al mismo tiempo, finalmente cede y se mueve también. Antes era solo yo, pero ahora…

—Oh, carajo —gimoteo, rodeándolo con mis piernas—. Por favor, Edward. —Arqueo la espalda mientras su polla se frota en mi coño. Mis manos agarran en puños su cabello, e intento jalarlo imposiblemente cerca—. Ne-necesito…

—Dime —susurra con voz ronca—. Maldita sea. —Empuja con más fuerza, enviando sacudidas de pasión a través de mí—. Lo que sea.

Asiento, intento respirar.

—Todo. Te deseo.

—¿Ya? Quiero decir… —Cesa todos sus movimientos y me mira, tiene las cejas fruncidas, las mejillas un poco sonrojadas y los ojos llenos de deseo. Yo le regreso la mirada porque… sí, ya—. Jesucristo. —Usa una mano para tallarse la cara.

—A menos de que pienses que nos estamos precipitando —digo, mordiendo su mandíbula.

Se estremece.

—Soy un hombre, nena. —Oh, estoy consciente—. Precipitando no es una palabra que exista en mi vocabulario. Pero… —gime de nuevo y cambia su peso, aplicando presión en mi coño. Me hace gemir—. No quiero que haya ningún arrepentimiento.

—Nada de arrepentimientos. —Me retuerzo debajo de él y agarro su bóxer—. Por favor. —Esa palabra sale susurrada sobre su garganta, y siento la forma en que traga, con mucha fuerza—. Te amo y… —exhalo un suspiro—. Han pasado años.

Ante eso, me mira y alza una ceja.

Créeme. Sé cómo te sientes, Tinks.

—Entonces… —También alzo una ceja mientras hundo mis dedos debajo de la cintura de sus Calvin Klein negros.

Se ríe un poco y sacude la cabeza.

—No es necesario obligarme. —Bajando la cara, me besa otra vez sin detenerse cuando una de sus manos se mete debajo de mi camiseta—. Carajo, cuántas veces he fantaseado con esto —gime y acaricia mi pecho izquierdo, tocándome hábilmente. Siempre ha sabido lo qué está haciendo. Y Dios, recuerdo sus dedos, cómo es que me llevaban a un orgasmo tras otro. En aquel entonces, cuando tenía diecisiete, lo que le faltaba de resistencia lo compensaba con esos dedos suyos. Aunque ninguno de los dos ha tenido relaciones desde la última vez que estuvimos juntos, así que dudo que su resistencia haya mejorado, demonios, para ninguno de los dos. Solo con esto, con estar tan cerca de él, hace que me estremezca por dentro.

»Me encanta verte con mi ropa puesta —admite… justo cuando le rodeo su gruesa polla con mis dedos—. Maldición. —Embiste sus caderas en mi toque; lo acaricio con firmeza. Se siente cálido, suave y muy pesado en mi mano—. Ya es momento de perder esa camiseta, nena. Necesito verte. —Alza su cuerpo, pero permanece arrodillado entre mis piernas.

Sentándome un poco, me quito la camiseta y la dejo caer al suelo. Y mientras estoy en esta posición aprovecho la oportunidad para bajarle el bóxer a Edward. Cristo, su cuerpo… ha cambiado tanto. Mis dedos trazan sus abdominales definidos, el torso donde está su tinta, su pecho… trago, siento que se me hace agua la boca.

Noto que ambos nos estamos mirando.

—Acuéstate —me indica suavemente.

Lo hago, viendo su mirada vagar por mi cuerpo.

Manteniendo su mirada fija en la mía, jala mi bóxer morado.

Alzo las caderas, estoy segura de que hay algo raro crepitando entre nosotros.

Lo que sea que es, es más pesado que cualquier otra cosa que he sentido en el pasado.

Mis piernas se mueven para que pueda quitarme la tela.

—Jesús —murmura, lanzando mis bragas a algún lugar detrás de él. Definitivamente ya no me está mirando a los ojos. En vez de eso, está mirando mi coño, y solo unos segundos después su pulgar roza sobre mi raja húmeda—. Eres tan sexy. —Me estremezco cuando le añade la más mínima presión. Al mismo tiempo se agarra la polla y la acaricia lentamente.

Me humedezco los labios.

Está demasiado lejos.

—Edward…

Y luego ahí está, cubriendo mi cuerpo con el suyo más grande. Más besos. Caricias ansiosas. Está alineado.

Sus dientes mordisquean mis labios. Primero uno… luego el otro.

—Quiero probarte. Ha pasado… —Menea las caderas y su polla se desliza entre mis labios resbaladizos—. Carajo; mucho tiempo. Déjame hacerlo.

Niego con la cabeza.

—Necesito todo de ti. —Mi respiración se entrecorta—. No me hagas rogarte.

—Nunca. —Es una risita corta lo que sale de él—. Entonces… —exhala temblorosamente, parece nervioso. Por alguna razón. Luego esboza una sonrisa apenada—. ¿Protección?

No puedo evitar sonreír.

Sabe muy bien qué es lo que estoy pensando.

Él también lo está pensando.

Y no puedo resistirme…

—Vaya, Edward Cullen. ¿Estás pidiendo un condón?

Medio divertido, sacude la cabeza. Intenta mirarme enojado, pero fracasa.

—Cierra la boca. —Mi sonrisa crece.

—Te amo.

Eso lo logra. Esos ojos suyos se vuelven suaves, tiernos, dulces.

—También te amo.

Puedo sentirlo.

—Tomo la píldora —susurro. No es que necesitemos hablar sobre enfermedades.

—Oh —musita.

Asiento y lo jalo hacia mí, lo beso hasta que me siento calenturienta.

Estoy muy consciente de todo. Y sensible ante la más mínima de sus caricias. Pero si hay una cosa que sé sobre Edward es que él no es gentil en la cama.

No se equivoquen, estoy dispuesta a apostar que será maravilloso al hacer el amor. Pero él no es cuidadoso. Demonios, yo tampoco lo soy. Creo que la diferencia entre hacer el amor y follar es lo que sientes. No tiene nada que ver con qué tan lento o rápido lo hagas.

—Ya —murmura en el beso. Alineándose otra vez, entra un par de centímetros y se detiene—. Tinks. —Contengo el aliento—. Creo que necesito disculparme por adelantado. —Otros centímetros más.

Me río, sin aliento y excitada y estirada.

»Nada de reírse. —Su voz suena tensa, tiene la cara enterrada en la base de mi cuello. Luego, en un suave movimiento, entra por completo—. Maldición.

No estoy respirando. Otra vez. Debería hacerlo.

Cerrando los ojos con fuerza, me concentro en el placer, el dolor, las emociones.

Como una montaña rusa.

—No, nena —susurra y deja un beso en mi frente—. Mírame.

Abro los ojos y ahí está él.

»Lo quiero todo contigo —dice, tragando. Se sale, luego vuelve a entrar rápidamente. Como sabía, él no lo hace gentil. Una mano agarra con fuerza mi cadera, sus dedos se entierran, y la otra rodea mi cuello. Y su polla… me la da de forma dura, pero lenta. Embestidas largas y profundas. Pero ¿sus ojos? Sus ojos tienen la suavidad—. También eres mi familia.

—Sí —siseo, encontrando cada una de sus embestidas.

Me llena completamente, una y otra vez, en movimientos fluidos.

Sigue hablando con la boca junto a mí oreja.

—Lo sucio, lo jodidamente dulce. Sexo en la mañana, sexo en la ducha, sexo en la cocina… las peleas, las mierdas, las noches de película, las mañanas temprano cuando nos apuramos por todos lados para alistarnos. —Echo la cabeza hacia atrás mientras él me folla con más fuerza—. Siempre me tendrás de tu lado. —Gimo y vuelve a besarme. Ahora baja. Hacia mi pecho… hacia mis tetas—. Cristo. —Empuja su polla en lo más profundo dentro de mí, creando una fricción sobre mi clítoris. Lloriqueo, gimo, jadeo.

Envuelve mi pezón derecho con sus labios, chupándolo en su boca.

Edward. —Cuando su mano se mueve de mi cadera a mi coño, sé que no duraré mucho más. Ningún juguete puede compararse con la jodida cosa real—. Oh, Dios. —Sus dedos siguen haciendo magia—. Más rápido, cielo. —Me satisface.

Mis muslos tiemblan y se tensan, encerrándolo en su posición. Pero él sigue entrando y saliendo de mí.

»No puedo esperar para tenerlo todo —jadeo, quiero las mismas cosas que él quiere. Las locuras, las dificultades, lo dulce, lo sexy.

Permitiéndole a mis manos moverse, siento sus agitados músculos sobre la parte superior de su espalda. Sus omóplatos, sus hombros, su espina… los siento flexionarse con cada embestida.

—Dime —gime en mi pezón.

Elijo la honestidad.

—Chuparte la polla. —Resulta que extraño eso—. Tu cara…

Escupe una maldición y se estrella en mí.

—Sigue.

Grito.

—Recuerdo tu cara… —respiro pesadamente y dejo que mis piernas caigan sobre la cama. Las abro más, facilitándome el poder levantar mis caderas—… cuando-cuando deslizaba mi lengua desde la base de tu polla.

—¡Carajo! —gime—. También lo recuerdo… Dios. Me estás matando.

Más rápido, más duro, más profundo.

—Lo quiero todo —gimoteo—. Lo sucio, lo jodidamente dulce. —Sus palabras lo dijeron todo, así que supuse que podría usarlas.

—Necesito besarte —gruñe, adueñándose otra vez de mi boca. Empuja su lengua dentro de mi boca, y me encuentro con él, empujando de regreso—. Es demasiado bueno, cariño. —Empieza a jadear y a acariciarme con más fuerza. Nuestros labios se rozan, nuestros cuerpos se deslizan—. Ya estoy aquí.

Él me lleva ahí con un meneo de sus caderas. Profundo, tan jodidamente profundo dentro de mí, maldice y se disculpa antes de poder ver el placer apoderándose de él.

Sin embargo, yo también voy cayendo. Cerrando los ojos con fuerza, expulso un gemido entre dientes apretados al correrme con intensidad. No es un orgasmo que dura mucho, sino varias explosiones pequeñas. Los jadeos se escapan entre mis labios entre cada explosión.

Cuando todo termina, todavía siento que estoy en las nubes.

Lentamente vuelvo a abrir los ojos, mi respiración no está ni de cerca regulada, y veo la cara de Edward tan cerca de la mía.

Sus dientes están encajados en su labio inferior, tiene los ojos cerrados, las cejas fruncidas.

—¿Al menos te corriste? —Me mira, abriendo solo un ojo.

Una risa rara y sin aliento se escapa de mí, lo que hace gemir a Edward ya que definitivamente puede sentirla. Ahí abajo.

—¿Acaso no lo notas? —resuello entre carcajadas.

Él inhala en lo que parece ser un estado de alivio.

—Lo siento. —De forma lenta, con una ligera mueca, se sale y colapsa junto a mí—. Me estaba ahogando en mi propio orgasmo, no podía diferenciar nada. —Se ríe entre dientes y se pasa un brazo sobre los ojos—. Creo que tengo que trabajar en mi resistencia.

Oye, duró mucho más de lo que pensé.

—Estuviste perfecto —murmuro, acercándome. Musita y levanta su brazo, y yo pongo la mitad de mi cuerpo sobre el suyo. Mi mentón se apoya en su pecho, que sigue un poco agitado con cada laboriosa respiración—. Eres todo lo que quiero.

Sonríe y al fin se destapa la cara. Sus ojos vuelven a mostrar esa suavidad.

—Probablemente debería llevarte a una cita —suelta de repente. Me río otra vez, porque es muy lindo y tonto—. Detente. —Me entrecierra los ojos, no puede esconder su felicidad—. Eres tú; mi Tinks. Te voy a dar todo eso. —Pone una cara alegre y mira al techo… mientras que yo me siento aturdida por su dulzura—. Jamás en mi vida he ido a una cita. Creo que necesito buscarlo en Google.

—Ya soy tuya, sabes —digo suavemente.

Su sonrisa crece, sus ojos ahora están constantemente brillantes, y me acomoda en su costado. Con sus brazos rodeándome firmemente, una pierna sobre mi cadera, y sus labios besando mi frente.

Necesito ir al baño, pero no quiero. Al menos, no por ahora.

—Va a tardar un tiempo antes de poder hacerme a la idea —susurra, sus dedos juegan con mi cabello—. Dios, te amo, Isabella.

Sintiéndome curiosa y sorprendida, lo miro.

¿Isabella?

Encoge un solo hombro.

—Tu nombre es hermoso. —Besa mi nariz—. Isabella, Bella, Tinks… cariño, nena —gruñe juguetonamente en mi mejilla—. Mi mujer.

Solo sonrío y vuelvo a bajar mi mirada hacia su torso.

Me siento amada, adorada… y más que un poco divertida cuando analizo el tatuaje de Peter Pan. Lo he visto muchas veces, pero lo acabo de entender. Quiero decir… sé que Edward es Peter Pan. Nate es el niño Darling, y yo soy Tinkerbell.

Pero… Peter Pan. De toda la gente.

El niño que no quería crecer.

Sin embargo, nadie ha crecido más que Edward Cullen.

Vivir sería una gran aventura.

Oh, definitivamente estoy lista para seguir adelante con Edward.

Voy con todo, y tengo la sensación de que será una aventura bastante maravillosa.