Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es CaraNo, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is CaraNo, I'm just translating her amazing words.
Thank you CaraNo for giving me the chance to share your story in another language!
Pueden encontrar todas sus historias en su blog, favor de quitar primero los espacios. También compartiré el link directo a su blog en mi perfil de FF.
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Gracias Yani por betear esta historia.
Futuretake: La sopa de curry de Tinks
Canción del capítulo: Good Life de Tyler Ward y Heather Janssen
EPOV
—Bella dijo que en una olla —comenta Em, mirando la sartén que puse en la estufa.
Me encojo de hombros.
—Esta cosa es más grande. —Y va a haber muchas verduras en esta cosa.
—Pero…
—Hagámoslo así —bufo—. ¿Qué tan difícil puede ser?
Famosas últimas palabras, Cullen.
—Um, bien. ¿Qué va primero?
Me rasco el mentón y miro la receta.
—Tenemos que cortar la verdura. —Dos pimientos verdes grandes, ocho zanahorias, media cabeza de repollo o como sea que se llame.
Agarrando un cuchillo para mí y uno para Em, empezamos a cortar parados a cada lado de la isleta de la cocina. Casi me hace desear que estuviéramos mejor en casa en Anchorage, porque nuestra cocina de allá es más grande, pero Tinks necesita descansar, así que elegimos la cabaña.
Pasaremos todos aquí el fin de semana para relajarnos un poco, Tinks, Nate, Emmett, Mary y yo. Jasper, Jada y sus niñas puede que vengan el domingo a cenar, pero nada está decidido. Hay un tremendo resfriado andando por ahí, que es la razón por la que Em está aquí conmigo en la cocina. Mary está en el sofá de la sala, estornudando y tosiendo. Tinks y Nate están igual, aunque afortunadamente el resfriado de Tinks no es tan grave. La razón por la que me ofrecí a hacer esta maldita sopa es porque a ella se le antoja.
¿Antojos del embarazo? Siempre pensé que esos involucraban salir en medio de la noche para comprar mierdas raras, como helado y pepinillos.
Pero todo lo que la esposa come en estos días es la sopa y sus suplementos de hierro.
Es por eso que necesita descansar, el doctor del bebé le dijo que los necesitaba hasta que sus niveles de hierro mejoraran. De otra forma podría volverse anémica. Y sí que estudié medicina en un tiempo. Conozco la importancia de estas mierdas. Tinks debe reposar, y eso es todo.
—Amigo. —Miro las zanahorias que Em está cortando. Las apunto con mi cuchillo—. Tienes que hacerlas más delgadas. Así no es cómo Tinks las corta. —Sus pedazos tienen casi una pulgada de grosor—. Convierte uno de tus cabrones gordos en tres.
—¿Quién te nombró Wolfgang Puck*? —me reclama.
Me río entre dientes.
—¿Quién?
—Olvídalo.
Vuelvo a cortar los pimientos. Más o menos del mismo tamaño que se supone que deben ser las zanahorias.
—Solo digo que Tinks prepara esta sopa cuando estoy enfermo. Es como una regla. —De verdad que lo es. La esposa es extra maternal y dulce cuando Nate y yo nos enfermamos, siempre preocupándose y asegurándose de que estemos bien.
—¡Papi! —grita Nate desde la sala.
—¿Qué sucede, pequeño? —grito en respuesta, dejando a un lado los pimientos. Sigue el repollo.
—¡Tienes que venir rápido! ¡La bebé está pateando a mami!
Sonrío y salgo volando de la cocina.
Bebita es muy tranquila, así que rara vez podemos sentir sus pataditas. Al menos, según Tinks, es tranquila. Dijo que Nathan fue un pateador.
—Déjame sentir. —Rodeo el sofá y me arrodillo frente a Tinks. Mary está medio dormida al otro lado del sofá, y se escucha una boba película de chicas de fondo. Tinks se ríe un poco y se baja las cobijas con las que está tapada, revelando su redondo vientre. Con casi ocho meses, estoy muy seguro de que Tinks nunca se ha visto más preciosa—. Santa mie-ahí está. —Tengo ambas manos extendidas sobre su vientre, debajo de su, o más bien de mi, camiseta, puedo sentir los suaves empujones de nuestra hija. No hay cómo describir esto. Con una sonrisa tonta, alzo la vista para ver la expresión feliz de Tinks—. De verdad lo hace con ganas. —Miro de nuevo su vientre y bajo la cara para besar su piel—. Sé buena con tu mami, Alice —susurro—. Ella es muy importante para nosotros.
—¿Ya es mi turno? —pregunta Nate, gateando sobre las piernas de Tinks. Asiento y le hago espacio, y pronto ambos tenemos recargadas las mejillas en el estómago de Tinks—. No puedo sentirla. —Frunce el ceño.
Guiando su mano al lugar debajo del ombligo de Tinks, murmuro:
—Justo aquí. —Aplico un poco de presión y miro los ojos de Nate iluminarse—. ¿Ya la sientes? —me río un poco.
Asiente y moquea, tiene la nariz roja por su resfriado.
—Ya quiero que esté aquí.
—En seis semanas más, cielo —dice Tinks con suavidad y entrelaza sus dedos por el cabello de Nate—. Seis sábados.
—No es divertido esperar —gruñe.
Me río y beso su frente antes de pararme.
—No puedo discutir eso contigo, amigo. —Inclinándome sobre el cuerpo de la esposa, la vuelvo a tapar con las cobijas—. Te amo. —Le robo un corto beso—. ¿Te puedo traer algo?
Niega con la cabeza y sonríe.
—Nop, estamos muy bien aquí. También te amo.
Los dejo en su pequeño mundo de almohadas, cobijas, mantas, tazas de té y pañuelos.
—Te tardaste mucho —murmura Emmett cuando vuelvo a entrar con él a la cocina.
Sonrío.
—Solo estás celoso.
Lo está. Justo ahora, está esforzándose por convencer a Mary para que lo deje embarazarla.
—Jódete.
—No, gracias —me río—. Oh, ya picaste el repollo. —Asiento, poniéndome las manos en las caderas—. Genial. ¿Qué sigue?
La verdad es que Mary le contó a Tinks que quiere sorprender a Emmett. Ya no está tomando sus anticonceptivos o algo así, pero hay algo que la pone nerviosa. A Tinks le gusta el chisme; a mí no. Así que en realidad no recuerdo exactamente qué fue lo que me dijo, aunque vagamente recuerdo que mencionó algo sobre que las hermanas de Mary habían tenido problemas para embarazarse, de ahí que no quiera darle tanta importancia.
—El caldo de las verduras. —Emmett saca una vaporera—. ¿Qué tanta?
Leo la receta.
—Seis tazas. Yo comenzaré con, um… —Agito la mano hacia la estufa. Hora de freír las verduras. Después de echar diez cucharadas y media de mantequilla sin sal en la sartén, busco entre los gabinetes para encontrar ese maldito curry en polvo—. ¡Cariño! —le grito a Tinks—. ¡¿Dónde está el curry?!
—¡En el gabinete cerca de la estufa! —grita en respuesta.
Te encontré.
—¡Gracias!
—¡Avísame si necesitas ayuda, cielo!
Niego con la cabeza y agarro las tazas medidoras.
—¿Tienes una estufa junto al sofá?
No hay respuesta.
Sonrío. Esa mujer necesita descansar.
—Bien… —suspiro y echo cinco cucharadas de polvo de curry amarillo en la mantequilla que se está derritiendo.
—¿Esto tiene que hervir? —pregunta Emmett, moviendo el caldo.
—Sí. —Creo. Para estar seguro vuelvo a revisar la receta—. Sí. —Después de dejar que el curry y la mantequilla hiervan por unos minutos, le añado las verduras. Y es entonces cuando Nathan entra a la cocina con el cabello despeinado debido a todo un día de dormir y relajarse. Tan jodidamente bonito. Incluso está usando su pijama—. ¿Qué estás haciendo levantado, cielo? —Lo levanto para sentarlo en la encimera—. Deberías estar descansando con mami. —Toco su frente y me alegra que ya no se siente tan caliente. Esta mañana tenía una ligera fiebre.
Ya con siete años, Tinks y yo rara vez podemos mimarlo, pero cuando está enfermo tenemos rienda suelta. Apenas hace dos semanas cumplió los siete años.
—La película de mami y la tía Mary es muy aburrida —murmura y apoya su frente en mi pecho. Me río entre dientes y le beso la cabeza—. ¿Puedo pasear a Taz?
—Lo siento, amigo —murmuro—. Tienes que quedarte adentro, está demasiado frío afuera.
Hace un puchero.
—Ugh. Detesto estar enfermo, papi.
—Lo sé. —Toco su mejilla—. Pero estás mejorando, ¿de acuerdo? —Todo lo que obtengo en respuesta es un encogimiento de hombros, y no puedo culparlo. Siendo niño, no quieres tener que esperar por nada, sin importar si es la llegada de tu hermanita o el siguiente sábado cuando tienes permitido comer dulces. Y hablando de eso… hoy es sábado, no es que mi hijo no esté plenamente consciente, pero tal vez así es cómo puedo animarlo—. Oye… —Topo gentilmente mi frente con la suya—… si prometes no decirle a mami, te daré una barra de chocolate antes de la cena.
Eso lo logra.
Mientras él mordisquea su barra de Hershey, yo me tomo una cerveza con Emmett y hablamos de nada en particular mientras esperamos a que la verdura absorba la mantequilla y el curry.
Aproximadamente quince minutos después, echo la verdura en la vaporera, sin olvidar bajar la llama a fuego lento. Nathan considera que también papi es aburrido cuando cocina, así que lo ayudo a bajarse de la encimera, le limpio el chocolate de la boca y lo envío de regreso a la sala.
—Cada día se parece más y más a ti. —Emmett se ríe entre dientes.
Suspiro contento y me apoyo en la isleta de la cocina, mis ojos están pegados a la figura de Nathan que se va alejando. De verdad que sí se parece más y más a mí.
—Aunque espero que Alice se parezca a Tinks. —Sonrío y le doy un trago a mi cerveza.
Cuando descubrimos que tendríamos una bebita…
Jesucristo.
No mentiré; me puse un poco emocional.
Recuerdo sentir la misma calidez cosquilleando a través de mi cuerpo, muy parecido a lo que sentí cuando me enteré de que Tinks estaba embarazada con Nathan. Solo que esta vez no tuve que alejar esos sentimientos; no tenía que escapar ni empujar. Reconocí cada emoción, las acepté.
~CLO~
Otros veinte minutos y un poco de alboroto por nuestras esposas después, Emmett y yo estamos más que listos para terminar con esta mierda. No es que cocinar sea tan jodidamente horrible, pero en serio nos estamos muriendo de hambre.
—¡Emmett! —grita Tinks mientras yo exprimo un limón en un tazón.
Emmett frunce el ceño.
—¿Otra vez?
Tinks responde en afirmativo, y Em sale de la cocina para atender a Mary, que hace un minuto empezó a ponerse más enferma. O más bien: hace quince minutos. Literal solo salió disparada del sofá y corrió al baño para vomitar.
Pero no quiero pensar en eso cuando la cabaña huele así de jodidamente delicioso.
Justo cuando echo cinco cucharadas de jugo de limón en la sopa, esa sexy esposa mía entra a la cocina. Se ha acostumbrado a usar mi ropa, para deleite de mi polla. Por ejemplo, ahora está usando una pantalonera gris y una camiseta negra. Aunque también se está rodeando el cuerpo con una manta.
—¿Qué le pasa a la gente en estos días? —Le lanzo una sonrisa irónica—. Primero Nate, y ahora tú. ¿Qué acaso es tan jodidamente difícil descansar?
—Eres igual cuando estás enfermo, ¿sabes? —señala y sonríe descarada. Igual que Nate, a Tinks le gusta sentarse en la encimera, e igual que Nate, no puede subirse por su cuenta. No ahora cuando es puro vientre.
—¿Entonces tal vez es algo de los Cullen? —Le guiño antes de dirigirme al refrigerador. Una vez ahí, agarro la crema fresca y otra cerveza para mí. También agarro una botella de jugo multivitamínico para Tinks.
—Gracias. —Sonríe y acepta la botella—. Sí —asiente y se ríe un poco—, está claro que es algo de los Cullen. Nate y yo te culpamos.
—No me sorprende. —Resoplo y reviso la sopa. La receta dice "Es importante que la sopa no esté hirviendo cuando añades la crema fresca" y las palabras están subrayadas como mil veces. Así que asumo que es una regla que se debe seguir.
—Por cierto, ¿cómo está Mary? —pregunto y añado una taza de crema fresca—. Espero que no te contagies. —Frunzo el ceño, preocupado.
—Oh, ya me contagié. —Se burla—. Pero eso fue hace varios meses. En fin —tuerce su cuerpo y abre la pequeña ventana que está sobre el fregadero—, solo vine aquí para abrir esto. Me da la impresión de que Mary lo va a apreciar.
Estoy confundido.
—¿Qué? ¿Aire fresco?
—Síp. —Asiente y gruñe cuando la ayudo a bajarse. Luego se ríe—. Soy una ballena.
—Estás buenísima —le digo con naturalidad. Agachándome, acaricio con la nariz ese lugar detrás de su oreja y susurro—: Y hermosa, preciosa, jodidamente sexy.
—Carajo —gime en voz baja—. Tú y yo más tarde, esposito; tú harás todo el trabajo.
Me río y la veo regresar a la sala.
He aprendido que Tinks se pone muy cachonda cuando está embarazada, pero detesta que no puede moverse como usualmente lo hace. Aunque no me escucharán quejándome.
Mientras espero que Emmett traiga de regreso su culo aquí, me concentro en revolver la sopa para asegurarme de que la crema fresca se disuelva. O se derrita o lo que sea que haga. Luego añado el último ingrediente indicado, que es la pimienta. Poco menos de una cucharada.
Durante los últimos diez minutos lo mantengo a fuego bajo.
La pruebo, añado un poco de sal y pimienta negra. También más o menos una cucharada extra de curry.
Y cuando ya todo está hecho, Emmett decide que quiere regresar.
—Llegaste en el momento perfecto —murmuro con sarcasmo, fingiendo estar enojado con él—. Ya está todo hecho.
—Las mujeres son jodidamente raras —es todo lo que tiene por decir.
—¿Qué?
Sacude la cabeza y le da un trago a su cerveza.
—De repente Mary decidió que ya no le gusta el curry. —Se ve incrédulo—. A ella le encanta el curry, hombre. ¿De qué carajos se trata esto? ¿Eh?
Frunzo las cejas.
Pero sí, entonces lo entiendo, lo que dijo Tinks antes.
Oh, ya me contagié. Pero eso fue hace varios meses.
Supongo que, de hecho, hace unos ocho meses.
—Oh, amigo —me río entre dientes y le doy un apretón a su hombro—. Voy a disfrutar de este pequeño momento mientras ponemos la mesa. Vamos. —Sigo riéndome, lo que confunde todavía más a Emmett.
Estoy feliz por mi amigo; su deseo está a punto de hacerse realidad.
*Wolfgang Johannes Puck es un chef, dueño de restaurantes y empresario de origen austríaco y nacionalidad estadounidense.
