El muchacho en su sala de estar le resultaba vagamente familiar, quizás ese hubiera sido el motivo por el que le ofreció su ayuda. Debía rondar los 16 años, su cabello moreno y sus ojos de un brillante color verde. Pero no había sido eso lo que más le había llamado la atención a Severus, sino aquel gesto en su cara, era una expresión dulce que él había visto en algún lado.
Iba vestido con ropas que habían conocido épocas mejores y sus pómulos demasiado marcados le hacían saber que su alimentación era deficiente; pero el chico vivía en la calle no era algo de lo que sorprenderse.
Esa noche hacía realmente frío y Severus volvía de sus compras cuando lo vio haciendo una especie de cama con cajas de cartón en una esquina de una plaza poco concurrida.
Severus no era un buen samaritano, difícilmente nadie le denominaría así; pero cuando el muchacho sin querer le dio un golpe al romper una de las cajas de cartón, corrió a disculparse y entonces fue cuando una sensación de familiaridad le recorrió.
―Lo siento, señor―se disculpó rápidamente―. No fue mi intención golpearle.
Severus no contestó, solo lo miró, y el chico se quedó quieto, evaluando la reacción que pudiera tener. A falta de ella, se disculpó de nuevo y siguió colocando cajas.
No se veían muchos bártulos al rededor por lo que Severus concluyó que no era su lugar habitual. Quizás llevara poco tiempo en la calle.
―Chico―le llamó y el muchacho se volvió algo temeroso. Severus nunca había sido una persona gentil, y su escasa costumbre a relacionarse con los demás siempre habían hecho que su tono fuera hosco.
―Lo siento de verás, no fue mi intención.
―¿Qué haces aquí?
Los verdes ojos miraron las cajas y un bulto que parecía ser una mochila.
―Eh, nada...―Dio un paso hacia atrás acercándose a ella―. Ya me iba.
―¿Cuánto tiempo llevas en la calle?
El chico recogió su mochila y parecía estar mirando con tristeza su improvisada cama, en ese momento se dio cuenta de lo cansado que parecía.
―Ya me voy, señor―dijo intentando salir del rincón en el que estaba.
―Si duermes hoy en la calle enfermarás―dijo Severus totalmente molesto con la necedad del muchacho, debería buscar un cajero un lugar donde guarecerse mejor que unas cajas de cartón.
―Sí, lo sé, ya me iré.―Estaba claro que no estaba oyendo lo que Severus le decía solo estaba buscando la salida.
Y ese gesto de su boca le resultaba tan familiar ¿le conocía?
―Ven conmigo.―Él mismo se sorprendió ante el ofrecimiento―Nevará pronto, no puedes dormir en la calle.
―No se preocupe.
―Solo una noche, mañana búscate un albergue.
Severus comenzó a andar, su casa realmente estaba cerca y mostró el camino al muchacho de pelo negro, sin perderle ojo le dejó pasar delante. En cuanto llegaron a su casa, ambos se estremecieron por el contraste de temperatura respecto al exterior.
Severus se quitó su abrigo y el chico, aunque reticente al principio, también se lo quitó pero no se separó de su mochila.
Severus anduvo hasta el salón y le pidió que se sentara junto a la estufa de gas.
―Prepararé algo de cenar.
El muchacho lo miró con sus ojos verdes redondos, esa mirada le era tan conocida, pero no conseguía recordar donde la había visto antes.
―No hace falta que me de de comer―dijo, aunque se le veía realmente delgado con mejor luz―. Me calentaré y me iré, le agradezco su amabilidad.
Severus no veía viable esa opción, cenaría y le ofrecería cobijo esa noche. Quizá averiguara porque le resultaba tan familiar.
Desapareció en la cocina y lo dejó en el salón, dudaba que ese muchacho fuera un ladrón nato, y desde luego él no poseía cosas de valor, nada que un muggle pudiera llegar a alcanzar a ver.
Cuando volvió con una bandeja con sopa y estofado de pavo, el joven seguía en la misma posición aunque parecía algo adormilado abrazando su mochila.
El ruido de la vajilla le trajo de vuelta y el olor pareció hacerle salivar pero intentó disimularlo.
Severus tuvo que indicarle que se acercara a la mesa y el muchacho lo miraba, Severus no solía tener invitados y disfrutaba de la soledad por lo que no vio mejor opción que ponerse a comer. El chico le imitó y se limitaron a comer.
Ninguno habló hasta que terminaron.
―¿Quieres más?
―No, muchas gracias.―Pero no hacía falta ser un genio para saber que aquello era falso, aunque no quiso insistir. Probaría más tarde con unos bocadillos.
Se levantó a llevarlo todo a la cocina de nuevo y cuando volvió el muchacho estaba de pie esperándolo.
―Muchas gracias por su amabilidad, pero es mejor que me vaya.
―¿Y morir congelado? No seas estúpido. Vuelve al calor.
Notó como quiso pelear, pero también lo cansado que estaba.
Y se sentó en el sillón al lado del suyo, era realmente un chico guapo, con una buena alimentación y aseo seguro que ganaría, no comprendía como alguien tan educado como él parecía estar en esa situación, y aquello le intrigó.
―¿Cómo te llamas?
―Harry.
―Harry que más.
―Solo Harry―dijo mirando a la estufa.
―Todo el mundo tiene apellido.
―Yo no, solo Harry.―Sus ojos fueron a sus manos y no se movieron de allí.
―¿No tienes familia?
―No.
―¿Amigos?
―No
―Entiendo.―Severus comenzaba a estar realmente asombrado, era claro que ocultaba algo―¿Te has escapado de un orfanato?
―No
―¿Cómo es eso? De algún sitio habrás tenido que salir.
―De una alacena―dijo como para sí mismo.
―¿Qué?
―Nada.
Severus estaba molesto, el tal Harry le estaba tomando el pelo, se habría escapado de algún sitio y no quería confesarlo.
El tiempo pasaba y al parecer no iba a decir nada más.
Pero a pesar de todo, el chico comenzó a mirarlo y podía notar su nerviosismo.
Severus se reclinó hacia atrás y se quedó mirándolo, aquellos ojos le resultaban conocidos y la mueca en sus labios también, solo quería saber de donde, la duda le mataba.
No se dio cuenta de que Harry había soltado la maleta y que se estaba moviendo hasta que lo vio delante de él.
Cuando cayó de rodillas delante de sus piernas fue cuando se percató, era delgado y se coló entre ellas.
Una mano pálida se posó sobre su pantalón acariciando su pierna, y Severus no fue capaz de moverse, no ante aquella suave caricia. Hacía años que no había sido tocado así, tantos que no recordaba el número.
La mano ascendió hacia su entrepierna acariciándola mientras Harry le miraba.
Eso estaba mal, Severus lo sabía, pero la mano seguía frotando su pene sobre la tela del pantalón.
Salió de aquel estado cuando profirió un gemido.
―No, esto no es lo que quiero.
El chico le miró sorprendido, sus ojos iban de su entrepierna a la cara de Severus. Obviamente, no es que no surtiera efecto en su anatomía, es que aquello estaba mal.
―Si me deja ir al baño puedo asearme, llevo varios días sin ducharme, pero estaré listo para usted en unos minutos si me deja.
¿En serio se estaba ofreciendo así? ¿Y en serio estaba Severus obligándose a decirse a sí mismo que aquello estaba mal? La imagen de tener sexo con él era realmente insidiosa en esos momentos en su mente. Y para alguien que hacía años que no tenía ese tipo de contacto, era mucho.
―No tienes que hacer esto, Harry.
Nuevamente ese desconcierto.
―No tengo nada más―dijo algo derrotado el muchacho.―Usted me dio de comer y un techo para dormir, yo no tengo nada más para pagarle que mi cuerpo, si lo quiere.
―No tienes que pagarme nada, es solo un favor.
Se levantó rápidamente asustando un poco al chico.
―Te enseñaré donde dormirás.
Y comenzó a andar sin esperarlo pero al oír los pasos tras él siguió hasta una puerta.
Una habitación con una cama pequeña que realmente nunca había usado.
―Entra.―Y el chico miró la cama.
Severus se fue rápidamente, no quería estar mas tiempo en esa habitación con él, no era un santo y nunca lo había sido. Y que un muchacho joven y hermoso se le ofreciera de ese modo era demasiado para él, no era de piedra. Pero al día siguiente se iría y no tendría que pasar más por eso.
La noche fue complicada, apenas pudo pegar ojos por imágenes demasiado sugerentes de acciones que llevaba sin realizar demasiado tiempo con otra persona.
Solía despertar muy temprano y ese día no sería menos. Aún era de noche pero era complicado perder determinados hábitos. Fue directo a la cocina y cuando encendió la luz se llevó un susto de muerte. El chico que había recogido se encontraba acurrucado en el rincón más estrecho de la cocina, la luz lo despertó y lo miró con una mezcla de miedo y sorpresa como si no fuera a él a quien estuviera viendo.
Rápidamente se puso de pie y Severus vio como su mochila estaba tan bien en el suelo.
Dio una ojeada a la cocina y se percató de lo ordenada y limpia que se encontraba. El olor a detergente le inundó las fosas nasales. ¿Había estado limpiando por la noche?
Harry parecía atemorizado por su reacción lo que le extrañó, si lo hizo sería por complacerle ¿por qué entonces aquella cara de miedo?
―¿Has dormido aquí?―preguntó Severus.
―Solo un rato, pero limpiaré antes de irme el rincón―dijo este mirando el suelo que había ocupado.
―No digas tonterías, ni que fueras un perro lleno de pulgas.―Se dio cuenta de que había errado con sus palabras cuando el niño se encogió más en su sitio.
―¿Tienes hambre?―preguntó intentando sonar más amable.
―No, muchas gracia, señor.―Se encogió a recoger su mochila. Estaba claro que era una completa mentira.
―¿Por qué rechazas la comida cuando es obvio que tienes hambre?―le preguntó directamente.
―Lo siento―dijo abrazando su mochila.
Severus estaba perdiendo la paciencia, nunca es que hubiera tenido mucha en verdad. Pero también estaba cada vez más intrigado. Ese chico parecía mucho más joven ante sus ojos con la luz del día, quizás había errado en sus cálculos y fuera mucho más joven de lo que había pensado, estaba muy asustado.
―Siéntate, prepararé el desayuno.―Harry lo miró dubitativo pero finalmente obedeció.
El olor a bacon y huevos llenó la cocina de un delicioso olor. Severus agradecía que estuviera acostumbrado a no usar magia para cocinar cosas sencillas pues de otro modo hubiera ocasionado un desastre en el desayuno. El chico evitaba su mirada cuando este la interceptaba, pero se sentía observado mientras preparaba las cosas.
Puso un plato y una taza de té delante de Harry. Había colocado una gota de veritaserum en el té del muchacho, lo suficiente para entender de dónde salía ese chico y si podría ayudarlo de alguna forma.
Él mismo comenzó a comer y solo cuando lo hizo Harry se enfocó en él.
―¿Cuánto llevas en la calle?―preguntó al huidizo chiquillo.
―No mucho―dijo este.
―Voy a ayudarte, ¿entiendes?―dejó los cubiertos Severus―. Pero necesito que seas sincero conmigo.
―Sí, señor―dijo Harry serio.
―Mi nombre es Severus, puedes llamarme así.
Harry asintió.
―¿Cuanto llevas en la calle, Harry?―preguntó de nuevo.
―Un mes.―Eso explicaba muchas cosas.
―¿Cuántos años tienes?
―No lo sé.―Era imposible que le pudiera mentir, por lo que era cierto que no lo sabía.
―¿Y dónde vivías antes?―preguntó intentando ir a temas más concretos.
―Con mis tíos―dijo finalmente Harry después de retorcer sus dedos con fuerza.
―¿No decías ayer que no tenías familia?―Ese chico parecía ser un mentiroso.
―Ya no lo son.
―¿Qué pasó con ellos?
―Tío Vernon murió―dijo Harry con los ojos en el plato.
―¿Y tu tía?
Harry se estrujó las manos de nuevo.
―Ella me echó, me dijo que yo ya no tenía familia.
―¿Por qué?
―Ella dice que yo le maté.
―¿Lo hiciste Harry?
―No, no lo sé, él murió cuando estaba dentro de mí. Yo me asusté mucho cuando pasó y la llamé rápidamente. Pero él no se movió más.
Severus tardó en poder seguir hablando, una sensación de asco le ascendía por la garganta, cuando estuvo más calmado, prosiguió.
―¿Tú tío tenía sexo contigo?
Harry asintió.
―¿Tu tía lo sabía?
Volvió a asentir, Severus tenía ganas de vomitar el desayuno.
―¿Alguna vez se lo has contado a alguien?
Harry solo negó, Severus lo miraba sorprendido y asqueado. Dos adultos que debieron cuidarlo al parecer solo abusaron de él.
―¿Has ido a la... policía, Harry?
―No―gimió desesperado lleno de temor―. Yo no lo maté, yo no me moví, como siempre, pero ella no me creyó y me dijo que la policía me encerraría para siempre si iba a hablar con ellos.
Harry estaba al borde de las lágrimas sobrepasado, Severus no sabía qué hacer. Estaba claro que habían atemorizado al chico para que nunca fuera a la policía.
―Harry, aquí estás seguro, no va a pasarte nada―le dijo para tranquilizarlo. Pero el chico seguía asustado.
Severus se levantó y rodeó la mesa hasta que quedó a su lado. Harry lo miraba confuso, su mirada dejaba claro que le tenía miedo, y no le extrañaba, si las personas que debieron cuidarlo abusaron de él, un desconocido no debía inspirarle ninguna confianza.
Pero aún así, hizo algo nada común en él, y le puso una mano en el hombro. Estaba tan delgado que solo tocó huesos debajo de la vieja ropa.
―¿Me va a delatar, señor?―dijo con auténtico miedo pero también con resignación en sus bonitos ojos verdes―.Yo haré lo que usted quiera, seré lo que usted quiera.
De nuevo llevó su mano a su entrepierna, realmente se compadeció de él, no entendía que nadie pudiera ser bueno con él a menos que se ofreciera sexualmente.
Sin querer apretó con fuerza su hombro haciéndole daño, estaba tan irritado, malditos muggles.
―Lo siento, Harry.
―No pasa nada, puede hacerme daño, no haré ruido.
Severus se apartó, aquello era demasiado, Harry le estaba mostrando cuánto podría cualquier persona abusar de él con su propio consentimiento.
Sin poderlo evitar Severus vomitó en el suelo de la cocina.
Recuperando el aliento tras ello, vio como Harry lo miraba triste. Y rápidamente se levantaba de la silla con unas servilletas arrodillándose donde él había vomitado, afanándose por limpiar sus desechos.
―No, no, déjalo―pidió Severus, pero el niño era rápido limpiando, tan pequeño y encogido le recordó a un elfo doméstico.
―Limpiaré esto y me iré, no tiene que volver a verme nunca―dijo con su cabeza baja completamente abatido.
Severus sacó su varita y desapareció su vómito.
Harry lo miraba con los ojos abiertos como platos, como cualquier otro muggle habría reaccionado al ver la magia por primera vez.
Pero lo que no hizo, fue apartarse, se quedó mirándolo sin reaccionar, en shock. Severus le lanzó un hechizo aturdidor y lo levitó hasta la cama que le había dejado la noche antes.
¿Qué iba a hacer con ese chiquillo? No era su responsabilidad, no tenía por qué ocuparse de él, pero verlo tan pequeño y maltratado le hizo recordar su propia infancia.
Lo miró sobre la cama, su rostro parecía sereno por primera vez desde que lo había recogido.
Iba a hacer algo que no había hecho en años, tras la guerra había dejado el mundo mágico, se le absolvió de cualquier cargo como mortífago cuando Dumbledore atestiguó a su favor. Pero no había nada allí para él, se retiró a su antigua casa y emprendió una tranquila vida retirada de todo aquello que le recordaba a su antigua vida.
Aún elaboraba pociones que vendía a boticas de Londres, tanto mágicas como muggles, y con ello se mantenía a sí mismo.
No necesitaba la magia a diario, pero no la había dejado olvidada. Sacó su varita, y susurró un suave "legerements" entrando en los recuerdos de Harry.
El asco que sintió al ver con los ojos del niño todo lo que le había contado, una pequeña alacena; un hombre enorme jadeando sobre él; el dolor en su pequeño cuerpo; un niño rubio pegándole continuamente; una mujer alta y delgada que le miraba con un profundo odio. Escenas borrosas de una vida miserable pero cuando iba a salir de su mente, vio un último recuerdo.
Un grito desesperado, unos enormes ojos verdes en una mujer pelirroja que se colocaba delante de él besándolo, arrullándolo, una luz verde cegadora que impactaba contra él. Avada kedavra. Y oscuridad, una inmensa oscuridad.
Severus estaba completamente en shock, él sabía quién esa ese niño, apartó el cabello desordenado de su frente, una cicatriz en forma de rayo la marcaba.
Había encontrado a Harry Potter, el niño que murió y los salvó a todos.
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Yo no iba a subir esto, yo tengo otros proyectos, pero ellos insisten. Así que aquí están.
Historia intensita, ya os voy avisando y ya os habréis dado cuenta.
