Harry nunca había hablado mucho en su vida, en casa de sus tíos hablar no era bueno, no se hablaban de muchas cosas, pero sobre todo, no se hablaba de Harry. Y por tanto Harry tampoco tenía permitido hablar. Tampoco es que hubiera tenido con quién hacerlo o de qué hacerlo.
Casi no hablaba consigo mismo, porque las cosas que se decía no solían ser muy buenas. Prefería dejar su mente en blanco o en gris, como el techo sucio de su alacena. Un gris donde no existía, donde no estaba allí. Aprendió de muy pequeño que soñar con lo que nunca tendría tampoco era bueno, luego, cuando volvía a la realidad, se sentía mucho peor.
Él no tendría una vida mejor, él nunca saldría de allí, él nunca sería nadie y nadie le querría. Él era nada.
Y ahora, ahora era Harry Potter, un héroe y también un monstruo, pero no como sus tíos le decían. Ahora tenía poder, y tenía a Draco, y Draco le había aceptado a pesar de la vergüenza de su pasado, de los abusos, que ahora sabían que lo eran, incluso a pesar de lo que era ahora y a la gente que había matado.
Draco le quería y se lo decía, se lo decía a cada rato y Harry nunca, nunca, se había sentido tan feliz. No sabía quién era, y quizás esa parte le costara mucho. Pero sí sabía que tenía a Draco, por mal que fueran las cosas tenía a Draco y no necesitaba nada más.
Al menos hasta que recordaba a Severus. Le echaba de menos, pero echaba de menos que lo tratara como a una bomba, o a una copa de cristal. Aún así pensaba mucho en él, le gustaría poder volver a tener a esa familia, a Severus y a Remus, que fueran a verles él y Draco. Que Remus rodara los ojos cuando Draco hablaba y hablaba, verles tomados de la mano como cuando creían que nadie les veía.
Le gustaba esa vida, pero ya no era posible, ellos no le querían como era ahora. Y Harry estaba harto, harto de ser lo que los demás querían, un saco de basura del que aprovecharse, alguien del que tener lástima. Él quería ser igual, aunque fuera distinto.
Sintió los labios de Draco en su frente, le gustaban los labios de Draco en cualquier lugar de su cuerpo, y su magia revoloteaba contenta. Ella también quería a Draco, y a Harry, a Harry lo quería mucho.
—¿Qué quieres cenar?—le preguntó Draco.
Llevaban días en esa casa, para Harry estaba bien, más que bien. Y Draco en ningún momento le había dicho nada de irse de allí, mucho menos de volver a Londres o separarse.
—Lo que tú quieras.
Draco sonrió con aquella sonrisa traviesa que Harry estaba comenzando a conocer bien, y le dio un pequeño mordisco en el cuello.
Harry sabía como hubiera reaccionado en el pasado, se hubiera quedado tan quieto para que Draco hiciera con su cuerpo lo que quisiera que ni si quiera hubiera pestañeado. Pero ya no tenía miedo, ya sabía que Draco nunca le haría daño y que si alguien trataba de hacérselo, Harry tan solo lo mataría.
Era un pensamiento que le daba tanta paz que ni siquiera lo tomó como algo perturbador. Rio encogiendo su cuello ante los bocaditos de Draco, mientras se abrazaba a él. Notaba su respiración en su cuello, sin separarse. Los dientes fueron sustituidos por los labios, suaves, dejando besos en su piel.
La única vez en su vida que Harry había practicado sexo voluntaria y conscientemente había sido con Draco la noche en la que la magia fue liberada de su interior.
Y lo disfrutó tanto, tantísimo que aún soñaba con esa noche.
Sin embargo, desde entonces, ellos no habían vuelto a hacer nada. Esto era lo más cerca que Draco era capaz de llegar a él, y a Harry aunque le gustaba, quería más.
Cuando Draco estaba por separarse, Harry le sujetó por los hombros haciéndole volver a caer sobre su cuerpo. Harry había estado sentado en uno de los sofás, y Draco había estado sentado a su lado. Ahora Harry le tenía tumbado sobre él, y no pesaba en lo absoluto, no era nada parecido a lo que alguna vez sintió con esos cuerpos asquerosos sobre el suyo jadeando y ensuciándolo.
Draco no pesaba, no apretaba, Draco era justo lo que él quería pero veía la duda en sus ojos grises.
—Harry, no sé si debemos hacer esto.
—Yo quiero, yo te quiero.
—Pero...
—Contigo es diferente—dijo Harry besándole—, contigo yo sí quiero.
Harry abrió las piernas dejando a Draco acoplarse entre ellas.
—No quiero hacerte daño—dijo Draco con voz trémula—. No sé qué necesitas o dónde me equivoco.
Harry le besó, tan profundo como Draco le había enseñado, tan necesitado como jamás pensó que él sería capaz de estarlo. Su cuerpo no había sido suyo casi toda su vida, pero ahora que lo era lo quería compartir con Draco.
—Te quiero—le dijo Harry separando sus labios—. Tú nunca me harías daño.
Draco estaba tan serio mirándole, tanto que Harry se asustó, tenía a raya a las volutas de su magia, sabía que Draco les tenía un poco de miedo.
—Yo...—decía Draco con el labio un poco tembloroso—yo también te quiero, y nunca había querido a nadie como te quiero a ti.
Harry sintió como si las nubes su fueran, como si su corazón se abriera. Draco le quería, le abrazaba como si fuera lo más valioso de ese mundo, y él pondría ese mundo a sus pies si Draco se lo pedía.
Esa noche cenaron muy tarde pero se amaron muchas veces, de una forma tan íntima que el labio de Draco volvió a temblar por la emoción, y Harry entendió todo lo que Severus le había explicado una tarde que había parecido haber pasado hacía mil años.
o0o
Draco despertó más tarde a la mañana siguiente, las sábanas aún conservaban el calor y el olor de Harry. Sumergió la cabeza en la almohada solitaria, aspiró y se llenó de su olor, con todo su cuerpo desnudo y bocabajo. Notó su erección rozarse contra las sábanas y las imágenes del día anterior solo la acentuaron aún más.
Había follado con tantos tipos que no sabría decir ni el número ni el nombre, pero lo que ellos habían hecho era otra cosa, una cosa que Draco ni siquiera sabía que existía. Habían hecho el amor, lo habían creado, dado forma y moldeado con sus cuerpos, con sus fluidos y gemidos.
Draco estaba lleno, borracho de amor, y si seguía frotándose contra las sábanas iba a acabar llenando de amor toda la cama.
Se levantó y sonrió, había estado tan temeroso de hacer algo que dañara a Harry, no físicamente, sino algo que le recordara a esos otros, a esos hijos de puta a los que gracias a Merlín se había cargado.
El mero pensamiento bajó su erección de golpe, también se llevó su sonrisa.
Saber que ya no existían le hacían sentir bien, por muy macabro que aquello fuera.
Usó el baño, se lavó la cara y enjuagó su boca, y encontró a Harry en la cocina, con sus gafas un poco empañadas y preparando el desayuno.
Draco dejó que escuchara bien sus pasos, algo le decía siempre que era mejor no asustarle, hacerle saber lo que iba a hacer y si quisiera, darle tiempo para que se apartara. Pero Harry no se apartó, sonrió mientras Draco le abrazaba por detrás colocando su barbilla en su hombro.
Era tan pequeño que Draco podía casi cubrirlo con su cuerpo.
—Buenos días, amor—le besó en el oído.
—Buenos días, amor—le imitó Harry y Draco lo abrazó más fuerte.
—Eso huele francamente bien.—Se separó para evitar atosigarle con su renacida erección, pero no le importaría una bonita sesión de sexo matutino en la cocina.
Harry sonrió tan luminoso que jamás nadie imaginaría lo oscura que era su magia.
Tan brillante como Draco siempre lo había visto.
Después de desayunar y muchos besos después Harry quiso dormir otro rato, Draco temió haberse excedido la noche anterior pero Harry solo negó y se fue sonriendo.
Draco se quedó a solas y cuando sacó el pergamino encantado que había estado llamando desde hacía días sintió como la mañana se oscurecía.
El fragmento era pequeño, con poco espacio para escribir pero con su varita las líneas aparecieron una tras otra en un mensaje que no le gustó nada a Draco.
Pansy le había mandado una lechuza al día siguiente de que llegaran, Harry no se había enterado, creía Draco, porque había dormido muchísimo como si llevara días sin hacerlo.
Que tuvieran comida y dinero era gracias a su amiga, que ella no los hubiera delatado era algo en lo que Draco confiaba.
Pero ella y Severus se habían acabado reuniendo por mediación suya. Pansy trabajaba como Inefable en el Ministerio de Magia, y Severus ahora le estaba haciendo una propuesta. Una en la que Draco no quería ni pensar.
Harry confiaba en él, y Draco estaba confabulando a sus espaldas.
Este capítulo es bonito y es preocupante, veremos que pasa.
Quería comentaros una cosa sobre la reacción de Harry ante el sexo. Yo no soy ninguna experta en temas de abusos, y ni los quiero romantizar ni dar lecciones de nada. Probablemente esté metiendo la pata con el tema, por eso pido perdón a quien le parezca poco posible, poco razonable y sobre todo a la persona que haya pasado por una situación similar.
Esto es un fic y yo no tengo ni idea, lo siento.
Hasta la semana que viene.
Besos
Shimi.
