Draco cada vez creía menos en el plan de Severus, los días pasaban y se sentía cada vez peor en estar ocultándole todo aquello a Harry. Pero las pocas veces que habían salido, la magia de Harry se había manifestado.
Era peligrosa, y le estaban buscando, cada día entendía más el peligro que corrían, pero no solo ellos. ¿Hasta dónde podría llegar Harry? ¿Cuál era el límite de su magia?
Era poco probable que el Ministerio lo dejara estar, quizás ni Azkaban fuera suficiente.
Habían hablado de supresores de magia, habían estudiado el modo en el que esa magia había vivido en Harry, ¿cómo había sido sellada, contenida todos esos años? Las opciones era casi tan peligrosas como el momento en el que Voldemort trató de matarlo, y eso no era lo que ellos querían.
Aún no entendía cómo habían convencido a su padre en todo aquello. Pero estaba claro que mientras más fueran para poder contener a Harry, mejor sería. Pero Draco ya no se fiaba de su padre, y no le pesaba como debería. Le había lanzado una maldición asesina a Harry antes, cuando ni siquiera era capaz de defenderse, había lanzado un avada a Remus.
Sintió los brazos de Harry abrazarle, y el corazón se le congeló. No estaba bien, no estaba bien hacerle eso a Harry.
Era casi tan abominable como lo que le habían hecho en el pasado, quitarle la magia a un mago era uno de los peores crímenes. Y hasta el momento ni siquiera Draco sabía que eso fuera posible. No era un gran estudioso, ese siempre había sido el terrero de Pansy, y de ella había venido la idea.
En el departamento de Misterios había muchas cosas de las que un Inefable no debería hablar, pero también Pansy y las reglas eran dos cosas que raramente iban en la misma frase.
—¿Estás preocupado? No nos encontrarán, y si lo hacen yo me encargaré de ellos—le dijo bajito Harry.
Y ese era el problema, Harry ya entendía cuál era el tamaño de su poder, y que los demás no lo tenían a ese nivel. Habían conseguido comida en un supermercado local con las simples palabras de Harry, solo una palabra.
Pero sus ojos seguían siendo tan inocentes como cuando le conoció, no entendía que aquello no saldría bien, nunca saldría bien.
El papel de Draco era darle tiempo a los otros, y hacer que Harry confiara en él, tratar de convencerle de que era una buena idea, llevarle con él.
Que Draco le quisiera debería ayudar, pero solo se sentía un traidor cada día que pasaba y estaban más cerca.
—No quiero que los mates, Harry, ese tipo de comportamiento no me gusta.
—Lo sé, no mataré a nadie más.
Era como si hubiera regañado a un niño por haber robado unos caramelos en una tienda, no como alguien que hubiera matado de un modo cruel.
—A veces me gustaría que no tuvieras esa magia, que fuéramos como antes.—Aquello había sido el primer paso, uno tentativo.
Harry no había dicho nada, solo le había mirado.
—No quiero que te pase nada, Harry. Y tanta magia es muy peligrosa. No quiero que te atrapen y te hagan algo malo.
—¿Te gustaba más antes?—preguntó Harry neutro.
—Me gustas de todas las formas, pero antes, bueno, antes no teníamos que escondernos.
—Lo siento.
Draco le besó, no le gustaba hacerle eso.
Se sentía mal cada vez que le orillaba a ese estado, y cada día dudaba más de que aquel plan tuviera éxito.
Sin embargo, Draco también había pensado en un plan B, y a veces este pasaba a ser el plan A en su cabeza.
"Toma a Harry y llévatelo lejos, desapareced, no dejes rastros"
Pero aquello casi le daba más miedo que el plan A. Sentirse solo con aquella enorme responsabilidad, contener a Harry el resto de su vida. Solo bastaba un momento para que todo se rompiera en mil pedazos. ¿Pero no sería lo más justo para Harry? Al menos debía preguntarle.
Pero Draco tenía un gran poder de evasión, lo llevaba practicando toda su vida, sin responsabilizarse de nada, sin tomar grandes decisiones. Y en esa burbuja en la que estaban viviendo los dos le facilitaba olvidarse, postergarlo.
A sus 20 años lo único que había hecho para sacar los pies de la línea marcada había sido a raíz de conocer a Harry. Aún así la sensación de que era mucho para él no se iba. Querían que le quitaran esa responsabilidad.
Quería a Harry y sabía que daría lo que fuera por él, pero no se sentía "capaz" y debía serlo. Debía ser un hombre y dejar de ser un chiquillo consentido que manda todo a volar por no enfrentarse abiertamente.
Se avergonzaba un poco del papel que había hecho con los Greengrass, había arruinado el futuro de su familia, su futuro por un berrinche. Sabía que solo con haber cancelado la boda hubiera sido suficiente. Ninguna boda mágica hubiera sido efectiva si él no hubiera querido. Aquella demostración ante sus padres fue una pataleta, una gran pataleta. Llevarse a Harry y proteger a los demás sí había sido lo único honorable que había hecho en su vida. Y ahora ante los ojos verdes e inocentes de Harry se sentía un completo bastardo.
Severus le citaba en tres días, tras la luna llena, y aún no había planteado el asunto.
Aún podían huir, aún podía llevarse a Harry. Y sin embargo, tristemente llegaba a entender el punto de Severus.
"—Le estamos dando la opción de vivir libre, Draco. Con eso nunca lo será, es una magia demasiado grande y peligrosa para que no llame la atención, para que no le devore."
Draco abrazó a Harry y le pidió perdón mentalmente.
—Si pudieras renunciar a esa magia y vivir una vida normal y tranquila conmigo, ¿lo harías?
Harry se había quedado muy quieto en aquel abrazo, Draco le acariciaba los brazos.
—¿Quieres que Severus me la quite?—preguntó Harry.
Draco tomó valor, le separó apenas para que Harry le mirara y asintió.
Si Harry estallaba en ese momento solo lo haría contra él, en cualquier caso dudaba que nadie pudiera hacer algo si Harry no accedía voluntariamente.
—Los aurores no te buscan a ti—dijo Draco—sino a tu magia. Severus no cree que esa magia sea realmente tuya, sino de quién-no-debe-ser… de Voldemort, que la dejó allí dentro cuando te atacó y la protección de tu madre la mantuvo a raya.
Harry le miraba mordiéndose el labio.
—Con ella me siento seguro—confesó Harry.
Draco le besó la frente, lo entendía, no quería pensar cómo se sentiría si le quitaran su propia magia. Ni siquiera sabía que eso pudiera hacerse.
—Han encontrado una manera, un modo de sacarle de ti, de liberarte.
—Ella no me domina, me acompaña.—Las volutas de humo negro rodearon las manos de Harry, como si acariciaran las manos del moreno dándole apoyo.
Draco secretamente les tenía algo de envidia, como si fueran un ente vivo que compitiera con él por el amor de Harry.
Era tan estúpido que trató de rechazar la idea.
—Yo tengo mi magia desde que nací, pero no es ella la que me hace fuerte, soy yo.
Aquello era una verdad muy maquillada.
—¿Qué soy sin ella? Antes de tenerla yo no valía nada.
Aquella afirmación de Harry le mató, había tenido una vida tan difícil que sentía que al quitársela le estaban haciendo algo similar a lo que le hicieron sus familiares.
—Yo me enamoré de ti antes de que la tuvieras—dijo Draco acariciándole la mejilla—. Cuando te vi en casa de Severus me quedé prendado de ti.
—Pero…
—Lo sé, Harry—le interrumpió Draco—, con ella puedes defenderte, pero es tan extrema, que es peligrosa, incluso para ti.
Harry se apartó de Draco, de sus brazos, de sus caricias. Y por primera vez, desde que estaba con él se sintió en peligro cuando todo el cuerpo de Harry fue tomado por el humo.
Draco se mantuvo firme.
—Yo siempre estaré contigo, Harry. Decidas lo que decidas, estaré a tu lado.
Y aquella era la única verdad absoluta que Draco dijo esa tarde.
—Quiero estar solo—pidió Harry.
Draco quería acercarse, estar con él pero se retiró, era lo mínimo que se merecía Harry. Lo que le estaba pidiendo no era fácil, ni siquiera era justo.
Si Harry decidía huir sin él, Draco no podría hacer nada. Los dos lo sabían.
—Recuerda que siempre estaré contigo, decidas lo que decidas, encontraremos el modo.
Pero Harry no parecía oírle, y Draco abandonó la habitación.
La mente de Harry era un remolino de pensamientos, había intuido las intenciones de Draco en las conversaciones de esos últimos días.
Todas giraban sobre un mismo punto, deshacerse de su magia. La expresión de esta de un modo externo había entendido que no era lo habitual.
La magia no se veía, no tomaba forma, no se hacía sin varita. Y desde luego no te hablaba.
No era una voz consciente, no como la suya o la de Draco, ni siquiera como la de su conciencia. Era diferente, pero Harry la entendía.
¿Le dominaba la magia? ¿Tenía voluntad propia?
Harry no lo creía así, no lo sentía así, estaba allí pero no le decía lo que hacer, él había matado a toda esa gente porque él había querido. Lo había deseado tanto que la magia solo hizo lo que él quería.
La sentía por dentro y por fuera, acariciándole. ¿Era en realidad ese Voldemort que había matado a sus padres?
Esa idea iba y venía, no quería tener nada de él, y no podía saber a quién pertenecía aunque el sentimiento de que alguien como él no tendría algo tan extraordinario era fuerte.
Pero ¿y si era suya? Una parte de él siempre dormida, encerrada. Una parte que tenía que entregar para volver a ser aceptado.
Y ser aceptado, por Draco, por Severus y Remus era algo que en el fondo anhelaba. Le había dicho cosas a Severus que le pesaban, él nunca había sabido lo que era tener un padre, pero se lo había dicho. Le había dicho que le quería como un hijo.
Escuchó sus voces, la intensidad de su magia creció.
—Lo siento, no quiero perderlos—le dijo a su magia, a sus volutas oscuras, a sí mismo—. No puedo perderlos.
El humo volvió a su cuerpo, se escondió en su interior, y Harry salió de la habitación.
En el salón estaba Draco, estaba esperándole, mirándole. Su rostro era serio, pero aún así trató de tranquilizarle con una sonrisa.
No podía perderle.
—Lo haré, dejaré que me la quitéis.
¿Darías esa magia si te apartara de todos a los que quieres?
Nos quedan cuatro capítulos.
Besitos.
Shimi.
