Lucius sentía como su cuerpo ardía en todos los puntos en los que se había roto, sus huesos, sus músculos, le dolían los dientes y juraría que le dolía hasta el pelo. Pero por otro lado algo dentro de él se había calmado después de su primera transformación.
—Toma, bebe.—Los oídos le dolieron con solo esas dos palabras. Abrir los ojos no eran una opción, pero notó una mano que le tomaba la nuca y el agua fresca cruzar su garganta.
Le dolía, como si hubiera aullado toda la noche, y se dio cuenta de que eso precisamente era lo que había estado haciendo. Aullarle a la luna, la consciencia de lo que había ocurrido la noche anterior llegó en tropel como el agua que Lupin le estaba haciendo beber.
Todos se habían marchado de Malfoy Manor, incluso los elfos habían desaparecido. Solo ellos dos, y Lucius odió aún más a Lupin por haberle obligado a eso cada noche de luna llena del resto de su vida.
Pero el odio se convirtió en un dolor atroz, su cuerpo cambiando y saber que eso ocurriría una y otra vez sería material para sus pesadillas.
—No luches.—La voz de Lupin había dejado de ser humana para ser completamente bestial. Pero era tan apremiante y tiraba tanto de él que tuvo que obedecer, dejando de luchar. Dejándose morir prácticamente.
Cuando abrió sus ojos de nuevo, ya no eran humanos, ni tampoco los de Lupin que se erigía sobre él como un inmenso lobo de color pardo. Instintivamente Lucius, o el lobo que era Lucius le enseñó los colmillos con un gruñido bajo.
Los caninos del lobo delante de él eran enormes, y la saliva escurría por él cuando gruñía paralizando a Lucius. La primera dentellada en su cuello hizo gimotear a Lucius como a un perro apaleado.
Lupin lo marcó y revolvió contra el suelo de sus jardines como a un muñeco, y Lucius acabó bocarriba en un claro gesto de sumisión.
Si su parte humana fuera más fuerte, hubiera luchado, estaba seguro, pero la parte lobuna era la que primaba en esa noche. Y esa parte se doblegaba al lobo de Lupin, mucho más fuerte que él.
Finalmente su cuello fue liberado por la fauces de Lupin, pero su lado lobuno le dijo que no se moviera y con el hocico el lobo pardo olisqueó su zona abdominal y genital, hasta que pareció satisfecho y se retiró de su cuerpo.
El mundo sobre cuatro patas era diferente, Lucius lo comprobó, olisqueando el ambiente, eran tantos los olores que todos le llamaban, pero esperó en un segundo plano. La vida como lobo al parecer era mucho más sencilla, y una parte de Lucius, del verdadero Lucius se liberó, esa que le hacía siempre tener que estar por encima, sobre las expectativas, y no sobre sus deseos, esa que le había arrancando tantas cosas, como el amor de Severus.
Siendo un lobo nada de eso importaba, ni siquiera que Lupin fuera el líder de ese grupo de dos y Lucius no se moviera y saliera corriendo en la noche hasta que Lupin comenzó a correr invitándole a seguirle.
Lucius Malfoy fue libre por primera vez en su vida.
Pero la libertad de unas pocas horas era cara, muy cara, destrozaba su cuerpo, y ahora tenía a Lupin sobre él creyendo que como hombre tenía algún poder sobre él.
Una vez hubo bebido todo el contenido de la botella de agua, se apartó lo más dignamente que pudo de Lupin, ambos desnudos, ambos sucios de tierra y sangre. La sangre de los pequeños animales que habían cazado aquella noche.
Ambos se miraron, nunca serían amigos, difícilmente se tolerarían, pero ese hombre le había salvado de su propia maldición la noche anterior, le había sujetado para que no se automutilara con sus garras. Había corrido a su lado y le había enseñado cosas que solo se aprendían con el ejemplo.
Le seguía odiando por lo que le había hecho, pero él tampoco había jugado limpio, lo reconocía por primera vez.
El silencio le pareció suficiente muestra de gratitud, y horas después ambos tomaron caminos separados.
Esa noche, cuando Phil volvió, y le entregó su cuerpo abriéndose a sí mismo, Lucius lo montó de un modo casi salvaje, su nuca perlada de sudor brillaba llamativa, y casi no pudo evitar modérale en la zona, como Lupin le había hecho a él.
Pero en el último momento retrocedió y solo le dejó una lamida, no, no quería a Phil como compañero en sus lunas llenas, no aunque el joven hubiera estado gustoso de acompañarle. No merecía aquello, y no era en él en quien pensaba, sino en un hombre de pelo negro y mirada oscura que seguramente estuviera en una posición muy similar con otro hombre sobre él.
Tres días después las protecciones de Malfoy Manor crepitaron cuando reconoció a uno de sus miembros entrando por la puerta principal.
A su lado, pequeño y de apariencia inocente iba Harry, ambos de la mano. Solo una pareja de jóvenes enamorados, pero ninguno de los presentes dejaba de sentir sus varitas preparas para defenderse.
Severus era el único que se mostraba más relajado ofreciéndoles un gesto de bienvenida.
—Me alegro de verte, Harry—le dijo con total sinceridad.
—Yo también, siento lo que hice.—Su voz era la misma de siempre, su mirada verde y sincera hizo que Severus se adelantara ofreciendo sus brazos.
Harry soltó la mano de Draco y enterró su cara en el pecho de Severus. Este le envolvió sintiendo por primera vez que aquello podría salir bien, que podría ayudar a Harry y liberarle de toda esa magia oscura.
Los demás miraban el abrazo sin bajar la guardia, solo Remus se acercó hasta Harry para una vez fuera de los brazos de Severus, acariciarle el cabello como había hecho muchas veces cuando había sido su único alumno.
Pero la mirada de Harry no era la misma cuando cambió de ese hombre al resto de los que allí estaban, al resto los miró con un rastro de temor y odio, especialmente a Lucius.
—¿Estás de acuerdo con lo que vamos a hacer esta noche, Harry?—volvió a llamar su atención Severus.
Harry volvió su mirada hacia Draco, Harry no quería perder su magia, pero sobre todo no quería perder a Draco y a Severus.
—Sí, estoy de acuerdo.
El gesto de Severus, serio por naturaleza con Harry adquiría nuevas facetas, acarició su hombro apretándolo con suavidad, y la seriedad y preocupación se unieron.
Lo había estudiado, lo habían repasado una y otra vez, lo que iban a hacerle a Harry era un crimen, uno que ni siquiera sabían podía hacerse y por eso estaba tan oculto en el departamento de Misterios.
Iban a arrancarle aquella magia, convirtiéndolo, ahora sí no en un squib, ni siquiera en un muggle, en un ser mágico privado de su magia para siempre.
Ojalá Severus hubiera encontrado otra forma, ojalá no tuviera al Ministerio a dos pasos de llegar hasta Harry. Sabían que el rastro les había llevado ya a Edimburgo y que no necesitarían muchas horas para llegar hasta allí.
—¿Estás preparado?—fue Draco el que le habló a Harry, el que tenía tal duda en su voz que Severus temía que agarrara a Harry y se desapareciera con él.
—Sí, estoy preparado.
Severus levantó su varita por primera vez en esa noche, apuntando sobre el pecho de Harry y susurrando una retahíla de palabras dichas tan bajo que nadie fue capaz de escucharlas, Harry cayó inconsciente siendo sujetado por Remus para no caer al suelo.
—Es mejor que no esté consciente, creo que no va a ser indoloro.
El rostro de Draco se contrajo en una mueca de culpabilidad, no estaba bien lo que le estaban haciendo a Harry, no estaba bien aunque fuera lo mejor para él.
Siento que esta historia lleva un tanto estancada en este momento, que se ha alargado mucho hasta llegar aquí.
Es el ritmo que me ha marcado, no sé si una lectura continuada lo haga más dinámico. En fin, a veces las historias son rápidas y otras, lentas, muy lentas.
Una buena noticia es que quedan 3 capítulos, y con suerte acabamos la semana que viene con ella. Lo que significan dos capítulos semanales.
Me encantan los sprint de los últimos capítulos.
Espero que me acompañéis.
Besitos.
Shimi.
