El cuerpo de Harry reposaba sobre el suelo de la Biblioteca de Malfoy Manor, rodeado de un círculo de runas mágicas. En un segundo círculo más grande estaban todos ellos apuntándole a Harry.
Pansy llevaba con ella el pergamino, de un fuerte aspecto quebradizo pero que emitía algo completamente malvado en él.
Necesitaban magia oscura para arrebatarle la magia a un ser mágico.
La joven bruja miró al resto, y estos asintieron. Comenzó a recitar las palabras en una lengua muerta y olvidada, lo que provocó que un hechizo recorriera las varitas adelantadas de Draco, Severus, Remus, Narcisa, Bill, Phil y Lucius en ese orden. Siete varitas unidas formando una estrella de siete puntas sobre Harry.
Este se elevó en el círculo de runas, suspendido en el aire, mientras Pansy no dejaba de recitar el hechizo.
El rostro de Harry estaba sereno y Draco solo deseaba que no sufriera, que de verdad no estuviera sufriendo.
Pansy repitió una y otra vez el hechizo, algo no estaba yendo bien, solo tendría que haberlo repetido siete veces, pero algo que la chica estaba esperando que sucediera no ocurría, lo hizo una segunda vez, y una tercera. El hechizo no era algo que tuviera coste cero, a todos los estaba drenando, y Draco sentía como cada vez le costaba más mantener la postura.
Vio el rostro de su madre, los dientes apretados de Severus, el sudor atravesando la frente de su padre.
Y entonces sucedió, las llamas negras envolvieron a Harry, por un momento Draco pensó que le estaban protegiendo, pero en realidad se estaban agarrando a Harry, como si fueran un ser vivo que no quisiera soltarse antes de caer a un precipicio y su anclaje era Harry.
Se revolvían, pero nunca les atacó, parecían querer volver al pecho de Harry, a su interior pero el hechizo que Pansy recitaba habían creado un sello que no se lo permitía.
Draco miró el rostro de Harry y vio como una solitaria lágrima se arrastraba desde la comisura del ojo por su mejilla cruzando su oreja hasta impactar contra el suelo.
Después las llamas desaparecieron, se extinguieron y el pergamino con el hechizo que Pansy portaba se desintegró.
Draco pudo sentir una pena profunda, una que no sabía cuánta era suya y cuánta de haberle arrancado la magia a un mago.
No, el coste nunca iba a ser cero para ellos.
Retiraron sus varitas de Harry a la orden de Pansy, haciendo que el joven descendiera suavemente de nuevo al suelo.
Draco no esperó más y se acercó a Harry, limpió los restos de lágrimas de sus ojos y comprobó que seguía respirando.
Severus y Remus se acercaron también a Harry, poco a poco este fue volviendo a despertar. Le habían retirado sus gafas, y no había impedimento para ver sus ojos brillantes, llenos de una pena muda.
Las lágrimas que habían caído inconscientemente ahora rodaban libremente, Draco le abrazó mientras Harry se rompía por la pérdida.
Remus pasó un brazo por lo hombros de Severus, y este descansó sobre su pareja, conteniendo sus propias emociones.
Solo ellos escucharon el lamento de Harry.
—Estoy solo, estoy completamente solo.
Pero sobre los demás caía la tristeza del momento.
Un sonoro plof restalló en el silencio del momento, un elfo de la mansión apareció con el rostro constreñido.
—Mi señor, los aurores quieren entrar.
La mansión Malfoy no tenía la magia que había poseído antes de que Harry destruyera sus protecciones, pero irrumpir en una propiedad privada mágica era un delito, y además muy difícil.
Draco aún tenía protegido en sus brazos a Harry, pero los demás comenzaron a moverse rápidamente eliminando el rastro de lo que habían estado haciendo.
Las runas fueron borradas, los muebles colocados con un simple golpe de varita, y todos aparentaron una calma que ninguno tenía.
El matrimonio Malfoy, tan acostumbrado a interpretar el papel de amada pareja se unieron antes de que la puerta de la Biblioteca fuera abierta.
Un escuadrón de aurores con Kingsley Shacklebolt
a la cabeza entraron con sus varitas preparadas para usarlas si era necesario.
—Señor Malfoy, sentimos entrar de este modo, ¿hay alguien más en la mansión?
Lucius dio un paso al frente, y todos pudieron ver la mano de Narcisa agarrada a su brazo como una garra. Nadie, absolutamente nadie se fiaba de lo que podría llegar a hacer Lucius en ese momento, con juramento inquebrantable o no.
—Solo nosotros, auror Shacklebolt.
Hemos seguido un rastro de magia sospechosa y se pierde justo aquí, tenemos una orden del Ministro para hacer un registro.—El auror desplegó un largo pergamino que tocó el suelo donde se veía el sello del Ministro, la mandíbula de Lucius se tensó. En Malfoy Manor había más cosas que Harry de las que Lucius no quería que el Ministerio tuviera conocimiento. Pero no pudo hacer nada más que asentir.
Shacklebolt alzó su varita sobre su cabeza trazando un arco en forma de hoja de roble, y pasó por cada uno de ellos. Era un hechizo de rastreo que comparaba los retos de la magia encontrada en las escenas de los crímenes con las de los allí presente.
Uno a uno, la huella no coincidía, hasta que llegó a uno de los más jóvenes que parecía un pajarito asustado. El gesto de Shacklebolt cambió, no había el más mínimo rastro de magia en él, un muggle rodeado de sangre puras, aquello era sospechoso, pero había algo en el muchacho que le resultaba familiar, y no podía decir qué era.
Harry no le miraba, pero el auror le habló directamente.
—Joven, ¿cuál es su nombre?—le preguntó Shacklebolt, pero Harry que aún no había recuperado sus gafas ni siquiera le miró.
—Es mi hijo, Harry Lupin—aclaró Remus.
—¿Su hijo es muggle?—preguntó Shacklebolt poco convencido.
—Es squib.
Aquello era incluso más extraño, sabía lo que ocurría con los squib en ese tipo de familias, que los Malfoy albergaran a uno en su casa no le daba buena espina.
—¿Es eso verdad, Harry?
Fue la primera vez que Harry levantó su rostro y asintió, y el auror vio el claro gesto de protección del heredero de los Malfoy.
—Es mi pareja—repuso este con el mentón alzado en signo de orgullo y de desafío.
Quizás la escena que habían interrumpido era tensa debido a aquello, pero no explicaba porque el rastro de magia oscura les había llevado hasta allí.
—Id a hacer el registro—le dijo Shacklebolt a su equipo, él se quedaría allí registrando las reacciones de aquella peculiar reunión.
Magia oscura y dos ex mortífagos exculpados eran demasiadas casualidades, sin embargo algo comenzaba a tener sentido en toda aquella historia del rapto de su heredero.
Una familia de sangre puras con un único heredero enlazados con un squib, aquello era motivo para que guerras más cruentas se hubieran desarrollado en le pasado.
A Shacklebolt le gustaban tanto los Malfoy como al resto, poco o nada. Y guardándose profesionalmente una mueca de satisfacción, se alegró de que aquella familia tan orgullosa, prejuicios y asquerosamente rica sufriera algo así, Karma creía que le llamaban en el hinduismo.
Después de un largo registro, sus compañeros volvieron, se lamentó que la orden solo fuera para la persecución de aquel mago o bruja oscuros, la Mansión Malfoy era una mina de cosas prohibidas.
Pero no sería en aquel día, sin embargo un aviso apareció en uno de los documentos mágicos que llevaba encima.
Aquello solo se ponía cada vez más interesante.
Miró a Lucius Malfoy.
—Gracias por su colaboración, señor Malfoy, confirman que no han visto a nadie más acercarse a la propiedad, ¿cierto?—dijo apuntando con un vuelapluma las declaraciones de las nueve personas presentes.
—Solo ustedes—dejando claro el desagrado que le producía el registro a su propiedad.
Antes de irse Shacklebolt se giró, y le tendió un trozo de pergamino ministerial. Era una citación para que se presentara en el departamento de control de criaturas mágicas, Lucius Malfoy había sido acusado de licantropía, y debía pasar un control para esclarecer esa denuncia.
El rostro del patriarca Malfoy se transformó, y Shacklebolt pensó que el karma las devolvía todas juntas.
Mis planes de ayer han cambiado, lo voy a publicar todo esta semana, porque ya lo tengo listo.
Así que sí que va a ser todo un maratón.
Mañana más.
Besos.
Shimi.
