La marcha de su padre tras la visita de los aurores había supuesto varias cosas para Draco, la primera, una larga conversación.
Su padre le había legado todos sus títulos, todas las posesiones salvo una casa ilocalizable de la que ni Draco y ni su madre tenían constancia, y una dieta vitalicia que no supondría la más mínima diferencia para el patrimonio Malfoy.
La segunda, la ingente cantidad de asuntos que manejaba su padre le había hecho mirarlo de otro modo, era demasiado para una única persona.
Era demasiado para él, y desde que se había marchado solo unas horas antes de la medianoche, Draco pasaba encerrado en el que ahora era su despacho la mayoría de las horas.
Había hecho colocar unos sofás cómodos para Harry dentro de él, el moreno se pasaba las horas mirando por la ventana, en un silencio absoluto.
Si Draco no lo hubiera sacado de su habitación, aún seguiría allí mirando solo por la ventana. En realidad no miraba nada, tenía la vista perdida en su propios pensamientos, pero Draco necesitaba estar junto a él, mirarle cada rato, acercarse y darle un beso en la frente, acariciarle el pelo.
Cuando era capaz de alzar los ojos de los cientos de pergaminos acumulados, se perdía en su perfil, un squib era un eufemismo para lo que le habían hecho, pero tal y como le prometió Draco estaría a su lado. Salvo que Harry no lo quisiera más, pero aún ni siquiera quería pensar en aquello.
Volvió a los contratos que los Malfoy tenían en medio mundo y a lo último que su padre le dijo antes de marcharse.
—Es un legado tan grande que no merece morir en nuestras manos, pero ahora es responsabilidad tuya. Haz lo que creas conveniente, destrúyelo o hazlo crecer, yo ya soy libre de él.
Y por primera vez entendió mínimamente a su padre, no estaba de acuerdo con sus métodos, pero aquello era demasiado para una sola persona generación tras generación.
¿Qué iba a hacer? ¿Qué iba a hacer con su vida y con la de Harry? Solo era un niño que se creyó muy mayor, y ahora quería que su padre volviera y se hiciera cargo, pero no era posible.
Su madre no tardó también en irse, nunca esperó que abandonara la mansión, pero al parecer ella había sido tan prisionera como su propio padre.
Se había ido con Bill Weasley, la huída de su marido la dejaba en una posición muy desventajosa, iban a comérsela en las comidillas de su grupo social. Y ella encontró otro tipo de libertad, de la mano de un hombre mucho más joven y mucho más pobre que ella.
De ser él el que iba a marcharse se había quedado encerrado en una de sus mayores pesadillas.
Se levantó estirando las piernas, los brazos y el cuello tras horas de concentración.
Harry miraba al exterior, con su piernas dobladas y agarradas por sus propios brazos.
—¿Quieres que bajemos a pasear?—le propuso sabiendo la respuesta de antemano.
Harry negó con la cabeza, y Draco se sentó a su lado. Con un brazo lo acercó a sí mismo y los brazos de Harry cambiaron de sus piernas al tronco de Draco.
Enterrando su cara en el pecho de Draco, este posó sus labios sobre la coronilla de Harry, dándole suaves besos.
Esos eran sus días desde hacía semanas, y solo esperaba que algún día Harry fuera capaz de salir de ese estado, Draco haría lo que el moreno quisiera para ayudarle.
Por las tardes, Severus aparecía por la chimenea, y entonces él se quedaba con Harry. Leía, hablaba, le envolvía en sus propios brazos y le acompañaba del único modo en el que en esos momentos aceptaba Harry.
Draco, como nuevo cabeza de familia de los Malfoy no fue invitado a ninguno de los actos a los que solía asistir. El rumor de la licantropía de Lucius, de la huída de este para escapar del Ministerio, y del abandono de su mujer para irse con un hombre más joven. Y de que el nuevo Señor Malfoy no solo estaba con un hombre sino que además este era un squib, los habían enterrado en el barro.
Salvo que el Ministerio aún dependía de muchos de los negocios que manejaban los Malfoy, se rio cuando se dio cuenta de la de gente que su padre tenía atados por los huevos.
Había vuelto de una de esas reuniones, en la que nadie se atrevió a decir nada sobre sus padres, había demasiado dinero en juego. Y su parte jugadora y tocapelotas tiró hacia sí, y se había ganado la primera invitación a una cena dos meses después de hacerse cargo de todo.
Buscó a Harry al que le contaba todo, no quería el más mínimo secreto entre ambos. Habían habido demasiados.
No lo encontró en su despacho, tampoco en uno de los salones favoritos de su madre donde solía pasar tiempo con Severus.
Y se asustó de verdad, hasta que a través de una ventana lo vio en el jardín junto a uno de los elfos de la casa.
Draco salió corriendo hasta que vio como Harry estaba hablando, después de dos meses, era la primera vez que le oía decir algo más que monosílabos.
En cuanto el elfo le vio, comenzó a estrujarse las orejas con las manos.
—Lo siento, señor Malfoy, Dobby irá a plancharse los dedos.
Harry miró al elfo sorprendido y luego a Draco.
—No pasa nada, Dobby, solo ve dentro, quiero hablar con Harry.
El elfo se desapareció con un sonoro plof.
—¿Quieres dar un paseo?—ofreció Draco, pensando que Harry diría que no. Pero asintió.
—¿De qué estabas hablando con el elfo?
—¿Por qué quería plancharse los dedos?—contestó Harry sin responder a su pregunta.
—Cuando un elfo doméstico hace algo indebido suele recibir un castigo por parte de su amo, muchas veces su sentido del deber es tan alto que ellos mismo piensan que deben autocastigarse.
—Tú nunca castigarás a Dobby.
No fue una sugerencia, era una orden. Una orden de Harry, y Draco se sorprendió.
—Nunca lo he hecho, y no lo voy a hacer, ni a él ni a ningún otro elfo.
Harry pareció satisfecho, y le agarró la mano voluntariamente mientras caminaban.
Ese fue el primer día, Draco sentía que algo había cambiado ese día, pero si Harry no lo quería decir, él no insistiría, solo se alegraba de haber cambiado de fase.
Los avances siguieron con Severus, haciendo que Draco sintiera aprensión cuando Harry una noche le anunció que al día siguiente sería él el que iría a la Hilandera.
Severus le había pedido a Harry que le ayudara un poco con sus pociones, Draco no sabía que aquello era de las cosas que más le habían gustado a Harry cuando había vivido con el hombre.
No tenían que ser dos siameses, pero que Harry se fuera de la mansión por primera vez, no le dejó concentrarse por horas.
Pero cuando volvió comprobó que el reencuentro era emocionante, Harry contaba lo que había hecho, y Draco le escuchaba abrazándole.
No era el mismo Harry que Draco conoció pero era un nuevo Harry que Draco estaba disfrutando en conocer, amar y respetar.
¿Creéis que Harry y Hermione se conocerán en algún momento?
Hasta mañana.
Besos
Shimi
