Dientes. A Scorpius le estaban saliendo los dientes. Su madre ya le había avisado de que empezaba una etapa llena de llantos, pero a Draco le había costado creerlo porque su bebé había sido increíblemente bueno desde que nació. Los medimagos no eran partidarios de usar magia o pociones en los bebés, porque su núcleo mágico estaba en formación y ya estaban bastante expuestos a la magia en su día a día, los que venían de familias mágicas, claro.
Estaba desesperado, su maravilloso bebé de casi cinco meses había pasado a convertirse en un monstruo babeante y llorón. Entonces, cuan hada madrina, su tía Andrómeda llegó con la solución.
— Te daré los datos de la pediatra de Teddy. Es medimaga y estudió también en la universidad muggle, te aseguro que une lo mejor de los dos mundos. Ella nos ha ayudado mucho para tratar los pequeños síntomas de licantropía que han aparecido al crecer —le dijo más bajo, evitando que Narcisa les escuchara.
Su madre no dijo nada, aunque la mueca que hizo antes de llevarse la taza de té a los labios le dejó clara su opinión sobre que una mujer con formación muggle se acercara a su nieto. Y eso le dio más ganas de conocer a esa doctora.
No fue fácil, por lo visto la doctora Sherl atendía en su consulta también a niños muggles y era la pediatra de moda en Londres. Consiguió un hueco suplicando un poco y enarbolando el nombre de su tía, jugando con el conocimiento de que Andrómeda era una de las primeras brujas que había confiado en Carol Sherl.
— Tíooooooo. —Se abalanzó sobre él un pequeño con el pelo lila nada más entrar a la sala de espera— Hola Scorpius.
Teddy desplazó rápidamente su atención al bebé, al que empezó a hacer muecas para que riera.
Al levantar la mirada de la escena entre los dos pequeños, se encontró con que el acompañante de su sobrino era Potter, que se estaba poniendo en pie con una sonrisa.
— Malfoy. —Le tendió la mano con cordialidad— Ted, deja a tu tío sentarse y luego sigues jugando con Scorpius.
El niño se sentó obediente y tendió sus brazos para coger al pequeño. Draco sacó a Scorpius con habilidad de la mochila mágica en la que lo llevaba al pecho y lo dejó al cargo de su sobrino, acostumbrado a cuidarlo cuando estaban juntos. Aún así, Potter y él no despegaron los ojos de la pareja mientras se sentaban uno a cada lado.
Permanecieron unos minutos en silencio, viendo a Teddy cambiar sus ojos y su pelo de color para llamar la atención del pequeño. Al ver que Scorpius quería moverse más de lo que los delgados brazos de Teddy le permitían, su padre hizo ademán de ir a cogerlo. Harry movió levemente la cabeza, señalando a una pequeña zona acolchada en el suelo.
— Pueden jugar ahí, si quieres. Está protegido, Scorpius no se hará daño.
Draco asintió, tomando él mismo a Scorpius y dejándolo tumbado en la zona acolchada, mientras Teddy se sentaba frente a él y lo cogía de las manitas.
Los dos adultos se sentaron en silencio, viendo a los niños reír y dar palmas juntos.
—¿Cómo lo llevas? —preguntó Harry bajito— Andrómeda me dijo que Scorpius no te deja dormir.
Draco suspiró. Su relación con Potter era cordial, solían encontrarse con cierta frecuencia a causa del trabajo de Astoria y de su relación con su tía y Teddy. Pero no habían hablado directamente desde el funeral de su mujer. Aquel día, Harry se había acercado muy compungido y le había dado el primer y único abrazo de su historia. Seguramente no era por él, sino porque Harry había tenido una relación muy cercana a Tori desde que ella se había integrado en su grupito en la escuela.
— Espero que la doctora Sherl nos ayude.
Harry asintió. Mirando de nuevo a los niños sobre la alfombra.
— Es buena. Ella fue la que descubrió que Teddy había heredado algunas características licántropas. —Se rascó el cuello con preocupación— Aún siguen saliendo cosas, ahora está como Scorpius, tiene dolores en la boca.
Draco apreció la preocupación por su ahijado en la cara de Potter.
— ¿Le ocurre algo a mi tía? —preguntó, cambiando de tema.
Sorprendentemente, Harry se ruborizó.
— Andrómeda insiste en que acompañe yo a Teddy. Creo que tiene la sensación de que Carol y yo seríamos compatibles.
No pudo evitar reír. Era muy del estilo de Andrómeda intentar emparejar a los solteros a su alrededor.
— ¿Y lo sois? —preguntó guasón—, parece que os conocéis bastante.
Potter negó con la cabeza, sin perder el sonrojo.
— Colaboramos mucho, suelo recomendarla a los padres muggles de nuestro programa de adaptación. Y trata también a los niños del Refugio. Pero no, no me interesa en ese aspecto.
Draco guardó silencio un rato. Potter le intrigaba. Había rechazado honores, la entrada directamente al cuerpo de aurores y un puesto de trabajo en la escuela. Lo había visto estudiar en su octavo año, siempre protegido por su círculo de amigos. Y seguido la pista después a través de Astoria y de su tía.
Se había dedicado en cuerpo y alma a ayudar a niños. Estando aún en la escuela había creado una fundación en la que ayudaban a víctimas de la guerra, sobre todo niños. Astoria había participado muy activamente en sacar aquel proyecto adelante, igual que luego le había ayudado en la creación de un programa para ayudar a los magos nacidos de muggles a integrarse en el mundo mágico. Había estudiado en la universidad muggle algo llamado trabajo social y le habían contado que ahora estaba acabando la carrera de psicomago.
Era una persona tranquila y discreta, que había conseguido que la prensa y el mundo mágico le dejaran en paz a base de ignorarlos y ser protegido férreamente por su entorno. Siempre que se lo cruzaba era amable y pronto para la sonrisa. Y estaba rodeado de niños, tenía un don innato para ellos.
Pero su vida personal era un misterio. Imaginó que por eso su tía trataba de emparejarlo con la pediatra. Trató de imaginar cómo sería aquella mujer, qué tendría de malo para no ser del gusto de Potter.
La puerta de la consulta se abrió y una mujer bajita y con gesto afable salió con una carpeta en la mano.
—Hola Teddy —saludó al niño y se agachó junto a él para murmurarle algo, a lo que el niño respondió con una gran sonrisa—. Y este pequeño debe ser Scorpius Malfoy.
El bebé gorjeó al escuchar su nombre, y aplaudió. La sanadora sonrió y acarició con cuidado la cabeza del pequeño. Después se puso en pie para acercarse a los dos adultos que la observaban. Ambos hombres se pusieron de pie.
— Hola Harry. —Ella le tendió la mano sonriente todavía— ¿Cómo va todo?, hacía días que no te veía.
— ¿Qué tal Carol? Te presento a Draco Malfoy.
— El papá de mi nuevo paciente. —Carol le tendió la mano, haciendo caso omiso al hecho de que Harry no había contestado a su pregunta— Les haré pasar en primer lugar, si te parece, Harry.
Harry no contestó, se limitó a volver a tomar asiento con su sonrisa bondadosa puesta y a observar a Teddy despidiéndose de su pequeño primo.
No sé cuanto de evidente era, pero sí, Astoria ya no está. Pero vamos a sentir su presencia durante todo el fic, ya veréis.
Y sí, Harry lleva melena y barba, pasaros por mi face para verlo...
¡Hasta el viernes!
