Ginny entró acelerada en el despacho de Harry. Dejó un montón de carpetas encima de su mesa y se dejó caer en la silla frente a él, lo que le hizo levantar la cabeza de los papeles que leía.
— Tenemos que hablar.
— Habla entonces.
La pelirroja resopló, tan fuerte que su flequillo se movió.
— Clemens es un inútil. Necesitamos otro abogado.
Harry se echó hacia atrás en su silla, suspirando. Se soltó la goma del pelo y rehizo la coleta, un tic que había sustituido con el paso del tiempo al de mesarse el pelo cuando estaba reflexionando.
— ¿Qué ha ocurrido ahora?
— No se ha presentado a la reunión en el ministerio y ni ha preparado la documentación que le pedimos, me ha dejado totalmente vendida. Y me costó muchísimo conseguir esa reunión con el secretario de finanzas. Necesitamos esa financiación, Harry.
Asintió. Sabía que Ginny tenía una idea, su gesto de resolución se lo decía.
— Mi madre me dijo que Andrómeda le dijo que Malfoy está teniendo problemas para combinar la paternidad y el trabajo, está perdiendo clientes.
No sonrió. Conocía a su amiga lo suficiente como para saber que no era una propuesta del todo inocente.
— No creo que a Malfoy le interese trabajar con nosotros, Gin.
— Se desenvolvió muy bien las veces que vino a colaborar. Y es bueno en su trabajo, lo sabes. Y se lo debemos a Astoria.
Ahí estaba la respuesta. Y a Malfoy no le gustaría ese argumento, nada de nada, era orgulloso y siempre había mantenido una fría distancia con ellos y su trabajo. Había colaborado varias veces, era cierto, sobre todo de estudiante, cuando pusieron en marcha el programa de integración de niños de origen muggle, pero lo hacía por Astoria.
— Piénsalo. Yo voy a tratar de arreglar el desastre de Clemens.
No pudo evitar que la idea de trabajar con Malfoy le acompañara el fin de semana en su visita a Andrómeda y Teddy. Y lo que no esperaba era encontrarse allí a Malfoy con su hijo. Su ahijado apenas le hizo caso al llegar, entretenido jugando con el pequeño en el césped del jardín. Besó la mejilla de Andrómeda y estrechó la mano de Malfoy antes de servirse una taza de té y sentarse.
Tía y sobrino continuaron hablando de Scorpius y de lo contento que estaba Malfoy con la pediatra, mientras Harry veía a los dos niños jugar y reír.
— ¿Harry?
Giró la cabeza hacia los adultos y se dio cuenta de que ambos le miraban divertidos.
— Disculpad, —Se sentó más recto en la silla— ¿decíais?
— Preguntaba qué tal tu semana. Molly me dijo que teníais una reunión importante.
Las mujeres Weasley y su insistencia, maldijo Harry interiormente sin variar su gesto.
— Ginny está furiosa. El abogado es un desastre y puede que hayamos perdido una subvención importante.
Dio un sorbo a su té sin querer mirar a Malfoy.
— Eso es terrible —dijo Andrómeda, con gesto compungido.
— Necesitamos ampliar el edificio. Y contratar a una persona en la guardería, los voluntarios ya estáis dando demasiado de vuestro tiempo.
— ¿Quién es el abogado? —interrumpió la voz grave y bien modulada.
— Clemens.
— Es un inútil —contestó sonriendo sobre el borde de su taza de té.
— Y Astoria dejó el listón muy alto —murmuró Andromeda.
Harry la miró, sobresaltado, pero decidió ignorar el comentario.
— Ginny está buscando un sustituto. Quizá podrías recomendarnos a alguien —miró esperanzado a Malfoy.
Andrómeda miró fijamente a su sobrino y luego desvió la vista significativamente hacia los niños.
— Cuéntame un poco qué perfil buscáis.
Cerró los ojos para concentrarse un momento.
— Necesitamos un abogado que controle de administración, subvenciones e impuestos. Y que tenga conocimientos de derecho social y de familia. No tiene que ser dedicación absoluta, aunque eso ya lo sabes.
Draco afirmó con la cabeza, con gesto tenso. Astoria había ayudado a poner en marcha la fundación y había sido su abogada hasta el año anterior, conocía el trabajo y sabía que no era incompatible con su despacho privado. O no lo sería si no tuviera un niño en casa.
Andrómeda miró a su sobrino y a Harry, que pilló rápidamente la indirecta.
— Si me disculpáis, —Se acabó el té de un trago y se levantó— voy a ver si mi ahijado me hace un poco de caso.
Tumbado en la hierba, jugando con los niños, vio a tía y sobrino discutiendo en susurros. Se obligó a concentrarse en la cháchara de Teddy, que le contaba entusiasmado cosas sobre la primaria muggle a la que acudía.
Volvió el lunes al trabajo después de un fin de semana de descanso en familia. El domingo había disfrutado del almuerzo Weasley, el primero en el jardín después de un invierno bastante frío. La familia continuaba creciendo, le maravillaba que siempre hubiera un recién nacido o uno por llegar. Habían estado de celebración, la pequeña de Ron y Hermione, su segunda ahijada, cumplía un añito. Y Percy les había anunciado, emocionado, que serían padres de nuevo a final del otoño.
Pasar tiempo con sus sobrinos siempre le daba energía para afrontar su trabajo, y sus estudios. Para cualquier otra persona, seguramente sería agotador trabajar y estudiar a la vez, pero a él era lo que le mantenía en marcha. Claro que su terapeuta le decía que era un refugio cómodo, estar tan ocupado le daba rutina y una excusa para no socializar fuera de su familia. En un par de meses presentaría sus últimos exámenes y se tendría que enfrentar a tener más tiempo libre.
Un toque en la puerta le sacó de sus pensamientos. Dijo "Entra", pensando que sería Ginny, no estaba preparado para ver una cabellera rubia.
— Buenos días, Potter. ¿Tienes un momento?
Asintió, poniéndose de pie para estrecharle la mano.
— Tu dirás.
— Creo que mi tía nos la ha jugado a los dos.
Lo dijo con un tono bastante neutro, pero la mueca que hizo le recordó mucho a la que ponía en el colegio cuando algo no salía a su gusto.
— Me temo que no te sigo —respondió prudente.
— ¿Le dijo a la señora Weasley que yo tenía problemas para conciliar el despacho y la paternidad?
No le quedó más remedio que decir que sí, era una pregunta prácticamente retórica.
— Cuando te preguntó el sábado por la reunión en el ministerio, ella ya sabía lo que había pasado.
— No me sorprende, Andrómeda está preocupada por ti, no es la primera vez que lo da a entender.
Malfoy apretó los labios, no supo interpretar si le gustaba o no la actitud de su tía.
— ¿Has considerado optar al puesto?
— Lo he hecho. Cumplo los requisitos y conozco el trabajo.
— Y podrías trabajar desde casa, nos amoldaríamos a tus horarios.
La mirada gris se endureció ligeramente, a Harry le dio la sensación de que no le gustaba que le ofrecieran ayuda.
— ¿Haríais eso por cualquier otro candidato?
Se encogió de hombros, tratando de parecer indiferente y profesional a la vez.
— No necesitamos una persona que esté 40 horas semanales aquí, lo que pedimos es seriedad y compromiso . Puede que haya semanas que no haya nada apenas y otras que haya que echar horas de más, esto no es una fábrica.
Malfoy asintió.
— Creo que podría funcionar. ¿Habría un periodo de prueba?
Harry no pudo evitar sonreír, al final era él el entrevistado a pesar de ser el empleador.
— Un mes, por supuesto. Lo único que necesitamos es activar la conexión flú. Y que nos ayudes a redactar el despido de Clemens.
Terminamos el primer mes con esta historia. El capítulo del próximo lunes es uno de mis preferidos, ¿habéis ido ya a ver a Harry con barba y moño a Facebook o Pinterest?
¡Buen fin de semana!
