Harry cumplió con su palabra de ayudar mientras Draco conseguía ponerse al día con el trabajo. Al cuarto día, cuando llegó después de su propio día de trabajo, encontró la mesa del salón despejada y adornada con una bonita planta invernal.
— ¿Malfoy? —preguntó desde el salón.
— En la cocina.
Dejó el abrigo en el recibidor y caminó tranquilo hacia la cocina con un paquete en la mano. Al entrar se encontró con Draco canturreando mientras cocinaba y a Scorpius tranquilamente dentro de un corralito, muy interesado en sus pies descalzos mientras babeaba un calcetín.
Dejó el paquete sobre la mesa y sacó un pequeño muñeco de goma. Al ver su cara asomar al corralito, el pequeño sonrió y palmoteo, sin soltar el babeado calcetín, y extendió los brazos para que le cogiera.
— Pequeño conquistador, no vas a conseguir que te saque de ahí —le dijo Harry, enseñándole el pequeño muñeco—. ¿Te gusta Scorp? Es un dragón, como papá.
—Tiene cara de ser menos feroz que papá —bromeó Draco, acercándose también al corralito—. Espero que cuando sea mayor le expliques que los dragones no sonríen así.
Harry meneó la cabeza, divertido.
— También tengo algo para ti —respondió, sin mirarle, mientras le quitaba a Scorpius el calcetín y le entregaba a cambio el muñeco.
Observó a Draco acercarse a la mesa y abrir la bolsa de papel. Sonrió interiormente al verlo intentar no poner cara de curiosidad y luego de entusiasmo al descubrir una botella de su brandy favorito. Cuando Draco fue a darle las gracias, Harry estaba convenientemente concentrado en secar los calcetines masticados y volverlos a poner en los pies del pequeño.
— Vi el otro día que apenas te quedaba.
— Gracias —contestó, saliendo de la cocina para llevar la botella al salón—. Quizá quieras probarlo después de cenar.
— Por supuesto. Es viernes.
— Y te lo has ganado, sin ti no habría superado esta semana —le dijo con voz contenida.
Harry hizo un gesto, restándole importancia, y se levantó del suelo junto al corralito para poner la mesa. Draco no pudo evitar pensar que Harry se veía muy cómodo en su entorno.
Después de la cena, y de acostar a un revoltoso Scorpius en su cuna en la habitación de su padre, los dos adultos se sentaron con una copa de brandy frente al fuego, con música suave sonando desde un reproductor de cd muggle.
— No me imaginaba que te gustara el jazz.
Draco sonrió, nostálgico, mirando al fuego.
— Astoria era más de pop y rock. El jazz me relaja, suelo ponerlo por las noches cuando me quedo a trabajar.
Harry dio un pequeño sorbo mientras le miraba de refilón.
— Yo heredé una gran colección de vinilos de mi padre y de Sirius, les gustaba el rock de su época. Y a mi madre los Beatles. Me hacen compañía, esa casa a veces es demasiado grande.
— ¿Te quedaste a vivir en la vieja casa Black? Recuerdo haber estado de niño y era un sitio muy tétrico.
Asintió. El calor y el brandy estaban resultando muy relajantes.
— Después de la guerra, me deshice de la herencia Black.
Draco le miró sorprendido.
— ¿Qué hiciste?
— Traspasársela a Andrómeda. Me pareció lo justo. Pero la casa no la quiso, ni su contenido —hizo una pausa para dar otro sorbo—. Puse las escrituras a nombre de Teddy de todas formas.
— Legalmente, si no te lo hubieran legado directamente…
— El heredero eras tú. Lo sé, Andrómeda me lo dijo. Ella había sido desheredada, lo que dejaba fuera a Teddy, que era el heredero natural de otra forma. Scorpius y él son los últimos Black.
Draco guardó silencio un momento, disfrutando de un solo de piano.
— Hiciste lo correcto. Yo heredé a los Lestrange.
Ahora fue Harry el sorprendido, había olvidado el parentesco de Draco con aquella horrible pareja.
— El ministerio quiso quedarse con la herencia. Fue una de las razones por las que empezaron a interesarme las leyes, ¿sabes? Tras la guerra, todas las familias del bando perdedor tuvieron que luchar por no ser arruinadas, el ministerio lo quería todo.
— Lo recuerdo, fue una de las motivaciones de crear la Fundación, ayudar a los que el ministerio no ayudaba.
Draco movió la cabeza negativamente, frunciendo un poco el ceño. Dio otro sorbo antes de contestar.
— El ministerio no respetó nada, arrasó a las viudas y huérfanos. Mi padre tenía la opción de trabajar y levantarse de nuevo, Nott por ejemplo se habría quedado sin nada.
Harry entendió que esa en concreto había sido la motivación.
— ¿Recuperaste la herencia de los Lestrange entonces?
Una sonrisa le dio la respuesta.
— Lo hice. Y después la doné. A San Mungo, para la planta en la que están los padres de Longbottom. Una parte. El resto fue una donación anónima al programa de orfanatos.
— Vaya. Es un gran gesto.
Su anfitrión se encogió de hombros, pero aceptó el cumplido con una sonrisa.
— No me hacía falta, Astoria y yo teníamos claro que nos arreglaríamos con su fideicomiso y lo que mi abuelo me legó. Y no me he arrepentido nunca de hacerlo.
— ¿Puedo preguntarte por esa decisión? —inquirió Harry con voz suave.
Draco le dio un par de vueltas a la copa de brandy antes de contestar.
— La guerra nos convirtió en dos parias. A ella por apoyar a tu bando y a mi por cobarde. Y nuestros padres estaban de acuerdo con eso. Decidimos salir adelante por nuestros propios medios y demostrarles que ellos y sus ideales caducos no iban a seguir condicionando nuestras vidas.
Renunciar a vivir con sus padres fue lo primero que hizo en cuanto él y Astoria habían comenzado a salir. No había sido un matrimonio concertado, aunque luego ambas familias lo habían apoyado. Tori se había convertido en una patata caliente para sus padres, por su clara postura contra los ideales de Voldemort. Y Draco había perdido muchas posibilidades de casarse bien por la marca en su brazo. La hipocresía de la clase alta era tan elevada como sus ideales.
Entraron juntos a la escuela de leyes. Habían pasado cuatro años estudiando, viviendo de un modo muy frugal con sus respectivos fideicomisos, contraviniendo todos los deseos de sus padres, que querían que se casaran nada más salir del colegio. Alquilaron un apartamento pequeño cerca de la universidad mágica, pero hacían gran parte de su vida en el lado muggle de Londres. Así aprendió Draco a ver la vida con los ojos de su novia.
Incluso, durante unos meses, había colaborado con el proyecto que Granger y Potter habían puesto en marcha para dar clases particulares a niños que venían de familias no mágicas, para facilitarles la incorporación a la vida mágica en Hogwarts. Aquello terminó al acabar sus estudios, cuando sus familias se pusieron de acuerdo para forzarles a casarse.
Hubo tensión, porque no querían casarse bajo los términos de sus padres. Pero entonces llegó la sorpresa. Y el miedo. Astoria estaba embarazada.
El embarazo puso su vida del revés. Todos sus planes de viajar, de crear su propio despacho de abogados, de tener una vida alejada de la sombra de sus familias, todo se vino abajo al saber que iban a ser padres. Y los riesgos que asumían con ello.
Decidieron casarse, cuanto antes. No hubo grandes ceremonias, solo una pequeña reunión familiar. Dos días después marcharon de viaje, Astoria quería conocer España. Estando en Toledo, alojados en un pequeño hotel en el barrio mágico, comenzó un sangrado que les asustó. Acudieron al hospital y recibieron la noticia como un mazazo: habían perdido a su bebé. Astoria no volvió a ser la misma.
Habían tenido un acuerdo. Conocían los riesgos cuando se quedó embarazada por segunda vez, sabían que la maldición de los Greengrass incrementaba mucho las posibilidades de no sobrevivir, pero ella anhelaba ser madre. Su familia creía, y Draco nunca los había sacado de dudas, que tenía que ver con el rollo del heredero Malfoy y blablabla. Era mejor ser el malo ante su familia política que admitir que su hija había elegido a Scorpius por encima de ella misma.
Su acuerdo iba unido a este pensamiento: si ella no sobrevivía, Draco debía criar él mismo al pequeño. Mantenerlo alejado de la perniciosa influencia sangrepura, llena de racismo y pensamientos obsoletos. Ellos dos no eran así. En realidad, Astoria había cambiado tanto a Draco que muchas veces llegaba a dudar que alguna vez hubiera abrazado los ideales de su padre.
Capítulo un poquito triste, I know, pero ya os dije que Astoria iba a seguir presente en la historia, y no todo es bonito. Ahora, para compensar, os sugiero ir a ver la foto que subí de los dos en una fiesta.
Nos vemos el viernes, con un capítulo que... bueno, no spoiler, pero no dejéis muy lejos los pañuelos. ¡Abrazos!
