Hizo una fiesta. Porque a pesar de que era el primer aniversario de uno de los peores días de su vida, también era el primer cumpleaños de su hijo. Invitó a sus amigos y, por primera vez, a sus compañeros de trabajo. También estaban su tía y Teddy, por supuesto, pero no los abuelos del niño.
Sorprendentemente, Harry, Ginny y Hermione se integraron muy bien con sus amigos. Hermione había llevado a su hija también, que ya caminaba, y las interacciones de los tres pequeños sirvieron para romper el hielo, especialmente entre las chicas. Theo y Blaise se mantuvieron algo más apartados, aunque los vio hablar con Potter y con su tía en algunos momentos.
Eran más de las nueve cuando el último invitado se marchó. Solo Daphne y Theo se quedaron un rato más. No hablaron apenas. Theo se ocupó de acostar a un hiperexcitado Scorpius, mientras Daphne y él recogían en la cocina y el salón.
— Draco. Tengo una cosa para ti.
La vio sacar un paquete de su bolsillo y dejarlo sobre la mesa. Reconoció inmediatamente la letra de la nota que lo acompañaba.
— Astoria me lo dejó, me pidió que te la entregara cuando hubiera pasado un año —le explicó con voz temblorosa.
No le contestó, no podía, se limitó a tomar el paquete y acariciar las palabras sobre el papel.
— ¿Quieres que nos quedemos contigo? —preguntó suave a su espalda Theo.
Negó con la cabeza. Ellos le habían visto mal otras veces, no necesitaban esto, ya habían pasado suficiente también. Ni tan siquiera se despidió, los escuchó cerrar la puerta de su apartamento y supo que Theo pasaría la noche en el sofá de Daphne otra vez, no la dejaría sola en ese momento.
Abrió el pequeño paquete. Dentro había varios frascos, que reconoció como recuerdos, y una carta.
"Mi querido Draco. Me resulta muy duro escribirte estas líneas. A ti no puedo mentirte, estoy terriblemente asustada. Sobrevivimos a una guerra y espero sobrevivir a mi batalla personal para seguir adelante junto a ti, junto a vosotros. Y que nunca tengas que leer estas líneas ni ver los recuerdos que te dejo.
Si finalmente no lo consigo, por favor, por favor, no me olvidéis. Os dejo mis mejores recuerdos para que nunca olvides lo mejor que vivimos, y para que puedas mostrárselo también a nuestro hijo. Y seguir adelante.
Te quiero Draco, pase lo que pase."
La caja con los frascos estuvo sobre la cómoda de su habitación varios días. Daphne le mandó una lechuza al día siguiente interesándose. La invitó a cenar para compensarle por no haber querido hablar de ello el día anterior. Charlaron durante horas, recordando anécdotas del colegio y de los años de soltería, tratando de animarse mutuamente, aunque no lo consiguieron y acabaron llorando juntos sentados en el sofá escuchando el disco favorito de Astoria.
Cuando por fin se animó a sacar el pensadero, eligió uno de los frascos al azar. Lo echó e introdujo la cabeza con decisión. La escena que se encontró ante él le desconcertó. Era el despacho que Astoria había tenido en la Fundación. Estaba sentada en el sillón que tenía junto a la ventana, y Potter estaba con ella, sentado en la silla para las visitas.
— Necesito pedirte algo.
— Lo que sea, solo dilo, Tori.
Ella sonrió por el familiar apodo. Era una sonrisa fatigada. Se acomodó un poco mejor en el sillón, su espalda molestándole. Debía estar embarazada de al menos siete meses.
— Vigílale.
Harry levantó las cejas, sin entender.
— A Draco. Cuando yo no esté, vigílale. Necesitará gente a su alrededor.
— Tori…
— Harry, nunca se lo he contado, no lo sabe. Quizá en un tiempo deba saberlo.
La cabeza morena negó con vigor.
— Teníamos un acuerdo.
— Morirme creo que me libera de cualquier acuerdo.
Harry se levantó como un resorte. Paseó por la habitación, mesándose el cabello. Cuando se sintió más calmado, se acercó al sillón de Astoria y se acuclilló delante.
— No vas a morir.
La sonrisa de su esposa le dijo que sabía cosas que él no.
— Estoy segura de haberle querido al menos tanto como lo habrías hecho tú. —La mano fría de Astoria le acarició la mejilla— Draco no sabe estar solo. Necesita que lo quieran y lo cuiden. Y necesitará ayuda con Scorpius. Tú siempre has querido ser padre.
Harry cerró con fuerza los ojos, apoyando las rodillas en el suelo, con la mano de Astoria aún apoyada en su cuello.
— No así.
— No puedo dejarles en mejores manos que las tuyas. Por favor, Harry.
Cuando abrió los ojos, Astoria vio con claridad dos regueros de lágrimas.
— Lo único que puedo prometerte es hacer lo que esté en mis manos por ayudarle. Pero no va a ser necesario porque no vas a morir.
— Quiero una explicación. —La voz de Draco sonaba baja y contenida, pero Harry sabía que estaba furioso— Quiero que me digas que no es cierto lo que acabo de ver.
Harry se puso en pie y se paseó, con los mismos gestos del Harry del recuerdo.
— ¡Harry! ¿Qué me ocultabais Astoria y tú? ¿Qué sabía de ti para hacerte esta petición?
El moreno suspiró, dejándose caer en el sillón frente a él.
— Imagino que, aunque me dijo que no lo haría, de alguna manera ella te contó sus planes. ¿Un recuerdo? —señaló el pensadero olvidado sobre la mesa auxiliar.
— Ella te pedía que me vigilaras.
Harry cerró los ojos y se los frotó con fuerza.
— Draco, no tiene caso darle vueltas a aquello. De verdad, déjalo estar.
— Mi difunta esposa me dejó un recuerdo, para que lo viera cuando hubiera pasado un año. Creo que ella quería que tuviéramos esta conversación.
— Tan Slytherin… —Harry sonrió con cariño— Hicimos un pacto en octavo año. Ella acababa de saber que sus padres habían usado su fideicomiso para pagar las indemnizaciones después de la guerra. Tu suegro había sacado su dinero del país, lo único que había para decomisar era su casa y las cámaras de sus hijas.
— ¿Espera qué? —interrumpió Draco, más furioso—. ¿Por qué no me lo dijo?
— No acudió a mí para pedirme dinero, Draco, no fue así. Ella era demasiado orgullosa, tú la conocías, no pierdas eso de vista.
Draco le miró, dolido. Pero le hizo un gesto con la mano para que continuara hablando.
— Estábamos pasando mucho tiempo juntos, mientras estudiábamos el proyecto para la Fundación. Una tarde nos quedamos los dos solos revisando documentos legales, en ese momento el ministerio nos tenía inundados a papeles. No recuerdo cómo surgió —mintió y Draco lo supo—, el caso es que estaba preocupada, sus planes para ser independientes y estudiar estaban fundamentados en ese dinero, contaba con el fideicomiso. Le ofrecí ayuda. Cuando decidisteis vivir juntos pactamos que no te lo diríamos. Creímos que tu orgullo no permitiría mi ayuda.
Harry dijo las últimas palabras en un tono muy bajo, con la mirada fija en la alfombra.
— ¿Y lo demás? —La voz de Draco sonaba estrangulada— ¿Por qué ella te pidió que me cuidaras?
Harry negó con la cabeza. Hizo ademán de levantarse para marcharse, zanjando el tema, pero Draco no le dejó, lo volvió a empujar al sillón.
— ¿Por eso estás aquí? ¿Te has acercado a nosotros porque ella te lo pidió?
Negó con la cabeza de nuevo, sin mirarle.
— Estás agotando mi paciencia, Potter. Habla.
Harry se encogió levemente en el sillón, la furia de Draco era cada vez mayor, podía sentir su magia alterándose.
— No me ata a vosotros ninguna promesa. Te aprecio, Draco, y es evidente que a Scorpius también, y eso no tiene nada que ver con la conversación que has visto.
— ¿Me vas a negar que Astoria pensaba que tú sentías algo por mi en el colegio?
Los ojos verdes se clavaron en él. Esa mirada le transmitió todo lo que Harry no estaba dispuesto a decir con palabras. Era una mirada abierta y limpia, pero dolorida. Se dejó caer, exhausto emocionalmente, contra el respaldo del sofá, con la mirada fija en la chimenea. Cuando volvió a mirar, el sillón estaba vacío.
Unos días después, sin haber vuelto a ver a Harry, tuvo que ir a la oficina a recoger unos papeles. En contra de lo que se había propuesto al salir de casa, no pudo evitar preguntar a Ginny por él.
— Está en Berlín, un viaje de trabajo. Pero dejó algo para ti, por si venías.
Le tendió un paquete. Supo sin abrirlo que era otro recuerdo.
— Malfoy, Harry tiene muchas defensas. Si te ha dejado ver algo de lo que normalmente oculta y eso le ha herido, no esperes que confíe en ti de nuevo con facilidad. Dale tiempo, y espacio.
Miró a los ojos castaños fijamente. Era la primera vez en el tiempo que trabajaban juntos que tenían una conversación personal. Ya sabía que los Weasley eran ferozmente protectores con Harry, trató de no enfadarse por aquello.
— Fueron él y Astoria los que me ocultaron cosas, Ginebra.
La cara pecosa se llenó de sorpresa.
— Jamás hubo nada entre ellos, Malfoy. Nunca.
Negó con la cabeza mientras tomaba el paquete y las carpetas que había ido a recoger y salió sin despedirse.
— ¿Qué tal está siendo la experiencia de trabajar codo con codo con Draco?
Los profundos ojos pardos se clavaron en él, había muchas cosas detrás de esa pregunta.
— ¿Qué me quieres preguntar realmente, Astoria?
— Tengo la sensación de que has evitado encontrarte con Draco todos estos años.
— No tengo ningún problema con tu novio.
— Eso no responde a mi pregunta.
Harry la miró por encima de su vaso, con la cara en blanco.
— ¿Te he hablado de la profesora Huntbatten?
El cambio de tema le desconcertó.
— No lo sé.
— Ella es miembro del Wizengamot. Estaba allí durante los juicios de Draco y sus padres. Podría ser que se le haya escapado, en una de nuestras reuniones, que tú fuiste la causa de que salieran exonerados.
El ceño de Harry se frunció notablemente. Astoria se inclinó hacia delante antes de preguntar.
— ¿Hablaste en favor de los Malfoy, Harry? ¿Usaste tus influencias para ayudarles y sin embargo no lo hiciste para montar la Fundación? Esto me intriga.
No le contestó, siguió mirándola con el ceño fruncido.
— Así que, ayudaste a Draco a librarse de la cárcel. A mi a poder estudiar. Le evitas. Y Ginny dice que, desde que él anda por aquí, tú pasas más tiempo encerrado en tu despacho y estás de un humor más cuestionable. Si a esto le sumamos que tus amigos dicen que en sexto curso estabas completamente obsesionado por él y que durante la batalla le salvaste la vida dos veces… ¿estás enamorado de Draco, Harry?
El Harry del recuerdo escupió el whisky que acababa de beber y comenzó a toser. Astoria levantó la varita para hacerle un Anapneo y para recoger el vaso que había caido sobre la alfombra. Limpió con calma el whisky derramado y, solo entonces, cuando Harry estaba empezando a recuperar el color, le miró de nuevo fijamente. Cuando Harry fue a abrir la boca para rebatir, levantó la palma de la mano para pedirle un momento.
— Sé sincero conmigo, solo te pido eso. Sea lo que sea que vayas a decir, esta conversación nunca saldrá de aquí.
Harry cerró los ojos y respiró hondo, con la garganta todavía irritada.
— Siempre he pensado que para estar enamorado de alguien tienes que conocerlo. Por eso le evito.
La llamada a través de la red flú le pilló desprevenido.
— Buenas noches, Draco. Me han dicho que has preguntado por mi.
Draco observó un momento a la tranquila figura entre las llamas, lamentándose por no poder ver su cara real.
— ¿Dónde estás Potter?
— En Alemania, pensaba que te lo habían dicho.
Afirmó con la cabeza.
— Ginny lo comentó, y que no sabía cuando ibas a volver.
— Aún no lo sé.
— ¿En serio? ¿Me entregas ese recuerdo y te marchas del país? No te hacía tan cobarde.
Lo siguiente que vio Draco fueron unas piernas surgiendo de su chimenea.
— Aquí me tienes —le dijo, parado en medio de su salón con los brazos cruzados sobre el pecho.
Aquello le pilló desprevenido. Se acercó al mueble bar, buscando ganar tiempo para aclarar sus ideas. Había estado tan indignado por la marcha de Harry, que ni tan siquiera había meditado realmente lo que quería decirle. Se sirvió un dedo de brandy e hizo un gesto a su invitado, ofreciéndole. El moreno negó con la cabeza.
— ¿No te sientas? —Se sentó en el sillón y le señaló el de enfrente.
Se dejó caer con un suspiro. Los ojos verdes se clavaron en los grises.
— Mañana madrugo y apuesto que tú también. ¿Acabamos con esto?
Draco dio otro sorbo a su bebida y se recostó en el sillón, cerrando un momento los ojos para concentrarse.
— ¿Por qué, Harry? —le dijo con los ojos cerrados— No sé ni por dónde empezar a preguntar.
— Hay cosas que no tienen explicación, son y punto.
Draco abrió los ojos y lo contempló. Potter tenía ojeras y había perdido algo de peso.
— La resignación no te pega, pensaba que eras hombre de acción.
Harry esbozó una sonrisa cansada.
— Hace mucho que opté por una vida tranquila, igual que tú. Batallé lo suficiente siendo un crío, me merezco vivir tranquilo. ¿Qué quieres que te diga, Draco? ¿Tu ego necesita escucharlo con todas las letras? ¿No crees que me he ganado un poco de respeto por vuestra parte?
Desde que había acabado la guerra, nunca había visto a Potter enojado. Para él, era la imagen de la bondad y la paciencia. Verlo molesto le revolvió el cuerpo, porque pudo notar la vibración de su magia. Y porque tenía razón, Astoria y él habían abusado de su nobleza.
Negó con la cabeza, incapaz de reconocer en voz alta que la había fastidiado, y mucho. Harry se levantó del sillón y caminó hacia la chimenea.
Ya con una mano en el frasco del flu, de espaldas a él, habló con voz triste.
— Tenía esperanza, no lo voy a negar. El tiempo que he pasado con vosotros dos ha sido estupendo. Cuídate Draco.
Bueno, es un capítulo muy largo, así que permitidme que aclare un par de cosas: el recuerdo que Harry le deja a Draco pertenece a la época en la que Astoria y Draco están acabando sus estudios y, como ya he contado, están colaborando con Harry en la creación del programa para hijos de muggles. A pesar de que Astoria es muy amiga de Harry y su grupo, Draco no tiene una relación de amistad con ellos, así que es el único tiempo fuera de Hogwarts en el que se cruzan a menudo Harry y Draco. Por lo demás, ya sabemos que ella es terriblemente perceptiva y aquí se muestran sus intenciones: sabe que Harry siente cosas desde siempre por Draco y cree que es la persona idónea para que su marido rehaga su vida. Veremos qué pasa ahora.
Y una disculpa por una licencia que me he tomado respecto a la red flu, no creo que sea tan fácil ir de Alemania a Londres, pero necesitaba la confrontación en persona.
Semana intensita os he dado, prometo que la semana que viene será todo un poco más suave. ¡Buen finde!
