El siguiente domingo en La Madriguera resultó caótico. Era el cumpleaños de Charlie, que había venido para quedarse hasta Navidad. Sus sobrinos brincaban alrededor de él, esperando a ver al maravilloso tío vestido con pieles sacar de sus bolsillos los regalos que siempre traía para ellos.
Sentado a un par de metros, Draco observaba la escena mientras vigilaba a Scorpius, que jugaba en el suelo con Rose y Molly.
— Es el tío preferido —dijo una voz conocida sentándose a su lado.
Ginny llevaba el lustroso pelo caoba recogido en una trenza que le colgaba sobre un hombro. Le pareció que se había arreglado más que de costumbre.
— ¿Como un Papá Noel adelantado?
El rostro pecoso, muy parecido al del hermano que tenía enfrente, se contrajo en una sonrisa.
— Hoy es un día lleno de regalos, parece.
Entendió el tono misterioso unos minutos después cuando el flu se activó y una conocida melena oscura salió de la chimenea, acompañado de una mujer alta y rubia. La reconoció, trabajaba también en La Fundación. Lo que le pilló por sorpresa fue Ginny levantándose de un salto y colgándose del cuello de la mujer. Aquello le hizo darse cuenta de que, a pesar de su naciente amistad, no sabía nada de la vida personal de Ginebra.
— Hola.
Levantó los ojos de los niños que seguían jugando en el suelo. Junto a él Potter sonreía, con la mano tendida. La ignoró, se puso de pie y le dio un abrazo. Notó perfectamente el respingo de sorpresa del moreno, que tardó unos segundos en reaccionar y abrazarle a su vez. También notó el silencio a su alrededor. Fue la vocecita de Scorpius la que interrumpió el abrazo cuando se enganchó a los pantalones de Harry.
— Addy.
Harry soltó a Draco para agacharse a tomar en brazos al pequeño, que se agarró con fuerza a su cuello.
— ¿Me has echado de menos, Scorp? —preguntó besando su mejilla.
— Lo ha hecho, lleva días llevando a todas partes a tu dragón.
No mentía, en el suelo un poco más allá estaba abandonado el pequeño muñeco de goma.
Harry se sentó junto a él, con Scorpius sobre sus rodillas.
— ¿Maggie también estaba en Berlín?
Asintió, mirando sonriente por un momento a su amiga, que estaba sentada en el sofá muy pegada a la rubia.
— Ella ha estado visitando guarderías, el ministerio le ha ofrecido trabajar con la comisión que se ha creado para plantear la creación de guarderías públicas —hizo una pausa para mirar a Draco—. ¿No lo sabías verdad?
— ¿Que estaba contigo en Berlín? Obviamente no.
— Que es la esposa de Ginny.
Se giró sorprendido a mirarlas.
— No lo sabía.
— Tampoco sabias que Charlie le pidió a su novio que viniera a su celebración de cumpleaños y le dijo que no.
— No sé de que me hablas.
La mirada de Harry repasó su cara, verificando que, efectivamente no sabía de que le hablaba.
Molly llamó a todos a la mesa en ese momento, interrumpiendo la pregunta que iba a hacer Draco. Durante la comida, no pudo evitar observar de soslayo al cumpleañero. ¿Por qué motivo Iba a saber él algo de la vida personal de Charlie Weasley?
Casi a mitad de comida, uno de los niños, Louis creía, el pequeño de Bill, se trepó llorando a las rodillas de su tío. Otro de los niños más mayores, seguramente Fred, le había hecho rabiar. Vio a Charlie limpiarle la cara con cariño, mientras le hablaba al oído, y abrazarle. Entonces, un retazo de una conversación escuchada meses atrás le vino a la memoria.
— Puedo enfadarme con el, podemos gritarnos y decirnos de todo, pero cuando me abraza, Pans, cuando me abraza todo tiene sentido.
Blaise.
Volvió a mirar a Charlie, que ahora le contaba algo a su sobrino que lo tenía en vilo, seguramente alguna aventura con dragones por medio. ¿Cómo había ocurrido aquello? ¿Cuando?
— ¿Todo bien, Draco?
La pregunta de Harry, sentado a su lado, le sacó de sus divagaciones.
— No estás comiendo —le dijo Harry bajito con tono cómplice—, y eso en esta casa es peligroso. Molly no te quita ojo de encima.
No pudo evitar reír por lo bajo y mirar a la matriarca, que efectivamente le estaba mirado con el ceño fruncido. Tomó el tenedor y volvió a concentrarse en su comida.
El viernes llegó casi sin darse cuenta. Su trabajo para la Fundación absorbía gran parte de su dedicación profesional, pero aún así tenía varios clientes privados a los que debía atender también, así que el fin de semana era muy bienvenido.
No había coincidido con Potter en las dos visitas que había hecho a la oficina, tampoco habían hablado, así que se sentía ligeramente ansioso, preguntándose si retomarían sus viernes ante la chimenea.
La respuesta llegó puntual, a las diez de la noche escuchó el sonido del aviso de flu, Entró en el salón justo cuando Harry salía de la chimenea rehaciéndose la coleta.
— Buenas noches —le saludó con una tímida sonrisa, tendiéndole un paquete.
Le señaló el sillón mientras se sentaba en el otro, abriendo con curiosidad el paquete.
— Son galletas típicas navideñas, Plätzchen.
— Y bombones.
Harry sonrió, acomodándose en el sillón con un suspiro de felicidad.
— Sé que te gusta el chocolate.
Puso las dos cajas abiertas en la mesita entre ellos antes de levantarse a servir dos copas de brandy.
— Gracias.
Levantó la copa como un pequeño brindis antes de dar un pequeño sorbo. Cerró los ojos, dejando que el calor y el sonido de la chimenea le ayudaran a relajarse.
— No lo sabía. Lo de Blaise y Charlie.
Abrió los ojos y le miró interrogante.
— No habla de esas cosas conmigo, solo con Pansy. Me educaron para despreciar toda relación que no sea entre hombre y mujer.
Dio un sorbo, pensativo, antes de hablar.
— Creo que a estas alturas tu pensamiento no es el que tenías a los dieciséis.
— No lo es.
— Es bueno para vuestra amistad.
— Y para la nuestra.
Draco tomó un bombón y lo masticó despacio. Disfrutó del sabor del chocolate puro combinado con el brandy.
— ¿Ellas están casadas entonces? —preguntó curioso.
— Según la ley muggle. Astoria les ayudó a tramitarlo.
— Ella no me lo contó.
Harry dio un sorbo largo, mirando el retrato de Astoria sobre la chimenea. Le había sorprendido encontrar en casa de alguien como Malfoy un cuadro no mágico. Con el tiempo entendió que se trataba de algo deliberado, se hacía menos difícil verla si no se movía y hablaba.
— Astoria y Ginny soñaban con conseguir que se cambiara la ley, para tener derecho a casarnos.
Draco repasó mentalmente su conocimiento de la ley magica respecto al matrimonio.
— El derecho de familia mágico está anticuado —murmuró, tomando otro bombón.
— ¿Sabes que si a tu tía le pasara algo, tú serías mejor candidato que yo para adoptar a Teddy? A pesar de ser su padrino, la persona que designaron sus padres.
Asintió, en base a la ley era así,un hombre soltero lo tenía difícil para adoptar, mucho peor un hombre soltero gay.
— Cambiar la ley mágica es difícil, requiere un acuerdo de más del 50% del Wizengamot. Y a día de hoy la mayoría de sus miembros son personas mayores, de mentalidad anticuada.
— ¿No te parece irónico? —exclamó Harry, con una sonrisa triste— El Salvador del Mundo Mágico es en realidad una persona de segunda clase. .
Nunca se había parado a verlo así. Como sangrepura, le habían grabado a fuego las diferencias de clase, y eso incluía a las personas como Harry, o Ginny, o Blaise. El estómago le pesó al darse cuenta de que nunca se había parado a pensar en su amigo sintiéndose un ciudadano de segunda.
— Todo esto te resulta muy ajeno, ¿verdad?
La voz de Potter era triste, se giró a mirarlo.
—Crecí como un privilegiado, Harry. Después tuve que salir adelante en un entorno que me odiaba, pero en el fondo sabía que ese era el pago por mis malas decisiones. Y aún así nunca me había parado a pensar en cómo es la vida de mi mejor amigo. Me hace cuestionarme cosas.
— Bueno, eso es un principio.
— ¿Eso es lo que quieres? ¿Casarte y ser padre?
La pregunta del millón de galeones. La primera vez que se la planteó tenía 16 años y estaba completamente obsesionado por el hombre que se sentaba junto a él. Ese pensamiento le sacó una sonrisa irónica.
— Siempre he querido tener familia. Incluso Ginny y yo llegamos a hablar de casarnos y tener hijos, aunque fuera un matrimonio de pega.
— Pero no lo hiciste.
— Ella conoció a Maggie. Y vimos que era una locura.
Reflexionó un segundo, girando suavemente la copa en su mano.
— Una buena manera de presionar al Wizengamot es la prensa.
Harry frunció el ceño, sin entender por dónde iba.
— Una campaña mediática. Hacerlo visible a la gente.
Negó vigorosamente.
— No confiaría algo tan importante a El Profeta.
— Yo tampoco —respondió, haciendo que Harry volviera a fruncir el ceño—, pero hay prensa más seria a nivel europeo, y países donde la ley mágica es más moderna.
Me encanta este capítulo, lo reconozco. La idea de Blaise con Charlie es a la vez bizarra y lógica, no sé como apareció pero ya los veréis juntos, me encantan. Y ver a Draco como parte de los Weasley por ser él mismo, no la pareja de. El próximo capítulo nos lleva a unos meses después, al principio del verano, y comienza lo que todes estáis esperando.
Nos vemos el viernes! besos
