Los almuerzos de los domingos en La Madriguera se convirtieron en costumbre. Un día especialmente cálido, algunos de los adultos decidieron llevar a los niños a nadar a un lago cercano. Draco se dejó llevar y los acompañó, aunque sin intención de meterse al agua. Sentado a la sombra cerca de la orilla, observaba a Potter jugando con Scorpius en la orilla. No podía evitar sonreír viendo a su hijo golpear el agua con sus manitas para salpicar a Harry entre carcajadas.

— Pensé que no ibas a dejar a Scorpius bañarse.

Se giró a mirar a Hermione, que se había dejado caer junto a él con cuidado. Desde que había comenzado a unirse a la familia en los almuerzos dominicales, había desarrollado una relación cercana con Ginny y con Fleur, pero la persona con la que mejor había conectado había sido Hermione.

— Creía que el agua estaría más fría —le respondió con una sonrisa suave—. ¿Cómo te encuentras?

Ella se acarició la barriga con una mueca cansada.

— Este es inquieto, no duermo muy bien.

— Todo un Weasley —bromeó, mirando a su sobrino jugando con Fred y Victorie, poniendo en apuros a Ron y George para controlarlos y que no se metieran en la zona más profunda.

A su lado Hermione sonrió, mirando a Harry que se metía con prudencia en el lago con un entusiasmado Scorpius en sus brazos.

— Nunca deja de sorprenderme la capacidad de Harry para tratar con niños —comentó, riendo al ver a Scorpius agarrarse a la melena alborotada cuando Harry intentó mojarle la cabeza.

— Scorpius lo quiere mucho.

Miró de refilón a Malfoy, preguntándose porqué había sido tan fácil para todos que se integrara en las reuniones familiares. La mayoría de ellos habían sido cercanos a Astoria desde el colegio, pero Draco siempre había mantenido las distancias, refugiado en sus estudios de derecho y en su pequeño círculo de amigos.

— Harry se hace querer, ¿verdad?

El tono de Hermione decía mucho más que sus palabras. No contestó, siguió contemplando a su hijo y Harry jugando en el agua.

— ¿No quieres bañarte? hace bastante calor.

Negó con la cabeza. Llevaba una camiseta de manga corta y pantalones cortos, seguramente el atuendo más informal que le había visto nunca. Suspiró un poco frustrada, su curiosidad natural y la tendencia que tenía a proteger a Harry como a un hermano pequeño chocaban con Malfoy y su parquedad. Estaba convencida de que su amigo tenía sentimientos bastante profundos por el rubio, pero no era capaz de discernir si eran recíprocos o no.

Vio a Harry lanzar una mirada hacia ellos, acompañada de una sonrisa tímida. ¿Como un hombre de su edad tenía aún la capacidad de verse como un adolescente enamorado? Era terriblemente transparente. Observó de refilón a Malfoy y le pareció que devolvía una sonrisa muy parecida, pero fue tan breve que no podría jurar que realmente hubiera ocurrido.

— Es un buen amigo, Hermione.

Ahora si que se giró a mirar a Draco con la boca abierta.

— Te estás preguntando si sé lo que siente y qué siento yo por él —murmuró—. Y esa es la respuesta, es un buen amigo.

— Draco...

— No tienes que protegerlo de mí —continuó, sin mirarle, manteniendo la vista puesta en su hijo—. Es un adulto, tienes que confiar en que sabe gestionar su vida. Tenéis tendencia a sobreprotegerle.

— Es mucho más frágil de lo que la gente cree.

Negó la cabeza, en claro desacuerdo.

— Ya no tiene diecisiete años.

— No le conoces..

— Le conozco mejor de lo que crees —le cortó, poniéndose de pie y tomando una toalla para acudir a la orilla.

Harry salió del agua sonriente, el pelo largo enredado y la piel morena tan brillante como su sonrisa. En sus brazos, Scorpius daba saltitos y se agarraba a su cuello, queriendo volver al agua a jugar con los niños mayores.

— Vamos a descansar un ratito, Scorp. —Oyó Draco que le decía— Mírate, tienes los deditos arrugados como pasas.

Envolvió con habilidad al niño en la toalla y consiguió que soltara el cuello de Harry, que aprovechó que tenía las manos libres para echar la cabeza hacia atrás y sacudir el pelo mojado antes de recogérselo en una coleta. Se dejó caer en el césped, con los pies dentro del agua y los ojos cerrados, disfrutando del sol.

Draco retuvo esa imagen despreocupada en su mente, la de Harry tumbado, con las manos tras la nuca y la piel brillante de gotitas de agua. Se la llevó con él a casa aquella tarde al término del almuerzo, junto con el amago de discusión que había tenido con Hermione.

Acostó a Scorpius temprano, agotado por los baños y la emoción del día rodeado de niños. Se dio una larga ducha tibia y, en pijama, se tumbó en su sofá con una copa de vino muy frío y un libro. Acababa de poner uno de sus discos favoritos cuando sonó el flu. Por un momento, deseó que fuera Harry, porque tenerlo allí impediría que su mente volviera a divagar con la imagen de su cuerpo al sol.

— Ah, eres tú.

Su visitante alzó una ceja morena antes de sentarse en una butaca.

— ¿Ahora saludas así a los amigos? —se burló Zabini.

Draco se incorporó para ir a por otra copa de vino para su amigo.

— Bueno, esto te servirá de disculpa —le dijo tras saborear el primer sorbo.

— No te esperaba.

— Es obvio, no te he avisado de que venía —se recostó en la cómoda butaca y cruzó elegantemente una pierna sobre la otra—. Vaya, te ha dado el sol.

No pudo evitar echarse la mano libre al pómulo, que efectivamente le tiraba un poco.

— Domingo Weasley.

Blaise sonrió, pero un poco forzado. Draco se maldijo interiormente por su poco tacto.

— Ya veo.

Se quedaron los dos en silencio unos minutos, disfrutando del vino y de la música.

— ¿Quieres hablar de él?

Blaise abrió los ojos y se encontró los de Draco clavados en él. Y una determinación que le sorprendió. Eran amigos, prácticamente desde el primer día de escuela, pero su vida sentimental había sido un tema tabú entre ellos siempre. Lo conocía lo suficiente como para saber que no era personal, sino parte de los prejuicios con los que había crecido.

— La verdad es que no. —Dio un sorbo—. Si quisiera despotricar sobre Charlie, habría ido a casa de Pansy.

Vio en la cara de su amigo que eso le había dolido.

— ¿Qué pasa, Draco? —preguntó, echándose ligeramente hacia delante y apoyando los codos en las rodillas.

— ¿He sido un mal amigo?

— ¿Por qué dices eso?

— ¿Crees que te rechazo por ser gay?

Blaise se incorporó y dejó la copa sobre la mesa antes de acercarse al sillón donde Draco se sentaba. Se dejó caer con un suspiro junto a él y le abrazó. Por un momento, esperó que se apartara, como hacía siempre que había demasiado contacto físico, pero no lo hizo.

— Nunca he pensado que seas un mal amigo o me he sentido rechazado. Aunque no voy a negarte que sí me ha dolido en algunos momentos.

Draco apoyó la frente en su hombro y él no pudo evitar estrechar un poco más el abrazo.

— Lo siento, Blaise. Te quiero como a un hermano, nunca he pretendido...

— ¿Qué te pasa, Draco? —volvió a preguntar, separándolo de él para poder mirarle a los ojos.

Cerró fuerte los ojos y se frotó la frente con una mano. ¿Qué le pasaba? Tenía la sensación de estar al borde de algo, pero no sabía de qué.

— ¿Es Potter?

Fue a negar con la cabeza, pero no llegó a hacer el gesto. ¿Era Harry el problema?

— Creo que está enamorado de mí —contestó con voz ahogada.

El silencio de su amigo le extrañó y le hizo abrir los ojos. Blaise bebía de su copa de vino, mirando la foto de Astoria sobre la chimenea.

— Ya lo sabías —concluyó.

— En la familia Weasley no hay secretos, Draco. Charlie lo predijo cuando Potter y tú empezasteis a haceros amigos. Ahora lo saben todos.

— Y Astoria.

La voz seguía sin salirle con normalidad.

— Ella sabía que él sentía algo por mí y creo que quería que estuviéramos juntos.

Una carcajada seca le hizo girarse a mirar a Blaise.

— Muy propio de ella. —Se puso serio para mirarle y preguntar— ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Lo que ella quería o lo que tú quieres?

Volvió a frotarse la frente. Seguramente estar con él sería muy fácil. Ya lo era como amigos.

— ¿Cómo lo supiste? —Blaise le miró interrogante— Que te gustaban los chicos.

Una sonrisa de medio lado apareció en el apuesto rostro.

— A los quince años, en las duchas del vestuario de Quidditch.

Draco cerró los ojos por un momento, evocando de nuevo la imagen de Harry en bañador, tumbado al sol. El recuerdo le creaba una desazón a la que no sabía poner nombre.

— Draco, estas cosas no se pueden forzar. —Le intentó tranquilizar, abrazándolo por los hombros— Los sentimientos y los deseos no son cosas voluntarias, aquí da igual lo que Astoria quisiera y lo que sienta Potter, si no te sale de dentro no va a ninguna parte.

— Estoy completamente confuso, Blaise —reconoció en un susurro—. Me gusta pasar tiempo con él, hay días que me siento aquí mirando a la chimenea esperando verlo aparecer.

— Pero no te atrae físicamente.

— No lo sé, nunca lo he pensado.

— ¿Pero?

— No hay ningún pero.

El brazo que le abrazaba los hombros apretó ligeramente.

— Si no hubiera un pero no estarías dándole tantas vueltas.

Reflexionó unos minutos.

— Hoy fuimos al lago.

— ¿Te bañaste? —preguntó su amigo sorprendido.

Negó con la cabeza.

— Harry se bañó con Scorpius. Verlos juntos, riendo y jugando... me ha revuelto por dentro.

— ¿Y ver a Potter en bañador?

De nuevo evocó esa imagen, la piel dorada llena de gotitas de agua, la barba oscura, la cabeza echada hacia atrás mientras se recogía el pelo. Permitió a su memoria bajar más, recordar el cuerpo definido, el reguero de pelo oscuro que bajaba desde su pecho hasta perderse más allá del bañador. Las piernas fuertes, también cubiertas de pelo oscuro. El bañador mojado pegado a...

— Te has sonrojado, Draco —le dijo la voz juguetona de su amigo al oído—. ¿Estabas pensando en él?

Asintió despacio, las manos tapándole la cara. Igual sí que le atraía un poco. Quizá. Un poco bastante, a juzgar por las vueltas que le estaba dando el vino en el estómago y el calor que sentía de repente.

En vez de comentar este capítulo, debería poner un montón de caritas sonrientes, porque este final me hace sonreír muchísimo. Dieciocho capítulos y por fin huele a Drarry. ¿A qué ya no me odiais tanto?

El lunes... no os voy a hacer spoiler. Nos vemos entonces, buen fin de semana.