— ¿En serio le has echado del hospital? —preguntó Theo.
— Pobre hombre, seguro que ha salido de allí arrastrando los pies —apostilló Blaise.
Draco miró a sus dos amigos con los brazos cruzados sobre el pecho. Estaban sentados con él en su sala de estar, al final del día de su cumpleaños. Scorpius dormía en su habitación, totalmente recuperado. Todo había acabado en un susto, y en el conocimiento de que su hijo era alérgico a las nueces.
— Le he pedido que se marchara.
— ¿Y eso marca alguna diferencia respecto a echarle?
— Me bloqueé cuando aparecieron mis padres.
Los dos se quedaron mirando, esperando que les explicara.
— Le he besado. En la fiesta.
Blaise soltó una carcajada y aplaudió, Theo se limitó a mirarle a la expectativa.
— Y en el hospital... él iba a abrazarme, yo quería —siguió hablando bajo, casi más para el que para ellos, con la mirada perdida—, quería que me abrazara, apoyarme en él. Pero llamaron a la puerta.
— Y era tu padre —dedujo Theo.
Draco afirmó, cerrando los ojos y apoyando la cabeza en el respaldo. La relación de Draco con su padre era complicada. Muy complicada, y su matrimonio con Astoria no había hecho más que empeorar las cosas.
Suspiró ruidosamente antes de ponerse en pie y pasearse por el salón. Había sido muy estúpido por su parte pensar que era capaz de hacer aquello.
— Veo tu cerebro echar humo desde aquí —comentó Blaise.
— Lo he estropeado todo —farfulló, pasándose las manos por el pelo.
Theo se puso de pie para detener el frenético paseo.
— Ve a verlo.
Miró el reloj sobre la repisa.
—Son más de las once.
— Estoy seguro de que eso le dará igual.
Su amigo se acercó a la chimenea, tomó el tarro de los polvos flu y se lo tendió. Los miró a los dos antes de extender la mano. Le animaron con un gesto. Finalmente, cuadró los hombros, metió la mano en el frasco y se metió en la chimenea.
— Grimmauld Place —dijo con voz segura, mientras rezaba por dentro para que Harry no hubiera bloqueado el flu.
Al salir de la chimenea del salón de la casa Black, le recibió el silencio. Y negrura, no había ni una lámpara encendida. Murmuró un lumos y salió al vestíbulo, con el corazón latiendo muy fuerte.
— ¿Draco?
El sobresalto fue mayúsculo, tanto que se le cayó la varita y se quedó a oscuras. Levantó la cabeza, buscando el origen de la voz de Harry, y lo encontró en la escalera, en pijama. El anfitrión movió la mano levemente y se encendieron las lámparas del vestíbulo mientras acababa de bajar los últimos escalones.
— ¿Ha pasado algo? ¿Scorpius está bien?
Los ojos verdes le escanearon, ansiosos, al llegar a su altura.
— Todo está bien, tranquilo. Lo he dejado durmiendo, Theo está con él. ¿Podemos hablar un momento?
Harry frunció el ceño, pero le indicó con una mano el camino a la cocina. En un momento estaban sentados a la mesa con una taza de té.
— Lo siento.
Hablaron los dos a la vez. Draco frunció los labios, irritado.
— No tienes que disculparte, ha sido un accidente. Y según el medimago, tu rapidez de reacción ha sido importante. —Hizo una pausa para mirar a Harry, intentando que levantara los ojos , fijos en la madera de la mesa— Teddy no habría cedido ante nadie más, ¿lo sabes verdad? —le recordó con voz más suave.
— Andrómeda o tú también lo habríais podido hacer.
Negó con la cabeza mientras daba un sorbo de té.
— Ella ya lo había intentado. Y yo no sé si habría conservado la calma lo suficiente.
Harry lo miró, con la duda aún en los ojos.
— ¿De qué querías hablar?
Aunque en realidad la pregunta era: ¿qué es tan urgente como para venir a estas horas, dejando a tu hijo?
— Quería disculparme por lo que he hecho esta tarde.
Los ojos verdes se abrieron mucho antes de que la magia de Harry se agitara, molesta.
— Más te vale no disculparte por haberme besado —le contestó entre dientes.
Ahora fueron los ojos grises los que se abrieron mucho.
—¿Qué? No, no. ¿Por qué me disculparía por eso?
— Porque te arrepientes.
Draco estiró la mano por encima de la mesa y lo enganchó por el cuello del pijama, levantándole lo suficiente de la silla para poder incorporarse sobre la mesa y besarle con brusquedad.
No pudo evitar un pequeño gemido y agarrarse a la nuca rubia para profundizar el beso, por si era el último. Draco lo liberó con la misma brusquedad y volvió a sentarse, respirando con dificultad.
— ¿Punto aclarado?
Harry asintió, sin acabar de encontrar su voz. Draco dio otro sorbo antes de volver a hablar.
— Quería disculparme por haberte pedido en el hospital que te fueras. Me bloqueé al ver a mis padres y a mis suegros en el pasillo.
— Ya sé que no soy muy popular...
— Deja de pensar que todo es culpa tuya —interrumpió irritado—. Yo habría preferido estar ahí, en el hospital contigo que con ellos, te lo aseguro. Pero mi padre aún consigue hacerme reaccionar como un adolescente.
Harry apartó la silla y se levantó a rellenar la taza. Le hizo un gesto de oferta con la tetera, que rechazó. Después caminó hacia la puerta.
— Estaremos más cómodos en el sofá.
En lugar de entrar al salón, Harry subió las escaleras a la primera planta y abrió la puerta a una habitación pequeña. Recordaba haber estado ahí de niño, visitando a su tía abuela. Era el salón del tapiz de los Black, pero mucho más cuidado de lo que recordaba. Un mullido sofá y una mesita redonda se habían instalado de espaldas al tapiz. Y en la pared frente al sofá había un montón de fotos, con su familia y amigos, también con niños a los que había ayudado en su trabajo. No puedo evitar acercarse al ver una foto de Harry con Astoria.
— Ella tenía razón, ¿sabes?
Harry se sentó en una esquina del sofá y dio un largo sorbo a su té antes de contestar.
— Astoria era una persona muy inteligente, seguramente tenía razón en muchas cosas.
Draco sonrió, sentándose junto a él.
— En uno de los recuerdos que vi, ella decía que serías un gran padre.
— Lo de hoy me hace dudar de eso —respondió, mirando otra foto en la pared, tomada unas semanas atrás en el almuerzo dominical.
El rubio siguió su mirada y la vio, en la foto Harry tenía a Scorpius sentado sobre sus hombros y ambos reían.
— Cuando estábamos en la habitación del hospital, ¿recuerdas que le decías a Scorpius? me ha parecido que estabas como en trance.
— Solo podía pensar en que estaba bien, sé que de mi boca salían palabras, pero la verdad es que ahora no sabría decirte el qué —susurró mirando la foto.
— Pues yo sí. Le has llamado "mi niño" varias veces. Y le has prometido que papá no dejaría que volviera a pasarle nada malo.
Harry se frotó los ojos con las manos, dando un suspiro cansado.
— ¿A dónde quieres llegar?
— Ibas a abrazarme, cuando han llamado a la puerta. —Se dejó caer, apoyándose en el hombro cubierto de algodón a cuadros — Y yo estaba deseando que lo hicieras, que me consolaras en ese momento.
El brazo de Harry lo sujetó, apoyándolo contra su pecho mientras hablaba.
— Hace unos días le pregunté a Blaise cómo había sabido que le gustaban los chicos. Me dijo que en las duchas después de un partido. ¿Cómo lo supiste tú?
Guardó silencio unos segundos, desconcertado por el cambio de tema.
— ¿Harry?
Carraspeó antes de hablar, lentamente, como si esperara una reacción negativa.
— Un día, en quinto curso, nos cruzamos en el campo de Quidditch. Tu llegabas a entrenar, yo salía. Tus pantalones de uniforme tuvieron la culpa.
— Pero el año siguiente saliste con Ginny.
— Y eso acabó de confirmarme que me gustaban los chicos —respondió con voz tensa.
Draco hizo una pausa, mirando el brazo de Harry, que descansaba flojamente sobre su pecho. Acarició el antebrazo moreno con un solo dedo, como había hecho por la tarde, observando fascinado como se le ponía la piel de gallina.
— La semana pasada, en el lago —habló al final, en un susurro— . Llevo toda la semana que cada vez que cierro los ojos te veo, tumbado al sol. Creo que tu bañador es tan culpable como mis pantalones de Quidditch.
No pudo evitar una carcajada. No había sido una elección inocente, se había puesto el bañador más pequeño y ajustado que tenía. Apretó un poco más el brazo contra el pecho de Draco y se inclinó a besarle tímidamente en el cuello, justo debajo de la oreja.
— Falta una foto mía en tu muro —bromeó después de un pequeño silencio.
Escuchó a Harry murmurar un hechizo junto a su oreja. Una de las fotos de la pared cambió, donde había un paisaje apareció una foto suya, tomada el mismo día que la de Scorpius. Estaba de perfil, sonriendo, mientras jugaba al ajedrez con Ron.
Se giró como pudo para alcanzar los labios que sonreían presuntuosos y dejar un beso suave sobre ellos. Y lo sintió, el hormigueo de la magia de Harry sobre su piel, dándole la bienvenida a casa.
Tachannnnnnn. Originalmente, esta historia acababa aquí, con un epílogo nada más, en concreto el OS que me hizo escribirla. Pero como ya dije al presentarla, no pude parar. Y sé que a todes nos gusta saber cómo sigue la historia después de que consiguen estar juntos, así que hay 10 capítulos más todavía para disfrutarlos, no solo a Draco y a Harry.
¡Nos vemos el viernes con capítulo de pañuelito!
