Un golpe en la puerta del despacho les hizo dar un brinco y separarse. Llevaban diez minutos besándose como adolescentes en el sofá, Harry tenía la coleta deshecha y Draco la cara levemente irritada por el roce de la barba.
Se miraron el uno a otro y se echaron a reír antes de que Harry contestara "Adelante" con voz un poco ronca.
— Harry tenemos un problema con la recaudación de fondos. —Hermione entró, con la vista fija en una carta que llevaba en la mano —Hola, Draco —saludó con una sonrisa—. No sabía que estabas por aquí, pero mira, mejor.
Les tendió la carta y se dejó caer en una silla. Draco la tomó y la leyó, su rostro cambiando conforme avanzaba. Harry, que estaba leyendo apoyado en su hombro, abrió bastante los ojos y luego apretó los labios.
— Es la primera vez que se interesan por ser donantes —explicó Hermione con prudencia, observando el gesto de disgusto de Draco—. Y, personalmente no aprecio el tono de la carta, pero no me atrevo a rechazar la propuesta.
Draco dejó la carta sobre la mesa y miró a Harry por un momento antes de hablar.
— Con mis padres nada es casual. No tuvieron interés cuando Astoria trabajaba aquí, ni en los casi dos años que llevo yo.
— A mi tampoco me gusta el tono —respondió Harry, frustrado—. Pero no se puede correr la voz de que rechazamos donantes, la prensa nos destrozaría.
Draco cerró los ojos y se pellizcó la nariz con dos dedos.
— Creo que os dejaré que le deis una vuelta. — Hermione se levantó para salir— Yo también creo que detrás de esto hay algo, pero realmente solo tú puedes saber que es, Draco.
Al quedarse solos, Draco volvió a tomar la carta y la releyó con el ceño fruncido. Aquello no tenía ningún sentido, su padre no era dado a colaborar con entidades benéficas. Y si lo que querían era hacer algo altruista, ¿por qué no decírselo a él directamente?, en lugar de escribir una carta bastante ofensiva exigiendo ser invitados a la fiesta de recaudación de fondos que harían en Navidad. Lo único que tenía sentido era…
— Quieren vernos juntos. Mis padres sospechan y en lugar de preguntar directamente han montado este número para saber si estamos juntos.
Harry levantó las cejas, sorprendido, y tomó la mano libre de su pareja.
— ¿En serio crees que harían algo tan retorcido?
Afirmó con la cabeza. Era probable que su madre hubiera intentado sonsacar a Andrómeda primero, pero eso sería de seguro inútil. Y no tenían valor por lo visto para enfrentarle.
— Vaya, donar una parte de la herencia de su nieto por no hacer una pregunta directa. Muy retorcido.
Draco respiró hondo antes de girarse para ponerse de medio lado en el sofá y poder ver mejor a Harry.
— No hemos hablado de si iremos juntos a la fiesta. Como pareja.
Las cejas de Harry se alzaron más todavía.
— Eso sería… ¿lo has pensado bien o es un arrebato por esto? —preguntó con tono moderado, señalando la carta aún en su mano—. Hacer algo así no tiene vuelta atrás, Draco. La prensa nos va a comer.
Draco se inclinó para besarle suavemente antes de responder. Después, pintó una sonrisa ladina.
— Lo había pensado. Y lo hablé con Ginny hace unos días. Ella iba a hablar con Thomas y Finnigan.
— ¿Qué?
— Es un buen momento políticamente, Harry. El nuevo presidente del Wizengamot es relativamente joven. Y sé de buena tinta que tiene un hijo gay. Y la primera ministra es una mujer por primera vez en un par de siglos. Sopla viento de cambio y me gustaría ayudar a cumplir el sueño de Astoria.
Harry lo miró fijamente durante unos minutos, analizando sus palabras y su expresión.
— ¿Cuánto llevas con esto?
Pillado, se dijo Draco, con una sonrisa culpable.
— Empecé a pensar sobre este tema cuando lo hablamos la Navidad pasada.
Harry no se sorprendió, pero sí se sintió muy querido. A pesar de que en ese momento no era un tema que le afectara personalmente, Draco se había implicado. Daba igual que su motivación fuera Astoria o hacer justicia para la gente que apreciaba, el caso es que había tomado la decisión de involucrarse. Y conociéndolo, se lo habría tomado muy en serio.
Le apretó la mano antes de hablar, un poco emocionado.
— No sé si es conveniente mezclar a la Fundación en esto, la verdad. Habría que hablarlo con Hermione.
— Encontré entre los papeles de Astoria un informe que había escrito cuando comenzó a trabajar en esto con Ginebra. Deberías leerlo, creo que es algo que de alguna manera sí afecta a vuestro trabajo.
— No entiendo.
— Según sus datos, y es algo que he hablado con Ginny y Maggie, un gran porcentaje de los adolescentes que habéis rescatado habían sido echados de casa. Salvando a las víctimas directas de la guerra, claro. ¿Imaginas el motivo?
— Espera, ¿por qué nadie me ha hablado nunca de esto?
Se encogió de hombros.
— Creo que hasta ahora la prioridad ha sido mantenerse en marcha. Pero han pasado diez años, estáis asentados y es posible que sea el momento de prestar atención a lo que está pasando.
Harry movió la cabeza. No era tan sencillo. Posicionarse de esa manera suponía exponerse a perder a una buena parte de sus donantes.
— Creo que esto requiere mucha reflexión, Draco. En este momento hay que lidiar con la recaudación de fondos.
— Solo te pido que lo consideres. Realmente creo que el primer paso es mostrarnos los adultos, que se acostumbren a vernos y oírnos. Y eso incluye a mis padres. Te aseguro que puedo conseguir que no se retiren como donantes después.
— Quizá deberíamos reunirnos con los otros implicados. Y con Hermione —cedió Harry—. Hay que estudiarlo todo.
Draco acababa de arreglarse ante el espejo de cuerpo entero de su habitación cuando sintió el flu. Los pasos en el pasillo le hicieron sonreír, se notaban lentos y distraídos.
— ¿Harry?
La cabeza morena se asomó por el quicio de la puerta. Lo miró a través del reflejo del espejo y sonrió de lado.
— Te has afeitado.
El moreno entró en su dormitorio con las manos en los bolsillos. Habían optado por llevar túnica, para disgusto de Harry, con una rebelión para esa noche ya era suficiente. Aún así, se distinguían perfectamente los pantalones de traje negros y la camisa almidonada blanca. El único detalle que llevaban a juego era la corbata plateada, que combinaba con la túnica verde oscuro de Draco y con la negra de Harry.
Harry se acercó hasta tomarle de la cintura y poner la barbilla en su hombro. Su cara era muy tensa y Draco sonrió más cálidamente, intentando darle fuerzas.
— Todo va a ir bien, amor —le dijo con suavidad, poniendo sus manos sobre las de Harry en su cintura.
La frente morena se apoyó en la curva de su hombro, con los ojos fuertemente cerrados.
— ¿Por qué estás tan tranquilo?
— Nada de lo que puedan escribir sobre mí a estas alturas va a ser peor de lo que ya han escrito. Y mejor ahora que Scorpius aún no se entera. ¿No estás cansado del secreto?
Lo sintió resoplar contra su espalda, y apretar más fuerte su abrazo en su cintura.
— No sé si voy a poder aguantar a la prensa atacándote.
Y ese era su novio, preocupándose por él cuando no era necesario. Se giró para abrazarlo y permitirle esconder su cara en la curva de su hombro de nuevo.
— Soy un adulto y sé dónde me estoy metiendo. No necesitas preocuparte por mí. Estaremos bien, Harry.
— Estoy asustado. No me gustan los cambios y creo que esto va a volver nuestra vida un caos durante muchos meses —confesó por fin.
Lo abrazó más fuerte. Tenía razón, iban a levantar una tormenta mediática. No eran la única pareja que iba a darse a conocer esa noche, la red de amigos de Ginny se había movilizado durante esos tres meses, al menos diez parejas del mismo sexo se dejarían ver esa noche en la fiesta, con naturalidad, sin aspavientos, pero sin esconderse. La prensa inglesa iba a armar un revuelo importante, pero estaban preparados y en contacto con prensa extranjera, tal y como había sugerido Draco meses atrás. Iba a ser una salida del armario masiva con personajes conocidos en toda europa: dos jugadores de Quidditch, la cantante y la guitarrista de un conocido grupo de rock , un reputado medimago y su pareja pocionista. Incluso la nueva profesora de Transformaciones de Hogwarts acudiría con su pareja, trabajadora de la Fundación. Eso también ayudaría a repartir la atención de la prensa y que no se centrara en Harry y Draco y en la Fundación.
— Un día a la vez, Harry. Igual luego no es para tanto.
Movió la cabeza incrédulo, pero aún así le siguió hacia el flu sin más quejas.
La fiesta de recaudación de fondos de La Fundación se había convertido con el paso de los años en un evento social importante, que rivalizaba en popularidad con la fiesta de fin de año del Ministerio. La diferencia fundamental era que los invitados pagaban una buena suma por asistir a cambio de buena comida y buena música. Para las familias más influyentes del mundo mágico europeo era un escaparate, lo que hacía que a veces surgieran pequeños piques para ver quién hacía la donación más grande, para regocijo del comité organizador, encabezado por Hermione, Fleur y Andrómeda.
Ya hacía tiempo que habían establecido la costumbre de que eran ellas tres las que recibían a los invitados, y reservaban a Harry para más tarde, para evitar a la prensa queriendo fotografiarle con cada sangrepura que entrara por la puerta.
No llegaron a la vez. A pesar de haber salido juntos de casa, Draco había decidido llegar pronto con sus amigos. Los cuatro eran invitados tradicionales de la fiesta, la prensa ya no se sorprendía por su presencia. Saludó a sus "cuñadas" al entrar con un beso en la mejilla y una sonrisa, y a su tía con el tradicional beso en el dorso de la mano con una pequeña inclinación.
Lo cuatro juntos se pasearon por el salón medio vacío. La fiesta se celebraba siempre en la mansión de los Nott, recuperada por Theo años atrás con la ayuda de Draco. La casa era una donación, un agradecimiento por parte de Theo por la ayuda que la Fundación les había prestado a todos ellos, y en los pisos superiores se habían instalado las oficinas hacía tres años, cuando la sede principal se había quedado pequeña.
— ¿Estás bien? —preguntó Pansy, colgándose de su brazo con una copa de champán en la otra mano.
— Estoy más preocupado por Harry que por mi o por la reacción de mis padres, si es lo que quieres saber —le murmuró, inclinándose a besarle la mejilla con cariño.
En seguida se unió Daphne a su grupo, y al poco rato fueron los amigos de Harry los que se acercaron a saludar. Thomas y Finnigan se habían presentado cogidos de la mano, dando lugar a las primeras miradas sorprendidas.
Cuando vio acercarse a Ginny, del brazo de una impresionante Maggie en un vestido de noche azul, supo que Harry estaba a punto de hacer aparición.
Las saludó a ambas con afecto, pero no pudo evitar distraerse mirando hacia las puertas por las que seguían entrando invitados. Divisó a lo lejos a sus padres, hablando con los padres de Pansy. Vio también a sus suegros y al resto de los Weasley, siempre fieles a la causa. Incluso Charlie había venido esta vez, lo que explicaba la tensión que emanaba Blaise a su lado.
— Blaise… es una buena ocasión —le susurró.
Ambos veían a Charlie reír, con su impecable traje muggle, rodeado de sus hermanos. A pesar del anhelo que mostraba su cara, Blaise negó con la cabeza y se dio la vuelta para tomar una copa de la bandeja flotante más cercana.
Los murmullos subieron ligeramente de tono y entonces supo que había llegado. Se giró hacia la puerta y lo vio, con su sonrisa bondadosa, acompañado de Molly. La expectación era inevitable, era una persona que se dejaba ver muy poco en el Mundo Mágico, y terriblemente hermético en lo tocante a su vida personal. En ese momento entendió el terror que le despertaba a Harry el revuelo que se iba a armar.
— Ginny, quizá esto no sea buena idea —le dijo al oído con disimulo.
Ambos miraron a Harry. Bajo su sonrisa, su incomodidad era muy visible para sus ojos expertos.
— No tenéis que hacerlo hoy si ves que no está preparado, Draco.
Asintió levemente. No se acercó a él, tal y como habían acordado, lo dejó cumplir con sus deberes de anfitrión, saludando a los distintos grupos de invitados.
La tensión en los hombros de Harry se acentuó al acercarse a saludar a sus padres. No pudo aguantar más, dejó la copa en la primera mesa que vio y se acercó también a saludarlos.
— Buenas noches, padre —interrumpió la tensa conversación, extendiendo la mano a su padre—. Buenas noches, madre. —Besó la mano de su madre— Buenas noches, Potter.
Los ojos verdes relampaguearon ante el saludo distante mientras se daban el protocolario apretón de manos.
— Ginebra necesita comentarte una cosa.
Harry se giró para despedirse brevemente antes de echar a andar a su lado.
— ¿Vuelvo a ser Potter? —preguntó guasón, relajando los hombros conforme se acercaba a sus amigos.
— No era cuestión de decirte "Harry, cariño, vengo a rescatarte del cabrón de mi padre" —respondió en un susurro, sin alterar su máscara neutral.
Su pareja ahogó una carcajada antes de acercarse a saludar a sus amigos.
La noche fluyó con relativa tranquilidad. Tal y como habían acordado, las parejas que protagonizaban la noche lo estaban haciendo de un modo muy natural, sin prestar atención a los ojos que les observaban sorprendidos ni a las cámaras de fotos de la prensa. Se veían pequeños detalles aquí y allá: el guardián del Pudlemere intercambiando un beso suave con un compañero de equipo cuando este le trajo una copa de vino; a Maggie Weasley tomando de la cintura a su esposa mientras hablaban con Hermione y Ron; a la joven Prímula McGonagall, observada de lejos con orgullo por su tía, teniendo una profunda conversación con el jefe de aurores sobre el entrenamiento de aurores mientras su pareja la acercaba un plato con canapés, lo que agradeció con un beso en la mejilla. Todo esto saldría en la prensa al día siguiente, no había duda.
En un extremo del salón, Draco seguía observando a Harry deambular por el salón, acompañado de Andrómeda o de Fleur a ratos. También observaba curioso a Charlie Weasley y las reacciones de Blaise, que no se separaba de él. Había captado varios cruces de miradas que no estaba seguro de estar interpretando bien.
— ¿Habéis vuelto a discutir? —preguntó en un susurro.
Blaise asintió con la cabeza, mirando a Charlie mientras daba un largo trago a su tercera copa de champán. Draco agradeció interiormente la gran resistencia de su amigo al alcohol.
— Blaise…
— Déjalo, Draco. Vamos a centrarnos en ti y en tu novio. Sois la única pareja del complot que aún no se ha rozado siquiera.
No pudo evitar sonreír. Cuando les había contado a sus amigos lo que iba a pasar en la fiesta, tratando de animar a Blaise a unirse a la iniciativa, este lo había bautizado como "El gran complot para dar en los morros a los rancios homofobos".
— No voy a forzar la situación. Acordamos bailar juntos y marcharnos pronto para evitar a la prensa.
— Y a tus padres.
— También.
— ¿Crees que Harry se va a echar atrás?
Lo buscó con la mirada y lo encontró participando en una conversación con McGonagall y el secretario de educación del ministerio, bastante relajado y con una copa en la mano.
— No lo sé.
— Mira a tu madre.
Siguió la dirección que señalaba Blaise con disimulo y la vio, hablando con Andrómeda a varios pasos de Lucius. Su lenguaje corporal delataba que estaba preocupada y molesta con su hermana. Y no le quedó duda sobre el motivo cuando la vio mirar a Harry y después a él.
— Parece más preocupada que enfadada, Draco.
En ese momento, Harry se despidió del grupo que se había formado alrededor de la directora de Hogwarts y caminó con seguridad hacia él. La mirada de las dos hermanas Black le siguió por el salón, la de Andrómeda llena de orgullo, la de Narcisa preocupada y nerviosa. Se colocó junto a él, a una respetuosa distancia, y se llevó a los labios una copa encantada para parecer vino, aunque en realidad estaba llena de agua.
— ¿Qué tal por aquí? —preguntó cortés, observando a sus invitados sin mirar a su pareja.
— Hambrientos —le contestó Blaise con su desparpajo habitual.
Los tres rieron, relajados.
— Si no damos de cenar a Blaise pronto, va a acabar rodando por el suelo, me temo —apostilló Draco.
Blaise reforzó la afirmación tomando una nueva copa de champan. Harry miró su reloj, el mismo que le habían regalado los Weasley por su mayoría de edad y del que nunca se había separado. Hizo una seña a uno de los camareros.
— Va siendo hora sí. ¿Me acompañas a la mesa?
El rubio le miró sorprendido, eso no formaba parte del plan, ni siquiera iban a sentarse juntos. Pero no lo cuestionó, tomó el brazo que le ofrecía Harry y caminó con él a través del salón mientras los camareros avisaban de que la cena estaba servida.
Juro solemnemente que no estaba planeado que este capítulo cayera tan cerca del día del Orgullo. Por lo general creo que el fanfiction no es para reivindicar, pero no pude evitarlo, necesitaba darle un poco en los morros a los rancios homófobos, como dice Blaise. Esta salida masiva del armario es el comienzo de una pequeña revolución que veremos en los próximos dos capítulos, pero tranquis, no veremos solo reivindicación.
Os adelanto que el título del próximo capítulo es "Los suegros", ya podéis imaginar que los Malfoy tendrán algo que decir. ¡Nos vemos el miércoles!
