Dos días después de la fiesta, las lechuzas seguían acosando las oficinas de la Fundación, la casa de Harry y la de Draco. Sabiamente, habían decidido tomarse unos días de descanso, lejos del Reino Unido, y estaban los tres en una de las casas de los Malfoy en Francia.

A pesar de su relación difícil con su padre, Draco seguía siendo el heredero y como tal las propiedades y sus elfos le reconocían sin problemas. Por la vida que había llevado desde que salió del colegio, apenas había hecho uso de ese derecho, pero no ignoraba cómo funcionaba y que su padre sabía perfectamente dónde estaba.

Estaban los tres sentados en el suelo sobre la alfombra, cerca de la chimenea, entretenidos con un juego de construcciones mágico. Cuando las protecciones de la casa avisaron de que llegaba un Malfoy, Draco miró a Harry, que tomó a Scorpius en brazos y se lo llevó escaleras arriba a su habitación.

— Buenas tardes, padre. Buenas noches, madre. —Los recibió sentado en el sofá con un libro en la mano— Me encantaría decir que me alegro de veros, pero no creo que sonara creíble.

— ¿Dónde está mi nieto? —preguntó Narcisa nerviosa.

— Está en su cuarto, con Harry.

Su madre hizo un gesto con la cabeza y salió del salón.

— ¿De qué va todo esto, Draco? ¿De verdad tenemos que creer que tienes una relación con... con ese hombre?

Miró a su padre, que se había sentado en el sillón más lejano, con su bastón entre sus rodillas y una postura claramente ofensiva.

— No tienes porqué creerlo si no quieres padre, pero lo cierto es que la tengo.

— Esto es... —su padre estaba cada vez más rojo— es un repugnante montaje. Tú no eres homosexual. ¿Por qué nos estás haciendo esto, Draco? ¿No has denostado suficiente ya nuestro apellido?

— De denostar nuestro apellido te ocupaste tu solo, padre —respondió con voz calmada—. Y te agradecería que te abstengas de llamar a mi relación de pareja repugnante montaje.

— ¡Tú no eres así! —gritó su padre— Y exijo que acabes con esta farsa públicamente. O atente a las consecuencias.

Draco apretó los puños y tomó aire para tranquilizarse.

— ¿Para qué iba yo a orquestar una farsa así, padre? ¿Qué sentido tiene?

— Para humillarme. Para vengarte. O para renegar de todos los valores que traté de inculcarte.

Miró a su padre y, por primera vez, vio al hombre derrotado por sus convicciones en lugar de al seguidor fanático de las artes oscuras. Se levantó del sofá y se sentó en el sillón más cercano al de su padre.

— En contra de lo que crees, padre, no he tomado ninguna decisión en estos años pensando en dañarte ni a ti ni a nuestro apellido. Quiero a Harry, igual que quería a Astoria, mis elecciones de pareja son eso, elecciones personales basadas en el amor, no en la venganza —le explicó con suavidad.

Su padre le miró, directo a los ojos, quizá la mirada más abierta que le había dedicado desde que acabó la guerra. Lo vio tragar saliva y carraspear antes de decidirse a hablar.

— Estarías en tu derecho de vengarte. Yo no puedo perdonarme.

Tuvo que tragar varias veces para que pasara el nudo de la garganta. Ese era su padre, el hombre que le había criado con amor antes de que el fanatismo se instalara en su vida como un virus destructor.

— Salí adelante, padre, sin vuestra ayuda, por mis propios medios y gracias a mi esposa. No voy a decir que te he perdonado, porque no sé si eso es lo que siento realmente, pero me gustaría empezar de cero y te doy la oportunidad de hacerlo, por ti, y por tu nieto. Y ahora, si me disculpas, voy a ver cómo está mi hijo —dijo levantándose y saliendo de la habitación antes de que su padre pudiera verle llorar.

Narcisa subió lentamente las escaleras hasta el dormitorio infantil. A través de la puerta entreabierta, vio a Harry sentado con Scorpius en la esponjosa alfombra, levantando un castillo con un juego de construcciones que reconoció rápidamente como el que tenía Draco cuando era niño. Tocó con los nudillos en la puerta. Scorpius le saludó con un gritito y se levantó corriendo para agarrarse a su falda. Un poco emocionada, lo cogió en brazos y lo besó en la mejilla regordeta antes de saludar a Harry.

— Buenas noches, señor Potter. Espero no molestar.

Harry se puso de pie y se acercó a besar su mano con educación.

— Para nada. ¿quiere sentarse? —le preguntó cortés, señalando la mecedora que habia a un par de metros.

Narcisa dejó al niño en el suelo, que volvió rápidamente su atención al juego sobre la alfombra. Lo miró por un momento antes de seguirle y sentarse junto a él en lugar de en el asiento que le ofrecían. Un poco sorprendido, Harry volvió al lugar en el que estaba sentado antes. En silencio, ambos observaron a Scorpius jugar durante unos minutos.

— Draco y yo pasamos muchas horas en esta misma habitación jugando con esto —le comentó, viendo a su nieto amontonar piezas.

— Me lo ha contado —respondió con suavidad.

Scorpius le tendió a Harry una de las piezas, llamando su atención para que jugara con él. Narcisa no pudo evitar observar el cariño con el que el moreno trataba al niño, y la confianza que el pequeño mostraba con él.

— ¿Cuánto tiempo llevan usted y mi hijo juntos?

Los ojos verdes le miraron, sobresaltados por la pregunta directa.

— Como pareja, seis meses. Antes de eso me enorgullece decir que hemos sido buenos amigos desde que comenzó a trabajar con nosotros en la Fundación.

— Usted los quiere. A los dos —afirmó, mirando a Scorpius.

— Mucho.

Los ojos grises de Narcisa se clavaron en él, tan Black como los de Draco o Sirius.

— ¿Se casaría con mi hijo si tuviera la posibilidad? ¿Formaría una familia?

— Sin dudarlo un segundo, señora Malfoy. El día que la ley cambie seré el primero en hacerlo. Pero ellos ya son mi familia, no necesito un papel firmado para eso.

Un carraspeo les hizo girarse hacia la puerta. Draco estaba allí, con los ojos brillantes y una sonrisa bastante amplia que delataba que había escuchado la conversación. Harry se puso de pie con agilidad y se acercó a él para abrazarle brevemente.

— Iré a ocuparme de la cena, —se excusó antes de bajar las escaleras.

Draco se sentó en el lugar en el que había estado Harry y Scorpius rápidamente se levantó para sentarse entre sus piernas y ofrecerle una pieza.

— ¿Eres feliz, hijo?

La sonrisa de Draco era muy elocuente, pero necesitaba escucharlo de sus labios.

— Lo soy, madre.

— Bien. En realidad es lo único que nos importa, pero creo que no hemos sabido mostrártelo.

Scorpius se levantó del regazo de su padre para acercarse a su abuela y tenderle una banderita con el escudo de armas de los Malfoy, para que la pusiera sobre la torre de su castillo.

— Le he dicho a padre que me gustaría empezar de cero. En vuestras manos está, siempre y cuando respeteis mis decisiones.

Narcisa colocó con cuidado la banderita en lo alto de la torre y abrió los brazos a Scorpius, que se acurrucó entre ellos.

— No voy a negarte que estoy sorprendida, jamás te habría imaginado con otro hombre. Pero no soy tu padre en ese sentido, Draco, no tienes que temer de mi ningun tipo de rechazo. En este momento lo único que quiero es que Scorpius y tu esteis bien, que salgais adelante, y si el señor Potter es lo que necesitas en tu vida para eso, bienvenido sea a mi familia. Lucius tendrá que lidiar él mismo con sus prejuicios.

No pudo evitar mirar a su madre con sorpresa, no esperaba que ella lo aceptara con tanta facilidad.

— No me mires así, hijo, como si te sorprendiera que te quiera —le reprochó con suavidad.

— No me lo has dicho a menudo, madre.

Sonrió con tristeza, porque su hijo tenía razón.

— Trataré de enmendar eso.

Uno de los elfos de la casa apareció en ese momento para anunciarles que la cena estaba preparada y el señor Malfoy y el señor Potter les esperaban ya en el comedor. Un poco espantados, se apresuraron a bajar a reunirse con ellos, temiendo lo que fueran a encontrar. Ambos hombres esperaban en pie, junto a la chimenea, con un jerez en la mano, en silencio.

Al entrar ellos, Lucius se acercó a su esposa para acompañarla a la mesa. Harry mientras ayudó a Draco a sentar a Scorpius en su sillita especial. A Narcisa le llamó la atención que la sillita estuviera colocada junto a la silla de Harry.

— Cuando Harry está en casa siempre se ocupa de darle de cenar, mientras yo cocino —explicó Draco, sentándose al otro lado de Harry.

Hubo un tenso silencio mientras los elfos servían el primer plato. Fue Lucius el que se animó a romperlo.

— ¿Estáis viviendo juntos?

— Decidimos ir despacio, aún es pronto —contestó Harry con calma.

— Ahora que es de conocimiento público, ¿qué vais a hacer?

Draco miró a su madre sin entender la pregunta.

— La prensa os va a perseguir una temporada, quizá necesitáis un lugar más protegido para Scorpius.

Levantó una ceja sorprendido y miró a su padre, que tenía un gesto idéntico.

— Mi casa tiene un encantamiento Fidelio, señora Malfoy. Pero esperamos que no sea necesario, que se calme todo antes de llegar a eso.

— Narcisa, llámeme Narcisa por favor.

Harry le sonrió ampliamente antes de contestar.

— Y usted a mi Harry, por favor.

Draco escondió una sonrisa tras su copa de vino antes de mirar a su padre.

— ¿Vas a mantener tu apoyo a la Fundación, padre?

La mirada que le echó Lucius le dejó claro que le ofendía la duda, un Malfoy no se retracta de un acuerdo como ese.

— Por supuesto. ¿Habéis estudiado el impacto que va a tener lo que habéis hecho? —contraatacó con dureza.

— Lo hemos hecho.

— Entiendo entonces que no es un acto aleatorio, hay un plan detrás.

Draco miró a Harry, concentrado en Scorpius y su cena, antes de contestar a su padre.

— Lo hay.

— Puedo ayudaros a tratar con el resto de los benefactores.

Harry y él contestaron a la vez.

— Será bienvenida toda la ayuda, gracias padre.

— No es necesario señor, Malfoy, gracias.

Una conversación silenciosa fluyó entre la joven pareja.

— Veamos como van las cosas cuando volvamos al trabajo —declaró al final Draco.

— Hablando de volver, cuento con vosotros para cenar en Nochebuena —cambió de tema hábilmente Narcisa.


Capítulo cortito. Me resulta difícil retratar la relación entre Draco y su padre, después de haber explicado el asunto de los latigazos, pero bueno. Perdonar algo así es difícil, pero me gusta pensar que el Draco maduro que estamos viendo ahora puede seguir hacia delante y crear una relación diferente con su padre.

El viernes veremos las demás consecuencias, un momento muy tierno y uno bastante épico. ¡Abrazos!