Como Draco había predicho, era un buen momento para el cambio. La prensa, la británica y la europea en general, ayudaron a generar un debate que pronto se extendió por todas las capas de la tradicional sociedad británica.
La prensa extranjera, de nuevo como Draco esperaba, atacó duramente la arcaica legislación mágica sobre el matrimonio y la familia, mientras que la británica se centraba más en poner cara a la reivindicación, bordeando como siempre el amarillismo y mostrando ambas caras del debate, las personas que reclamaban derechos frente a los que defendían los valores tradicionales.
Tras dos meses de estar continuamente en la prensa, el tema trascendió hasta los despachos del ministerio, que no tuvo más remedio que aceptar reunirse con el grupo que había comenzado aquello en la cena de la Fundación.
Los dos abogados que formaban parte del grupo presentaron en nombre de todos ellos, y respaldados por muchas firmas mas, un documento analizando los cambios que necesitaba la ley mágica para, al menos, ser inclusiva y no permitir que hubiera ciudadadas y ciudadanos de segunda clase.
El debate en el Wizengamot fue largo y muy tenso. Dejó a la vista la brecha generacional y lo implantados que estaban los antiguos valores sangrepura en muchas familias. Hubo dos intentos de votar los cambios legislativos, llevados hasta el tribunal por un grupo de miembros más jóvenes. Los dos fracasaron.
Había una tercera oportunidad, según las normas del Wizengamot un cambio legislativo de ese calibre se podía votar hasta tres veces en el curso de un año, si no salía esta vez aprobado había que esperar dos años para volverlo a plantear. La respuesta del grupo de defensores de la iniciativa fue una serie de entrevistas que se publicaron en distintos periódicos europeos, culminando con una entrevista a la pareja instigadora en el aniversario de su salida del armario.
La vida de Harry y Draco durante ese año había sido una montaña rusa de emociones. Habían mantenido una pequeña guerra con los padres de Astoria, para espanto de Daphne, que consideraban que Draco no estaba mentalmente en condiciones de criar a su nieto. Evidentemente, El Profeta disfrutó desacreditando a los Malfoy y de paso a Harry. Aquello se había acabado arreglando judicialmente, cuando el Wizengamot había desestimado la demanda de Bertrand Greengrass por la custodia.
Al margen de los malos momentos que había generado el asunto G, como lo había bautizado Blaise, su relación de pareja había crecido y se había consolidado hasta tomar la decisión de mudarse a vivir juntos. En concreto, de mudarse Harry a casa de Draco, porque los tres Black habían dejado claro que su casa no era adecuada para un niño pequeño. También había mejorado la relación de Draco con sus padres, sobre todo con su madre. Imposible olvidar el momento en el que Lucius Malfoy había amenazado a su consuegro con una oscura maldición si seguía difamando a su hijo y su yerno en la prensa.
Para Harry, había otro momento más que atesoraba de ese difícil año. Un domingo de verano, poco después de mudarse con ellos, entró como cada noche a darle las buenas noches al pequeño. Lo encontró inquieto, moviendo los piecitos bajo la sábana, pero lo achacó al largo día en la Madriguera. Le besó como siempre en la frente y le deseo felices sueños antes de dar paso a su padre, que era el encargado del cuento y de arroparle antes de apagar la luz. Como cada noche, Harry se dirigió a la cocina a acabar de recoger las cosas de la cena mientras Draco pasaba ese ratito a solas con Scorpius, pero al cabo de cinco minutos escuchó la voz de su pareja llamarle. Se asomó a la puerta y vió a ambos rubios hablando de algo en susurros.
— ¿Me has llamado? —preguntó.
Draco asintió, levantándose de la cama.
— Scorpius quiere que tú le arropes hoy.
Harry lo miró un poco confundido, sin acabar de entender porque le brillaban los ojos, pero lo dejó salir de la habitación y volvió a acercarse a la cama. Colocó bien las sábanas del pequeño, ajustándolas para que le taparan hasta la barbilla como le gustaba, y se inclinó para darle un segundo beso en la frente.
— Buenas noches, Scorp. —le dijo, bajando la intensidad de la lámparita sobre su mesilla como hacía su padre cada noche.
— Buenas noches, papi.
Al salir al pasillo, preguntándose todavía si había escuchado bien, se encontró con Draco apoyado en la pared, un poco cabizbajo. Lo tomó de la cintura para ir juntos hasta el salón, lejos de los oídos infantiles.
— Hoy Little Molly le ha dicho que tú no eres su papá, porque yo soy su papá y solo se puede tener un papá y una mamá.
Harry maldijo por dentro la lógica de Molly, tan redicha como su padre.
— ¿Qué le has dicho tú?
— Que Molly está equivocada. Y que él tiene una mamá y un papá, más la suerte de tenerte a ti que eres su papá también en el corazón. Que somos una familia aunque haya gente que no lo entienda. Entonces ha contestado "Como el abuelo Bertrand" y —se detuvo un momento porque se le rompió la voz— te juro Harry que casi me echo a llorar ahí mismo.
Harry le abrazó más fuerte, con un nudo en la garganta.
— Se ha quedado pensando un rato y me ha dicho que "Papá en el corazón" era muy largo, que si no podía llamarte mejor papi.
Los dos rieron entre lágrimas.
— Eres su padre, Harry. Y hasta un niño de dos años y medio puede entender eso.
La entrevista a Harry y Draco fue vendida a periódicos de medio mundo. El héroe de guerra, el libertador del mundo mágico inglés, y el mortífago redimido con un hijo, por cuya custodia había tenido que litigar en los tribunales y que ayudaban a jóvenes magos que eran expulsados de sus casas por padres intolerantes. Material de primera que, finalmente, El Profeta accedió a publicar también sin retoques por parte de su editor.
Seguramente los únicos en no leerlo fueron sus protagonistas, que tal cual acabó la fiesta de recaudación ese año, salieron de nuevo del país para pasar unos días en otra de las casas de Francia. Scorpius fue inmensamente feliz con la decisión de sus padres de pasar una semana en la casa familiar en los Pirineos, rodeados de nieve. Draco recordaría siempre esa semana como una de las más divertidas de la infancia de su hijo, tirándose en trineo y aprendiendo a patinar sobre hielo.
La fecha fijada para la tercera votación del Wizengamot era el 7 de enero. Los días previos, Draco se dio cuenta de que Harry estaba más ausente y pensativo, pero lo atribuyó a los nervios y al cansancio de las fiestas navideñas.
Tomaron asiento en la zona para público del tribunal, rodeados de los demás firmantes de la solicitud. Había un zumbido de tensión en el ambiente, aunque todos estaban callados.
Con discreción, Draco tomó la mano de Harry. En esa misma sala, 12 años antes, había recibido un inmenso regalo por parte del hombre que se sentaba a su lado: su libertad, y con ella una segunda oportunidad. Apretó un poco su mano y los ojos verdes se volvieron hacia él, interrogantes.
— Nunca te he dado las gracias —le murmuró.
— ¿Por?
— Salvaste mi vida una tercera vez, aquí, en esta sala. Gracias, Harry.
Una sonrisa emocionada llenó la cara de su pareja.
— Gracias a ti, por hacer esto. Pase lo que pase hoy, estoy tremendamente orgulloso de ti, y estoy seguro de que Astoria te está aplaudiendo también.
Unieron sus frentes unos segundos. Un carraspeo junto a Draco les hizo abrir los ojos.
— El del Profeta os está friendo a fotos, pareja —les dijo Blaise.
Al otro lado de Harry, Ginny rió suave, tomando también la mano de Maggie.
— Si todo sale bien, le vamos a dar las fotos de su vida —susurró a su mejor amigo.
Harry asintió, con cara de nervios de nuevo.
Se hizo un silencio cuando el presidente del tribunal entró a ocupar su lugar. Incluso la ministra estaba presente. Con mucho lenguaje legal, el presidente leyó por tercera vez los cambios básicos que se iban a votar, recordando que posteriormente habría que hacer una revisión más exhaustiva y también crear nuevas leyes para cubrir las necesidades que fueran surgiendo. Recordó también que, en caso de empate, su voto valía doble.
El silencio se hizo más denso cuando empezaron los votos. Cada mago o bruja era llamado por su nombre por el secretario del tribunal, debía ponerse en pie y decir Sí o No. Harry apretó con más fuerza la mano de Draco cuando, a mitad de votación, el Sí adelantaba en cinco votos al No. Después hubo un grupo que votó No, con cara de desagrado.
La tensión fue subiendo conforme llegaban a las últimas letras del alfabeto. Los votos se iban alternando, el empate comenzaba a ser una posibilidad muy clara. Entre el público en la grada hubo un ligero movimiento y alguien se sentó detrás de Harry.
Todas las miradas estaban clavadas en el presidente del Tribunal cuando el último mago dijo No. Su voto era el definitivo, el No ganaba por un voto. Por un momento, Harry pensó que la mirada del presidente, clavada en la tribuna, era para él. Pero entonces se dio cuenta de que no, Smith miraba ligeramente por encima de él, a la persona que se había sentado un momento atrás. Se giró levemente y levantó las cejas muchísimo al ver a Zacharias sosteniéndole la mirada al presidente Smith.
Miró a Draco y vio un misteriosa y triunfal sonrisa, él lo sabía, seguramente por Blaise, que sonreía también.
— Sí.
Hubo un silencio. El secretario debía dar el recuento final en voz alta para confírmarlo.
— Votos en contra, 34. Votos a favor, 35. La reforma legislativa ha sido aprobada.
La última palabra del secretario fue ahogada por un mar de aplausos, desde la tribuna y desde los asientos del tribunal, incluso la primera ministra sonreía y aplaudía con entusiasmo hacia la tribuna de invitados.
La foto que iría en la portada de El Profeta esa misma tarde sería la del beso masivo que hubo en la tribuna de invitados, sin ninguna duda, al menos veinte parejas mostrando su amor y su alegría.
La celebración se trasladó al pub que poseía Seamus en el Callejón Diagon. Se unieron amigos y familiares también. A Draco le sorprendió la visita de su madre y su tía, tan fuera de lugar en un sitio como ese. Vio a Narcisa abrazar a Harry y decirle algo al oído, a lo que su pareja respondió con un asentimiento. Aún así, no lo vio venir.
De repente, la música se apagó y se hizo un silencio. Miró a su alrededor, buscando el motivo. Cuatro Gryffindor estaban alineados a lo largo de la barra, con cara de estar a punto de hacer la travesura de sus vidas. Coordinados, avanzaron hacia sus parejas y se arrodillaron a la vez. Un ohhhh general sacudió a los asistentes.
— Todos queríamos ser los primeros en hacer esto hoy —dijo Seamus con voz segura.
— Como no conseguimos ponernos de acuerdo, decidimos que lo haríamos juntos, como un equipo—declaró Oliver con voz menos segura.
— Y porque así había menos posibilidades de echarnos atrás —bromeó Ginny.
— Nos tocará competir para ver quien organiza una boda primero —bromeó también Harry, mirando a su suegra, que sonrió ladina.
Draco lo miró, arrodillado ante él , los ojos verdes brillantes y resistió la tentación de arrodillarse también y abrazarle. A su izquierda, la voz ronca de Marcus Flint se dejó oír, generando una carcajada.
— Malditos leones habladores, al grano por favor.
En las manos de los arrodillados aparecieron cuatro cajitas y cada uno sacó un anillo. Las palabras que se dijeron solo las escucharon los implicados, pero todos aplaudieron con ganas cuando los arrodillados se levantaron y las cuatro parejas se besaron y abrazaron.
— Hacerme llorar en público, Potter —le murmuró al oído, con la cara escondida en su cuello—. Ve pensando en cómo me vas a compensar.
Harry rió entre lágrimas, abrazándole más fuerte.
— Te voy a compensar dejando a tu madre organizar, lleva meses planeando boda a escondidas, cariño. Me amenazó, dijo que no pudo hacerlo la primera vez. Así que vamos a ser los primeros y vamos a tener la boda más espectacular, prepárate.
Draco soltó una risotada antes de volver a besar largamente a su prometido.
¡Bodorrio! Ahora ya puedo contar que escribí toooooodo este fic porque necesitaba conocer la historia de los novios del OS "En una boda", que forma parte de Besos y que será el capítulo que tendremos el lunes próximo.
¿Qué os parece? El Deamus siempre es inevitable, para mí es canon. Ginny quiere tener la oportunidad de casarse mágicamente. Y respecto a Oliver y Flint... pues está claro, ¿no? y si no los conoces, ya tardas en ir a leer "Bludger", en Fictober y el OS independiente "Snitch"
Yo y mi manía de enlazar historias. En fin, la semana que viene veremos la boda y conoceremos la historia de otros personajes, esto ya se va acabando. ¡Buen finde!
