La cabeza en la chimenea se disculpó por enésima vez.

— Lo siento Nev, de verdad. Estamos a punto de presenciar el nacimiento de un thestral, hace casi un siglo que no nace uno en un país tan cálido...

— No pasa nada, Luna. Iré solo.

— ¿Estarás bien? —Luna sonaba preocupada.

— Lo estaré. Cuídate, espero que me cuentes todos los detalles.

El flujo se desconectó. Neville se puso de pie, con un suspiro. No era para tanto, ¿no? Ir solo a una boda no era el fin del mundo. Bueno, igual un poco.

Desde que su relación con Hannah había terminado, sus amigos caminaban a su alrededor como si fuera de cristal. Estaba harto de caras de preocupación y de que la gente hubiera dejado de hablar con él de sus vidas de pareja.

Ser el único amigo soltero del grupo era, sin duda, un asco.

— Esto arruina la planificación de las mesas.

Draco miró a su madre con cansancio. Estaba hasta el gorro de la boda. Los centros de mesa, las demás flores, el color de los manteles, las túnicas rituales... Todo aquello se había convertido en un circo insoportable. Y ahora el drama de que un invitado se hubiera quedado colgado. No podía ser casualidad que a Harry le hubiera surgido trabajo ese mismo día.

— Madre, solo es una persona. Así estarán más anchos en la mesa.

Su madre le miró, echando fuego por los ojos.

— ¡Dos!, son dos personas Draco —Lo remarcó bien con los dedos, por si no se había enterado aún—Tendré que rehacer las mesas.

Draco quería saber quién más había fallado, pero la mirada maniaco homicida de su madre le abstuvo de preguntar. Y, por aliviar la tensión, solo se le ocurrió bromear.

— Ponlos juntos, madre. A los dos desparejados. Asunto resuelto.

Con organizadora histérica y todo, fue una boda bonita. Todo el mundo hizo "Ohhhhhh" cuando el pequeño Scorpius caminó muy digno por el pasillo, con su túnica de gala a juego con la de su padre. Junto a él, un desgarbado preadolescente Teddy Lupin, con el cabello y los ojos imitando a su padrino y una gran sonrisa.

En su asiento asignado, Neville disfrutó de la ceremonia. Hizo "Ohhh" con los niños, sonrió al ver a Harry desfilar del brazo de Molly. Admiró el porte de Draco y su padre, que más que caminar parecían deslizarse. Eso sí, cuando se sentaron para escuchar al oficiante, se permitió poner una sonrisa protocolaria y maldecir internamente a los novios por emparejarle.

Sí sí, y sin avisar. Cuando había llegado al lugar de la ceremonia, se había encontrado a Narcisa y Andrómeda con un pergamino, indicando a las parejas sus lugares para la ceremonia.

El hecho de que el bello rostro de Narcisa Malfoy se hubiera crispado al verle ya debería haberle avisado de que algo no iba bien. Por suerte para él, otros invitados mantenían ocupada a Narcisa, así que se acercó a Andrómeda.

— Buenos días, señora Tonks.

Recibió una sonrisa cálida que le ayudaba a alejar de su mente el parecido con su difunta hermana.

— Profesor Longbottom, me alegro de verle. ¿Ha visto que día tan magnífico tenemos?

No pudo evitar sonreír también a la afable mujer.

— Está todo muy hermoso, mi enhorabuena a las organizadoras. ¿A dónde debo dirigirme?

Andrómeda le indicó cuál era su asiento, y el de su acompañante.

— Discúlpeme, pero avisé hace unas semanas de que vendría solo —le susurró, mortificado—. Debe ser un error.

La mirada Black que se llevó en ese momento le indicó que no era buena idea hablar de errores.

— Vaya, Longbottom, parece que hoy vamos a ser pareja —interrumpió una voz guasona a sus espaldas—. Deberías habernos avisado, Narcisa, nos habríamos hecho corbatas a juego.

Neville cerró un momento los ojos para tomar aire antes de girarse.

— Zabini —trató de mantener un tono neutro—. Qué inesperado placer.

Maldito hombre, siempre impecable, se dijo por dentro. Zabini le tendió la mano, que trató de estrechar con la justa medida de cortesía y fuerza.

— El placer es mío, Longbottom.

Neville no pudo evitar mirar a su alrededor, para asegurarse de que nadie más había escuchado el tono sugerente del italiano.

Y eso había sido todo. Con extrema cortesía, Zabini le había acompañado hasta los lugares asignados para ambos. Apenas habían hablado mientras esperaban a que comenzara la ceremonia. Desde que había comenzado, la atención de Zabini estaba totalmente puesta en la alfombra y después en el altar. Y la suya no podía evitar fijarse en su "pareja".

Hasta un hetero convencido como él podía afirmar que Zabini era atractivo. Había oído historias, claro. El año después de la guerra, sin peligros ni amenazas de muerte, Hogwarts se había convertido en el internado que debía ser, lleno de chicos y chicas hormonales.

Seamus había encabezado una oleada de salidas del armario en Gryfindor, y era consciente de que al menos dos de sus amigos habían descubierto las maravillas del sexo con un chico a manos de Zabini.

Él había sido, como siempre, el tímido rezagado. Nada de noches locas para él ni escapadas a aulas vacías. Había sido un chico responsable y trabajador, que había tenido su primera novia por iniciativa de ella.

"Soy lamentable", se dijo a sí mismo, mirando a su compañero de asiento. Tenía treinta años y había estado con una sola chica en su vida. Seguramente lamentable se quedará corto.

En ese momento, como si Zabini le hubiera oído, se giró y le dedicó una sonrisa de medio lado. No sabía si se estaba riendo de él o simplemente era así, un provocador muy consciente de su atractivo. Prefirió elegir la segunda opción.

Casi no se había enterado de la ceremonia. Le vino justo para reengancharse en el momento de los votos. Fue inevitable emocionarse cuando Harry, con voz temblorosa, recordó a todos que "Nuestra relación ha sido como nuestra adolescencia: una lucha constante. Por suerte, como en la vida, llegó la madurez para hacernos ver todo con otros ojos y descubrir que querernos es tan fácil como respirar. Y mientras respire, seguiré amándote".

Todo el mundo tuvo que secarse los ojos en aquel momento, mientras Teddy Lupin se acercaba a su padrino para entregarle la alianza, que Harry puso en el dedo de Draco sin que le temblara la mano.

Sintió envidia, un sentimiento muy ajeno a su carácter, pero inevitable en ese momento. Junto a él, Zabini se secaba los ojos con cuidado mientras miraba a su mejor amigo. Draco, sin su frialdad habitual, se veía profundamente emocionado.

— Yo tenía un gran discurso preparado — hizo una pausa dramática en la que se escucharon algunas risitas—. Pero no creo que nada de lo que diga vaya a superar tus palabras, Harry. Porque son ciertas y resumen lo que hemos sido: luchadores. Solo me gustaría añadir —tendió su mano al pequeño que esperaba a unos pasos, junto a su abuela— que Scorpius y yo somos increíblemente afortunados de tenerte en nuestra vida. Te queremos, papá Harry.

En respuesta, el pequeño entregó a su padre el anillo y abrió los brazos a Harry para que le cogiera. Otro "Ow" generalizado cerró el momento de los votos cuando Harry lo tomó en brazos y el niño se abrazó a su cuello.

La emoción dio paso al cocktail previo a la comida. En un ambiente más distendido, Neville se acercó a charlar con sus amigos, perdiendo de vista un rato a Zabini.

Estaba charlando con Dean sobre los planes para su boda cuando sintió un ligero toque en el hombro. Al girarse, se encontró con la bonita sonrisa de Zabini, que le tendía una copa mientras sujetaba un plato con diversos canapés.

— He pensado que podía ejercer de pareja modelo y traerte una copa y algo de comer —dijo, poniéndole el vaso en la mano y dejando el plato sobre la mesa—. Felicidades, Thomas, —Le extendió la mano a Dean— me han dicho que vosotros seréis los siguientes.

Dean sonrió, un poco sorprendido, y le estrechó la mano, dándole las gracias con educación. Neville lo contemplaba todo con cara de no entender nada, viendo como su amigo y Zabini comenzaban una conversación sobre trabajo, mientras el Slytherin, como quien no quiere la cosa, le posaba la mano en la baja espalda.

Dean se disculpó para marcharse en busca de su prometido. Al estar solos, se removió incómodo, para quitar la mano de Zabini.

— ¿Qué haces?

La sonrisa ladeada estaba de vuelta.

— Me gusta hacer las cosas bien, Neville. Si Narcisa dice que hoy somos pareja, pues yo le hago caso.

El brillo burlón de los ojos oscuros molestó más a Neville que las palabras.

— Ve a reírte de otro —le susurró antes de alejarse indignado.

No volvió a verlo hasta la hora de sentarse. Por suerte, estaban en una mesa con otros Gryffindor, lo que le ayudó a relajarse. Zabini no tuvo problemas para integrarse en la conversación, estaba claro que era una persona sociable.

Lo ignoró. Estaba feo, lo sabía, pero ignoró completamente a la persona sentada a su izquierda. Prefirió centrarse en la aburrida conversación entre Hermione y Parvati sobre niños.

Comió y bebió con moderación, porque así era el. Una persona moderada. Antes del postre, se disculpó para ir al servicio. Ni siquiera se dio cuenta de que la silla contigua estaba vacía.

Poco antes de llegar al servicio, se lo cruzó. Lo miró un momento antes de apartar la mirada, avergonzado.

— Neville. —Le detuvo sujetándolo de la muñeca— No quería molestarte. Solo pensé que podía ser divertido, pero no a tu costa, de verdad.

Afirmó con la cabeza antes de soltarse y seguir caminando. Al volver a la mesa, se bebió de golpe el vino que aún le quedaba y luego tomó la copa de champán que acababa de aparecer junto a su plato. Una mano le detuvo.

— No creo que sea buena idea, apenas has comido.

Lo miró de refilón. En serio parecía preocupado por él.

— Me he dado cuenta de que soy un aburrido.

— El alcohol no arregla eso, créeme. Te hará vomitar y eso está reñido con disfrutar de una fiesta.

Neville lo miró escéptico, pero dejó la copa sobre la mesa.

— Confía en mí. Si quieres una buena fiesta, simplemente mezclate con las personas adecuadas.

— Y supongo que ese serías tú —el escepticismo se dejó notar también en su tono.

— No has ido de fiesta hasta que te has juntado con Slytherins, créeme.

Zabini tenía razón. Para sus amigos Gryffindor, una fiesta era cerveza básicamente. Y rara vez participaban las chicas. Para los amigos de Hannah, la diversión era juntarse a comer o cenar en casa de alguien y jugar juegos de mesa.

Descubrió que para los Slytherin, salir de fiesta era bailar. Reírse unos de otros y luego ser capaz de darse un abrazo. Bailar más, desmelenarse, cantar a voz en grito. Y beber lo justo para estar achispado sin llegar a estar por los suelos.

Después de acabar la fiesta de la boda, siguieron en un club mágico. Jamás había estado en un sitio así, siempre le había parecido demasiado sofisticado para él.

Sin la presencia de los demás invitados, el nivel de desmelene fue aumentando. A las tres de la mañana, agotado, sentado en una silla, contemplaba a Pansy bailando con Daphne. Era un baile altamente caliente. Estaba por pedirle al camarero un botellín de agua, cuando las dos se giraron y avanzaron decididas a por él. Trató de negarse, haciendo aspavientos con las manos, pero no le sirvió de nada.

Se colocó una delante y la otra detrás, tratando de enseñarle a seguirles el ritmo . Con los altos tacones que ambas llevaban, eran tan altas como el, asi que podía sentir los roces de sus pechos en su propio pecho y su espalda, sus manos juguetonas por todo el cuerpo, sus pelvis pegadas a su trasero y delantero... pero no habia maldad, reían, trataban de enseñarle a moverse como ellas.

Al finalizar la canción comenzó una balada. Sintió a Daphne apartarse y enseguida la vio bailar a unos metros, colgada del cuello de Theo. Pansy, con una sonrisa, se enganchó del suyo y lo invitó a moverse con suavidad.

— Yo dirijo, tranquilo —le dijo al oído, al sentirlo tenso—. ¿Lo pasas bien?

— Fantástico —contestó igualmente en su oído.

Cualquiera que los viera desde fuera pensaría que se susurraban cosas cariñosas, estaban bailando despacio y muy pegados.

— ¿Siempre es así cuando salís?

Pansy asintió contra su cuello, donde había apoyado la frente con confianza.

— Es más loco porque salimos menos. Ya sabes, las responsabilidades. Es una lástima que los recién casados no se hayan animado a venir, es una locura verlos bailar.

No pudo evitar reir.

— No imagino a Harry bailando.

— Bueno, tú has bailado toda la noche y no ha estado tan mal, ¿no?

Asintió.

— Podemos invitarte la próxima vez que consigamos que Draco y Harry salgan, aunque puede que pasen meses...

Se sintió levemente decepcionado.

— Aunque creo que Blaise te va a invitar a salir, muy pronto.

Neville separó un poco a Pansy para poder mirarla a la cara, con el ceño fruncido.

— No pongas esa cara, Blaise es mejor chico de lo que parece. Y también acaba de pasar por una ruptura fea.

— ¿Por eso todo esto? —Ahora sí estaba molesto y dejó de bailar.

Los grandes ojos verdes de Pansy le miraron algo irritados.

— ¡Claro que no! Solo te digo que desde que has empezado a bailar con nosotras, está en la barra mirándome fatal. Ya verás...

Y ahí entró en lo que él llamó en su mente el método Slytherin para probar algo: la verdadera provocación. Pansy volvió a pegar todo el cuerpo a Neville y, sin avisar, le besó. Pero un beso de verdad, que a Neville le hizo subir la temperatura. De primeras se quedó congelado, con las manos flojas en la cintura de la morena, pero en segundos todo su cuerpo quiso responder y se lanzó a besar con todo lo que tenía.

Cuando se separaron, ambos estaban sonrojados.

— Wow, Neville, lo que tienes escondido bajo esa pinta de profesor —ronroneó Pansy, rozándose provocativamente.

Neville quiso separarse, pero los brazos de Pansy seguían enredados en su cuello.

— Necesito un poco de aire, Pansy, por favor —le murmuró, cada vez más tenso.

Con una sonrisa pícara, le soltó, indicándole con la mano el camino al patio interior del club.

Salió a toda prisa, empujando a su paso a la gente sin ningún miramiento. Al llegar al tranquilo patio, simplemente se apoyó contra una pared, y doblo el cuerpo hasta ponerse las manos en las rodillas, buscando recuperar la calma. Pero no iba a ser tan fácil.

— ¿Estás bien? —preguntó una voz a su costado.

No quiso moverse, ni contestar. Una mano morena apareció en su campo visual con una botella de agua. La tomó y se incorporó para darle las gracias.

No le dio oportunidad.

— ¿Qué ha pasado ahí dentro?

Zabini parecía molesto.

— Creo que Pansy trataba de provocarte —contestó antes de dar un largo trago de agua.

—¿A mí? No... espera, ¿eso te ha dicho? ¿Antes de besarte?

Neville asintió, escamado por el tono de incredulidad de Blaise.

— Qué perra —exclamó, con una carcajada seca—. Si me interesaras, Neville, ella no se habría acercado. Nosotros nunca nos arrimamos a la persona que interesa a uno de los nuestros. Ha usado tus prejuicios contra ti, me temo.

Neville se quedó mirándole con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre la l pecho.

— ¿Entonces?

Blaise tomó aire y volvió a sonreír.

— ¿Te ha gustado? El baile, el beso...

No pudo decir que no, porque le había gustado. Mucho. Murmuró un sí enfurruñado.

— Piérdete Blaise.

La voz dominante de Pansy los sobresaltó a los dos, no la habían visto venir. Blaise obedeció rápidamente, riendo entre dientes.

Siguió apoyado contra el muro, los brazos cruzados y el ceño fruncido, no iba a ponérselo fácil. Ella caminó como una gata, contoneándose sobre sus tacones. No dijo nada, simplemente se acercó hasta pegar todo el cuerpo y le volvió a besar.

Aguantó quince segundos en su postura de enfado. Sus manos se fueron solas a cogerla de la cintura para pegarla aún más a él. Cuando se separaron, casi sin aire, no pudo evitar sonreír como hacía ella.

— ¿Quieres bailar más?

Neville asintió, sin soltarla. Ella se inclinó para hablarle al oído.

— ¿Aquí o en mi casa?

Le bastó ver el brillo de los ojos del profesor para hacerlos desaparecer a los dos.


Los métodos Sly... la cuestión era que Pansy quería una noche loca con Neville desde su octavo año, porque a ver, el chico estaba estupendo. Pero era tímido y ella temía comerse un rechazo porque oh, era la mala malísima que había intentado entregar a su amigo. Y aquí entra Blaise, sin decirle nada a Pansy, consiguiendo que Neville salga con ellos de fiesta y colaborando para que Pansy tenga una excusa para besarle.

Y ahora que conocéis toda la historia tras Blaise, o casi toda, os preguntaréis ¿por qué no va con Charlie a la boda? pues el viernes lo sabremos. Respecto al miércoles, ... esta noche hemos dejado otra pareja bailando, ¿recordáis?

Semana de cierre de historias, ay, que pena me da ver acercarse el final. ¡Hasta el lunes!