Al finalizar la canción comenzó una balada. Con una sonrisa cómplice, Daphne dejó solos a Neville y Pansy. Theo la estaba mirando, los ojos verdes brillando, y se fue directa a colgarse de su cuello. Aun con tacones, refugiada en el pecho de su mejor amigo se sentía pequeña y protegida. Podía quitarse la careta que había llevado todo el día.
— ¿Estás bien? —le preguntó, protector.
— No lo sé.
Los brazos de Theo ciñeron más fuerte su cintura. El olor de su colonia siempre le calmaba. Él había sido su ancla desde que su hermana no estaba.
— Daph. —La voz profunda y calmada sonaba directamente en su oído, opacando la música y las voces del club— Sé que la añoras. Yo la echo muchísimo de menos. Pero lo de hoy es lo que ella quería.
— Lo que ella quería era disfrutar de su marido y su hijo, Theo.
— Ser madre fue su elección y prometimos todos respetarla —le reconvino con suavidad.
Daphne se revolvió ligeramente contra él. Estaba cansada y no pensaba con claridad.
— Creo que me voy a ir a casa.
— Al terminar la canción, por favor.
Theo jamás pedía nada para él. Era el amigo desprendido capaz de hacer cualquier cosa por los que quería, la persona más noble que conocía. Así que siguió bailando, muy pegada, la cara escondida en su fuerte pecho.
— Daphne. —De nuevo la voz cálida y profunda sonó en su oído—. Le prometí otra cosa a tu hermana, hace muchos años.
Alzó los ojos para ver esos hermosos ojos verdes, nublados por la pena. Sin poder evitarlo, alzó la mano para acariciarle la cara. Él atrapó esa mano y la llevó a sus labios, besando suavemente el dorso. Daphne abrió mucho los ojos, sorprendida. Sin dejar de mirarle a los ojos, repartió besos por el dorso, la palma y el pulso.
Los ojos verdes cambiaron sutilmente de expresión, la pena por el recuerdo fue sustituida por otra cosa, una llama de algo.
— ¿Qué le prometiste a Astoria, Theo? —consiguió preguntar, con la voz un poco ronca y los ojos aún muy abiertos por la sorpresa.
Theo se inclinó hacia ella, que se había desprendido de sus brazos. Pensó que iba a hablarle al oído, para hacerse oir de nuevo sobre el ruido, pero en lugar de eso besó sutilmente su cuello, su mejilla y la comisura de sus labios.
— Le prometí a Tori en Hogwarts que te diría que estoy enamorado de ti desde que puedo recordar —le susurró finalmente al oido.
Daphne lo separó, haciendo palanca con las manos en el pecho, para poder ver su expresión. Gritaba verdad, a corazón abierto.
— Theo, yo...
Vio su cara desmoronarse levemente antes de que la máscara de calma volviera a colocarse en su sitio.
— He visto a mi mejor amigo sufrir muchísimo y aún así, ser valiente y rehacer su vida. Yo ni siquiera había sido valiente una vez. Te quiero Daphne —La voz de Theo se hizo más profunda, antes de acariciarle la mejilla y darse media vuelta.
Lo vio desaparecer entre la gente, esfumarse, todavía allí clavada, sin reaccionar.
— ¿Lo ha hecho por fin?
La voz de Blaise tras ella la sacó de su trance.
— ¿Lo sabías?
— Todos los sabíamos, tu simplemente no querías verlo.
— Yo... no sé qué decir.
— En ese caso igual es mejor no decir nada.
Sentado en su salón, a oscuras, con una copa en la mano, Theo revivía una y otra vez en su mente lo ocurrido con Daphne.
— Has hecho lo correcto —le sobresaltó una voz junto a él.
Se giró a mirarla, con una sonrisa. De nuevo se había quedado dormido en el sofá, como tantas veces en los últimos tres años, y allí estaba ella, en sus sueños. Los ojos castaños le miraban llenos de cariño.
— Tori...
Cerró los ojos cuando Astoria acarició su cara igual que había hecho su hermana unas horas antes.
— No es justo que no te veas como yo te veo, Theo. Eres valiente. Y un hombre increíble. Daphne solo necesita abrir los ojos.
Sujetó la mano contra su mejilla.
— Te echo de menos, Tori. Todos te echamos de menos.
Un ruido le sobresaltó. Junto a él, Astoria esbozó una sonrisa y se inclinó a besarle la frente.
— Mi hermana ha debido de abrir los ojos por fin —le susurró—, ábrelos tú ahora y atiende la puerta.
Se despertó sobresaltado. Aún sentía los labios de Astoria sobre su frente. El ruido que le había despertado era el timbre de la puerta. Se levantó, estirando la espalda y dejando el vaso sobre la mesita. De camino a la puerta acabó de quitarse la corbata, que solo había aflojado al llegar a casa.
Al abrir se encontró a una Daphne con cara de estar muy enfadada.
—¿Qué ocurre Daph?—preguntó tranquilo, haciéndose a un lado para dejarle pasar.
Pero ella no se movió. Solo le miró fijamente y levantó la mano para golpearle en el pecho.
— ¿Cómo me sueltas esa bomba y te vas sin más?
Entonces sí entró, con los zapatos en la mano.
Theo suspiró con fuerza y la siguió pasillo abajo. La vio dejándose caer en una de las butacas, pero él prefirió quedarse de pie.
— ¿Desde cuándo?
Se encogió de hombros.
— ¿Por qué lo sabía mi hermana?
— Lo descubrió, tu hermana tenía el don de leer los sentimientos de los demás muy bien.
Daphne se secó los ojos. Theo se sentó en el sofá frente a ella.
— ¿A qué has venido, Daphne?
Los ojos azules, aguados, le miraron molestos. Incluso así, con la nariz enrojecida y el recogido deshecho, para Theo era la mujer más preciosa del mundo.
— A llamarte idiota, Theodore. Antes de marcharte olvidaste hacer una pregunta. Te sobraba la salida dramática.
Le faltó un poco el aire. A él, al hombre calmado y tranquilo. Aquellas tres frases eran las mismas que Astoria le había dicho a Draco cuando le pidió salir en octavo año y, ante la falta de respuesta de ella, abandonó la sala común muy digno.
Una sonrisa se empezó a hacer despacito en la cara de Daphne, en respuesta a su cara de sorpresa. Sabía que él recordaría esas frases, de las que ambos habían sido testigos.
Le tendió las manos y él las tomó, mientras intentaba recomponer su gesto.
— Entonces, Greengrass, ¿considerarías la opción de salir conmigo?
No escucho un sí, no hizo falta, porque tiró de las manos que tomaba para echársela encima y poder besarla.
Escribí esto como regalo de amigo invisible para LadyDevotee, porque mi amiga es muy fan de Theo y se quedó con ganas de saber tras leer "En una boda" qué pasaba entre esos dos al bailar. En aquel momento dije que esto era solo para ella y nunca vería la luz, así que cuando planteé esta historia tuve que ir a pedirle permiso para publicarlo. Gracias, Fer, espero que leas esta historia, porque tú me inculcaste el amor a Astoria.
¡Nos vemos el viernes con Blaise y Charlie!
