La primera vez que se encontraron, Blaise acababa de empezar en aquel trabajo. Sobra decir que estaba nervioso, porque quería hacerlo bien, necesitaba hacerlo bien.

Al salir de la escuela, todos ellos habían tenido que enfrentarse a la necesidad de trabajar. Pansy y él habían conseguido, gracias a la ayuda de Astoria y de la fundación de Potter, entrar en el ministerio. Ambos hablaban idiomas y no eran personas con vínculos familiares con los mortífagos, así que tuvieron la suerte de entrar en el departamento de Relaciones Internacionales, que había estado cerrado durante el último año.

Le mandaron a la reserva de dragones de Rumanía para acompañar a una delegación conjunta del departamento de Regulación de Criaturas Mágicas y el de Tesorería. En principio su trabajo era mediar con el ministerio rumano si era necesario, nada más. Pero la realidad no podía ser tan sencilla, los otros funcionarios ingleses tenían un tono de superioridad que molestó a los rumanos.

Tras dos horas de reunión, entró al baño y fue directo al lavabo a refrescarse. La conversación había sido como un combate, un duelo entre sus habilidades políticas y las duras palabras del representante del gobierno rumano, apoyado por la imponente presencia del responsable de la reserva. ¿Era real ese hombre? Había sido inevitable compararlo con los otros Weasley que había conocido, el parecido físico era innegable, pero Charles Weasley no era alto y flaco como sus hermanos, era más bien bajo, pero fuerte, el uniforme que llevaba revelaba músculos por todos lados.

Se mojó las manos de nuevo, se lavó la cara y se mojó la nuca, intentando respirar con calma. La reunión estaba en un receso, necesitaba tranquilizarse para poder continuar, para conseguir tener el control de la situación.

La puerta del lavabo se abrió, dando paso a una presencia que hizo que sus sentidos se pusieran en alerta. Se había quitado la capa, llevaba solo la túnica corta, ceñida, y unos pantalones de tela gruesa, también bastante ceñidos, que permitían apreciar todo su imponente físico. En ese mismo pensamiento, Blaise decidió que necesitaba salir de ese baño rápidamente.

— Estás tenso. ¿Es tu primera vez?

Lo miró a través del espejo, con la ceja levantada. Charles le devolvió una sonrisa que le decía que era consciente de que sus palabras habían sonado equívocas.

— Esos gilipollas del ministerio no te lo van a poner fácil, necesitas relajarte para controlar la situación.

El tono fue lo suficientemente bajo y sensual como para que una bola de calor se instalara rápidamente en un punto concreto bajo su cintura. Bastó otra mirada a través del espejo y un movimiento de cabeza señalando hacia una de las cabinas individuales para que en tres minutos tuviera la cara contra una puerta y los pantalones en los tobillos mientras las fuertes manos le sujetaban de las caderas y una maravillosa lengua le dejaba jadeando y suplicando más.

La diferencia de altura no fue problema para que en otros tres minutos Charles Weasley estuviera follándoselo con fuerza contra la misma puerta mientras le decía obscenidades en rumano al oído y le mordisqueaba el cuello.

Funcionó, al final del receso de quince minutos, volvió a la sala relajado y con la mente despejada y preparada para su primera misión diplomática. Y aquella noche, tras la cena, en su habitación del hotel, le devolvió con ganas el favor. Varias veces.

Habría acabado por olvidar el asunto, clasificado en su mente como "sexo brutal que me gustaría repetir", sino fuera porque un mes después estaba de de vuelta en la reserva. Dado su buen trabajo en las negociaciones, que realmente había valido para salvar el proyecto a nivel económico, había sido nombrado el enlace oficial , de manera que el responsable de la reserva y él debían reunirse periódicamente para trabajar sobre lo que necesitaran del gobierno inglés.

Durante el primer año de visitas se dedicaron a discutir por el día y tener sexo como monos durante la noche. Mucho y bueno. Luego vino un pequeño período en el que otros trabajos le impidieron ir a la reserva; aun así le sorprendió recibir una lechuza internacional desde Rumanía.

"Estimado señor Zabini,

llevamos dos meses sin recibir su visita. En este momento el responsable de la reserva está incapacitado y necesitamos su ayuda para solucionar algunos problemas para los pagos de las nóminas de los empleados, por favor.

Un saludo,

Sheela Wulf, administradora."

Al llegar a la reserva, fue directo a la enfermería, evitando hábilmente a la furiosa administradora. Allí estaba Charles, tumbado en la cama, mirándole irónico.

— ¿Qué ha pasado? —preguntó, cabreado, acercándose a la cama.

— Gajes del oficio —contestó burlón, encogiéndose levemente de hombros— ¿Qué haces aquí?

— La administradora me escribió. ¿Por qué no lo hiciste tú?

Se dejó caer en la silla junto a la cama, escaneando las vendas y tablillas con más detenimiento.

— Porque no es asunto tuyo.

— ¿No es asunto mío que un dragón te haya hecho papilla? Gracias hombre.

La mirada azul dejó de ser burlona, pasó a mostrarse más abierta.

— Llevas tres meses sin dar señales de vida, Blaise. ¿Qué quieres que piense?

— Escribí para avisar que no vendría, he tenido que viajar bastante. Pero eso no quita para que alguien me avise si estás a punto de ser devorado por un reptil gigante, Charles —respondió un poco más suave, cogiendo una de sus manos con cuidado—. ¿Cómo estás? ¿Qué dice el medimago?

Así comenzó una relación a distancia, a veces suave y tranquila, otras veces llena de discusiones explosivas que tardaban un par de meses en solucionar.

Era extraño, porque el tiempo que pasaban juntos siempre era en Rumanía. Cuando Charlie viajaba a Inglaterra, normalmente en diciembre, Blaise siempre declinaba la invitación a pasar tiempo juntos. Y eso derivaba en una discusión que les amargaba a los dos la Navidad.

— Me gustaría que fuéramos juntos a la boda.

Estaban tumbados en la cama de Charlie, la primera noche de su visita mensual.

— ¿A la boda de mi mejor amigo con tu hermano adoptivo?

— ¿Estamos los dos invitados a otra boda? —preguntó levantándose de la cama para ir a por un vaso de agua.

Blaise contempló la ancha espalda alejarse. La piel normalmente pálida estaba enrojecida y marcada con varias líneas rojas.

— Charlie, yo...

No volvió a la cama, se quedó de pie, apoyado en la pared, el gesto huraño.

— Blaise, son siete años ya. Es el momento de dar un paso o dejarlo.

Se quedó sin aire un momento. Sabía que aquello acabaría pasando, había sido demasiado obvio que no quería enfrentarse a conocer a su familia y, en el fondo, Charlie era un hombre familiar. Draco se lo había avisado, varias veces.

— ¿Es un ultimátum entonces? ¿O lo hacemos oficial o se acabó?

Charlie se acercó, dejando el vaso en la cómoda. Se sentó frente a él y clavó sus ojos azules en su cara, serio, sin tocarle.

— Te quiero, Blaise. Pero necesito más si voy a plantearme pedir un traslado.

Aquello le pilló por sorpresa.

— ¿Traslado? ¿A dónde?

— A enseñar en la Academia de Magizoología de Londres.

— ¿Cuando ibas a contarme eso?

— Lo estoy haciendo ahora. Podría empezar a dar clase en septiembre.

— ¿Y eso que tiene que ver con que vayamos juntos a la boda?

Suspiró con frustración.

— Si me mudo de vuelta a Inglaterra es para estar contigo y más cerca de mi familia. Mis padres son mayores y me estoy perdiendo el ver crecer a mis sobrinos. Y quiero disfrutar contigo de eso, no limitarnos a follar una vez a la semana.

— No puedo.

Los rudos rasgos se endurecieron aún más.

— ¿Por qué?

— No creo en la familia y en las relaciones de pareja, creía que ya lo había dejado claro.

— ¿Entonces qué hemos sido estos años?

— Es diferente. Lo nuestro funciona. ¿Por qué cambiarlo?

Charlie se puso en pie y comenzó a vestirse, con gestos bruscos.

— Charlie.

No se giró, lo vio calzarse las botas y salir de la habitación, y escuchó al cabo de unos segundos la puerta de la calle golpear

Ni siquiera se enteró por él. Tuvo que ser Harry el que le dijera que Charlie no iba a ir a la boda.

— Se disculpó y me pidió que le apoyara cuando se lo dijera a su madre.

Blaise se frotó la cara, entre cansado y frustrado.

— Lo siento, Harry. Sé que era importante para ti.

Draco le puso la mano en el hombro, apoyándole silenciosamente.

— Charlie es como un hermano para mi, Blaise —le respondió con tristeza—. Claro que me gustaría que estuviera, pero le entiendo.

— Siempre he sido muy claro. De verdad —trató de explicarse, frustrado—. No voy a mentirle y decirle que sí a ser pareja si yo mismo no me lo creo.

Draco y Harry se miraron. Poco había ahí que decir, eran dos adultos y así habían gestionado su relación. ¿No?

La boda fue difícil. En un primer momento, enfurruñado, decidió invitar a alguien. Tuvo que ser Draco el que le dijera que no era buena idea, porque Charlie acabaría por enterarse y quedaría como un niñato. No supo que lo habían emparejado con Longbottom hasta que estuvo allí mismo. Su carácter juguetón salió a relucir, no pudo evitar torturar un poco al profesor. Pero también hubo ratos en que lo pasó mal.

Durante los votos, no pudo evitar mirar a las filas de sillas llenas de pelirrojos. Esa era la familia a la que había renunciado. Sabía que eran buena gente, habían acogido a Draco como uno de ellos incluso antes de que Harry y él fueran pareja.

Durante el banquete, hubo un momento en que le pareció verlo. Pensó que quizá, entre tanto pelirrojo, su cerebro se había confundido. Parpadeó varias veces, intentando despejarse. Por un momento pensó que estaba aturdido por haber bebido demasiado, así que decidió ir a lavarse la cara.

Su cerebro no estaba confundido. Al entrar al baño, se topó de frente con él.

— ¿Qué haces aquí? —no pudo evitar preguntar.

— Mis hermanos no aceptaron un no por respuesta —contestó, malhumorado.

Blaise no pudo evitar sonreír al verle hacer un mohín de niño enfadado. Se acercó hasta estar a su lado frente al lavabo.

— Estás muy guapo —le dijo con suavidad, mirando el reflejo de los dos en el gran espejo.

El ceño de Charlie no se relajó, igual que su postura con los brazos cruzados sobre el fuerte pecho.

— Charlie...

— Ya, Blaise, déjalo estar.

Y salió del lavabo sin más. Necesitó cinco minutos sentado en el retrete, respirando profundamente, para evitar echarse a llorar allí mismo, como una adolescente abandonada en el baile.

Mucho más tarde, en un club, solo, tomaba la última copa antes de decidirse a irse a casa. Reflexionaba sobre los giros de la vida, en concreto los de ese día: Draco casándose con su enemigo del colegio, Pansy cumpliendo por fin su fantasía de darle un revolcón a Longbottom y Theo declarándose a su amor de toda la vida. Si creyera en esas cosas, pensaría que había algo en el aire.

Justo en ese momento, al traer ese pensamiento a su mente, un olor familiar le hizo cerrar los ojos. Era un perfume que no había olido en más de tres años y que hizo que se le acelerara el pulso. Y la escuchó en su mente: "El miedo nos impide ser libres, Blaise. Eres libre de no atarte, pero elígelo sin la sombra del temor al abandono".

Astoria, murmuró para sí. Eran las palabras que le había dicho tiempo atrás, una noche en que habían coincidido en una cena en el ministerio. Él estaba enfadado después de discutir con Charlie por su visita navideña, ella había querido evadirse de sus padres y sus suegros y habían acabado los dos con una botella de champán robada, sentados en un banco en los jardines.

Habían filosofado largo rato sobre el amor y las relaciones. Y él había entendido a Draco cuando le dijo en una ocasión, en octavo año, que Astoria tenía la capacidad de ver siempre a través de las personas y captar su miedo más profundo.

El plan original era un desayuno postboda. Por lo visto era algo que los muggles hacían. Pero Draco había sido previsor y había conseguido que se tratara de un almuerzo tardío. Aún así, cuando abrió los ojos era más de mediodía y estaba solo en la cama.

Se levantó y se aseguró de ponerse algo de ropa antes de seguir el agradable olor a café hasta la cocina. Al entrar en la luminosa habitación, su primer pensamiento fue lo agradable que era levantarse un domingo y encontrarse a las personas que quieres en la cocina. Sentado en una de las sillas, Harry con el pelo recogido en lo alto tomaba café mientras escuchaba a Blaise con cara de concentración.

Lo siguiente que pensó salió por su boca antes de que pudiera reflexionarlo dos veces.

— ¿Qué haces aquí la mañana siguiente de mi boda? Harry y yo deberíamos estar follando como locos.

Los dos se giraron hacia él, Harry ruborizado y Blaise con una carcajada a punto de salir.

— Guardaré este recuerdo en que llegue a casa para poder viajar en el tiempo y enseñárselo al mojigato con el que fui al colegio.

Al pasar a su lado le dio un pescozón; después se giró con una sonrisa y avanzó hasta su marido. SU MARIDO.

— Buenos días —le susurró antes de inclinarse a besarle.

La sonrisa que le devolvió Harry era esa que conseguía hacerle sentir el estómago lleno de burbujas, como la primera vez que le besó en esa misma habitación.

— Buenos días —respondió suave, sirviéndole una taza de café y un trozo de brownie—. He hablado con Andrómeda hace un rato, Scorpius estaba durmiendo todavía, pero todo bien.

Volvió a inclinarse para besarle antes de sentarse entre los dos.

— ¿Has dormido? Tienes mala cara.

Ese Draco preocupado era más su amigo, pensó Blaise.

— Poco. Le estaba contando a Harry que anoche por fin Theo se lanzó.

Draco levantó las cejas sorprendido mientras daba un largo sorbo a su café.

— Y Pansy se fue a casa con Neville —apuntó Harry con un gesto incrédulo.

— ¿Sí? Por fin lo consiguió. —Se giró hacia Blaise un poco preocupado— ¿Sabes cómo le fue a Theo?

Blaise negó con la cabeza, tomando su propia taza de café.

— Sé que Daphne no está en casa, así que espero que esté en casa de Theodore.

— ¿Y tú qué haces despierto?

Blaise miró a Harry y luego a su taza antes de hablar.

— Vi a Charlie ayer en la boda.

Los recién casados se miraron, un poco culpables.

— Lo siento, Blaise, —Draco estiró la mano para ponerla en el brazo de su amigo— fue una sorpresa de los Weasley.

— Ya, ya —le contestó, poniendo su mano libre sobre la de Draco—, Harry me lo estaba explicando. No os preocupéis, demasiado os hemos metido ya en esto.

— ¿Pasó algo? —preguntó Draco con suavidad.

Negó con la cabeza.

— Anoche recordé algo que me dijo Astoria.

Los dos lo miraron en silencio.

— Ella me dijo una vez que estaba dejando a mi miedo al abandono ponerse por encima de mis sentimientos por Charlie —siguió hablando bajo, mirando sus manos alrededor de su taza—. En ese momento no quise pensar que tenía razón, me sentía más allá de todas esas cosas.

— ¿Y qué ha cambiado? —interrogó suave Harry.

— Que realmente Charlie me ha abandonado.

Dio un sorbo de café, tratando de bajar el nudo de la garganta.

— Ahora ya sé que es lo peor que me puede pasar, así que me gustaría hablar con él antes de que vuelva a Rumania.

Cuando se apareció con Draco y Harry en la entrada del camino de la Madriguera, pensó por un momento que iba a vomitar. Hacía años que su cuerpo no reaccionaba tan mal a la aparición.

— Son los nervios —le consoló Harry, frotándole la espalda—. Respira hondo, no hay prisa.

Tomó aire profundamente, varias veces. Cuando sintió que podía caminar sin venirse abajo, hizo un gesto a la pareja, que se colocaron cada uno a un costado suyo, para escoltarle y darle apoyo moral.

No habían podido convencer a Molly de hacer el almuerzo post boda en otro sitio. Intentaron argumentarle que estaría cansada y no era necesario el esfuerzo, pero se limitó a mirarles y recordar que era la madre del novio. Harry no pudo hacer otra cosa que abrazarla, un poco lloroso. Así que el patio de la Madriguera se iba a llenar de gente, porque también estaban invitados los amigos de los novios.

Encontraron a los hombres Weasley colocando un gran toldo para proveer a la larga mesa de sombra. A Blaise se le cortó la respiración al ver a Charlie, en camiseta y pantalones cortos, varita en mano y con gesto de concentración, ladrando instrucciones a su padre y hermanos.

— ¡Padrinos!—corrió hacia ellos Teddy, con Scorpius agarrado de su mano.

La marabunta de niños que correteaba por el jardín se abalanzó sobre ellos, hablando todos a la vez. Entonces Charlie se giró y le vio. Le dijo algo a Bill, el más cercano, que llamó a su vez a su esposa para que ocupara el puesto de su hermano.

Lo vio avanzar hacia él, con el ceño fruncido y la varita aún en la mano y el estómago se le revolvió de nuevo. Caminó un par de pasos, dejando atrás a los novios y sus pequeños fans.

— Hola Charles.

Le miró. El ceño fruncido cambió lentamente a un gesto de incredulidad. Y de ahí a otro que conocía muy bien. Abrió los brazos y esperó. Porque sabía que había entendido su declaración de intenciones, no hacía falta explicarle nada. El estómago revuelto se pasó en que sintió los labios de Charlie sobre los suyos y el músculoso cuerpo de nuevo abrazándole.


Feliz de cerrar por fin la historia de estos dos y con ello esta historia. La semana que viene nos esperan extras.

¡Buen fin de semana!