¡Les doy la bienvenida a una nueva historia!

Estas son algunas aclaraciones para la correcta lectura de este fanfiction.

1) Este es un universo alterno dónde no existe el señor oscuro, Tom Riddle si existió, pero jamás quiso hacer daño a terceros.

2) Es un universo omegaverse, es decir, existen alfas, omegas y betas. Sin embargo, contrario a lo que comúnmente se maneja, los tres subgéneros poseen fisionomía parecida a la de un humano del mundo real. Los alfas, betas y omegas masculinos son visiblemente iguales a un hombre común, así como las alfas, betas y omegas femeninas. Lo único que se podría considerar igual al universo omegaverse es el sistema reproductor, por lo que los hombres pueden embarazarse y las mujeres alfas pueden embarazar a otros alfas u omegas.

3) El mundo en el que se desarrolla la historia es un mundo común y corriente donde la desigualdad no tiene que ver con la diferencia de subgéneros sino con la posición económica, intelectual, de castas, etc.

4) Al ser un universo alterno ambos protagonistas pertenecen a casas de Hogwarts diferentes. Harry está en Slytherin y Draco en Hufflepuff (aunque estuvo a punto de ser enviado a Ravenclaw).

5) Con todos los cambios realizados es evidente que habrá mucho OCC.

6) Está historia es totalmente ficticia, nada de lo que suceda aquí tiene que ver con mis valores o se refiere a algo que apoyo o considero normal.

Gracias y espero que disfruten la lectura.


Era cinco de junio de 1980, el ambiente húmedo del exterior impregnaba de brillo las tiernas hojas de la vegetación y las aves cantaban danzando entre los árboles. Estaba amaneciendo, era un amanecer hermoso; luminoso y especial. Y sí que lo era, en la mansión Malfoy acontecía el evento más esperado por los últimos nueve meses, acontecía el nacimiento de Draco Malfoy.

Narcissa gritaba y expulsaba el aire, apretando los dientes alternadamente, mientras el sanador le pedía que pujara con más fuerza.

Mientras tanto, Lucius trataba de tranquilizarla susurrándole palabras de aliento y secaba el sudor de su frente con un paño de seda. Ella estaba roja por el esfuerzo y bañada en sudor, sin embargo, para Lucius ella estaba hermosa y lo único que deseaba era que dejara de sentir tanto dolor.

― ¡Una vez más, Señora Malfoy! ―exclamó el sanador animándola a continuar pujando. Ella tomó una gran bocanada de aire, aferró su mano derecha con las de Lucius y liberó todo el aire en un grito perturbador.

― Cariño, tú puedes, sólo aguanta un poco más ―susurró el Señor Malfoy quien usualmente no perdía la compostura, pero el nacimiento de su hijo era definitivamente una buena y poderosa razón para hacerlo.

― ¡Muy bien, Señora! ―animó el sanador―, está a punto de nacer, puje una vez más por favor.

Repitiendo la acción anterior, sintió como su cuerpo dolía de pies a cabeza antes de sentir una completa relajación, entretanto escuchaba el sonido del llanto de su bebé.

― Es un hermoso niño ―expresó la enfermera mientras acercaba a la mujer el pequeño niño envuelto en una fina tela de algodón blanco.

― ¡Felicidades señores Malfoy! ―exclamó el sanador con una sonrisa satisfecha.

Ambos agradecieron con un gesto antes de enfocar toda su atención en su dulce bebé que ahora yacía en los brazos de Narcissa. Ninguno de los dos podía dejar de mirarlo.

― Es perfecto ―susurró Lucius tocando una de las pequeñas manitas con cuidado, Narcissa asintió de acuerdo.

En definitiva, eran la familia perfecta.


Lily Potter tomó a su pequeño entre sus brazos y lo arrulló con ternura para calmar sus ligeros sollozos. Pronto, el pequeño quedó totalmente agotado por lo que sus ojitos se cerraron, permaneciendo profundamente dormido.

― ¿Cómo se encuentra James? ―preguntó la pelirroja a la partera.

― Muy bien, solo agotado, igual que este pequeño ―respondió la mujer mientras rozaba con los dedos la cabecita cubierta de fino y casi imperceptible cabello oscuro―. No se preocupe señora Potter ―respondió con aprensión.

Lily agradeció a la mujer y se apresuró a ir al lado de su esposo, quién yacía profundamente dormido, exactamente igual que su recién nacido hijo, tal como había expresado la partera.

La pelirroja a su pequeño en la cuna, una vez estuvo seguro en la comodidad de su cálido refugio, se encaminó hacia la cama y se recostó junto a James.

― ¿Cómo está? ―Lily escuchó el ligero susurro que emitió el hombre.

― Muy bien, tiene tu cabello ―explicó― y posiblemente tendrá el mismo color de tus ojos, será una perfecta replica de ti.

James sonrió al escuchar eso. Estaba tan feliz de haber logrado llevar a término su embarazo, a pesar de haber sido de alto riesgo. También estaba contento de saber que su hijo estaba sano y sentir a su esposa recostada a su lado lo hacía sentir pleno.

No pasaron muchos minutos más antes de que ambos se quedaran profundamente dormidos, la última vez que dormirían tan plácidamente, pues los días posteriores la casa de los Potter se convirtió en un verdadero caos.

Y así, el 31 de julio de 1980 nació Harry James Potter Evans.


Lily paseaba por el mercado de Godric Hollow inspeccionando las frutas y verduras de los puestos seleccionado cuales compraría para la despensa.

Harry iba levitando frente a ella en su portabebés mágico.

― ¿Lily Evans? ―la voz inconfundible de una mujer hizo que su atención se desviara de los vegetales.

― En realidad ahora soy Potter ―respondió antes de recordar sus modales y reprenderse mentalmente―. Disculpa, supe que te casaste con Malfoy.

― Así fue ―respondió la rubia sonriendo―. Y tú con Potter, debo admitir que no me sorprende para nada ―confesó.

Lily comenzó a reír. Ella y Narcissa Black habían cursado en años diferentes y no habían convivido demasiado, pero la estrecha relación que mantenía Severus Snape con ella había provocado ciertos roses con Malfoy, quien en aquella época era novio de Narcissa, así que de cierta manera habían tenido un poco de contacto.

― Y... ¿Qué haces en este pueblo? ―cuestionó la pelirroja, en ese momento Harry balbuceó y sacudió su sonaja llamando la atención de ambas mujeres.

― ¡Oh, tienes un hijo! ―y dio unos pasos hasta quedar frente al portabebés―. ¡Es igual a Potter! ―Lily sonrió―. Ehh... Mi bebé, Draco ha tenido unos ligeros cólicos, pienso preparar una poción para aliviar su dolor, pero el único lugar donde puedo encontrar higueras de valeriana adecuadas para un bebé es el mercado de Godric Hollow―. ¿Cuántos años tiene...?

― Harry, su nombre es Harry y tiene ocho meses de edad.

― ¡Mi bebé tiene nueve, casi diez! ―exclamó Narcissa feliz, de pronto su expresión cambió a una más seria―. ¿Por qué no vienen a la fiesta de cumpleaños de Draco?, después de todo el pequeño Harry tiene la misma edad, podría ser bueno para ellos convivir entre sí.

Lily pareció reticente por unos segundos, pero al analizar mejor la situación llegó a la conclusión de que ambas eran adultas y los pequeños roces que hubieran tenido en el pasado debían quedarse allí, en los recuerdos de cuando eran niños; de ese modo estuvo de acuerdo y después de un rato más de conversación se despidieron.


Llegado el día cinco de junio, los Potter se encontraban a las afueras de la mansión Malfoy. Un elfo salió a recibirlos y los dirigió hasta el salón del ala oeste, lugar donde se celebraba el cumpleaños número uno de Draco Malfoy, primogénito y único heredero de la Ancestral casa de los Malfoy.

Lily volteó a ver a James para sonreírle de manera tranquilizadora. Ya que en los días anteriores el hombre había buscado de múltiples maneras evitar la dichosa fiesta. Sin embargo, la pelirroja había tratado de convencerlo todo el tiempo, expresándole argumentos relacionados con el buen desarrollo de su hijo, las buenas intenciones de Narcissa, lo mucho que seguramente había madurado Lucius Malfoy, entre otras muchas cosas.

La verdad, era que James no quería ver a Severus Snape.

En sus años de escuela el hombre siempre se había mostrado interesado en su persona, y después de que se manifestara como omega, el interés había aumentado considerablemente, pero James nunca había sentido ni una pizca de atracción por el hombre. Así que irremediablemente había tenido que rechazarlo, Snape se manifestó herido, pero no insistente, no obstante, cuando James comenzó una relación con Lily todo se convirtió en tratos amargos y momentos irritantes.

Incluso Lucius Malfoy, al ser gran amigo de Snape, había entrado en la riña que se había generado.

James creía que Lily, al contrario de él, deseaba ver a Snape, después de todo habían sido muy buenos amigos antes de que todo ocurriera, seguramente quería verlo y limpiar asperezas. Solo por eso estaba allí, porque sabía cuán importante podría ser para su esposa.

— Bienvenidos —Narcissa Malfoy venía en su dirección con una cálida sonrisa—. Me alegra que hayan venido y hayan traído al pequeño Harry.

El aludido gimió contento al escuchar su nombre y Narcissa comenzó a reír.

— Potter —saludó Lucius Malfoy con un tono de voz duro, pero no descortés, Lily y James pensaron por igual que el hombre no había cambiado nada desde Hogwarts, continuaba siendo igual de imponente y frío que en esos tiempos.

— Malfoy —respondió James estrechando la mano del alfa—. Agradezco la invitación que extendieron a Harry.

El hombre asintió en conformismo. Narcissa no dejaba de sonreír, eso era bueno para la relación que allí se estaba construyendo.

— Vengan, les presentaremos a Draco —dijo ella antes de dar la vuelta y guiarlos hacia el fondo del salón donde yacía un gran cunero de oro y sedas finas. Detrás de los barrotes únicamente se alcanzaba a vislumbrar la silueta de un bebé jugando. Al lado, había un elfo doméstico que fungía como niñera, quién permanecía muy atento a todos los movimientos del amo Draco.

«Les presento a nuestro bebé Draco Malfoy Black —el niño levantó la vista hacia los adultos, permitiendo que todos vieran sus bonitos ojos grises.

— Es hermoso y se parece mucho...

— A Malfoy —completó James.

Lucius sonrió ligeramente, orgulloso de que su hijo se pareciera a él.

— Es todo un Malfoy, si —respondió el rubio.

— Aunque tiene algunos rasgos Black —completó Lily inconscientemente, eso satisfizo a Narcissa, quién le sonrió con simpatía.

— También su pequeño es una perfecta combinación de ambos. Se ve como todo un Potter, pero sus ojos son iguales a los tuyos.

Los Potter estaban complacidos por esa afirmación.

— Deja a Harry con Draco para que se conozcan y pasemos a beber un poco de champagne élfico.

Lily asintió y dejó a Harry en el cunero.

De inmediato ambos niños se miraron. Permanecieron en silencio por varios segundos hasta que Draco tomó su conejo de peluche y se lo ofreció a Harry.

Harry sonrió y lo tomó de inmediato, lo estrechó con fuerza contra su pecho, eso pareció satisfacer a Draco quién gateó hasta quedar más cerca de Harry, se sentó muy pegado a él, comenzó a sacudir una sonaja bañada de oro blanco con incrustaciones de diamantes y sonrió feliz sin apartar la vista de Harry.

— Ohhh, se ven tan lindos —exclamaron Lily y Narcissa emocionadas.

— Hay que tomar una foto —sugirió Narcissa llamando al fotógrafo que habían contratado para el evento. El mago se apresuró a llegar al grupo de padres y después de una breve explicación el mago procedió a acercarse a los niños.

— Voy a tomar una foto de amigos, ¿Está bien, bebés? —comenzó el hombre sonriendo y haciendo gestos graciosos a los pequeños quienes lo miraron embelesados.

― ¿Quién sostendrá al pequeño Bubby? —Bubby era el conejo de peluche, Draco lo amaba, era su posesión más preciada, así que Narcissa quería que saliera en la foto.

En respuesta, Harry tomó el muñeco y lo acercó a Draco.

— ¡Muy bien! El cumpleañero sostendrá a Bubby ―emitió emocionado el mago quien comenzó a acomodar a los pequeños en la posición adecuada para tomar la foto. Uno al lado del otro, tomados de las manos, Bubby envuelto en el brazo de Draco.

Harry y Draco mirando a la cámara, sus personalidades reflejadas en sus expresiones. Harry sonreía tímidamente, mientras que Draco mantenía un adorable puchero provocando que sus mejillas se hincharan.

Con la atención captada sobre el fotógrafo, hizo click a la cámara captando con un gran resplandor la escena.

— Son adorables —sentencio Lily.

— Parece que se llevarán muy bien —agregó Narcissa, Lily asintió.

James y Lucius permanecieron en silencio mirándose únicamente cuando sus esposas exageraban con alguna situación como consolándose el uno al otro por tan vergonzosa situación.

Después del dulce momento de la foto, todos los adultos se alejaron permitiendo que los pequeños jugaran a solas un rato.

Tal como lo había prometido Narcissa, todos fueron a beber una copa de champagne y mientras compartían el momento, el hombre que tanto ansiaba evitar James entró al salón.

Severus Snape se había convertido en un imponente alfa; su aspecto físico se alejaba mucho del joven débil, pálido y escuálido que conoció en la escuela.

Su cabello graso, sus profundos ojos negros y su nariz ganchuda continuaban siendo sus características más notables y permanentes. Pero fuera de eso sí que había cambiado.

— Severus Snape es el padrino de nuestro Draco —susurró Narcissa a Lily, aunque los hombres también alcanzaron a escucharla.

Severus se puso pálido cuando vio a los Potter, pero se recuperó en segundos y se acercó saludando a todos de manera cortés. A pesar de que no sintiera ningún tipo de simpatía hacia James o Lily.

— Saludaré a Draco —anunció Snape con cara dura dirigiéndose al cunero.

Cuando el hombre se aproximó y vio que su ahijado estaba sonriendo encantado a una réplica exacta de Potter casi quiso vomitar las entrañas. La situación lo superaba más de lo que creyó posible, por un instante estuvo a punto de levitar al pequeño Potter y arrojarlo lejos del cunero, pero la expresión feliz de Draco logró persuadirlo. Y cuando el pequeño Potter se acercó a su ahijado y plantó un sonoro beso en la regordeta mejilla decidió que permitiría ese acercamiento por el momento.

— Draco —llamó el hombre, el pequeño rubio levantó la mirada.

— ¡Dada! —gritó el pequeño levantando los bracitos. Severus se inclinó y lo levantó en un solo movimiento, acomodando el trasero de su ahijado sobre su antebrazo. Draco se veía feliz, eso lo hizo sentir también feliz.

Y entonces... El llanto del pequeño Potter resonó. También levantó los brazos, lágrimas empañaron sus regordetas mejillas.

Draco se retorció en los brazos de su padrino, estaba mirando a Harry y dirigía sus brazos hacia él.

"Maldición, otro Potter que me roba a alguien que quiero", pensó frustrado antes de devolver al pequeño Malfoy a su cunero.

De inmediato los dos pequeños se pusieron felices, Draco volvió a darle el conejo a Harry para consolarlo y besó su nariz como acto de consuelo. Eso tenía encantado al pequeño moreno.

Severus negó con la cabeza, no creyendo que fuera posible.

Y así, la amistad de Draco Malfoy y Harry Potter surgió, ignorantes de las pruebas que en varios años más enfrentarían.