Harry Potter y Draco Malfoy nacieron el mismo año. Draco nació en junio, Harry en julio. Por eso, sus madres decidieron juntarlos, sería bueno que ambos se convirtieran en amigos.
Y sí que tuvieron razón, desde la primera vez que se vieron, siendo tan solo unos bebés, se tomaron de las manos y un vínculo se formó entre los dos. Una estrecha relación nació entre el descendiente Potter y el descendiente Malfoy. Una relación que iba más allá de lo amistoso, muy a pesar de que al principio eso fuera lo que pareció.
Draco y Harry crearon un vínculo, uno muy especial. Durante los primeros años, la amistad forjada se redujo a juegos, risas, celebraciones y llanto; emociones propias de los infantes cuando en sus corazones no hay más que pureza e inocencia.
Harry recordaba muy bien cuando tenían cinco años, en ese tiempo solían correr de un lado a otro, pero Harry siempre había sido un chico débil, de aspecto escuálido y demacrado. Sus padres lo cuidaban bien, pero el niño simplemente era de esos pequeños que no se desarrollaban igual a los demás. Muy al contrario de Draco, que era la imagen vida de un niño sano, fuerte y enérgico. Por eso, los pies de Harry eran torpes y cada vez que corrían por la mansión Malfoy, solía resbalarse con el bien pulido mármol del piso. Y cada vez que tal terrible evento ocurría, no podía evitar llorar, por supuesto, Draco siempre estaba allí para él, consolándolo con palabras dulces.
─ Me duele, Draco ─gimoteó el moreno al ver sus rodillas raspadas. Draco se mordió el labio inferior y miró con preocupación las heridas.
─ ¿Qué hace tu mami cuando te lastimas? ─lo que la mami de Draco solía hacer, era llamar a un elfo doméstico para que trajera el botiquín de pociones curativas, sin embargo, el rubio quería hacer lo que la señora Potter habituaba hacer en esos casos para hacer sentir mejor a Harry.
─ Mami me da besos, dice que los besos curan más rápido las heridas ─Draco hizo una mueca, según su escaso conocimiento un beso no sería suficiente para curar una herida, pero decidió que valía la pena hacer la prueba. Se acercó a Harry y depositó un sonoro beso en su mejilla, pero el moreno negó con la cabeza y sollozó más fuerte─. Mamá besa mis heridas.
El rubio se sorprendió por la declaración, aunque debía admitir que eso tenía mayor sentido, así que depositó un beso en cada una de las rodillas de su amigo.
─ ¿Te sientes mejor? ─cuestionó dudoso, la herida no desaparecía, pero Harry sonreía mientras se secaba las lágrimas─. ¿Ya no te duele?
Harry negó con la cabeza, seguía sonriendo, así que Draco le creyó moderadamente. Se puso de pie y ayudó al moreno a hacer lo mismo.
─ Ven, vamos con mi mami ─Draco llevó a Harry hasta la terraza donde su madre acostumbraba a leer y tomar el té. Como esperaba, ella estaba allí, bastante concentrada en su lectura─. Mami ─llamó al entrar, Narcissa desvió la mirada de su libro y la concentró en los pequeños. Al ver el rostro lloroso del niño Potter se puso de pie y se apresuró hasta llegar a ellos.
─ ¿Qué ha ocurrido? ─preguntó preocupada.
─ Harry se cayó y se lastimó las rodillas, ya le he dado besos en sus heridas, pero aún no han sanado.
─ ¿Besos? ─preguntó Narcissa interesada en aquel método mientras levantaba al moreno en brazos y lo llevaba hasta uno de los sofás.
Llamó a un elfo para que le llevara el botiquín de pociones.
─ Mi mami siempre me da besos cuando tengo una herida.
La señora Malfoy sonrió, se imaginó que Lily Potter besaba a su hijo y en el proceso utilizaba algún tipo de hechizo curativo para hacer sanar las heridas, luego comenzó a reír al imaginarse a su propio hijo intentando sanar los raspones con simples besos.
─ Por supuesto ─contestó la mujer sonriendo─, un buen beso funciona bien para curar una herida, pero les ha faltado el toque especial ─con un paño tomó una ligera cantidad de poción especial para raspones en niños pequeños y colocó la tela en las rodillas, tocando suavemente la superficie─. La magia ─concluyó.
Harry sonrió.
─ ¿Y por qué nunca has besado mis heridas? ─cuestionó Draco haciendo un puchero, sus cejas estaban fruncidas.
─ Bueno, todos los besos que tu padre y yo te damos se guardan aquí ─y señaló su corazón─, son reservas por si llegas a lastimarte.
Draco asintió un poco inseguro, aun no creía completamente lo que decía su madre, y se prometió investigar con su padre si ese método curativo de los besos y la magia era real.
Draco no estaba muy seguro del momento en que la situación cambió tan drásticamente. Tal vez fue después de su séptimo cumpleaños o un poco después, pero si que recordaba muy bien cuando corrían por los pasillos de la mansión golpeando mesas y tirando jarrones, a su paso, empujando a los elfos que limpiaban los muebles, mientras se correteaban el uno al otro. Ahora, Harry era más diestro físicamente, así que siempre ganaba en las carreras, los saltos y demás pruebas que requirieran esfuerzo físico. Si Draco fuera honesto consigo mismo, admitiría que se sentía un poco triste al pensar en que Harry ya no dependía tanto de él, ya no necesitaba su protección ni sus besos curativos. Pero el rubio no era honesto consigo mismo, así que guardó sus sentimientos en lo más profundo de su corazón y se dedicó únicamente a disfrutar los momentos con su mejor amigo.
Como ahora, que iban corriendo y riendo, muy concentrados en su meta, cuando Harry chocó con un hombre alto que lo miró severamente. Se detuvo al instante estremecido. El señor Malfoy siempre le había causado temor, a pesar de que nunca le hubiera siquiera dirigido la palabra, pero bastaba con que Draco le platicara lo mucho que lo regañaba para entender que con aquel señor había que tener mucho cuidado.
Draco al ver que su amigo se había detenido miró hacia arriba notando que su padre lo miraba a él y a su amigo de manera desaprobatoria.
— Draco, he dicho muchas veces que no jueguen dentro de la mansión. Salgan al jardín.
Draco asintió y tomando la mano de Harry prácticamente corrió al exterior. Su padre negó con la cabeza, cuando los vio bajar las escalares dando saltos peligrosos.
— Tenías razón, tu padre regaña muy feo —Draco asintió, sus mejillas sonrojadas y los ojos desenfocados daban un aspecto de que estaba bastante asustado.
— Te lo dije —pronunció el rubio.
— No te preocupes, Draco. Yo siempre te protegeré. Cuando sea mayor no permitiré que tu padre te siga regañando ─Harry liberó sus feromonas con la intensión de transmitir seguridad y protección a su amigo. Draco sonrió y abrazó a su amigo.
─ Gracias Harry ─dijo al sentir su corazón calentándose, el aroma de Harry era neutral, igual al suyo, después de todo aun no se presentaban sus subgéneros, pero se adaptaban al shampoo o colonia que usaran; aspirar el aroma a jazmin de su amigo siempre le ayudaba a tranquilizarse y a saber que no importando lo que pasara siempre estaría seguro.
─ Cuando seamos mayores me casaré contigo y te llevaré a vivir muy lejos de aquí, a un lugar donde podamos jugar todo el tiempo y donde los adultos no nos reprendan por correr dentro de la casa.
Draco sonrió aun más, estaba realmente feliz.
─ Y tendremos un perro, como los muggles, ¿verdad? ─sus ojos grises brillaron emocionados.
Harry asintió entusiasmado.
Esos años pasaron como un sueño para los pequeños. Jugaban, reían y convivían. Y dentro de sus mentes ya no concebían la idea de estar separados. Eran dos partes de uno mismo, amigos y hermanos. Ahora, se avecinada el primer reto de sus vidas.
Hace pocos días Harry había recibido su carta de Hogwarts. Había estado un poco celoso de Draco cuando él le recordó que ya había tardado mucho y que la de él había llegado ya hace un mes atrás. También se sintió un poco triste al pensar que posiblemente no había sido aceptado. Pero su padre, James Potter, le había dicho: ¿Cómo no podrían aceptar a un niño tan grandioso como tú?
Eso lo había animado un poco.
Junto con los Malfoy fueron al callejón Diagon para comprar los útiles escolares indispensables para cursar el primer año. Tanto para Harry como para Draco era perfecto, pues podrían intercambiar ideas, ponerse de acuerdo en qué mascotas comprar y principalmente, al final de sus compras podrían ir por muchas golosinas.
─ Primero iremos por el uniforme ─indicó Narcissa con una sonrisa ligera.
Lily la miró y asintió de acuerdo.
─ ¡No! ─gritaron al unísono los niños─. ¡Queremos ir por nuestras varitas!
─ Si, dejemos que los niños decidan qué quieren comprar primero ─se apresuró a intervenir James, Lily y Narcissa lo miraron mal.
─ Estoy de acuerdo ─intervino Lucius.
Los tres adultos lo miraron sorprendidos. Lucius Malfoy de acuerdo con algo que dijera James Potter no es algo que se ve a diario.
─ ¡Heeee! ─los niños festejaron dando saltos de alegría.
─ De acuerdo, iremos por las varitas, pero después por las túnicas ─dijo la pelirroja, Harry y Draco asintieron.
Por supuesto, como la mayoría de los antepasados Potter y Malfoy, visitaron la tienda del señor Ollivander.
Harry y Draco observaron maravillados la gran cantidad de varitas que había en el lugar.
─ Señores Potter, señores Malfoy, bienvenidos ─el señor Ollivander se hizo presente. Harry y Draco de inmediato lo identificaron como un beta, ya que despedía un aroma dulce, pero bastante suave, apenas perceptible─. Oh, ustedes deben ser los jóvenes Potter y Malfoy ─los niños asintieron.
─ Si y venimos por nuestras varitas ─se apresuró a decir Harry.
El señor Ollivander asintió comprensivo.
─ ¿A quién de los dos le gustaría probar primero?
Harry se apresuró a contestar, por lo que Draco decidió cederle la oportunidad.
─ Muy bien, el joven Potter será ─y en seguida se puso a trabajar, sacó un par de varitas que consideró podrían ser las indicadas.
Harry tomó la primera, hizo un movimiento el cual provocó explosiones en diferentes puntos de la tienda.
─ ¿Qué tal esta? ─el señor Ollivander le ofreció otra, Harry volvió a sacudirla y causó que todas las cajas salieran volando.
Le ofrecieron otras dos varitas, con las cuales provocó más desastres, la cara de joven Potter ya se mostraba compungida, por lo que Draco se apresuró a animarlo.
─ Vamos, no te desanimes ─dijo con una gran sonrisa y liberó algunas de sus feromonas para ayudarlo a tranquilizarse.
Harry sonrió y asintió.
─ Muy bien, una vez más ─Harry tomó la varita que le ofreció Ollivander, de inmediato sintió que era la correcta, pues una corriente de magia atravesó su cuerpo y al agitarla nada malo ocurrió.
Los padres de Harry junto con Narcissa aplaudieron. Draco abrazó a Harry con fuerza.
─ Es una excelente varita, joven Potter; veintiocho centímetros de acebo y núcleo de pluma de fénix ─dijo el señor Ollivander─. He de informarle que dicho fénix donó dos de sus plumas para la fabricación de dos varitas.
─ ¿Y la otra varita? ¿Alguien ya la ha reclamado? ─cuestionó Lily interesada.
─ La varita gemela pertenece al señor Riddle ─contestó el hombre.
─ El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras ─informó James cuando los niños iban a preguntar de quién hablaban.
─ ¡Eso es genial, Harry! ─exclamó el rubio sonriendo, Harry se emocionó, aun no sabía quién era ese señor Riddle, pero si era un profesor seguramente se trataba de un mago digno de admiración.
─ Ahora es su turno, joven Malfoy ─Draco de inmediato se pudo nervioso, Harry lo percibió en su aroma, así que tomó su mano y le regaló una sonrisa; tuvo efecto, pues el rubio se relajó.
En el caso de Draco no tuvo que hacer más que dos intentos y el desastre que provocó no fue ni la décima parte de lo que hizo Harry.
─ Veinticinco centímetros de espino, núcleo de pelo de unicornio, bastante elástica ─Draco sonrió encantado.
─ Las varitas con pelo de unicornio no están diseñadas para las artes oscuras ─señaló Lily observando con interés al pequeño Malfoy, si bien, ahora se llevaban mejor con los Malfoy, siempre reprocharon la absoluta fascinación que tenían por la práctica de dicha magia, que una varita con pelo de unicornio eligiera a un Malfoy significaba que el niño no estaba interesado en los mismo pasatiempos que sus padres, de cierta manera eso provocó que su aceptación hacia el niño como amigo de su hijo aumentara.
─ Bueno, en Hogwarts no necesitara que su varita realice hechizos oscuros ─dijo Lucius con desdén.
─ Bien, ahora a la tienda de túnicas.
Todos se dirigieron a la tienda de Madame Malkin para comprar las túnicas. Los adultos decidieron que esperarían afuera, mientras tomaban las medidas de los niños.
─ ¿En qué casa crees que estaremos? ─cuestionó Draco mientras madame Malkin le hacía el dobladillo de su túnica.
Harry se encogió de hombros.
─ Supongo que en las mismas que nuestros padres. Tus papás fueron seleccionados en Slytherin y los míos en Gryffindor. Aunque no me extrañaría que quedes en Ravenclaw, eres bastante inteligente.
─ Pero eso quiere decir que estaremos separados ─dijo Draco haciendo una mueca.
─ Pero seguiremos siendo amigos, además, ya prometimos que nos sentaremos juntos en los almuerzos y en las clases que nos toque juntos.
Draco no estaba muy feliz, sin embargo, sonrió ligeramente.
─ ¿Compraremos lechuzas? ─preguntó Harry.
Draco negó.
─ No estoy seguro, me gustaría un amigo con quien pudiera dormir.
Harry frunció el ceño.
─ Entonces un gato.
─ ¿Sabes qué es lo que me gustaría mucho? ─cambió drásticamente de tema─. Una escoba. Sería genial poder llevarla a Hogwarts.
─ Solo será durante un año, en segundo podremos llevarlas, incluso podremos hacer las pruebas para entrar al equipo de Quidditch.
Continuaron su conversación hasta que les tomaron las medidas y sus uniformes estuvieron listos, después de eso se dirigieron a la librería para comprar sus libros.
Por la tarde, cuando ya tenían todo lo que necesitaban, sus padres los llevaron Florean Fortescue para comer un helado. Ese fue el final de la travesía y como ya no volverían a verse por el resto del verano se abrazaron con fuerza y se transmitieron sus aromas. De esa forma no sentirían la ausencia tan fuerte.
Cuando Harry y Draco llegaron a Hogwarts quedaron maravillados por la majestuosidad del lugar.
Estaban encantados con las lámparas flotantes del gran comedor, los fantasmas paseándose de un lado a otro, las escaleras que cambian de lugar y toda la magia que emanaba de cada rincón del lugar.
Se tomaron de las manos cuando llegó la hora de la selección.
Al ser nombrados por orden alfabético, Draco fue el primero en pasar. La profesora a cargo colocó el sombrero sobre su cabeza. Pasaron varios minutos, el sombrero parecía indeciso, incluso Harry notó que Draco estaba nervioso, casi podía ver que su amigo comenzaba a desesperarse cuando el sombrero anunció fuerte y claro "¡Hufflepuff!", todos aplaudieron, incluyendo a Harry, que, aunque no esperaba que su amigo fuera a Hufflepuff, pensaba que le iba muy bien.
Pasaron varios compañeros más hasta que fue su turno. También con él, el sombrero tardó en decidir, pero al final decidió enviarlo a Slytherin, argumentando que en dicha casa haría grandes cosas.
─ ¿Por qué tardó tanto el sombrero en decidirse? ─cuestionó Draco cuando al fin pudieron reunirse.
─ Eso te pregunto yo ─refutó Harry.
─ El sombrero quería enviarme a Ravenclaw ─Harry pensó que eso sería más lógico─. Pero al final dijo que, aunque soy creativo, inteligente y curioso, mi sentido de la lealtad y justicia se sobrepone a todo ¿Y tú?
─ Soy medio Gryffindor, pero dijo que me va mejor ser una serpiente ─Draco frunció el entrecejo, ese era Harry, a veces un poco simple.
Cuando informaron a sus padres sobre el asunto, nadie pareció sorprendido, de hecho, por sus actitudes ya se habían hecho a la idea; bueno, los Malfoy creían que su hijo estaría en Ravenclaw, pero aun así no se mostraron decepcionados.
Y así, la vida escolar de Draco y Harry comenzó. Tal como lo habían planeado, se sentaban juntos en las clases compartidas y en el almuerzo. Si, hicieron amigos en sus respectivas casas, pero no por eso dejaron de ser unidos. A veces, Harry se colaba en los dormitorios de Hufflepuff para dormir con Draco y viceversa. Encontraron un lugar a la entrada del bosque prohibido, donde todas las tardes se sentaban a conversar, hacer tarea, comer o simplemente dormir. En el lugar había un gran árbol que permitía la entrada de luz solar suficiente para mantener cálido el lugar sin llegar a quemar. Lo llamaron su árbol. Y de alguna manera lo hicieron funcionar. Pero el tiempo fue transcurriendo y las vivencias más los cambios hormonales y otros detalles de la vida provocaron que su relación comenzara a cambiar. Pero era normal, después de todo nada dura para siempre, y ellos lo aprendieron en su tercer año, el año en que la vida de los magos y brujas tiene que cambiar.
A los trece años el segundo reto de su vida se hizo presente. Aquella era la edad en que se hacía la prueba para determinar subgénero, debido a que era la edad en que el ADN de los jóvenes magos revelaba las potenciales características biológicas que definirían sus subgéneros. Hace mucho tiempo los niños habían descubierto que sus padres y otros tantos adultos tenían subgéneros. Por ejemplo, los padres de Draco eran alfas y en el caso de Harry, tenía una madre alfa y un padre omega.
Harry podía ser cualquier cosa. A pesar de la fuerza y destreza física evidente, mostraba ciertos rasgos físicos que indicaban que su subgénero podía ser beta u omega. Además, aunque su aroma estaba cambiando a algo más herbal, también era suave; Draco aún no lograba identificar o asociarlo con una fruta, plata o flor en específico, así que no había manera de definirlo con certeza.
En el caso de Draco, todos decían que sería alfa. En su línea familiar no se recordaba a alguien que hubiera manifestado un subgénero diferente. Además, el joven era alto y fuerte. Sin duda características potenciales de un alfa.
Los primeros en ser llamados para su examinación fueron los Gryffindor y mientras tanto los alumnos de la casa de Slytherin se mantuvieron en su sala común esperando nerviosos a que llegara su turno.
Cómo Draco estaba en Hufflepuff sería de los últimos en saber sus resultados, pero Harry no estaba más preocupado, seguramente saldría como alfa, igual que él, y ambos celebrarían por haber acertado en sus conjeturas.
─ Es hora, empezarán con los Slytherin ─escucharon el susurro de uno de los compañeros de Harry. Draco apretó la mano de Harry y sonrió. Todos fueron dirigidos a la entrada de la enfermería, el rubio iba con ellos aunque no pertenecía a dicha casa.
─ ¿Estás nervioso? ─Harry se mordió el labio inferior.
─ Ligeramente ─eso significaba muy nervioso, pero Draco solo sonrió y negó con la cabeza.
─ Harry James Potter ─llamó madame Pomfrey.
Harry le echó un vistazo rápido a su amigo antes de entrar a la enfermería.
Draco esperó tan solo diez minutos. Harry salió muy pálido, llevaba un sobre en la mano.
─ Aquí están ─Draco asintió─. Esperaremos a que te entreguen los tuyos para abrirlos.
Su amigo estuvo de acuerdo.
Continuaron esperando, esta vez a que pasaran los alumnos de Ravenclaw, y cuando al fin fue turno de Draco, este no solo miró a Harry, sino que lo abrazó muy fuerte.
─ Será muy rápido, no te preocupes ─agregó el moreno antes de que entrara.
Sin embargo, cuando Draco tardó más de lo esperando dentro de la enfermería, Harry comenzó a sentirse ansioso.
De pronto, las puertas se abrieron abruptamente y en su visión apareció un pálido y serio rubio.
— ¿Qué ha pasado? —cuestionó preocupado.
— Nada.
— ¿Nada?
La mirada distante por fin se centró en él.
— Me han dicho que no se puede determinar mi subgénero.
— ¿QUÉ? —Harry tomó de la mano a Draco y lo llevó con él hasta su árbol dónde ambos se sentaron, permanecieron un rato en silencio hasta que decidió que era prudente preguntar—: ¿Cómo que no se puede determinar tu subgénero?
─ Me han hecho el examen, pero no ha arrojado ningún resultado.
─ ¿Y no te explicaron a qué se debe? ─cuestionó el moreno preocupado.
─ Mi desarrollo va más lento que lo normal.
─ ¿Entonces qué pasará?
─ Volverán a realizarme el examen dentro de un mes.
Harry asintió.
─ No te preocupes, que tu desarrollo sea lento no significa que hay algo mal en ti ─el moreno quería ser optimista, a pesar de que el rubio parecía bastante deprimido─. Sabes qué, abriremos mi sobre. ¿Qué te parece eso?
Draco se encogió de hombros. Harry decidió ignorar eso, sacó el sobre de su capa y lo agrandó.
─ ¿Listo? ─dijo sonriendo y entregó el sobre a Draco para que él lo abriera.
El rubio lo tomó con sus largos dedos, lo abrió y sacó el pergamino lentamente, leyó con atención y luego miró a su amigo serio.
─ ¿Y bien? ─cuestionó Harry también poniéndose serio─ ¿Alfa?
Por sus características, el moreno había manifestado que sería alfa igual que su madre, Draco claramente no había querido que se aferrara a una sola idea, pero en ocasiones Harry era tan testarudo y necio que no habló al respecto con él, solo que ahora deseó haberlo hecho.
─ No Harry, eres omega.
Aquí un dato importante: Para este fanfic me basé en la Guía Omegaverse de Anonime404 la cual podrán encontrar en Wattpad. Hace tiempo la leí y me pareció muy buena para usarla como referencia para todo lo relacionado con las feromonas, así que les invito a darle un vistazo.
