Los acontecimientos que vinieron después de que Draco se enterara de su subgénero realmente fueron irrelevantes. En efecto, sus padres se habían manifestado sorprendidos con la noticia, pero no por eso decepcionados. Sin embargo, cambió radicalmente su visión sobre el futuro. De cierta manera, esperaban que su hijo en algún momento manifestara su intención de emparejarse con el hijo de los Potter y claro, ellos ya estarían preparados, así que no se sorprenderían y, por el contrario, aceptarían los deseos de Draco sin palabras de por medio.
Pero ahora, con Draco siendo omega y el hijo de los Potter también, dicha visión sobre el futuro se desvaneció más rápido que el humo. Ahora, Draco debía buscar emparejarse con un alfa o un beta como las leyes de la naturaleza lo indicaban.
Para los Potter también fue sorpresivo saber la noticia, pero al contrario que los Malfoy, no lo tomaron con tanta calma. Eran muy conscientes de los sentimientos de Harry, pero una relación entre omegas no era algo que se hubiera visto en la historia de la magia. Por la estructura biológica de los omegas simplemente era difícil ─si no es que imposible─ que pudieran embarazarse entre ellos, esa era la razón por la que hasta ahora a nadie se le había cruzado por la cabeza emparejar a un omega con otro, simplemente no tenía sentido. Y, por tanto, sabían que la relación de Harry con Draco era prácticamente imposible.
Por supuesto, Harry y Draco no se encontraban mejor.
Harry se la pasó la mitad de las vacaciones refunfuñando la ironía del destino. Y la otra mitad recordándose que Draco era su amigo y que si bien, no podían estar juntos de la manera que él quería, su amistad perduraría por siempre.
Por su parte, Draco se sentía decepcionado de sí mismo. Cuando Harry le hizo saber que era omega por un momento se odió a sí mismo por no ser alfa o beta para poder reclamar a Harry como su pareja. Aunque inmediatamente ese sentir cambió, y se dijo a sí mismo que no tenía derecho de siquiera pensar en reclamar a Harry, pues el pelinegro confiaba bastante en él y lo quería y apreciaba como un amigo, simplemente no era justo.
Y así, el cuarto año empezó, y en Hogwarts, se llevaría a cabo el torneo de los tres magos. Todos los alumnos se emocionaron al saber que vendrían alumnos de otras escuelas para competir, se preguntaban cómo serían ellos y si se llevarían bien.
El director Dumbledore, anunció la llegada de la Academia Mágica Beauxbatons y el Instituto Durmstrang. Y en seguida dio la bienvenida a la academia francesa.
Draco y Harry miraron con interés cuando las brujas y magos de aspecto impecable entraron al gran comedor. Todos vestían su uniforme azul claro de seda fina. Draco observó con aprecio la elegancia que emitían.
— ¿Es cierto que muchos de ellos son veelas? —cuestionó Harry interesado.
Draco asintió sin apartar la vista.
Harry en cambio, permaneció con la mirada fija en Draco; apreciando sus largas pestañas, su nariz puntiaguda y sus labios rosados. Al ver el brillo de sus ojos grises y la manera en que se balanceaba su cabello rubio se preguntó si Draco no era también un veela.
Su concentración fue interrumpida cuando el director anunció la entrada de los alumnos del Instituto escandinavo. Recordaba que el padre de Draco había querido enviarlo allí al inicio, pero tanto él como Draco se reusaron, aferrándose a la idea de ir juntos al colegio y como los padres de ambos habían asistido a Hogwarts, esa fue la única opción que aceptaron.
Los alumnos de Durmstrang eran grandes y musculosos, los omegas en menor medida, pero al fin y al cabo grandes y musculosos.
Harry los miró con recelo. Draco frunció el ceño analizando sus movimientos.
— Si hubiera asistido a Durmstrang como quería mi padre, ¿Crees que sería igual de enorme que ellos? —cuestionó Draco sin apartar la mirada de los magos.
Harry volteó a verlo parpadeando.
— No, para nada —Draco frunció el ceño—. La genética Malfoy no lo habría permitido. Ustedes son... Cómo decirlo... Bastante finos, ve a tu padre, es alfa, pero aun así se ve bastante refinado.
Draco hizo un puchero, pero aceptó que Harry tenía razón.
─ ¡Es Viktor Krum! ─escucharon la exclamación sorprendida y emocionada de Ronald Weasley, Draco no pudo evitar reírse de él, acto que provocó que el búlgaro le echara una mirada.
El rubio se sonrojó furiosamente al ser descubierto, Harry pasó su brazo por la espalda del rubio instintivamente al ver la mirada que el idiota jugador de Quidditch le dirigió a su amigo y frunció el ceño.
─ Ese idiota… ─susurró molesto.
─ ¿Quién? ─cuestionó Draco mirándolo con atención.
─ Weasley, es un idiota ─dijo con una sonrisa fingida, Draco volvió a reír recordando la pena ajena que provocó el pelirrojo.
Dejaron de hablar cuando el director emitió un discurso referente al torneo de los tres magos. Todos aplaudieron emocionados, hasta que el director aclaró que sólo podían participar los mayores.
Draco inmediatamente vio la ligera decepción en Harry, así que apretó su mano bajo la mesa para indicarle que todo estaría bien y emitió un poco de sus feromonas cítricas. Harry lo miró con atención largos segundos antes de sonreírle.
El inicio del año fue muy bien para ambos jóvenes, se llevaban bien, estaban en más clases juntos, por lo que tenían más tiempo para compartir incluso fuera de las aulas. Y al tener tantos alumnos de otros colegios rondando en el castillo, la atención que al principio recibió Harry y la que ligeramente recibió Draco menguó drásticamente, así que el rubio podía decir que ya no se sentía celoso la mayor parte del tiempo, ni siquiera de Cedric Diggory. Quien por cierto ahora era el campeón de Hogwarts así que estaba más concentrado en las difíciles pruebas que se le avecinaban que en cortejar a su amigo.
Así es que todo iba excelente, tanto para Draco como para Harry… al menos hasta que los jefes de casa anunciaron el día en que se celebraría el baile tradicional de los Tres Magos.
─ ¿Y debemos llevar pareja? ─cuestionó un chico de segundo año, Snape rodó los ojos.
─ Si, de preferencia deben asistir con una pareja.
─ ¿Tenemos que saber bailar? ─cuestionó un compañero de Draco.
La profesora Sprout sonrió antes de contestar:
─ En definitiva, es un baile después de todo, señor Macmillan.
Pequeños y grandes, todos vibraron de emoción con la noticia.
Harry quería pedirle a Draco que asistiera con él al baile, pero se sentía un poco inseguro. Después de todo ir con el que consideras tu mejor amigo no debe ser nada grato. Aunque, Harry pensó mejor las cosas y tuvo una idea genial. Le pediría a Draco que fuera al baile con él y cuando Draco dijera que ambos eran amigos, él argumentaría que precisamente por eso deberían ir juntos. ¿Qué mejor cita que tu mejor amigo?, Entonces Draco aceptaría sin duda.
Animado se dirigió al aula de Runas antiguas y esperó hasta que la clase de Draco terminó.
— ¡Harry! —dijo emocionado el rubio, su sonrisa provocó que el moreno sonriera más—. Pensé que tenías clase de criaturas mágicas —completó.
El aludido se encogió de hombros.
— Tenía, pero Hagrid terminó la clase antes.
El rubio sonrió.
— Vamos al comedor, me muero de hambre —gimió adelantándose.
— Draco, yo... —llamó comenzando a sentirse nervioso, el aludido se detuvo y lo miró con curiosidad—. Yo quería decirte que si te gustaría ir al baile conmigo.
Draco permaneció en silencio por lo que pareció una eternidad. Harry quería retractarse en cuanto no recibió respuesta, pero decidió aguantar y no demostrar que se estaba sintiendo mucho más nervioso que al inicio.
— ¡Oh, Harry! —Draco se sintió estúpido, de haber sabido, de al menos haber tenido la esperanza de que Harry lo invitaría al baile él no...—, lo siento, pero Viktor Krum me ha invitado y he aceptado.
Harry sintió que iba a llorar. Apretó fuerte las manos, procurando ocultarlas dentro de su capa para que Draco no se diera cuenta y se obligó a sonreír.
— No te preocupes, solo pregunté por qué podía ser más cómodo para nosotros ir juntos —y rio un poco—. Le preguntaré a alguien más. Ehhh, me da gusto que ya tengas pareja.
El rubio sonrió, por un momento creyó... Pero por supuesto, se había equivocado.
Harry estaba sentado en las gradas viendo el entrenamiento de los Hufflepuff cuando un chico se sentó a su lado. Al mirar de reojo, vio que se trataba de Ronald Weasley, el capitán del equipo de Gryffindor.
— Weasley —saludó.
— Potter, ¿Y tu amigo el rubio? —cuestionó. Ron era un beta, bastante amable, pero un poco tosco en su forma de ser.
— Está en clase —respondió con simpleza.
Ron asintió comprendiendo.
— Ehhh... —comenzó el pelirrojo—. En tu grupo hay una chica que se llama Pansy Parkinson, ¿Verdad?
Harry giró a verlo con interés.
— Bueno, lo que pasa es que yo quiero invitarla al baile, pero...
— Piensas que te rechazará —completó y Ron asintió—. Lo lamento, pero ella se ha pasado los últimos días presumiendo que la ha invitado un alumno de Beauxbatons.
Ron hizo una mueca. Y Harry soltó un resoplido.
— Tendré que pensar en alguien más para invitar —dijo Ron decaído—. Por cierto, ¿tú ya tienes con quien asistir? —Harry negó—. ¿Nadie te ha invitado? —Harry asintió—. ¿Y entonces?
— La única persona con quién quería ir ya tiene pareja —Ron lo miró con empatía.
— Es una pena.
— Lo sé —sonrió—. Tal vez ni siquiera vaya.
— ¡Oh, no! Definitivamente tienes que ir —dijo el pelirrojo animado—. Es el baile de Yule del torneo de los tres magos. Quién no vaya será considerado un total impopular por el resto de su vida.
Harry observó al pelirrojo con el entrecejo arrugado.
— Es en serio —y luego palmeó su hombro—. A la siguiente persona que te invite, definitivamente tendrás que decirle que sí.
Harry asintió fingiendo estar de acuerdo, pero la verdad es que no lo estaba. No quería ir con nadie más que no fuera Draco.
— Y tal vez esa persona con la que querías ir no será tu pareja, pero definitivamente podrás verla durante la noche y tal vez pedirle que baile contigo.
Harry se mordió el labio inferior. Tal vez Ron tenía razón.
El pelirrojo se despidió prometiendo que está vez le preguntaría a alguna chica de Beauxbatons, seguramente tendría más suerte y Harry se despidió con un movimiento de mano.
— Harry —Cedric no estaba entrenando en el equipo, ya que al ser el campeón elegido del colegio debía enfocarse en el torneo. Sin embargo, iba a las prácticas de sus compañeros eventualmente, como ahora—. ¿Qué haces aquí?
Al ver al castaño, Harry se animó, podía ir al baile y ver a Draco, aunque él ya estuviera con alguien más.
— Cedric, ¿Puedo hacerte una pregunta?
El mayor asintió con una agradable sonrisa.
— ¿Ya tienes pareja para el baile?
Cedric negó.
— Entonces...
— Claro Harry —se apresuró a responder—. De hecho, estaba pensando a quién preguntarle, como campeón de Hogwarts estoy obligado a abrir el baile junto con los otros campeones, pero no puedo hacerlo sin una pareja, ¿Cierto? Que lo hayas sugerido es estupendo —terminó con una sonrisa.
Y Harry la correspondió, pero solo por acto reflejo, porque en su interior el pánico se apropió de él. Abrir el baile había dicho Cedric y, por tanto, él tendría que bailar con Cedric, pero era un pésimo bailarín.
— ¿Pasa algo malo? —cuestionó el castaño preocupado.
Harry dudó si decir la verdad, pero si no lo hacía, era peor hacer el ridículo frente a una gran multitud y principalmente frente a Draco.
— No sé bailar —sus mejillas se sonrojaron cuando hizo la admisión.
— ¡No te preocupes, Harry! ¡Yo te enseñaré!
— ¿En serio? —cuestionó emocionado.
— Claro que sí. Mi padre me enseñó desde que era muy pequeño, he aprendido bastante bien y no me importa enseñarte.
Cuando Draco salió de clase de Runas antiguas corrió hacia el aula de pociones, desde que le había informado que iría al baile con Viktor Krum, su amigo parecía más distante y Draco se preguntaba si se debía a que él tenía pareja y el moreno no. Por lo que sabía, Harry había sido invitado por varias y varios alfas, pero se había negado en cada oportunidad. De cierta manera, el rubio se estaba arrepintiendo de haber aceptado a Krum, definitivamente se había precipitado demasiado, debió haber esperado o incluso él mismo ser lo suficientemente valiente para proponérselo a Harry. Pero los Hufflepuffs no se caracterizaban por ser muy valientes.
Al final, llegó a la conclusión de que debía compensar de alguna manera a su mejor amigo y ¿qué mejor forma de hacerlo que invitarlo a una tarde de picnic donde solo comerían los alimentos favoritos del moreno?
Draco dio la vuelta al pasillo con una sonrisa enorme la cual se desvaneció en cuanto vio a Cedric Diggory esperando fuera del aula.
Se acercó sigilosamente, su ceño fruncido y la mueca en su boca indicaban que no estaba nada feliz.
─ Diggory ─saludó.
El aludido sonrió.
─ Draco, puedes llamarme Cedric, soy mayor que tú, pero no me gustan las formalidades, además, estamos en la misma casa ─y agregó un guiño.
Maldito alfa y maldito su aroma de anís. Si no fuera tan amable… definitivamente lo odiaría.
─ Claro ─respondió para no ser grosero.
─ Cedric, Draco ─al fin la clase de pociones había finalizado, el grupo de Slytherin y Ravenclaw iban saliendo del aula.
─ Me alegra que salieras, necesito que vengas conmigo ─comenzó a explicar el rubio.
─ Ahhh ─comenzó Harry─, en realidad hoy pasaré la tarde con Cedric. Tenemos algo que hacer.
Draco sintió que perdía la respiración, abrió la boca ligeramente y luego la cerró.
─ De acuerdo, entonces iré a la biblioteca ─informó tomando una dirección contraria a la biblioteca, Harry quiso hacérselo saber, pero el toque en su codo lo distrajo.
─ ¿Vamos? ─dijo Cedric con una sonrisa, Harry asintió.
Estuvieron ensayando toda la tarde, para cuando terminaron Harry consideró que ya había mejorado bastante, aunque Diggory no estuvo muy de acuerdo, incluso le sugirió una segunda clase para consolidar los conocimientos. El menor estuvo de acuerdo.
Una vez se despidieron decidió ir a buscar a Draco. Por la tarde parecía bastante aturdido y no pudo dejar de pensar en eso a pesar de que trató de concentrarse en las lecciones de baile.
─ Draco ─susurró entrando a la habitación lentamente, el único aroma que detectó fue el del rubio, se sintió aliviado al saber que los otros compañeros de dormitorio no se encontraban allí. Dio un par de pasos vacilantes, estaba en penumbras, así que fue directamente a la cama imaginando que el rubio ya debía estar dormido.
─ Hueles a anís ─se detuvo al escuchar la voz─. Es desagradable.
Harry se olisqueó a sí mismo detectando que en efecto, llevaba un poco del aroma de Cedric, pero era normal, después de todo habían pasado toda la tarde prácticamente pegados por la práctica.
─ Lo siento, no me había dado cuenta que olía.
─ Eso es porque eres un idiota ─gimió el rubio, Harry no podía verlo, pero por el tono de su voz fue fácil darse cuenta que estaba molesto.
─ Siento no haber pasado la tarde contigo, pero…
─ ¡Ya cierra la boca! ─el tono elevado y furioso hizo que Harry se sintiera incomodo y desconcertado.
Por su parte, Draco no pudo evitar hablar tan bruscamente, el hecho de recordar cómo fue a su árbol él solo y pasó comiendo tarta de melaza como un idiota solitario le hizo sentirse herido y por tanto furioso, Harry había elegido a Diggory en lugar de su mejor amigo, cuando ambos habían prometido que siempre estarían juntos. Era totalmente inaudito.
─ ¿Por qué te molestas? Ya te dije que lo siento; ya había hecho planes con Cedric, habría sido grosero cancelar de último momento.
El rubio saltó de la cama y se plantó frente a Harry, su arrebato provocó que su magia se manifestara y todas las lámparas se encendieran.
El moreno jadeó al ver el aspecto desalineado de su amigo, su cara estaba sonrojada y su cabello era un desastre, ni siquiera se comparaba con su propio cabello rebelde.
─ Vete, vete con tu amigo Cedric y no vuelvas a hablarme.
Harry frunció el ceño y apretó las manos en puños. Draco estaba actuando tan idiota. Hablándole de esa manera como si hubiera hecho algo malo. Comportándose tan egoísta.
─ Eso haré ─respondió antes de darse la vuelta y salir del dormitorio.
Draco se quedó de pie, agitado y mirando fijamente la espalda de Harry hasta que salió, luego al fin se dejó llevar por sus emociones. Esta era la primera vez que peleaban y en verdad no había querido dejarse llevar, pero el solo pensar en Harry pasando toda la tarde con Cedric; Harry impregnado del aroma del alfa, y recordando lo solo que se había sentido bajo el árbol… todo lo había superado.
Se dejó caer sobre la cama y se cubrió el rostro con sus manos.
