Harry y Draco decidieron que irían a la mansión, así que se despidieron de los Potter y se dirigieron al área de chimeneas.
─ Dijiste que te encuentras bien, pero has permanecido callado desde que tu madre nos informó sobre tu padecimiento ─Draco declaró preocupado, ya se encontraban en la mansión y todo el camino lo habían recorrido en silencio. Harry no solía ser del tipo callado, por eso se decidió a confrontarlo.
─ Estoy bien ─confirmó en un tono hostil.
─ No, no lo estás y te exijo que me digas qué es lo que está pasando.
Harry resopló.
─ Mamá dijo que aun no conoce la razón especifica por la que soy estéril, pero yo sé cuál es.
Draco se sorprendió, así que tomó la mano de su amigo y lo arrastró hasta su habitación para que pudieran conversar en privado.
Una vez estuvieron seguros, Draco animó a Harry para que hablara.
─ Los supresores, tú me lo advertiste, pero yo ya los estaba tomando.
El rubio se sorprendió, realmente no recordaba ese episodio, ya había pasado mucho tiempo desde entonces.
─ No creo que sea eso ─argumentó Draco.
─ ¿Qué? ¡Tú me dijiste que podían causar infertilidad e incluso supresión del celo permanentemente!
─ Ya sé, pero el asunto no es tan sencillo como suena. Si tu infertilidad o tu retraso del celo fuera a causa de los supresores en este momento no te estarías paseando como si nada por toda Inglaterra.
Harry frunció el ceño y se llevó las manos a la cabeza.
─ No estoy entendiendo, tú dijiste…
─ Sé lo que dije, incluso Granger lo constató, pero nos referíamos a que, en ocasiones, cuando un omega toma supresores antes de manifestarse o los toma con demasiada frecuencia o por periodos muy largos de tiempo y dicha acción repercute en su salud, el omega en cuestión comienza a manifestar malestares como dolores de útero y fiebres constantes. No es lo mismo que el celo, de hecho, es mucho más doloroso y es constante, por eso me enojé contigo en aquella ocasión.
Harry permaneció en silencio analizando lo que acababa de explicar su amigo. No tenía por qué dudar de sus conocimientos, después de todo, Draco sabía todo, pero se sentía aturdido. Desde que salió del hospital se había carcomido mentalmente por la culpa que sentía de haberse provocado un problema de salud que a su vez a largo plazo le traería problemas con otras personas. Aunque sus padres le aseguraron aceptar la situación, sabía que ellos estaban sumamente preocupados por lo que se avecinaba. En el mundo donde vivían, aquellos con aromas de hortalizas que no fueran betas eran excluidos, el instinto los impulsaba a dejar de lado a aquellos que estuvieran enfermos con el objetivo de no debilitar a la manada.
Harry sabía que él nunca sería considerado como pareja para ningún alfa o beta, así que prácticamente la dinastía Potter desaparecería con él.
─ ¿Entonces yo no me lo provoqué? ─cuestionó echándose sobre la cama. Draco lo siguió y se tiró a su lado. Pasó uno de sus brazos sobre el pelinegro a modo de abrazo.
─ No, no es tu culpa, ni lo provocaste, así que deja de culparte a ti mismo.
Al final, ocurrió lo que Harry esperaba. Viktor Krum le pidió a Draco que fuera su novio. Fue algo muy secreto, de hecho. Fue en la biblioteca, mientras Draco leía atentamente un libro sobre runas antiguas para escribir el ensayo que le habían dejado de tarea.
Nadie se enteró.
Y Harry ni siquiera lo sabría si Draco no se lo hubiera contado.
─ ¿Y… qué le dijiste? ─cuestionó Harry intentando reprimir la ansiedad que la noticia le hizo sentir.
Draco giró a verlo.
─ Dije que no.
Harry se mostró genuinamente sorprendido, no es que quisiera que Draco le diera una respuesta positiva a Krum, pero…
─ ¡¿LE DIJISTE QUE NO A VIKTOR KRUM?!
─ Si, ¿por qué? ¿Querías que le dijera que sí?
─ ¡NO! ─se apresuró a corregir ─. Digo… Si, es decir, no, no es que yo quiera… Yo… Quiero decir ─resopló─. Es solo que se trata de Viktor Krum, el famoso buscador de quidditch. No se lo cuentes a otra persona o creerá que estás loco.
Draco soltó una gran carcajada.
─ De acuerdo, entonces quedará entre nosotros ─reprimió el rubio omitiendo las razones por las que se había negado.
Primero, estaba enamorado de Harry.
Segundo, Viktor Krum era demasiado bruto para su gusto.
Tercero, el idiota había dicho que Harry olía raro.
Por cierto, esa fue la razón por la que Draco dejó de hablarle. Aunque el búlgaro aun trató de mantenerse cercano.
Después de eso, el resto del año pasó demasiado rápido.
Cedric Diggory ganó el torneo de los tres magos, Viktor Krum dejó de perseguir a Draco y se centró en Hermione Granger, los alfas comenzaron a alejarse de Harry ─a excepción de Cedric─ y muchos más alfas y betas comenzaron a interesarse en Draco aunque él siempre los ignoraba. Y así, terminó el curso y todos volvieron a sus hogares con una nueva perspectiva de la vida. Ya no se sentían niños, comenzaban a sentirse adultos, a pesar de que les faltaran un par de años para graduarse.
El quinto curso de Hogwarts comenzó muy mal.
El profesor Riddle se enfermó repentinamente y tuvieron que buscar un remplazo en el último momento. Harry y Draco habrían estado felices si ese no hubiera sido una horrible mujer vestida de rosa que se hacía llamar Dolores Umbridge y que se daba aires de grandeza desde el primer momento que llegó al castillo derivado de su cargo como subsecretaria del ministro.
Podían superar un año con una pésima profesora si dicha profesora no se la pasaba insultando cada uno de los aspectos de la vida de los alumnos.
Primero inició hablando frente a toda la clase de lo horrible que olía Harry.
Draco, por primera vez compartía clase de DCAO con Slytherin, por lo que escuchó cuando la mujer hizo tan horrible comentario.
─ Y usted huele a estiércol ─todos los alumnos comenzaron a burlarse cuando escucharon al moreno hablar.
Draco giró a verlo asustado, porque ahora la mujer se acercaba lentamente a Harry, en su rostro, una sonrisa perversa se dibujaba.
─ Señor Potter, asistirá a detención después de clases, por una semana, ¿Queda entendido?
Harry tragó en seco y luego asintió.
─ ¡No lo escuché! ─dijo la mujer.
─ ¡Si! ─respondió el menor.
Cuando la profesora se volteó, Draco rápidamente tomó la mano de Harry para que se tranquilizara.
Está de más decir que la detención fue un verdadero infierno para el joven Potter. Draco pensó que sería buena idea hablar con el director e informarle que esa mujer abusaba de su poder, pero Harry se negó a que lo hiciera e incluso le pidió que no hablara con sus padres al respecto. El rubio terminó por prometer que no lo haría.
Por supuesto, otros alumnos también estaban inconformes, no solo con Harry se había metido la bruja, pero extrañamente todos preferían callar. Draco estaba preocupado y Harry parecía relajado, como si nada estuviera ocurriendo.
Sin embargo, las cosas cambiaron un día, después de las vacaciones de Navidad.
Los alumnos de quinto grado se encontraban en la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, todos estaban muy tranquilos, escribiendo lo que Umbridge dictaba; procuraban no hacer ruido ni siquiera para respirar, a esas alturas del curso todos temían ser enviados a detención. Solo el rasguño de las plumas que hacían sobre el pergamino se escuchaba, al menos así fue hasta que Draco Malfoy soltó un casi imperceptible jadeo.
Umbridge de inmediato dejó de hablar y a pasos apresurados se acercó al responsable de interrumpir su clase.
─ ¿Señor Malfoy está consciente de que acaba de interrumpirme groseramente?
El rubio asintió, y mientras escuchaba el monologo de la mujer, Harry lo observaba con preocupación.
Draco estaba sonrojado, su frente y nuca revelaban una fina película de sudor mientras que sus manos estrujaban su túnica escolar.
Algo no andaba bien con su amigo, pero no estaba seguro de qué era hasta que las feromonas de omega comenzaron a esparcirse por todo el salón.
─ ¡Ah! Así que es eso ─dijo la mujer arrugando la nariz─. Es tan inapropiado, un sangre pura entrando en celo en medio de la clase, que disgusto ─al terminar se dio la vuelta y comenzó con el dictado, Harry apretó los dientes con fuerza al ver que la mujer no había enviado a Draco a la torre de resguardo.
Conforme las feromonas se iban expandiendo por el lugar, sus compañeros alfas que habían tratado de resistirse al inicio, comenzaron a ser devorados por sus instintos. Harry se preguntó si Umbridge permitiría que uno o varios de ellos se sobre pasaran con Draco en el aula, en frente del resto de sus compañeros o si los detendría a tiempo. No, seguramente ella permitiría una atrocidad, pero el moreno estaba dispuesto a defender a su amor, aunque fuera lo último que hiciera en la vida.
─ Madame Umbringe ─gimió Draco─, ¿podría darme permiso de ir a la torre de resguardo?
La mujer miró mal al rubio, sonrió de lado y después respondió un firme "no".
─ No, Señor Malfoy. Esta experiencia le enseñará a tomar sus supresores como lo dicta la ley y en el proceso espero que se le quite lo chapero.
Nuevamente se dio la vuelta y quiso continuar con la clase, pero Harry se puso de pie y golpeó las palmas de sus manos sobre el escritorio.
─ ¡Siéntese, Señor Potter! ─al ver que no obedecía agregó─. Bien, quiere que lo pegue al escritorio, le concederé su deseo.
La bruja iba a sacar su varita cuando Harry habló.
─ Escúcheme, vieja amargada ─algunos alumnos jadearon impresionados─. Draco no es ningún chapero y si no le da permiso de ir a la torre de resguardo en este momento, le juro que le hechizaré esa maldita cara de troll que se carga.
Sacó su varita y apuntó a la mujer quien jadeó ofendida, luego, tomó a Draco del brazo y lo llevó lentamente hacia la salida.
─ Esto no se va a quedar así ─exclamó la mujer.
─ No, le aseguro que no, de esto se van a enterar los Malfoy y le aseguro que cuando sepan lo que estaba a punto de hacerle a su único hijo, su cargo aquí y en el ministerio quedarán únicamente en su recuerdo ─y dicho eso salió del aula.
Miró hacia ambos lados del pasillo, al no ver a nadie en la zona, sacó su capa de invisibilidad y los cubrió a ambos.
─ Harry… ¿Por qué…?
─ Tranquilo, te llevaré a la torre de resguardo.
─ Es que yo…
Harry sabía qué quería decirle el rubio. De hecho, el mismo estaba confundido. Draco era el tipo de persona que jamás olvidaría tomar sus supresores y mucho menos estando tan cerca de su rutina. Tenía una teoría de lo que había ocurrido, pero necesitaba investigar más al respecto.
─ No te preocupes, vas a estar bien, en cuanto lleguemos Madame Pomfrey te examinará.
En cuanto llegaron a la torre de resguardo, Madame Pomfrey apareció para realizar una rápida examinación al rubio. Después lo llevó a una habitación y le pidió a Harry que la acompañara.
─ Como ha observado, el celo de Draco se ha presentado repentinamente y los síntomas se han desarrollado de manera muy acelerada ─Harry asintió─, eso indica que Draco ha sido inducido al celo por alguna poción que él bebió ¿estoy en lo correcto?
Harry frunció el ceño.
─ ¿Una poción? ─luego negó con la cabeza─, eso es imposible, Draco ha estado bebiendo sus supresores tal como se lo ha indicado su sanadora, él no es del tipo de mago que olvidaría algo tan importante como eso y mucho menos lo dejaría de tomar sin ninguna razón, por eso no creo que sería capaz de inducir su celo.
─ Tal vez quiso pasar su celo con algún compañero…
─ ¡No! ─a Harry le hirvió la sangre al escuchar tal insinuación─. Es decir, Draco no tiene pareja.
─ ¿Está seguro?
─ Muy seguro, soy su mejor amigo, si tuviera pareja me lo habría dicho ─respondió con convicción.
La enfermera analizó lo que el moreno acababa de decir y luego explicó:
─ Con lo que me ha dicho, Señor Potter, puedo deducir que el señor Malfoy bebió la poción por error. Tal vez se equivocó y tomó la poción de alguna compañera o compañero. Algo así pudo haber ocurrido.
─ Si, algo así ─respondió Harry siguiéndole la corriente a la bruja, sin embargo, en su mente se estaba maquinando otra teoría.
Draco no sería tan estúpido. Ni ebrio podría confundir una poción para inducir al celo con otra. ¡Por Merlín!, Draco era casi tan bueno en pociones como Snape. Por lo tanto, alguien le había provocado el celo a Draco, ahora su deber era averiguar quién lo había hecho y la razón, y por supuesto, se vengaría del troll que se atrevió a hacerle algo así a su amado.
