Después de haber superado su celo, Draco fue llevado a la enfermería para ser monitoreado. Ser inducido al celo mientras estas tomando supresores podía traer efectos contraproducentes, así que Madame Pomfrey quería asegurarse de que el menor se encontrara bien, así que la profesora Sprout le había dado un día más de licencia. Así, en el silencio de la enfermería, tuvo tiempo para pensar en lo que había ocurrido.

Le mortificaba el asunto de que empezara su rutina tan repentinamente. Para su horrible suerte había ocurrido durante la clase de Umbridge, afortunadamente, Harry estaba allí para ayudarlo. Y… hablando de Harry, Draco no podía evitar sonreír como un tonto cada vez que recordaba como lo había defendido y protegido de esa horrible mujer. Hasta ese momento Draco estaba consciente de que Harry le gustaba, incluso lo amaba, pero después de ese evento su amor había estallado en su corazón como si hubieran instalado fuegos artificiales y no deseaba otra cosa más que decirle que lo amaba y que no importaba que ambos fueran omegas, lucharían contra todo el mundo mágico de ser necesario con tal de ser felices y tal como solían hablarlo durante su niñez, vivirían en una pequeña casa con jardín y adoptarían a un perro.

Draco estaba decidido, iba a conquistar a Harry, le haría ver que podían ser algo más que amigos, algo mejor que hermanos. Sin embargo, esa misma tarde, recibió una carta de su padre.

En ella le informaba lo enojado que estaba con Umbridge, al parecer su madre y los Potter estaban igual o más enfadados. Varios de los padres que formaban parte de la mesa directiva de Hogwarts habían solicitado el cambio de profesora de manera inmediata al director Dumbledore. Y también escribieron una carta al ministerio exigiendo lo mismo. Lucius hizo su parte enviando cartas individuales a algunas personas conocidas. El asunto es que al final, Umbridge iba a ser remplazada por un mago llamado Remus Lupin, en la carta, su padre no parecía muy contento, pero aceptaba que era mejor opción que la bruja torturadora.

Después, brevemente le informaba que también estaba muy enfadado con el hecho de que hubiera bebido una poción para inducir al celo por error. Para Lucius, eso no debía volver a pasar en un colegio, después de una letanía donde desbordaba su enojo hacia el director cambió drásticamente el tema a algo que lo dejó atónito.

Tuvo que leer dos veces para rectificar que, en efecto, su padre estaba en búsqueda de un alfa para que se comprometiera con Draco. Un alfa heredero o heredera de una fortuna similar a la de los Malfoy. Claro, en el mundo mágico ya existían muchas libertades, pero también existían algunas prácticas antiguas que los sangre pura, principalmente el grupo de los sagrados veintiocho, seguían llevando a cabo. Y una de esas prácticas eran los compromisos concertados.

Draco arrugó la carta, haciéndola una bola entre sus manos; él no quería aceptar a un prometido que su padre le impusiera, él solo quería a una persona en su vida. La única manera en que Draco podía evadir ese compromiso concertado era si se comprometía con alguien más antes de que se firmara el acuerdo o si su virtud era mancillada por alguien más; entonces, ese alguien más tendría que comprometerse con él. Era una ley entre los sangre pura. No importaba que el hombre o la mujer en cuestión fuera un mestizo o nacido de muggles.

Por cierto, que era un método muy usado entre los jóvenes sangre pura. Iniciaban su vida sexual antes de graduarse con el fin de casarse con quien ellos eligieran después de graduarse. A veces esos matrimonios no resultaban muy bien, pero era mejor a comprometerse con alguien que difícilmente les agradaría aun cuando en apariencia les atrajeran.

Draco tenía la certidumbre de que él no podría iniciar su vida sexual de forma tan inmediata, no es que fuera un mojigato, pero todavía se sentía inseguro al respecto, además, aun no había conquistado a la única persona con la que le gustaría hacerlo.

Fue sacado de sus pensamientos cuando escuchó que tocaban la puerta.

─ ¡Adelante! ─respondió al instante.

Gritó emocionado cuando vio a su tía Bellatrix entrar al lugar.

La mujer sonrió e hizo una reverencia. Siempre que veía a Draco hacía eso, decía que el rubio era su príncipe, y el menor le seguía el juego.

─ ¿Qué estás haciendo aquí? ─preguntó contento.

─ Solo quería verte ─dijo la bruja encogiéndose de hombros.

─ Ya, dime la verdad ¿Te avisó mamá?

Ella abrió la boca como si estuviera sorprendida y se llevó una mano al pecho.

─ ¿Qué no tengo derecho de visitar a hermoso sobrino sin razón algún?

Draco negó sin dejar de sonreír.

─ De acuerdo, tienes razón, Narcissa me habló sobre lo que te pasó, me aseguró que te encuentras bien, y honestamente debí aguardar hasta el fin de curso para verte, pero no pude soportar la espera.

En ese momento, Draco fue envuelto por los brazos de la bruja y recibió un sonoro beso en su cabellera. El rubio inhaló profundamente el aroma a maní azucarado que su tía desprendía; un aroma como ese era inusual, ya que solo lo poseían los alfas masculinos, sin embargo, su tía siempre había sido distinta, una mujer aguerrida, atrevida y seria, pero bastante cariñosa con aquellos a los que amaba.

Y Draco también la amaba, a diferencia de su tía Andrómeda, Bella era del tipo que lo consentía y jamás lo reprendía, como no tenía hijos trataba a Draco como si fuera el suyo y siempre lo ayudaba para convencer a sus padres de obtener cosas que deseaba.

De pronto, una idea se plantó en su mente. Ella era perfecta para ayudarlo. Si quería que Lucius dejara de buscarle prometido o desistiera al menos, debía hacerle saber que él ya estaba enamorado de alguien, aunque no se sentía lo suficientemente valiente para decírselo él mismo, así que le pediría a su tía que lo hiciera por él. Definitivamente era una buena idea.

─ ¿Todo bien? ─preguntó la bruja sentándose a su lado.

Draco asintió.

─ No te preocupes, esa mujer desagradable no volverá a poner un pie en este lugar.

─ Si, ya me lo ha informado mi padre.

Bella asintió aprobando tal acción.

─ Eh… ─hizo un puchero y bajó la mirada.

─ ¡Oh, querido! ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

Draco negó con la cabeza.

─ ¿Entonces qué ocurre? Sabes que puedes contarme lo que sea, no le diré nada a tus padres si no quieres.

Draco sonrió internamente, luego levantó la mirada. Parecía afligido, por lo que la bruja se acercó y lo abrazó.

─ Es que mi padre también me informó que está buscando un prospecto para un matrimonio concertado.

Bella frunció el ceño, de todas sus hermanas, ella era la única que había seguido las reglas tradicionales de los sangre pura y se había casado con el mago que le había impuesto la familia. Andromeda, la mayor, había huido con un nacido de muggles antes de que le encontraran prometido y Narcissa se había involucrado prematuramente con Lucius, así que podría decirse que ambas brujas se casaron por amor.

─ ¿Y qué problema tienes con eso? ─cuestionó ella permaneciendo serena.

─ No quiero comprometerme aún.

─ ¿Por qué razón no querrías comprometerte? Sabes que la tradición es comprometerse después de los quince años.

Draco hizo un puchero. Pensó que si solo le decía a su tía que no quería casarse ella lo ayudaría sin cuestionar, pero tal parecía que tendría que decirle la verdad, la completa verdad.

─ Tía Bella ─exhaló─, estoy enamorado de alguien y no hay nadie más en mi mente con quien quisiera formar un compromiso aparte de él.

─ ¿Qué clase de alfa es él? ─cuestionó la bruja entrecerrando los ojos. Ahora, Draco sabía que ella lo estaba analizando.

Se mordió el labio inferior por unos segundos antes de responder.

─ É-él no es un alfa.

─ ¿Es un beta? Bueno… asumimos entonces que no pertenece al grupo de los sagrados veintiocho.

Draco negó entonces con la cabeza.

Bellatrix pareció muy confundida.

─ Él es un omega.

Bella resopló y se llevó la palma de la mano a la frente.

─ ¡Por Morgana, Draco! ¡Te has enamorado del niño Potter!

Draco se sonrojó furiosamente.

─ ¿Cómo sabes que se trata de él?

Bella bufó.

─ Solo hay un omega en el mundo que podría llamar tu atención de ese modo, y es el mismo omega al que te aferraste desde el primer momento que lo conociste. Así que si, así es como lo supe. Y ahora que lo dices, me sorprende como no lo vi venir antes. ¡Si no puedes apartar la mirada de ese muchacho!

Ahora, Draco estaba colorado, y lo único que deseaba era esconder la cabeza dentro de una bolsa de papel, tal como había visto que lo hacían en las animaciones que Harry veía en la TV.

─ De acuerdo, si, se trata de él. Estoy enamorado de Harry.

Fue bueno para el rubio al fin poder exteriorizar sus sentimientos, sin embargo, aun estaba a la expectativa de lo que su tía dijera.

Bella parecía conflictuada.

─ No lo sé, Draco. Es demasiado complicado.

El rubio comenzó a temer que su tía se negara a ayudarlo.

─ En la historia jamás se ha visto el caso de dos omegas emparejados. La mayoría ni siquiera se han planteado una solución así ─divagó un poco en voz alta─. ¿Qué pasará con los hijos? Recuerda que ambos son hijos únicos.

─ Sé que será difícil para mi padre aceptar que no habrá otro Malfoy, pero en serio quiero estar con alguien a quien yo ame. Por favor tía, ayúdame a convencer a mi padre para que no me busque prometido.

Bella arrugó la nariz y la boca.

─ Sabes qué será difícil convencer a tu padre, ¿cierto? ─el rubio asintió─. De acuerdo, veré qué puedo hacer.

La bruja sabía que lo que su sobrino deseaba era una completa locura, pero también quería que fuera feliz y si eso implicaba romper con las leyes de la magia, ella lo apoyaría. ¿Y de qué manera? Hablaría con los padres de Draco e investigaría que pensaban al respecto y en el proceso, un poco de manipulación psicológica no haría daño.

Draco saltó de la cama para abrazarla. Ella correspondió rodeando sus brazos en el cuerpo del menor suavemente mientras reía.

Si bien, ella obedientemente contrajo matrimonio con alguien a quien no amaba y con quien no se llevaba bien, no permitiría que su sobrino cometiera el mismo error.

─ Prométeme algo, Draco ─susurró, el aludido asintió─. Lucha hasta el final por ese amor, no te doblegues ante tu padre y mucho menos ante las tradiciones.

─ Lo prometo, tía.


Harry deseaba visitar a Draco en la enfermería, pero también estaba tras el rastro de aquella persona que se atrevió a afectar a su amigo.

Más tarde lo visitaría. Por ahora se enfocaría en lo más urgente, por eso, estaba al lado de Pansy Parkinson, compañera de casa y amiga.

Ella era una de las personas más entrometidas que conocía, pero como tal sabía que le ayudaría con su plan.

─ Y bien, querido Harry ¿En qué puedo ayudarte? ─cuestionó la chica con una sonrisa perversa.

─ Necesito que averigües unos datos por mí ─comenzó el moreno.

─ Lo que sea, pequeño Harry, dime y yo serviré.

Harry previamente le había hecho una visita al profesor Snape, a pesar de que no era de su agrado, y después de tanto insistir y utilizar la carta del peligro al que se había enfrentado su ahijado, Snape terminó por confesarle que, tal como Harry lo sospechaba, algunos ingredientes habían desaparecido de su almacén.

Harry sabía que quien indujo a Draco al celo solo podría hacerlo preparando él mismo la poción o comprándola. Eran sus únicas dos opciones. Pero ya que la adquisición de dicha pócima requería de un permiso especial de los padres y muchos galeones, la cantidad de sospechosos se redujo. En el mundo mágico un alto porcentaje de padres no tenían la mente tan abierta como para enviar un artículo de ese nivel a sus hijos. Y nadie en su sano juicio estaría dispuesto a gastar la mesada de aproximadamente dos meses en una poción. Lo que por deducción reducía el número de sospechosos a un grupo bastante pequeño ─aquellos capaces de elaborar una poción de alto nivel de complejidad y aquellos que tuvieran padres consentidores con una gran suma de galeones en sus bóvedas─, pero una vez que el profesor Snape confirmó el robo, el número se redujo mucho más. Con eso en mente, el moreno decidió que sería bueno arrojar a la intrépida y despiadada Pansy Parkinson en búsqueda de información con sus objetivos ya fijados.

─ Algo muy sencillo ─comenzó─, solo quiero que hables con unos cuantos cerebritos y les preguntes sobre la preparación de pociones, ya sabes… las de alto nivel de complejidad.

La bruja se acomodó un mechón de cabello que caía sobre su frente pasándolo detrás de su oreja.

─ Con gusto ─y se puso de pie─. Más tarde sabrás de mí.

─ Genial, mientras tanto yo iré a visitar a Draco.

La morena hizo un gesto en modo de burla y luego salió de la sala común.