Besos, sonrisas, secretos… todo lo que una pareja enamorada puede compartir, eso es lo que Harry y Draco compartían. Estaban muy felices. Sin embargo, la burbuja de felicidad se rompió cuando los pasillos comenzaron a rumorar sobre su relación. Todos observándolos al pasar y juzgando que dos omegas se atrevieran a ir en contra de las leyes de la naturaleza.

Harry mencionó que se parecía un poco a las relaciones entre personas del mismo género en el mundo muggle, había muchos muggles que no lo aprobaban y lo veían como un acto monstruoso. No quería que Draco sufriera a causa de la discriminación y desaprobación de los estudiantes. Así que habló con él para saber si estaba de acuerdo con una historia que contradijera los rumores sin llegar a negar que se besado en la biblioteca y que varios de sus compañeros los visto.


Cuando ambos fueron llamados a la oficina del director, ya sabían que es lo que dirían y si los interrogaban por separado no tendrían problemas al responder exactamente lo mismo.

Pero no ocurrió.

Cuando entraron a la oficina del director, este recibió con una sonrisa amable y les pidió que tomaran asiento frente su escritorio. Ambos jóvenes se habrían sentido aliviados de no ser por la presencia del profesor Snape y, aunque la profesora Sprout también se encontró allí, Draco sabía que ella no sería tan severa.

─ ¿Saben porque los he llamado? ─fue lo primero que cuestionó al director.

Draco y Harry negaron al mismo tiempo fingiéndose confundidos.

─ Muy bien, ¿gustan un caramelo de limón? ─cuestionó el mago como una idea tardía, ambos jóvenes se negaron por lo que el profesor Dumbledore continua─. Harry, tuviste un descontrol de magia en la biblioteca el día de ayer, según informa Madame Pince, el descontrol de magia ocasionó que uno de tus compañeros resultara herido.

─ Yo no lo herí, solo lo empujé porque él…

─ Permita al profesor Dumbledore terminar ─regañó Snape, Harry asintió.

─ Gracias Severus. Como decía, su compañero resultó herido. Por dicha razón Madame Pince a solicitado que el profesor Snape le imponga un castigo ─Harry refunfuñó─. Considerando las circunstancias en que dicho descontrol de magia se dio hemos decidido que no le castigaremos, pero si le pediremos que asista a una revisión en San Mungo, ya que según lo que nos comunicó Madame Pince su magia se comportó de un modo poco usual. Ya me he tomado la libertad de escribirle a tu madre, así que pronto recibirás sus noticias.

«Por otro lado, está el asunto del sarpullido que apareció misteriosamente en la piel del señor Montague esta mañana. ¿Alguno de los dos sabe algo al respecto?

Harry se apresuró a negar, Draco lo secundó después de un par de segundos.

─ Muy bien, me alegra que ninguno haya tenido nada que ver con eso o de lo contrario debería que tomar medidas extremas ─Harry y Draco asintieron.

«Ahora, también los hemos enviado a llamar a los dos por un rumor que comenzó a circular en el colegio ─Draco sintió que su cuerpo se ponía tenso, muy a pesar de que estaba haciendo un gran esfuerzo para parecer relajado─. ¿Es verdad que tienen una relación?

─ ¿En qué se basa ese rumor? ─cuestionó a Draco.

─ Según parece poco después del incidente con el señor Potter los vieron compartiendo un beso…

─ ¡Oh, eso! ─exclamó Draco haciéndole parecer a los profesores que era una cosa sin significado─. En realidad, todo fue un montaje.

─ ¿Un montaje? ─cuestionó la profesora Sprout.

─ Si, un montaje ─respondió Harry─. Lo hicimos porque Graham Montague estaba molestando a Draco y necesitábamos que entendiera que no se le puede volver a acercar.

Snape frunció el ceño, Dumbledore sonrió y la profesora Sprout frunció la boca.

─ De acuerdo ─intervino el profesor después de un momento. Está bien, no están en problemas por eso, incluso no debería tener ningún problema si en verdad tiene una relación, solo les pido que sean cuidadosos, ya que es una relación inusual y los alumnos podrían mostrarse un poco alterados. En la historia de la magia nunca se ha visto una relación entre omegas, ni siquiera de géneros primarios diferentes.

Draco y Harry asintieron.

─ De acuerdo, entonces pueden retirarse. Harry, no olvides visitar San Mungo.

─ Draco ─llamó el profesor Snape─, te espero en mi oficina después de clases.

El rubio asintió mientras sentía que su corazón comenzaba a latir más rápido de lo usual.

Ambos jóvenes se retiraron de la oficina del director y caminaron en silencio por los pasillos hasta que Harry preguntó:

─ ¿De crees que quiere hablar Snape?

Draco se veía nervioso.

─ Estoy seguro de que no nos ha creído. De hecho, ninguno de los profesores. La excusa que dimos fue bastante patética. ¿Cómo no lo pensé antes?

─ Tranquilo, mientras el resto del colegio no lo sepa, no habrá problema.

Draco jaló a Harry a una parte apartada del pasillo.

─ ¿Y qué pasará después? ¿Nos esconderemos eternamente? ¿El resto de nuestras vidas pretenderemos que solo somos amigos mientras nos casamos con alfas y formamos nuestras propias familias?

Harry negó con la cabeza.

─ No, por supuesto que no ─se apresuró a rectificar─. Sin embargo, considero que primero debemos hablar con nuestros padres, cuando ellos estén de acuerdo los tendremos de nuestro lado y por tanto podremos enfrentar a la sociedad.

Draco sonrió y abrazó a Harry.

─ Te quiero ─susurró, Harry acarició su espalda formando círculos con la palma de su mano. Un momento después, el rubio se alejó y mirando los ojos verdes del moreno le besó.


Harry dormía plácidamente en la comodidad de su cama cuando sintió humedad impregnada en las sábanas.

Carajo, pensó, dentro del sueño temió haberse orinado en la cama, tal como si fuera un bebé. Pero antes de que su mente continuara maquinando posibles razones por las que su vejiga no aguantó a que despertara, una voz familiar se hizo presente.

─ ¡Harry! ¡Despierta! ¡Harry! ─era la voz de Theo, lo supo después de un tiempo.

Poco a poco comenzó a removerse dentro de la cama hasta que por fin pudo salir del mundo de los sueños y aterrizar en la realidad.

─ ¿Qué pasa? ─cuestionó mientras abría los ojos y se sentaba en la cama. Se dio cuenta que en efecto estaba mojado, pero no solo eso, una especie de líquido pegajoso estaban instalado entre sus piernas y un calor abrasador de pronto lo abrumó.

─ Estás en celo, eso es lo que pasa ─al enfocar a sus compañeros de dormitorio al fin pudo ver que ambos se cubrían las narices con un pañuelo─. Será mejor que vayas a la torre de resguardo.

Harry asintió, iba a ponerse de pie, pero se contuvo, no quería mostrarse ante sus compañeros todo empapado.

─ Vamos Blaise, hay que salir de aquí, démosle su espacio ─expresó al ver la expresión confundida del otro. El chico moreno obedeció y ambos salieron de la habitación.

Harry se puso de pie de un salto, buscó lo más rápido que pudo entre sus cosas otro pantalón de pijama, se cambió y salió de la habitación rumbo a la torre de resguardo. Al ser de noche no se preocupó de encontrarse alguna persona desagradable que lo molestara.

En cuanto llegó, un elfo le asignó una habitación, pasó a tomar sábanas limpias y algunas toallas y después se encerró.

Por supuesto, continuaba abrumado, no sabía qué hacer, era la primera vez que tenía un celo, pero al contrario de lo que le había narrado Draco, él se sentía tranquilo; con un poco de calor, sí, pero no el suficiente como para hacer que se quisiera arrancar la ropa o algo parecido. Se echó sobre la cama y decidió esperar a que pasaran el número de días que se supone debía sufrir el celo y pensó en las ventajas. No tendría que asistir a clases, ni hacer tareas, aunque al pensar en que al salir Draco lo obligaría a ponerse al corriente lo hizo sentir cansado. De pronto, la imagen de Draco regañándolo y mandándolo a hacer algo que no quería le hizo sonreír; su línea de pensamientos se desvió después de un momento a su cabello rubio, tan lacio, suave e impecable, sus bonitos ojos grises que siempre le miraban con gentileza, sus mejillas suaves y rosadas como melocotones, sus labios rosados y delgados, su adictivo aroma a cítricos, dulce como el de una naranja y de pronto… tenía una erección de campeonato. Su pene comenzó a doler por lo duro que se puso y Harry gimió.

Inevitablemente recordó el primer celo de Draco, también en una de las habitaciones de la torre en la que se encontraba, la voz entre cortada del rubio mientras le pedía que le ayudara a aliviar su dolor. Ese pensamiento lo llevó al límite. Harry estaba perdido.


Draco acababa de salir de la ducha y estaba pulcramente vestido con su túnica de Hufflepuff, aun pensaba en lo que le dijo su padrino el día anterior.

Draco, sé que tú fuiste quien hechizó a Graham Montague, no es necesario fingir conmigo, te conozco bastante bien ─Draco desvió la mirada avergonzado ─. Mírame cuando te hablo. Eso que hiciste no estuvo bien.

¡Se lo merecía! ─exclamó enfadado ─. Me besó y se supone que mi primer beso iba a ser con…

Potter, dilo, que también eso lo sé. Ninguno de los dos sabe mentir.

Draco se mordió el labio inferior.

Draco, eres un mago bastante talentoso, inteligente y correcto. Temo que la presencia constante de Potter te esté afectando.

¡No! No me está afectando. Hechicé a Montague porque estaba muy molesto, siento haberlo hecho, pero no me arrepiento. Y lo de Harry… yo lo amo ─Snape suspiró resignado.

Lo sé… ─confesó.

Entonces… ¿Nos apoyaras cuando se lo digamos a padre y madre? ─exclamó el rubio feliz.

Snape lo miró por varios segundos, los cuales parecieron eternos. Draco comenzó a temer que se negara, pero su padrino no podía negarle nada, así que terminó por asentir.

¡Gracias, padrino! ─gritó el menor y se abalanzó sobre el profesor para proporcionarle un apretado abrazo.

Ya, ya… ─pidió después de sentir que sus mejillas se sonrojaban ─. Con respecto a lo de Graham Montague ─Draco se puso tenso ─, esta vez lo dejaré pasar, pero la próxima vez que te metas en problemas hablaré con la profesora Sprout para que te ponga en detención. ¿Has entendido? ─Draco asintió ─. Muy bien, ahora vete, tengo mucho trabajo.

Draco sonrió y se dio la vuelta, antes de salir de la oficina se detuvo y giró la cabeza para mirar a su padrino:

Padrino ─el aludido lo miró de mala gana ─, no sabía que los lirios de los valles fuera su tipo ideal.

Snape enrojeció como tomate.

¡Sal de aquí!

Draco se escabulló antes de que su padrino le lanzara una maldición.

Estaba muy concentrado en sus recuerdos cuando su compañero Ernie le informó que alguien le había enviado una nota. Con una gran sonrisa se apresuró a revisarla pensando que se trataba de Harry, pero al reconocer la caligrafía estilizada de Theodore Nott la sonrisa se borró.

─ ¿Pasa algo malo? ─cuestionó Ernie mirando al rubio con preocupación, mientras escuchaba la pregunta negó y se guardó la nota en el bolsillo de la túnica.

─ Tengo algo importante que hacer, te veo después ─antes de que a su compañero le diera tiempo de preguntar salió de la habitación y se dirigió directamente a la torre de resguardo.

En la nota, Nott le informaba que el celo de Harry se había presentado en medio de la noche y que ahora se encontraba en la torre de resguardo.

Con la intención de ver cómo se encontraba su novio y recordando aquella ocasión en que él mismo sufrió su primer celo con la compañía de Harry burló al elfo que resguardaba la entrada a la torre, inhaló con fuerza el aire, detectó varios aromas de otros omegas y un par de alfas, pero el aroma de Harry era único, dulce como el de las zanahorias. Así es como pudo descubrir en que habitación se encontraba.

Siendo precavido para que no lo descubrieran se escabulló por el lugar hasta que llegó a su destino. Llamó a la puerta un par de veces, pero no obtuvo respuesta. Frunció la boca preocupado. Se aventuró a tomar la manija de la puerta y girarla. Esta se abrió de inmediato, lo cual hizo que Draco sonriera.

Abrió la puerta suavemente, cuidando de no hacer ruido y asomó la cabeza lentamente. Frunció el ceño al ver que todo estaba oscuro y no se escuchaba ni un solo ruido. Eso le pareció extraño, Harry debería estar en la habitación, ya que toda olía a él, pero sospechosamente parecía que físicamente no se encontraba. Decidido, entró a la habitación, dio un par de pasos en dirección a la cama cuando fue interceptado por un cuerpo que lo arrastró hasta la cama y lo dejó caer de golpe. En un dos por tres, Harry se encontraba sobre él. sus ojos verdes brillaban mucho más de lo usual y sus pupilas se encontraban dilatadas.

─ Harry, me has dado un susto de muerte ─gimió Draco olvidando por completo que en ese momento el moreno no se encontraba al cien por ciento de sus facultades racionales, por el contrario, ahora, su lado omega se había posesionado completamente de su mente y cuerpo y solo tenía un objetivo, una necesidad qué cubrir.

Harry olió la extensión de su cuello con fuerza y después exhaló cerrando los ojos, su expresión extasiada indicaba que estaba disfrutando de algo.

─ Harry… ─exhaló Draco cuando el aludido volvió a su cuello y comenzó a lamer su piel. Era una sensación bastante extraña, comenzó a sentir excitación, pero no como la que solía sentir cuando estaba en celo, era… otra cosa.

La boca del moreno vagó por su cuello y clavícula, trepó por el mentón y se instaló en su boca. Draco lo recibió con gusto y pronto lo que era un simple beso se convirtió en una serie de car torpes, perdida de prendas y Harry Potter probando cada parte de su piel.

─ Qué bueno que estás aquí, Draco ─expresó mirándolo fijamente─. Te he deseado, por tanto, tanto tiempo ─el rubio quiso respondedor, pero su boca fue sellada nuevamente por la del contrario.

En un lugar recóndito de su mente, Draco recordó que ahora las relaciones entre dos omegas eran prácticamente imposibles, pero las sensaciones experimentadas y la idea de que era Harry quien le estaba brindando esa nueva experiencia lograron que decidiera dejar el razonamiento para después, solo se concentraría en amar y dejarse amar.