Harry escuchó el llamado de Filch al otro lado del despacho.

― Milord, una dama viene a visitarlo.

― ¿Una dama? ―cuestionó para sí mismo. ¿Quién sería a tan altas horas de la noche? ―. ¡Hazla pasar! -ordenó.

Y luego se levantó de su asiento para recibir a su visita.

― Milord.

― Lord Potter.

Escuchó al unísono.

Lady Weasley se descubrió la cabeza, dejando caer la parte superior de su capa.

― ¿Lady Weasley? ―quería saludar a la mujer, pero su exclamación fue una pregunta sorprendida. Molly no dio muestra de haberse dado cuenta de aquello.

― Lord Potter, mi esposo se negó rotundamente a que viniera hasta aquí, pero tenía que hacerlo. Tenía que decírselo antes de que lo escuche de alguien más.

Harry se confundió aún más, y al notar la expresión perturbada de la dama, supo que algo andaba muy mal.

― ¿Es algo? ¿Le ha ocurrido algo? ―cuestionó comenzando a sentir pánico.

Harry inspeccionó el rostro de la pelirroja con mayor detalle, encontrando una lagrima casi imperceptible que quería escapar de la comisura de sus parpados.

― Ginny regresó hoy de trabajar, sabe que ella trabaja con Lord y Lady Longbottom ―Harry asintió―. No quiso comer y se mantuvo callada todo el tiempo. No se burló ni bromeó con sus hermanos como suele hacerlo. Cuando le pregunté qué es lo que tenía, qué le pasaba subió a su habitación y no ha querido salir de allí. Mi esposo Arthur insistió en no molestarlo y yo estuve de acuerdo al principio, pero he escuchado a mi hija sollozar. Algo grave le ha ocurrido, por eso...

Harry no esperó a que la mujer explicara más. Llamó a Filch para que le preparara su carruaje. Tomó su capa de viaje y le pidió a Lady Weasley que le acompañara.

Salieron a toda velocidad, el cochero apresuraba a los caballos los más que podía en una ciudad como Londres.

Harry se sentía desesperado. ¿Qué era eso tan grave que había ocurrido a Ginny como para que toda su alegría se hubiera apagado?

Llegaron a la casa de los Weasley y Harry se apresuró a entrar. Los modales no tenían importancia en un momento tan importante.

― ¿Dónde se encuentra la habitación de Ginny? ―miró desesperado hacia todas direcciones. Molly iba a responder, pero fue interrumpida por Ron.

― Ginny no está. Salió hace un rato, papá y Charlie salieron a buscarla. Yo me quedé con los gemelos por si vuelve.

La expresión de Molly se tornó horrorizada.

― ¿Cómo permitieron que saliera de casa?

― Salió a escondidas, no nos dimos cuenta hasta que los gemelos subieron a ver cómo se encontraba ―trató de explicar el joven―. Lo sentimos mamá, nosotros no queríamos...

Harry interrumpió.

― Saldré a buscarla ―informó y sin esperar más, salió de nuevo de la casa, Ron se apresuró a tomar su capa y salió con él.

Mientras tanto, Molly subió a buscar a los gemelos. Su hija estaba allá afuera sola, y estaba muy preocupada, pero también tenía que pensar en sus donceles.

― ¡Mamá! ―exclamó Fred al verla entrar en su habitación.

Ella se acercó a ambos y los abrazó.

― Mamá, sentimos lo de Ginny ―la mujer negó con la cabeza.

― No, ustedes no tienen culpa de nada.

―Mamá, mira.

Fred le entregó un sobre con la letra de Ginny. Rápidamente se apresuró a abrirla sin detenerse a pensar que el destinatario no era ella. Y lo que leyó la dejó horrorizada. Soltó un grito de dolor mientras sus dos hijos se apresuraban a auxiliarla.

Mientras tanto, en el centro de la ciudad, el inspector jefe de la policía de Londres Gawain Robards, movilizaba a todos los oficiales que tenía a su disposición en la búsqueda de Ginevra Weasley.

Harry había ido directo a la estación de policía para hablar con Robards y explicarle la situación. Como se tratada del Conde de Gryffindor, el inspector no tardó comenzar la búsqueda. Y horas más tarde, llegando el amanecer, por fin encontraron a Ginny Weasley.

Se había lanzado al río Támesis.


Amado Harry,

No es posible expresar en palabras lo mucho que te he amado. Desde el primer momento en que nos vimos. Ese día en que te acercaste a preguntarme si me encontraba bien.

Yo dije que sí, aunque tú sabías que no era así. Y me sentí feliz por eso. Porque nunca imaginé que alguien tan maravilloso como tú se interesaría en alguien como yo. Por eso te estaré eternamente agradecida.

Harry, recuerda que este no es el final. Solamente el principio de una aventura llena de mucha felicidad. Sé que en este momento no lo crees, pero con el tiempo entenderás mis palabras.

No olvides que me prometiste siempre buscar tu felicidad, sin importar las adversidades. Cumple tu promesa y encuentra la felicidad.

Gracias por brindarme tu amor.

Siempre tuya,

Ginny.

Harry apretujó el papel entre sus manos.

Ahora, Robards estaba investigando las razones por los que una joven como Ginevra Weasley decidiría suicidarse.

Harry escuchó el llamado de Filch al otro lado del despacho. Despejó su mente, no quería que nadie lo viera tan roto y desdichado. Así que se miró al espejo, respiró repetidas veces con fuerza y al sentirse más calmado salió.

― Dime, Filch ―el mayordomo lo miró por un momento, parece que sus intentos de fingir no tuvieron efecto.

― El jefe Robards se encuentra en el salón. Dice que tiene noticias.

Harry asintió y prácticamente corrió. Necesitaba saber, tenía qué saber qué es lo que había ocurrido.

Gawain se encontraba de pie, apretando su sombrero con las manos y caminando de un lado a otro. Se detuvo cuando vio a Harry ingresando al salón.

― Inspector Robards ―saludó.

― Lord Potter, un gusto verle.

Se sentaron y el inspector comenzó a relatar con suma cautela y profesionalismo lo que había averiguado. Al finalizar, Harry estaba consternado, no podía creer lo que acababa de escuchar. Pero sabía que podía confiar en lo que le decía el hombre frente a él. No le mentiría, no traicionaría a alguien proveniente de una familia tan poderosa como los Potter.

Ginny había sido atacada por la mañana. Ni siquiera había llegado a casa de los Longbottom. Afortunadamente, habían dado con el atacante, gracias a un testigo que vio cuando la joven era secuestrada en un callejón poco concurrido.

Después de eso solo hizo falta encontrar al hombre identificado como Fenrir Greyback. Robards llegó a casa de Harry para informarle que lo acababan de arrestar y en pocos días sería dictaminada su sentencia.

Eso no hizo sentir mejor a Harry, de hecho, se sintió peor. Se culpó y lamentó por lo que pasó y por lo que nunca fue, se sentía morir, que su corazón moría. Así que agradeció al jefe de inspectores y volvió a su habitación. Necesitaba tiempo; tiempo para sanar, olvidar, solo que no estaba seguro de algún día lograrlo.