Oh, su dulce Ginny. Se había ido del mundo y su corazón con ella.
El Conde de Gryffindor ya no tenía corazón. A sus escasos veintidós años, ya no tenía motivos para creer en el amor. Había perdido a sus padres y ahora perdía a la mujer que amaba, ya no tenía nada por que luchar.
Los rumores no se hicieron esperar, la gente en Londres hablaba sobre el triste final que tuvo el romance entre el único heredero de los Potter y la humilde hija de los Weasley.
Un delincuente había abusado de ella. La joven no lo soportó y se tiró al río. Desde entonces, no vieron a Lord Potter sonreír de nuevo. Asistía, como de costumbre, a las reuniones sociales, por mero compromiso o por el interés de generar nuevos negocios, pero siempre se le veía serio y otras veces incluso molesto. Muchas mujeres de alta alcurnia intentaron presentarle a sus hijas o donceles casamenteros, después de todo Harry era un excelente partido para cualquiera, pero el hombre no mostraba interés en ninguno. Ni siquiera un amante se le conocía.
Todos en Londres se preguntaban si el Conde de Gryffindor se quedaría soltero para siempre. Y tal fue la magnitud de los chimes que los rumores no solo rondaron Londres, sino se extendieron a otras partes del país.
Así, pasaron cinco años. Harry se había convertido en un hombre más maduro, más apuesto y mucho más adinerado. Todos querían emparentar con el buen Conde de Gryffindor, nadie lo había logrado hasta ahora. Pues se decía que el corazón de Harry Potter era de piedra.
Se cumplía el quinto aniversario de la muerte de Ginny cuando recibió una carta de su padrino el Conde Sirius Black.
Lo invitaba a pasar una temporada en su finca a las afueras de Hamsphire. Era la quinta vez que lo invitaba desde que se había mudado, pero era la primera vez que realmente lo meditaba. Debía aceptar que lo extrañaba, antes, cuando también vivía en Londres solían verse seguido. Ahora, solo se había visto una vez, en la ocasión en que Sirius viajó a Londres para arreglar unos asuntos. También estaba el otro detalle, se sentía sofocado, ya no soportaba vivir en Londres, o al menos no por el momento. Todos hablaban de él, como si tuvieran derecho a hacerlo, pero a nadie le importaba realmente su condición, nadie comprendía lo que realmente significaba haber perdido a alguien importante. Ron se había mudado hace tiempo a Nottingham, el único miembro de la familia de su ex prometida con quien había continuado manteniendo contacto, después de aquel trágico suceso. Ya no le quedaba nadie por quien continuar en el mismo lugar así que decidió que sí, iría a la finca de su padrino y trataría de dejar atrás su vida en Londres.
Garabateó rápidamente una respuesta para su padrino y ordenó a los sirvientes que prepararan su equipaje.
― ¿Por cuánto tiempo se va? ―preguntó Filch, necesitaba saber qué tanto debía empacar.
― Por tiempo indefinido.
Filch asintió y movilizó rápidamente a la servidumbre lo que le correspondía hacer a cada uno. Harry se ocupó de los documentos más importantes y en dejar todo en regla. No quería que ante su ausencia todos creyeran que podían hacer lo que se les diera la gana.
Hizo llamar al señor Creevey, confiaba en él, así que le encomendaría que se encargara de todo durante su ausencia y si llegaba a ocurrir algún percance, no dudara en enviarle una misiva a Hamsphire.
― Harry querido ―saludó Sirius con los brazos abiertos. Sonreía y sus ojos brillaban de felicidad. Harry inclinó levemente la cabeza a modo de saludo y antes de poder informarle a su padrino que no tenía ninguna intención de ser abrazado, ya estaba siendo envuelto en sus brazos.
«Te he extrañado, ¿por qué no habías escrito?
Harry se sintió un poco avergonzado por el reclamo. Si bien, tenía más de un año que no se veían, tenía más de dos años que no le escribía.
― Lo lamento, he tenido mucho trabajo ―intentó justificarse.
― No intentes eso conmigo Harry. En la ocasión en que nos vimos en Londres dijiste lo mismo, pero te conozco, sé que si quisieras escribirme te tomarías el tiempo para hacerlo.
― Lo lamento en serio, disculpa por intentar justificarme.
Sirius negó con la cabeza y de nuevo lo abrazó. Se apartó ligeramente, manteniendo su brazo izquierdo en los hombros del más joven y lo llevó al interior de la mansión de tres plantas que desde hace bastantes generaciones había pertenecido a la familia Black.
― ¿Cómo es que puedes vivir aquí? ―cuestionó Harry apreciando lo enorme que parecía desde el interior. A pesar de provenir de familias acaudaladas, no les gustaban las cosas tan ostentosas, entre ellas claro figuraban las mansiones.
― Regulus dice que es muy pequeña.
― ¿Pequeña?
― En la segunda planta se encuentran las habitaciones. Pediré que alguien suba tu equipaje.
Harry asintió y siguió a Sirius hasta la segunda planta.
Estaba cayendo el atardecer cuando llegó a la mansión Black, así que en cuanto estuvo instalado en sus habitaciones se dio un baño y bajó de nuevo para la cena.
Un mes después, Harry se sentía mucho mejor de lo que había esperado. El aire fresco y la soledad que el lugar le brindaban lo habían relajado. Además, comenzaba a darse cuenta de lo mal que se había comportado en los últimos años, especialmente con Sirius, quien siempre lo apoyaba incondicionalmente, y quien jamás se enojaba a pesar de los desplantes.
El joven moreno se paseaba por la biblioteca de la mansión buscando libros de leyes cuando escuchó la voz de Sirius a los lejos.
― ¡Harry!¡Harry!
El aludido giró y se acercó lo más rápido que le fue posible.
― Harry, he recibido una carta del esposo de mi prima ―Harry ladeó la cabeza tratando de comprender qué quería decir su padrino―. Me ha invitado a pasar unos días en su mansión. Será la presentación en sociedad de su hijo único. Y quieren que esté allí.
― ¿Irás? ―cuestionó no entendiendo del todo que quería decir, ya que Sirius no mostraba esa sonrisa que solía traer todo el tiempo, de hecho, parecía un poco serio. Si su padrino no quisiera asistir ¿entonces por qué se lo contaba?
Los ojos grises de Black brillaron unos instantes.
― No me llevo muy bien con Lucius, pero sé que mi prima quiere que esté allí así que lo haré.
― Perfecto ―Harry asintió en acuerdo.
Luego permanecieron en silencio. Potter no comprendía porque se había generado ese momento incómodo entre ellos.
― Asistiré, pero quiero que vengas conmigo ―explicó el mayor rompiendo el silencio.
― Hace mucho que no asisto a un evento social, no sé si...
― ¡Por favor, ven! ¡Voy a necesitarte! No podré sobrevivir yo solo.
Harry hizo una mueca. Realmente no quería volver a enfrentarse a los chismes y rumores de las damas y caballeros respetables de Inglaterra.
― ¡Por favor! ―pidió Black poniendo mirada de cachorrito.
― De acuerdo, iré. ¿Cuándo es que tenemos que estar allí? ―dijo resignado.
― En una semana.
