— ¿Has dicho Malfoy?
Sirius asintió.
— Si, ya sabes. Mi prima la bella Narcissa contrajo matrimonio con el Conde de Slytherin.
— ¿No se había casado con un mercader escocés?
— ¡Ah! Esa fue mi prima Andrómeda.
— ¿No se supone que tu familia es bastante conservadora? —cuestionó Harry mientras miraba el paisaje del camino.
Sirius se encogió de hombros.
— La desheredaron. Lo que estuvo a punto de ocurrirme a mí. Pero ya ves, a mi madre le pudo más que mi hermano menor naciera doncel.
A Harry le gustaba estar con su padrino. Había olvidado que a su lado podía ser él mismo. No había reglas de etiqueta, solo espontaneidad.
— Háblame de los Malfoy.
— Lucius Malfoy es un hombre con bastantes libras en su caja fuerte, único heredero de una familia bastante adinerada proveniente de Francia. Así que en cuanto el hombre pidió la mano de Narcissa le fue concedida sin poner objeciones.
«Mi prima Narcissa es la segunda de tres hijas. Bastante bonita e inteligente. Decían que era la mejor candidata entre las tres. Todos querían conquistarla.
«Y por último está mi sobrino Draco Malfoy. Es un doncel bastante especial.
— ¿Qué quieres decir con especial? —cuestionó despertando en él una curiosidad que jamás había sentido.
Sirius soltó una risa.
— Será mejor que lo descubras por ti mismo.
— Comienzo a sentir miedo.
Black comenzó a reír a carcajadas y Harry le secundó. Estuvieron riendo bastante hasta que el pelinegro mayor quedó en silencio, mirando con atención a su ahijado.
— ¿Ocurre algo malo? —cuestionó confundido.
— Hace mucho que no te veía reír así.
Harry negó con la cabeza. Era cierto, él mismo se daba cuenta que hace mucho no se sentía tan tranquilo.
— Tienes razón. Espero que ahora que estemos en la Mansión del Conde de Slytherin tenga tiempo para reír así.
— Sé que tendremos que volver a acatar las reglas de etiqueta, pero te aseguro que la pasaremos bien.
Se sentía inseguro de ir a un lugar donde no conocía a nadie. Una cosa era pasar el tiempo con su padrino soltero. Otra cosa muy distinta, con un grupo de personas totalmente desconocidas.
— Tranquilo, te vas a divertir. Wiltshire es un lugar bastante tranquilo y mi familia muy divertida, ya lo verás.
Harry asintió conforme. Esperaba que así fuera.
Al bajar del carruaje, Harry se deslumbró al ver la gran Mansión dos veces más grande que la de los Black. Era realmente imponente e impresionante.
Un grupo de cinco mayordomos se acercaron a prisa para tomar sus valijas y guiarlos a sus habitantes. En la entrada principal se encontraba Lord y Lady Malfoy. Ambos de aspecto sumamente elegante, se notaba abiertamente su personalidad arrogante y orgullosa.
— Recuerda seguir todas las reglas de etiqueta —le susurró su padrino antes de acercarse a sus parientes.
— Sirius, qué alegría tenerte aquí —dijo Narcissa sin expresar ningún tipo de emoción en su rostro.
"No se nota", pensó Harry riendo internamente. Ya quería preguntarle a Sirius por qué decía que su familia era divertida.
— La alegría es mía querida prima —luego desvió su atención al alto e imponente rubio que yacía de pie al lado de la dama—. Lucius.
"No sé qué hacemos aquí", se preguntó intentando confrontar la incomodidad de la situación.
— Primos —anunció Sirius, Lucius frunció ligeramente el ceño por el sarcasmo—, les presento a Lord Potter, Conde de Gryffindor.
— Es todo un gusto conocerlo al fin, Lord Potter —se adelantó a responder Narcissa.
Harry se acercó a la mujer y tomó su mano de la manera más delicada que pudo y luego agregó: — El gusto es mío Lady Malfoy —y se inclinó para besar su dorso.
— Lord Potter —dijo Lucius inclinándose levemente a modo de saludo y Harry respondió exactamente de la misma manera—. Entremos a la mansión —indicó Lucius.
— ¿Y el pequeño Draco? —preguntó Sirius mientras caminaban por el recibidor.
Lucius mostró un leve gesto de enojo, pero se recuperó de inmediato.
— Salió a montar, volverá en cualquier momento. Espero, Lord Potter, pueda conocerlo en la cena.
Harry no respondió a eso. No tenía nada que decir, excepto que sentía mucha curiosidad respecto al hijo de Lord y Lady Malfoy. Sin embargo, no podía decirle eso, sería gravemente inapropiado.
Y por fin, la hora de la cena llegó.
Cuando Draco llegó a uno de los comedores asignados para la cena de esa noche, se dio cuenta de que realmente había llegado tarde. Sirius le sonrío discretamente y decidió concentrar su mirada en los ojos grises de su tío.
— Disculpen la demora —susurró fingiendo ser apenado, ni siquiera se detuvo a echar un vistazo al resto de los asistentes se sentó en el asiento asignado para él. De inmediato un mayordomo se acercó a servirle la entrada.
— Es un gusto que nos acompañe Lord Potter —habló Lady Narcissa. Harry parpadeó varias veces recobrando el sentido. Al ver al joven doncel ingresar al comedor no pudo evitar apreciar su distinguida hermosura. Y se quedó sin palabras, no tenía idea de qué decir. Afortunadamente Lord Malfoy intervino oportunamente.
— Lord Potter, le presento a mi hijo, Draco Malfoy.
Harry pestañeó repetidas veces hasta que el aturdimiento fue superado.
— Es un gusto conocerle, joven Malfoy —dijo sin dejar de apreciar las largas pestañas rubias que ondeaban ligeramente cada vez que pestañeaba. El joven le devolvió la mirada, Harry apreció sus enormes ojos grises, del mismo tono que los de su padrino, pero definitivamente tan diferentes.
— Milord —pronunció el doncel, su voz era aterciopelada. Los ojos de Harry viajaron instintivamente a su boca. Era pequeña, sus labios delgados de color rojo cereza.
— Como verá, Lord Potter, la fiesta de presentación de nuestro hijo será en cinco días. Por eso tanto movimiento en la mansión. Tenemos mucho en qué trabajar. Esperamos a una gran cantidad de invitados. Todos ellos distinguidos.
Draco pensó: "Por supuesto, Lord Krum y Lord Diggory"
Sirius soltó un bufido nada disimulado, y Draco lo secundó con una ligera risa.
Narcissa le envió una mirada disimulada. Reprochándole la falta de modales en la mesa.
Pero el doncel la ignoró. Y se concentró en engullir sus alimentos. Harry miró discretamente el suave cabello rubio que se balanceó ligeramente.
Draco no conocía a Lord Potter. Jamás lo había visto, simplemente podía basar su conocimiento sobre el hombre en lo que había oído hablar de él en las reuniones de sociedad donde siempre terminaba siendo arrastrado por sus amigos Pansy yTheodore. Las conversaciones aburridas de jovencitas y donceles siempre desembocaban en un tiempo destinado para hablar del Conde más atractivo de Londres.
Según los rumores. Lord Potter no era capaz de sentir amor. Decían que era un tempano de hielo. Y a Draco eso le despertaba curiosidad. ¿Serían verdad todos los rumores?
Draco detuvo su paseo por la mansión cuando vio a Lord Potter caminando en su dirección.
— Joven Malfoy —saludó Harry al encontrarse con el doncel.
— Milord —respondió el saludo.
— Está muy agitado por aquí —se golpeó mentalmente la cabeza, realmente no tenía ni idea de qué decir frente al doncel. Y había pronunciado lo primero que se le vino a la mente.
— Bueno, en dos días será el gran día —exclamó en tono sarcástico. A Harry le gustó ese lado mordaz y divertido, sin poder evitarlo comenzó a reír.
Draco entrecerró los ojos, ladeando ligeramente la cabeza.
— Se ha reído —y en cuanto dijo aquello se reprendió, ¿qué acababa de hacer?
Harry se sorprendió por el comentario. Draco Malfoy no parecía del tipo de doncel que le haría una observación de esa índole.
— Disculpe el atrevimiento —se disculpó el rubio.
Harry negó sin perder la sonrisa en su rostro.
¿Por qué dirían que el corazón de este hombre era de roca? Nadie con esa descripción reiría de esa manera.
— Lord Potter —se escuchó la voz de Narcissa al otro lado del pasillo, Harry se volteó de inmediato—. Acompáñenos a tomar el té en el jardín.
Harry se sintió nervioso, realmente no quería ofender de alguna manera a los Malfoy y el haberlos encontrado solos en el corredor, podría interpretarse de muchas maneras. Cuando la mujer no mencionó nada al respecto, aceptó la invitación y ofreció un brazo a la dama.
— ¿Y qué te parece mi sobrino? —cuestionó Sirius cuando al fin tuvieron un momento alejados de la familia Malfoy.
Harry miró a su padrino confundido.
— No te comprendo —Sirius comenzó a reír—. ¿Qué es tan gracioso?
— He visto como lo miras.
— Oh no, no, no, no. ¿Qué pretendes Sirius Black?
— Yo no pretendo nada —dijo tratando se parecer inocente—. Eres tú quien observa a Draco. No dejas de mirarlo.
— Eso es absurdo —se defendió Harry intentando parecer molesto. Lo cierto es que él mismo se había dado cuenta de que miraba más de lo normal al rubio doncel. Pero no era por algo especial, simplemente le intrigaba un poco. Sirius había dicho que Draco era especial, esa simple afirmación había despertado su curiosidad. Ahora, al conocerlo, y ver la manera en que siempre parecía ocultar sus verdaderos pensamientos lo hizo sentirse aún más intrigado. Eso era todo, así que no le gustaba lo que su padrino conjeturaba en su loca cabeza.
— Escucha Harry. Mañana es la fiesta de presentación de Draco. Muchos caballeros distinguidos vendrán para conocerlo y claramente lo sortearán, mi sobrino es hermoso, no te puedes quedar atrás.
— Estás confundido —replicó—. No me interesa de esa manera. Acepto que es hermoso, pero no tengo esas intenciones con él.
— Ve a dormir —ordenó Black mientras negaba con la cabeza—. Descansa, cuando despiertes relajado y descansado pensarás mejor las cosas.
Harry entrecerró los ojos, quiso decir algo al respecto, pero no tuvo tiempo ya que su padrino se despidió y se dirigió a su habitación.
Resopló frustrado. Por ahora no había nada que hacer, excepto retirarse a su propia habitación y dormir.
Después se preocuparía por hacer entrar en razón a su padrino.
