Draco Malfoy era bello. Demasiado bello para ser real. Una belleza exótica, había escuchado decir, pero estaba en desacuerdo, más bien era un ser divino del bosque, como una ninfa.
Sus dulces labios color cereza se curvaron en una sonrisa traviesa.
— Es realmente encantador —escuchó a un hombre hablar. Harry giró levemente la cabeza para ver de quién se trataba—. ¿Cierto?
Harry no respondió, permaneció en silencio contemplando a un joven alto y extremadamente guapo con rasgos cincelados, pelo oscuro y ojos grises, que brillaban como dos gemas. Tenía un cuerpo fornido y bien tonificado.
El sueño de toda dama o doncel.
— Lord Potter, he oído hablar mucho de usted. Bueno, mi padre le aprecia mucho —al ver la expresión de confusión en el rostro de Potter agregó—: ¡Oh, mi nombre es Cedric Diggory! Duque de Hufflepuff.
Harry asintió en respuesta.
— Un gusto —contestó.
— Es una sorpresa verle aquí.
— Ninguna sorpresa —respondió como si el comentario no le hubiera afectado—. Lord Black es mi padrino, fui invitado por él y sus familiares.
Lord Diggory sonrió. Era amable, se dio cuenta, el comentario anterior seguramente había sido resultado de los chismes y la curiosidad despertada en el joven. Harry había conocido tiempo atrás a su padre, una persona de principios. Sabía que el hijo era igual, lo podía ver en su mirada sincera.
— ¿También viene con intención de cortejar al joven Malfoy? —Harry entrecerró los ojos por unos segundos
— Eso es algo que no puedo responder —contestó. ¡Qué no podía responder! ¿por qué no? Si la respuesta era tan evidente. ¡No! Eso es lo que debería haber dicho.
— Con su permiso, Lord Potter —Cedric se despidió y vio cómo se dirigía directamente a Draco. Intercambiaron unas cuantas palabras y luego el doncel tomó su mano. Comenzaron a bailar y a pesar de que el joven ya había bailado con otros caballeros a lo largo de la noche, Harry pudo apreciar que al lado de Diggory brillaba mucho más, era como si estuvieran hechos el uno para el otro.
— ¿Ya lo vas a invitar a bailar? —su padrino cuestionó de una manera que parecía un tanto molesta.
Harry lo miró a los ojos intentando decirle con la mirada que no, no lo haría. Sirius frunció el entrecejo y una mueca apareció en sus labios.
— Harry, esta podría ser tu oportunidad de encontrar un nuevo amor —susurró su padrino.
— Sabes que no creo en el amor —respondió volviendo su mirada a la pista de baile.
Sirius resopló. A veces su ahijado podía ser un completo cabeza dura.
— Lord Diggory es tan guapo —susurró Pansy, Theo asintió en acuerdo.
— Pero no ha dejado de mirar a Draco en toda la noche —respondió, informándole a la bella jovencita que no tenía posibilidad con el Duque.
— Querido Theo, nadie ha dejado de mirar a Draco en toda la noche. Incluso Lord Amargado —un apodo que le habían puesto a Harry en secreto—. Y eso ya es decir mucho.
Theo asintió levemente aceptando que la morena tenía razón.
Ambos permanecieron mirando como Draco era invitado por el príncipe se Bulgaria.
— ¿Y qué piensas de su alteza? —cuestionó Pansy, el castaño observó por un segundo a la pareja, pero no dijo nada al respecto.
Permanecieron en silencio, admirando la forma tan elegante y precisa con la que el príncipe bailaba.
Su alteza Viktor Krum era un joven alto, delgado y moreno, de cabello y ojos oscuros. Tenía una nariz grande y curva, muy parecida a la de su padre el rey, un perfil afilado y cejas gruesas. Sin embargo, no era atractivo, pero su gran riqueza lo hacía un excelente candidato para desposar a Draco.
— Nada atractivo, pero muy poderoso. Imagínate, Draco como reina de Bulgaria —se contestó a sí misma.
Theo asintió ligeramente y bebió un sorbo de su copa de champaña.
— Solo faltó que bailaras con Lord Amargado y habrías figurado como el doncel más solicitado en un baile.
— Pansy —interrumpió Theo—, Draco es el Doncel más solicitado de cualquier baile de la historia —dijo en modo indiferente y luego continuó su lectura.
— Lo sería si Lord Amargado le hubiera pedido un baile.
Draco resopló frustrado y se echó a la cama al lado del otro Doncel. Si su madre, o cualquiera los viera en ese momento, desaprobaría totalmente su falta de modales.
— Basta Pansy, no llames a Lord Potter de esa manera tan desagradable.
— Antes jamás lo defendiste.
— Antes no sabía que es ahijado de mi tío —respondió molesto—. Además, se hospeda aquí. No es correcto que hables así de un invitado.
Pansy hizo una mueca, pero acató la orden de su amigo.
— Eso no quita que no te haya dejado de mirar en toda la noche —informó sonriendo de lado.
— ¡Eso no es verdad! —se defendió el rubio.
— Por supuesto que lo es, ¿no es así Theo? —el aludido asintió y sonrió ligeramente hacia Draco—. ¿Será posible, que usted, joven Malfoy derrita el corazón de hielo del Conde de Gryffindor?
Draco hizo una mueca y le lanzó un cojín a la cara. Se mostró ofendido y molesto. Pero llegada la noche, se quedó pensando en las tonterías de su amiga. Era una tonta, no debía hacer caso a sus burlas, aun así se preguntó porque alguien como Potter no dejaría de mirarlo, aunque analizándolo mejor no tenía sentido, pues no lo había invitado a bailar ni una sola vez y eso contaba mucho. Aunque en la ocasión en que se encontraron en el corredor y le sonrió de esa manera tan natural y sincera... ¡No! Imposible. Sus amigos no sabían nada. Además, Cedric Diggory había sido todo un encanto con él, podía ver en el Duque al esposo perfecto.
Por otro lado, estaba su alteza real Viktor. No era atractivo, pero si muy formal, amable y dulce. Sus padres estarían encantados de que lo eligiera como su esposo.
Permaneció sopesando sus dos opciones más apropiadas, y después de un largo tiempo llegó a una conclusión. Lord Diggory era el hombre perfecto y si decidía cortejarlo, él no se negaría.
Harry ingresó al salón que se encontraba en el ala oeste de la Mansión.
Lady Malfoy se encontraba en otro de los salones tomando el té con sus hermanas, Lord Malfoy permanecía en su despacho trabajando y su padrino Sirius se había quedado dormido. No pensaba en el Doncel. Hace mucho rato se había encerrado con quienes suponía eran sus amigos en la biblioteca así que no tenía mucho por hacer. Decidió que tal vez sería bueno descansar en el salón y tal vez beber un poco de whisky.
Entró sigilosamente. No había nadie alrededor. Suspiró relajado. Y se sentó en un amplió taburete.
Tal vez debería haber permanecido en su habitación. Pero no se sentía a gusto. O tal vez se debía a que muy en el fondo esperaba haberse encontrado con el joven rubio en el camino. Pero eso era absurdo. Totalmente disparatado.
Negó con la cabeza y se acomodó sobre el respaldo, cerrando los ojos. Comenzaba a quedarse dormido cuando escuchó unos pasos acercándose, se enderezó de inmediato y estaba a punto de levantarse de su sitio cuando la puerta fue abierta y por ella ingresó un rubio doncel de enormes ojos grises. ¿No se supone que estaba con sus amigos?
― ¡Disculpe, Milord! ―dijo Draco en el momento en que sus ojos se encontraron con los verdes―. Voy a... ―señaló a la salida indicando que saldría del salón.
― ¡No! Espere... ―Harry se sintió avergonzado por ese arranque desesperado por evitar que Draco no escapara.
Draco se quedó estático, meditando qué hacer. Harry se mordió el labio inferior ansioso y asustado de que el rubio no aceptara. Pero contrario a lo que pensó, el doncel se acercó y se sentó a su lado.
Ladeó la cabeza, esperando a que Potter hablara, pero cuando no lo hizo se creó un silencio incómodo entre los dos.
Harry no sabía qué decir, este momento no había sido planeado. Quería golpearse en la cabeza por ser tan impulsivo.
― Yo... ―balbuceó y se sintió estúpido, carraspeó y volvió a intentarlo―. Yo quiero saber si me concedería un baile.
El rubio se quedó estupefacto.
― ¿Por qué? ―era la primera vez que alguien lo sorprendía tanto y los descolocaba totalmente.
― Porque no lo invité en la noche de su presentación y me parece que ahora es el momento correcto ― ¿a qué había venido todo ese momento de insensatez? ¿Cómo es que había sido tan imprudente para decir algo así?
― Pero no hay música, milord ―explicó con una ligera sonrisa burlona.
Harry sintiéndose valiente y sabiendo que no había marcha atrás se levantó y tendió la mano al joven doncel. Draco permaneció unos segundos en silencio, observando la extremidad del moreno y luego la tomó.
