Draco se consideraba un excelente bailarín. Así que música o no, él podría seguir el paso de manera impecable. No fue decepcionado cuando Harry lo guio en un baile lento y elegante.

No había música, pero ambos se la imaginaban. Si alguien los estuviera viendo diría que eran perfectos el uno para el otro, que encajaban con armonía. Cuando Draco había bailado con su alteza Viktor o incluso cuando lo hizo con Lord Diggory, se sintió incomodo e inseguro. Ahora, estando tan cerca de Lord Potter tendría que sentirse de forma parecida, pero no era así. Incluso se sentía como si fuera correcto, como si no tuviera nada que temer porque Harry no lo juzgaría, Harry no le exigiría.

Se miraron fijamente, los ojos grises se enfrentaron a los verdes y no podían dejar de hacerlo. De pronto, una idea vino a la mente del doncel.

― Tus ojos son hermosos ―susurró admirando el profundo verde esmeralda de esos increíbles orbes.

Harry rodeó con sus brazos la estrecha cintura del Doncel. Y se sorprendió al escuchar un ligero jadeo por parte del rubio.

Oh que dulce y excitante. Quería besarlo y poseerlo en ese mismo momento, pero no era posible. No era correcto.

― Harry ―jadeó Draco sin romper el contacto visual. Harry se perdió en la belleza del color gris de las gemas del Doncel.

Su nombre en esos dulces labios evaporó el poco raciocinio que le quedaba.

Y entonces lo besó. Fue un beso casto, pero demasiado dulce, un beso digno de ser recordado por el resto de su vida.

— Draco, yo...

De pronto se escuchó la voz de Sirius y de Lady Malfoy acercándose. Se separaron de inmediato.


Cedric sonrió y Harry supo que nunca podría competir contra un hombre tan atractivo y encantador como él.

Desde lejos, observó a Draco y el Duque de Hufflepuff tomar el té mientras conversaban de algo que para el rubio parecía ser divertido. Arrugó el entrecejo, imaginando que era él con quien Draco sonreía y no con el duque.

― ¿Ahora espías a mi sobrino? ―la voz de su padrino lo sobresaltó.

― ¡Sirius! ―giró enfadado―. No lo estoy espiando, solo es una coincidencia.

Su padrino entrecerró los ojos, inspeccionando la mirada de su ahijado.

― Dime qué ha ocurrido.

― ¿Qué? No entiendo a qué te refieres.

Sirius le miró con reproche y cierta advertencia.

― Le besé ―confesó.

― ¿¡Que tú qué!? ―exclamó impactado.

Harry bajó la mirada y se sonrojó. Sirius comenzó a reír, por lo que el Conde de Gryffindor se sorprendió, ya que esperaba una reacción totalmente diferente. Tal vez un golpe por quebrantar la pureza de su sobrino o un insulto.

― ¿Y entonces por qué permites que Diggory hable con tu novio? ―ese no era el reproche que esperaba.

― ¡No es mi novio! ―se defendió. Sirius le dio un golpe en la cabeza―. ¡Auch! ¡Eso no es propio de un caballero!

― Te mostraré qué más no es propio de un caballero si no vas y arreglas la situación con mi sobrino.

Era la primera vez que Harry veía así de serio a su padrino, fuera de las ocasiones en que arreglaba algún contrato o un negocio con sus socios, así que se dio cuenta de que realmente tenía que hacer algo al respecto o no solo recibiría un golpe de parte de su padrino.


Harry entró al salón donde Cedric y Draco bebían el té fingiendo que no los había visto. Se disculpó de inmediato y Lord Diggory aceptó su disculpa. En cambio, Draco se limitó a mirarlo sin hacer ni un comentario.

― Yo me retiro ―informó Cedric poniéndose de pie. Intercambiaron despedidas y antes de salir le prometió a Draco que volvería. Harry y Draco permanecieron en silencio hasta que escucharon los cascos de los caballos alejándose.

― Así que... ―comenzó Draco mirándolo fijamente― decidiste interrumpir.

― ¿¡Interrumpir!? ―exclamó ofendido y molesto, pero extrañamente el enojo no se debía a la insinuación.

― Milord, me temo que debes aprender a mentir. Pudo haber engañado a Lord Diggory, pero definitivamente no a mí ―Draco sonrió al ver la cara de estupefacción que puso Harry.

«Ahora, hay algo que me inquieta...

Harry lo miró expectante, su corazón latía a mil, después de ver la sonrisa burlona del doncel.

― ¿Estabas celoso?

Lord Potter se sonrojó, y quiso decir que no, que no lo estaba, pero sabía que Draco tenía razón. No sabía mentir, sus ojos nunca mentían, o eso es lo que siempre le decían sus padres. Ahora que lo pensaba mejor, comprendía porqué Sirius siempre sabía lo que en realidad siempre estaba pensando.

― Si, estaba celoso ―confesó. A Draco le pareció muy valiente de su parte, valiente e impulsivo, pero aun así sonrió.

«Hace cinco años, estaba tan devastado que creí que mi vida se había acabado. Que nunca volvería a enamorarme ―comenzó a reír por la ironía―, pero bastaron unas semanas a tu lado, para darme cuenta de que mi corazón podía volver a latir. Así es Draco, me enamoré de ti.

Draco lo miró impresionado. Claro que Pansy ya le había advertido que atraía al Conde de Gryffindor, e incluso llegó al punto de creerle ya que era consciente de su apariencia, pero jamás imagino que le confesaría estar enamorado de él.

¿Sería posible que Harry Potter estuviera diciendo la verdad?

Observó sus bonitos ojos verdes, los analizó a profundidad y supo que si, efectivamente se había enamorado de él, pues hasta ahora no había visto esa mirada en él.

Si lo pensaba con detenimiento, era realmente adorable, incluso conmovedor, Harry era lindo, una persona increíble, alguien que había sufrido demasiado y que aun así había conseguido conservar su bondad. Era sincero y divertido. No el hombre ideal de cualquier mujer o doncel, pero si la persona ideal para alguien que merecía la mayor devoción del mundo.

Entonces, más ideas se le vinieron a la mente y comenzó a divagar. Harry notó que se perdía en sus pensamientos.

― ¿Draco? ―preguntó.

El rubio salió de su ensimismamiento y fijó sus enormes ojos grises en Harry. Y entonces dijo:

― Yo... lo lamento, pero no puedo corresponder a sus sentimientos.

Fue así como Harry Potter supo que una vez más había perdido.