Contrario a lo que cualquiera podría pensar, Harry no se dio por vencido. Ante el primer rechazo de Draco, decidió que haría todo lo que estuviera a su alcance para conquistarlo. Así que se atrevió a hablar con el padre de Draco e informarle sus intenciones.
Contrario a lo que Harry podría pensar, Lord Malfoy estuvo de acuerdo con el cortejo, aunque le advirtió que, si Draco no lo elegía, él no le impondría una decisión.
Entonces comprendió que tendría que dar todo de sí para conquistarlo.
Harry tenía una ventaja, una que fue fortalecida por la aprobación de Lord Malfoy. Harry vivía en el mismo lugar que Draco. Y eso le permitía buscar más tiempo con él. Y pequeños detalles como ordenar a alguien de la servidumbre que pusiera un bonito ramo de flores en la habitación del doncel antes de que despertara. O regalarle una buena dotación de chocolates de la más alta calidad. Harry sabía que a Draco le encantaba tener la atención de las personas a su alrededor. Así que aprovechó esa debilidad para ganar su corazón.
Harry se dio cuenta que el reto que implicaba conquistar al joven Malfoy le gustaba. Era muy distinto a lo que había ocurrido en su tiempo con Ginny, era realmente excitante y se dio cuenta que era la primera vez en cinco años que realmente se sentía feliz.
¿Por qué le había dicho que no podía corresponder a sus sentimientos?
Se sintió tan tonto. Pero debía confesar que en el momento de la confesión se había asustado. Además, él ya había elegido a Lord Diggory, solo estaba esperando a que le pidiera matrimonio. No podía darle a Potter falsas esperanzas.
Eso no impedía que se sintiera alagado por todas las atenciones que estaba recibiendo últimamente. Incluso lo cautivaba, pero nunca como para cambiar de opinión en su decisión.
— Joven Draco.
— ¿Sí? —respondió. Un mayordomo le hablaba desde el otro lado se la puerta de su habitación.
— Lord Diggory ha venido a visitarle.
Draco indicó que lo llevara al balcón donde solían tomar el té en los días relativamente fríos.
Se miró rápidamente al espejo y se dirigió a su destino.
Saludó a Lord Diggory de manera formal e iniciaron una conversación amena. Sin embargo, Draco no pudo evitar darse cuenta de que no se sentía tranquilo. Era como si todo el tiempo tuviera que cuidar lo que decía, lo que hacía, para que el duque no se decepcionara de él. No era para nada parecido a cuando estaba con Harry, con quien podía ser él mismo y sabía que no sería juzgado o rechazado.
— ¿Draco? —el joven doncel salió de su ensimismamiento y asintió con la cabeza, animando a Cedric a hablar.
Mientras tanto, Harry buscaba a Sirius por la mansión, pero aún no se acostumbraba a andar solo por un lugar tan inmenso. Entró a una habitación donde solían hacerse reuniones pequeñas, esperando encontrarlo allí y al escuchar una voz proveniente del balcón se acercó.
— ¿Puedo hacerle una pregunta? —escuchó la voz de Diggory y se detuvo, no sabía qué hacer. Huir o quedarse a escuchar la pregunta temida. Pero sus piernas no respondían, así que se quedó escuchando.
Draco entrecerró los ojos ligeramente. Harry amaba cuando esos pequeños pliegues, casi imperceptiblemente, se le formaban en la comisura de los párpados. Le daba una fuerte tentación de besarlos.
— Por supuesto, dígame.
Cedric volvió a sonreír y se acercó al rubio Doncel de una manera bastante peligrosa.
— ¿Qué hay entre usted y Lord Potter?
La expresión de Draco no cambió. Por su parte, Harry sintió que su corazón se congelaba.
— Nada.
Respondió con simpleza, como si se tratara del clima y no de los sentimientos de otra persona.
— ¿Nada? —repitió Lord Diggory bastante sorprendido, a decir verdad.
— Si, nada. Incluso menos que eso, me atrevo a decir.
Y levantó un poco más el mentón, en modo retador, como si le estuviera diciendo a Cedric que no se atreviera a dudar de su respuesta.
Harry sintió un fuerte dolor en el pecho. Y tuvo ganas de llorar, muchas ganas.
El Conde de Gryffindor solo había llorado una vez. En la soledad de su alcoba, el día del funeral de su dulce Ginny. No obstante, tampoco había llorado demasiado, solo unas cuantas lágrimas de tristeza, lágrimas por lo que nunca fue, por la ilusión que le habían arrebatado.
Ahora, no solo quería derramar lágrimas, deseaba gritar de frustración y dolor. Le habían partido el corazón. Y pensar que solo un día antes le confesó que no se iría de la mansión Malfoy sin haber conquistado su corazón.
Se alejó de inmediato de su escondite, procurando que los jóvenes en el balcón no lo descubrieran.
Caminó sin demostrar ningún atisbo de dolor. Solo una extrema seriedad que no se le había visto en las últimas semanas.
Encontró a uno de los mayordomos de los Malfoy y le pidió amablemente que lo acompañara a su habitación.
Mientras tanto Cedric negaba con la cabeza.
— Bien, será mejor que me vaya.
Draco asintió.
— ¿Estás seguro de que no aceptarás mi propuesta?
No hubo ninguna expresión en Draco que mostrara lo que realmente estaba pensando, por lo que Lord Diggory tuvo que conformarse con su escueta respuesta.
— No eres el indicado.
Así era Draco Malfoy, un Doncel hermoso, inteligente y directo, con nadie excepto con Potter había demostrado quién era en realidad.
— Entonces espero que lo encuentres —el Doncel inclinó la cabeza, aceptando el presagio—. Solo espero que cuando te des cuenta, no sea demasiado tarde.
Antes de que el rubio pudiera replicar algo, Cedric ya había desaparecido de su campo de visión.
Suspiró agotado. Todo en ese momento era un completo desastre. Al principio de ese mes, Draco estaba muy seguro de que el hombre perfecto y el único que tenía posibilidades para desposarlo era el Duque Diggory.
Ahora, un mes después, al estar junto al mismo hombre sentía que estaba haciendo algo incorrecto. ¿Y por qué?
Harry Potter, era el único hombre en el que podía pensar, sus sueños y sus insomnios estaban llenos de imágenes de los momentos compartidos.
— Harry —susurró tocándose los labios.
Nunca antes alguien se había atrevido a robarle un beso. Pero como en todo momento, Lord Potter siempre tenía que hacer las cosas diferentes.
Siempre...
De pronto, escuchó un gran alboroto en la mansión. Se levantó de inmediato y entró al salón que lo llevaría al interior para saber qué estaba pasando.
Cuando llegó a las escaleras vio que los sirvientes movían maletas.
— ¿Quién ha llegado? —cuestionó para sí mismo.
— No "¿quién ha llegado?", querido sobrino. Es más bien, quién se va.
Draco miró con curiosidad el movimiento.
— ¿Y quién se va? —cuestionó mirando está vez al hombre de cabello negro que se encontraba de pie junto a él con una copa de vino en una mano.
— Harry.
Por primera vez, frente a su tío, Draco mostró una expresión. Estaba muy sorprendido y confundido para siquiera detenerse a pensar en la etiqueta.
— ¿Lord Potter? —cuestionó desesperado porque Sirius le dijera que había sido una pequeña broma.
— Si. Dijo que volverá a casa. Hace ya casi cinco meses que salió de Londres. Los buitres ya deben estar planeando una manera de hacerse de su fortuna.
Draco dejó que su raro tío divagara. Él bajó las escaleras y se apresuró a buscar a Potter. Pedirle una explicación. Era bastante extraño que de un momento a otro decidiera volver a su hogar, cuando recientemente un día antes le había confesado que se quedaría todo el tiempo que fuera necesario para conquistar su corazón.
— Querido, ven aquí —exclamó Narcissa. Junto a ella se encontraba el mentiroso de Potter.
Se acercó disimulando en su expresión, pero con los ojos buscó los de Harry, intentando preguntarle con la mirada qué es lo que estaba pasando.
— Lord Potter nos deja, querido mío. Así que despídete apropiadamente.
Draco asintió y se colocó frente a Harry. Sus ojos grises miraron con insistencia los verdes. Pero no encontró ninguna respuesta.
— Milord, le agradecemos su visita a nuestro humilde hogar, fuimos honrados al tenerlo hospedado en la mansión Malfoy.
Harry inclinó la cabeza, agradeciendo las palabras del Doncel. Pero no dijo nada.
Draco quería gritarle allí mismo, exigirle respuestas, pero no era apropiado. Su madre seguía allí, con su enorme sonrisa y sujetando el brazo de Harry.
— Lord Potter —la voz de su padre retumbó en el salón—. Es una pena que nos deje. Pero es un gran honor para nosotros que nos invitara a Londres. Tal vez en un tiempo próximo nos tomemos unas vacaciones.
Harry sonrió y agradeció a Lucius por su hospitalidad.
Todos se dirigieron a la salida. Donde el carruaje ya estaba preparado y el cochero esperaba por su pasajero.
Draco se sintió desesperado. Afortunadamente sus padres se separaron permitiéndole una oportunidad de abordarlo.
— ¿Por qué vuelves a Londres? —susurró de la manera más disimulada que pudo. Y agradeció que Harry le respondiera de igual forma.
— Tengo que volver.
Respondió como si no se tratara de nada.
— Y lo que ayer dijiste...
— ¡Oh! Eso no fue nada, incluso menos que eso, así que le pido lo olvide.
Draco abrió grande los ojos y lo miró de manera acusadora. ¿Cómo se atrevía a espiar su conversación con Diggory?
— Qué no le sorprenda joven Draco. Fue mera casualidad, pero agradezco que haya ocurrido. Pues de lo contrario, un velo continuaría cegando mi visión.
Sin agregar algo más, abordó el carruaje y pidió al cochero que se pusiera en marcha.
Draco quedó de pie en el camino, observando como poco a poco el carruaje desaparecía de su campo de visión.
