Desde el momento en que Lucius Malfoy vio los bonitos ojos grises de su pequeño bebé supo que jamás podría negarle nada. Ahora, viendo a su hijo en el altar, tomado de las manos del Conde de Gryffindor constató que, en efecto, jamás podría hacerlo.
Draco no sonreía, pero sus ojos brillaban como pocas veces había visto. Como en pocas ocasiones lo había hecho con un extraño. Casi sonríe al recordar el momento preciso en que su hijo entró a su despacho sin anunciarse, se detuvo frente a su escritorio y dijo del modo serio y tranquilo que siempre le caracterizaba: ― Me casaré con Lord Potter.
Lucius había dejado a un lado lo que estaba haciendo para concentrar su completa atención en el joven doncel. Inspeccionó su mirada y su expresión impasible para determinar que su hijo hablaba muy en serio.
― Muy bien, pero cómo pretendes hacerlo si se retiró del cortejo.
Draco hizo una pequeña mueca y luego respondió:
― No me importan los protocolos.
Prácticamente estaba diciendo que debía hacer algo al respecto y no era una petición.
― Muy bien, a fin de mes viajaremos a Londres.
― No quiero esperar a fin de mes.
Lucius se frotó las sienes tratando de conciliar la calma. Sabía que esto pasaría. Desde el momento en que Sirius Black habló del Conde de Gryffindor supo que todo en su familia cambiaría.
Cuando Draco entró al comedor, esa primera noche que Potter pasó en su casa, su atención se concentró totalmente en el hombre. Incluso pudo verlo en su baile de presentación, donde bailó con una infinidad de caballeros con la sola intención de inquietar a Lord Potter, de hecho, al siguiente día fue victima de la frustración del joven doncel por que el único hombre que no lo invitó a bailar se paseaba tan campante por toda la mansión. Por supuesto que era totalmente inconsciente de su comportamiento, el joven doncel lo atribuía a miles de razones, pero jamás diría que era debido a la presencia del hombre de ojos verdes y cabello oscuro.
En ese tiempo, Lucius se preguntó cuánto tardaría en darse cuenta de sus propios sentimientos o cuando terminaría con la absurda idea de casarse con Cedric Diggory.
Afortunadamente no tardó tanto como él esperaba, desafortunadamente pasó después de que Potter saliera de su mansión. Lo que complicó todo, ya que ahora tenía a su hijo frente a él, ordenándole que de alguna manera lo casara con Potter. Bueno, tenía una ventaja, el Conde de Gryffindor ya le había pedido su mano. Ahora solo tenía que lograr que se reconciliaran, porque estaba claro que Draco había hecho o dicho algo que provocó el enojo de Potter y por eso había vuelto a Londres.
― De acuerdo, viajarás con tu madre a Londres. Yo los alcanzaré en unos días. ¿Qué te parece eso?
Draco sonrió complacido y luego salió del despacho sin decir nada más.
Y ese había sido solo el principio. Luego, Draco había viajado junto a Narcissa y antes de que siquiera pudiera emprender su viaje, ya estaba recibiendo una carta donde Lady Narcissa le informaba que su hijo se había comprometido con Lord Potter. Bueno, al menos no había sido tan difícil como había imaginado, aunque Potter siendo tan predecible, suponía no tardaría en perdonar a su hijo.
Narcissa lo miró y sonrió, esa sonrisa lo trajo de vuelta al presente. El momento en que su hijo recitaba sus votos.
― Yo, Draco Lucius Malfoy, prometo amarte, apoyarte, alegrarte y cuidarte por el resto de nuestras vidas.
Harry sonrió, carraspeó aclarándose la voz ya que era su turno.
― Draco, en este día tan especial, juro ante todos los aquí presentes, pasar el resto de nuestras vidas amándote, dándote alegrías y apoyándote siempre que me necesites. Quiero que sepas que te amo por tu amabilidad oculta, lo orgulloso que sueles ser la mayor parte del tiempo, tu arrogancia y tu humor sarcástico ―Sirius soltó una risa nada discreta― y me ofrezco a ti en cuerpo y alma. Gracias por haberme aceptado en tu vida.
Todos aplaudieron, Draco no esperó a que les otorgaran el permiso, se abalanzó sobre Harry y lo besó con ímpetu. Fue correspondido de inmediato a pesar de la sorpresa inicial entre la multitud.
Bueno, Draco estaba contento y eso era lo único que para Lucius Malfoy importaba.
― Pero no comprendo porque hiciste algo así ―en el rostro de Harry se notaba el enfado.
― Solo quería hablar ―se defendió el doncel.
― ¿¡Hablar!? ―Draco asintió―. ¿Escuchas lo que estás diciendo? ¿No te importa lo que yo siento al respecto?
― Por supuesto que me importa, no tienes que hacerme sentir culpable. Solo quería hablar con ella, no tiene nada de malo. Además, tú no debías seguirme, ¿acaso no confías en mí?
Harry boqueó sorprendido, se sonrojó y desvió la mirada.
― Por supuesto que confío en ti, pero estabas tan sospechoso que temí estuvieras involucrándote en algo malo―al ver la reacción culpable de su esposo se sintió arrepentido por su impudencia, se acercó a él y lo abrazó.
Draco sabía que tres de sus grandes defectos era ser testarudo, arrogante y mezquino. No tenía problema con eso, siempre que no terminara hiriendo a su Harry. Bien, lo había herido e incluso se había enfadado. Se odiaba cuando lograba eso.
— Perdóname.
― No, está bien, tienes razón ―Harry, siempre tan comprensivo, lo miró directamente a los ojos―. Yo tengo la culpa, debí hablarte de ella en algún momento, es solo que he dejado todo eso atrás ―Draco acariciaba el dorso de la mano de su pareja intentando transmitirle seguridad―. Tengo una idea, vayamos a un lugar y hablaremos con ella, creo que yo también necesito hacerlo.
― ¿De verdad? ―cuestionó sorprendido.
Harry le sonrió y le besó suavemente en la frente.
Una hora más tarde se encontraban en la orilla del río Támesis.
― Pensé que iríamos al cementerio ―Harry negó con la cabeza.
― Aquí fue donde encontraron el cuerpo de Ginny ―comenzó a explicar―. Si hay un lugar donde podemos hablar con ella, estoy seguro de que es este el lugar indicado.
«¡Hola Ginny! Soy yo, Harry, vengo con Draco, mi esposo ―levantó sus manos unidas, como si realmente la pelirroja pudiera verlo―. Vinimos para platicar contigo, esperamos que no te moleste.
Harry miró a Draco, diciendo silenciosamente que era su turno para hablar.
― ¿Puedo hacerlo yo solo? ―Lord Potter quería negarse, pero aceptó respetando los deseos de su amado rubio. Se apartó lo más lejos que pudo.
«Mucho gusto Ginny. Sé que probablemente no te agrade del todo, después de todo me casé con el hombre que una vez fue tu prometido, pero necesitaba saber, conocer algo de ti. Puede sonar absurdo y tonto, tal vez piensas que me siento celoso de alguien que ya murió ―empezó a reír―, que soy tonto e inseguro. Harry me trata bien, me ama, me cuida y soy feliz y él también se ve feliz, quería que lo supieras, no sé si realmente es necesario. He escuchado que lo amaste mucho, yo te aseguro que lo amo muchísimo, así que puedes estar tranquila voy a cuidarlo por ti y nunca, nunca lo dejaré solo.
Miró a Harry y le sonrió, sus mejillas estaban muy sonrojadas por el frío del próximo invierno.
― ¡Ya puedes venir! ―Harry se acercó enseguida.
― ¿Te sientes mejor?
― Definitivamente ―respondió con una gran sonrisa, Harry besó sus mejillas sonrojadas.
― Me alegra ―después miró al río y dijo―: Ginny, he cumplido mi promesa. Soy feliz, mi felicidad es Draco y lo amo muchísimo. Sabes, este hermoso doncel es el amor de mi vida, sé que no podría ser tan feliz con nadie más. Gracias por todo el amor que me brindaste, gracias por ser mi primer amor, gracias por haber formado parte de mi vida.
Harry y Draco volvieron a casa, tomados de la mano, importándoles poco las reglas de etiqueta de la sociedad.
― Estás sonriendo mucho ―declaró Harry mirando a su hermoso doncel, quien difícilmente sonreía enfrente de tantas personas.
Draco mostró una sonrisa ladina.
― ¿Sabes en qué pienso? ―Harry negó con la cabeza―. Bueno, pienso que es hora de ampliar la familia ―sonrió divertido al ver la cara de bobo que puso su esposo―. ¿No vas a decir nada?
Harry parpadeó saliendo de su estupor.
― Claro, tengo algo que decir ―el rubio ladeó la cabeza―. Corramos a casa.
Draco empezó a reír.
El Fin
