Hace poco más de tres meses que se había ido y aún no lograba llenar ese vacío que había dejado en su corazón. Muy en contra de su voluntad, tuvo que volver a la rutina habitual que había seguido hasta antes de que reapareciera en su vida. Sólo hubo una cosa que cambió... Ahora evitaba pasar por aquel parque donde lo volvió a ver; el recuerdo no hacía más que provocarle desolación.

Sus amigos lo habían notado e intentaron animarle, pero a pesar de los esfuerzos no lograron sacarlo de esa nueva depresión en la que se estaba sumergiendo. Irremediablemente terminó confesando todo lo que había ocurrido entre Malfoy y él; al principio sus amigos quedaron tremendamente sorprendidos y también un poco enfadados, sin embargo, terminaron por comprender el porque Harry había ocultado su convivencia con el rubio, además de que se prometieron apoyar a su amigo de manera prudente respetando su intimidad.

Por eso es que ahora, Harry se encontraba recostado sobre su cama, esperando a que fuera un poco más tarde para bajar a cenar. Ese día en particular había llegado temprano a casa y no tenía nada mejor que hacer o mejor dicho no quería hacer nada. Betty había salido a hacer algunas compras así que se encontraba completamente solo sumido en sus pensamientos... pensamientos que casualmente tenían que ver con cierto rubio platinado ex alumno de la casa de Slytherin.

De pronto escuchó el sonido del timbre, se le hizo extraño pues eran pocas las veces en que ese artefacto timbraba. Se levantó con cierta reticencia y salió de su habitación.

Bajó lentamente a la planta baja, caminó con la misma pereza y abrió la puerta, quedándose paralizado al momento.

― ¡Estúpido, estúpido, estúpido! ―exclamó Malfoy lanzándole golpes al azar en el pecho.

Harry estaba en shock, así que no hizo nada para impedir que Malfoy lo terminara de aporrear.

― ¡Draco! ―atinó a decir después de salir de su estupor― ¿Qué estás haciendo aquí? ―Harry estaba feliz, el día que se había despedido del rubio creyó que no lo volvería a ver y entonces, de nuevo había aparecido, esta vez tocando su puerta.

Draco resopló y miró alrededor, recordando cada parte de la casa, aunque sólo habían pasado tres meses y medio desde que la había dejado. Con suma elegancia se quitó la chaqueta que traía puesta. Se levantó la camisa y miró al pelinegro con una ceja arqueada.

Harry observó fijamente el abdomen semi redondo de Draco, intentando adivinar que era lo que quería darle a entender.

― Te dije que no comieras tanta comida chatarra ―respondió después de un momento.

― ¡Eres un tarado! ―exclamó enfadado―. Esto ―señaló su bajo vientre― ¡Esto es tu hijo, pedazo de imbécil!

¿Qué acababa de decir?, ¿Hijo?, Su... hijo... ¡Merlín! ¿Cuándo había pasado?, eso iba a preguntar, pero entonces recordó esa noche, la noche en que Draco había llorado y él le había consolado, en tal caso... era verdad, ¡Harry iba a tener un hijo y con su ex enemigo de colegio!

Cuando Harry se recuperó del desconcierto que la noticia le había provocado, sujetó la mano de Draco y besó la palma con suma delicadeza. El rubio lo miró asombrado, pero no apartó su mano, permaneció así, dejando que Harry se embriagara con su presencia.

― ¡Eso es maravilloso! ―exclamó alegre― ¿Pero... cómo?

Draco puso los ojos en blanco y dijo: ― Potter, por Morgana, ¿Me vas a decir que ni siquiera sabes cómo se hacen los bebés? ―preguntó mientras iba directo a la sala y tomaba asiento en un sofá individual que se encontraba junto a la chimenea.

― No me refiero a eso ―se defendió.

― Soy un sangre pura, idiota ―Draco se veía cansado y exasperado―. Los sangre pura podemos embarazarnos, siempre y cuando el otro padre sea también un mago, ¿Contento con la explicación?

― No, no, no... no me refiero... ¡Oh! Ya recuerdo ―sus mejillas se ruborizaron― no usamos protec...

― ¡Tú olvidaste usarlo! ―acusó el platinado haciendo cara de inconformismo, obviamente Potter era el culpable de todo.

Harry asintió contento, no terminando de asimilar aquella maravillosa noticia. ¡Iba a ser padre!, algo que ni siquiera planeó, pero eso no impedía que en ese mismo momento se sintiera el hombre más feliz sobre la tierra.

― Es excelente que lo tomes así ―respondió el rubio agradecido por no haber tenido que recurrir a la adopción. Lo había pensado bien y prefería que el bebé estuviera con su verdadero padre a que alguna pareja de desconocidos lo adoptara, definitivamente estaría más seguro junto al cara rajada―, entonces... te veo después.

Draco se levantó del sofá, tomó su chaqueta que yacía sobre uno de los sofás y se dirigió a la salida. Harry lo miró confundido.

― Estoy cansado Potter, es demasiado incomodo viajar en esa cosa muggle que le llaman avión. Y luego tuve que viajar en auto hasta aquí, no puedo aparecerme, ni usar traslador por culpa del embarazo.

― Pero yo... ―de pronto la felicidad del pelinegro se desvaneció― yo pensé que...

― ¡Oh por Salazar! ―sonrió divertido― Tú creíste que... ―soltó una carcajada llena de diversión― No inventes Potter, yo vine a avisarte que vas a tener un hijo, jamás dije que íbamos a tenerlo juntos.

Draco notó que el pelinegro palidecía y de pronto, ya no le pareció tan divertido.

― Vamos Potter, seamos honestos, tú quieres a este bebé, yo no quiero ser padre, ¿Por qué no convivimos en paz hasta que nazca? ¿Qué te parece eso?

― De acuerdo ―la voz de Harry sonó rasposa. Tuvo que sopesar muy bien la situación antes de responder al rubio, porque a pesar de lo que acababa de escuchar no estaba dispuesto a darse por vencido ahora que lo tenía de vuelta.

― ¡Genial! ―de nuevo hizo un ademan de retirada―, entonces luego nos vemos.

― ¡Espera! ―Harry lo tomó de un brazo―, ¿A dónde irás?

― A un hotel o qué sé yo ―expresó como si fuera cosa de nada.

― ¡Por supuesto que no! ―bramó el Gryffindor― Tú te quedarás aquí, y no acepto negativas, mientras tengas a mi hijo en el vientre permanecerás bajo mi cuidado.

Draco bufó, pero estaba tan agotado que no tuvo ánimo de replicar, así que aceptó la tan amable petición.

Inmediatamente, Harry llamó a Betty para que le ayudara a preparar una habitación para Draco. Ella apareció con un plop y en el instante en que vio al joven Malfoy sus ojitos se iluminaron de felicidad.

Ese fue el comienzo de la vida de Harry Potter al lado de un embarazado Draco Malfoy.

El primer mes de convivencia fue bastante difícil, Draco estaba comenzando con su segundo trimestre; por lo que nuestro querido héroe aun tuvo que soportar las náuseas matutinas más los cambios de humor que hacían de Draco un verdadero torbellino, siempre que se sentía mal se ponía a gritar, insultando a Harry y repitiéndole que todo era su culpa.

Harry por supuesto no se cohibió ante el comportamiento del embarazado, ya llevaba años de entrenamiento en la materia de enfrentar a un mal humorado Draco Malfoy, esto simplemente ya parecía cosa de niños.

El quinto mes de gestación fue más relajado, aunque el embarazo se comenzó a notar más, señal de que era hora de informar a sus amigos que tendría un hijo.
Para eso los invitó a cenar, obviamente habló antes con el rubio, informándole que había decidido dar la noticia a sus dos mejores amigos, antes de que lo descubrieran por sí mismos; Draco aceptó, pues realmente le daba igual lo que el moreno hiciera.

― ¿Y cuál es esa noticia que tienes que darnos? ― Harry se sentía nervioso y la insistencia de la castaña sólo le provocaba querer salir y vomitar todo lo que había cenado.

― Si Harry ―Ron también se sentía impaciente, el sólo hecho de saber que aquella noticia tenía que ver con el hurón le daba muy mala espina―, ya dinos de qué se trata.

― La situación es la siguiente ―ambos amigos concentraron toda su atención en el pelinegro, Draco a su lado prefirió ignorar al trío dorado―, Draco y yo vamos a tener un bebé.

Hermione dio un gritito de emoción, Ron por su parte se puso pálido y parecía petrificado.

― ¿U-un be-bé? ―tartamudeó de la impresión.

Harry asintió.

― ¿Con el hurón? ―continuó.

― En realidad es de Potter ―Draco decidió intervenir―, yo sólo le ayudo, ya saben, a gestarlo, pero es únicamente de él. Por cierto, no me llames hurón, estúpida comadreja...

― Tú, bastardo, ¿Qué pretendes obtener con esto? ―Pelirrojo y rubio estaban comenzando una discusión.

Harry cambió su expresión a una sombría. Hermione, que era la chica lista, notó el cambio en su amigo y decidió intervenir.

― ¡Oh! Acabo de recordar...

― Compañero ―al parecer, el pelirrojo no pensaba irse sin resolver todas sus dudas―, si querías un bebé únicamente debiste pedírmelo a mí o a alguno de mis hermanos, cualquiera con gusto te hubiera ayudado.

A pesar de los años, Ron seguía siendo igual de ingenuo e inocente. Al parecer había creído que Draco solo le estaba haciendo un favor a Harry y que el embarazo de Malfoy había sido por medio de la inseminación mágica.

Draco soltó una risita descarada y Harry se sonrojó hasta las orejas.

― Decía ―esta vez Hermione habló con voz más fuerte― que acabo de recordar que tengo una cita.

― ¿Ya tienes novio Hermi? ―el intentó por desviar el tema al parecer había tenido éxito.

― Algo así ― Hermione se levantó de su asiento, arrastrando consigo a Ron.

Caminaron hasta la chimenea y Harry los siguió.

― Harry, ¿Me permites un minuto? ―el pelinegro se acercó a ella―. Ten cuidado Harry ―susurró― no te ilusiones mucho con Malfoy, él... bueno, ya viste que no está muy a gusto con eso del bebé.

― No te preocupes Mione ―le tranquilizó―, ya hablamos sobre eso y todo está aclarado.

― Está bien Harry, te creo ― le dio un par de golpecitos en el hombro―, si necesitas ayuda, ya sabes... para preparar la habitación del bebé y demás, no dudes en buscarme.

Harry asintió y también cayó en cuenta de que no había preparado nada para su bebé, ¡Era verdad lo que decía Hermione!, el bebé necesitaba una habitación.

― ¿Qué te dijo Granger? ―Draco se acercó a él después de que los amigos se fueran.

― Nada importante, algo sobre su supuesto novio ―Harry no había tenido la intensión de mentir, pero tampoco podía decirle a Draco que la chica se había dado cuenta de que estaba enamorado como un bobo y que no era correspondido, aceptarlo sería patético.

Así, con el corazón herido, transcurrió el quinto mes, pero Harry aún no se había dado por vencido, pues creía fielmente que Draco le tenía, aunque sea un poquito de cariño.

El sexto mes fue especialmente para la preparación de la llegada de su hijo. Estaba a tiempo de hacer sus compras y acondicionar la casa, sin embargo, no quería que los tres meses restantes se le pasaran demasiado rápido.

En ocasiones, cuando Harry terminaba una misión, se paseaba por el callejón Diagon, le gustaba aprovechar para comprar alguna cosa que le hiciera falta en casa o simplemente algo que le gustara. En una de aquellas ocasiones, pasó por la tienda de productos para bebé, posiblemente la tienda siempre estuvo allí, pero esta era la primera vez que la notaba. Ahora que tendría un hijo era fácil para él notar esas cosas.

Al principio se sintió inseguro, no tenía idea de qué debía comprar o que no, "si hubiera traído a Hermione", pero no lo hizo, "ya sería en otra ocasión". Mas que acudir con la castaña, Harry hubiera preferido mil veces ir acompañado por Draco; elegir juntos la ropita, el decorado de la habitación..., en fin, Hermione tenía razón, no debería alucinar mucho con algo que sabía jamás ocurriría.

Las mujeres de la tienda fueron muy amables con él, ayudándole a elegir los mejores productos, incluso le explicaron para que servía cada cosa, o que productos eran de suma necesidad y cuáles no.

― ¡Hola Potter! ―Harry se giró para ver quién le estaba hablando― ¿Acaso vas a ser padre?

― Eso, Parkinson ―el pelinegro imitó de forma extraordinaria el arrastre de palabras que solía hacer Draco―, no es de tu incumbencia.

― Vamos Potter, no me digas que aun no olvidas nuestras riñas de colegio ―dijo en tono burlón.

― Lo he olvidado ―aclaró―, a pesar de eso, no somos amigos.

Parkinson hizo una mueca, como si no le hubiera caído muy bien esa declaración, a su vez, Harry no estaba muy seguro de qué estaría pensando exactamente la morena, en sus años de colegio no había encontrado la manera de entender a esa chica, tampoco lo iba a intentar ahora.

Observándola mejor, se percató de que la chica llevaría unos siete u ocho meses de embarazo, por su tan abultado vientre.

En eso entró Blaise Zabini, por lo que pudo deducir que estaban casados. Harry pensó en Draco y la ocasión en que le había confesado que no tenía amigos, se preguntó por qué Zabini y Parkinson no le había ayudado, según lo que recordaba, ese par habían sido muy allegados al rubio en sus días de Hogwarts.

Seguramente, como muchos otros que se habían librado de ser juzgados, le habían despreciado para no verse afectados. Era un poco comprensible, porque al haber tenido familiares simpatizantes del señor tenebroso, seguían en la mira del ministerio y al tener contacto con Malfoy, podrían despertar malos entendidos entre la comunidad mágica.

― Ya está listo su pedido señor ―informó oportunamente la chica que le estaba atendiendo―, ¿Se lo llevará ahora mismo o quiere que se lo enviemos a su casa?

Harry se alejó de Parkinson y Zabini haciendo un ademan que pretendía ser una despedida y caminó tras la vendedora, indicándole que prefería le llevaran todo a su casa, pagó e inmediatamente salió de la tienda, no queriendo saber si los Zabini todavía se encontraban dentro.


El embarazo de Draco avanzó a paso apresurado y con ello los berrinches se hicieron mas notorios. Harry estaba comenzando a pensar que pedir sus vacaciones sería una buena idea, considerando que ya no podía dejar al rubio solo con Betty. Nuestro consentido ex príncipe de Slytherin no quería que la elfina lo atendiera, en todo momento pedía que Harry lo hiciera y este ya se estaba agotando.

Lo de las vacaciones lo tomó como un hecho una noche, en que dormía plácidamente o al menos eso fue hasta que a cierto rubio se le ocurrió despertarlo.

― Poootteeeeer... ―el pelinegro al escuchar el grito se levantó lo más rápido que pudo de la cama y corrió apresurado hasta la habitación contigua.

― Draco, ¿Qué ha pasado? ¿Te sientes mal? ¿Anda algo mal con el bebé?

― No Potter, no hay nada malo con el bebé, tranquilízate ―Draco reía divertido por la reacción de Potter, en cambio, Harry estaba pálido por el susto que se acababa de llevar.

― ¿Entonces? ¿Para qué me has despertado? ―Harry se frotó los ojos y se dio cuenta de que había olvidado los anteojos en la habitación.

― Tengo un antojo ―se removió en la cama y sonrió... ¿tiernamente?

Harry resopló resignado a que esa noche no dormiría lo suficiente. Hace mucho que el moreno no había tenido pesadillas y ahora con el cansancio que implicaba levantarse y atender a Draco, ir a sus misiones, volver para seguir atendiendo a Draco, apenas si tenía unas horas para dormir, incluso su rutina de correr todos los días y hacer ejercicio en el parque se había acabado.

― ¿Qué se te ha antojado? ―Draco sonrió por el triunfo.

―Quiero helado, quiero uno que tenga chispas de chocolate ―a Draco ya se le estaba haciendo agua a la boca de tan solo pensarlo.

― ¿Algo más? ―preguntó antes de irse, no quería tener que regresar a la tienda de conveniencia sólo porque el rubio no le había encargado todo lo que quería.

― También se me antojan unos nachos, con mucho queso ―Harry arqueó ambas cejas, ¿Qué clase de combinación era esa?, pero no dijo nada, se limitó a asentir―. Eso es todo... ¡Ya vete que me muero del antojo!

Harry negó con la cabeza y sonrió. A pesar del comportamiento infantil del rubio, Harry no podía dejar de adorarlo.

Regresó con el encargo y Draco inmediatamente lo devoró, primero el helado y luego los nachos. Harry esperó pacientemente sentado al borde de la cama, bostezaba de vez en cuando pero no se rindió en ningún momento.

El rubio también le pidió que se quedara con él hasta que se durmiera, "¡Qué más da!", pensó Harry y esperó a que se echara a los brazos de Morfeo.

Así, con los ojos cerrados, Harry pensó que Draco Malfoy parecía un ángel, vio su ahora abultado vientre y no pudo evitar acercarse y acariciarle la pancita. Recargó cautelosamente su cabeza, con la oreja pegada al vientre, intentando escuchar algo. Sintió la carga de energía mágica que se transmitía entre él y el bebé en cuanto comenzó a frotar su mano.

― Hola mi amor, soy tu papá ―susurró lo más bajo que pudo y sintió que la magia se alteraba―- Tranquilo ―le pidió―, no despiertes a tu papi.

Acarició un poco más el vientre, disfrutando de la sensación que brindaba el intercambio de sus energías.

― Cuida mucho a tu papi, no le des muchas molestias, ¿De acuerdo? ―inconscientemente besó el vientre abultado―. Aunque aún no naces ya te amo demasiado ―dijo sintiéndose de nuevo el hombre mas feliz del mundo―, los amo a los dos.

Se levantó en silencio, procurando no hacer ningún ruido, no quería despertar a Draco; ya eran las 4:30 de la mañana, aun le daba tiempo de dormir por un rato, antes de tener que ir a trabajar.

Cuando salió de la habitación, Draco abrió los ojos, una pequeña lagrima escapó de su ojo izquierdo.

― Estúpido Potter ―susurró― ¿Qué me has hecho?

Llevó sus finas manos hasta su vientre y comenzó a acariciarlo, también sintió esa carga de energía mágica que su bebé transmitía y sintió un pequeño calor surgiendo de su pecho.

En los días posteriores siguieron los antojos nocturnos y Harry pidió sus vacaciones al jefe de Aurores. Como hace mucho no las tomaba, le fueron concedidas inmediatamente.

Ahora la rutina era, atender al rubio de día y también de noche.

Draco por su parte estaba feliz de tener al Gryffindor todo el tiempo en casa, era mucho mejor que tener un elfo domésinmediatamente.

Mientras Draco dormía, Harry aprovechaba para preparar la habitación del bebé, siempre con ayuda de Betty, quien ya se sentía bastante inútil por que su amo Draco no había querido que ella le atendiera. El ayudar a Harry le devolvía la seguridad, por eso ahora era la encargada de decidir que poner o que no en la alcoba que sería para su futuro amito.

Fue así que el auror no se dio cuenta en qué momento el séptimo mes comenzó a transcurrir.

Pese a que Draco todo el tiempo simulaba no querer saber nada de la dichosa alcoba del bebé, aprovechó un día por la tarde en que despertó y vio que todo estaba en completo silencio. Caminó por el pasillo que daba a las habitaciones, la de Harry estaba cerrada y la del bebé entre abierta, antes de hacer algún movimiento en falso llamó a Betty. En seguida apareció y le preguntó por la localización de su amo.

― El amo Harry está durmiendo en su habitación ―comunicó la pequeña elfina retorciendo sus manos―, ¿Quiere que le avise que el amo Draco ha despertado?.

― No ―la detuvo antes de que desapareciera―, deja que descanse. Mejor ve a preparar la cena, seguramente despertará hambriento y prepara un pastel de fresa, a su hijo se le antoja ―masajeó su vientre y la elfina chilló de gusto, era la primera vez que Draco le pedía algo para su amito y eso la hizo sentir gozosa.

En el momento en que Betty desapareció para ponerse a su labor de preparar la cena y el antojo de su amo, Draco se dirigió cautelosamente a la habitación que se encontraba contigua a la suya. Vaciló un poco al sentir el contacto de sus dedos con el borde de la puerta, no obstante, después de indagarlo un rato, empujó la puerta con suavidad.

Al instante quedó maravillado, Harry había hecho un buen trabajo. La habitación era lila con motivos blancos. "Es una niña", pensó. El rubio no había querido enterarse de nada que se refiriera al embarazo, así que cuando le anunciaron el sexo del bebé a Harry, él prefirió no estar presente.

Pasó sus largos dedos por la cuna de oro blanco, tomó uno de los cojines en forma de estrella y la colocó en su mejilla, sintiendo la suavidad de la tela, la volvió a colocar en su lugar observando más cosas a su alrededor. Se detuvo a acariciar las cortinas de seda, pensó en lo bien que se veían a pesar de ser de un tono morado.

La mecedora, junto a la cuna, se veía realmente cómoda, miró hacia todos lados como si temiera que alguien lo estuviera viendo. Efectivamente, el colchón de la mecedora era realmente suave y cómodo, el respaldo también se sentía increíble. Draco sintió que le masajeaban la espalda.

Se atrevió a quedarse un rato más, contemplando las muñecas, los cojines en forma de astros y los muebles de color blanco que contrastaban a la perfección con el lila de las paredes.

Poco después despertó exaltado temiendo que le hubieran descubierto, de nuevo miró a su alrededor, todo estaba igual que cuando entró, a excepción del techo que ahora mostraba un cielo oscuro lleno de estrellas y muy cerca de las ventanas la sombra de Harry Potter.

― Tengo hambre ―anunció para no tener que hablar sobre su presencia en donde se supone, no quería estar―, tú hijo tiene hambre.

Harry lo miró un momento y luego asintió, se acercó a él para ayudarlo a levantarse, pero como siempre, Draco no se lo permitió y como siempre le dijo que no tenía que hacerlo, que estaba completamente capacitado para moverse por sí mismo. Sin embargo, Harry permaneció alerta a los movimientos del rubio, recientemente acababa de cumplir los siete meses y cada vez se le hacía más difícil desplazarse.

Draco agradeció en silencio que Potter decidiera no hablar sobre su presencia en aquella habitación, en lugar de eso hablaron sobre los lugares a los que el rubio quisiera ir; no le parecía que estuviera todo el tiempo encerrado, sólo salía cuando iba al mundo muggle a comprar al supermercado ―eso únicamente si Harry le ponía un hechizo glamour encima (recordemos que los magos embarazados no podían hacer magia en su estado, ya que el bebé absorbía toda su magia)― o a su revisión periódica en San Mungo.

Un día, a Draco le dieron ganas de salir, tal vez ir a comer algo a un buen restaurante, pero sus ganas fueron anuladas cuando entró a la habitación de Potter para ordenarle que lo llevara al centro de Londres.

Entró a la habitación sin llamar, asomó su cabeza y no vio a Potter por ningún lado, se adentró de manera silenciosa, observando el desastre de habitación que tenía el pelinegro, rodó los ojos y continuó avanzando. Escuchó un ruido que provenía del baño y se movió hacía allá.

Abrió la puerta lentamente pretendiendo espantarlo, sonrió como solía hacerlo durante sus años de escuela.

― ¡Buu! ―dio un saltó dentro del baño y Harry se le quedó viendo preguntándose qué diablos estaba intentando hacer.

― ¿Te puedo ayudar en algo? ―"En muchas cosas", pensó Draco saboreándose con la mirada el cuerpo completo del pelinegro.

Harry acababa de tomar una ducha, las gotas de agua que se formaban en su alborotado y húmedo cabello caían sobre sus pectorales, resbalando hasta llegar a su abdomen, ahí eran absorbidas por la toalla que cubría esa parte que despertaba la curiosidad de nuestro querido Draco.

Sin lentes, sus ojos verde esmeralda brillaban con mayor intensidad y sus gruesos labios no tan rojillos como los suyos contrastaban a la perfección con el tono de su piel.

Algunas gotas rozaban sus oscuros pezones y Draco sintió la necesidad de lamerlos de forma desmesurada.

― ¿Draco? ―dijo al no recibir respuesta.

La voz ronca de Harry, lo trajo a la realidad, pero también le hizo darse cuenta de que estaba realmente caliente, hace mucho que no lo hacía con nadie, de hecho, la ultima vez había sido con el sexy Gryffindor frente a él.

Se acercó a Harry y besó sus labios mientras acariciaba esos pectorales que lo había puesto así de excitado.

― Draco espera ―Harry lo tomó de las muñecas para detener esas caricias, antes de que fuera demasiado tarde.

Draco besó aleatoriamente a Harry ―en la boca, en el cuello―, no le importaba, lo que quería era sentirse poseído por ese grandioso cuerpo.

― Draco ―dijo en un gemido ronco, provocando una sonrisa triunfal en la boca del rubio―, detente.

Draco se apartó y Harry vio en sus ojos el enojo; ― No te gusto, ¿Cierto? ―acusó comenzando a sentirse estúpido―, es por esta panzota, ¡Eso debe ser! ―Harry vio como los ojos de Draco comenzaban a cristalizarse.

― No, claro que no ―se apresuró a decir―, tu pancita es hermosa, tú eres hermoso y por supuesto que me encantas.

Draco lo miró como no creyendo lo que el moreno le decía, hizo pucheros de desaprobación y se dispuso a salir del baño y también de la habitación.

Harry al ver tal acto lo tomó por la cintura, comenzando a acariciar su barriga, para hacerle ver que no le era indiferente, sin embargo, el hecho de que Draco no quisiera nada con él, el hecho de no sentirse merecedor de un cariño tan grande como el de ese hermoso rubio Slytherin le había detenido muchas veces de acercarse de una manera más íntima.
Inhalando el aroma a lilas que emanaba el cabello platinado ―el rubio nunca lo sabría, pero esa por ese aroma que tanto le encantaba que había decidido pintar la habitación de su hija con un color que siempre le recordara a su amor—. Draco se dejó hacer, llevó una de sus manos hasta la entrepierna del moreno para comenzar a estimular el miembro ya erecto y que prácticamente provocó que la toalla alrededor de su cintura se soltara.

Harry no lo soportó más y lo llevó hasta su cama para hacerle el amor.

Con sumo cuidado lo penetró, siempre al pendiente de no hacerle daño a su bebé y lo embistió numerosas veces, hasta que ambos se corrieron.

Desde entonces no había día ni lugar en el que Draco Malfoy no asaltara al deseable auror. Follaron en la ducha, en cada rincón de sus habitaciones (excepto la del bebé), en el pasillo y en las escaleras, en la cocina, sobre la mesa del comedor, en todos los sillones de la sala, antes de dormir y al despertar, Draco siempre estaba insaciable, en esos días lo único que quería era fornicar sin descanso.

Harry, por el contrario, deseaba un respiro, sin embargo, entre las sesiones de sexo desenfrenado y la atención que requería Draco, era muy difícil que tuviera un poco de tiempo para dormir.

― ¡Tú fuiste el que me embarazó! ―argumentaba el rubio y Harry se resignó a pensar que así era, su culpa y sólo de él y por tanto debía hacerse responsable de sus actos.

Entre todo ese embrollo, el séptimo mes de embarazo llegó a su fin y Harry decidió que era momento de volver a intentar algo con el rubio.

Le encantaba, por Merlín y Godric que le encantaba follar con Draco, pero eso no era todo lo que él ansiaba del rubio, también quería su corazón y ya no le quedaba mucho tiempo para hacer su jugada.

― ¿Puedo pasar? ―escuchó la voz del rubio que le daba acceso.

Cuando entró vio que Draco se encontraba sentado sobre un pequeño diván cerca de la ventana. Él optó por sentarse a un lado, Draco lo miraba con sus ojos fríos y calculadores de siempre.

― Quiero darte algo ―el rubio arqueó una ceja― y antes de que empieces con tus acostumbrados insultos, déjame advertirte que no escucharé tus argumentos ahora.

A Draco ese comportamiento comenzaba a hacérsele sospechoso y sus alarmas de protección comenzaron a vibrar.

Harry sacó algo de su bolsillo del pantalón y tomó la mano del rubio, depositando el objeto sobre su palma sin que Draco viera de que se trataba. Antes de soltarlo miró con ojos de anhelo los orbes grises.

― Draco Malfoy, en este día, con nuestra hija como testigo del amor que te tengo, te pido que te cases conmigo ―Draco abrió la boca―, no te exijo que digas algo ahora, ni mañana, incluso después del nacimiento de la bebé, esa decisión la puedes tomar hasta después de un millón de años, porque siempre estarás en mi corazón. ¡Te amo Draco! ―el rubio sintió un pequeño objeto que se cerraba en su puño, Harry acercó sus labios a la mano cerrada y depositó un beso lleno de amor. El amor que Harry sentía por Draco.

Se retiró de la habitación dejando a un muy impactado Malfoy, quien trataba de asimilar lo que acababa de ocurrir.

Los días pasaron, el Slytherin actuó como si nada de aquello hubiera ocurrido. Por su parte, Harry lo siguió tratando igual que antes, con el mismo cariño y la misma paciencia de siempre, a pesar de que algunas veces se sentía desesperado y otras veces dolido por la indiferencia del rubio. A unos días de que se cumpliera el noveno mes, las contracciones de Draco llegaron.

Inmediatamente Harry lo llevó a San Mungo, donde el sanador Brooks ya los estaba esperando. Draco fue ingresado a la sala de partos, unos minutos después llegaron Ron y Hermione, acompañados de George, Ginny y Colin.

Esperaron por un buen rato, tal vez por una hora, hasta que el sanador salió para anunciar que había llegado el momento. Harry como el padre, era el único que tenía permiso de ingresar, se puso la bata que le asignaron y caminó hasta la sala.

Dentro se encontraba Draco recostado, con todo el cabello pegado a su frente por el sudor. Harry se acercó y comenzó a apartarle el cabello húmedo, al siguiente instante sintió la mano de Draco aferrándose a su brazo, tirando con mucha fuerza. Harry se resistió a gritar, aunque sentía en ese momento las uñas de su rubio penetrando en su piel.

― ¡Me duele!, ¡Y todo es por tu culpa! ―gritaba desesperado. Harry intentaba seguir los movimientos de la mano de Draco, para que no le arrancara el brazo.

― Cálmese señor Malfoy ―dijo el sanador Brooks―, ya está todo listo, ahora sólo debe aguantar el dolor mientras nosotros extraemos al bebé.

Draco hizo lo que el sanador le decía, intentó tranquilizarse, pero en ningún momento soltó al azabache. El Gryffindor, al ya no sentir los tirones tan fuertes, acarició la cabeza rubia, intentando transmitirle tranquilidad y seguridad.

Unos minutos después Harry Potter recibió en brazos a una pequeña y hermosa rubia, quedó maravillado ante tal imagen y sintió que en ese momento se derretiría de felicidad.

Draco, por su parte, cayó exhausto, olvidándose de todo, sin embargo, cuando despertó, lo primero que hizo fue tocarse el abdomen ―ya no había nada ahí― y se sintió ansioso, miró hacia los lados y pudo visualizar a Potter que dormía en una silla junto a su cama.

― Has despertado ―se acercó y tomó la mano del rubio.

― ¿Y... la bebé? ―preguntó en voz muy baja.

―La llevaron a la sala de cuidado neonatal ―informó mientras acariciaba el dorso pálido con su dedo pulgar―. Se adelantó un poquito el parto.

― Eso está bien ―Draco giró la cabeza para no enfrentarse a Harry―, así no tendré que verla.
Harry sintió que su corazón se encogía, ¿Cómo podía ser posible sentir tanta felicidad y tristeza al mismo tiempo?

― Sabes que no tienes que irte ―su voz sonó rasposa.

― Quiero irme Potter ―Harry soltó su mano, se apartó lentamente, mirando con tristeza el cuerpo recostado sobre la cama.

No dijo nada más, todo lo que quería decir ya estaba dicho.

Tres años después...

Betty intentaba darle la papilla a Lily, pero la niña no se dejaba.

― ¡Papá, papá! ―empezó a exclamar, pidiendo que su padre fuera quien le diera de comer.

― ¡Ya llegué! ―anunció Harry saliendo de la chimenea, con un movimiento de varita se sacudió toda la ceniza y caminó rumbo a la sala en busca de su hija.

La niña comenzó a gritar de alegría, ese espíritu tan animado le encantaba a su padre.

― La amita Lily quiere que el amo Harry la alimente ―informó Betty algo afligida. Al parecer, al igual que la madre, la hija también quería plena atención del auror.

Harry sonrió al recordar que Draco también rechazaba a la pobre elfina. Levantó a su hija en brazos llevándola hasta la sala, se sentó sobre uno de los sofás y la acomodó en su regazo. En seguida la niña comenzó a comer contenta por estar con su padre.

Un momento después se escuchó el sonido del timbre. Harry se levantó con la niña en brazos, se la entregó a Betty y esta comenzó a llorar. El pelinegro hizo caso omiso, ya se encargaría de consolarla después, mientras tanto se dirigió a la entrada de su casa y abrió de manera cautelosa.

― Debo reconocer que me encantan los dragones ―informó la voz pausada y seseante de Draco Malfoy.
Harry no tenía idea de qué decir, estaba tan impresionado que se había quedado sin palabras.

― ¿Me vas a dejar aquí todo el día? ―sonrió satisfecho al ver que Harry seguía siendo el mismo idiota de siempre, su idiota― o acaso pretendes que duerma en un hotel.

Harry se apartó al instante de la puerta, dándole acceso para que entrara ― No, digo, si, si, pasa ―Draco soltó una risita y entró a la casa.

En cuanto vio a la pequeña rubia sintió el picor de las lagrimas que amenazaban con salir.

― Ella... ¿Ella es...?

― Si, es ella ―Harry tomó a su hija en brazos y se acercó para que Draco pudiera verla mejor―, su nombre es Liliane Maia Potter... Malfoy.

Draco sonrió ante aquella declaración, cuidadosamente acercó su mano hasta tomar la de la pequeña (admiró su cabello rubio, exactamente igual que el suyo y sus hermosos ojos verdes, idénticos a los de Harry), la niña estiró los brazos para que él la tomara, acto que descolocó al rubio por completo.
Miró a Harry y este le sonrió en señal de aprobación.

― Ella te reconoce ―susurró y Draco no pudo evitar dejar salir una lágrima.

La niña lo abrazó por el cuello, él la acercó lo más que pudo abrazándola con mucha posesividad, inhalando el aroma de su largo cabellito y sintiendo su suavidad y calidez.

― ¡Es mi hija! ―exclamó llorando de felicidad. Liberó una de sus manos para tomar la del moreno quién se dejó sin rechistar.

En cuanto Harry vio el anillo de oro blanco en forma de dragón que Draco traía puesto en el dedo anular, supo que al fin su familia estaría completa.

Sujetó cuidadosamente el fino mentón, viendo en los orbes grises amor y felicidad, lo besó entonces, transmitiéndole todo el amor que sentía y que había acumulado por todos esos años.

― No quería ser una vergüenza para nuestra hija ―confesó abochornado.

― Tú jamás la avergonzarías.

― Lo que fui...

― Lo que eres ―interrumpió el pelinegro―, ahora importa lo que eres.

― Y todo es gracias a ti ―susurró, sus mejillas estaban sonrosadas y sus ojos cristalizados, a Harry le pareció adorable.

Draco se había pasado todos esos años estudiando en la Universidad superior de magia y hechicería francesa, para especializarse en pociones. Ahora que había terminado sus estudios podía volver con su hija y con Harry, para ser tan feliz como siempre lo había deseado. Esta vez, Draco se quedaría para siempre.