N/A: Aviso a navegantes, no están ante la típica historia veela ;) Y no voy a añadir más porque, bueno, en descubrirlo está la gracia ^^
Espero que os guste, la escribí con todo mi cariño.
WARNINGS: Harco / Anal Sex / Blow jobs / First time with a man / Frottage / Hurt & Comfort
Disclaimer: Harry Potter y todo su universo pertenecen a JK Rowling, Warner Bros y otras entidades que hubiesen adquirido los derechos de explotación sobre la obra original. Como suelo decir, si Harry y Draco hubiesen salido de mi imaginación, se habrían peleado… de otra manera.
VEELANÍZAME
CAPÍTULO 1
- Se está muriendo.
Harry Potter tamborileó los dedos de la mano sobre la mesa de su apartamento de soltero. Siempre había una primera vez para todo, se dijo, pero ni en el más estrafalario de sus sueños había imaginado que algún día se sentaría a tomar el té con Narcisa Malfoy. Mucho menos en el salón de su propio hogar. Pero ahí estaba, apreció el auror de 27 años que ahora era, con su túnica violeta y el lacio cabello rubio firmemente recogido en una cola alta de caballo.
La guerra y sus consecuencias habían dejado a la familia Malfoy en una situación delicada y con la mitad de su patrimonio, que seguía sin ser poco. Aunque ya había pasado una década desde que derrotara a Voldemort, la sociedad mágica continuaba sin perdonar a los marcados supervivientes que no habían acabado en prisión. Y aunque tanto la mujer que Harry tenía frente a él como su hijo fueron eximidos de toda culpa gracias a su intervención durante los juicios -con Lucius el Wizengamot no tuvo tanta consideración-, seguían sin generar grandes simpatías entre quienes les rodeaban.
Pero al menos Draco había encontrado un buen empleo, convino Harry, dándole un último sorbo a su té. Después de comprender que no pasaría el resto de sus días en Azkaban, el joven Malfoy regresó a Hogwarts como muchos en aquel entonces para concluir sus EXTASIS. Tras superarlos con éxito, se labró una Maestría en Derecho Mágico de tres años en Suiza que le abrió las puertas del Ministerio en su regreso como abogado de oficio de aquellos que tenían mucho que perder y poco que ofrecer; habitualmente, familiares de marcados que aún sentían sobre los hombros el peso de las acciones de algunos de sus miembros. Y como no había habido nadie antes que él que hubiese querido asumir el puesto con verdadero interés, el departamento de Aplicación de la Ley Mágica casi se echó a llorar de alegría antes de cerrar finalmente la vacante.
A partir de ahí, Harry se había topado con él un par de veces en los pasillos.
Concretamente, recordó el auror exhalando antes de devolver la taza al platito de porcelana que había sacado para la ocasión -no siempre tiene uno a Narcisa Malfoy en su salón-, había sido una de esas veces cuando su excompañero de colegio había sentido "la llamada, auror Potter", según había denominado la matriarca. Una suerte de taquicardia que cortaba la respiración del medio veela que la padecía y que le revelaba la identidad de su pareja destinada. Y esta llegó la tercera y única ocasión en la que, además de coincidir, chocaron inintencionadamente al verse. Frente a frente y cuerpo contra cuerpo. Y mientras Harry se dedicó a pedir disculpas y a esquivar a su otrora némesis para ingresar en el ascensor, Malfoy no hizo lo propio para salir de él sino que se quedó ahí, quieto como una piedra y con la mano izquierda estrujándose el jersey a la altura del pecho.
- Malfoy… ¿estás bien? -recuerda que le preguntó entonces, acercándose tímidamente al sujeto en cuestión después de que su extraña actuación hubiese llamado la atención de los otros tres magos presentes allí.
Pero las puertas del elevador volvieron a cerrarse con Malfoy aún dentro, y sus jadeos fueron rápidamente sustituidos por un grito desgarrador que nada tenía que ver con el amago de infarto que Harry temió entonces.
El auror miró fijamente a los ojos de su interlocutora:
- ¿Cuánto tiempo le han dado? -preguntó sin rodeos.
Narcisa tragó saliva.
- Creen que no llegará al fin de semana.
Harry Potter no era un experto en veelas pero sí sabía algo de los medio veelas, admitió teniendo en mente a Fleur, la esposa de Bill. Además Narcisa Malfoy, también portadora del gen, le había explicado todo lo que necesitaba saber por el momento.
Al parecer, los mitad veelas solo heredaban de las criaturas mágicas a las que semirepresentaban su innegable atractivo físico y su limitada cruzada amorosa. Ni su fuerza sobrehumana ni su capacidad para convertirse en bestias terroríficas en situaciones adversas. Tampoco podían encandilar a nadie con bailes o cantos magnéticos ni lanzar bolas de fuego sin varita. Su cabello, al contrario que el de la especie per se, no guarecía propiedades mágicas. Y sí, podía haber medio veelas macho, aunque eran muy difíciles de ver.
Lo que Harry no sabía porque nunca se había molestado en conocer, pensaba justo un cuarto de hora después de haber enviado instrucciones vía Patronus a un escuadrón de aurores que le debía un favor, es cómo estos vivían su sexualidad. Según apuntaba Narcisa y ahora mismo corroboraba su copiloto Hermione, a la que dicho sea de paso estaba poniendo al día de lo hablado con la señora Malfoy hace una hora, es que solo tenían una pareja de verdad para toda la vida. Sin embargo, hasta la endemoniada "llamada" que le había metido a él en ese lío, podían tener relaciones y experimentar con otras personas. Y Malfoy no había perdido el tiempo en ese sentido, recapituló Harry recreándole con la rubia cabeza apoyada sobre los muslos de una embobada Pansy Parkinson en el expreso a Hogwarts.
- Tú, de entre todas las personas… suena increíble, ¿eh?
Harry asintió al comentario de su amiga, disminuyendo ligeramente la velocidad del coche para tomar una rotonda en dirección a San Mungo. Sí. Él. Malfoy tenía el radar veela más atrofiado de la historia, estaba convencido. En lo único en lo que había acertado era en elegir al de la acera adecuada, pues aunque el auror consideraba a "su pareja" un hombre bastante atractivo -era miope, no ciego- compartían un pasado tan descolorido que la simple idea de que aquello fuese a funcionar se le antojaba simplemente ridícula.
Pero bueno, se estaba desviando del tema, se dijo Harry mientras buscaba aparcamiento en la atestada área estacionaria del hospital. Cuando un mitad veela identificaba por fin a su compañero de vida, este se convertía literalmente en eso: no permanecer a su lado significaba la muerte. Al menos hasta que, según le había explicado Hermione, se sellaba el vínculo entre ambos con el primer coito. "Entonces, por lo que he leído, la pareja pasa a vivir una relación plena, eterna y feliz". Vaya un cuento de hadas, se había mofado el auror entonces, pues era incapaz de imaginarse algo siquiera remotamente parecido a eso entre Malfoy y él.
"Pero no hará falta", le había tranquilizado Narcisa, "basta con que le mantengas con vida. Sé que será algo laborioso pues requerirá que os veáis al menos una vez por semana, pero ello le permitirá cumplir sus funciones con algo de normalidad y los dos podréis tener… vidas separadas".
Y si Malfoy estaba a punto de morir ahora era porque había rehuido cualquier tipo de contacto con él desde su particular llamada en el ascensor. De eso hará prácticamente un mes. Porque aunque Malfoy sí había conocido desde el principio la naturaleza e implicaciones de lo que Harry tomó como un comienzo de infarto, no se había molestado en informarle al respecto. Jadeando, solo había abandonado el ascensor en la siguiente parada sin mirar a nadie, dando un traspiés y desabotonándose la corbata de su túnica con la mano que no sujetaba el maletín. Una semana después, el auror escuchó en el comedor del Nivel 2 que estaba de baja por una "terrible enfermedad".
Había tenido que ser su madre quien, tras una educada lechuza pidiendo permiso para reunirse con él, le había explicado esta mañana la situación real en la que se encontraba su primogénito. "Los veela no correspondidos tras la llamada mueren a las pocas semanas si no han mantenido contacto físico directo con su pareja potencial", habían sido las palabras de una Narcisa rota que se negaba en rotundo a tener que despedirse de su hijo para siempre: "Este no tiene que ser estrictamente de índole sexual; un beso casto, un abrazo e incluso una caricia son suficientes para empezar". Contrariamente a lo entendido por la cultura popular, los veelas no morían de pena al ser rechazados, sino de agotamiento. Tras reconocer a la presunta -se dijo pensando en Malfoy- fuente de sus deseos, su cuerpo iniciaba un agónico proceso de debilidad general para urgir un desesperado encuentro que asegurase el futuro de un próspero enlace. Un, irónicamente, macabro mecanismo de supervivencia que forzaría hasta al humano más tímido a tomar la iniciativa.
Pero visto estaba que Malfoy era harina de otro costal, pues aunque aquella fuese una cuestión de vida o muerte el gilipollas no había movido pieza alguna para intentar remediarlo, rindiéndose a la primera de cambio, concluyó Harry levantando el freno de mano y apagando el motor de su deportivo mágico; un capricho que se dio nada más terminar sus estudios en la Academia. Merlín, ni que él fuese un ogro dispuesto a privar a otro de un poco de contacto por su vida. Si hubiera sido Voldemort, Bellatrix Lestrange o Peter Pettigrew de quienes estaríamos hablando otro gallo cantaría. Pero siendo Malfoy, el niño de papá y mamá cuyas malas decisiones le habían colocado en una situación fatal de no retorno de la que finalmente se arrepintió… pues no, joder, claro que no.
- Espérame aquí -pidió a Hermione, que había salido del vehículo junto a él. Harry señaló con la cabeza el cielo plomizo y gris.- porque va a caer una buena. No tardaré. -aunque en realidad no sabía cuánto tiempo podría llevarle reanimar a Malfoy. De hecho, ni siquiera tenía muy claro lo que iba a hacer para conseguirlo.
Entró en el vestíbulo principal del hospital y buscó rápidamente el índice de plantas. ¿Estaría en la primera, "Heridas causadas por criaturas mágicas", o en la segunda, "Enfermedades mágicas"? Como no sabía muy bien cómo calificar la dolencia de Malfoy optó por preguntar directamente en recepción.
-Oh, buenos días, auror Potter -comentó la bruja encargada.- ¿Está de servicio? -y aunque Harry sabía que era una pregunta estúpida porque se había presentado en vaqueros, camiseta y cazadora de cuero, se mordió la lengua y permitió que Samantha le evaluase de arriba a abajo con la mirada. Había ocurrido ya más de una vez.
- Vengo a ver a un amigo -improvisó Harry en su lugar.- Draco Malfoy, ¿dónde puedo encontrarle?
-Malfoy, Malfoy… -murmuró la mujer mientras ojeaba lo que sin duda era un largo pergamino semienrrollado.- Aquí, Draco Malfoy: primera planta, habitación 16.
-Gracias. -dijo sin más antes de dirigirse al elevador más cercano.
Reconoció que no estaba preparado para ver lo que se encontró allí. Entreabrió los labios mientras cerraba suavemente la puerta tras de sí y se internaba en una luminosa habitación blanca en cuyo centro se encontraba Malfoy -o lo que quedaba de él- acostado y tapado hasta arriba con las sábanas de una camilla rodeada de maquinaria clínica. El auror echó de menos el olor a desinfectante que impregnaba San Mungo en ese lugar en particular; ahí dentro olía a muerto.
Harry se acercó lentamente hasta la camilla y respiró de alivio al fijarse en el electrocardiógrafo que mostraba los latidos del corazón de Malfoy, prueba irrefutable de que seguía resistiéndose a la maldición veela. Aunque su periodicidad era muy débil, tuvo que admitir pese a todo. Además, según pudo apreciar, los sanadores habían conectado a su antiguo compañero de colegio a una máquina que tenía toda la pinta de estar respirando por él.
Estaba en coma, comprendió rápidamente. No había tiempo que perder.
Vale, pero ¿qué es lo que tenía que hacer, exactamente? se preguntó el auror pasándose ambas manos por la cara. ¿El simple contacto bastaría o tendría que lanzarse a por algo más íntimo? Merlín, se dijo Harry, ojalá que no porque no se veía muy capaz con esta versión tan frágil y demacrada de Malfoy que tenía delante.
Lo que estaba claro es que si no intentaba algo pronto nunca sabría si funcionaría. Así que abrió la palma de su mano derecha y la posó cuidadosamente sobre el abdomen de Malfoy. Esperó, pero solo durante un minuto hasta que pensó que el contacto tendría que ser piel con piel y no piel contra sábana, que era justo como estaba haciéndolo ahora. Sintiéndose un poco ridículo por su ademán, buscó la mano izquierda del abogado, que era la que tenía más cerca, y la acunó en la suya.
Tres minutos después llegó a la conclusión de que con eso tampoco iría a ninguna parte; Malfoy seguía sin mostrar el menor síntoma de mejoría. Se concentró en su rostro, que pese a estar hundido y con unas marcadas ojeras oscuras seguía siendo hermoso. Qué irónico sonaba que hasta en momentos como estos los veela pudieran rezumar belleza. A ver qué coño hago ahora para sacarte de esta, idiota… maldijo Harry para sí sin apartar la mirada.
- ¿Se puede saber qué hace? -Harry se giró bruscamente hacia la enfermera que acababa de entrar en la habitación, seguramente para comprobar el estado de Malfoy. Llevaba un portapergaminos en la mano y una pluma, posiblemente para anotar los signos vitales del paciente.- Auror Potter, ¿ha venido a ver al señor Malfoy? -preguntó nada más reconocerle.
Movido en cierta medida por la frustración de no saber cómo actuar, Harry decidió ser sincero. A fin de cuentas seguro que habría un expediente médico de Malfoy en San Mungo en el que aparecerían anotadas todas sus peculiaridades, incluyendo su controvertida condición.
- Soy su pareja -explicó con énfasis, esperando que la enfermera lo entendiera a la primera.- Me he enterado esta mañana. Pero la verdad es que estoy muy perdido sobre lo que debo…
- ¡Por Morgana, menos mal! -Harry interrumpió su frase y alzó ambas cejas, sorprendido por la efusiva reacción de la sanitaria.- Empezábamos a pensar que de esta ya no salía… Espere aquí, voy a llamar a su sanadora para que le explique, exactamente, lo que debe hacer en este caso.
Harry asintió con la cabeza y siguió con la mirada a la apresurada enfermera. Bueno, si había ido a por la sanadora tenía que ser porque aún había esperanza, ¿no? "¿Has oído eso, Malfoy? parecen buenas noticias", comentó en voz alta como si el otro hombre pudiera entenderle y responderle. Así que esperó, paciente y con una pequeña sonrisa en la cara a que llegase Rebeca Myers, que se había encargado de Malfoy desde su ingreso dos semanas atrás.
- Está realmente débil así que requerirá de un contacto algo más profundo, ¿de acuerdo? -Harry ya se había descalzado y dejado la chaqueta de cuero sobre una silla. Al parecer, tendría que tumbarse junto a Malfoy.- Posiblemente tenga que estar con él cerca de media, una o dos horas. Lo iremos viendo a medida que vaya recuperando sus capacidades motoras, empiece a molestarle la mascarilla de oxígeno y todo eso.
Con la ayuda de la enfermera lograron meterle en la camilla al lado de Malfoy, que seguía inconsciente. Con cuidado, colocaron al medio veela de tal modo que su cabeza descansara sobre el pecho de Harry. Así, el auror pudo rodear su cintura con el brazo izquierdo y estrecharle un poco más a él, lo justo para que con la mano que tenía libre pudiera acariciarle distraídamente el actualmente seco y sin brillo cabello rubio. Realmente esperaba no tener que estar dos horas en esa postura, pensó Harry cuando enfermera y sanadora, tras comprobar que estaba todo correcto, les dejaron solos para que pudieran tener algo de intimidad, porque Malfoy estaba frío como el hielo y no era una sensación nada agradable.
Pero, contra todo pronóstico, acabó quedándose dormido.
La buena noticia era que Malfoy no solo había despertado, sino que le habían dado el alta hacía escasos veinte minutos. Dejando a un lado el descubrimiento de las extraordinarias habilidades curativas que debía tener para haber logrado que el veela se recuperase con tamaña celeridad, Harry se concentró en la mala noticia: se le había escapado en sus santas narices, maldijo fulminando con la mirada a la sanadora y enfermera que, entre disculpas, explicaban que si no le habían avisado en su momento era porque Malfoy así se lo había pedido.
- Te escribió una nota antes de irse -añadió la enfermera, tendiéndole medio pergamino a Harry.- Nos dijo que te la diéramos cuando despertaras.
Harry arrebató la carta a la joven mujer de las manos y suspiró, pasándose una mano por el rebelde cabello azabache y ajustándose las gafas sobre el puente de la nariz, que se le habían resbalado ligeramente mientras dormía. La misiva no decía mucho, examinó; apenas un escueto agradecimiento por la ayuda prestada -"ya hablaré con mi madre de esto…"- y un "estoy trabajando en mi herencia para que esta deje de ser un problema para ambos".
El auror soltó un resoplido de mofa ante la curiosa mirada de las dos sanitarias mientras estrujaba el pergamino con las manos. Se levantó, se alisó un poco la camiseta y tras calzarse agarró su chaqueta y se fue, no sin antes despedirse de sus espectadoras con un conciso "entiendo que serán discretas sobre lo sucedido aquí hoy".
No esperaba encontrar a Hermione a la salida del hospital.
- Cuando te digo "espérame aquí" es porque creo que tardaré un cuarto de hora como mucho. -le dijo Harry sorprendido de verla todavía allí mientras la abrazaba.
- ¿La cosa se ha complicado? -preguntó su amiga, apartándose un mechón rebelde de la cara.- Tranquilo, he estado tomando un té en la cafetería del hospital.
- Me he quedado dormido -admitió Harry mordiéndose el labio inferior en un gesto de disculpa.- Como Malfoy estaba muy jodido he tenido que meterme en la camilla con él y abrazarle durante… qué se yo. ¿Cuánto he estado ahí dentro?
- Una hora y media -calculó Hermione escrutando su reloj de pulsera.- ¿Entonces Malfoy ya está bien?
- Ahora mismo, sí -asintió chasqueando la lengua. Aún seguía molesto por haber dejado que este se le escapara, ya que en vista de cómo se había enterado de todo aquel marrón había dado por sentado que Malfoy jamás aceptaría una colaboración directa. Siendo así, ahora no le quedaba otra que jugar al poli malo, se dijo mientras una sonrisilla traviesa se dibujaba en sus labios al anticipar su próximo movimiento.- Pero tengo la sensación de que pronto se sentirá ligeramente incómodo.
-¿Le has explicado que estabas dispuesto a ayudarle y aún así se ha negado? -quiso saber Hermione, perpleja.- ¿Es que no entiende que sin tu ayuda volverá a ingresar en San Mungo en otras dos semanas?
- Malfoy cree que puede jugar a ser Dios con su herencia y librarnos de ella -"por supuesto, eso es completamente imposible" le había asegurado Narcisa, quien había compartido con él la frustrada lucha que su primogénito había mantenido esas pocas semanas de consciencia que había tenido para suprimir su naturaleza.- Y como no hay forma de que eso vaya a salir bien, voy a confirmar ya el favor al equipo de Brian.
Hermione se tapó la boca con la mano, escondiendo una risita. Una vez Harry ayudó al escuadrón de Brian a detener a un peligroso traficante de estupefacientes mágicos por lo que, a cambio, este le dijo que contactara con él si algún día necesitaba su ayuda. Y ese momento había llegado, comprendió la joven, mientras el ciervo ectoplásmico de su amigo atendía majestuoso las instrucciones de su amo. Merlín, Malfoy iba a poner el grito en el cielo cuando viese a los aurores irrumpiendo en su mansión nada más y nada menos que para llevarle a casa de Harry. Lástima no poder estar ahí para verlo, pensó no exenta de cierta maldad, porque habría sido divertido.
- Por Morgana, Malfoy, cállate de una vez. Recuerda que en un futuro quizá no muy lejano serás tú el que me suplique que te ate a mi cama. -comentó Harry en alto cómodamente despatarrado en el sofá de su salón hora y media después, mientras observaba distraídamente un partido de críquet por televisión.
Escuchó a Malfoy suspirar desde la puerta abierta de su habitación y esbozó una pequeña sonrisa. En el fondo sabía que de aquella situación sacaría algo de provecho, pues había un no sé qué en hacer irritar a su excompañero de colegio que le resultaba muy placentero aún con el pasar de los años. Brian y su equipo habían actuado con precisión, asintió Harry recordándolo, y gracias a una solícita Narcisa habían logrado ingresar en la mansión sin los contratiempos que un hogar mágico que advertía intrusos pudiera provocar.
La reacción de Malfoy había sido feroz, le había asegurado su colega una vez habían logrado maniatarle entre cuatro al cabecero de la cama de Harry. Cualquiera habría dicho que había estado al borde de la muerte hace tan solo unas horas. "Afortunadamente Morgan logró reducirle antes de que nos lanzara un Crucio", le había dicho: "Sabes que si hubiese llegado a hacerlo me lo habría tenido que llevar al Ministerio".
Pero al final no habían tenido nada que lamentar, sonrió Harry mientras jugueteaba con la varita de Malfoy entre los dedos. Tras verse atado y desarmado, el rubio había comenzado enumerándole una larga lista de amenazas -"Soy abogado, Potter, conozco mis derechos. ¡Y créeme cuando te digo que esto es denunciable!"- que al ver que no surtían efecto se habían convertido en negociaciones -"escucha, Potter, si mi madre te ha prometido cierta cantidad de galeones a cambio puedo doblarte el precio"-; persuasiones -"Por Merlín, ¡no tienes por qué hacer esto! tú no lo quieres y yo tampoco"-; y hasta ruegos -"Mierda, Potter, suéltame, por favor, estas sogas duelen…"-.
No sería hasta concluido el partido que Harry escucharía la aceptación:
- Vale. Una vez a la semana. Un abrazo. Con eso creo que será suficiente. Así mi madre estará contenta y tú dejarás de darme por culo. -o a lo mejor empiece a hacerlo, se burló Harry mientras se levantaba del sofá para ir a la habitación.
Aunque había prometido a Narcisa salvaguardar la integridad de su hijo, lo cierto es que no estaba haciéndolo por ella -ya no había deuda que saldar pues Harry había intervenido a su favor ante el Tribunal Mágico-. Ni siquiera por la de Draco, que de haber sido otra la circunstancia seguramente le habría dado un poco igual. No, se dijo, contemplando a su maniatado rehén de rodillas sobre la alfombra de la habitación; contra la cama, jadeante y sudoroso, elegantemente ataviado en un arrugado traje gris plata que resaltaba sus ojos. En un sentido egoísta sabía que lo estaba haciendo por él. Porque la época en la que la gente moría por su culpa ya quedó enterrada con la guerra y porque no iba a permitir volver a revivir los agrios recuerdos de un momento histórico tan terrible como aquel, a cuyas pesadillas ocasionalmente aún tenía que hacer frente incluso diez años después.
Se puso de cuclillas al lado de un derrotado Malfoy guardando, eso sí, una prudente distancia de seguridad. Este alzó la mirada, anclándola firmemente sobre la suya. Labios y ceño fruncidos en un intento de tragarse la rabia que Harry sabía que estaba consumiéndole.
- Me alegra ver que al fin entras en razón, Draco. -dijo, pronunciando su nombre. Había pensado que el embrollo en el que estaban metidos daba pie a que comenzaran a tratarse con un poco más de familiaridad.- Pero por lo que a mí respecta, podría aceptar tu trato, dejarte ir y no volver a saber nada más de ti. Y ahora -agregó con calma viendo que Malfoy abría la boca para rebatir- que sabes que tu madre tiene algo que ver con todo esto sé que tomarías las precauciones necesarias. Y yo no puedo arriesgarme -concluyó con una media sonrisa.
"Te han vuelto a dar la baja", continuó manteniendo estable el tono de su voz al ver que Malfoy permanecía en silencio, "a petición mía. Por el momento no puedo permitir que utilices la excusa de ir al trabajo como una tapadera para escapar". No soy tan poco profesional, le dijo la dura mirada que el rubio le lanzó entonces. "Especialmente porque no pienso devolverte la varita todavía".
-Espera, ¿qué? -comentó sorprendido el hombre.- Potter, esto apesta a un secuestro de aquí a Roma. No sé si eres consciente de que estás reteniendo a un civil en una propiedad privada en contra de su voluntad.
-Cómo se nota que eres abogado, Malfoy. -a la mierda la familiaridad, se dijo con hastío. Había momentos en los que solo le salía dirigirse a él por su apellido.- Lo estoy haciendo para que dentro de un par de semanas no tenga que ir a recogerte a una cuneta, hospital o donde coño acabes tirado en estado vegetal. ¿Es que no te das cuenta de que no tienes alternativa? Porque ¿cómo van esos progresos para liberarte de una herencia que es inherente a ti? -preguntó con ironía.- Estás jodido, Malfoy, ya va siendo hora de que empieces a aceptarlo. Y tienes mucha suerte de que tus genes veela me hayan elegido a mí, porque llega a ser otro y al mínimo problema que le des te manda a la mierda. -concluyó con énfasis antes de menear ligeramente su propia varita para liberar a Malfoy de sus ataduras. Sin decir nada más, se levantó y abandonó la habitación.
N/A: ¿Merece una oportunidad?
