Capítulo 18
Un grupo de mujeres se encontraba en una pequeña habitación moviéndose apresuradamente de un lado a otro. En el centro había un espejo que reflejaba a una joven de cabellera rubia y resplandecientes ojos verdes, miraba a todas las que la rodeaban con cariño y agradecimiento, pues cada una de ellas la había ayudado a preparar todo lo necesario para ese día tan especial.
-Debemos darnos prisa, no queda mucho tiempo-dijo una monja quien al parecer coordinaba al pequeño grupo en ese momento.
-Ya esta listo-dos chicas, una de antojos y otra de cabello negro y aspecto delicado, extendieron un velo que otra mujer rubia se encargo de colocar a la protagonista de aquel día con una sonrisa.
-Gracias a todas por lo que han hecho por mí-sonrió Candy.
-Ahora que esta todo listo, iré a ver a Terry, debe estar ansioso-sonrió a su futura nuera y salió de la habitación.
-Candy, esto es para ti, es de parte mía y de Annie, queremos que lo uses hoy-Paty extendió una pequeña caja en la que se encontraba un brazalete plateado, muy elegante y hermoso.
-Sé que serás muy feliz, hermana-las tres se abrazaron, poco después el par de amigas salió de la habitación dejando a Candy con sus dos madres.
-Oh Candy-la señorita Pony se acercó con lágrimas en los ojos-te ves hermosa.
-Siento como si fuera la primera vez que dejas este hogar, ahora formaras tu propia familia-la hermana María limpiaba sus propias lágrimas.
-Ustedes siempre serán mis mamás, las llevare siempre conmigo a donde quiera que vaya-se abrazaron con ternura para separarse al escuchar un llamado a la puerta.
-Lamento interrumpir, pero es hora-Albert entro luciendo muy apuesto en su traje color gris.
-Nosotras nos adelantaremos-cada una apretó su mano para después salir.
- ¿Estas muy nerviosa Candy?
-Claro que no-su voz temblorosa la delataba, el rio ligeramente.
-Todo estará bien. ¿sabes Candy? Aunque no puedo decir que me sentía como tu padre, siempre quise cuidar de ti y deseaba que fueras feliz, hoy me siento dichoso de ver que finalmente estarás con el hombre que amas. Quien diría que esa pequeña llorona se convertiría en la maravillosa mujer que tengo ante mí.
-Oh Albert, gracias por todo lo que has hecho por mí. Ser adoptada por los Andrew, mandarme al colegio en Londres, dejarme ser enfermera y volverte mi mejor amigo en Chicago, me ha permitido encontrar mi camino y ser feliz-el rubio deposito un beso en su frente para después brindarle su brazo y dirigirse a la salida del hogar.
Al pie de la colina se encontraba un hombre de cabellos castaños con mirada igual de radiante que la de la novia, al verla aparecer tomada del brazo de Albert y con un par de niños del hogar sosteniendo la cola de su vestido sintió que no podría haber en el mundo alguien más feliz que él. Finalmente llego hasta el y la ceremonia inició, recordaría cada momento de aquel día por el resto de su vida, incluyendo sus votos en los que ambos repetían las promesas que se habían hecho anteriormente y el beso que sellaba por fin su matrimonio.
Todos aplaudieron y la pareja miro con alegría al pequeño pero significativo grupo de seres queridos para ambos, incluso Susana, Nathan y Cookie se encontraban ahí.
La celebración en el hogar fue pequeña y sencilla, pero para ellos fue lo mas maravilloso ya que no necesitaban llenarse de lujos ni estar rodeados de cámaras para sentir que ese día era el mejor de su vida.
Después de comer, todos bailaron animadamente, incluso aquellos que no tenían pareja invitaron a las damas a bailar. Solo una joven de cabello castaño veía todo con un pequeño brillo de tristeza, deseando poder compartir aquel momento con alguien que ya no estaba. Suspirando decidió alejarse por un momento del grupo, no quería ensombrecer con sus tristezas un día tan importante para todos. Cierto pelinegro se percato de esto y la siguió, después de todo, para el también era un poco doloroso presenciar todo aquello, su corazón aun no sanaba por completo. La mujer notó de su presencia poco después y lo miro con desconcierto.
-Perdone si soy impertinente, pero yo también deseaba alejarme un poco de todo-dijo el un poco nervioso.
-Es usted Nathan, ¿verdad? – su amiga se había encargado de contarles a ella y a Annie, todos los detalles que hicieron posible estar de nuevo con Terry.
-Así es-la miro un poco sorprendido.
-Candy nos contó un poco sobre usted. Yo soy Paty.
-Lo imagine-sonrió levemente y ante el gesto sorprendido de la joven añadió-Candy también me hablaba mucho de todos sus amigos.
-Entiendo-permanecieron en silencio viendo la fiesta desde lejos, de pronto Paty cubrió su rostro con ambas manos, sus hombros indicaban el llanto que no podía controlar. El joven solo estrecho su hombro-perdone…es solo que…quisiera que Stear estuviera aquí-Nathan no dijo nada, se limito a acompañarla hasta que su llanto se detuvo.
-Tome-le ofreció un pañuelo y ella le dio las gracias-creo que es momento de regresar, si no le molesta, me gustaría hacerle compañía por el resto de la fiesta.
-Gracias-los dos sonrieron tímidamente para después ir con los demás.
Poco después todos los presentes brindaban en honor a los novios, dedicándoles sinceras palabras de afecto y buenos deseos, todos reían e incluso lloraban ante los recuerdos y sentimientos que cada uno expresaba. Cuando llego el turno de Cookie, el joven bromeo un poco acerca de la terquedad de ambos y lo difícil que le pusieron las cosas, pero lo feliz que se sentía porque al fin estuvieran juntos, la pareja lo miro con especial gratitud. Finalmente llego el turno de la pareja.
-Hace algunos años-comenzó Terry-yo me encontraba perdido en un barco, y no porque no supiera el destino de este ni de donde provenía, si no porque no encontraba la razón para seguir, pero entonces unas cuantas pecas, una pequeña naricita y unos hermosos ojos verdes aparecieron y desde ese momento las cosas ya no fueron igual. Gracias a ella pude reconciliarme con mi pasado, -miro a su madre-decidí seguir mi vocación-pensó en la plenitud que sentía al subir a un escenario-y sobre todo comprendí lo que era amar y ser amado. Aunque el destino no nos puso las cosas fáciles, y la verdad es que nosotros tampoco-todos rieron ligeramente-no cambiaría nada pues eso nos trajo hasta aquí. Solo puedo decirte Candy que brindo por haberte conocido, por la felicidad que ahora siento y porque sea así todos los días que nos queden ¡Salud!
- ¡Salud! -dijeron todos al unísono.
-Yo quiero brindar por todo lo que ha permitido que estemos hoy aquí, por la familia, por los amigos, los lugares y las circunstancias-miro a cada uno de los presentes, lo que la rodeaba y finalmente miro a su ahora esposo-y en especial por el amor-se ruborizo-en ese barco encontré a un mocoso entrometido al que le gustaba burlarse de mi constantemente, pero que al conocerlo me di cuenta que había mucho mas en el de lo que quería demostrar, me ayudo a dejar atrás mis miedos y tristezas, me brindo alegría y ha sido mi cómplice, mi apoyo y una de mis motivaciones principales. Brindo porque todos los días estén llenos de felicidad y los días que no lo sean, podamos estar juntos, rodeados de quienes más amamos ¡salud!
- ¡Salud! -exclamaron todos.
Poco después Candy se encontraba en el carruaje, despidiéndose de sus seres queridos con lagrimas de felicidad en los ojos, cuando todos se perdieron de vista, volteo a ver a su esposo con una sonrisa y una mirada llena de ternura, este la abrazo y comenzó a besar su frente, sus mejillas y finalmente sus labios.
-Te amo pecosa.
-Te amo, Terry-cerro los ojos para disfrutar mas del contacto.
Se que tardé mucho en escribir este final, espero que les guste y agradezco su espera y sus comentarios. Nos veremos una vez más en el epílogo.
