Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.
Aviso: el capítulo de PAPÁ QUIERE HUIR se recorre para mañana. Gracias por su comprensión.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Peligrosamente, tú
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Caminé enfadada escuchando los cuchicheos de Angela y Eric tras de mí.
— No te atrevas a juzgarme —le advertí a Angela volviéndome a ella y señalando con mi índice.
Su rostro palideció. Abrió la boca y la cerró, apretando sus labios. Luego de unos segundos se acomodó los anteojos y aclaró su garganta.
— No lo estoy haciendo —murmuró.
— Solo nos gustaría saber el porqué —cuestionó Eric— ¿por qué rentar tu vientre y huir con el hijo de otra persona?
— Porque es mío —vociferé con las manos en mi vientre—. Ella me engañó, me hizo creer que era suyo, pero no lo es.
— ¿Hay alguna prueba que demuestre que el bebé es tuyo? —inquirió Angela—. ¿Cómo te enteraste?
— Edward me lo dijo —susurré pensativa.
— ¿Estás segura que Edward es el padre? —indagó Eric con sus ojos oscuros fijos en mí—. ¿De verdad lo crees?
No existía ninguna prueba, al menos no había visto ni leído nada que asegurara que era el padre. Pero Edward tampoco era capaz de mentirme ¿o si?
― Tranquila, Bella ―Angela frotó mis brazos sin dejar de mostrar una cálida sonrisa.
Me había portado como una mierda con ella al grado de gritarle, sin embargo, Angela estaba tratando de hacerme sentir bien. ¿Qué había mal en mí? Era una escoria que no merecía tener a personas cuidando de mí, no debían quedarse.
― Discúlpame ―articulé― siento ser un bicho raro con ustedes.
Eric se aproximó envolviendo su brazo en mis hombros con demasiada confianza. Puse especial atención en su mano descansando en mi hombro izquierdo.
― Todos tenemos malos momentos ―dijo― tú exageras un poco y casi siempre tienes malos momentos, pero no pasa nada. Nunca había tenido una amiga que fuese tan ruda y que sea capaz de patear traseros con la mirada. Eso me gusta de ti.
Levanté mi vista y miré la sinceridad en su rostro, sonreí a sus rasgados ojos oscuros que parecían estrecharse bajo mi intenso escrutinio.
Había conocido a gente de la peor calaña y Eric estaba lejos de pertenecer a ellos. Era un chico amable, alegre y generoso. Al igual que Angela. Ambos eran buenos, sabía que lo eran.
― Gracias por protegerme de Tanya ―expresé, me sentía extraña y sumamente agradecida con ellos―. Esa mujer no volverá acercarse a mí, no lo permitiré.
― No es bueno subestimar al enemigo ―comentó Angela sin quitar su vista de la mano de Eric que seguía sobre mi hombro―. Esa mujer se veía una hiena malvada y no creo que sus amenazas sean por hablar.
― Todos tenemos un punto débil ―respondí ensimismada― Tanya también tiene el suyo y yo lo conozco.
― ¿Qué quieres decir? ―inquirió Eric mientras Angela se veía interesada por una respuesta.
― Que debemos ir a trabajar ―revelé, haciendo rodar sus ojos―. No quiero que Garret se vuelva contra mí por culpa de ustedes.
Volví a mi cubículo e intente concentrar mi cabeza en el trabajo pendiente, no sin antes hacer unas llamadas a Edward y desmotivarme al ser rechazadas al segundo timbre. La inquietud se acrecentó porque raras veces rechazaba mis llamadas, no solía hacerlo a menos que estuviera dentro del estudio de audio, así que me tranquilice y envié muy lejos los malos pensamientos que amenazaban con carcomer mi paz mental.
No fue hasta la hora de la comida que pedí un permiso para extender mi horario para salir por algunas horas. Sabía bien a dónde iría; respiré hondo al estacionar el coche fuera de las instalaciones de las oficinas encontrando a Emmett en mi camino.
Él venía justo en mi trayecto y parecía ensimismado en una llamada, me detuve frente a su descomunal persona. Éste sonrió ampliamente al verme y se despidió de su llamada con un te hablo más tarde.
― ¡Bella qué gusto! ―saludó, dejando un beso en mi mejilla―. ¿Cómo estás? ―miró mi vientre.
― Estamos bien ―respondí, frotando mi pequeña barriga―. ¿Y tú qué tal?
Su sonrisa se ensanchó apareciendo unos graciosos hoyuelos en sus mejillas.
― Tengo mucho trabajo ―admitió― ahora mismo voy con retraso a una junta ―me dio un corto abrazo y empezó a caminar, apenas unos cuantos pasos y se detuvo―. Ah, si buscas a Edward lamento decirte que no está.
― No ha respondido mis llamadas ¿sabes dónde está? ―indagué.
― Tenía una comida con un productor, parece que se viene otro proyecto grande. Bueno, nos vemos. ―Se despidió.
― ¿No sabes si Tanya ha venido? ―mi pregunta fue directa. Emmett se detuvo y dio media vuelta caminando de nuevo hacia mí.
― No ―sacudió la cabeza llevando las manos a los bolsillos de su pantalón―. ¿Te ocurre algo? ―me miró fijo― te ves exaltada.
Sostuve su mirada y negué.
― Oye, oye ―verbalizó― no sé qué ocurre, pero te aseguro que mi amigo no se mira con Tanya.
Emmett estaba entendiendo todo mal. Solo que no sería yo quien lo sacara de su error.
― ¿Tú acompañaste a Edward a esa clínica dónde me inseminaron? ―pregunté.
Emmett parpadeó quedándose pensativo, frotó su barbilla y chasqueo los dientes, tal vez haciendo memoria.
― No, no fui con él ―articuló muy bajo― solo cuando se reunió con Sam Uley. Ese día fui porque…
― ¿Sam Uley? ―pregunté deteniendo su palabrería― ¿qué hacía Edward con ese tipo?
― Hablaron de Tanya, supongo ―cuadró sus hombros débilmente al tiempo que rascaba su cabeza y negaba― no recuerdo bien. ¿Por qué lo preguntas?
― Sam Uley es el perro fiel de Tanya ―mencioné― él estaba con nosotras cuando se hizo… ―inspiré hondo y toqué mi vientre. No tuve que decir más porque supe que había entendido la referencia―. ¿Por qué Edward nunca me dijo que se había visto con él?
― No sé ―reconoció―, pero no es la única vez que se ha visto con Sam Uley. Ese hombre ha estado aquí varias veces.
Me paralice. Abrí mucho los ojos tratando de ignorar el vuelco en mi estómago.
― Quiero hablar con Edward ―musité, con mi vista perdida en la nada―. ¿Dónde está? Necesito hablar con él.
― Tranquila ―pidió con sus manos en mis hombros―. Conozco a Edward desde hace años, coincidimos en el Conservatorio de música y puedo meter mis manos al fuego por él. No te engaña, y puedo asegurar, que su intención de ocultar que habla con ese hombre no se debe a nada en contra tuya.
»Así que deja de tejer mil cosas en tu cabecita ―continuó, mostrando una sonrisa genuina―. Ve al apartamento y espera a que mi amigo te explique sus razones para reunirse con Uley.
Su voz calmada y apacible me daba cierta tranquilidad. Le sonreí, lo hice confiada en sus palabras.
.
Eran las 17 horas cuando saqué del horno la pizza casera estilo gourmet. Había dedicado la tarde a preparar la cena con el pretexto de distraer mi mente, así que invertí mi tiempo picando verdura y amasando harina mientras esperaba que Edward llegara.
Pellizqué un espárrago, y caliente lo metí a mi boca degustando el sabor.
― Hey… ―saludó Edward al entrar, se acercó con ese andar felino y me envolvió en sus brazos con calidez, luego frotó sus manos en mi vientre―. Amor, huele delicioso.
Dejó un corto beso a mis labios y fue directo a pellizcar la pizza.
― Te hablé varias veces ―saqué el tema de manera casual mientras servía una copa de vino para él―. No respondiste.
― Lo siento ―tomó la copa bebiendo un sorbo y la puso sobre la encimera― hoy tuve un día ocupado. Cuando intenté hablarte me di cuenta que el celular estaba descargado.
Se aflojó la corbata y quitó el saco subiendo las escaleras con demasiada lentitud.
Edward no acostumbraba vestir de traje, solo cuando la ocasión lo ameritaba. Solo cuando tenía reuniones con personajes importantes de la industria de la música y cada que lo hacía al volver a casa debía ponerse cómodo sin perder tiempo.
― Tanya sabe que estamos juntos ―dije sin más.
No pasaron cinco segundos cuando se asomó por la baranda de la segunda planta. No traía camisa y su pantalón estaba a media bragueta.
― ¿Qué? ―preguntó intrigado bajando las escaleras de dos en dos―. ¿Dónde la viste?
― En el estacionamiento del diario ―respondí―. Tal vez averiguó donde trabajó y decidió aparecer para fastidiar. Hizo un gran drama y me amenazó.
― ¿Te hizo daño? ―inquirió, viendo con atención mis brazos y barriga―. ¿Se atrevió a tocar tu vientre?
No rodé los ojos como solía hacerlo tan solo le miré sin pestañear. Quería, o mejor dicho necesitaba encontrar en su mirada que no mentía.
― ¿Cuándo piensas decirme que te has visto con Sam Uley? ―cuestioné y crucé los brazos bajo mi pecho.
Su rostro se desencajó. Hizo una mueca de sorpresa tirando de su pelo con frustración. Pasó sus dedos una y otra vez por las hebras cobrizas volviendo su pelo más caótico y salvaje.
― Lo he visto un par de veces ―admitió mirándome.
― ¿Por qué no me dijiste? ―pregunté.
Resopló.
Se quedó mirando por unos segundos a la pizza que estaba en la encimera y pasó el cortapizza por encima, tomó una rebanada y empezó a morder con gran gula.
― ¿Quiero saber si todo lo que me has dicho es verdad? ―cuestioné al verlo comer sin ninguna intención de hablar―. ¿El bebé es mío? ―aferré mis manos a mi vientre― ¿eres el padre?
Sus orbes se posaron encima de mis hombros, negándose a mirarme.
― ¿Estás dudando de mí? ―inquirió. El tono de su voz se había vuelto fuerte.
Pasó una servilleta por la comisura de sus labios quitando el rastro de la salsa de tomate que había quedado en su piel.
― Sí, me he visto con Sam porque él me está ayudando a conseguir algunas pruebas que necesito para el divorcio ―reveló―. En realidad, él fue quien se acercó a mí, estaba buscándote.
― ¿Buscándome?
― Sí, él quería saber cómo estabas.
Estreché mis ojos.
― A Sam qué le importa como estoy ―refuté―. Ese tipo es incondicional de Tanya ¿cómo puedes confiar en él?
Se acercó y acunó mi rostro haciéndome verlo.
― Conozco a Sam desde hace mucho tiempo y sé cuán incondicional era de Tanya. Ahora no lo es más, confía en mí. Es lo único que te pido.
Me quedé mirando sus ojos verdes. Quería acallar mi voz interior, ese sexto sentido que me decía que Edward me estaba mintiendo. Había algo en su mirada que me susurraba que no confiara.
En cambio la rabia y desilusión se apoderaban de mí.
¿Qué ocultaba? Y lo más extraño ¿por qué?
Pero si bien Edward sabía ocultar cosas yo también lo podría hacer.
― Cenemos ―ordené, con una sonrisa fingida.
― En verdad que sabe delicioso ―halagó mordiendo otro pedazo de pizza―. Eres una excelente cocinera, creo que de ahora en adelante te pediré que me hagas pizza y no volveremos a comprar.
― ¿Más vino? ―pregunté, al ver que bebía de un solo trago.
Edward asintió volviendo a morder otro pedazo de pizza.
Llené su copa una vez y muchas veces más cuando nos sentamos sobre los almohadones del sofá en la sala de estar.
― Te amo ―susurró sonriente y bastante ebrio― te amo tanto, Isabella Marie.
Pasó su índice por mi cuello haciéndome cosquillas al soplar sobre mi piel. Bajó el tirante de mi blusa y comenzó a dejar besos sobre mi hombro.
Suspiré. Lo hice de forma entrecortada cuando sacó mi blusa por la cabeza y empezó a juguetear con mis senos. Edward tenía gran afición por ellos, me había hecho reír varias veces al pedirme no usar sostén cuando estuviéramos en casa, así los tenía a su merced cuando se le diera su gana. Acto por el cual yo estaba más que de acuerdo.
Reí cuando me empujó sobre un almohadón y comenzó a besar con adoración mi vientre hinchado, abrí mis piernas y dejé acomodar su cuerpo entre el mío.
Resbalé mis palmas en su ancha espalda disfrutando la sensación de sus besos ahora en mi garganta. Mi intimidad rogaba por él, suplicaba.
Cerré mis ojos disfrutando sus caricias.
Yo lo amaba y me estaba doliendo el alma el saber que me estaba ocultando información importante. Era como sentir una pequeña herida agrietada en mi pecho y quería gritar, echarle en cara que sabía que me estaba mintiendo.
Jadeé.
Lo hice cuando se deshizo de mi ropa interior adentrándose tan profundo en mí. Empezó a embestir con una necesidad arrolladora y a la vez siendo tan cuidadoso de no aplastar mi vientre.
Sus gemidos y gruñidos al igual que sus embates me estaban llevando al éxtasis total.
Sujeté su rostro y limpié algunas gotas de sudor de su frente, su mirada jade seguía en mí, tan distante de este momento.
Entonces supe que debíamos hablar para no hacernos daño.
― Edward ―gemí su nombre al sentir que llegaría a mi orgasmo.
Él siguió empujando, haciendo el vaivén más cadencioso. Había cerrado de nuevo sus párpados y parecía subyugado por nuestra entrega. Estaba de nuevo aquí… ¿conmigo?
Se corrió en mi interior cuando mi orgasmo me dejó sin aliento y mis dedos se agarrotaron.
Descansó su cabeza sobre mis senos.
Enterré mis dedos en su pelo y dejé que mi respiración se tranquilizara. Edward seguía en mi interior sin ganas de moverse.
― No quiero ocultar nada ―lo escuché susurrar― quiero decirte la razón porque Sam Uley quería verte.
Salió de mí sentándose en el piso, alargó su mano y ayudó a sentarme, así desnudos y sudados como estábamos, nos miramos una vez más.
Habían caído las caretas.
Y no tenía idea cuánto podía doler.
Lamento la tardanza para publicar.
Lo más probable es que lleguemos a 18 capítulos en esta historia. Ahora quiero saber sus opiniones respecto al capítulo. Ojala se animen a comentar.
Agradezco sus favoritos, follows y reviews que me dejan.
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