Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Peligrosamente, tú

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Me había vestido bajo el escrutinio tentativo de Edward.

Me quedé de pie esperando que hablase, que dijera la verdadera razón de ocultarme que se veía con Sam Uley, solo que Edward seguía tan ensimismado mirándome que no parecía querer hablar.

Hizo un ligero movimiento de cabeza y cerró su boca.

— Sam Uley dijo que podía ser el padre de nuestro hijo —reconoció entre dientes.

Mis ojos se desorbitaron mientras mis puños se apretaban con fuerza enterrando las uñas en mi piel. Sentí un ligero temblor y la sangre hervir en mi sistema.

— ¿¡Qué dices!? —rugí.

Dolor. Ira. Se mezclaban entre sí, cubrí mi vientre con mis manos. No daba crédito a sus palabras.

Mi bebé de… Sam Uley.

Mi corazón dio un vuelco sintiendo una gran opresión en mi pecho. El aire me faltaba.

Edward se vistió a toda prisa y de forma torpe se incorporó, e intentó acercarse.

Recule. No quería su toque. Quería respuestas, las necesitaba.

— No es lo que te estás imaginando, mi amor, no lo es.

Ladeé mi cabeza y lo miré con una sonrisa burlona. Me sentía conmocionada porque simplemente mi voz se había perdido.

Me aclaré la garganta.

— ¿Ah no? —refuté— ¿entonces explícame cómo Sam Uley pudo decir tal tontería? ¡Quiero saberlo!

Pasó una mano por su caótico pelo, tirando un poco de las hebras cobrizas con desesperación.

— Eso dijo en un principio y le creí —respondió derrotado.

Di varios pasos hacia donde estaba. Una vez frente a él, elevé mi mentón, mirándole.

Sus ojos seguían clavados en mí. Había dolor, tristeza… qué sé yo.

— Déjame explicarte —suplicó, sosteniendo mis manos. Me zafé de su agarre, no quería que me tocara.

— Dime la verdad —exigí— ¿el niño es mío?

Edward pestañeó mientras hacía ligeros movimientos de cabeza.

— Christopher es nuestro —aseguró—. Acepto, que en un principio le creí a Sam. En cambio no podía hablar contigo sobre ello —cerró sus párpados un breve momento y volvió a mirarme— temía —susurró—, que pudieras lastimar al bebé.

— ¿¡Qué!? —batí mi cabeza— Creíste que era capaz de dañar a mi hijo solo porque no es tuyo, ¿eso es así?

— Te costó mucho encariñarte con él…

Mi palma se estrelló con fuerza en su mejilla, interrumpiendo sus sandeces.

Edward se paralizó, cerró sus ojos un instante y volvió a pasar una mano por su pelo, exhalando bruscamente sin dejar de verme.

— Podré tener muchos defectos —espeté— ser una maldita perra si tú quieres, pero jamás dañaría a un ser inocente. Ni mucho menos a mi hijo, ¡jamás! No importa si no es tuyo, es mío y con ello es suficiente para amarlo —aclaré, señalando con mi índice.

Di media vuelta y sus fuertes brazos no me dejaron avanzar. Forcejeamos. Intenté salir de su agarre, aunque sabía que no lo lograría me negué a sentir su toque. Edward aprovechando su fuerza me puso en sus brazos llevándome al sofá, se sentó al lado mío quedando de frente.

Acunó mi rostro y yo lo alejé de un manotazo.

— El bebé es mío —farfulló—. Cuando busqué al doctor que hizo el proceso de fecundación me aseguró que usaron mi esperma. Es mío, nuestro.

— Entonces, ¿por qué Sam…? —dejé la pregunta a medias.

Edward se acercó más y acarició mi mano con vacilación.

— Sam Uley intentaba hacerme creer algo que no era, mi amor. Su intención fue acercarse a mí, de esa forma sabría si existía comunicación entre nosotros. Tú eras su objetivo, él quería acercarse a ti para que tú creyeras todo lo que Tanya le había dicho que dijera. Solo que no lo hizo porque nunca le permití verte.

— Tanya, siempre Tanya —susurré. Esa mujer me tenía cansada.

— Mira… —se puso de pie y corrió escaleras arriba, lo vi entrar al closet— ¡espera ahí! —gritó desde adentro, tal vez fueron dos minutos cuando regresó con un folder color manila en sus manos, abrió la carpeta y me señaló—. Lee, ahí dice mi nombre Edward Masen, "donante".

Leí cada línea plasmada y me detuve a leer varias veces donde se especificaba que había sido un proceso de inseminación y no una gestación subrogada. Dando por hecho que el bebé que estaba en mi vientre era mi hijo biológico, mío y de Edward Masen que había sido donante.

Levanté mi vista del papel y miré las orbes verdes.

Edward sonrió.

— ¿Cómo es que sigues viéndote con Sam? —quise saber.

No cabía en mi cabeza que Edward siguiera siendo tan noble y pudiera confiar en la gente como si nada.

Él exhaló.

— Dijo que no quería dañarte —respondió— le gustabas o algo así.

Abrí mis ojos, asombrada.

Edward negó.

— Sam no es malo —prosiguió— solo es un tipo que tomó malas decisiones mientras estuvo bajo el yugo de una persona sin escrúpulos. Él me sigue ayudando en resolver mi divorcio, y parece que está todo resuelto a mi favor —asintió— siento haberte ocultado la verdad. Preferí no exponerte ante Tanya.

Estreché mis ojos y miré hacia otro lado.

— Isabella Marie —acarició mi mentón y me hizo mirarlo— no quise ofenderte cuando mencioné el miedo que tenía hacía tu rechazo al bebé, solo pensé que dolería enfrentar esa noticia, debía confirmar primero —encogió sus hombros— mi intención nunca fue mentirte.

— Quiero hablar con Sam —mencioné— quiero verlo.

Me incorporé; crucé los brazos bajo mis senos y flexioné mi pierna , mirándole.

Edward no quitó sus ojos de mí.

— No me crees, ¿verdad?

No respondí. Di media vuelta y subí los escalones, necesita una ducha.

Al salir Edward estaba tumbado en la cama, extendió una mano a mí y yo rodé los ojos, ignorando su petición.

Bufó.

— Está bien —articuló— te daré el número de Sam, con la condición de que iré contigo.

— No necesito que andes tras de mí. Sé cuidarme sola.

— Iré y es mi última palabra —sentenció mandón— y ahora ven que quiero hacerte el amor.

Volteé a mirarlo mientras las cerdas del cepillo se quedaban enredadas en mi cabello. Ajusté la toalla alrededor de mi pecho, reí ante su sonrisa descarada sobre mí.

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Sam se puso de pie cuando llegamos a la mesa, nos saludó con un apretón de mano siempre manteniendo su sonrisa. Pasé mi vista por los pocos comensales disfrutando la vista del mar turquesa frente a nuestros ojos.

Después me concentré en Sam vestido de manera formal, en un traje oscuro. Estoy segura que él no pasó desapercibida la mano de Edward en mi espalda baja.

— No imaginé que estaban juntos —dijo confundido dándole una mirada interrogante a Edward.

Éste solo mantuvo su sonrisa exultante abriendo la silla para mí, nos sentamos. Edward apretó mi mano por sobre la mesa cuando se acomodó al lado mío.

— Isabella Marie es mi novia desde hace meses —explicó presuntuoso llevando mi mano a sus labios, besó mis nudillos haciendo mi corazón retumbar de felicidad.

Sam asintió llevando su mano a la cabeza; rascó su pelo oscuro para luego llamar al mesero. Pedimos algo ligero del menú, una vez se alejó el chico que tomó nuestras órdenes, miré a Sam.

— ¿Explícame cómo puedo confiar en alguien que siempre fue leal a Tanya? —cuestioné sin titubeos. Sam parpadeó sobresaltado—. Si, ¿por qué debo creer en ti? Dame una buena razón para hacerlo.

— Bueno, he hablado con Edward —respondió mirando a Edward y después a mí. No eran nervios, podía darme cuenta que se sentía incómodo con mis preguntas—. No voy a traicionar su confianza, Bella.

— Quiero pruebas —exigí.

Edward se mantuvo callado dejándome hablar con Sam y resolver mis dudas a mi modo.

— Le he dado suficientes pruebas a Edward sobre Tanya. Él tiene todo para un divorcio seguro y rápido. Aunque si quieres más… —puso sobre la mesa una carpeta, señaló— estas son las condiciones para el divorcio.

Leí cada hoja y no eran más que hojas redactadas con acuerdos. Tanya urgía de firmas a cambio del divorcio; exigía la casa productora y prácticamente cada centavo de Edward. La maldita era una perra avariciosa. Para mi sorpresa la última hoja estaba redactada para mí. En ella pedía mi firma a cambio de ello me podía quedar con mi hijo y no con Edward.

Era una total estupidez.

Cerré el folder de golpe respirando hondamente.

— Sé muy bien qué hacer para hundir a Tanya —comenté— me haré cargo.

Los hombres en la mesa se miraron entre sí minimizando mis palabras. Sin aviso Edward tomó el folder comenzando a leer.

— ¿Por qué Tanya te odia tanto? —preguntó Sam.

— Es una resentida —respondí, guardando para mí la información más importante.

— Bella —murmuró Sam— me quiero disculpar contigo por la forma en que me acerqué a Edward. Me arrepiento de haberme dejado manipular.

— Lo sigues haciendo, ¿no?

— Solo que ahora es por una buena causa —aseguró sin dejar de sonreír— ¿y cómo va tu embarazo?

— Nuestro hijo está perfecto —intervino Edward rodeando mis hombros con su brazo y llevando su palma a mi vientre, besó mi sien.

No podía creer su manifestación de celos sin sentido.

Lo único que hice fue desviar mi mirada, apreté mis labios ocultando mi sonrisa.

El resto de la comida fue tranquila. Dándome cuenta que Sam no era del todo arrogante como siempre creía. Me permití conocer un poco del abogado de 34 años que de pronto bromeaba junto a Edward. Fue agradable.

— Eres muy divertido cuando estas celoso —dije, ante el cómodo silencio de caminar por la playa.

Pocas veces caminábamos descalzos en la arena bajo el bello atardecer que proporcionaba la ciudad. El mar estaba en relativa calma y su agua azul turquesa parecía brillar sin intensidad.

— No estaba celoso —aseguró, sin dejar de saborear su helado—. Además, ¿cómo querías que reaccionara? Sam estaba babeando por ti —pasó su lengua por la deliciosa cobertura de chocolate y me hizo salivar— tenía que hacerle saber que eres mía, pero no estaba celoso —resopló, concentrándose en lamer la superficie del cono.

— Quiero que Christopher nazca en Seattle —comenté, cambiando de tema— también me gustaría que fuera un parto en agua y sin anestesia.

Los ojos de Edward estaban fijos en mí. Su boca se abrió, esta vez sin disfrutar su helado que empezaba a derretirse por su mano.

— ¿Por qué? —preguntó atónito, parpadeó.

Cerré mis ojos un breve momento disfrutando la sensación de la brisa sobre mi rostro.

— He tenido distintos dolores que marcaron mi vida —susurré, pasando una palma por mi pequeño vientre, hoy mi hijo había estado más inquieto que otros días—. Necesito que al menos este dolor sea el más maravilloso y anhelado por mí. Quiero que cada segundo que estaré en labor de parto valga la pena en su espera.

— No sé, Isabella. No quiero verte sufrir así.

— Serán los dolores más felices de mi existencia —aseguré— quiero intentarlo, Edward —enredé mis brazos en su cuello, me puse sobre la punta de mis pies—. Estoy segura que las clases de yoga y las sesiones de preparto me serán útiles.

Nuestros cuerpos separados por mi vientre me hizo bajar la vista, sonreí al sentir a mi bebé removerse. Había descubierto que a Christopher no le gustaba que lo aplastaramos, ¿a quién sí le gustaría?

— Está bien, tú ganas —consintió, volviendo a comer de su helado, tragué saliva—. ¿Seattle? ¿En serio quieres tenerlo ahí?

— Sí.

— Bueno, supongo que no hay problema, viajaremos a Seattle cuando se aproxime la fecha.

Sonreí complacida.

— Te amo —dejé un corto beso, probando un poco del delicioso sabor del chocolate.

— Te amo más, cariño —besó mi frente.

— ¿Me das un poco de helado? —pedí con la mirada más tierna que podía tener.

Edward arrugó su frente.

— No —siguió caminando dejándome atrás— es el segundo helado que me quitas. No te daré más.

— Edward —rogué— es que se me antoja ese sabor.

— Dijiste lo mismo del sabor vainilla.

— No tengo la culpa que todo se me antoje —me disculpe con un puchero.

Edward regresó y me tendió su cono haciéndome morder mi labio. Lo más probable es que mi mirada se hubiera vuelto brillosa de felicidad.

— Es tuyo.

Apenas lo puso en mi mano y comencé a devorar del cono de helado más delicioso que había probado.

— ¿Y si volvemos a la heladería? —inquirió Edward.

— Perfecto —asentí— ahora mismo soy capaz de devorar la heladería completa.

Entrelazamos nuestros dedos caminando de regreso a donde habíamos estacionado el coche.

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— No le darás tu empresa —me quejé.

Había pasado una semana después de la reunión con Sam Uley. Tuvimos una semana tranquila donde nuestra prioridad fue ocuparnos de las necesidades que el bebé iba a requerir como; ropa, artículos de aseo y mantas.

En cambio esta nueva semana había iniciado mal. Tanya estaba presionando a Edward en que le diera su empresa a cambio del divorcio.

Sí accedo todo será más fácil, nena. Seré libre —susurró del otro lado de la línea.

— Pero no a cambio de tus sueños, no lo permitiré —respondí indignada— hablaré con ella.

¡No, no lo harás! —chilló— ¡te lo prohibo!

Podía imaginarlo caminando por su oficina y tirando de su pelo. Un acto deliberado de enfado muy de él.

— Por favor —pedí— déjame hacerlo a mi modo. Conozco a Tanya, sé sus puntos débiles.

No me importa, Isabella. No te quiero cerca de ella, no lo hagas. Es mi última palabra ¿entendiste?

— No soy una niña.

Isabella Marie, tengo una junta que atender en estos minutos, nos vemos en casa. Te amo.

Cuando finalizó la llamada miré hacia el estacionamiento, ahí estaba el coche.

Angela me saludó con su mano. Ella estaba conversando muy animada con Eric en la entrada del edificio de nuestra oficina.

Inspiré y volví al coche. Sabía lo que haría.

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Abrí la puerta de par a par y caminé hasta situarme frente al escritorio.

Dejé mi vista vagar por la oficina; todo era de un color gris espantoso y aburrido, así como lo era ella.

Tanya se incorporó apenas notó mi presencia; lancé sobre la mesa de escritorio los documentos que me había enviado a firmar.

― ¿Qué haces aquí? ―rugió con ira mientras sus orbes brillaban con desprecio. Bajó su vista dándose cuenta de los documentos, apenas sostuvo uno entre sus dedos y volvió a mirarme―. ¿No los firmaste?

― ¡No voy a firmar nada! ―sentencié, mirándola de la misma forma que ella lo hacía―. ¡No te daré a mi hijo! Y tampoco dejaré a Edward.

― Lo siento querida ―verbalizó con desdén― pero tú me diste a tu hijo y legalmente…

― ¡No te metas conmigo! ―rugí, inclinando mi cuerpo sobre el escritorio golpeando mi puño en la mesa― es la última vez que te advierto. No vuelvas a mandarme estúpidas amenazas porque sabes bien que hablaré y aquí, quien pierde más, eres tú.

Sus labios temblaron y las fosas nasales se ensancharon por la ira provocada.

― Te odio ―murmuró.

― No más que yo ―aseguré, sin quitar mis ojos de su rostro estupefacto.

― Debí dejar que te murieras de hambre ―articuló― que te quedaras para siempre en las malditas calles de Seattle.

― Lo hubieras hecho ―dije―, porque ahora soy tu más grande Karma.

― No te confíes, Isabella Marie Swan. Es tu palabra contra la mía, tengo prestigio y reconocimiento que puedo lograr fácilmente…

― ¡Por favor! ―la interrumpí― no seas tonta. No te humilles de esa manera, Tanya Denali o debo decir Tanya Swan ―soplé un beso― adiós… hermana.

Apresé mi labio entre mis dientes y sonreí.

Elevé mis hombros llena de felicidad al ver su rostro enrojecido casi al borde del llanto.

Tanya odiaba que le dijera hermana, se avergonzaba de ser una Swan, de ser hija de un asesino y una vulgar drogadicta.

Caminé saliendo fuera de su oficina.

Esta vez había ganado yo.


Les saludo. Estoy pasando por una situación compleja en casa que me impide seguir actualizando como lo tenía planeado (días en específico). No obstante haré lo posible por traer cada semana el capítulo que corresponde. Disculpen la demora, en cuanto me sea posible volveremos a los días correspondientes. Si notan que llego a tardar tengan un poco de paciencia, les prometo no abandonar la historia.

Bueno, hablemos de la historia, ¿les gustó el capítulo? Recuerden que la historia es corta.

Agradezco sus favoritos, follows y reviews que me dejan.

Martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction y también está mi grupo: historias por Lau.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Adriana Molina, Cassandra Cantu, Elizabeth Marie Cullen, cocoa blizzard, LittlePieceOfMyMind, Cinti77, Smedina, Isis Janet, Torrespera172, Flor Mcarty, CarCullen Stewart Pattinson, Jade HSos, Lore562, Andrea, ALBANIDIA, Patty, Jenni317, Vivi19, Wenday14, Lili Cullen-Swan, Marianacs, Jane Bells, Majo, Adriu, PaolaValencia, dana masen cullen, Lizdayanna, Dulce Carolina, Lidia, Antonella Masen, mrs puff, ClaryFlynn98, Pepita GY, Lily, Yaly Quero y comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!