Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Peligrosamente, tú

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— No quiero continuar con esto —pronunció duramente logrando que la opresión en mi pecho calara hondo—, será mejor que cada uno tome su camino. Puedes quedarte aquí el tiempo que quieras, por mí no hay problema —dio media vuelta. No se dio cuenta que me había acercado a él, porque quería detenerlo, quería que se quedara. Sin embargo, él nunca miró hacia atrás—. Hablaremos a mi regreso sobre Christopher.

Y con esas últimas palabras se fue.

Me quedé detenida en la puerta por largo tiempo, manteniendo la esperanza de que iba a regresar. Bajé mi rostro admirando mi vientre, lo acaricié con tanto amor, sintiendo unas profundas ganas de llorar.

Mi pecho dolía. También dolía ese nudo que se forma en la garganta, ese mismo que no te permite tragar saliva, que solo te aprisiona con fuerza y te impide respirar.

Inspiré hondo.

Levanté mi vista y me di cuenta de todo el desastre que había en el comedor, apreté mis labios con fuerza y me dispuse a dejar todo muy limpio y ordenado para cuando Edward regresara. En cambio, él no volvió luego de una semana, ni tampoco llamó como lo hacía siempre. Mientras yo trataba de continuar con mi vida como si nada pasara, no lo logré, por supuesto. Mi pésimo humor me delataba.

Era tiempo de tomar las riendas de mi vida, por ende cuando el timbre sonó sabía lo que debía hacer.

— Hola, Bella —saludó Sam. Simulé una sonrisa y le hice pasar—. Fue muy raro recibir tu llamada —miró mi maleta— ¿te vas?

Asentí y le tendí el cheque por la cantidad total que me había sido otorgado.

— Quiero que le des esto a Tanya —pedí— es el pago que me dio por alquilar mi vientre —me estremecí por el solo hecho de nombrar la palabra—. Está completo, no quiero nada de ella —acaricié mi vientre y sonreí— mi bebé no tiene precio.

— Pero, no es necesario —negó Sam al ver la cantidad— este dinero es tuyo.

Sacudí mi cabeza.

— No. Ese dinero lo obtuve por un alquiler que nunca se dio, no lo quiero.

Cuadró sus hombros y aceptó el cheque guardándolo en su saco.

— ¿Te vas de viaje? —inquirió.

— Regreso a Seattle.

Él parpadeó.

— Disculpa que me entrometa —rascó su nuca—. ¿Estás bien? Luces demasiado triste y… bueno, pensé que ahora que Edward está divorciado estarías feliz.

— ¿Edward está divorciado? —pregunté confundida— ¿desde cuándo?

— Desde hace una semana, ¿no lo sabías?

Me paralice sintiendo que mi pecho recibía un puñetazo y me dejaba sin aire, abrí mi boca e intente llenar mis pulmones de oxígeno. Mas lo único que hice fue tragar el nudo en mi garganta.

«No quiero continuar con esto», esa frase se repetía como un mantra en mi cabeza.

La comprensión llegó tarde, supe que no podía forzar nuestra relación.

Abatida, caminé al ventanal y contemplé la ciudad sintiéndome tan miserable.

— Edward es libre —musité, sintiendo que mis ojos picaban. Quería llorar y las malditas lágrimas no salían.

— Bella —Sam me llamó, me volví a él. Se veía preocupado, frotó su pelo sin nada más que hacer—. Tengo que irme, pero si necesitas cualquier cosa, no dudes en llamarme.

Asentí con una sonrisa.

Sabía bien lo que haría.

Edward quería libertad y yo se la daría.

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Hice una mueca al ver el espacio tan reducido de la casa.

No lucía igual a las imágenes de Internet. Los colores en las paredes eran muy opacos y tristes, casi lúgubres. Los muebles se veían algo maltratados, por no decir viejos, lo peor eran las cortinas gruesas impidiendo a la luz del exterior filtrarse en la estancia.

Angela, un tanto curiosa, se aproximó hasta el ventanal y corrió la cortina dejando entrar un poco de luz. Estaba cayendo un chubasco torrencial afuera, por ende no era mucha la diferencia de la escasa luz.

― Necesita un poco de vida ―meditó ella, mirando hacia todos lados― un nuevo color de pared, quizá unos sofás modernos ―llevó su pulgar e índice a su barbilla quedándose pensativa―… unas nuevas cortinas.

― Llevaré la maleta a tu habitación ―anunció Eric subiendo las escaleras por el oscuro y estrecho lugar.

Lo seguimos. Fui consciente de como Angela sujetó mi mano y me ayudó a subir, el barandal necesitaba con urgencia unos buenos remaches para que quedara firme.

La casa contaba con solo dos habitaciones y un baño en la planta alta, eran pequeñas, lo necesario para vivir con mi hijo. Aunque los muebles dejaban mucho que desear, por lo pronto me podía conformar con ello.

Agradecí el gesto de Eric al llevar la maleta y dejarla sobre la cama. Angela soltó mi mano y volvió a correr la cortina mirando con una sonrisa el pequeño balcón, era lo único bonito de la casa, tenía una vista espectacular al pequeño bosque trasero.

Había alquilado una casa lo más lejana del bullicio de la ciudad. Estaba en Seattle.

Respiré hondo y sonreí al sentir los movimientos de mi bebé. Froté mis manos en mi barriga.

― Estos días podemos aprovechar y ayudar en lo necesario para que estés a gusto en tu casa —animó Angela, volviéndose a mí—. Es mejor ir de una vez.

Eric rodó los ojos al ver el entusiasmo de nuestra amiga.

Sonreí a mis adentros ante la mención de la palabra "amiga", me había costado mucho aceptar que ellos en verdad eran mis amigos. Estaban aquí, viajaron conmigo para dejarme instalada en mi nueva casa, no se pusieron a pensar ni un solo momento en la distancia territorial que existe entre un estado y otro, solo dijeron: no te dejaremos sola.

Era todo lo que podía agradecer, ellos realmente estaban conmigo.

— Creo que nos tendrás de visita muy a menudo —confesó Eric con una extensa sonrisa que iluminaba sus rasgados ojos, caminó con firmeza hacia el pequeño balcón y suspiró—. Me gusta la vista, es un lugar muy inspiracional, se respira paz.

— Aquí es su casa —ofrecí— pueden venir cuando quieran.

Angela y Eric sonrieron entre ellos antes de voltear a verme con un gesto de felicidad. Se acercaron y me envolvieron entre sus brazos haciéndome reír al sentir que besaban el tope de mi cabeza. Me estaban aplastando, claro, sin ejercer ningún tipo de fuerza sobre mí. Ellos sólo eran divertidos y me hacían sentir bien.

— Te echaré de menos —murmuró Angela en tono serio—. Harás falta en la oficina.

— No pasa nada, ya encontrarán a alguien más que ocupe mi lugar. Los seres humanos somos totalmente reemplazables. —Lo último lo había dicho con cierto filo en mi voz, tenía dedicatoria especial.

— ¿Vas a contarnos que pasó para que decidieras dejar todo y venir hasta acá? —Indagó Eric.

Me alejé de ellos sentándome en el borde de la cama; miré hacia fuera del balcón, la lluvia seguía cayendo de forma torrencial.

Era justo que hablara. Ellos necesitaban una explicación del porqué llegué una noche a casa de Angela y le pedí alojamiento, era justo que después de despedirme y decirles que vendría a vivir a Seattle ellos decidieran viajar conmigo. Eran mis únicos amigos y necesitaban saber la verdad.

Inspiré. Lo hice de forma pausada en una manera de abrir mi corazón a ellos.

— Bella, si no estás preparada… —dijo Eric tocando mi hombro, yo negué sin dejarlo terminar.

— Desde hace una semana Edward terminó conmigo —susurré, me costaba pronunciar la verdad. Dolía.

Angela se acuclilló frente a mí sujetando mis manos. Sabía que era su manera de infundir ánimo. De estar conmigo.

Tragué el nudo en mi garganta y asentí.

— No hay mucho que decir —mencioné—. Ustedes pudieron darse cuenta que él y yo estábamos mal por algunos días, lo digo por mi pésimo humor. Después de esos días medité e hice una cena para nosotros, en verdad quería resolver nuestras diferencias, fue justo cuando Edward explotó.

Los miré por un momento.

— Descubrió que Tanya y yo somos hermanas.

Los ojos de Angela se abrieron tan enormes, acomodó sus anteojos y apretó sus labios. Se veía conmocionada por mi revelación.

— Espera —dijo Eric antes de acuclillarse al lado de Angela, sujetó también mis manos entre las suyas imitando el gesto de mi amiga—. ¿La loca esa es tu hermana?

Asentí.

Eric volvió a ponerse de pie empezando a caminar de un lado a otro.

— Esa mujer es una enferma —expresó él, sin detenerse—. Ella lo planeó todo. ¡Date cuenta, Bella!, se casó con Edward y no conforme con ello te buscó a ti para hacerte creer que alquilaba tu vientre, ella les ha destruido y a la vez… —se quedó callado, exhaló y volvió a acuclillarse—. Se puede saber ¿qué hiciste con el dinero que te dio por? —miró mi vientre.

— Se lo devolví. No quiero que nada ensucie a mi bebé —confesé.

— ¿Por qué, Bella? —cuestionó con asombro Angela—. No debiste hacerlo. Era tu dinero, ¿ahora qué harás? No tienes un trabajo, ni tampoco a Edward. Me preocupa que estés tan lejos de nosotros, tengo miedo que necesites ayuda y no estemos para ti.

— No quiero que se preocupen. Tengo algunos ahorros, además buscaré trabajo y también hablaré con Carlisle y Esme, les diré que estoy en la ciudad, no estaré completamente sola.

Eric resopló captando mi atención.

― Trataré de estar aquí cada quince días ―expresó con una sonrisa que me daba confianza.

― También yo ―dijo Angela de manera convincente― no vamos a dejarte.

― Hay algo más… ―murmuré― Edward está divorciado desde hace una semana, justo desde el mismo momento que decidió dejarme.

Levanté mi vista y miré sus miradas llenas de dudas.

Estaba por hablar cuando mi móvil me interrumpió, miré la pantalla haciéndome paralizar al ver el nombre de Edward. Mi corazón empezó a latir con más fuerza.

Tragué saliva y acepté la llamada.

¿Isabella, dónde estás? Acabo de llegar al loft y no estás, ¿por qué te fuiste? ―su voz se escuchaba sumamente alterada.

Tomé una respiración profunda y acerqué el móvil a mi boca.

― Estoy en Seattle.

¿En Seattle? ―repitió sin dejarme hablar― ¿por qué?, ¿qué haces ahí?

Su tono autoritario me molestó. Solté un profundo bufido y me incorporé caminando al balcón.

― ¿Qué querías, Edward? ¿Acaso pretendías que siguiera en tu apartamento como si nada pasara entre nosotros? Terminamos, ¿no? Entonces no tengo porque compartir techo contigo, seremos padres y nunca seré capaz de excluirte en la vida de Christopher, así que te mandaré la dirección. Que estés bien y disfrutes de tu soltería.

Finalicé la llamada y lancé el móvil sobre la cama. Estaba dolida, desilusionada y no quería hablar con él.

― ¡Y bien! ―Exclamé tratando de dar mi mejor cara― tenemos muchas por hacer, a darnos prisa.

Entre Angela y Eric hicimos que la casa quedara lo más decente posible. Cambiamos los colores de pared y cortinas, ya con los viejos muebles no hubo mucho por hacer. Ese fin de semana se pasó rápido ocupando el tiempo en las pequeñas remodelaciones. Después llegó la despedida y pensé que me pondría a llorar como una tonta, pero no tuve tiempo de hacerlo por Esme y Carlisle me visitaron, estuvieron conmigo la noche del domingo y gran parte del lunes y martes. A ellos no pude contarles que mi relación con Edward había llegado a su final, obviamente no era necesario explicar lo que ha simple vista se veía en mi rostro, de todos modos ellos fueron discretos y no preguntaron sobre él.

Estaba triste por supuesto, pero también tenía muchos planes por realizar.

El miércoles por la mañana comencé a buscar un empleo y decidí colgar mi currículum en algunas compañías editoriales y otros lugares. Esme me avisó que no podrían venir a cenar, así que decidí dormirme temprano, o mejor dicho, en eso estaba cuando el timbre me sobresaltó.

Eran pasadas las 20 horas cuando Edward estaba bajo el umbral de la puerta.

Me deslumbró, lo acepto. Lucía muy guapo con esa barba de días y vestido con esa hermosa campera de cuero que me hacía suspirar.

Negué.

Guardé mis locos pensamientos y me centré en su persona.

Era notorio el cansancio en su rostro. De inmediato quise saber la razón, tal vez él había trabajado demasiadas horas o… puede ser que se haya desvelado por irse de fiesta, era libre y estaba en su derecho de hacerlo.

Traté de sonreír ante esa posibilidad. Aunque por dentro quemara, no tenía derecho a intervenir en su vida.

― Te había dicho que no tengo ninguna cita prenatal para estos días ―le recordé.

Edward ignoró mis palabras y adentró inspeccionando todos los rincones, incluso corrió la cortina y miró hacia el jardín que estaba en total oscuridad, me había olvidado comprar un faro para el patio trasero.

Luego de su impulsiva conducta se relajó mirándome y pude darme cuenta que se emocionó al ver mi vientre. Llevó sus manos a los bolsillos de su pantalón y se quedó cerca del ventanal con su cabeza apoyada en la ventana.

Cerré la puerta y me recargué en ella. Ninguno de los dos dio un paso. Tal parecía que en realidad ambos necesitábamos una distancia del otro.

― Me disculpo por cómo te traté la última vez en el loft ―verbalizó con seriedad―. Acepto que me llené de rabia contra ti, me sentí superado, Isabella.

Moví mi cabeza, aceptando sus disculpas.

― Yo también te debo disculpas por ocultar que… Tanya y yo ―fruncí mis labios sin terminar la oración―. Estoy muy arrepentida por no haberte dicho desde un principio la relación sanguínea que nos une. Considero que lo mejor para nosotros es llevar la fiesta en paz por el bien de Christopher. Porque al final de cuentas será lo único que nos una.

― ¿Qué quieres decir? ―preguntó con evidente preocupación.

― Soy muy consciente que por mi impulsiva forma de ser te has cansado de mí. Sin embargo, puedo decirte que así soy ―di un paso al frente― tal vez la persona menos ecuánime, acostumbrada a tratar como me traten, respondona, sí, y muchas veces grosera, también. Solo que nunca atacó primero, nunca. Es mi forma de defenderme ―tragué el nudo en mi garganta― siento mucho no ser una mujer que derrocha virtudes, no soy nada de eso, y tampoco acostumbro a poner mi otra mejilla.

Sonreí con tristeza.

― Tú te mereces más que una persona problemática como yo ―proseguí con mi voz entrecortada― mereces a una mujer que vaya más contigo, así como Alice. Por cierto, debieron pasarla muy bien toda la semana, seguro celebrando que estabas soltero.

Su rostro se tensó. Dio algunos pasos hacia mí y retrocedió quedándose frente al ventanal.

― No pude decirte lo del divorcio porque…

― No importa ―le interrumpí―. Me alegro que estés libre y puedas encontrar tu verdadera felicidad, quiero que seas feliz, Edward. En verdad, lo quiero.

― Tú y mi hijo son mi felicidad ―respondió―. Soy un imbécil, lo reconozco, no quiero perderlos. No quiero que me alejes de Christopher ―su voz se apagó.

― Jamás te alejaré de él. Y la prueba está en que te envié las fechas de mis citas prenatales, te envié la dirección de mi casa. No voy a quitarte tu derecho, no sería justo.

Edward se acercó y me rodeó con sus brazos besando el tope de mi cabeza. No pude responderle de la misma manera, dejé mis brazos a los lados mientras mantenía mi postura firme. Me dolía, ¡claro que me dolía no responder! En cambio, sabía que era lo mejor. Me aferré tanto a él, que no medí las consecuencias y lo seduje, me metí en su cama, en su vida, sin darle opción de elegir. Esa insípida mujer tenía razón. Edward nunca ha tenido oportunidad de elegir porque Tanya lo manipuló a tal grado que él se conformó y yo había hecho lo mismo. Había seguido el mismo patrón y no era justo ni para él ni para mí.

— Isabella —susurró, sin dejar de abrazarme— Te amo con toda mi alma, lo juro.

Apreté mis párpados.

— Yo también te amo, Edward —murmuré casi sin voz— el cariño no puede desvanecerse de un día a otro, es imposible. No obstante, soy consciente que debemos seguir, por nuestro bien y el de nuestro hijo.

Edward se alejó. Limpió sus lágrimas con brusquedad y volvió a llevar sus manos a los bolsillos.

— Lo siento mucho, Isabella —se disculpó— por favor perdóname.

— Está bien. Todo está bien —pronuncié quitando culpas.

Edward se acercó y sujetó mis brazos.

— Te quiero conmigo. Los quiero conmigo —corrigió, volviendo a abrazarme—. Fui un imbécil, lo siento —su agarre fue más fuerte— vuelve conmigo, vamos a casa. No tienes nada que hacer aquí.

— No voy a volver.

— Por favor, Isabella Marie, no puedes hacerme esto. Cometí un error, admito que me ganó la rabia, te lo he dicho. Pero no puedes alejarme de ustedes.

Traté de alejarme, sin embargo solo conseguí su agarre más fuerte alrededor de mí.

— Edward —llamé su nombre entre quejidos, su agarre dolía— me estás lastimando.

Me liberó de sus brazos pero no soltó mis manos.

Me rompió el corazón ver su rostro bañado en lágrimas, no quería verlo así. Me solté de sus manos con la intención de acunar su rostro, solo que él intentó arrodillarse.

— Edward no —le impedí que se pusiera de rodillas— no es necesario.

— Si es la única forma de que me perdones —meditó— entonces, lo haré.

Lo hice mirarme. Dejando su rostro a escasos centímetros del mío, quiso besarme, y tuve que alejarme de nuevo.

— Entiéndelo, Edward. Nosotros terminamos, no hay más que decir.

Dio media vuelta dejando un puñetazo en la pared, me estremecí y también comprendí que no me acercaría.

— No me gusta este lugar —murmuró con voz ronca— puedo pagar algo mucho mejor para ustedes. Una mejor casa con ubicación exclusiva.

— A mí me gusta —alcé mis hombros—, ya hice contrato por un año.

Se volvió a mí con una mueca de tristeza.

— Lo que has hecho es muy cruel. No podré verte seguido, tendré que cruzar la mitad del país para estar con mi hijo, no es justo, Isabella. —Frotó su rostro limpiando sus lágrimas—. No debiste irte del loft, no era necesario.

— ¡Fuiste tú quien me dejó! —vociferé, mirándole—. Tú fuiste quien me hizo reflexionar que nuestros caminos iban en direcciones opuestas. Y yo fui una grandísima estúpida porque esperé por ti una semana. ¡Una semana, Edward! ¿Crees que fue justo para mí?

Caminó a zancadas hacia la puerta deteniéndose frente a mí.

— Perdóname, por favor, perdóname —sostuvo mi mano.

— Ya lo hice. Pero no puedo quedarme al lado de un hombre que se cansará de mí a los meses o días, no puedo —negué.

— No voy a perderlos —aseguró— yo te amo, Isabella. Te lo demostraré.

Fruncí mis cejas sin comprender del todo a que se refería.

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Entendí a la perfección las palabras de Edward conforme pasaron los días y se volvieron semanas y después meses, ya que siempre recibía algún detalle por parte de él. No obstante; las flores, chocolates, peluches y un sin fin de joyas, incluso ropa, no fueron suficientes para competir contra mi amor propio.

Una vez leí por ahí que no debe darte miedo soltar a quien te soltó antes. Apliqué bien la frase y seguí adelante; conseguí un nuevo empleo en la escuela secundaria que me permitía vivir al día. Empecé a hacer nuevos compañeros de trabajo, pero sin olvidar a mis mejores amigos que eran Angela y Eric, ellos continuaron visitando mi casa dos veces al mes. Mientras Esme y Carlisle seguían viniendo a cenar conmigo tres veces por semana. ¿Y Edward?, él hizo lo posible por estar en cada cita prenatal, falló solo una vez a causa de trabajo. También compró algunos muebles nuevos para renovar los viejos que tenía, puso una nueva bombilla en la parte trasera de la casa y varias veces fuimos a cenar como dos viejos amigos.

Nuestra nueva amistad no pasaba de los límites. Hablábamos de nuestro Christopher, trabajos y amigos. Aunque últimamente lo había notado feliz y varias veces tuve la intención de preguntar a qué se debía. Sin embargo, prefería no saber.

Así fue que el día del parto llegó dos semanas antes haciéndome sentir más sola que nunca; Esme y Carlisle no estaban en la ciudad. Angela y Eric venían en camino y Edward no había respondido mi llamada.

Sentada en la bañera de dilatación.

Pujé.

Cerré mis ojos fuertemente acallando un quejido doloroso que casi escapaba de mis labios.

Respiré acompasado y exhalé lento tratando de soportar la dolorosa contracción que amenazaba con dejarme sin aliento. Se habían vuelto continuas y más prolongadas conforme avanzaban los minutos. Según me habían dicho que después de diez horas con intensos dolores, al fin mi hijo estaba por nacer, que ya se miraba su cabeza dejando ver esa mata de pelo cobrizo que poseía.

Negué.

Descanse mi dolorida espalda en la pared de la bañera y volví a exhalar por mi boca.

La chica enfermera de nombre Sophia frotó mi mano brindando apoyo moral. Ella me sonrió de forma maternal y me asintió.

— Lo estás haciendo bien, mamá —alabó—. Christopher está por nacer. Resiste otro poco...

Moví mi cabeza sin pronunciar palabra. Apenas pude entreabrir mis ojos mirando el agua turbia que había en la bañera donde estaba. Ella y la otra enfermera separaron mis piernas que seguían flexionadas.

— Tres, dos, uno… hazlo.

Pujé de nuevo soportando mi respiración. Lo hice con toda mi fuerza dejando mi alma desnuda al ver que expulsaba de mi cuerpo un pequeño ser.

Era mío.

Mi Christopher que lloraba lleno de angustia.

Mis ojos se aguaron.

Entonces, me rompí en pedazos sintiendo mis lágrimas ser libres al igual que mis temores, sollocé por primera vez desde hace años al sentir a mi hijo calentando mi pecho.

Lo abracé con todo mi amor y lloré.

Lloré de dicha y felicidad porque no estaba más sola, lo tenía a él.

Me estremecí al sentir unos brazos rodearme, besó mi cabeza y puso su mentón sobre mi hombro derecho.

— Cariño —murmuró dejándome sentir su hálito caliente en mi mejilla—siento tanto llegar tarde, mi vuelo se retrasó y…

Negué, mientras mis lágrimas seguían cayendo. No podía dejar de sollozar.

— Llora, Isabella —susurró, besando mi mejilla— llora de felicidad, porque nuestro hijo está con nosotros. Somos una familia.


Aviso: A quienes leen PAPÁ QUIERE HUIR el capítulo será publicado el domingo. Ahora ese será el día de actualización.


Espero que haya sido de su agrado el capítulo de hoy. Ojala se animen y me dejen sus opiniones respecto al capítulo.

Agradezco sus favoritos, follows y reviews que me dejan.

Hay adelantos los martes en el grupo de Élite Fanfiction y quienes quieran unirse a mi grupo en mi perfil está el enlace.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial. (Guest): te agradezco tu análisis profundo para capítulo y en general para la historia, creo es la primera vez que me dejan un comenario como el tuyo. Y solo puedo darte la razón. Lily: gracias. cocoa blizzard: thank you. LittlePieceOfMyMind: él solo se sintió rebasado. Dulce Carolina: gracias. Smedina: creo que la subestimo demasiado. Car Cullen Stewart Pattinson: él no midió consecuencias. Lupita Pattinson Cullen: si, lo bueno es que siguió adelante. Cinti77: exacto, Edward reaccionó demasiado tarde. ALBANIDIA: gracias. PaolaValencia: lamento no poder actualizar como ustedes quisieran. Diannita Robles: pobre Edward, quizá no pensó en las consecuencias. Cassandra Cantú: bueno, cometió un error, veremos cómo sigue todo. Elizabeth Marie Cullen: fue un cretino sí. Lore562: lo fue, si. Raque: lo malo es que no pensó en las consecuencias. Jane Bells: bastante tensión, ya leímos que buscó el perdón lo encontró pero Bella ya había tomado una decisión. Vivi19: cierto, ellos comenzaron por una pasión y su relación entró en un declive. Tarde o temprano llegarían a esto, abrazos. Patty: tienes razón. Flor Mcarty: Creo que ambos escucharon a Alice. Kony Greene: lo resolverán, por lo pronto cada uno seguirá en su camino. Jade HSos: gracia a ti. dana masen cullen: ahora le tocó pagar su mala decisión, pobre, siento pena por él. (Guest): concuerdo contigo. joabruno: ahora le tocará a él rogar por ella. ClaryFlynn98: nadie siente pena por él? Estefanía Rivera: yo también lo amo, pero tomó una mala decisión y Bella siguió su vida. Daniela: veremos como le va a él. Antonella Masen: si, en verdad si, Maribel 1925: se pasó de inocente él. Lili Cullen-Swan: tienes razón y sufrirá no te preocupes. Torrespera172: Emmett fue la voz de la conciencia de Edward, gracias totales por siempre leer, abrazos. mrs puff: gracias. Peerla Ángeles: se pasó de ingenuo. Lizdayanna: y la buscó, mas Bella ya no quiso volver. arrobale: exacto y ahora le tocó un adiós. Daniela23: muchas gracias por leer y seguir mis historias. (Guest): Emmett fue la voz de su conciencia. Pepita GY: lo sé, espero no lastimar mucho tus sentimientos, besos. Santa Ramírez: gracias a ti por seguir la historia. Jenni317: Edward se equivocó, sí. Isis Janet: paciencia, tenme paciencia, y respondiendo a tu pregunta: Bella ya no aceptó volver con él. Andrea: era un viaje de trabajo, no obstante si estuvo divirtiéndose de lo lindo mientras Bella lo esperaba. Lidia: yo también lo entiendo. magic love ice 123: ella regresó a Seattle y vive sola. Cinthyavillalobo: el pobre está pagando con creces su abandono, bueno, eso de creces no lo sabemos. rociolujan: oh, yo si no quería que pasara, pero fallé.

¡Gracias totales por leer!