Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Peligrosamente, tú
.
Estaba convencido de que esta era mi nueva fragancia favorita.
Inspiré suavemente llenando mi sistema de el olor más exquisito conocido nunca. Mi hijo.
Envuelto en una frazada color blanco lo acurruqué en mis brazos y me incliné para dejar un corto beso en su frente. No se movió, tan solo continuó durmiendo placenteramente. Era tan pequeño y frágil.
Muy despacio tomé lugar en el sillón junto a la camilla de Isabella Marie. Volteé a su lado constatando que mis ruidos no la habían despertado. De hecho estaba dormida; mantenía su semblante cansado, su rostro estaba ladeado hacia mi lado dejándome apreciar sus labios entreabiertos. Era hermosa, así, recién estrenada de mamá.
Sentí una punzada en mi pecho al recordar que ya no era mía. Que cada día que pasaba las circunstancias nos alejaban del otro.
Reconocía que había sido un cretino con ella. No medí mis actos y decidí poner distancia por algunos días, sin embargo, nunca imaginé la reacción que generaría esa tonta decisión. Isabella se fue, determinó poner tierra de por medio, logrando que un gran hueco se abriera en nuestra relación.
Ahora lo nuestro parecía pender de un hilo. Por más que yo hubiese intentado rescatar una pizca de compasión hacia mí, solo logré fomentar una débil amistad que no lograba ser suficiente.
No importaba cuánto me esforzara por volver a conquistarla. Ella había dejado en claro que solo seríamos los padres de Christopher y nada más.
Entonces, medité la reticencia de Isabella por largo tiempo llevándome a una decisión. Bien podría mudar mi residencia a esta ciudad, buscar una casa no sería un problema difícil si quería estar cerca de mi hijo. La sola idea me tenía de mejor ánimo y manteniendo siempre una sonrisa.
Isabella se aclaró la garganta; parpadeó varias veces hasta acostumbrarse a la luz. Frotó sus ojos para después presionar el botón de la camilla hasta acomodar la mullida colchoneta, al modo que necesitaba su cuerpo, casi sentada.
― Buenos días, ¿cómo te sientes? ―quise saber cómo había pasado la noche. Ella se miraba perfecta, sin embargo me sentía preocupado por su salud física. Las parteras se habían acercado a mí en cuanto llegué para decirme que estaba completamente exhausta y necesitaba mucho reposo. No fue extraño verla dormir por diez horas seguidas.
― Mucho mejor ―sonrió ampliamente al ver a Christopher en mis brazos―. ¿Cómo se ha portado mi bebé?
Sonreí, sintiendo mi pecho calentarse al solo nombrar la palabra.
Miré a nuestro hijo; mantenía un suave puchero en sus labios, parecía que en cualquier rato iba a soltar el llanto, pero no. En el transcurso de la shorts Christopher se había portado como un bebé tranquilo y relajado, manteniendo su paz. Su bello y perfecto rostro color rosa seguía completamente sereno, perdido en los sueños.
― Es muy bueno ―presumí― ha dormido mucho.
Asintió para sí misma. Y cuando el silencio nos abordó no fue incómodo sino conciliador y necesario para nosotros.
― Lamento no haber llegado antes ―volví a disculparme. Odié el hecho que no pude estar junto a ella desde el principio del parto, nunca había detestado los nuevos protocolos de vuelo como lo hice anoche.
― Dejemos ese tema ―pidió, extendiendo sus brazos para reclamar a nuestro bebé con ella.
Me incorporé con suavidad llevándolo a sus brazos, viéndola suspirar antes de envolver el diminuto bulto en su pecho. Lo arrulló con tanta ternura y besó varias veces la carita de Christopher mientras frotaba su nariz con la de él siempre manteniendo una sonrisa.
Era la primera vez que el semblante de Isabella Marie transmitía paz interior.
Sabía que había derrumbado la coraza que mantenía con ella desde que era una niña. Tal vez, nunca llegaría a ser una mujer sumisa y abnegada, en el fondo me alegra porque no lo fuera. Sin embargo, sentía su sosiego… su calma.
Isabella había encontrado el bálsamo en su vida.
― Es tan hermoso ―susurró, recorriendo con la punta de su dedo las mejillas de Christopher. No le quitaba su vista de encima, quizá seguía sin creer que era madre, que ese bebé en sus brazos era nuestro―. Es perfecto.
― Lo es ―admití sonriendo. Hice una inspiración profunda y me senté en el borde de la camilla, mirándola―. ¿Qué pasará con nosotros?
Levantó su rostro frunciendo sus cejas. No lucía molesta, sino curiosa.
― Nosotros somos los padres de Christopher ―respondió― nuestro deber es hacerlo feliz y protegerlo. Encargarnos de sus necesidades y hacerlo un hombre de bien. ―Dudó, mordisqueando su labio― no importa si no estamos juntos, siempre seremos sus padres.
Exhalé.
Después de tres meses separados. Me estaba muriendo por ella, quería volver a donde nos quedamos esa estúpida tarde. Estrecharla entre mis brazos y decirle que no importaba su silencio sobre su parentesco con Tanya, no importaba su forma tan impulsiva de ser porque así la amaba con toda mi alma y la quería una vida entera junto a mí. No obstante, también quería decirle que respetaría su decisión, le daría su tiempo y dejaría que cada pieza se acomodara en su lugar. Ahora mismo mi cabeza era un tumulto de sentimientos mal equilibrados. En cambio en algo estaba más que convencido y era mi amor por ella.
Con suaves sonidos tocaron la puerta de la habitación. Eran sus amigos que venían a estar con ella y eso me dejaba tranquilo. Isabella ya nos estaba más sola.
Angela entró casi a hurtadillas, me saludó de forma cordial al igual que Eric. Ellos se dirigieron a Isabella y estuvieron emocionados al tener entre sus brazos a mi hijo. Me hice a un lado y decidí sólo estar en mi móvil cancelando algunas juntas y mandando textos a Emmett con imágenes de mi hijo, me sentía exultante de felicidad y quería hacerlo. Fue entonces que un tipo musculoso entró en la habitación con varios ramos de rosas rojas, estrechó a Isabella con mucha confianza y le entregó las flores.
Ella lo presentó con sus amigos y después se dirigió a mí.
― Edward, él es Jacob. Jake, él es el papá de Christopher ―nos presentó.
El tipo sólo me observó de arriba abajo dándome un apretón de mano, no pasé desapercibido que había llevado su brazo a los hombros de Isabella, estrechandola cerca de él.
Como todo macho alfa estreché mi dura mirada a él. Advirtiendo que no cruzara la línea con mi mujer.
Odié la manera en que hablaba con ella. Como si fuesen los grandes amigos y su camaradería llevara años, al menos estaba conforme en que su conversación haya sido referente al trabajo. Un profesor de educación física es una profesión chocante para alguien consumiendo esteroides como él.
No dije nada cuando se despidieron y nos dejaron solos de nuevo.
Pasamos la tarde-noche hablando sobre los cuidados de nuestro hijo. Y así, sin darnos cuenta nuestras únicas conversaciones se entornaron sobre Christopher. Juntos aprendimos a cambiar un pañal en tiempo récord antes de que decidiera orinarse sobre nosotros. Empezamos a turnar nuestros horarios de sueño para estar al pendiente de sus necesidades. Casi rompemos en llanto una noche al verlo llorar y no saber cómo calmar sus lloros, hasta que decidimos llevarlo a emergencia y solo tenía gases. Su primer baño fue un tanto abrumador porque nuestras torpes manos no tenían los movimientos gráciles que su pequeño cuerpo necesitaba.
En cambio a todo eso que seguíamos aprendiendo, descubrimos que Christopher amaba la música, el sonido de la guitarra al dormir le daba tranquilidad.
… "Y es que te amo
Es que tú eres lo mejor que tengo
Eres para mí un milagro
Un regalo que llegó del cielo".
― Creo que le gusta ―comentó Isabella señalando a nuestro bebé que seguía en sus brazos. Dejé de tocar la guitarra y la escuché con atención, ella sonrió―. Le gusta cuando tocas la guitarra, mira, le ayudó a dormir rápido.
Fijé mi atención en mi hijo de una semana de nacido. Christopher había ganado peso y se había estirado más, aunque yo lo seguía viendo bastante pequeño. Tenía sus brazos echados hacia arriba con sus manos en puños, sus labios rosados formaban una hermosa sonrisa de felicidad mientras dormía de forma despreocupada.
― No puedo creer que se haya dormido ―admití sorprendido, dejando la guitarra apoyada de la cuna.
Ahora la habitación de nuestro hijo era nuestro lugar favorito, cada mañana y noche siempre nos reunimos ahí. Era como ingresar en una burbuja cargada de paz, exclusiva para nosotros tres, estar ahí era no necesitar nada más… que estar juntos.
Habíamos tenido la suficiente paciencia para poder detallar cada pared en esos tonos grises y blancos, la suficiente astucia para elegir los adornos en las paredes y el suficiente buen gusto para buscar el juego de cuna ideal y los sofás más cómodos en los colores precisos que combinarán con la habitación.
Eligiendo que el nombre de nuestro hijo lucirá espectacular frente a su cuna. Tal vez no era la decoración más ostentosa, pero fue hecha con amor para él.
― ¿Qué cantabas? ―Isabella preguntó curiosa― se escuchaba bien.
Mesé mi pelo y sonreí torcidamente.
― He compuesto muchas canciones en el transcurso de mi vida ―comenté, sin dejar de observar sus hermosos ojos chocolate― pero es la primera vez que compongo para el amor más puro que puede tener un hombre hacia un hijo. Es una canción para Christopher.
Ella sonrió complacida.
― Te das cuenta cómo nuestras vidas se volcaron hacia él ―expuso―. Christopher llegó a dar paz y sentido a todo ―suspiró, sin dejar de arrullarlo― es lo más hermoso que tengo, no imagino mi vida sin él.
Sonreí, aproximando mi cuerpo hacia la mecedora; mi dedo se deslizó por la suave mejilla de mi hijo. Era perfecto.
― No puedo estar más de acuerdo ―concordé.
Seguí deslizando la punta de mi dedo por el rostro de mi hijo, de forma lenta y cariñosa hasta posar mis dedos sobre la mano de Isabella. Levantó su vista y sonrió.
No teníamos idea de qué pasaría con nosotros, en cambio estábamos seguros que ambos daríamos el todo por él. Por Christopher.
Nuestros ojos continuaron mirándose en una promesa silenciosa. Así lo hicieron por largos minutos hasta que el timbre nos interrumpió, rompiéndose así nuestra burbuja.
Salí de la habitación y bajé cada escalón de dos en dos, caminé deprisa hasta llegar al pequeño recibidor donde abrí la puerta. Me detuve de esta al ver a Esme y Carlisle bajo el umbral.
Eran ellos. Con varios años más, pero lo eran. Ella me sonrió con ternura; dio algunos pasos hacia mí alargando su mano y tocando mi rostro. Me sentí extraño. Era la primera vez que coincidíamos después de tantos años.
Su rostro ya pintaba algunas señales de envejecimiento, aunque seguía transmitiendo tanto amor como cuando la conocí.
― Edward ―su voz se entrecortó mientras seguía tocando mi rostro como una verdadera madre que ha vuelto a ver a su hijo perdido― estás aquí, has vuelto.
Le sonreí con sinceridad y la envolví en mis brazos.
Me sentí bien al tenerla así. Ella era cálida y maternal.
Carlisle también me dio un efusivo abrazo. Con unas palmadas en mi espalda me felicitó por mi hijo.
Asentí y con un apretón de manos les di las gracias por cuidar a Isabella mientras yo no podía estar siempre junto a ella.
Fue después de que vieron a mi hijo y terminamos de cenar que Carlisle se acercó conmigo al quedarnos solos en la sala de estar.
― ¿Te quedarás en Seattle? ―preguntó mientras daba un sorbo a su taza de café.
― Sí, está en mis planes ―confíe, eché una mirada rápida a las escaleras comprobando que nadie viniera y asentí―. Compré esta casa para mi hijo, solo que Isabella no lo sabe.
Parpadeó.
― ¿Compraste la casa?
Su incredulidad me hizo sonreír. Cuántas cosas desconocían de mí.
― Fue un trato algo complicado ya que los dueños se negaban a vender. Al fin lo hicieron luego de doblar la cantidad.
Limpió la comisura de sus labios con la servilleta y negó, su semblante seguía consternado.
Enarcó sus cejas sin dejar de mirarme.
― Desconocía que tenías dinero ―murmuró.
― Soy compositor musical y también tengo una casa productora.
Movió su cabeza en un asentimiento.
― Enhorabuena, Edward ―sonrió― lo mereces. En realidad no tenía idea que aquel niño que se la pasaba cantando había cumplido su sueño.
― Lo hice.
― ¿Cuándo se lo piensas decir a Bella?
Suspiré.
― Me tomaré un tiempo, quiero buscar un arquitecto y que haga todos los cambios que ella quiera hacer. Quizá necesita ser ampliada o rediseñada. Quiero que Isabella se haga cargo por completo de su casa.
― Es bueno tenerlos de regreso ―reveló con una sonrisa―. Por qué te piensas quedar, ¿verdad?
Sin estar seguro qué responder me quedé en silencio. Quería quedarme por mi hijo y por Isabella, sin embargo, existía un gran dilema que era tratar de compaginar mi paternidad y trabajo en ciudades diferentes.
.
.
La primera separación fue dolorosa. Un mes después del nacimiento de Christopher tuve que volver por compromisos laborales a Miami, y aunque la tecnología resolvía el hecho de ver a mi hijo y poderle cantar mediante una pantalla móvil, no era suficiente.
Así fue que el tiempo siguió su curso y Christopher se iba acostumbrando a nosotros y nosotros lo amábamos cada vez más. No podía dejar de cantarle cada noche para que él pudiera conciliar el sueño, no importaba dónde estuviera, era mi deber cantarle y hacerlo feliz.
Como padres habíamos hecho un buen trabajo por estos seis meses, éramos una buena mancuerna. Y me sentía exultante porque a pesar de ser padres primerizos, hacíamos lo mejor que podíamos, quizá no excelentes, pero sí bien. Entonces, después de todo este tiempo, ¿qué ocurrió con nosotros? Isabella continuaba trabajando y había aceptado la casa sin protestar. Nuestra relación afectiva seguía en donde mismo, pero ahora la palabra era "amigos", seguían los puntos suspensivos entre nosotros y era casi un hecho que entre más se acercaba Jacob Black el punto final parecía llegar.
Ellos habían estrechado una amistad que yo no comprendía.
Sacudí mi cabeza. Decidido a no pensar más.
Ofuscado cerré la portátil de golpe. Llevaba tres semanas en Miami y ya me estaba cansando estar lejos de ellos.
La mirada de Emmett estaba posada en mi desde que entré al estudio de grabación. Traté de ignorarlo poniéndome los audífonos y centrando mi atención en la ecualización de la música; subí y bajé varios botones de la consola.
Pero Emmett estaba en su papel de consejero matrimonial. Se quitó sus audífonos recargando su espalda en la silla y me siguió observando con una mueca.
― Suéltalo de una vez ―agité mi mano para que hablara.
Lo oí exhalar ruidosamente. Fue entonces que me quité los audífonos y me centré en su persona.
― ¿Qué te tiene tan de mal humor? ―preguntó.
Mesé mi pelo, con mi vista clavada en ningún punto en particular.
― Me revienta que Isabella Marie esté saliendo con ese tipo.
Listo. Lo había dicho. Odiaba a sobremanera al supuesto amigo de la madre de mi hijo. Un tipo pedante, sin gracia alguna y con esteroides anabolizantes en su cuerpo. Ese era Jacob Black.
― No veo la causa de tu molestia ―dijo, restándole interés― ustedes terminaron hace tiempo, cada uno siguió con su vida. Lo único en común es Christopher. Es normal que ella rehaga su vida, tú lo hiciste.
― ¡Yo no estoy con nadie! No he tenido ninguna relación desde que Isabella y yo terminamos ―rebatí ofendido.
Emmett sonrió, negando.
― Bueno, quizá Bella decidió darse una oportunidad ―alzó sus hombros― está bien, ¿no? Ella merece ser feliz.
Resoplé. Reconocía que estaba celoso de Jacob Black.
Me incorporé de golpe logrando que la silla cayera de espalda contra el piso. Me negaba a perderla y seis meses habían sido suficiente para meditar lo que ambos sentíamos.
La amaba. No había duda, pero ella, ¿seguía queriéndome?
Necesitaba una respuesta.
La estrofa de la canción es autoría del maestro Luis Padilla*
¡Hola! Soy honesta y les diré que el tiempo me ganó; terminé subiendo un capítulo sin terminar que no había planeado. Realmente no quise hacerlas esperar y esta fue mi decisión para hacerlo. Esepro con mi corazón sea de su agrado y me puedan dar sus opiniones.
Agradezco sinceramente sus favoritos, follows y reviews que me dejan.
Adelantos los martes en el grupo de Élite Fanfiction. Para ver imágenes alusivas a los capítulos pueden unirse a mi grupo, en mi perfil está el enlace.
A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: (Guest): gracias por tu análisis, me sorprende de verás que puedas extenderte demasiado y lo agradezco. dana masen cullen: igual yo sentí feo. Celina fic: muchas gracias a ti por la oportunidad. cocoa blizzard: thank. Flor Mcarty: muchas gracias. Cassandra Cantu: gracias. Patty: gracias. LittlePieceOfMyMind: muchas gracias. Lore562: gracias. Smedina: Bella sigue firme como tu dices sí. Adriu:Oh, siento hacerte llorar, saludos. Car Cullen Stewart Pattinson: y no lo dio, ella ya empezó a hacer su vida en Seattle. Daniela: no él no tiene novia. Jane Bells: sufrió pero siguió adelante. Estefanía Rivera: no sé qué pienses ahora. Dulce Carolina: gracias. Jade HSos: gracias a ti. Lily: gracias. ClaryFlynn98: oh, te agradezco inmensamente. (Guest): gracias. Gigi: por supuesto, son ambos los culpables. (Guest): muchas gracias. PaolaValencia: oh, siento hacerte sentir mal. Diannita Robles: muchas gracias. Lupita Pattinson Cullen: ahora ambos han hecho su mejor papel de padres. Cinti77: pues ya le compró la casa, quizá él también quiere vivir ahí. Vivi19: por lo pronto están enfocados en su papel de padres, saludos. Santa Ramirez: estaba feliz porque planeaba comprar la casa para ellos. ALBANIDIA: muchas gracias. mrs puff: gracias. Antonella Masen: muchas gracias. Maribel 1925: porque él tenía planeado comprar una casa. Lili Cullen-Swan: me costó mucho narrar esa parte, saludos. joabruno: pobre, ahora sí siento feo con él. Lidia: muchas gracias. Torrespera172: ambos siguen en su mejor papel de padres, saludos Perita. arrobale: él quiere recuperarla. Kony Greene: oh, siento hacerlas sentir mal. Daniela23: agradezco que te guste, saludos. Andrea: qué piensas ahora? Isis Janet: Edward estaba sí, saludos. Pepita GY: te adoro. Lizdayanna: pues tan hecho de todo por ser papás y llevarse bien, pero su relación amorosa no está funcionando. Cinthyavillalobo: lo merecen claro que sí. rociolujan: qué te pareció?
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