Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Peligrosamente, tú
.
— Christopher ahora duerme, Bella —me explicó Sue tras la línea telefónica. Ella era la nana de mi bebé; una señora de edad mediana, servicial y muy capaz para cuidar a mi pequeño de seis meses—. Edward también habló y me dijo que llegaba por la noche.
Sonreí esperanzadora. Le echaba de menos y saber qué estaba por verlo hacia mí corazón latir como loco dentro de mi pecho.
Apreté los labios y asentí sin dejar de sonreír.
— Muchas gracias, Sue. Por favor, no olvides avisarme cualquier cosa que ocurra con Christopher.
Finalicé la llamada. Me concentré en la llovizna ligera que caía desde hace horas sobre la ciudad, las gotas recorrían los cristales haciéndome meditar.
Edward y yo estamos en un punto donde habíamos descubierto que funcionamos como padres ¿y...? Ese era el punto de inflexión en nuestras vidas. La llegada de Christopher lo vino a cambiar todo, sin embargo, nos había hecho dejar nuestros sentimientos de lado. Pero, no por ello le amaba menos, sino todo lo contrario, estaba totalmente enamorada de él.
Desde luego que estaba convencida que también lo estaba él de mí. Las miradas no mienten. Edward seguía mirándome con tanto amor y orgullo. Y luego estaban todos sus detalles hacía a nuestro hijo y también a mí. La importancia para él de que nosotros estemos bien, nos cuidaba mucho y nos procuraba, él realmente lo hacía.
— Hola, Bella.
Saludó Jacob haciéndome parpadear para salir de mis pensamientos.
Lo miré dubitativa al darme cuenta que rascaba su nuca viéndose indeciso. Un joven profesor de educación física, despreocupado por la vida y viviendo aún con sus padres ¿qué le podría mortificar hoy?
— ¿Qué ocurre con…?
Mi pregunta se quedó atascada en mi garganta al verlo acercarse a mí. En un movimiento rápido e inesperado sus labios querían adueñarse de los míos, sin pensarlo lo empujé con mis brazos y llena de rabia respondí con un puñetazo en su cara.
Había estrellado mi puño en la mejilla de Jacob.
Lo había hecho porque intentó besarme a la fuerza.
Abrí y cerré mis dedos soportando el calor que irradiaba mis articulaciones. La maldita mano dolía.
Lo vi frotarse la mejilla con su mano izquierda, inclinó su rostro evadiendo mi mirada y se acercó a mí de dos zancadas.
— ¡No te pases de listo! —Advertí, señalando con mi índice para que no se acercara—. El que seas agradable no implica nada, igual soy capaz de romperte la boca si te metes conmigo.
Él levantó sus palmas en señal de rendición.
— Lo siento —me dijo— por favor, discúlpame. Yo… —sacudió la cabeza— solo quería intentarlo una vez… yo nunca he besado a una chica —apretó sus labios.
Me paralicé. Cerré mi boca y tragué saliva.
¿De qué demonios hablaba? Jacob tenía 24 años, era un chico medianamente guapo, con un cuerpo trabajado. Él podría tener a todas las féminas que quisiera a sus pies. Lo había presumido más de una vez, ¿no?
Tal vez se dio cuenta de mi cara de estupefacción porque se acercó y sujetó mis manos, frotando con ternura mis nudillos magullados.
— Lo lamento —volvió a disculparse mientras sus ojos oscuros estaban fijos en los míos. Podía intuir la sinceridad en su rostro y lo avergonzado que se sentía—. Eres mi primera amiga verdadera y no quisiera perder tu amistad.
— Entonces, no vuelvas a acercarte a mí —exigí—. Porque yo no soy ningún experimento —mis palabras salieron sin pensar.
Jacob bajó su rostro y asintió.
Sabía que mis palabras lo habían herido, sin embargo, era más mi coraje por haberse querido propasar que ni siquiera podía pensar en él.
Escuché la puerta de cristal abrirse; empujé a Jacob lejos de mí. Necesitaba distancia entre nosotros porque estaba invadiendo mi espacio y no lo podía permitir, miré al profesor de biología entrar y sonreímos con una risa cómplice, luego de eso se acomodó en la silla frente a la mesa de escritorio y empezó a trabajar en sus anotaciones en una de sus libretas, nos saludó con otra sonrisa y volvió a la suyo.
Era incómodo estar hablando en la sala de juntas de profesores.
Jacob sostuvo mi rostro.
— Lo siento, por favor, perdóname.
Mis ojos estaban estrechos, mirándolo fijo. Quité sus manos de mí y volví a exigir distancia.
— No me toques.
Respiró y exhaló hondo.
— Mis padres quieren conocer a mi novia —murmuró tan bajo que apenas escuché. Tragó mientras miraba de soslayo hacia donde estaba el profesor en lo suyo—. Les he mentido a mis padres diciéndoles que he tenido montones de novias cuando no es así. Mi última mentira fue decirles que estaba saliendo contigo y ellos están muy interesados en conocerte.
Cerré mi boca. No sabía en qué momento la había dejado abierta.
— Solo ayúdame —pidió—, te prometo no propasarme.
Sacudí mi cabeza. Estaba conmocionada con lo que escuchaba.
— Es solo un tiempo —continuó, seguía hablando tan bajo— mientras mis padres se calman con su emoción. Les he dicho que tienes un niño y que nos hemos enamorado.
Negué.
— Por favor, Bella —insistió— es solo un favor. Es mas, ¿cuánto me cobras?
Enarqué mis cejas.
— No te ofendas —levantó sus palmas— me refiero a cuanto me cobras por la mentira.
— ¿Eres homosexual?
Jacob dio media vuelta tocando su cabeza, caminó de un lado a otro, desesperado por mi pregunta o incómodo, no sabía con exactitud.
Se posó frente a mí e inclinó la cabeza para ponerse a mi altura.
— El que nunca haya tenido novia no significa que lo sea —explicó molesto—, solo es un estúpido favor, solo eso.
— Yo no me presto a engañar a tus padres —reñí— y tampoco hago esa clase de favores.
Dio media vuelta saliendo de la oficina completamente furioso.
Demonios.
.
Al llegar a casa lo primero que hice fue cargar a mi hijo en brazos. Lo sostuve conmigo y lo anclé en mi cadera, escuchando sus alegres balbuceos.
No sabía si Christopher se estaba poniendo muy grande o yo era muy pequeña.
No importaba, yo estaba feliz de tenerlo conmigo y aprovechar cada tiempo libre con mi bebé. Era tiempo de su merienda, una porción pequeña de sandía era suficiente.
Mi hijo la degustó con esmero mientras los hilos del jugo de sandía escurría por la comisura de su pequeña boca.
El timbre sonó y sin despegarlo de mi cadera abrí la puerta.
Angela sin pensarlo lo arrebató de mis brazos y adentró con mi niño.
Reí al verme envuelta en los brazos de Eric quien me sostuvo a su altura tan solo para dejar un beso en mi mejilla. Cuando me dejó de nuevo con los pies sobre el piso, se fue directo con Christopher quitándole de los brazos a mi mejor amiga.
Angela se acercó abrazándome con fuerza.
La echaba de menos.
— Pero, ¿qué hacen aquí? —pregunté emocionada. Era extraño su visita un día lunes cuando por lo regular llegaban los fines de semana, bueno, al menos procuran hacerlo una vez al mes.
— Queremos contarte una noticia que te hará muy feliz —comentó Ang.
Sus ojos brillaban y su sonrisa era enormemente feliz. Entonces los miré, me di cuenta la mirada tan dulce que Eric le daba y comprendí.
— ¡Oh por Dios! —chillé, abrazándola— los quiero.
Nos balanceamos de un lado y otro mientras seguíamos abrazadas. No podía creerlo, ya había desechado esa posibilidad por únicamente una amistad sincera. Así que no podía estar más feliz por ellos.
— Estoy tan emocionada —susurró Angela en mi oído, alejándose para sujetar mis manos manteniendo su sonrisa en los labios—. Sabíamos que te pondría feliz por nosotros. Es por ello que quisimos hacerlo en persona y venir a contarte cómo empezó.
Me guió al sofá haciéndome sentar en el borde. Ella también se sentó al lado mío y sin soltar mis manos empezó a narrar.
— Tú siempre supiste que ese hombre —señaló a Eric sin quitar su sonrisa— me gustaba. Y aunque en un principio tuve mis dudas, fue nuestra amistad la que nos unió. O mejor dicho, fue una chica castaña y solitaria quien nos robó el corazón porque de algún modo, ambos queríamos cuidar y proteger y, no porque necesitaras ser cuidada, sino porque requería ser acompañada. Acercarnos a ti constituyó que dos corazones un tanto solitarios se unieran.
Me conmovió escucharla.
Ellos llegaron a mi vida y fueron tan pacientes conmigo. No se vencieron a pesar de mi dureza con que a veces los trataba, y aunque me hubiese disculpado muchas veces con ellos, esa parte seguía doliendo en mi interior.
Los quería inmensamente y por ende solo podía querer felicidad para sus vidas.
— Soy inmensamente dichosa por ustedes —aseguré, cruzando mi mirada entre los dos—. Saben bien que solo puedo desear que sean felices y me inviten a la boda —bromeé esto último ganándome un ligero empujón en mi hombro por parte de Angela.
Ella de pronto se puso de pie y fue a su pequeña maleta de viaje, trajo hasta mí una caja cubierta con papel de lunares de colores y un lazo azul.
— Es un pequeño regalo para Chris —me dijo sonriente mientras se encogía de hombros.
— Yo también traje un presente para mi ahijado —intervino Eric. Él seguía con mi hijo en sus brazos.
Rodé los ojos.
— Serán los padrinos más consentidores.
Tiré del delicado lazo removiendo la tapa de la caja; había papel encerado en color azul que envolvía un pequeño conjunto de pantalón en rayas verdes y una camiseta en color rojo, formando un precioso atuendo de sandía.
Agradecí cuando mi amiga puso sobre mi regazo el regalo por parte de Eric. Este solo era una bolsa de papel color celeste, la abrí, descubriendo un curioso peluche en forma de sandía, era algo diferente y muy llamativo para Chistopher que de inmediato alargó sus cortos brazos hacia el peluche.
Eric se acercó y mi hijo apretó el peluche entre sus brazos, completamente extasiado.
— Ya tienes estrenar —me dirigí a mi bebé— ahora que llegué papá lo recibirás siendo una sandía.
Mi hijo rio mostrando sus dos dientecillos y dejando escapar su baba sin tener idea de mis palabras.
— ¿Edward vendrá? —indagó Angela sin ocultar su emoción en la voz.
Puse mis ojos brevemente en blanco y reí ante su cómico interés.
— Sí, estará aquí en la noche.
— ¡Genial! —aplaudió— ustedes pueden salir mientras Eric y yo nos hacemos cargo de Chris.
Mordí mi labio inferior entre mis dientes.
— Bella —mi amiga puso su mano en mi rodilla— es tiempo de que Edward y tú se comporten como adultos —dijo— no sé qué esperan para dar ese paso decisivo en sus vidas. Christopher tiene seis meses, y Edward te ha apoyado en todo momento desde antes del nacimiento, son unos excelentes padres. Pero, necesitan hablar de lo que ocurrirá entre ustedes.
— Edward te ama —prosiguió— sino, no haría esto —miró las hermosas rosas rojas que estaban en la mesa de centro— él no te ha dejado de cortejar.
Suspiré, mirando el hermoso ramo floral. Cada semana tenía un arreglo floral diferente o, igual podía esperar alguna caja de chocolates o algún arreglo frutal que mi hijo y yo podíamos degustar por igual.
En cambio, seguía estando clavada esa pequeña duda en el corazón. Tenía miedo. Un miedo irracional por volver a confiar, temía que mañana dijera que estaba cansado de mí, de intentarlo.
— ¿Y si no funciona? —pregunté en voz alta.
Angela empujó el armazón de sus anteojos por el puente de su nariz, mirándome con ese gesto tierno que solía tener conmigo.
— Funcionará. Estoy segura que funcionará porque ustedes dos derraman miel en sus ojos al verse —me animó.
— Es que no solo son los detalles, Ang —expliqué— es saber llevarnos a pesar de nuestro carácter tan opuestos. Yo lo amo, sí, solo que Edward no puede con mi pésimo humor, así como yo tampoco puedo con sus indecisiones. Muchas veces el amor no es suficiente.
— Estoy de acuerdo —aceptó ella— concuerdo que el amor no sea suficiente, ¿no crees que entonces deben hablar y tratar de mejorar esos puntos en particular? Ambos se deben una charla, háganlo por Chris. Porque si no te has dado cuenta ustedes están obligados a convivir por su hijo de aquí hasta los próximos 18 años.
— Entonces —continuó— aquí solo existen dos opciones; hablan y llegan a un acuerdo o se aguantan y viven siempre con la duda de lo que pudo ser. Tú decides —guiñó su ojo derecho, viéndome con satisfacción al haber metido la duda en mis pensamientos.
Se incorporó yendo con Eric dejó un corto beso en sus labios antes de quitar a mi hijo de los brazos de su chico.
Empezó a vestirlo con el nuevo conjunto de sandía mientras mi bebé seguía balbuceando.
Cuando la tarde comenzó a transcurrir mis nervios se anidaron en la boca de mi estómago viendo el reloj pasar de forma lenta, cada ruido me sobresaltaba imaginando que era Edward. Mis amigos al ver mi ansiedad decidieron ayudarme a controlar mis emociones. Pues Eric preparó una pasta con camarones y me hizo ayudarle mientras Angela seguía cuidando de mi pequeño bebé sandía.
Fue entonces que el timbre sonó y corrí a la puerta con mi pequeño en brazos, se lo había arrebatado a mí amiga. Era la forma de recibir a Edward, siempre le dábamos la bienvenida juntos. Como una pequeña familia.
Mi desilusión fue de inmediato al ver a Jacob tras de la puerta.
— Hola, Bella —saludó Jacob—. ¿Podemos hablar?
— ¿Sobre qué? —inquirí en un tono para nada agradable.
— Sobre lo que pasó esta tarde —musitó—. Quiero decirte la verdad. Hablarlo con alguien.
Fruncí mis labios, indecisa.
— Nunca me había atrevido a pensar que posiblemente soy... —dejó la frase a medias— eso que dijiste.
— Gay —terminé la oración por él.
Asintió tímidamente avergonzado, bajando su rostro y escondiendo su mirada hacia sus botas de montaña.
Era la primera vez que lo veía tan abatido.
Alargué mi mano frotando su antebrazo, dándole ánimo como muchas veces lo hizo conmigo. Admitía que Jacob era un chico alegre, siempre sonriente y disponible para escuchar cualquier conversación que fuera. Lo menos que se merecía era ser escuchado por mí.
— ¿Quieres pasar? —le invité, señalando la estancia. Éste miró por encima de mi hombro, quizá escuchando las risas de mis amigos dentro se mantuvo indeciso—. Podemos conversar en el comedor del jardín trasero —acerté en decir.
Jacob sacudió su cabeza dando un paso atrás.
Llevó sus manos a los bolsillos traseros de su pantalón de mezclilla y elevó su mentón.
— ¿Podemos ir a otro lugar?
— Es que estamos esperando a Edward —respondí, afianzando mi agarre en mi bebé y besando su mejilla.
Jacob jugó con sus dedos bailando sobre el pelo cobrizo de mi hijo. Lo despeinó, logrando que el pelo lacio y dócil de Christopher se desordenara.
— No te preocupes —me dijo— puedo venir otro día.
— Anda, vamos —agarré su mano llevándolo conmigo a la estancia—. Estaré conversando con Jacob —les anuncié a mis amigos— si Edward llega, le dicen que espere.
Angela y Eric después de saludar a Jacob estuvieron de acuerdo en que yo estaría en el jardín.
Cuando nos sentamos en las sillas, dejé a Christopher sobre la mesa; mi hijo empezó a jugar con el peluche de sandía mientras seguía haciendo esos tiernos ruiditos que yo amaba.
— Te escucho —dije.
Jacob apoyó sus codos en la mesa y acunó su cara.
— Probablemente he puesto más atención en el trasero de los chicos que en el tuyo —confesó derrotado. Podía sentir su incomodidad al hablarlo—. No quiero esto, no deseo sentirme atraído por…
— Oye… —sostuve su mano, dándole un apretón— no pasa nada.
Se alejó de mi toque echando su cuerpo hacia atrás, se recargo en el respaldar.
— Quiero una esposa —murmuró, tratando de creerlo— quiero hijos propios.
— Buenas noches.
Volteé hacia donde Edward estaba de pie, vestido con su sexy campera de cuero, mirándonos con dureza a Jacob y a mí.
Las malditas mariposas comenzaron a recorrer mi estómago y pecho. Estaba aquí después de tres semanas de no verlo.
Jacob se incorporó y con un escueto saludo salió del jardín regresando por la puerta trasera.
Estaba por pedirle que se esperara cuando los balbuceos de Christopher captaron mi atención, mi hijo movía sin control sus extremidades hacia Edward. Éste se acercó y lo sostuvo con él entre sus brazos dejando un beso en la frente.
— ¿Estás saliendo con ese tipo? —indagó con enfado. Ni siquiera le importó usar ese tono de voz agria.
— No. —Respondí— no estoy saliendo con él ni con nadie.
Los ojos fieros de Edward continuaban sobre mí.
— Debemos hablar, Isabella Marie —expresó— quiero saber en qué punto está nuestra relación y no me refiero a Christopher, sino a nosotros como pareja.
Inspiré.
Estaba nerviosa por anticipación de lo que fuera pasar esta noche.
— Hablemos —estuve de acuerdo.
¡Hola! Llegó la hora de hablar para nuestra pareja, ellos necesitan una conversación extensa. Espero que el capítulo sea de su agrado.
Martes de adelantos en el grupo de Élite Fanfiction y si gustan unirse al mío para que conozcan al precioso Christopher vestido de sandía, ¡son bienvenidos! En mi perfil está el link.
Muchas gracias por favoritos, follows y reviews que me dejan.
¡Gracias totales por leer!
