Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Peligrosamente, tú

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Tras pasar un romántico fin de semana juntos fue tiempo de volver a la normalidad. Isabella cocinaba y yo limpiaba la casa, así ambos podíamos cuidar de nuestro pequeño hijo.

No podía negar que éramos un buen equipo.

— Dejaré a Christopher en su cuna.

Anunció Isabella en el momento que terminé de acomodar los platos en el lavavajillas. Reí al verla rodar los ojos y me encogí de hombros.

— ¿¡Qué!? El lavavajillas es más práctico y más rápido que yo —acerté en decir.

Ella solo negó y se incorporó de la silla sosteniendo a Christopher en sus brazos, completamente dormido.

Me acerqué y besé el tope de la cabeza de mi bebé. Estaba por darle un beso a ella cuando el timbre se escuchó.

Isabella arrugó su entrecejo mirando hacia la entrada cuando el timbre sonó insistente.

— ¿Quién puede ser? —preguntó—. No estamos esperando a nadie.

Ambos miramos el reloj de la cocina; eran pasadas las veintiún horas.

— Ve a dejar al niño en su cuna —sugerí—. Me haré cargo de quien haya venido.

Asintiendo, dio media vuelta para subir los escalones que estaban al fondo del pasillo mientras yo me dirigí a la puerta principal. Abrí y mi reacción fue inmediata.

— Sam… —Sostuve su cuerpo tambaleante antes de que cayera sobre mí; su ropa estaba empapada por completo debido al chubasco que caía desde hace horas—. ¿Qué te ocurrió?

No dio ni dos pasos cuando cayó de rodillas sujetándose de mi camisa. Lo miré; su pelo completamente mojado y oscuro adherido a su cara, cubriendo sus ojos, mientras algunas gotas de lluvia resbalaban también.

— Te juro que… yo no sabía —dijo entre hipidos.

Estaba alcoholizado y no era capaz de sostenerse por su propio pie. Lo intenté de nuevo y quise sostenerlo, en cambio él se negó. Su rostro era de... ¿arrepentimiento?, ¿culpa?, no sabía con exactitud.

— ¡Sam! —chilló Isabella corriendo hacia él.

Ella también intentaba ayudarlo a ponerse de pie, fue entonces que Sam se prendió de sus piernas y se abrazó con suficiente fuerza haciéndola tambalear.

— Lo siento... tanto, Bella —arrastró cada palabra con profundo pesar.

Isabella me estaba mirando atónita. Me acerqué y obligué a Sam a sentarse en el sofá, fue complicado porque su musculatura era lánguida casi sin fuerza.

Éste se quejó cuando lo dejé caer.

— Le haré un café cargado —murmuró Isabella yéndose a la cocina.

Me quedé con Sam; observando cómo sus ojos se cerraban y su cabeza se iba haciendo hacia atrás, se estaba durmiendo.

Me aproximé.

— Sam —golpeé sus mejillas para que despertara— ¿estás bien?

Entreabrió sus ojos, asintiendo.

De pronto batió su cabeza y se enderezó del sofá.

Isabella llegó ofreciendo para él un café cargado. Este dio unos cuantos sorbos y se negó a seguir bebiendo, suspiró mientras empezaba a frotar su rostro.

Nos miró a Isabella y a mí.

— Ayer descubrí a un hombre que hablaba con Tanya, —empezó a decir— le estaba exigiendo una fuerte cantidad de dinero. Realmente no me interesaba escuchar, entonces recordé que no era la primera vez que ese tipo iba al despacho, su cara ya me era conocida.

Resopló.

— El tipo le exigía dinero a cambio de su silencio —prosiguió, fijando sus ojos en Bella— escuché claramente cuando dijo: quería dinero para seguir callando lo de Seth.

Isabella acercó su rostro a Sam.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó.

— Tanya mandó matar a Seth —reveló Sam.

Isabella se puso de pie volviendo sus manos puños.

— No es verdad —susurró—, a Seth lo asaltaron.

No me sorprendió la entereza de su postura, siempre firme y con su cabeza erguida. La abracé, sosteniendo su menudo cuerpo entre mis brazos hasta que ella enterró su rostro en mi pecho.

— No estoy mintiendo —dijo Sam— sé lo que escuché. Tuve que salir de ahí, no podía quedarme, no podía hacerlo.

— ¿Tanya te vio? —pregunté.

— No lo sé —negó— espero que no.

Isabella se removió de mis brazos, despejó el cabello de su rostro.

— Buscaré a Tanya —musitó— debo verla, enfrentarla.

Sujeté sus brazos mientras ella seguía murmurando palabras ininteligibles, se veía contrariada, dolida.

— ¡Suéltame! —me ordenó ofuscada— necesito ir con Tanya.

Apreté su cuerpo al mío y la sostuve fuerza.

— Llora, Isabella —le dije— llora porque te hace bien hacerlo —acuné sus mejillas— pero no irás a ningún lado. No lo permitiré.

Sus ojos vidriosos me miraron con dolor.

— Tanya me odia —murmuró a punto del llanto— y sabía que la única forma de lastimarme en ese entonces era con Seth. Ella malditamente lo sabía.

La abracé de nuevo y besé su cabeza.

Aún no lograba razonar del todo lo que había dicho Sam, mas necesitaba ser fuerte para Isabella. No podía flaquear, no debía hacerlo. Aunque a mí también me doliera esa información sobre el verdadero deceso de Seth.

Sam volvió a ponerse de pie caminando hacia nosotros.

― Te juro que no sabía ―se sinceró Sam sosteniendo las manos de Isabella―. Lo siento mucho, Bella, en verdad lo siento.

Ella hizo un leve movimiento; un asentimiento desganado.

― Sam ―intervine― puedes usar el baño si así lo deseas, traeré ropa limpia para ti.

― Gracias, Edward.

No pasó mucho tiempo cuando nos fuimos a nuestro dormitorio dejando a Sam en la pequeña habitación de invitados que estaba disponible.

― ¿En qué piensas? ―pregunté al sentir cómo seguía moviéndose de un lado a otro en la cama.

La escuché resoplar.

― Me siento intranquila ―confesó―. Pienso en lo que dijo Sam. No puedo dejar de repetir en mi mente sobre Seth y su insistencia en que te buscara, no sé, tal vez sabía algo respecto a Tanya y ella decidió deshacerse de él, ¿no crees?

― No sé, nena. Tengo mil dudas igual que tú.

― Quiero verla.

― No, Isabella. No te dejaré ir con Tanya.

― Es que... estoy llena de rabia, quiero desquitarme con ella. La odio.

― Trata de descansar ―pedí― piensa en nuestro hijo. Solo él debe importarnos, cariño. Solo Christopher y lo inmensamente feliz que nos hace.

La abracé y ella acurrucó su cuerpo en mi costado hasta que con inquietud logró dormirse entre mis brazos.

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Luego de seis días desde la llegada de Sam, él seguía quedándose con nosotros. Se negaba a regresar a Miami y volver de nuevo al despacho junto a Tanya. Era como si hubiese desarrollado una especie de pánico hacia ella.

Aceptando los conocimientos de abogacía de Sam Uley. Estábamos ligados de manos, no podíamos proceder en contra, mientras no hubiese pruebas, así que, la conversación escuchada por él mismo perdía validez.

Si queríamos conseguir un poco de esas pruebas, quizás la única opción era entrar de contrabando en el despacho de Tanya. Al Sam negarse, no había nada por hacer.

― Puedo hacerlo yo ―se entrometió el señor esteroides.

Jacob era ese tipo de hombres que estaba tentando mi paciencia. No importaba que Isabella me aclarara más de una vez que eran solo amigos, lo detestaba. Odiaba verlo entrar y salir de mi casa como si fuera suya. No soportaba el ser pedante y gracioso que según él pretendía ser.

― ¿Estás loco? ―inquirió Isabella en ese tono mordaz.

― En serio ―dijo el tipo. Se alargó para dejar la taza de café en la mesita de centro y volvió a su posición en el sofá―. Esa mujer no me conoce ―cuadró sus hombros― soy el más indicado para acercarse a ella. ¿Por qué no ideamos un plan?

― Esto no es un juego ―rebatí, haciéndome notar―. Tanya es una verdadera criminal para ponernos infantiles y querer jugar a policías y ladrones. Es una mujer astuta que sabe bien cómo manejarse, tiene amistades y conocidos con poder que pueden protegerla y hacerla ver cómo si fuese la víctima.

― Es cierto ―concordó el tipo con su estúpida sonrisa―. Se me olvidaba que tú la conoces mejor que nosotros tres juntos. Pues bien ―me señaló― por qué no la buscas y le pides explicaciones respecto al ex marido de Bella.

― ¡Seth no era esposo de Isabella! ―aclaré enérgico y con mis manos hechas puños.

― No nos debemos desviar del tema ―pidió mi novia mientras sostenía entre sus brazos a Christopher que gateaba por la estancia. Mi hijo se removió incómodo queriendo volver al piso y después de algunos ruidosos besos en sus mejillas por parte de Isabella, lo consiguió volviendo a donde jugaba tranquilamente con su peluche de sandía―. Quizá yo sé cómo lograr que muerda el anzuelo ―nos reveló.

Me crucé.

― Yo siempre he sabido cómo amenazarla ―comentó― tengo en mi poder algunas pruebas de los fraudes que cometió, con eso lograba sacarle dinero. Realmente nunca le he puesto atención a esas pruebas que tengo, pero supongo que deben ser importantes porque Tanya siempre terminaba cediendo ante lo que yo le pidiera.

― ¿De qué se tratan esos fraudes? ―Sam preguntó con gran interés, desde el otro extremo del sofá donde estaba sentado.

Isabella alzó sus hombros por un instante.

― Hablaré con Jenks ―murmuró― él los tiene ―se encaminó a las escaleras y yo la detuve.

― ¿Jenks? ―indagué.

Ella asintió.

― Es un abogado que una vez se acercó a mí por el caso de Charlie ―suspiró pensativa― desde entonces, quizá le provoqué un tipo de lastima porque siempre trataba de ayudarme, sobre todo, cuando me metía en problemas ―sacudió su cabeza― hablaré con él y le diré que me explique qué importancia tienen esos documentos con los cuales suelo amenazar a Tanya.

Suspiré ruidosamente al verla correr por los escalones.

Isabella nunca media el peligro. Podría amenazar a quien fuera y realmente no le interesaba nada más que conseguir lo que ella deseaba.

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Había pasado otra semana cuando Jenks pudo reunirse con nosotros.

No tenía conocimiento sobre tantos documentos que poseía Isabella sobre Tanya, y mucho menos con esas distintas cantidades de dinero, según Jenks fueron pequeños fraudes efectuados por esa mujer y nada tan caótico que requiera ser averiguado. A menos qué las asociaciones lo requieran. Estaba descartada la posibilidad de usarlos en su contra.

Isabella dejó caer la cabeza sobre la mesa donde todos estábamos reunidos.

― ¿Algún trasfondo debe existir en esto? ―cuestionó Sam dejando caer los documentos sobre la mesa de madera―. Es ilógico que Tanya cediera ante Bella con unos simples documentos sin mayor validez.

Jenks resopló volviendo a apilar entre sus manos cada hoja.

El intimidante hombre mayor y de pelo cano parecía más un matón a sueldo que abogado. Si no fuera por su identificación hubiese creído que fingía serlo.

― Eso es lo que hay, chicos ―respondió Jenks―. Tal vez los documentos no tienen la mayor importancia, sin embargo, a mi clienta le han servido ―le regaló un sonrisa tierna a Isabella y, prosiguió―. Si necesitan algo más de mí, estoy a sus órdenes.

Jenks se levantó y después de saludarnos con un fuerte apretón se encaminó a la salida. Isabella se fue con él.

― Es absurdo ―verbalizó Sam―. Tanya es sumamente inteligente para dejarse chantajear por Bella, es totalmente ilógico.

― Lo sé ―murmuré, tratando de que mi cabeza hilara la situación. No había razón para ceder como Tanya lo hacía.

― Es su hermana, ¿no? ―articuló Jacob― no hay nada raro, tal vez en el fondo siente algún cariño por Bella, ella es muy fácil de querer.

Sam y yo nos miramos. Ambos conocíamos a Tanya y sabíamos que esa posiblidad de cariño era lejos de ser la razón real.

Jacob agarró una manzana roja del frutero que adornaba la mesa y se fue a la estancia, dejándonos solos.

― Estás pensando lo mismo que yo ―supusó Sam, a lo que solo asentí―. Aquí hay algo extraño, Edward y tiene que ver con Bella.

Apoyé mi espalda en el respaldo de la silla. No dejaría ni un momento solos a mi familia, ni uno solo.

Me incorporé yendo a la sala de estar; Isabella jugaba con mi hijo mientras Jacob le hacía gestos ridículos para hacerlos reír.

Me aclaré la garganta cuando vi que el tipo esteroides pretendía entrelazar sus dedos con los de mi mujer.

― Ya es un poco noche para que estés aquí ―abrí la puerta― queremos descansar ―lo invité a salir señalando hacia fuera.

El tipo rio burlonamente.

― Nos vemos, Bella ―se despidió de ella, acariciando la mejilla de mi hijo―. Luego me dices si puedes ir a casa de mis papás. Ellos quieren conocer a este hermoso bebé.

― Si lo haces por molestar ―advirtió Isabella― no está funcionando, eh. Y puedo estrellar mi puño en tu cara.

― Es en buen plan ―respondió él.

― No sé, Jacob, no creo que tenga tiempo. Edward estará todo el mes y en verdad quiero aprovechar su estancia con nosotros. ―Explicó mi chica con una amplia sonrisa al mirarme.

El Jacob me miró de soslayo y con sus hombros hundidos caminó hacia la puerta, dándose la vuelta para mirarnos. Antes de que dijera alguna otra estupidez le cerré la puerta en la cara.

― Edward ―se quejó Isabella detrás mío cuando le arrebaté a mi hijo. Ya había decido encerrarme en la habitación y jugar un rato con Christopher―. ¿Por qué hiciste eso?

Me detuve a media escalera, lentamente, me volví a ella.

― Me molesta tu amigo ―gruñí.

― No tiene porqué.

― Ese tipo quiere más que una amistad ―bufé―. ¿Qué no te das cuenta?

Isabella rio. No, ella soltó una risa ahogada y burlona.

Fruncí mi entrecejo.

― ¿Qué te causa tanta gracia? ―pregunté.

― Estás confundido, amor. Te aseguro que es más probable que esté celosa yo de ti por culpa de él. A que tú de mí.

La miré confundido.

Isabella negó.

― Jacob es gay ―reveló―. Ahora mismo vive una lucha interna por descubrirse ante todos.

Enarqué mis cejas.

Esa información era agradable para mi pésimo humor.

― ¿Estás segura? ―quise saber .

Isabella dio un paso a otro escalón y tocó mi mejilla.

― Tan segura como que te amo.

Reí complacido.

Me tocaba aprender a lidiar con mis celos, sin embargo comprendía que en nuestra relación era un paso a la vez.


Y así es como casi llegamos al final. ¿Qué opinión tienen respecto a Tanya? Estoy segura que muchas se imaginaban que ella tenía qué ver con lo sucedido a Seth. Les cuento que a partir de hoy las actualizaciones serán más constantes. Nos leemos en el final. ¡No lo olviden!

*Aclaración: nos queda el final, epílogo y un outtake. De esta manera cerraremos la historia.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Adriana Molina, Jade HSos, Smedina, Torrespera172, Dulce Carolina, Flor Mcarty, Celina fic, ALBANIDIA, Car Cullen Stewart Pattinson, Jane Bells, PaolaValencia, Patty, cocoa blizzard, Andrea, Adriu, ClaryFlynn98, miop, Daniela, Franciscab25, Antonella Masen, Lidia, Lizdayanna, mrs puff, Pepita GY, Lore562, Cinthyavillalobo, Isis Janet, rociolujan.

¡Gracias totales por leer!