Me adjudico todos los errores ortográficos y/o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Peligrosamente, tú
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Epílogo
Diez años después...
— ¿Estás enojado, papi? —preguntó Bree mientras yo sostenía su mano y caminábamos por el estacionamiento del colegio directo al coche—. Por favor, dime que no estás enojado.
— Sí está enojado —intervino Christopher. Él caminaba a la par de nosotros y cargaba sobre su hombro la mochila de brillos de su pequeña hermana—. Es la segunda vez que viene en la semana, Bree.
― Ah… ―musitó ella como si estuviera meditando―. Entonces ya no vengas, papi.
La sostuve entre mis brazos y la puse a mi altura; los grandes ojos marrones de Bree se abrieron ante la sorpresa y sus mejillas de inmediato se tiñeron de rosa. Con mi mano traté de peinar su largo cabello rizado de ese color cobrizo tan igual al mío. Sus bonitas coletas que le había hecho en la mañana ya no existían en esa preciosa melena.
Confío que su melena siendo un total caos era lo normal para una niña de cinco años ¿no?
― Bree ―le dije― no puedes golpear a nadie. Esa niña era mayor que tú, te pudo haber lastimado.
― Samantha me tiró de los cabellos ―explicó, sin dejar de mover sus manos― así que yo le hice lo mismo ―encogió sus delegados hombros― solo me defendí.
Mi mente vagó:
― Isabella ―Esme llamó la atención a la niña castaña de melena abundante― ¿cómo pudiste agredir a Noelle? Te pudo haber lastimado, es mayor que tú.
La niña de algunos seis años miraba con furia descontrolada a Noelle. Era solo una advertencia hacia los demás niños, quien se atreviera a pasarse con la pequeña Isabella terminaría con la boca reventada como Noelle que tenía ocho años.
― Noelle me tiró de los cabellos ―gruñó Isabella― así que le hice lo mismo, solo me defendí.
Mis ojos estaban fijos en los de Isabella. Había captado mi atención el odio excesivo que una niña de seis años podía tener con la vida, contra los demás.
Sacudí mi cabeza y miré los ojos dulces de mi niña. En ellos había suficiente paz y armonía, me convencí que solo había heredado el mal genio de Isabella pero estaba muy lejos de ser una niña con una vida complicada.
La abracé con fuerza dejando un beso en su frente.
― Prométeme que no volverás a agarrarte a golpes con nadie ―pedí.
Sus cortos brazos me rodearon por el cuello.
― Lo prometo, no volveré a pelear con nadie, papi.
― ¿No vas a creer en sus promesas? ―inquirió Christopher―. ¡Oh, vamos, papá!, no puedes confiar en mi hermana. Ella volverá a pelear con quién sea antes de que acabe la siguiente semana.
― No es verdad ―Bree acunó mis mejillas y me hizo mirarla― no te haré enojar más, no le creas a Chris.
― Es tiempo de irnos, chicos ―abrí la puerta del coche.
― ¿Iremos a tu trabajo? ―preguntó mi hijo.
Christopher acababa de cumplir diez años; era un chico alto, inteligente, aficionado a tocar piano. Su lugar favorito era acompañarme al estudio, así tenía posibilidades de ver como trabajaba yo y empezaba a darme sus opiniones respecto a nuevas composiciones.
― Iremos a casa ―respondí. Por el retrovisor pude darme cuenta de la desilusión de mi hijo al arrugar su nariz―. Aunque más tarde podremos ir al estudio. Hoy tengo la tarde libre, así bien podemos aprovechar.
Su sonrisa fue de absoluta felicidad.
Del colegio a la casa eran veinte minutos; nosotros llegamos media hora después. Estacioné y miré a mis hijos correr a la puerta; seguíamos viviendo en la misma casa, solo habíamos hecho algunas ampliaciones y remodelaciones a lo largo de los años.
Era un lugar seguro para mi familia.
Mis pensamientos se fueron a Tanya. Nunca más volvimos a saber de ella y nunca se pudo resolver la muerte de Seth, seguía siendo tan extraño que nadie supiera qué fue de su paradero. Es como si la tierra la hubiese tragado en un gran agujero. Me daba gusto que Charlie tampoco se hubiera acercado a mi mujer o familia. Nunca supimos con exactitud cuando salió de la cárcel y no sabíamos nada de ninguno de los dos.
― ¡Papá! ―mis hijos chillaron.
Sacudí mi cabeza y bajé del auto. ¿Qué demonios hacía pensando en esos?
Apenas abrí la puerta y la foto de bodas en la mesita de la entrada nos recibió. Llevábamos diez años de casados —sonreí—, le había pedido matrimonio apenas llegamos de Miami, estaba convencido que mi lugar era a su lado.
Deslicé mi dedo por la imagen; Isabella se veía preciosa vestida de novia, ese vestido blanco ceñido a su cuerpo le venía bien. Fue una hermosa idea casarnos en la playa, tuvimos una gran noche rodeados de amigos verdaderos.
Cerré mis ojos y aún podía saborear ese gran momento en nuestras vidas.
— ¡Edward, no! —chilló Angela sacándome a empujones del loft—. ¡No se puede ver a la novia antes de la boda!
Rodé los ojos.
— Aquí vivo —dije— ¿dónde se supone me voy a vestir?
Angela se debatió en dejarme antrar, miró hacia dentro y luego volvió a mirarme.
— Traeré tu ropa —me explicó— le avisaré a Eric que irás a nuestro apartamento. Ahí puedes cambiarte.
Esme apareció con mi hijo en sus brazos, ambos sonrieron al verme. Fue el momento que aproveché para cargar a mi bebé y adentrarme en el loft.
— ¿Quién…? —la pregunta de Bella murió en sus labios al verme al pie de las escaleras.
El vestido de novia era esencialmente sexi, la tela abrazaba cada una de sus curvas y la hacía lucir tan caliente con esa cabellera en ondas atada en un moño alto sostenida por discretos pasadores con perlas dejando al descubierto sus delicados hombros.
Era una diosa.
Me acerqué; corriendo subí los escalones y le robé un corto beso.
Isabella parpadeó mientras reía nerviosa.
— Te estaré esperando en el altar —le dije—, no tardes mucho.
— ¡Edward, no se vale! —se quejó Angela guiándome mientras empujaba mi espalda hacia la salida—. Debiste esperar, es de mal augurio ver a la novia.
— ¿Crees que nos irá muy mal? ―solicité saber.
Angela quitó de mis brazos a Christopher y negó.
— No, claro que no —respondió convincente—. Serán una buena pareja y por ello serán los padrinos de mi boda con Eric.
Tomé el álbum de bodas y empecé a mirar cada foto.
Angela y Eric se casaron un año después de nosotros. Aunque en un principio habían tenido problemas para concebir, hoy tenían tres niñas preciosas. Ellos seguían viviendo en Miami, y juntos seguimos pasando tiempo de calidad debido a que nuestra amistad y compadrazgo nos acercó, ahora nosotros solemos pasar las Navidades juntos.
Sonreí con nostalgia al ver la imagen de Emmett borracho con sus pantalones doblados hasta sus rodillas y en medio de nosotros casi sin poder sostenerse.
Después de romper mi sociedad con la casa productora, Emmett decidió buscar nuevos caminos en la industria de la música, cambió de residencia y se fue a vivir al Caribe donde empezó a representar artistas de genero urbano. Después del nacimiento de Bree no volví a verlo, supongo que le irá bien porque era conocido como el rey Midas del movimiento urbano.
Varias veces me reproché haber terminado mi sociedad y por muchos años guardé un leve rencor hacia Alice. La culpaba por el término de mi amistad con Emmett, la culpaba porque en los primeros años fue difícil empezar de nuevo. Sin embargo, hoy podía mirar atrás y no me arrepentía de todo lo que logré después de ello.
Masen Productions había vuelto bajo mis propias reglas, con mis condiciones y siempre priorizando a mi familia.
Ahora le estaba agradecido a Alice. La molesta mujer que nunca entendió un NO. Gracias a ella tenía un mejor presente y había asegurado nuestro futuro. Pero qué fue de Alice seguramente se preguntarán; en los primeros años le perdí la pista, no fue hasta el segundo embarazo de Isabella que la volvimos a ver en una reunión en Los Angeles. Ella intentó por todos los medios pasar desapercibida.
Pero en este ambiente es muy raro esconderse. Nos conocemos la mayoría, así que nuestras vidas terminan siendo de dominio público; según los cotilleos Alice se casó con un hombre mayor hace varios años, el tipo era un productor muy reconocido y con mucho poder, tenía entendido que hace un año se fue a la ruina, así que no se sabe si está con él.
Seguí hojeando el álbum de fotos.
Negué al ver a Sam sumamente alcoholizado y abrazado de mí.
Era un loco de atar, enamoradizo, vivió una época difícil cuando se volvió un mujeriego y parrandero, lo bueno que esa mala racha pasó cuando encontró el amor. Sigue viviendo en Nueva York junto a su chica Emily. Ellos nos visitan con mayor frecuencia porque es el padrino de Bree.
Isabella podría estar rodando los ojos al ver que fruncí los labios mirando a Jacob abrazado de ella el día de nuestra boda. Pasé rápido esa imagen.
¿Qué podría decir de él? Continuaba siendo un ser antipático y arrogante.
Jacob se casó contra todo pronóstico de mi esposa. Contrajo nupcias luego de un breve romance de seis meses con una chica que no recuerdo cuál era su nombre debido a que el divorcio llegó después de tres meses de haberse casado. Él, al fin aceptó que no se sentía cómodo con una mujer, aunque tampoco aceptó del todo ser homosexual, simplemente decidió quedarse solo.
Me sentí mejor cuando sus visitas a casa cesaron. Desde luego que ya no sentía celos de él, simplemente era bueno no verlo.
Cuando llegué a la foto de Esme y Carlisle volví a sonreír. Era una buena toma, nosotros vestidos de novios en medio de ellos dos y con el mar de fondo; lo interpretaba como si ellos velaran por nosotros o por nuestro matrimonio. Era enriquecedor tenerlos de nuevo en nuestras vidas, ahora ellos también velando por nuestros hijos, eran lo más parecido a esos abuelos consentidores.
— ¡Papi! —me llamó Bree— ¿por qué no hacen otra boda? Quiero estar ahí con ustedes.
Se sostuvo del pequeño tocador alto y estuvo observando cada fotografía enmarcada mientras yo seguía con el álbum entre mis manos.
— Yo, sí estuve —comentó Christopher sujetando el marco de la fotografía de nosotros tres.
Estábamos de espalda. Yo cargaba a mi hijo en mis hombros mientras sujetaba la mano de mi esposa, juntos mirábamos el atardecer reflejado en el mar. Sin dudas era mi fotografía favorita, nuestros pies descalzos en la arena y nuestra mirada en el horizonte. Pensando en un futuro.
— Mamá es muy bonita —comentó mi pequeña hija. Elevó su rostro mirándome con sus ojos destellando curiosidad—. ¿Te gusta mami? ―preguntó.
La cargué en mis brazos. Bree acunó mis mejillas esperando una respuesta.
— Mami me gusta mucho ―acepté.
― Me gusta esa respuesta ―comentó Isabella recargada en el marco de la entrada.
Bree se removió de mis brazos y la puse sobre sus pies para que libremente corriera hacia su mamá, al igual que Christopher.
Isabella les sonrió y besó las mejillas a cada uno.
― Los extrañé ―les susurró mientras seguía llenando los rostros de besos.
Llevé mis manos a los bolsillos de mi pantalón. La había echado de menos, no importaba que solo hubieran sido tres días fuera de casa.
― A ti también te extrañé ―murmuró con una sonrisa en sus labios, caminó hacia mí y enterró su rostro en mi pecho. Inhalé lentamente el suave aroma de su cabello y la envolví en mis brazos con más fuerza.
― ¿Cómo te fue? ―indagué ansioso. Sabía que bien, pero quería que lo repitiera.
― Perfecto ―susurró― el libro tiene buena aceptación. Estoy muy emocionada.
Besé su frente. Levantó su rostro y sus ojos color chocolate me cautivaron. Siempre amaría su hermosa mirada.
― ¿Cómo estás tú? ―preguntó divertida― ¿Te dieron mucha guerra los niños?
Resoplé siguiendo su broma.
― Bastante ―mentí―, estoy pensando en cambiarlos por otros niños que no coman cada hora.
Negué con la cabeza y me puse serio.
― De nuevo fui llamado por la maestra de Bree ―empecé a explicar―. Volvió a pelear con una niña más grande que ella.
Isabella inspiró.
― Hablaré de nuevo con Bree. Debe entender que la vida no se resuelve a golpes.
Estreché mis ojos y me reí. Mi mujer seguía siendo sarcástica, pues que estuviera hablando de lemas que ella no tomaba en cuenta, era divertido. Desde luego que ya no era la misma chica acostumbrada a resolver todo a punta de gritos, amenazas y golpes. Pero seguía siendo Isabella Marie. La mujer con un carácter del demonio que me había enamorado alguna vez, tal vez desde que vi esa fiereza en su mirada.
Ahora, esa misma mujer había escrito su primer libro donde contaba su historia, le había costado años de terapia soltar todo aquello que la dañó cuando era solo una niña, sabía que al fin lo había logrado. Era feliz, su mirada sigue reflejando esa paz desde el nacimiento de Christopher, pero sus noches siguen siendo más serenas.
Su carácter menguó lo suficiente para encontrar su balance, quizá no era esa chica sumisa y nunca lo sería. En cambio, era Isabella en toda su esencia de una mujer aguerrida. La misma que compaginaba su vida familiar con dirigir una casa hogar, hoy esa mujer escribía libros.
Isabella entregó un libro en mis manos.
― Este es para ti ―me dijo sonriente― tiene una dedicatoria especial.
Deslicé mis dedos por la carátula; era la silueta de una niña pequeña y una mujer adulta atrás de ella. Sabía que eran ella.
"Para mi músico favorito desde que tengo memoria y el amor de mi vida".
― Eres y siempre serás el hombre más importante de mi vida ―articuló.
― Solo hay una excepción ―dije, señalando a Christopher que jugaba con su hermana en la mesa del comedor―. Ahora tienes a dos hombres y una chica muy igual a ti.
― Ustedes son mi vida entera, mi razón de ser ―murmuró viendo a los chicos jugar―. Anda, lee, ¿te gusta el título?
Volví mi vista al libro: Peligrosamente, tú.
― Sí que lo eres ―bromeé― ¿qué dices de mí? ―pregunté curioso.
Mordisqueó sus labios.
― No te diré nada, tienes que leer.
La abracé con fuerza y volví a besar el tope de su cabeza.
Me sentí orgulloso por tenerla conmigo, compartiendo una vida y lo que resta de nuestro tiempo, porque diez años... nunca será suficiente.
¡Hola! Así llegamos al final de esta historia prometiendo un outtake muy necesario para la trama, ¡esperenlo muy pronto! Bueno, ahora si espero que me dejen saber sus opiniones respecto al capítulo. ¿Qué les pareció?
Si gustan unirse a mi grupo en Facebook en mi perfil está el Link. Ahí descubrirán sobre la nueva historia y sus personajes para que los vayan ubicando.
Les agradezco infinitamente haberme acompañado y por sus anhelados comentarios también. Dejaré sus nombres por aquí: (Guest): lamento mucho por lo que estás pasando, te invito a que busques ayuda para esa persona y para ti. ¡Mucha suerte! Jade HSOS: te agradezco mucho que me hayas leído, saludos. Lili Cullen-Swan: Y Bella nunca cambió sólo modificó y aprendió a comportarse, pero ella siguió siendo brava, haha. Besos. Dulce Carolina, Jane Bells: no podía haber sido de otra manera, me alegro que te gustara, ¡abrazos! Car Cullen Stewart Pattinson: Tienes razón; es desesperante pero aprendieron a quererla como ella es y así la aceptaron, ¡gracias! Celina fic; no agradezcas, soy yo quien se honra en que se tomen su tiempo en leerme, saludos. Flor Mcarty; y se la dieron, bueno, quizá no tan aparatosa pero se la dieron, haha. Torrespera172: exacto, digamos que ella se lo buscó. Recibe un gran abrazo, Perita. Lore562: gracias a ti por leer. Cinti77: y adivinaste, tuvo su niña como tanto quería y con el mal carácter de su mamá. Lo de Tanya queda pendiente para el outtake, muchas gracias. miop: lo siento, Tanya vendrá para el outtake narrado por ella. Muchas gracias por darle una oportunidad a la historia, saludos. Adriana Molina: es verdad, al menos se libró de Alice y para siempre, gracias por leer. Wenday14: agradecida contigo por darle una oportunidad a la historia, saludos. Isis Janet: gracias por tu apoyo, saludos. Lupita Pattinson Cullen: en estos diez años los dejó en paz, y así será, espero leas el outtake narrado por ella. Saludos. Santa Ramírez: sólo tuvieron dos hijos en diez años juntos y Tanya ya no volvió aparecer en sus vidas, ¡saludos! PaolaValencia: gracias por seguir leyendo a pesar que no fue de tu agrado los giro que le di a la trama. Diannita Robles: estás en lo correcto, ya leerás el outtake. Gracias por acompañarme en cada historia, saludos. Andrea: sobre lo de Tanya te lo debo en el outtake que dejé especial para ella, muchas gracias por tomarte la oportunidad de leer, besos. Patty: también a mí me encantó, saludos. cocoa blizzard: thank you so much. Daniela: gracias, era la idea. Pepita GY: esa conversación es muy nuestra, aceptalo. Lizdayanna: exacto, y nunca cambió, obvio que aprendió a controlar su mal genio. Pero era ella siendo así, muchos saludos y gracias por leer. Jenni317: nunca la quise hacer sumisa, y me alegro que te haya gustado así como era ella y su personalidad, saludos. Lidia: haha, sabrás de ella en el outtake, gracias. Antonella Masen: por supuesto, Alice quizá nunca pensó que cansaría a Bella y le daría tremendo golpe. mrs puff: gracias. rociolujan: esa respuesta la sabrás en el outtake, muchas gracias por acompañarme en cada historia, te envío abrazos. sandy56: gracias a ti por leer. Adriu: Tanya no volvió aparecer en sus vidas y en el outtake sabrás el porqué, muchos saludos hasta Ecuador. Cinthyavillalobo: y sí, Tanya desapareció de sus vidas, muchas gracias por siempre comentar, abrazos.
¡Gracias totales por leer!
