Me adjudico todos los errores ortográficos y/ o gramaticales que puedan encontrar en el capítulo.


Nota: este outtake está basado cuando Jenks se ve con Bella. Esto ocurrió semanas después. Debo aclarar que ni Edward, ni Isabella nunca se enteraron de nada. Ellos siguieron felices ignorando esta verdad.


Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Peligrosamente, tú

.

Outtake

Tanya

Sonreí al ver la foto.

Era un precioso bebé de seis meses, tenía las mejillas sonrojadas, pelo cobrizo y enormes ojos verdes. Era muy parecido a él, pero tenía la mirada de ella y también la sonrisa.

— Se va a casar —comentó Jenks— ahora que han vuelto a Seattle Edward le pidió matrimonio.

Guardé la foto en mi bolso y concentré mi atención en el hombre de traje frente a mí. No sentía ninguna emoción, ni siquiera tristeza por saber que ella sería feliz.

— Deberías decirle la verdad —articuló en voz baja—. Bella te ha buscado, me lo dijo. Quiere enfrentarte por lo que hiciste a Seth.

Bajé la vista a mis manos.

Estaba arrepentida, mucho. Seth no merecía morir, no hubo opción. Él lo había descubierto y me amenazó con decirle a Isabella. Me había chantajeado y no iba a tolerar que se aprovechara de mí.

— No volveré a verla —murmuré— prefiero que mi ausencia borre mi recuerdo —concluí poniéndome de pie.

— Tú no tienes la culpa de nada —insistió Jenks poniendo su mano alrededor de mi muñeca, me detuvo.

Dejé mi vista vagar por el pequeño restaurante. Los comensales no nos prestaron la mayor atención. Vivir en el sur de Texas tenía sus ventajas, la gente procuraba mantenerse en sus propios problemas, no solían meter sus narices en nada más que sus vidas.

— ¿Qué sugieres que le diga? —reté—. Hola Isabella Marie, ¿sabías que soy tu madre biológica y que el engendro de tu padre te arrebató de mis brazos? —sentí mis ojos llenarse de lágrimas y un gran nudo en la garganta me impidió hablar.

Di media vuelta y salí del lugar. Caminé con rapidez al estacionamiento y antes de abrir la puerta de mi coche Jenks volvió a detenerme.

— Si le explicas que su padre te violó Isabella entenderá —dijo Jenks—. Habla con ella, hazlo por tu propia paz.

Negué y lo miré con furia.

— ¿No te das cuenta? Yo no puedo quererla, no puedo sentir nada agradable por un ser que yo no pedí tener. La odio —siseé— y quiero tanto destruirla.

Jenks frotó mis antebrazos y me abrazó con cariño.

— No sé cómo ayudarte, Tanya —susurró— me duele tanto lo que te hicieron. Lo que les hicieron, me odio por no haberte ayudado. Se cometió una injusticia con ustedes dos.

No había ninguna injusticia. Era preferible saber que Isabella creció sola al haberlo hecho al lado mío.

Y no es que no lo haya intentado, ¡lo hice! Cuando supe que Renee había sido asesinada por Charlie intenté acercarme, quise ser una madre para ella y lo único que logré fue que la ingresaran a una casa hogar.

En mis pensamientos estaba la idea de así acercarme a Isabella. Pero no pude lograrlo, ella me repudió desde el primer momento que me vio.

Me preocupa Isabella.

Mi corazón se encogió al escuchar a Esme tan abatida mirando por la ventana, me acerqué y puse atención en la niña castaña y solitaria que estaba sentada en un rincón. Sabía que era ella, yo misma había elegido la casa hogar a dónde vendría.

La niña es demasiado cohibida —continuó Esme— se ha quedado huérfana, me gustaría adoptarla.

Volteé a mirar a la mujer de mirada maternal y cabellos color miel. Era joven, quizá tiene unos 35 años, bien podría cuidar de Isabella. Estoy convencida que estando la niña bajo su cuidado Isabella pueda ser feliz, pero significaba no volver a verla.

Y algo en mi interior no podía procesar la idea de no estar cerca de esa niña. No iba a permitir que la adoptara, de ninguna manera, a Isabella nadie me la volvería a quitar.

Ven —Esme tiró de mi mano— te voy a presentar a Isabella.

Me rehúse a caminar y Esme me sonrió con ternura guiándome afuera.

No me gustan mucho los niños —musité.

Esme enarcó sus perfectas cejas.

No entiendo, ¿qué haces trabajando en una casa hogar? —inquirió curiosa.

Estoy haciendo labor social para mis créditos —mentí.

Esme insistió llevándome de la mano hacia donde la niña estaba. Apenas Isabella levantó su mirada y pude sentir el desprecio hacia mí. Parecía que me aborrecía, así como tantas veces la aborrecí al tenerla en mi joven vientre.

— Gracias a mí nadie la adoptó —pensé en voz alta— hice desdichada su vida, al igual que lo hicieron conmigo.

Mis lágrimas comenzaron a fluir.

»Maldigo una y mil veces haber tenido una madre drogadicta, que nunca supo cuidarme —medité— fue su maldita culpa que ese perro me forzara y me dejara embarazada.

— Hubieses sido una buena madre —dijo Jenks—. Debiste luchar por tu hija.

Reí sin ánimo.

— Tenía quince años, ¿qué buena madre podría ser? —enfrenté su mirada— perdí la cuenta del número de veces que quise abortar —rugí—, la odié desde que supe de su existencia, fue lo peor de mi vida.

— Eras solo una niña —acordó Jenks— es por ello que te dejaste manipular por Charlie y tu madre; lo que aún no entiendo es cómo Renee aceptó hacerse cargo de una niña producto de una relación extramarital de su marido. Supongo que ella también era víctima de ese hombre y lo fue hasta el final de sus días.

— A Renee siempre le faltó valor para enfrentar a ese tipejo. Pero aún así ella amó a Isabella con todo su corazón —comenté.

— ¿Sabes qué te contradices? —formuló Jenks—. Te quejas porque te quitaron a tu hija al tenerla y, después aceptas que fue lo mejor porque no la querías. Hija, sé que hubieras amado a esa niña si tan solo te lo hubieran permitido.

Exhalé molesta.

— Soy un asco —musité.

— No te castigues.

— Cambiemos de tema —pedí.

Mi vida era una completa mentira; le hice creer a Isabella que era mi hermana, incluso Jenks me ayudó a falsificar mis documentos por el apellido Swan, siempre le di a entender que amaba como padre a Charlie. Era una completa basura y merecía lo peor.

— ¿A dónde irás después de aquí? —La profunda voz de Jenks me trajo de vuelta al presente.

Suspiré.

— Quizá me quede un tiempo en Sudamérica. Brasil, por ejemplo.

— ¿Volverás? —indagó.

— Tal vez no —encogí mis hombros—, no estoy segura.

— Es una pena que no quieras darte una oportunidad con Isabella.

Pasé mis manos por mi cabeza, completamente frustrada.

— ¿Qué quieres? —increpé— ¡me acosté con Edward!, me casé con él por hacerle daño a ella. Siempre supe que Isabella lo amaba y yo no quería que fuera feliz, la odié tanto que estaba convencida que podía destruirla. Pero me destruí a mí misma, porque por mucho que la maldiga, no lo siento.

— Escuchame, Tanya —pidió Jenks—. Acepta la ayuda que te doy, necesitas terapia, soltar todo eso que guardas y sanar. Déjame ayudarte, sabes bien que te aprecio como una hija.

Sostuve su mirada.

Jenks era la única persona en quien confiaba.

— No quiero ayuda. No la necesito —respondí—. Tan solo quiero que la cuides, no permitas que Charlie se acerque a ella, no permitas que nadie la dañe… ni siquiera yo.

Él asintió.

— Buena suerte, hija —se detuvo antes de abrazarme. Jenks sabía que no me gustaba el contacto físico—. Estaré esperando tu llamada.

Me subí al coche y bajé la ventanilla.

— Gracias por todo —me costó mucho agradecer, pero al fin pude hacerlo. Jenks lo merecía.

Puse en marcha el motor presionando el acelerador a fondo.

Siempre guardaría en memoria que el nombre lo elegí yo...

Isabella Marie.


Así quedan despejadas sus dudas. Tanya era la verdadera madre de Bella y por ello actuaba siempre extraño alrededor de ella. Una adolescente que se debatió en querer y odiar a su propia hija desde su vientre, quizá de esa forma puedan entender un poco todo ese carácter tan agresivo de Isabella, pues fueron las emociones que percibió desde su gestación. ¿Qué opinan?

Agradezco muchos a quienes le dieron una oportunidad a la historia.

¡Gracias totales por leer!