Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. Gracias, Ronnie, por permitirme compartir tu historia en español :)
Inspiración musical: White Stripes - Seven Nation Army
Capítulo 8
El Acuerdo Entonces
Parte 1
~o~
ENTONCES
~o~
Forks, Washington. Lunes, 30 de abril del 2007.
Charlie conducía por la calles de Forks, de camino al taller de Billy Black, mientras Bella estaba sentada en el asiento del pasajero, mordiéndose las uñas.
—¿Estás seguro de que se encuentra allí? Llamé al taller, y nadie respondió. Sabes que está cerrado los lunes.
—Papá, está allí. Lo sé. Y no será lindo.
—¿Vas a contarme lo que pasó? —Charlie observó a Bella con sospecha. Él podía ver el labio partido que falló en cubrir con maquillaje. Sin embargo, confiaba en Bella, así que sabía que ella se lo diría cuando estuviera lista.
—¿Puedes apresurarte, por favor? —La voz de Bella se quebró, y Charlie pisó el acelerador.
—Soy un oficial de policía, Bella; ya vamos a diez kilómetros por encima del límite.
—¿Acaso no estás de turno? ¿Puedes hacer la cosa? —Ella movió sus dedos por encima de su cabeza, en dirección a las sirenas, y Charlie sonrió.
Él recordaba cuando ella era pequeña y cómo le encantaba pasear en el patrullero con las sirenas activadas.
—Eso solo es para emergencias.
—¡Esto es una emergencia! Si Edward encontró a Jacob allí, sé que probablemente estén peleando. ¿Y si no hay nadie allí para detenerlos? ¡Todo esto es mi culpa! —Los ojos de Bella comenzaron a llenarse de lágrimas y se cubrió el rostro con las manos.
Charlie encendió las sirenas y aceleró.
Una vez que llegaron a la entrada de Billy, Bella bajó del coche antes de siquiera aparcarlo y corrió hacia el fondo de la casa, al cobertizo que era el taller de Billy.
Charlie salió tras ella y se dirigió hacia el taller. Parte de él pensaba que Bella estaba exagerando. Sin embargo, cuando la escuchó gritar el nombre de Edward, una sensación de urgencia lo inundó y se apresuró hacia el cobertizo.
No estaba seguro de lo que esperaba, pero claramente no era lo que encontró. Sus instintos policíacos entraron en acción ni bien vio la escena frente al taller.
Vio a Jacob Black primero, quien se encontraba detrás de otros dos chicos, pero mirando en dirección a Charlie. La expresión en el rostro de Jacob era absolutamente criminal, casi sonriendo con sorna, mientras él y los otros pateaban al chico que estaba tirado en el suelo.
Su niño.
Edward.
Bella llegó allí antes que Charlie, y mientras interceptaba a Jacob para alejarlo de Edward, la mano de Charlie aferró su arma.
—¡Oye! —gritó mientras corría hacia ellos. Su mano buscó su arma—. ¡Apártense de él, ya mismo!
Cuando los otros dos levantaron sus cabezas y vieron a Charlie acercándose a ellos, salieron volando. Pero no Jacob. Jacob levantó sus manos, y mientras Bella lo apartaba presionando sus manos contra su pecho, dio un paso hacia atrás.
—¡Él comenzó! —Jacob le gritó a Charlie, señalando a Edward con la cabeza.
Una vez que llegó, Charlie sostuvo a Jacob contra el coche detrás de él, presionando un antebrazo contra su pecho. Afortunadamente, Jacob no se resistió, así que Charlie se relajó, girando hacia Edward, que tenía problemas para ponerse de pie. Bella ya se encontraba arrodillada a su lado, con lágrimas en su rostro.
—Chico estúpido, estúpido, estúpido —Bella casi chilló, ayudándole a Edward a ponerse de pie—. ¿Estás bien?
Edward luchaba por recuperar el aliento mientras ella limpiaba la sangre de su rostro con la manga de su sudadera. La mirada de él se encontraba sobre Jacob, quién se retorcía debajo de Charlie.
Charlie llevó su atención de vuelta a Jacob, cuyo rostro estaba magullado, con un corte en su ceja y un labio partido. Edward debió haberle hecho algo de daño antes de que los otros aparecieran.
—Charlie, sugiero que me sueltes. Estamos en mi propiedad privada, y este no solo la invadió sino que me atacó. Podría presentar cargos. ¿Sabes?
Charlie lo consideró, y como Jacob no parecía violento en ese momento, dio un paso al costado, soltándolo. Sin embargo, inmediatamente se arrepintió de hacerlo, ya que las siguientes palabras que soltó Jacob solo querían herir a Edward con un golpe bajo.
—¿Acaso no tienes dieciocho ya, Masen?
Charlie podía escuchar el gruñido que provenía de Edward mientras daba un paso en dirección a Jacob. Por un momento, Charlie deseó poder olvidarse que era un oficial de policía y ayudar a Edward a moler a palos a Jacob. Especialmente cuando vio a Edward y la forma en que sostenía su costado con un brazo.
Edward no cumplía dieciocho hasta dentro de un mes más o menos, y quizás Jacob no sabía esto, pero definitivamente debía saber que Edward ya no usaba Masen como apellido. Él lo había cambiado cuando Esme lo adoptó.
—¿O cómo es que te haces llamar ahora? ¿Cullen, cierto? —Jacob continuó con una carcajada—. Como sea, no importa. Esta vez no solo será un reformatorio...
—Eres un cabrón, Jacob. —Bella se le acercó.
Jacob levantó una mano hacia el rostro de Bella, y parecía, para Charlie, que estaba a punto de disculparse. Sin embargo, no llegó ya que al próximo instante, Edward se encontraba frente a él, y prácticamente estaban frente a frente.
—Tócala de nuevo y estás muerto —Edward siseó entre dientes.
—De acuerdo, de acuerdo, cálmemonos, chicos. —Charlie se interpuso entre ellos, una mano en cada pecho, y los separó. Girando su rostro hacia Jacob, lo señaló—. Pero estoy de acuerdo con Edward en eso.
—Solo vayámonos —dijo Bella, tomando del brazo a Edward y alejándolo de Jacob y llevándolo en dirección al patrullero de Charlie—. Él no presentará cargos. A menos que quiera que yo presente cargos contra él también. —Bella fulminó a Jacob con la mirada, arqueando una ceja, desafiante.
Edward cojeó en silencio junto a Bella, mientras Charlie los siguió por detrás.
—¿Estás bien? —Ella lo miró mientras caminaban, descansando suavemente su mano sobre el brazo de él.
—Estoy bien —masculló Edward.
Ella detuvo su paso, girándose hacia él y golpeando su brazo.
—¡Eres un idiota, Edward! ¡Dios! —Marchó molesta frente a ellos hacia el patrullero y abrió la puerta trasera para él—. ¡Estaba tan preocupada por ti! Te dije que me encargaría.
—¡Cielos, ay! —Edward pasó una mano por sus brazos, donde ella acababa de golpearle, mientras permanecía parado junto al coche a su lado, las comisuras de su boca arqueándose hacia arriba.
—Ahora te has perdido el final de hoy —continuó ella, con las manos en sus caderas—. Vas a reprobar Biología. Probablemente te suspenderán, o incluso expulsarán. Todo lo que trabajaste este semestre... ¡será por nada! —Bella lo reprendió, mientras que Edward mascullaba ininteligiblemente a su lado y se metió al coche.
Charlie la observó con cuidado, mientras ella cerraba la puerta del patrullero detrás de Edward. Antes de meterse en el coche, cuando ella pensaba que nadie estaba mirando, ella tomó aire profundo y pasó sus dedos por debajo de sus ojos, probablemente secando algunas lágrimas que no quería que Charlie o Edward vieran.
Charlie sonrió al ver a su tenaz hija y lo persistente que era. No había duda en su mente que ella podría haber lidiado con Jacob por su cuenta, pero estaba agradecido que ella tuviera a alguien tan leal como Edward a su lado.
~o~
De vuelta en el patrullero, Charlie condujo en silencio. Bella en el asiento del pasajero, miraba por la ventana. Edward atrás, tenía la mirada agachada y aún luchaba para respirar profundo. Charlie se preocupó al mirar por el espejo retrovisor la forma en que Edward se aferraba su costado con un brazo.
—Oye, hijo, ¿necesitas que te conduzca al hospital?
Edward levantó la mirada hacia Charlie y sacudió la cabeza, respirando profundo en un esfuerzo por relajarse, pero Charlie sabía que era para aparentar y, basado en la mueca que vio cuando inhaló, Edward seguía adolorido.
—Esme está allí ahora. Ella podría mirarte y asegurarse de que todo esté bien. Nos salva el viaje más tarde en caso de que te sientas peor.
—Estoy bien. Esme estará en casa esta noche, de todas maneras. —Edward bajó sus hombros con cuidado, encogiéndose en el asiento.
Bella bufó al lado de Charlie, cruzándose de brazos.
—¿Alguien puede decirme qué pasó entonces? ¿Ese hijo de puta de Jacob Black te hirió, Bella? —Charlie ya estaba harto de no saber lo que había pasado, y necesitaba respuestas. Ya.
—No, papá. Está bien. —Bella secó una lágrima de su ojo, girándose hacia Charlie. Este aferró el volante con más fuerza. Si ese chico había lastimado a Bella, ellos volverían y tendrían un mano a mano con él.
—¿Fue agresivo, o maleducado contigo o algo? —La mente de Charlie estudiaba los posibles escenarios por orden de repugnancia.
—Él es un maldito pervertido, eso es —Edward gruñó de atrás.
—Edward... —comenzó Bella, pero no pudo terminar, ya que Charlie volvió a hablar.
—¿Qué te hizo, Bella? Dime ahora antes de pegar la vuelta y enseñarle a ese chico una lección o dos sobre caballerosidad.
—Una lección sobre mantenerla dentro de sus pantalones es lo que necesita —masculló Edward por debajo de su aliento.
—¡Edward! —Bella se dio vuelta para fulminarlo con la mirada.
Charlie presionó los frenos, y el chillido retumbó adentro de la cabina del coche.
—Gira, Charlie. Vamos. Estoy listo para la segunda ronda —dijo Edward, rebotando en su asiento, la mano que aferraba su costado ahora estaba empuñada.
—¿Bella? —Charlie le echó un vistazo, esperando una explicación.
—Nos besamos —comenzó Bella, usando un tono suave que se debía calmar a Charlie. Edward gruñó con disgusto detrás de ella—. Entonces él intentó probar su suerte y... lo detuve. Entonces me fui. Eso es todo.
Edward negó con la cabeza, mirando por la ventana, mientras Bella se volvía a cruzar de brazos y también miraba por la ventana.
Charlie observó sus poses iguales y sacudió su cabeza. Él ya no podía fingir ser ignorante. Claramente había algo entre esos dos, pero sabía que lo resolverían como siempre lo hacían.
~o~
Una vez que estacionaron en la entrada de Esme, Bella bajó del coche, y ni bien abrió la puerta para él, Edward bajó tambaleándose. Ella trató de ayudarlo, pero él se negó, cojeando hacia la casa.
—¿Estás seguro que no necesitas nada? —preguntó Charlie, pero Edward simplemente agitó una mano en su dirección.
—Me quedaré con él hasta que Esme llegue a casa —Bella le dijo a Charlie, quien simplemente asintió.
—No tienes que hacerlo. —Edward giró hacia ella en la puerta.
—Sé que no. —Ella marchó frente a él y hacia la casa.
Edward caminó hacia el sofá mientras que Bella desapareció en el baño. Después de tomar varias cosas, ella volvió a la sala donde encontró a Edward sobre el sofá, su cabeza echada hacia atrás mientras observaba el techo, su brazo aún rodeando su costado.
Ella se arrodilló al lado de Edward, abrió el botiquín, y comenzó a limpiar su rostro primero. Las heridas en su ceja y labio no eran profundas. Edward ni siquiera hizo una mueca cuando Bella presionó el algodón con alcohol sobre ellas.
Ella usó una toalla húmeda para limpiar el costado de su cabeza, donde tenía una mancha de sangre que ahora estaba seca en su cabello. Ella inspeccionó la herida en su cuero cabelludo y la limpió con agua. Aún tenía algo de tierra allí, pero no parecía muy profunda.
Con cada corte que ella limpiaba, se calmaba aún más. Él estaba bien. Iba a estar bien. Ella había estado tan preocupada ante la idea de que algo le pasara.
Usó otra toalla para limpiar sus brazos, los cuales solo tenían raspaduras, pero entonces se rindió con un bufido.
—Sí, vas a necesitar un largo baño.
Edward se rio a su lado.
—No me hagas reír, Swan. Estoy herido. —Él aferró su costado con dolor, apartando su rostro de ella.
—¿Puedo? —Ella señaló a su camiseta y él asintió.
—Oh, Edward. —No había cortes o raspones en su vientre, pero varios moretones importantes estaban comenzando a aparecer en su lado derecho.
—Lo sé. Tengo que trabajar en mi rutina de abdominales —dijo él, bajando su camiseta.
Ella ignoró su broma con una expresión preocupada. No había absolutamente nada malo con la definición de sus abdominales, pero realmente recibió golpes fuertes en su costado.
—Esme querrá hacerte una placa de rayos X a tus costillas o algo.
Él se encogió de hombros.
Ella volvió a sentir furia al mirarlo. Le había rogado que no se involucrara ya que sabía que terminaría en violencia.
—¿En qué estabas pensando, Edward? —Ella suspiró con frustración, descansando sus manos sobre su regazo y evadiendo su mirada.
—Bueno, claramente no estaba pensando. —Él volvió a posar su cabeza contra el sofá, y el resto salió en un susurro—: No he podido dormir desde el sábado, pensando en embestir mi puño contra su jodido rostro.
—Espero que haya valido la pena —dijo ella, su tono evidentemente molesto, mientras juntaba las cosas y las volvía a meter en el botiquín.
—Hubiera estado bien si hubiera tenido más tiempo con él antes de que los otros dos aparecieran. O si hubiera llevado a Emmett conmigo, como sugirió.
Bella soltó un gruñido, negando con la cabeza.
—¿Por qué estás tú molesta? —Edward volvió a sentarse, rodeando su costado con un brazo y haciendo una mueca—. A mí me patearon el trasero. En todo caso, solo le demostré que puedo, ¿qué, aguantar una paliza? —Se movió hacia adelante en un esfuerzo por levantarse del sofá—. Ustedes me suavizaron. Hubiera podido con él si esto hubiera ocurrido hace tres años. La próxima vez, será diferente.
—Por favor, prométeme que no habrá una próxima vez. —Ella lo tomó del brazo, trayéndolo de vuelta hacia el sofá. Los ojos de él estaban llenos de furia, el verde en ellos era como un fuego intenso.
—¿Qué? ¿Estás preocupada de que realmente pueda destrozarlo? —Edward casi escupió las palabras, sus ojos fijos en los de Bella.
—Él no me importa —confesó Bella, sosteniendo la mirada, derritiéndose bajo el fuego.
—No lo entiendo, entonces... —Él levantó sus manos con frustración, antes de dejarlas caer sobre sus muslos.
—Tú me importas, tonto.
Los ojos de Edward se suavizaron mientras se observaban. Con un suspiro, él se echó hacia atrás en el sofá.
—Entonces, ¿por qué saliste con él? —Su tono era más suave mientras sus ojos estudiaban los de ella.
—¿Qué se supone que significa eso? —Ella enarcó una ceja, su cuerpo ansiando acercarse instintivamente.
—De todos los chicos en esa jodida escuela, le dijiste que sí al más cabrón de todos. —Sus palabras estaban llenas de ira, mientras que su voz era baja.
—Como sea... —Bella levantó una mano hacia él, apartando su rostro—. Yo no cuestiono tu elección de parejas. ¿Por qué puedes cuestionar las mías?
—¿Entonces esto es sobre Lauren? —Él suspiró con decepción, volviendo a descansar su cabeza sobre el sofá—. ¿Es por eso que le dijiste que sí al maldito Jacob Black?
—No... —Bella se cruzó de brazos, sabiendo muy bien que fue descubierta.
—Entonces, ¿es una coincidencia que haya ocurrido el mismo día en que nos encontraste juntos?
—Sí... —Ella retorció sus manos, evitando la mirada de él.
—Patrañas, Bella. —Bufó él, observándola con incredulidad.
—De acuerdo... quizás tuvo un poco que ver con verte con ella. —Ella exhaló, bajando la mirada—. Se sintió muy injusto. Habíamos trabajado demasiado en tus asignaturas y...
—No me des esa excusa de nuevo. Sé que no es eso. —Él se sentó en el sofá, acercándose a ella.
—Solo quería hacer algo un sábado por la noche. En vez de que mi noche tratara de ti y ayudarte a aprobar tus clases, cuando era muy evidente que a mi me importaba más que a ti.
—Bella, puedo asegurarte que ese no es el caso. —Él acercó sus dedos al rostro de ella, rodeando su barbilla y girando su cabeza así sus ojos estaban mirándolo—. Solo dilo. Dime que te molesta. Y les diré a todas que se aparten.
—¿Todas? ¿Cuántas hay? —El tono de ella era incrédulo mientras intentaba alejarse de su agarre.
Él se rio, bajando la mirada, pero antes que pudiera responder, escucharon llaves en la puerta, indicando que Esme estaba de vuelta. Bella suspiró y se apartó, poniendo distancia entre ellos. Parecía que tendrían que continuar su conversación otro día.
